CARTAS DE BLAVATSKY A FRANZ HARTMANN




Contexto: después del ataque de los misioneros con la ayuda de los Coulomb contra Blavatsky, los dirigentes en Adyar, en India (donde se encuentra la sede central de la Sociedad Teosófica) no quisieron que Blavatsky se defendiera y prefirieron exiliarla a Europa.

El Dr. Franz Hartmann, quien había estado viviendo en la sede de Adyar durante dieciséis meses, la acompañó en su viaje; llegaron a Italia y luego se fueron a Alemania pero se establecieron en diferentes ciudades.

Las siguientes cartas Blavatsky se las escribió al Dr. Hartmann entre los años 1895 y 1896, y les explico los asuntos que abordan.

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Nota preliminar de Hartmann:

A petición del Sr. y la Sra. Johnston y de otros, he permitido que estas cartas privadas que HP Blavatsky me envió se publiquen en la revista "The Path" debido a que contienen algunos temas de interés general.



PRIMERA CARTA

En Alemania, Franz Hartmann conoció a una mujer que poseía facultades sorprendentes, por lo que él decidió hacer un experimento con ella. Hartmann le dio una carta que él había recibido de los Maestros transhimaláyicos de manera paranormal en la India.

Sin informale a esa señora del remitente, le pidió a la mujer que sostuviera la carta en su frente y le contara lo que ella visualizaba. Y ella le dio una descripción de un templo budista y de las personas que se encontraban allí.

Sorprendido, Hartmann le escribió a Blavatsky para que el esclareciera lo sucedido, y ella le respondió lo siguiente:

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Ostende, 5 de diciembre de 1885

Mi querido Doctor.

Mi viejo amigo, debe disculparme sinceramente por mi aparente descuido. Le doy mi palabra de honor que estoy agobiada por el trabajo. Siempre que me siento a escribir una carta, mis ideas se dispersan y no puedo continuar con 'La Doctrina Secreta' ese día, pero su carta (la última) es tan interesante que debo responderla como se me pide.

Usted haría una excelente obra al enviarle a la revista "The Theosophist" el realto de este experimento suyo que hizo con esa mujer. Es de enorme importancia en vista de las mentiras y acusaciones de Hodgson contra mi, y me alegra que usted haya recibido una corroboración tan independiente; porque la luz astral, en cualquier caso, no puede mentir para mi beneficio. (1)

Solo hablaré del número 4, ya que la exactitud de las otras tres letras ya las conoce.

Ese templo que ella describió parece ser el templo privado del Lama Teschu, cerca de Tchigadze, hecho de un material similar al cemento de Madrás; brilla como el mármol y se le llama el nevado Shakang (templo), según recuerdo. No tiene sol ni cruz en la cima, sino una especie de dagoba triangular sobre tres pilares, con un dragón dorado y un globo terráqueo. El dragón tiene una esvástica, lo que podría haber parecido una cruz.

No recuerdo ningún camino de grava, ni lo hay, pero se encuentra en una elevación artificial y un camino de piedra que conduce a él, y tiene escalones; no recuerdo cuántos (nunca me permitieron entrar); lo vi desde fuera y me describieron el interior.

Los suelos de casi todos los templos de Buda (Songyas) están hechos de una piedra amarilla pulida, que se encuentra en las montañas de Oural y en el norte del Tíbet, cerca de territorio ruso. Desconozco su nombre, pero parece mármol amarillo.

El "caballero" de blanco podría ser el Maestro, y el caballero "calvo" supongo que es algún viejo sacerdote "afeitado".

La capa es negra o muy oscura generalmente (llevé una a Olcott desde Darjeeling), pero no sé de dónde vienen las hebillas de plata y los pantalones hasta la rodilla. (2)

Llevan, como sabe, botas largas —hasta las pantorrillas, hechas de fieltro y a menudo bordadas con plata— como las que llevaba ese demonio de Babaji. Quizás sea un capricho de visión astral mezclado con un recuerdo fugaz (por asociación de ideas) de alguna imagen que vieron anteriormente.

En esos templos siempre hay "imágenes" móviles, sobre las que se plantean diversos problemas geométricos y matemáticos para los discípulos que estudian astrología y simbolismo.

El "jarrón" debe ser uno de los muchos jarrones chinos peculiares que se encuentran en los templos, para diversos objetos. En las esquinas de los templos hay numerosas estatuas de diversas deidades (Dhyanis).

Los techos siempre (casi siempre) están sostenidos por filas de pilares de madera que los dividen en tres paralelogramos, y el espejo "Melong" de acero bruñido (redondo como el sol) suele colocarse en la parte superior del quiosco del techo. Yo mismo lo confundí una vez con el sol.

También en las cúpulas de las dagobas hay a veces un pináculo graduado, y sobre él un disco de oro colocado verticalmente, una punta en forma de pera, y a menudo una media luna que sostiene un globo terráqueo y la esvástica.



Pregúntele si fue esto lo que vio, Om tram ah hri hum, cuyas figuras a veces se dibujan toscamente en los "espejos" Melong (un disco de latón) contra los malos espíritus, para la turba. O quizás lo que vio fue una hilera de tiras (pequeños cubos) en las que se ven tales cosas:


Si es así, sabré qué vio.


Bosques de pinos rodean tales templos, estos construidos expresamente donde hay tales bosques, y tunas silvestres, y árboles con frutos chinos que los sacerdotes usan para hacer tintas.

Hay un lago allí, sin duda, y muchas montañas —si es donde está el Maestro; si está cerca de Tchigadze, solo pequeños montículos.

Las estatuas de Meilha Gualpo, el andrógino Señor de las Salamandras o Genio del Aire, se parecen a esta "esfinge"; pero la parte inferior de su cuerpo se pierde entre nubes, no entre peces, y no es hermosa, solo simbólica. Las pescadoras usan solo suelas, como las sandalias, y todas llevan gorros de piel.

Eso es todo; ¿servirá esto? Pero escríbalo.

Atentamente,
HPB



Observación

Se le llama psicometrizar a la facultad psíquica que permite con solo tocar un objeto se pueda observar a la persona que es la propietaria de ese objeto, o que elaboró ese objeto, o ver eventos o lugares relacionados con esa persona.

Y esta mujer al haber psicometrizado esa carta, percibió el templo en el Tíbet desde donde el maestro escribió esa carta.







SEGUNDA CARTA

En esta carta Blavatsky habló de diversos temas.

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Wurzburgo, diciembre (algo) de 1885

Mi querido Conspirador: (3)

Me alegra recibir de vuestra carta tal emanación de verdadera santidad. Yo también quise escribirle; lo intenté varias veces y no pude. pero ahora puedo.

La querida Condesa Wachtmeister está conmigo, me asiste y hace lo que puede por ayudarme, y los primeros cinco minutos que tengo libres los aprovecho para responder a vuestra carta.

Ahora, como sabe, también estoy ocupada con mi libro. Se apoderó de mí (la epidemia de la escritura) y se deslizó "con la silenciosa influencia de la picazón", como lo expresa elegantemente Olcott, hasta que llegó a los dedos de mi mano derecha, se apoderó de mi cerebro y me arrastró por completo al reino de lo oculto. (4)

He escrito en quince días más de 200 páginas (de la forma y el tamaño de 'Isis Develada"). Escribo día y noche, y ahora estoy segura de que mi 'Doctrina Secreta' estará terminada este —no, no este— año, sino el próximo.

He rechazado vuestra ayuda, he rechazado la de Sinnett y la de todos los demás. No tenía ganas de escribir, y ahora sí. Se me permite asignar a cada capítulo una página del Libro de Dzyan —el documento más antiguo del mundo, de eso estoy seguro— y comentar y explicar su simbolismo. Creo que realmente será valioso, y apenas unas pocas líneas de datos áridos de 'Isis Develada' [mi anterior obra]. Esta es una obra completamente nueva.


Mi "satélite" [Babaji] (5) no lo necesito. Está absorto en las fascinaciones de Elberfeld y coquetea como siempre con la familia Gebhardt. Son gente querida y muy amable con él.

La "querida Sra. Oakley" se ha mostrado muy mal, a menos que lo haga para llamar la atención y como un golpe de estado en el negocio de los sombreros. Pero no la calumniaré por meras especulaciones; creo que ha actuado con valentía y honor.

Le envío [el artículo del periódico] 'The Pall Mall' para que lo lea y me lo devuelva, si le parece bien; encárguese del periódico.

Gracias por la foto. ¿Le mando una igual a vuestro "cariño"? Está furiosa conmigo. Recibí una carta de Rodha; jura que nunca le dijo a "Cariño" ni al "Cariño" que yo los había "insultado ante los hindúes".

No haber existido, buen amigo, es sin duda mejor. Pero una vez que existamos, no debemos hacer como los soldados serbios ante los invencibles búlgaros o ante nuestro mal karma; no debemos abandonar el puesto de honor que se nos ha confiado. Siempre puede tener una habitación en Wurzburgo; ¿pero se conformará con ella por mucho tiempo?

Ahora que la condesa está conmigo, no podría ofrecerle nada parecido a una cama, ya que nosotras dos ocupamos el dormitorio; pero incluso si estuviera aquí, ¿cree que no volvería a preocuparte por vuestro destino?

Ah, no hable y espere, e intente sentir al menos una vez en vuestra vida, y luego no venga de noche [astralmente], como lo hizo hace dos noches, a asustar a la condesa. Esta vez sí que se materializó con mucha precisión. (6)
Así es.

Suya en el gran temor del año 1886 — número desagradable.
HPB



Observación

Blavatsky estaba muy tensa por todos las acusaciones de embustera que ella había recibido en los meses anteriores, lo que le dificultaba mucho poderse concentrar para escribir su obra "La Doctrina Secreta".

En esta carta ella dice que ya se sentía mejor, pero desafortunadamente a finales de ese mes se publicó el Informe Hodgson presentado por la Sociedad para las Investigaciones Paranormales (SPR) donde la acusaban de ser una charlatana, y el estado de Blavatsky se volvió a deteriorar.







TERCERA CARTA

Damodar era un joven muchacho que se había vuelto un discípulo en aprobación del maestro Kuthumi, y él se esmeró tanto que el 'Maha Chohán', o sea Serapis, el jefe de Kuthumi y Morya, le permitió a Damodar integrarse dentro de la Fraternidad de los maestros.

Y para eso Damodar tuvo que irse a vivir al Tíbet, pero sus allegados al ya no tener noticias de él, consideraron que Damodar había muerto en ese trayecto.

Hartmann conoció a Damodar cuando él vivió en Adyar, por lo que intrigado le comento acerca de este asunto a Blavatsky, y ella en esta carta le respondió lo siguiente:

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[Sin fecha]

Mi querido Doctor,

Dos palabras en respuesta a lo que me dijo la condesa. Me hago daño, dice usted, «al decirles a todos que Damodar está en el Tíbet, cuando solo está en Benarés».

Pero usted se equivoca. Salió de Benarés a mediados de mayo (pregunte en Adyar; no puedo asegurar si fue en mayo o abril) y se fue, como todo el mundo sabe, a Darjiling, y de allí a la frontera vía Sikkhim.

Nuestros compañeros de Darjiling lo acompañaron un buen trecho. Desde allí escribió una última palabra a la oficina despidiéndose y diciendo: «Si no regreso para el 21 de julio, pueden darme por muerto».

No regresó, y Olcott, muy afligido, me escribió hace unos dos meses para preguntarme si sabía algo. Unos vendedores ambulantes tibetanos en Darjiling informaron que un joven con esa descripción, de larguísima cabellera, había sido encontrado congelado en el paso (no recuerdo el nombre), completamente muerto, con doce rupias en los bolsillos, sus pertenencias y su sombrero a pocos metros de distancia.

