LAS VIDAS PASADAS DE BLAVATSKY SEGÚN FRANZ HARTMANN




El esoterista Franz Hartmann acerca de las vidas pasadas de Blavatsky, escribió lo siguiente:

« Se suele decir que Cagliostro murió el 26 de agosto de 1795 en su prisión del Castillo de Sant'Angelo, en Roma. Lo cierto es que desapareció de la prisión por esas fechas, pero no se sabe nada fiable sobre su muerte.

Por otro lado, fuentes muy fiables afirman que Cagliostro permaneció en casa de los abuelos de Blavatsky en Rusia durante mucho tiempo después de ese supuesto día de su fallecimiento, y que sucedieron cosas extrañas durante su estancia allí. Por ejemplo, una vez, en pleno invierno, misteriosamente sacó un plato lleno de fresas para una persona enferma que las quería.

Si Blavatsky fue realmente una reencarnación de Cagliostro (quien previamente se había encarnado en Giuseppe Balsamo) cada lector puede opinar como quiera. No pretendo hacer ninguna afirmación aquí, solo mencionar que cuando una vez le pedí a Blavatsky su retrato, ella me dio el de Cagliostro en lugar del suyo. »
(Sphinx, abril de 1896, p.207-214)



« Un día de 1884 yo estaba hablando con H.P. Blavatsky en su habitación de Adyar. Hablamos de la reencarnación y otras cosas, y durante la conversación expresé mi deseo de tener un retrato suyo.

Sin responder, ella fue a un cajón y sacó un cuadro de Cagliostro, que me regaló y del cual se reproduce una copia en el presente artículo.

Toda su actitud me dio la impresión de que el cuadro la representaba tal como era en su encarnación anterior; pero, antes de que pudiera preguntarle al respecto, nuestra conversación se vio interrumpida por otro visitante. »
(The Occult Review, enero de 1910, p.11-15)





« Al igual que otros seres humanos, H.P. Blavatsky poseía una individualidad espiritual. La biografía de esta individualidad espiritual abarca numerosas reencarnaciones, cuyos acontecimientos escapan a nuestra comprensión. Sin embargo, lo siguiente podría darnos una idea de cómo se producen dichas reencarnaciones:

En 1831, una dama adinerada vivía en Ekaterinoslav en gran reclusión, y solo se relacionaba con unos pocos conocidos, entre ellos la esposa de un coronel, Peter Hahn, quien más tarde se convertiría en la madre de H.P. Blavatsky.

Poco se sabía de ella, salvo que era muy caritativa y se interesaba mucho por lo místico. Por ello, muchos la veneraban con reverencia supersticiosa.

Un día, esta dama, aunque gozaba de buena salud, les dijo a algunos amigos que estaba a punto de morir, pero que pronto reencarnaría. A la mañana siguiente la encontraron muerta en su habitación y los médicos no pudieron dar con una explicación satisfactoria para su repentina muerte.

Esa misma mañana nació Helena Petrovna Hahn. Sea cual sea la opinión al respecto, los testigos afirman que cuando la niña aprendió a caminar, su paseo favorito era ir hasta la tumba de la difunta, y que la niña repetía textualmente a su madre varias conversaciones confidenciales que había tenido con ella antes del nacimiento de H.P. Blavatsky.

Se afirma también que esta individualidad espiritual [Blavatsky] fue una india en una encarnación aún anterior; pero tales especulaciones carecen de valor. y si las mencionamos, es solo para alertar al lector sobre la posibilidad de tales reencarnaciones y su recuerdo. »
(Lotusblüten, abril de 1893, p.305-40)



« En 1831 en Rusia, había una anciana que habitaba en la ciudad de Ekaterinoslaw. Ella vivía muy retirada y rara vez se la veía. Su círculo de conocidos era muy limitado, sin embargo era conocida por ser muy caritativa. Corrían rumores de que se dedicaba a estudios de ocultismo, lo que hizo que algunos la consideraran una maga y otros la rechazaran como bruja.
 