Olcott estaba desesperado, pero D. [Damodar] vivió con Maji [una adepta] durante un tiempo en Benarés) y Maji le dijo a Olcott que [Damodar] no estaba muerto; ella lo sabía por peregrinos que habían regresado, aunque Olcott supone —lo cual también podría ser— que lo supo por clarividencia.

Bueno, yo sé que está vivo, y estoy casi segura de que está en el Tíbet, como también estoy segura de que no regresará, al menos durante años. ¿Quién te dijo que estaba en Benarés?

Ahora necesitamos con urgencia que refute todas las conjeturas e inferencias de Hodgson, que yo simplemente llamo mentiras, así como mi supuesto trabajo de "espionaje" y falsificación —el canalla—.

Ahora bien, no me presento como infalible en este caso. Pero sí sé lo que [Damodar] me dijo antes de irse, y en ese momento no habría mentido, cuando lloró como una Magdalena. Él me dijo:

« Me voy por ti. Si el Maha Chohán está satisfecho con mis servicios y mi devoción, puede que me permita reivindicarte demostrando que los Maestros existen. Si fallo, nadie me verá en los próximos años, pero enviaré mensajes. Mientras tanto, estoy decidido a que la gente deje de buscarme. Quiero que crean que estoy muerto. »

Por eso pienso que debió haber preparado algún truco para difundir la noticia de su muerte por congelación.

Pero si el pobre chico hubiera sufrido semejante accidente, creo que me suicidaría; pues fue por pura devoción hacia mí que él se fue. (7)  Nunca me perdonaría esto, por haberlo dejado ir. Esa es la verdad, y solo la verdad. No sea duro, doctor; perdónele sus faltas y errores, los quiera o no.

El pobre muchacho, vivo o muerto, no tiene momentos felices ahora, ya que está en libertad condicional, y eso es terrible. Ojalá le escribieras a alguien en Calcuta para preguntarle a Darjiling si es así o no. Sinnett le escribirá, creo. Ojalá lo hiciera.

Suya siempre agradecida.
HPB







CUARTA CARTA

En esta carta Blavatsky le corrige algunos detalles al Dr. Hartmann y también ella muestra el enorme dolor que ella sintió por todos los ataques y traiciones que ella estaba recibiendo.

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[Sin fecha]

Mi querido Doctor,

Leí su segunda parte y me pareció excelente, salvo dos o tres palabras que debería cambiar si le interesa la verdad y no dejar que la gente piense que aún tiene cierta animadversión contra Olcott. (8)

Esas palabras son, al final: «órdenes presidenciales», y demasiada seguridad en las «ficciones».

Nunca tuve «ficciones», ni los Maestros (como seres vivos) son más ficción que usted y yo. Pero esto servirá. Así pues, no tengo nada en contra de su teoría, aunque me convierte en una especie de médium embaucador.

Pero esto no importa ya que como le escribí al Dr. H.S. y les escribiré a todos: «La Sra. Blavatsky de la Sociedad Teosófica ha muerto».

Ya no pertenezco a la Sociedad Europea, ni me arrepiento.

Usted, como médico y hombre de aguda percepción, debe saber que hay situaciones en esta vida en las que la agonía mental, la desesperación, el asco, el orgullo y el honor ultrajados, y el sufrimiento, se vuelven tan intensos que solo hay dos resultados posibles: la muerte por desilusión o la indiferencia y la insensibilidad gélidas.

Obligada a vivir con propósitos que desconozco, he llegado a este último estado. La más vil ingratitud de alguien a quien he amado como a mi propio hijo, a quien he protegido del daño, a quien he glorificado a expensas de la verdad y de mi propia dignidad, ha arrojado sobre mí la gota que colma el vaso. Estoy rota por la Sociedad Teosófica y para siempre.

(Nota de Cid: probablemente se refiera a Babaji.)

Por los dos o tres verdaderos amigos que me quedan, escribiré a la Sociedad Teosófica y luego me iré a un rincón tranquilo a morir allí.


Habéis llegado a la convicción de que los "Maestros" son "espíritus planetarios" — eso es bueno; permaneced en esa convicción.

Ojalá pudiera alucinarme a mí misma con la misma intensidad. Me sentiría más feliz y me quitaría de encima la pesada carga de haber profanado sus nombres y el ocultismo al revelar sus misterios y secretos a quienes no los merecen.

Si pudiera verle unas horas, si pudiera hablar con usted; quizá le abriría los ojos a algunas verdades que nunca habéis sospechado.

Podría mostrarle (y darle pruebas) de quién puso a Olcott en vuestra contra, arruinó vuestra reputación e instigó a los hindúes contra usted, quién me hizo odiarle y despreciarle, hasta que la voz de quien es la voz de Dios para mí [el maestro Morya] pronunció esas palabras que me hicieron cambiar de opinión. (9)

Podría descubrirle y desvelarle secretos para su futura seguridad y guía. Pero necesito verle personalmente para todo eso, y usted tiene que ver a la Condesa, porque de lo contrario no puedo escribirle.

Si pudiera venir, aunque sea por unas horas, a despedirme y escuchar una historia curiosa que beneficiará a muchos en el futuro, tanto como a usted mismo, hágalo. Si no puede, le pido por su honor que mantenga esto en privado y confidencial.


Ah, doctor, el karma es algo terrible; y cuanto más se vive en la propia vida, fuera de este mundo y en regiones de pura espiritualidad y psicología, menos se conoce el corazón humano.

Me proclamo ante todos: la más grande, la más miserable, la más estúpida y la más aburrida de todas las mujeres sobre la faz de la tierra. He sido fiel a todos. He intentado hacer el bien a todos. Me he sacrificado por todos y por una nación entera, y estoy y me siento como atrapada en un círculo de brasas, rodeada por todos lados como una desafortunada mosca con las alas arrancadas: por la traición, el odio, la malicia, la crueldad, la mentira; por todas las iniquidades de la naturaleza humana.

Y puedo ver adondequiera que mire, excepto una cosa: una tonta grande, estúpida y confiada —«HPB»— envuelta por una densa multitud que la rodea (10) de traidores, demonios y tigres con forma humana.

Le digo adiós si ya no le veo, porque no le escribiré más. Gracias por lo que ha hecho por mí. Gracias, y que usted y su querida hermana sean felices.

Suya,
HPB



Observación

Después de la publicación del Informe Hodgson, muchas personas que antes eran amables con Blavatsky, comenzaron a despreciarla, lo que provocó que ella cayera en una gran depresión y quisiera morir.

Y esto se nota en muchas de las cartas que ella escribió en esos meses, y para mí esta es una prueba de su inocencia porque no tiene sentido que alguien que sabía que estaba engañando a la gente, se sintiera tan afectada cuando la acusaran de ser una estafadora.


Por otra parte, los ataques psíquicos que efectuaron los magos negros contra los teósofos en Adyar provocaron mucha discordia entre los miembros que trabajaban en la sede central de la Sociedad Teosófica. El propio Hartmann relató haber percibido a uno de esos magos oscuros manipulándolo psíquicamente.

En un reporte él mencionó:

« Puedo verdaderamente decir que una noche vi a un “mago negro” en mi recamara. Me desperté y él estaba allí de pie en su cuerpo astral, flotando en medio del aire alrededor de 60 cm del suelo, y estaba haciendo uno pases magnéticos sobre mí.

Eran un estilo de pases magnéticos que nunca había visto antes y que en vez de parecer que quisieran enviar alguna influencia hacia mí, parecía más bien que estaban sacando algo de mí.

El tipo no era de ninguna manera repulsivo, sino que más bien parecía una especie de persona agradable, vestido con una larga túnica colorida.

Y mientras que yo estudiaba sus facciones vi tres formas vestidas de blanco en mi cuarto, una de las cuales reconocí como la forma astral de un discípulo del Maestro. Y escuché una voz que me dijo que me levantara y tomara el amuleto que estaba sobre mi mesa y que me había regalado el Maestro.

Hice eso y el mago negro se fue, pero en ocasiones subsecuentes lo sentí de nuevo. Aparecía de repente y sin provocación, y me tentaba para que dijera e hiciera cosas que iban en contra de mi mejor juicio, pero creo que excepto en casos menores e insignificantes siempre fui capaz de vencer sus tentaciones. »

(Extracto del informe de las observaciones realizadas por Franz Hartmann durante su estancia de nueve meses en la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar, Madras, India. Impreso en la prensa escocesa por Graves, Cookson, and Co., 1884, p.23)


El Dr. Hartmann consideró que él pudo vencer la mala influencia de ese mago negro, pero los datos históricos muestran que los pases magnéticos de ese hechicero si tuvieron efectos, causando que Hartmann provocara más desconfianza hacia Blavatsky, lo que causó que ella lo odiara; hasta que en una carta el Mahatma Morya le explicó a Blavatsky lo que había sucedido y le recomendó que ella mantuviera contacto con los pocos amigos que le quedaban.

Y mucha gente se preguntará por qué los maestros no protegieron a los teósofos y evitaron todos esos ataques contra Blavatsky y la Sociedad Teosófica, pero como los maestros lo precisaron, todo tiene que ser puesto a prueba (discípulos, adeptos, organizaciones, etc.). Y la Sociedad Teosófica con sus miembros y dirigentes no podían ser la excepción.

Además que por lo que menciona Blavatsky, parece que también hubo que lidiar con asuntos kármicos. 







QUINTA CARTA

En esta carta Blavatsky reflexiona sobre los eventos sucedidos y da algunas explicaciones sobre el esoterismo.

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[Sin fecha]

Mi querido Doctor,

Cada palabra de su carta me demuestra que va por buen camino, y me alegro mucho de ello. Aun así, uno puede estar en el buen camino y permitir que su yo pasado le traiga con demasiada fuerza los ecos del pasado y un pequeño prejuicio que se desvanece, distorsionándolos. Cuando uno llega a conocerse a sí mismo, debe conocer también a los demás, lo cual se vuelve más fácil.

Ha progresado mucho en la primera dirección; sin embargo como no puede evitar juzgar un poco mal a los demás a la luz de viejos prejuicios, le digo que tiene más trabajo que hacer en esta dirección.

No todo es ni nunca fue malo en Adyar. Las intenciones eran todas buenas, y por eso, quizás, han llevado a Olcott y a otros directamente a la caída, por su falta de discernimiento. La culpa no es suya, sino de las circunstancias y los karmas individuales.

En las dos primeras páginas de su carta solo repiten, palabra por palabra, lo que enseñé a Olcott, Judge y a otros en América. Este es el ocultismo verdadero. Al llegar a Bombay, tuvimos que abandonar el ocultismo occidental y adoptar el rosacrucismo [ocultismo] oriental. Pero eso resultó en un fracaso para los europeos, como el occidental resultó en un fracaso para los hindúes.

Este es el secreto y la raíz misma del fracaso. Pero, al haber mezclado los elementos en la tan anhelada Hermandad, no se pudo evitar. Por favor, no me malinterprete. El ocultismo es uno y universal en su raíz. Solo difieren sus formas externas.

Ciertamente no quise molestarlo a que viniera a verme solo para escuchar cosas desagradables, pero sí intento (a) hacerle ver las cosas bajo su verdadera luz, lo cual solo lo beneficiaría; y (b) mostrarle cosas escritas en la Doctrina Secreta que le demostrarían que lo que usted ha aprendido recientemente en antiguas obras rosacruces, yo lo sabía hace años y ahora lo he encarnado.

Por ejemplo, la cruz y otros símbolos similares son antiguos. Todo símbolo debe contener tres verdades fundamentales y cuatro implícitas; de lo contrario, es falso. Solo usted me dio una, pero hasta ahora es muy correcta.

En Adyar aprendió muchas de esas verdades implícitas, porque no estaba preparado; ahora puede obtener el resto con vuestro propio esfuerzo. Pero no sea desagradecido, haga lo que haga, no se sienta remilgado ni le escupa al camino —por muy impuro que sea en algunos de sus recovecos— que le condujo al Adytum [que es el santuario más sagrado] y en cuyo umbral ahora se encuentra.

De no haber sido por Adyar y sus pruebas, nunca habría estado donde está ahora, sino en América, casado con una nueva esposa que, o bien le habría arrancado la última chispa de misticismo de la cabeza, o lo que es peor, uno de los dos habría asesinado al otro.

Cuando encuentre a otro hombre que como el pobre e insensato Olcott, lo aprecie y lo admire como él lo hizo —con sinceridad y honestidad—, abrácelo como a un amigo, le digo, y trate de corregir sus faltas con amabilidad, no con sátiras venenosas ni burlas [como lo hizo con Olcott].

Todos hemos cometido errores y hemos sido castigados, y ahora hemos aprendido más.

Nunca me presenté como una ocultista consumada, sino solo como una estudiante de ocultismo durante los últimos treinta y cinco o cuarenta años. Sin embargo, soy lo suficientemente ocultista como para saber que antes de encontrar al Maestro en nuestro corazón y el séptimo principio, necesitamos un Maestro externo. Como dice el alquimista chino, hablando de la necesidad de un maestro vivo:

« Todos anhelan una larga vida (espiritual), pero el secreto no es fácil de encontrar. Si codicias las cosas preciosas del Cielo, debes rechazar los tesoros de la tierra. Debes encender el fuego que brota del agua y desarrollar el Om contenido en el Tong: una palabra de un Maestro sabio y poseerás un sorbo del agua dorada. »

Recibí mi dosis de mi Maestro (el vivo) [Morya]; y usted también, porque fue a Adyar. Él es un Salvador, quien lo guía para encontrar al Maestro en vuestro interior.

Hace ya diez años que predico sobre el Maestro interior y Dios, y nunca presenté a nuestros Maestros como Salvadores en el sentido cristiano. Olcott tampoco, con su efusividad. Pensé por un momento que usted se había metido en la epidemia de un "Maestro Celestial y Dios Padre", y me alegra darme cuenta de mi error.

Era natural, usted es uno de esos con quienes tales sorpresas pueden esperarse en cualquier momento. Cometa un error y se desvía un instante del camino correcto que ahora sigue, y caerá en los brazos del Papa.

Olcott no enseña lo que usted dices, él enseña a los hindúes a confiar en sí mismos (11) y que no hay salvador salvo su propio karma.

Quiero que sea justo e imparcial porque de lo contrario, no progresará. Bueno, si no viene a charlar, lo lamentaré, pues no volveré a verle. Si viene, la Condesa y yo lo recibiremos con los brazos abiertos.

Atentamente,
HPB



Observación

Concuerdo que es difícil poder escuchar al maestro que llevamos en nuestro interior (o sea a nuestro "Yo superior") y es por eso que para muchos se requiere de un maestro externo que inicialmente nos guía y nos ayude a lograr esa comunicación con nuestra triada superior.

Y también es cierto que las verdaderas enseñanzas esotéricas son las mismas, independientemenete del lugar del mundo donde se enseñen, y solo cambia la forma de expresarlas.







SEXTA CARTA

En esta carta Blavatsky indaga más sobre lo que sucedió y expresa sus explicaciones sobre el comportamiento que tuvieron varias personas que estuvieron involucradas en ello (en especial Olcott).

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3 de abril de 1886.

Mi querido Doctor,

Había perdido toda esperanza de volver a saber de usted, y me alegró recibir hoy su carta. Lo que dice en ella me parece, en muchos sentidos, un eco de mis propios pensamientos; solo que conociendo la verdad y el estado real de las cosas en el «mundo oculto» mejor que usted, quizás pueda ver mejor dónde estaba y reside el verdadero problema.

Ahora digo, honesta e imparcialmente, que usted es injusto con Olcott más que con cualquier otra persona, porque hasta ahora no tenía forma de determinar de qué dirección provenía el mal.

Tenga en cuenta, doctor, mi querido amigo, que no justifico a Olcott por lo que hizo ni por cómo actuó con usted, ni lo justifico en nada más. Lo que digo es que él fue engañado ciegamente por personas tan ciegas como él para que lo viera bajo una luz completamente falsa, y hubo un tiempo, durante un mes o dos, en que yo misma —a pesar de mi voz interior, y hasta el día de hoy la voz del Maestro, que me decía que estaba equivocada con usted y que debía conservar amigos— compartí la ceguera de Olcott. (12)

Esto con respecto a algunas personas en Adyar; pero hay otra faceta de la cuestión, que usted parece ignorar por completo; y que quería mostrarle proporcionándole documentos, si usted hubiera venido cuando se lo pedí. Pero no lo hizo y el resultado es que esta carta suya también le perjudicará ante los ojos del karma, ya sea que crea en la Cruz vacía de cualquier entidad particular o en el Kwan-Shi-Yin de los tibetanos.

Para resolver este asunto por una vez, le propongo que venga entre ahora y el 10 de mayo, cuando me marche de Wurzburgo. Así tendrá tiempo de sobra para pensarlo y para ir y venir cuando quiera.

La condesa está conmigo. Usted la conoce; no es una mujer efusiva ni impulsiva. Durante los cuatro meses que hemos pasado juntas, y los tres meses de absoluta soledad, hemos tenido tiempo para hablarlo; y le pediré que le crea a ella, no a mí, cuando venga, y espero que lo haga. (13)


En cuanto a la otra cara de la moneda, esa parte de su carta donde habla del "ejército" de los engañados —y de los Mahatmas "imaginarios" de Olcott—, tiene usted toda la razón, y por desgracia.

¿Acaso yo no he presenciado el fenómeno durante casi ocho años? ¿Acaso no he luchado contra la imaginación ardiente y desbordante de Olcott, intentando detenerlo todos los días de mi vida? ¿Acaso no le dije (en una carta que recibí a través de un yogui que acababa de regresar del lago Mansarovara) en 1881 (cuando él se preparaba para ir a Ceilán) que si no veía a los Maestros en su verdadera luz y no dejaba de hablar y de encender la imaginación de la gente, sería considerado responsable de todo el mal que pudiera causar la Sociedad Teosófica en ese sentido? (14)

¿No se le dijo que no existían tales Mahatmas [exagerados por la imaginación] que como Rishis pudieran sostener el Monte Meru en la punta de su dedo y volar de un lado a otro en sus cuerpos (!!) a voluntad, y que fueran (o fueran imaginados por necios) más dioses en la tierra de lo que un Dios en el Cielo podría ser, etc., etc., etc.?

Todo eso lo vi, lo presentí, me desesperé, luché contra ello, y finalmente abandoné la lucha en total impotencia.

Si Sinnett se ha mantenido fiel y devoto a ellos [los Maestros] hasta el día de hoy, es porque nunca permitió que su fantasía se apoderara de su juicio y razón. Porque siguió su sentido común y discernió la verdad, sin sacrificarla a su ardiente imaginación. Le dije toda la verdad desde el principio, como se lo había dicho a Olcott y también a Hume.

Hume sabe que el Mahatma KH existe y se aferra a ello hasta el día de hoy. Pero enojado y molesto con mi Maestro  [Morya], quien le habló como si él (Hume) nunca hubiera sido Secretario del Gobierno de la India y el gran Hume de Simla, lo negó por pura crueldad y venganza.


¡Ah, si mediante algún proceso psicológico usted pudiera ver toda la verdad! Si en un sueño o visión, pudiera ver el panorama de los últimos diez años, desde el primero en Nueva York hasta el último en Adyar, seríais feliz, fuerte y justo hasta el final de vuestra vida.

Me enviaron a América a propósito y me enviaron a la granja de los Eddies. Allí encontré a Olcott enamorado de los espíritus, como más tarde se enamoró de los Maestros.

Me ordenaron hacerle saber que los fenómenos espirituales sin la filosofía del Ocultismo eran peligrosos y engañosos. Le demostré que todo lo que los médiums podían hacer a través de los espíritus, otros podían hacerlo a voluntad sin ningún espíritu; que las campanas y la lectura del pensamiento, los golpes y los fenómenos físicos, podían ser logrados por cualquiera que tuviera la facultad de actuar en su cuerpo físico a través de los órganos de su cuerpo astral.

Y yo tenía esa facultad desde los cuatro años, como toda mi familia sabe. Podía hacer que los muebles se movieran y los objetos volaran aparentemente, y mis brazos astrales que los sostenían permanecían invisibles. Todo esto ya lo sabía antes, incluso antes de que me lo dijeran los Maestros.

Pues bien, le dije toda la verdad a Olcott. Le dije que había conocido adeptos, los "Hermanos", no solo en la India y más allá de Ladakh, sino también en Egipto y Siria, pues allí todavía hay algunos.

Los nombres de los "Mahatmas" ni siquiera se conocían en aquel entonces, ya que solo se les llama así en la India. (15)

Que se llamaran rosacruces, cabalistas o yoguis, los adeptos eran adeptos en todas partes: silenciosos, secretos, retraídos, y que jamás se presentarían por completo a nadie, a menos que uno hiciera lo mismo que yo: pasar siete y diez años de probación y dar pruebas de absoluta devoción, y que guardarían silencio incluso ante la perspectiva y la amenaza de muerte.

Yo cumplí con esos requisitos y soy lo que soy; y esto ni Hodgson, ni los Coulombs, ni Sellin [enemigos de Blavatsky que la acusaron de mentirosa] me lo pueden arrebatar.

Todo lo que se me permitió decir fue la verdad: más allá del Himalaya existe un núcleo de Adeptos de diversas nacionalidades; el Lama Teschu los conoce y actúan juntos, y algunos de ellos están con él, pero su verdadera naturaleza permanece desconocida incluso para los lamas comunes, que en su mayoría son necios e ignorantes.

Mi Maestro, Kuthumi y varios otros que conozco personalmente están allí, yendo y viniendo, y todos se comunican con Adeptos de Egipto, Siria e incluso Europa.

También dije y demostré que ellos podían realizar fenómenos maravillosos; pero también señalé que rara vez se dignaban a hacerlo para satisfacer a quienes los buscaban.

Usted fue uno de los pocos que tenía comunicación genuina con ellos; y si ahora lo dudáis, le compadezco, mi pobre amigo, porque algún día podría arrepentirse de haber perdido vuestra oportunidad. (16)

Bueno, ya en Nueva York, Olcott y Judge se volvieron locos con el asunto; pero lo mantuvieron en secreto. Cuando fuimos a la India, sus nombres nunca fueron pronunciados ni en Londres ni durante el viaje (una de las supuestas pruebas —de que yo había inventado los Mahatmas después de mi llegada a la India— del Sr.  Hume!!).

Cuando llegamos, el Maestro, que llegó a Bombay en persona, nos visitó en Girgaum, y varias personas lo vieron, entre ellas Wimbridge, y Olcott se volvió loco. ¡Se puso como el burro de Balaam cuando vio al ángel!

Luego llegaron a la sede Damodar, Servai y varios otros fanáticos que empezaron a llamarlos "Mahatmas"; y poco a poco, los Adeptos se transformaron en dioses en la tierra. Empezaron a ser invocados, a hacerles puja [veneración], y cada día se volvían más legendarios y milagrosos.

Ahora bien, si les cuento la respuesta que recibí de Keshow Pillai, se reirán, pero es la clave del asunto. "¿Pero qué idea tienen ustedes, los hindúes, de los Maestros?" — le pregunté un día, mientras se postraba ante la imagen de mi medallón dorado.

Entonces me dijo que ellos (los Mahatmas) eran sus antiguos Rishis, que nunca habían muerto y tenían unos 700'000 años. Que se les representaba viviendo invisiblemente en árboles sagrados, y que al mostrarse se les veía con una larga cabellera verde y cuerpos brillantes como la luna, etc., etc.