Una de sus pocas amigas íntimas era la esposa del coronel ruso Peter Hahn, y esta amiga posteriormente se convirtió en la madre de H.P. Blavatsky.
 
La anciana un día predijo a sus conocidos que ella moriría en una fecha determinada, y agregó que se reencarnaría de inmediato. Y efectivamente ella murió el día que había nombrado y sin ninguna indisposición anterior a su muerte, a la misma hora nació Helena Hahn, que vivió para convertirse en Helena P. Blavatsky.
 
Así podemos suponer que el alma de esta misteriosa mujer se reencarnó en H.P. Blavatsky, y esta suposición se hace más probable debido a que cuando la pequeña Helena había aprendido a hablar, le repetía a su madre ciertas cosas que la anciana le había dicho confidencialmente a su amiga antes de morir. Además que la pequeña Helena tenía la costumbre de ir al sepulcro de la anciana y permanecer allí horas, aunque nadie le había hablado nunca de la existencia de ese sepulcro. »
(The Word, noviembre de 1906, p.96-102)






OBSERVACIONES

Vemos que Hartmann sugirió que Blavatsky en una reencarnación anterior había sido una india, posteriormente Cagliostro, y luego la dama de Ekaterinoslav.


1. Que Blavatsky pudo haber nacido en India en una vida anterior, eso lo veo muy posible.

A) Primero porque Blavatsky sentía una gran pasión por la India y los indios, y ese amor desbordado podría deberse a que ella en una reencarnación anterior habría vivido en ese país y tuvo muy gratas experiencias con esa nación.

B) Pero sobre todo porque muchos de los miembros de la Fraternidad de los Maestros son o han sido en una vida anterior orientales debido a que allá se encuentra su Cuartel General (Shambala), la mayoría de sus templos y también sus escuelas.

Y como lo indicó Blavatsky:

« Durante siglos, la selección natural de los discípulos por parte de los Mahatmas del Himalaya ha sido en los templos y en una menor proporción entre los habitantes del Tíbet [y en los paises cercanos] en donde se encontraban una considerable cantidad de místicos naturales. »
(CW 4, p.607)


Y el maestro Kuthumi también señaló que:

« Nuestros mejores y más instruidos y más santos adeptos pertenecen a las razas tibetanas [ÿ orientales]. »
(CM 4, p.15)


De hecho Kuthumi, Morya y Djwal Khul son indios.




2. En cuanto a que Blavatsky en una vida anterior fue Cagliostro, ahí yo estoy desconfiado por varios motivos.

A) Primero porque cuando Blavatsky habló sobre Cagliostro en su "Glosario Teosófico", ella se mostró algo despectiva hacia Cagliostro diciendo:

« Su destino fue el de todo ser humano que demuestra que sabe más que sus semejantes; él fue “apedreado hasta la muerte” por persecuciones, mentiras y acusaciones infames, y sin embargo era amigo y consejero de los más altos y poderosos de todos los países que visitaba.

Finalmente fue juzgado y sentenciado en Roma como hereje, y se dice que murió durante su confinamiento en una prisión estatal.

Sin embargo, su final no fue del todo inmerecido, ya que él había sido infiel a sus votos en algunos aspectos: él había caído de su estado de castidad y cedido a la ambición y el egoísmo. »
(p.72)


A mi me da la impresión que si Blavatsky hubiera sido anteriormente Cagliostro, ella se hubiera mostrado más clemente hacia las fallas que tuvo Cagliostro.



B) Pero sobre todo porque cuando el maestro Kuthumi le habló al señor Alfred Sinnett acerca de Blavatsky, él le informó que:

« Después de casi un siglo de búsqueda infructuosa, nuestros jefes tuvieron que aprovechar la única oportunidad que tuvieron de enviar un cuerpo europeo [o sea Blavatsky] a suelo occidental que sirviese de eslabón conector entre tu mundo y el nuestro. »
(CM 26, p.203)


Blavatsky señaló que Cagliostro fue un agente de los maestros transhimaláyicos:

« El famoso médico Mesmer que redescubrió y utilizó de manera práctica el fluido magnético para curar y que él llamó “magnetismo animal”, lo que dio inicio al mesmerismo, era un miembro iniciado de las Hermandades de los Fratres Lucis (los Hermanos de Luz) y de Lukshoor (o Luxor), o la Rama egipcia de este último.

Y fue el Consejo de Luxor el que lo seleccionó, de acuerdo con las órdenes de la Gran Hermandad, para actuar en el siglo XVIII como su pionero habitual que envían en el último cuarto de cada siglo para iluminar un poco más a las naciones de Occidente sobre la ciencia oculta.

Y fue Saint-Germain quien supervisó el desarrollo de los eventos en ese caso; y más tarde Cagliostro fue comisionado para ayudar, pero después de haber cometido una serie de errores, más o menos fatales, fue retirado del asunto. »
(Glosario Teosófico, p.213-214)


Por lo que no tiene sentido que si los Maestros iban a volver a utilizar a Cagliostro como su agente en el siglo XIX, dedicaran casi un siglo a buscar alguien más.

Además que Blavatsky especificó que Cagliostro cometió varios errores importantes que provocaron el fracaso de su misión, y en tal caso mínimo los Maestros hubieran esperado a que el alma de Cagliostro se perfeccionara antes de volverle a encomendar una misión.

Y además si Cagliostro falleció en 1795 (y según Franz Hartmann, Cagliostro habría fallecido años después) eso es mucho menos de un siglo antes de la aparición de Blavatsky quien nació en 1831.

Por lo que los Maestros estuvieron buscando a otra alma que no fuera Cagliostro, puesto que Kuthumi precisó que llevaban casi un siglo buscando.

O puede ser que después de tanto tiempo buscando infructuosamente, los maestros hayan decidido volver a enviar a Cagliostro quien entonces si habría renacido como Blavatsky, pero esa posibilidad la veo mucho menos probable.




3. Y esa afirmación de que Blavatsky en su reencarnación anterior fue la dama que vivía en Ekaterinoslav, la considero muy poco probable.

A) Primero porque uno hereda las facultades que desarrollo en su vida anterior, y Blavatsky nació con sus poderes mediúmnicos ya despiertos, pero esa dama no mostró tenerlos.


B) Pero sobre todo porque es muy desaconsejable interrumpir el proceso post-mortem para reencarnar rápidamente de nuevo. Esto lo remarcó William Judge:

« Es posible omitir un periodo en Devachan, pero esto es extremadamente excepcional y no es provechoso, salvo en raras circunstancias. Se nos dice que ocurre en dos ocasiones: primero, en ciertos raros casos cuando los Adeptos, a fin de acelerar el desarrollo de un chela [un discípulo], al momento de su muerte, lo ayudan a pasar a otro cuerpo joven que en ese instante esté perdiendo su propio ocupante, pero que no esté tan enfermo como para evitar la plena recuperación de la salud, después de la llegada de la nueva vitalidad. En el segundo lugar, en el caso de Lamas superiores, cuando al morir el viejo Lama, su espíritu entra en un nuevo cuerpo que aún no nace. »
(Ecos del Oriente II, p.433)


James Morgan Pryse afirmó que Blavatsky en su reencarnación anterior había sido Paracelso, lo cual lo considero más factible por los argumentos que he detallado en este otro capítulo (ver link). 

Paracelso murió en 1541, y si posteriormente él reencarnó como Blavatsky, quien nació en 1831, entonces solo habría estado en el Devachan ("el Cielo") 296 años, lo cual es poco ya que los Maestros revelaron que en promedio los humanos pasan 1'500 años en el Devachan, y probablemente Paracelso pasaría más debido a que fue un gran ocultista y un hombre que estuvo muy activo.