Bueno, entre esta idea de los Mahatmas y las rapsodias de Olcott, ¿qué podía hacer?

Vi con terror e ira el falso camino que todos seguían. Los "Maestros", como todos pensaban, debían ser omniscientes, omnipresentes, omnipotentes. Si un hindú o un parsi suspiraba por un hijo, un cargo público o estaba en apuros, y los Mahatmas nunca daban señales de vida, el buen y fiel parsi, el hindú devoto, era tratado injustamente.

Los Maestros lo sabían todo; ¿entonces por qué no ayudaban al devoto?

Si se cometía un error o una tontería en la Sociedad Teosófica, nos preguntaban con asombro: "¿Cómo pudieron los Maestros permitir que ustedes o Olcott lo hicieran?". (17)

La idea de que los Maestros fueran mortales, limitados incluso en sus grandes poderes, nunca se le pasó por la cabeza a nadie, aunque ellos mismos lo escribieron repetidamente. Era "modestia y secretismo", la gente pensaba.

"¿Cómo es posible", argumentaban los necios, "que los Mahatmas no supieran todo lo que había en la mente de cada teósofo y escucharan cada palabra pronunciada por cada miembro?".

Que para lograrlo, descubrir lo que la gente estaba pensando y escuchar lo que decían, los Maestros tienen que emplear medios psicológicos especiales, tomarse grandes molestias a costa de trabajo y tiempo; eso era algo que escapaba a la percepción de sus devotos.

¿Es culpa de Olcott? Quizás, en cierta medida.

¿Es mía? Lo niego rotundamente y protesto contra la acusación.

No es culpa de nadie. La naturaleza humana, y el fracaso de la sociedad y las religiones modernas para proporcionar a la gente algo más elevado y noble que el ansia de dinero y honores, son la causa.

Dejando a un lado este fracaso y el daño y la destrucción que la espiritualidad moderna produce en el cerebro de la gente, se resuelve el enigma.

Olcott, hasta el día de hoy, es sincero, leal y dedicado a la causa. Hace y actúa lo mejor que puede, y los errores y absurdos que ha cometido y comete hasta el día de hoy se deben a algo que le falta en la parte psicológica de su cerebro, y él no es responsable de ello.

Cargado y pesado es su karma, pobre hombre, pero mucho se le debe perdonar, pues siempre ha errado por falta de buen juicio, no por una inclinación viciosa. Olcott es completamente honesto; es tan leal con sus amigos; es tan impersonal consigo mismo como egoísta y avaro con la Sociedad; y su devoción y amor por los Maestros es tal que está dispuesto a dar su vida cualquier día por ellos si cree que les será agradable y beneficiará a la Sociedad Teosófica.

Sé justo, sobre todo, en todo lo que usted haga o diga. Si alguien tiene la culpa, soy yo. He profanado la santa Verdad al permanecer demasiado pasiva ante toda esta profanación, provocada por un exceso de celo y falsas ideas.

Mi única justificación es que tenía un trabajo que habría sido demasiado para cuatro hombres, como usted sabe. Siempre estaba ocupada con la revista "The Theosophist" y siempre en mi habitación, encerrada, sin apenas tiempo para ver siquiera a los hindúes de la oficina.

Todo quedó en manos de Olcott y Damodar, dos obsesionados. Cómo protesté e intenté nadar contra la corriente, solo el Sr. Sinnett y los Maestros lo saben.

Brown estaba loco antes de venir a nosotros, sin que nadie se lo pidiera y sin que nadie lo supiera. C. Oakley era solo ocultista dos años antes de unirse a nosotros.

Usted habla de "cientos de personas que Olcott ha convertido en cobardes". (18)  Pero puedo mostrarle varios cientos que se han salvado de la embriaguez, la vida disoluta, etc., gracias a la Teosofía.

Quienes creían en un Dios personal creen en él ahora como antes. Quienes no lo creían, son mucho mejores al creer en la inmortalidad del alma, aunque solo sea en eso.

Esa idea e el pensamiento de Sellin, no el vuestro: "los hombres y mujeres arruinados mental y físicamente" por mí y por Olcott.

Hubbe Schleiden está arruinado solo y exclusivamente por Sellin (19), ayudado por su propia debilidad.

No, querido doctor, se equivoca y es injusto; pues Olcott nunca enseñó a nadie a "sentarse y esperar favores de los Mahatmas". Al contrario, siempre ha enseñado, verbalmente y por escrito, que nadie debe esperar favores de los Mahatmas ni de Dios a menos que sus propias acciones y méritos obliguen al Karma a hacerle justicia.

¿Dónde ha oído Sellin la Teosofía del Coronel Olcott? Sellin tenía y tiene la cabeza llena de espiritismo y fenómenos espiritistas; cree en los espíritus y su acción, lo cual es incluso peor que creer demasiado en los Mahatmas.

Todos hemos cometido errores y todos tenemos mayor o menor culpa. ¿Por qué usted debería ser tan duro con el pobre Olcott, salvo por lo que él ha hecho personalmente contra usted, de lo cual soy la primera en culpar a Olcott?

Pero incluso en eso, no es culpa de Olcott. Tengo veinte páginas de manuscritos que detallan a diario sus supuestos crímenes y falsedades, para demostrarle que nadie podría resistir las pruebas e insinuaciones. Lo conozco desde la Torre del Greco; lo temí y lo temí en Adyar, solo por esas pruebas.

Si usted viene a verme, le permitiré leer la historia secreta de su vida durante dos años, y reconocerá la escritura. (20)  Y he sabido que tales manuscritos se han enviado a todas las sucursales, y Olcott fue el último en enterarse. Lo que tengo que decirle le mostrará la naturaleza humana y su propio discernimiento bajo otra luz.

Hay cosas que me resulta imposible escribir, y a menos que venga aquí, morirán conmigo. Olcott no tiene nada que ver con todo esto. Parece que usted ignora lo que ha sucedido desde Navidad.

Adiós, pues, y que vuestras intuiciones lo lleven a la Verdad.

Atentamente,
HPB



Observación

El coronel Olcott y muchos hindús cometieron el error de transformar a los Maestros en "superhéroes" dotados de todos los poderes. Y posteriormente los occidentales también desfiguraron a los Maestros transformándolos en "los Maestros Ascendidos".

El Sr. Allan Hume era tremendamente orgulloso, y al constatar que los Maestros no lo trataban de una manera especial, eso provocó que se enfadara y los repudiara.

El Sr. Alfred Sinnett se mantuvo por más tiempo fiel, pero posteriormente también se perdió inmiscuyéndose en el espiritismo y creyendo ciegamente que la entidad astral embustera con la que se comunicaba era el maestro Kuthumi.

Hubbe Schleiden era el dirigente de la Sociedad Teosófica en Alemania, pero cuando se publicó el Informe Hodgson, el profesor Sellin (uno de sus miembros) se volvió enemigo de Blavatsky y convenció a Schleiden que todo había sido una farsa. Inicialmente Schleiden le creyó pero posteriormente recapacitó y volvió a considerar que los Maestros posiblemente si eran reales.

Por lo que menciona Blavatsky, Sellin también estaba muy confundido debido a su simpatía por el espiritismo.

Y esto les muestra lo importante que es mantener el discernimiento para no caer en equivocaciones y fantasías.




Estas cartas se publicaron en la revista "The Path" de enero, febrero y marzo de 1896.





NOTAS QUE AÑADIÓ EL DR. HARTMANN


1. Esto se refiere al examinación clarividente (psicométrica) de una carta oculta publicada junto con la imagen en la revista 'The Theosophist' de 1886. La psicómetra era una campesina alemana, completamente ignorante sobre tales temas, pero ella vio, según parece, una descripción correcta de un templo budista en el Tíbet, con sus alrededores y las inscripciones que contenía; y también de los lamas o sacerdotes y del Maestro, así como de algunas personas que trabajaban en las inmediaciones del templo. La imagen no pudo ser interpretada por mi propia mente, ya que nunca he visto un templo así, o si he estado allí en espíritu, esa visita no ha dejado huella en mi memoria personal.

2. La explicación de haber visto al caballero con pantalones cortos puede ser que en ese momento estaba muy absorto en el espíritu del conocido ocultista Carl von Eckertshausen.

3. HPB solía llamarme en broma su «conspirador» o «cómplice» porque la afirmación estupida de ciertas personas que llegaron al extremo de acusarme de haberme aliado con ella para engañarme a mí mismo.

4. Esto fue en respuesta a una carta en la que yo me quejaba del irresistible impulso que me impulsaba a escribir libros, muy en contra de mi voluntad, pues hubiera preferido dedicar más tiempo al «autodesarrollo».

5. Babaji fue un indio que le suplicó a Blavatsky que lo llevara con ella cuando Blavatsky fue expulsada de la India por los dirigentes de Adyar, pero poco tiempo después de haber llegado a Alemania él se quedó a vivir con la familia Gebhard quienes lo trataron muy bien, pero después de un tiempo él se volvió enemigo de Blavatsky y le ocasionó muchos problemas. — Nota de Cid

6. No sé nada al respecto. (Nota de Cid: el Dr. Hartmann se desdobló astralmente y viajó al apartamento donde residían Blavatsky y la condesa Wachtmeister, pero él no recordó ese evento, en cambio Blavatsky si lo percibió.)

7. El hecho es que a Damodar nunca le pidieron que fuera al Tíbet, sino que él rogó que se le permitiera ir, y finalmente fue con el permiso de HPB, en cuya ocasión la acompañé al barco.

8. Esto se refiere a mi Informe de Observaciones en la Sede de Adyar.

9. Babaji, cuya presunción brahmánica, le hizo volverse contra Blavatsky cuando él se convenció de que no podía convertirla en un instrumento para la propaganda de su credo.

10. Esto explica la carta impresa en el famoso libro de V.S. Solovyoff, en la página 124. Esa intriga fue obra de Babaji, quien, aunque él me profesaba una gran amistad, actuó como traidor y espía.

11. La supuesta "Posdata" del n° 7, vol. XVI, de 'The Theosophist' demuestra que en este caso, Blavatsky estaba equivocada.

12. Se refiere a una intriga que hizo creer al coronel Olcott que yo quería destituirlo de la presidencia.

13. Cuando fui a Wurzburgo, descubrí que todo el problema se debía a chismes absurdos iniciados por Babaji sobre mis relaciones con cierta señora miembro de la Sociedad Teosófica.

14. El gran aumento del número de miembros de la Sociedad Teosófica se debió sin duda a que, atraídos por el falso glamour de los fenómenos, los necios se precipitaron "donde los ángeles temen pisar".

15. En Ceilán, a toda persona de alto rango se le llama "Mahatma"; el título parece corresponder a lo que en Inglaterra se llama "Esquire". (Nota de Cid: los hindús nombraron a los Maestros transhimaláyicos, "Mahatmas", pero yo prefiero evitar ese término porque también se utiliza para otro tipo de personas, como por ejemplo: el Mahatma Gandhi.)

16. No podía dudar de la existencia de los Adeptos después de haber estado en comunicación con ellos; pero negué la existencia de seres como "los Mahatmas" [mencionados por los hindús] considerando que los Maestros estaba siendo tergiversados.

17. El representante de la Sociedad para la Investigación Psíquica estaba profundamente enojado porque los "Mahatmas" no entendían la importancia de presentarse ante él con sus certificados y realizar algunos milagros para su satisfacción. Véase mi artículo "La imagen parlante de Urur".

18. En muchas mentes, las ideas erróneas sobre los "Mahatmas" generaron un miedo supersticioso y una falsa confianza en seres superiores desconocidos.