Pero supongamos que por necesidad los Maestros hayan precipitado el regreso del alma de Paracelso a la Tierra. Entonces no tiene sentido de que primero haya renacido en esa dama de Ekaterinoslav, para luego volver inmediatamente a renacer después en el cuerpo de Blavatsky recién nacida, porque si ya de por si haber precipitado la nueva reencarnación de Paracelso no fue algo propicio, volverla a precipitar inmediatamente después sin pasar por Devachan supongo que podría ser algo grave.







FRANZ HARTMANN EXPLICA POR QUÉ BLAVATSKY FUE LA ESFINGE DEL SIGLO XIX


(En este artículo Franz Hartmann hace una exposición de Blavatsky; y añadí subtítulos en verde.)



H.P. BLAVATSKY LA ESFINGE DEL SIGLO XIX

“La restauración de la verdadera iglesia espiritual no puede lograrse mediante el esfuerzo humano ni la sabiduría humana, sino únicamente mediante la manifestación del espíritu de verdad dentro de la humanidad.”

 
Una de las apariciones más significativas de este siglo, y probablemente la más singular de todas, fue la de Helena Petrovna Blavatsky, nacida Hahn.

Ella fue el alma de la Sociedad Teosófica, fundada por ella en colaboración con el coronel H.S. Olcott y otros, que extendió sus ramificaciones por todo el mundo en un tiempo relativamente corto.

Pero ese es probablemente el menor de sus méritos; lo fundamental es que las doctrinas que ella reveló y difundió a través de sus discípulos han provocado un cambio radical en la visión del mundo, un cambio que se está produciendo en todos los ámbitos de la religión, la ciencia y la filosofía, y que va en aumento.

Por lo tanto, no cabe duda de que el nombre de H.P. Blavatsky encontrará tarde o temprano el lugar que le corresponde en la historia universal, y será tal el caso que la enciclopedia de la conversación contendrá tantas mentiras sobre su persona como sobre Cagliostro, Paracelso y otros personajes que no fueron comprendidos por sus contemporáneos por estar por encima de la mentalidad de su tiempo.

Un alma noble solo puede ser conocida y comprendida por almas nobles; la maldad no ve en la más noble sino su propia imagen [inferior].

Así como el destino de toda gran mente es ser incomprendida, ridiculizada y difamada en este necio mundo terrenal, así fue también el caso de H.P. Blavatsky. Los ideales que ella presentaba eran demasiado elevados para que los estrechos de miras, vanidosos y egoístas los comprendieran, y cualquier periodista insignificante se creía con derecho a juzgarlos, aunque no tuviera la menor idea de qué se trataba.

Perseguida y traicionada durante toda su vida, y también tras su muerte, uno comienza a reconocer su noble espíritu y la filantropía que la caracterizaba. Los «piadosos» empiezan a darse cuenta de que lo que enseñaban es idéntico a las enseñanzas de los más sabios entre los santos de la Iglesia, y que nunca están en contra de la verdadera religión, sino solo contra las tonterías que se le adhieren, contra lo que la «religión» se autodenomina, pero que en realidad no es.

Los filósofos capaces de reconocer el espíritu de las enseñanzas indias, proclamadas con veracidad, comienzan a comprender que, sin poseer la verdad y su conocimiento, todo supuesto saber no es más que un sueño, una especulación ciega, un escondite en la oscuridad.

En cuanto a la ciencia moderna, en lo que respecta a la investigación de la naturaleza y la esencia del hombre, también comienza a despertar de su letargo, a abrir los ojos y a descubrir que existen cosas de las que aún no ha podido hacerse una idea.

Todo esto, sin embargo, debemos agradecerlo principalmente a las sugerencias de H.P. Blavatsky, aunque algunos que ahora se engalanan con sus plumas, aún son hostiles a su memoria y comercializan sus enseñanzas bajo otro nombre, presentándolas como si fueran suyas.