19. Un profesor alemán y milagrero espiritualista que nunca pudo ver un bosque debido a la cantidad de árboles.

20. Estos documentos, llenos de las denuncias más absurdas contra mí, fueron inventados por Babaji por celos y odio nacional.










RECUERDOS DE BLAVATSKY POR ANNIE BESANT



Aquí les transcribo lo que Annie Besant escribió en su Autobiografía acerca de la manera como ella conoció a Blavatsky y el periodo de los dos años siguientes en donde ella convivió con Blavatsky hasta que ésta falleció el 8 de mayo de 1891; añadí subtítulos para facilitar la lectura y puse mis comentarios en morado.



Desde 1886 había ido creciendo poco a poco en mí la convicción de que mi filosofía [socialista] no era suficiente; de ​​que la vida y la mente eran distintas, más de lo que había soñado.

La psicología avanzaba a pasos agigantados; los experimentos hipnóticos revelaban complejidades insospechadas en la conciencia humana, extraños enigmas de personalidades múltiples, y lo más sorprendente de todo, vívidas intensidades de actividad mental cuando el cerebro que debería ser el generador del pensamiento, se encontraba en estado de coma.

Hecho tras hecho me asaltaban, exigiendo una explicación que yo era incapaz de dar.

Estudié los aspectos más oscuros de la conciencia: sueños, alucinaciones, ilusiones, locura. En la oscuridad se iluminó un rayo de luz: el libro "El Mundo Oculto" de A.P. Sinnett, con sus letras maravillosamente sugerentes, que exponían no lo sobrenatural, sino una naturaleza sujeta a leyes, más amplia de lo que me había atrevido a concebir.

Incorporé el espiritismo a mis estudios, experimentando en privado, y encontrando los fenómenos indudables, pero su explicación espiritista, increíble.

Los fenómenos de la clarividencia, la clariaudiencia y la lectura del pensamiento resultaron ser reales.

Bajo el ajetreo de la vida exterior, ya esbozada, estas preguntas me daban vueltas en la cabeza, buscando diligentemente sus respuestas. Leí diversos libros, pero no encontré nada que me satisficiera. Experimenté de las diversas maneras que sugerían y obtuve resultados (para mí) curiosos. Finalmente me convencí de que había algo oculto, un poder oculto, y decidí buscar hasta encontrarlo.

A inicios de la primavera de 1889, yo estaba desesperadamente decidida a encontrar a toda costa lo que buscaba. Por fin, sentada sola, sumida en profundas reflexiones (como solía hacerlo después de la puesta del sol) llena de un intenso pero casi desesperado anhelo de resolver el enigma de la vida y la mente, oí una voz que más tarde se convertiría para mí en el sonido más sagrado de la tierra, invitándome a tener ánimo, pues la luz estaba cerca.

Pasaron dos semanas, y entonces el Sr. Stead [quien en ese entonces era el editor de la revista "The Pall Mall Gazette"] me entregó dos grandes libros y me dijo:
 
-       "¿Puedes reseñarlos? Mis jóvenes los rehúyen, pero tú eres lo suficientemente experta en estos temas como para sacarles provecho."

(En realidad Annie Besant fue bastante ignorante en temas esotéricos durante toda su vida.)

Tomé los libros; eran los dos volúmenes de "La Doctrina Secreta", escrita por H.P. Blavatsky.

Llevé mi carga a casa y me senté a leer. A medida que pasaba página tras página, el interés se volvía absorbente; pero ¡qué familiar me parecía! ¡Cómo mi mente se lanzaba a presagiar las conclusiones! ¡Qué natural, qué coherente, qué sutil, y sin embargo, qué inteligible!

Estaba deslumbrada, cegada por la luz en la que los hechos inconexos se veían como partes de un todo poderoso, y todos mis enigmas, acertijos, problemas, parecían desaparecer.

El efecto era parcialmente ilusorio en cierto sentido, ya que todos tenían que ser desentrañados lentamente después, mientras el cerebro asimilaba gradualmente lo que la rápida intuición había captado como verdad.

Pero la luz había sido vista, y en ese destello de iluminación supe que la fatigosa búsqueda había terminado y que la Verdad misma había sido encontrada.





Su primer encuentro con Blavatsky

Escribí la reseña y le pedí al Sr. Stead que me presentara a la escritora, y luego envié una nota solicitando permiso para visitarla.

Recibí la más cordial de las notas, invitándome a ir, y en la suave tarde de primavera, Herbert Burrows y yo (pues sus aspiraciones eran las mías en este asunto) caminamos desde la estación de Netting Hill, preguntándonos con quién nos encontraríamos, hasta la puerta del número 17 de Lansdowne Road.

Una pausa, un rápido paso por el vestíbulo y la sala exterior, a través de puertas plegables abiertas, una figura en un gran sillón frente a una mesa, una voz vibrante, imperiosa me dijo:
 
-       "Mi querida Sra. Besant, hacía tiempo que deseaba verla."

Yo estaba de pie, con mi mano en su firme apretón, y mirando por primera vez en esta vida directamente a los ojos de «HPB».

Sentí un repentino vuelco en mi corazón —¿era reconocimiento?— y luego —me avergüenza decirlo— una feroz rebelión, una feroz retirada, como la de un animal salvaje al sentir una mano dominante.

Me senté, y tras unas presentaciones que no me transmitieron ninguna idea, la escuché.

Ella habló de viajes por diversos países, con una charla relajada y brillante, con sus ojos velados, y sus dedos exquisitamente moldeados liando cigarrillos sin parar.

Pero no dijo nada especial que contar, ni una palabra de ocultismo, nada misterioso, una mujer de mundo charlando con sus visitantes vespertinos.

Nos levantamos para irnos, y por un instante el velo se levantó, y dos ojos brillantes y penetrantes se encontraron con los míos, y con un latido anhelante en la voz ella me dijo:
 
-       "¡Oh, mi querida Sra. Besant, si tan solo viniera con nosotros!"

Sentí un deseo casi incontrolable de inclinarme y besarla, bajo la compulsión de esa voz anhelante, esos ojos irresistibles, pero con un destello del viejo orgullo inquebrantable y una burla interior por mi propia locura, me despedí con una cortesía usual y me di la vuelta con un comentario evasivo y descortés.
 
-       "Hija", ella me dijo mucho después, "tu orgullo es terrible; eres tan orgullosa como el mismísimo Lucifer."

Pero en verdad, creo que nunca volví a demostrárselo después de aquella primera noche, aunque brotó con furia en su defensa muchas veces, hasta que aprendí la mezquindad y la inutilidad de toda crítica, y supe que los ciegos eran objeto de compasión, no de desprecio.

(Eso es falso porque los datos históricos muestran que Annie Besant si era tremendamente orgullosa, y su orgullo se incremento aún más con el tiempo.)





Annie Besant se afilia a la Sociedad Teosófica

Una vez más fui a ese lugar y pregunté por la Sociedad Teosófica, deseosa de unirme a esa organización, pero luchando contra ello. Porque veía, clara y nítidamente —con dolorosa claridad, de hecho— lo que significaría esa unión.

Había ya superado en gran medida el prejuicio público contra mí gracias a mi trabajo en la Junta Escolar de Londres, y se extendía ante mí un camino más llano, donde el esfuerzo por ayudar debía ser elogiado, no censurado.

¿Iba a sumergirme en un nuevo torbellino de conflicto, y convertirme en blanco del ridículo —peor que el odio— y librar de nuevo la agotadora lucha por una verdad impopular?

¿Debía volverme contra el materialismo y afrontar la vergüenza de confesar públicamente que me había equivocado, y que el intelecto el intelecto me había engañado para ignorar el alma?

¿Debía abandonar el ejército que había luchado por mí con tanta valentía, los amigos que a pesar de toda la brutalidad del ostracismo social, me habían considerado un ser querido y fiel?

Y él, el amigo más fuerte y fiel de todos, cuya confianza había quebrantado por mi socialismo, ¿debía sufrir la angustia de ver a su compañera de trabajo, su compañera de lucha, de la que se había sentido tan orgulloso, con quien había sido tan generosa, pasarse al bando contrario y abandonar las filas del materialismo?

¿Qué mirada vería Charles Bradlaugh cuando le dijera que me había hecho teósofa?


La lucha en mi interior fue intensa y encarnizada, pero sin la angustia de antaño, pues la guerrera ya había librado muchas batallas y estaba curtida por muchas heridas.

Y así fue como volví a Lansdowne Road a preguntar por la Sociedad Teosófica.

HP Blavatsky me miró fijamente por un momento y me preguntó:
 
-       "¿Has leído el informe sobre mí de la Sociedad para la Investigación Psíquica?"

Yo le contesté:
 
-       "No; nunca he oído hablar de ella, que yo sepa."

Y entonces Blavatsky me respondió:
 
-       "Ve a leerlo, y si después de leerlo vuelves, bien."

Y no dijo nada más sobre el tema, sino que desvió la conversación hacia sus experiencias en muchos países.

Tomé prestada una copia del Informe, la leí y releí. Rápidamente vi lo frágiles que eran los cimientos sobre los que se construía la imponente estructura. Las constantes suposiciones en las que se basaban las conclusiones; el carácter desconcertante de las acusaciones; y —lo más incriminatorio de todo— la vil fuente de la que se derivaban las pruebas. Todo dependía de la veracidad de los Coulomb, y ellos se auto-declaraban cómplices de los presuntos fraudes.

¿Podía comparar esto con la naturaleza franca e intrépida que había vislumbrado, con la orgullosa y ardiente veracidad que me brillaba desde sus ojos azules, honestos e intrépidos como los de un niño noble?

¿Podía la autora de La Doctrina Secreta ser ese miserable impostor, ese cómplice de embaucadores, ese vil y repugnante embustero, ese mago con trampillas y paneles corredizos?

(Quienes han investigado profundamente a Blavatsky y a los Maestros tienen ese mismo desconcierto porque saben que esas acusaciones son calumnias. Y yo he examinado ese informe y les puedo asegurar que es pésimo debido a que su autor descartó sistemáticamente todo lo que está a favor de Blavatsky y solo aceptó las acusaciones que le hicieron sus enemigos.)

Me reí a carcajadas ante lo absurdo y descarté ese Informe con el desprecio moral de una naturaleza honesta que conocía a sus semejantes cuando los encontraba, y se encogía ante la vileza y bajeza de una mentira.

Al día siguiente me encontraba en la oficina de la Editorial Teosófica, en el número 7 de Duke Street, Adelphi, donde trabajaba la condesa Wachtmeister, una de las amigas más leales de HPB, y firmé una solicitud de admisión como miembro de la Sociedad Teosófica.





Annie Besant se vuelve alumna de Blavatsky

Al recibir mi diploma, me dirigí a Lansdowne Road, donde encontré a HPB sola. Me acerqué a ella, me incliné y la besé, pero no dije palabra.

Ella me preguntó:
 
-       "¿Te has unido a la Sociedad?"

Yo le contesté:
 
-      "Sí."

Entonces me preguntó:
 
-       "¿Has leído el informe?"

Yo le contesté:
 
-       "Sí."

Y entonces ella me inquirió:
 
-        "¿Y qué opinas al respecto?"

Yo me arrodillé ante ella y estreché sus manos entre las mías, mirándola fijamente a los ojos, y le dije:
 
-       "Mi respuesta es: ¿me aceptarás como tu alumna y me concederás el honor de proclamarte mi maestra ante el mundo?"

Su rostro severo y serio se suavizó, un brillo inusual de lágrimas asomó a sus ojos; entonces con una dignidad más que regia, ella puso su mano sobre mi cabeza y me dijo:
 
-       "Eres una mujer noble. Que el Maestro te bendiga."


Desde aquel día, el 10 de mayo de 1889, hasta ahora —dos años y tres meses y medio después de que Blavatsky dejara su cuerpo el 8 de mayo de 1891—, mi fe en ella nunca ha flaqueado, mi confianza en ella jamás se ha visto quebrantada.

(Desafortunadamente poco tiempo después varios bribones, principalmente Chakravarti y Leadbeater, le hicieron perder a Besant su confianza en Blavatsky.)

Yo le di mi fe con una intuición imperiosa, demostré su fidelidad día tras día en la más íntima intimidad viviendo a su lado; y hablo de ella con la reverencia debida de una alumna a una maestra que nunca le falló, con la gratitud apasionada que en nuestra Escuela, es la recompensa natural de quien abre la puerta y señala el camino.

(Annie Besant le falló completamente a Blavatsky en los siguientes años.)





Besant defiende la Teosofía

"¡Locura! ¡Fanatismo!", se burla el inglés del siglo XIX. Pues que así sea. Lo he visto, y puedo esperar.

También me han dicho que me lancé de cabeza a la Teosofía y me dejé llevar por el entusiasmo.

Creo que la acusación es cierta, en la medida en que la decisión fue tomada rápidamente; pero había sido largamente guiada hacia, y realizó, los sueños de la infancia en los planos superiores de la feminidad intelectual.

Y permítanme decir aquí que he logrado más de lo que esperaba en esa primera inmersión, y he obtenido la certeza del conocimiento sobre doctrinas consideradas tan verdaderas como ese rápido destello de iluminación.

Sé, por experiencia personal, que el alma existe, y que mi Alma, no mi cuerpo, soy yo misma; que el alma puede abandonar el cuerpo a voluntad; que puede, estando incorpórea, alcanzar y aprender de maestros humanos vivos, y traer de vuelta e imprimir en el cerebro físico lo que ha aprendido.

Que ese proceso de transferir la conciencia de un rango de ser (por así decirlo) a otro, es un proceso muy lento durante el cual el cuerpo y el cerebro se correlacionan gradualmente con la forma más sutil que es esencialmente la del Alma, y ​​que mi propia experiencia de ella, aún tan imperfecta, tan fragmentaria, comparada con la experiencia de los altamente entrenados, es como las primeras luchas de un niño aprendiendo a hablar comparadas con la oratoria perfecta del orador experto.

Que la conciencia, lejos de depender del cerebro, es más activa cuando se libera de las formas burdas de la materia que cuando está encerrada en ellas.

Que los grandes Sabios mencionados por H.P. Blavatsky existen; que poseen poderes y conocimientos ante los cuales nuestro control de la Naturaleza y el conocimiento de sus caminos son un juego de niños.

Todo esto y mucho más he aprendido, y soy solo una alumna de bajo nivel, como si estuviera en la clase infantil de la Escuela Oculta; por lo tanto, el primer paso ha sido exitoso, y la intuición ha sido justificada.

Este mismo camino de conocimiento que estoy recorriendo está abierto a todos los demás que paguen el precio que se exige en la puerta, y ese precio es la disposición a renunciar a todo por el bien de la verdad espiritual y la disposición a entregar toda la verdad adquirida al servicio del hombre, sin reservar nada para sí mismo.





Su reseña de la Doctrina Secreta en el National Reformer

El 23 de junio de 1889, en una reseña de La Doctrina Secreta en el "National Reformer", aparecen los siguientes pasajes que muestran la rapidez con la que se habían comprendido algunos de los puntos principales de la enseñanza.

(Hay un error al afirmar que de las siete modificaciones de la Materia, la Ciencia solo conoce cuatro, y hasta hace poco solo conocía tres; estas cuatro son solo subestados, subdivisiones del plano inferior.)

(No hay un error, y más abajo lo aclaro.)


Tras decir que el hombre inglés del siglo XIX probablemente se sentiría repelido si tan solo hojeara el libro, continué diciendo:

« Con telescopio y microscopio, con bisturí y con batería, la ciencia occidental interroga a la naturaleza, añadiendo hecho tras hecho, acumulando experiencia tras experiencia, pero llegando siempre a abismos insondables con sus plomadas, cuando llega a alturas inalcanzables con sus escaleras. Amplia y magistral en sus respuestas al ¿Cómo? y el ¿Por qué?, siempre la elude, y las causas permanecen envueltas en la oscuridad.

La ciencia oriental utiliza como instrumento científico únicamente las facultades penetrantes de la mente, y considerando el plano material como Maya (ilusión), busca en los planos mental y espiritual del ser las causas de los efectos materiales. Allí también está la única realidad; allí la verdadera existencia de la cual el universo visible es solo la sombra.

Es evidente que tales investigaciones requieren un equipamiento mental superior al que normalmente ofrece el cuerpo humano. Y aquí se produce la separación de Oriente y Occidente.

Para el estudio del universo material, nuestros cinco sentidos, con la ayuda de los instrumentos inventados por la ciencia, pueden ser suficientes. Para todo lo que podemos oír, ver, saborear y tocar, estos servidores habituales, aunque a menudo torpes, son las mejores guías disponibles para el conocimiento.

Pero es inherente a la naturaleza del caso que resultan inútiles cuando la investigación se centra en modos de existencia que no pueden imprimirse en nuestras terminaciones nerviosas.

Por ejemplo, lo que conocemos como color es la frecuencia de vibración de las ondas etéricas que inciden en la retina del ojo, entre ciertos límites definidos —759 billones de golpes del máximo, 436 billones del mínimo— estas ondas dan lugar en nosotros a la sensación que el cerebro traduce en color.

(No sabemos por qué los 436 billones de golpes en un extremo de un nervio se vuelven «rojos» en el otro; lo registramos, pero no puedo explicarlo.)

Pero nuestra capacidad de responder a la vibración no puede limitar la capacidad vibratoria del éter; para nosotros, las frecuencias de vibración más altas y más bajas no existen, pero si nuestro sentido de la vista fuera más sensible, veríamos donde ahora estamos ciegos.

Siguiendo esta línea de pensamiento, nos damos cuenta de que la materia puede existir en formas desconocidas para nosotros, en modificaciones a las que nuestros sentidos son incapaces de responder.

Ahora interviene el Sabio Oriental y dice:

"Lo que dices que puede ser, es; hemos desarrollado y cultivado sentidos tan superiores a los tuyos como tu ojo es superior al de la medusa; hemos desarrollado facultades mentales y espirituales que nos permiten investigar en los planos superiores del ser con tanta certeza como tú investigas en el plano físico; no hay nada sobrenatural en esto, como tampoco lo es tu conocimiento, aunque muy superior al accesible a los peces; no especulamos sobre estas formas superiores de existencia; las conocemos por estudio personal, al igual que tú conoces la fauna y la flora de tu mundo.

Los poderes que poseemos no son sobrenaturales, están latentes en cada ser humano y... evolucionarán a medida que la raza progresa. Todo lo que hemos hecho es desarrollarlas más rápidamente que nuestros vecinos, mediante un procedimiento tan accesible para ustedes como lo fue para nosotros.

La materia está en todas partes, pero existe en siete modificaciones, de las cuales ustedes solo conocen cuatro, y hasta hace poco solo conocían tres; en esas formas superiores residen las causas cuyos efectos ven en las inferiores, y para conocer estas causas deben desarrollar la capacidad de comprender los planos superiores.

(Aquí Besant se está refiriendo a los siete principales estados de la materia que enseña Blavatsky, basándose en la antigua sabiduría oriental:


ESTADOS
DE LA MATERIA
ELEMENTO AL QUE SE LE ASOCIA
TATTVAS
(EN SANSKRITO)
aún desconocido
en occidente
materia primordial
o suprema (aether)
adi
aún desconocido
en occidente
materia “sin padres”
auto-existente
anupadaka o
aupapaduka
etéreo
éter
akasha o alaya
incandescente
fuego
taijasa o tejas
gaseoso
aire
vayu
liquido
agua
apas
solido
tierra
prithivi
 
 
Pero luego Besant añade que antes los científicos solo conocían tres, lo que me hace sospechar que ella ya estaba siendo mal influenciada por Charles Leadbeater, quien pretendió que por medio de su falsa clarividencia, él percibió cuatro diferentes tipos de éteres que en realidad esos éteres no existen y para incorporarlos dentro de la clasificación septenaria, quitó el estado incandescente:

   -  Primer tipo de éter
   -  Segundo tipo de éter
   -  Tercer tipo de éter
   -  Cuarto tipo de éter
   -  Gaseoso
   -  Líquido
   -  Físico

Pero hacer eso es absurdo porque el fuego es un elemento incuestionable que existe en la naturaleza.

Y este es un ejemplo que muestra que Annie Besant era bastante ignorante en asuntos de esoterismo, y ese es uno de los motivos por los que ella se dejó embaucar por Leadbeater.)


Luego siguió un breve resumen del ciclo de la evolución, y continué escribiendo:

¿Qué papel desempeña el hombre en este vasto drama del universo?

Sobra decir que no es la única forma viviente en un cosmos, que en su mayor parte es inhabitable para él.

Así como la ciencia ha mostrado formas vivientes por doquier en el plano material, razas en cada gota de agua, vida palpitando en cada hoja y brizna, así también La Doctrina Secreta señala formas vivientes en planos superiores de existencia, cada una adaptada a su entorno, hasta que todo el espacio vibra de vida, y en ninguna parte hay muerte, sino solo cambio.

Entre estas miríadas, algunas evolucionan hacia la humanidad, otras se alejan de la humanidad tal como la conocemos, despojándose de sus partes más burdas.

Porque el hombre es considerado un ser séptuple, cuatro de estas partes pertenecen al cuerpo animal y perecen con la muerte o poco después; mientras que tres forman su yo superior, su verdadera individualidad, y estas persisten y son inmortales.

Estas forman el Ego, y es este el que pasa por muchas encarnaciones, aprendiendo la lección de la vida a medida que va obrando su propia redención dentro de los límites de una ley inexorable, sembrando semillas de las cuales siempre cosecha, construyendo su propio destino con dedos incansables y no encontrando en ningún lugar del tiempo y espacio inconmensurables que lo rodean a nadie que pueda levantar para él un peso que ha creado, una carga que ha reunido, desenredar para él un enredo que ha retorcido, cerrar para él un abismo que ha cavado.


Luego, tras observar los acercamientos de la ciencia occidental a la oriental, llegaron las palabras finales:

Es de curioso interés observar cómo algunas de las teorías más recientes parecen vislumbrar las doctrinas ocultas, como si la ciencia se encontrara en el umbral mismo del conocimiento que hará que todo su pasado parezca pequeño.

Su mano ya tiembla ante el dominio de fuerzas ante las cuales todos los que ahora están a su disposición son insignificantes. ¿Cuándo las dominará?

Esperemos que no hasta que el orden social se haya transformado, no sea que solo den más a quienes tienen y dejen a los desdichados aún más desdichados por la fuerza del contraste.

El conocimiento utilizado por el egoísmo ensancha el abismo que divide al hombre del hombre y a la raza de la raza, y bien podríamos rehuir la idea de que nuevos poderes de la naturaleza estén ligados al carro de la codicia.

De ahí que la sabiduría de esos «Maestros», en cuyo nombre habla Madame Blavatsky, haya negado siempre el conocimiento que es poder hasta que se haya aprendido la lección del amor, y haya entregado solo a las manos de los desinteresados ​​el control de esas fuerzas naturales que "un mal uso destruiría la sociedad". »



Esta reseña, y el anuncio público, exigido por la honestidad, de mi ingreso a la Sociedad Teosófica, naturalmente suscitaron una oleada de críticas, y el National Reformer [que era un periódico secularista británico radical y ateo, liderado por Charles Bradlaugh] del 30 de junio de 1889 publicó la siguiente:

« La reseña del libro de Madame Blavatsky en el último National Reformer y un anuncio en el Star me han traído varias cartas sobre la Teosofía.

Me piden una explicación sobre qué es la Teosofía y sobre mi propia opinión al respecto: la palabra 'teósofo' es antigua y se usaba entre los neoplatónicos. Según el diccionario, su nuevo significado parece ser "alguien que afirma tener conocimiento de Dios o de las leyes de la naturaleza mediante la iluminación interna".

Un ateo ciertamente no puede ser teósofo. Un deísta puede ser teósofo. Un monista no puede ser teósofo. La teosofía debe al menos implicar dualismo.

La teosofía moderna, según Madame Blavatsky, como se expuso en el número de la semana pasada, afirma mucho en lo que no creo y alega algunas cosas que, para mí, son ciertamente falsas. No he tenido la oportunidad de leer los dos volúmenes de Madame Blavatsky, pero sí he leído durante los últimos diez años muchas publicaciones de su pluma, la del coronel Olcott y la de otros teósofos.

Me parece que han buscado rehabilitar una especie de espiritualismo en la terminología oriental. Considero que muchas de sus alegaciones son completamente erróneas y sus razonamientos completamente falsos.

Lamento profundamente que mi colega y colaboradora, con cierta rapidez y sin ningún intercambio de ideas conmigo, haya adoptado como hechos, asuntos que me parecen tan irreales como cualquier ficción puede serlo.

Mi pesar es mayor. Conozco la devoción de la Sra. Besant por cualquier camino que considere verdadero. Sé que siempre defenderá con fervor cualquier punto de vista que se proponga, y contemplo con profunda preocupación el posible desarrollo de sus ideas teosóficas.

La línea editorial de este periódico no ha cambiado y se opone abiertamente a todas las formas de teosofía. Habría preferido guardar silencio sobre este tema, pues el desacuerdo público con la Sra. Besant sobre su adopción del socialismo ha causado dolor a ambos; pero al leer su artículo y al conocer el anuncio público de su adhesión a la organización teosófica, debo decir esto con claridad a quienes me buscan como guía.

CHARLES BRADLAUGH »



Mi contestación fue:

« No me es posible explicar aquí con detalle mis razones para unirme a la Sociedad Teosófica, cuyos tres objetivos son: fundar una Hermandad Universal sin distinción de raza ni credo; promover el estudio de la literatura y la filosofía arias; e investigar las leyes inexplicables de la naturaleza y los poderes físicos latentes en el hombre.

En materia de opinión religiosa, los miembros son absolutamente libres. Los fundadores de la sociedad niegan un Dios personal, y se enseña una forma algo sutil de panteísmo como la visión teosófica del universo, aunque ni siquiera esto se impone a los miembros de la sociedad.

No pretendo ocultar que esta forma de panteísmo me parece que promete la solución de algunos problemas, especialmente problemas de psicología, que el ateísmo deja intactos.

ANNIE BESANT »




La Teosofía, como bien saben sus estudiantes, lejos de implicar dualismo, se basa en el Uno, que se convierte en Dos al manifestarse; así como el ateísmo postula una sola existencia, solo cognoscible en la dualidad de fuerza y ​​materia, y el teísmo filosófico —aunque no popular— enseña una sola Deidad, de la cual son espíritu y materia.

(En realidad el Uno se convierte en Tres al manifestarse, debido a que Dos genera dualidad y se requiere Tres para lograr el equilibrio; y esos tres aspectos de lo Divino son simbolizados por la Santísima Trinidad del cristianismo, la Trimurti del hinduismo, los tres colores primarios, los tres primeros rayos de la creación, etc.)



Breve estancia  en Francia

La moderada desaprobación del Sr. Bradlaugh no fue imitada en su moderación por otros líderes del librepensamiento, y el Sr. Foote se distinguió especialmente por la acritud de sus ataques.

En medio del torbellino, fui llamada a París para asistir, con Herbert Burrows, al gran Congreso Laborista celebrado allí del 15 al 20 de julio de 1889, y pasé un par de días en Fontainebleau con H.P. Blavatsky, quien había salido de vacaciones unas semanas.

Allí la encontré traduciendo los maravillosos fragmentos de "El Libro de los Preceptos Dorados", ahora tan conocido como "La Voz del Silencio".

Lo escribió con rapidez, sin ningún material de apoyo, y por la noche me hizo leerlo en voz alta para comprobar si el inglés era correcto.

Herbert Burrows, la Sra. Candler (una teósofa estadounidense acérrima) y yo nos sentamos alrededor de HPB mientras leía. La traducción estaba en un inglés perfecto y hermoso, fluido y musical; solo pudimos encontrar una o dos palabras para modificar, y ella nos miró como una niña asustada, maravillada por nuestros elogios; elogios que cualquier persona con sentido literario aprobaría si leyera ese exquisito poema en prosa.


Un poco antes, ese mismo día, le había preguntado sobre los agentes que producían los golpes que tan constantemente se escuchaban en las sesiones espiritistas.

 "No se usan espíritus para producir golpes", dijo; "mira".

Me puso la mano sobre la cabeza, sin tocarla, y oí y sentí ligeros golpes en el hueso del cráneo, cada uno de los cuales me enviaba una pequeña descarga eléctrica por la columna.

Luego me explicó cuidadosamente cómo dichos golpes se podían producir en cualquier punto que el operador deseara, y cómo la interacción de las corrientes a las que se debían podía ser causada de forma distinta a la voluntad humana consciente.

De esta manera ilustraba sus enseñanzas verbales, comprobando experimentalmente las afirmaciones sobre la existencia de fuerzas sutiles controlables por una mente entrenada.

Todos los fenómenos pertenecían al aspecto científico de su enseñanza, y nunca cometió la locura de atribuirse la autoridad de sus doctrinas filosóficas alegando ser una hacedora de milagros.

Y constantemente nos recordaba que no existían los "milagros", que todos los fenómenos que ella había producido se debían a un conocimiento de la naturaleza más profundo que el de la gente común, y a la fuerza de una mente y una voluntad bien entrenadas.

Algunos eran lo que ella describiría como "trucos psicológicos", la creación de imágenes mediante la imaginación, y al imponérselas a otros como una alucinación colectiva. Otros fenómenos, como el movimiento de objetos sólidos, se lograban ya sea mediante una mano astral proyectada, o mediante un elemental. Otros mediante la lectura en la Luz Astral, etc.

Pero la prueba de la realidad de su misión, por parte de aquellos a quienes ella llamaba Maestros, no residía en estos fenómenos físicos y mentales comparativamente triviales, sino en el esplendor de su heroica resistencia, la profundidad de su conocimiento, la abnegación de su carácter, la elevada espiritualidad de su enseñanza, la incansable pasión de su devoción, el incesante ardor de su trabajo por la iluminación de los hombres.

Fueron estos, y no sus fenómenos, los que ganaron para ella nuestra fe y confianza —nosotros que vivíamos a su lado, conociendo su vida cotidiana— y aceptamos agradecidos su enseñanza no porque ella pretendiera tener autoridad alguna, sino porque despertaba en nosotros poderes, cuya posibilidad en nosotros mismos no habíamos soñado, energías del Alma que demostraban su propia existencia.



Eventos que sucedieron en Londres en la segunda mitad de 1889

Al regresar a Londres desde París, me vi en la necesidad de presentar de forma muy clara y concisa mi cambio de opinión, y en el National Reformer del 4 de agosto de 1889 encuentro lo siguiente:

« Se están haciendo muchas afirmaciones sobre mí y mis creencias, algunas absurdas y otras maliciosamente falsas. Debo pedir a mis amigos que no les den crédito.

No sería justo para mi amigo, el Sr. Bradlaugh, pedirle que abra las columnas de esta revista a una exposición de Teosofía escrita por mí, y así provocar una larga controversia sobre un tema que no interesaría a la mayoría de los lectores del National Reformer. Por ello, no puedo responder aquí a los ataques que se me han hecho.

Sin embargo considero que el partido con el que he trabajado durante tanto tiempo tiene derecho a exigirme una explicación del paso que he dado, y por lo tanto estoy preparando un panfleto que aborda a fondo esa cuestión.

Además, he acordado con el Sr. R.O. Smith que el tema de las conferencias que impartiré en el Hall of Science el 4 de agosto... 4.º y 11.º sea "¿Por qué me hice teósofa?".

Mientras tanto, creo que mis años de servicio en las filas del partido librepensador me dan derecho a pedir que no se me condene sin ser escuchada, e incluso me atrevo a sugerir, en vista de los elogios que me han dispensado los librepensadores en el pasado, que es posible que haya algo que decir desde un punto de vista intelectual, a favor de la Teosofía.

Las caricaturas que han surgido de la pluma de algunos librepensadores la representan con tanta precisión como las caricaturas del ateísmo de la Evidencia Cristiana representan esa digna filosofía de vida; y recordando lo tergiversadas que están, les pido que esperen antes de juzgar. »


Las conferencias se impartieron y se condensaron en un folleto con el mismo título, que ha tenido una gran circulación. Concluía así:

« Existe un gran obstáculo en la mente de muchos librepensadores, que sin duda los predispone contra la Teosofía y que ofrece a sus oponentes un tema fácil de sarcasmo: la afirmación de que existen otros seres vivos además de los hombres y animales que habitan nuestro planeta.

Conviene que quienes se alejan de inmediato ante tal afirmación se detengan y se pregunten si realmente creen que en todo este poderoso universo, en el que nuestro pequeño planeta no es más que una pequeña partícula de arena en el Sahara, solo este planeta está habitado por seres vivos.

¿Acaso todo el universo es mudo salvo para nuestras voces? ¿Ciego salvo para nuestra visión? ¿Muerto salvo para nuestra vida?

Una creencia tan absurda era bastante válida en la época en que el cristianismo consideraba nuestro mundo como el centro del universo, a la raza humana como aquella por la que el Creador se dignó morir.

Pero ahora que estamos en nuestra posición adecuada, uno entre innumerables miríadas de mundos, ¿qué fundamento hay para la absurda presunción que se arroga como nuestra toda la existencia sensible?

La tierra, el aire, el agua, todo rebosa de seres vivos adaptados a su entorno; nuestro planeta rebosa de vida. Pero en el momento en que trascendemos nuestra atmósfera, todo cambia. Ni la razón ni la analogía respaldan tal suposición.

Uno de los crímenes de [Giordano] Bruno fue atreverse a enseñar que otros mundos además del nuestro estaban habitados; pero fue más sabio que los monjes que lo quemaron.

Los teósofos solo afirman que cada fase de la materia tiene seres vivos adaptados a ella, y que todo el universo late con vida.

 ¡Superstición! ¡Gritan los intolerantes! No es más superstición que la creencia en bacterias o en cualquier otro ser vivo invisible al ojo humano común.

"Espíritu" es una palabra engañosa, pues históricamente connota inmaterialidad y una existencia sobrenatural, y el teósofo no cree ni en uno ni en otro. Para él, todos los seres vivos actúan en y a través de una base material, y la materia y el espíritu no se encuentran disociados. Pero alega que la materia existe en estados distintos a los conocidos actualmente por la ciencia.

Negar esto es tan sensato como lo fue el príncipe hindú que negó la existencia del hielo porque el agua, en su experiencia, nunca se solidificó.

Negarse a creer hasta que se presenten pruebas es una postura racional; negar todo lo que esté fuera de nuestra limitada experiencia es absurdo.


Una última palabra a mis amigos secularistas. Si me dicen: "Abandone nuestras filas", las abandonaré; no me impongo a ningún partido, y en cuanto me sienta inoportuno, me iré.

(Nota de Besant: dejo estas palabras tal como fueron escritas en 1889.  Renuncié a mi cargo de la NSS en 1890, sintiendo que la NSS estaba tan identificada con el materialismo que ya no tenía lugar para mí.)

Me ha costado bastante dolor admitir que el materialismo del que todo lo esperaba me ha fallado, y con tal admisión acarrearme la desaprobación de algunos de mis amigos más cercanos. Pero aquí, como en otros momentos de mi vida, no me atrevo a comprar la paz con una mentira.

Una imperiosa necesidad me obliga a decir la verdad, tal como la veo, ya sea que el discurso me agrade o me desagrade, ya sea que me traiga elogios o censura. Esa única lealtad a la Verdad debo mantenerla intachable, independientemente de si las amistades me fallan o los lazos humanos se rompen.

Puede que me lleve al desierto, pero debo seguirla; puede que me despoje de todo amor, pero debo perseguirla; aunque me mate, confiaré en ella; y no pido otro epitafio para mi tumba que: "ELLA TRATÓ DE SEGUIR LA VERDAD." »


Mientras tanto, con esta nueva controversia entre manos, el trabajo de la Junta Escolar continuó, posible debo decir, gracias a la generosa ayuda de amigos desconocidos, quienes me enviaron 150 libras al año durante el último año y medio.

Así también prosiguió la vigorosa labor socialista y el continuo apoyo a los movimientos obreros en apuros, destacando la organización de los peleteros del sur de Londres en un sindicato y el apoyo al movimiento para acortar el horario de los conductores de tranvías y autobuses, cuyas reuniones debían celebrarse después de la medianoche.

La alimentación y el vestido de los niños también ocupaban mucho tiempo y atención, pues los pequeños de mi distrito eran miles, desesperadamente pobres.

Estudié como pude, leyendo en vagones de tren, tranvías y autobuses, y robando horas para escuchar a HPB acortando las noches.


En octubre, las fuerzas debilitadas del Sr. Bradlaugh recibieron un golpe mortal, aunque aún le quedaban quince meses de vida. Sufrió un colapso repentino debido a una congestión severa y se encontraba en peligro inminente, cuidado con devoción por su única hija, la Sra. Bonner, ya que su hija mayor había fallecido el otoño anterior.

Poco a poco, resucitó tras cuatro semanas en cama, y tras recibir instrucciones de su médico de descansar y de ser posible de emprender un viaje por mar, zarpó hacia la India el 28 de noviembre para asistir al Congreso Nacional donde fue aclamado con entusiasmo como "Miembro por la India".


En noviembre, presenté una demanda por difamación contra el reverendo Sr. Hoskyns, vicario de Stepney, quien había seleccionado pasajes viles de un libro que no era mío y los había hecho circular como si representaran mis opiniones durante las elecciones de la Junta Escolar de 1888.

Tenía en mi contra al Procurador General, Sir Edward Clarke, en el estrado, y al Barón Huddleston en el tribunal. Tanto el abogado como el juez hicieron todo lo posible por intimidarme y usar el lenguaje más grosero, intentando demostrar que al defender la limitación de la familia, había condenado la castidad como un delito.

Cinco horas de brutal interrogatorio mantuvieron mi negación de tales enseñanzas inquebrantable, e incluso los alegatos del juez a favor del clérigo, defendiendo a sus feligreses contra un infiel y estableciendo como ley que la declaración era privilegiada, no lograron obtener un veredicto.

El jurado discrepó, no como me comentó uno de ellos después, sobre la cuestión de la difamación, sino por la opinión de algunos de que un clérigo no debía ser multado con una indemnización por su excesivo celo en la defensa de su fe contra el lobo voraz de la incredulidad; mientras que otros, considerando la difamación muy cruel, no aceptaron un veredicto que no conllevara una indemnización sustancial.

No llevé el caso a un nuevo juicio, pues consideré que no valía la pena perder más tiempo en ello, tras haber quedado plenamente demostrada mi inocencia de la acusación.





La generosidad de Blavatsky

Los meses transcurrieron con ajetreo, y a inicios de 1890, le habían donado a H.P. Blavatsky mil libras para que las usara, a su discreción, en servicio social, y si le parecía bien, en servicio a las mujeres.

Tras largas conversaciones, ella decidió fundar una asociación en el este de Londres para jóvenes trabajadoras, y con su aprobación, la señorita Laura Cooper y yo buscamos un lugar adecuado.

Finalmente, nos decidimos por una casa muy grande y antigua, en el número 193 de Bow Road, y su renovación completa y la construcción de un salón anexo llevaron varios meses.

El 15 de agosto de 1889, Madame Blavatsky la inauguró y la dedicó a mejorar la situación de las jóvenes trabajadoras y mal pagadas. Y esa organización ha cumplido con nobleza su misión durante los últimos tres años.


La compasión de H.P.B. por el sufrimiento humano, especialmente el de las mujeres y los niños, era muy notable. 

Ella era muy pobre al final de su vida terrenal, pues lo había gastado todo en su misión y se negaba a dedicar tiempo de su trabajo teosófico a escribir para los periódicos rusos, que estaban dispuestos a pagarle caro por su pluma.

Pero su escaso bolsillo se vació rápidamente cuando cualquier dolor humano que el dinero pudiera aliviar se interpuso en su camino.

Un día escribí una carta a una compañera que le mostraron, sobre unos niños pequeños a quienes les había llevado muchas flores del campo, y les había hablado de sus rostros contraídos por la necesidad.

Me vino a la mente la siguiente nota característica que ella me envió:

« MI QUERIDÍSIMA AMIGA,

Acabo de leer tu carta y me duele el corazón por los pobres pequeñitos. Mira, solo tengo 30 chelines de mi propio bolsillo (pues como sabes, soy pobre y estoy orgullosa de ello), pero quiero que los aceptes y no digas ni una palabra.

Con esto podrías comprar treinta cenas para treinta pobres hambrientos, y puede que me sienta más feliz durante treinta minutos con solo pensarlo.

Ahora, no digas ni una palabra, y hazlo; llévaselos a esos desafortunados bebés que amaban tus flores y se sentían felices.

¡Perdona a tu vieja amiga grosera, inútil en este mundo!

Siempre tuya,

HPB »


Fue esta ternura suya la que nos llevó, después de su partida, a fundar el "Hogar HPB para niños pequeños", y un día esperamos cumplir su deseo expresado de que se abriera un refugio grande pero hogareño para niños marginados bajo los auspicios de la Sociedad Teosófica.





El grupo se muda a otra casa

Al expirar el contrato de arrendamiento del número 17 de Lansdowne Road a principios del verano de 1890, se decidió que el número 19 de Avenue Road se convertiría en la sede de la Sociedad Teosófica en Europa.

Se construyó un salón para las reuniones de la Logia Blavatsky —la logia fundada por ella— y se realizaron diversas reformas.

En julio, su equipo de trabajadores se reunió bajo un mismo techo; allí acudieron Archibald y Bertram Keightley, quienes se habían dedicado a su servicio años antes.

La condesa Wachtmeister, quien había dejado de lado todos los lujos de la riqueza y el alto rango social para entregarlo todo a la causa a la que servía y a la amiga a la que amaba con profunda y fiel lealtad.

George Mead, su secretario y ferviente discípulo, hombre de mente y carácter firmes, un erudito destacado y un trabajador incansable.

Claude Wright, el más encantador de los irlandeses, con una aguda perspicacia que subyacía en una naturaleza radiante y alegre, aunque aparentemente despreocupado.

Walter Old, soñador y sensible, un psíquico nato y, como muchos otros, fácilmente influenciable por quienes lo rodeaban.

Emily Kislingbury, también una mujer estudiosa y seria.

Isabel Cooper Oakley, intuitiva y estudiosa, una combinación excepcional, y una alumna devota de los estudios ocultistas.

James Pryse, un estadounidense, que nadie es más dedicado que él, aportó conocimientos prácticos para apoyar la obra e hizo posible el gran desarrollo de nuestro departamento de impresión.

Estos, junto conmigo, fueron inicialmente el personal residente, mientras que la señorita Cooper y Herbert Burrows, quienes también estaban vinculados con la obra, pero no podían vivir siempre en el hogar debido a otras obligaciones.


Las reglas de la casa eran —y son— muy sencillas, pero HPB insistía en una vida muy regular: desayunábamos a las 8 de la mañana, trabajábamos hasta la comida a la 1 y luego hasta la cena a las 7.

Después de cenar, el trabajo externo para la Sociedad Teosófica se dejaba de lado y nos reuníamos en la habitación de HPB, donde nos sentábamos a hablar de planes, recibir instrucciones y escuchar sus explicaciones sobre los puntos difíciles.

A las 12 de la noche todas las luces tenían que apagarse.


Mi trabajo público me llevaba muchas horas — por desgracia para mí—  pero así era la rutina de nuestras ajetreadas vidas. HPB escribía sin cesar; siempre sufriendo, pero con una voluntad indomable, impulsaba su cuerpo a cumplir con sus tareas, implacable con sus debilidades y dolores.

Blavatsky trataba a sus alumnos de forma muy diversa, adaptándose con la mayor precisión a sus diferentes naturalezas; como maestra era maravillosamente paciente, explicando las cosas una y otra vez de diferentes maneras, hasta que a veces, tras un fracaso prolongado, se dejaba caer en su silla y exclamaba:
 
-       "¡Dios mío!" (el sencillo "Dios mío" del extranjero) "¿Soy tonta para que no me entiendas? Mira a Fulano" (refiriéndose a alguien en cuyo rostro se vislumbraba un leve atisbo de comprensión) "Tú dile a estos idiotas lo que quiero decir."

En cambio con la vanidad, la presunción y el fingimiento de conocimiento, ella era despiadada si el alumno era prometedor; agudas flechas de ironía perforaban la farsa.

Con algunos de sus discípulos se enfadaba mucho, sacándolos de su letargo con ardiente desprecio; y en realidad se convertía en un mero instrumento para la formación de sus alumnos, sin importarle lo que ellos o cualquier otra persona pensaran de ella, siempre que el beneficio resultante estuviera asegurado.

Y nosotros, que vivimos a su alrededor, quienes la observábamos en la más íntima intimidad día tras día, damos testimonio de la generosa belleza de su vida, la nobleza de su carácter, y depositamos a sus pies nuestra más reverente gratitud por el conocimiento adquirido, las vidas purificadas y la fuerza desarrollada.

Oh alma noble y heroica, a quien el mundo exterior, ciego, juzga mal, pero a quien tus alumnos vieron parcialmente, nunca a través de vidas y muertes pagaremos la deuda de gratitud que te debemos.


Y así, a través de la tormenta, llegué a la paz, no a la paz de un mar sereno de vida exterior, que ningún alma fuerte puede anhelar, sino a una paz interior que las dificultades externas no pueden perturbar; una paz que pertenece a lo eterno, no a lo transitorio, a las profundidades, no a los bajíos de la vida.

Me sostuvo sin heridas durante la terrible primavera de 1891, cuando la muerte abatió a Charles Bradlaugh en la plenitud de su utilidad y abrió la puerta al descanso para H.P. Blavatsky.

Me ha sostenido a través de ansiedades y responsabilidades pesadas y numerosas; cada tensión la fortalece; cada prueba la serena; cada asalto la deja más radiante. Una tranquila confianza ha reemplazado a la duda; una fuerte seguridad, al temor ansioso.

En vida, a través de la muerte, a la vida, no soy más que la sirvienta de la gran Hermandad, y aquellos en cuyas cabezas, aunque sea por un instante, el toque del Maestro ha reposado en bendición, nunca más podrán volver a mirar el mundo salvo con ojos iluminados por el resplandor de la Paz Eterna.

PAZ A TODOS LOS SERES.

(Annie Besant creía sinceramente que ella estaba sirviendo a los Maestros y no se dio cuenta que en realidad ella solo estaba siendo manipulada por el embustero Charles Leadbeater; y el resultado fue que ella hizo mucho daño al movimiento teosófico.)

(Capítulo 14)