La luz cuya función de "lente condensadora" era la de H.P. Blavatsky, ilumina hoy algunos lugares donde la oscuridad egipcia reinaba hace tan solo unos años, y en lugar de un conocimiento basado en meras hipótesis y teorías, ha comenzado a afianzarse un conocimiento verdadero y original, que no se refiere, como ocurría con la escolástica de antaño, a meras apariencias, sino al núcleo de la verdad que lo impregna todo.

H.P. Blavatsky era una figura tan singular que mientras se la conociera solo por rumores, era imposible formarse una idea siquiera remotamente precisa. Su talento era excepcionalmente raro, y los rumores que circulaban sobre ella solían despertar sospechas. En cambio quien la conociera personalmente, salvo con prejuicios, solo podía hablar de ella con admiración.

Para quienes no comprenden los misterios de la naturaleza humana, sin duda seguirá siendo un enigma; pero para quienes lograban penetrar en la esfera de sus pensamientos y sentimientos, su alma era un libro abierto en el que nada se ocultaba.

Un poeta de tiempos modernos dice admirablemente lo siguiente:

“Hay dos naturalezas en cada persona,
Uno es hijo de la luz del día,
Se aprecian rastros del sol por todas partes.
No hay nada oscuro ni nada misterioso.
Puedes ver a través de ellos hasta el fondo,
No te llevas nada extraño, no hay ningún acertijo,
Hay perspicacia, claridad y confianza,
Es clarísimo, sencillo, tan claro como el día.

El otro es como si hubiera nacido de la noche,
No los conoces y nadie los mide;
El juicio y la razón serán humillados sobre esta,
Es una invitada extranjera en su propia casa.
Intangible, ella arroja a las realidades
Su juego de sombras parpadeante y alocado,
Como sueños que pasan a través del día brillante,
Confunde los hilos y embruja al objetivo."

Los críticos eruditos solo han intentado analizar la «otra naturaleza» de H.P. Blavatsky; su verdadera y única esencia les resultaba desconocida. Sin embargo, aún hoy hay quienes desconocen por completo a Teofrasto Paracelso, salvo que practicaba ejercicio físico en sus ratos libres blandiendo su espada, y creen que esa era su única ocupación. Saben que dejó pantalones de piel de venado al morir, pero su filosofía les resulta incomprensible.

Del mismo modo los críticos de H.P. Blavatsky solo veían la máscara que ella proyectaba, pues para conocer el espíritu, uno debe conectar con el suyo propio.




Breve resumen de su vida

Al igual que otros seres humanos, H.P. Blavatsky poseía una individualidad espiritual. La biografía de esta individualidad espiritual abarca numerosas reencarnaciones, cuyos acontecimientos escapan a nuestra comprensión. Sin embargo, lo siguiente podría darnos una idea de cómo se producen dichas reencarnaciones:

En 1831, una dama adinerada vivía en Ekaterinoslav en gran reclusión, y solo se relacionaba con unos pocos conocidos, entre ellos la esposa de un coronel, Peter Hahn, quien más tarde se convertiría en la madre de H.P. Blavatsky.

Poco se sabía de ella, salvo que era muy caritativa y se interesaba mucho por lo místico. Por ello, muchos la veneraban con reverencia supersticiosa.

Un día, esta dama, aunque gozaba de buena salud, les dijo a algunos amigos que estaba a punto de morir, pero que pronto reencarnaría. A la mañana siguiente la encontraron muerta en su habitación y los médicos no pudieron dar con una explicación satisfactoria para su repentina muerte.

Esa misma mañana nació Helena Petrovna Hahn. Sea cual sea la opinión al respecto, los testigos afirman que cuando la niña aprendió a caminar, su paseo favorito era ir hasta la tumba de la difunta, y que la niña repetía textualmente a su madre varias conversaciones confidenciales que había tenido con ella antes del nacimiento de H.P. Blavatsky.

Se afirma que esta individualidad espiritual [Blavatsky] fue una india en una encarnación aún anterior; pero tales especulaciones carecen de valor. Si las mencionamos, es solo para alertar al lector sobre la posibilidad de tales reencarnaciones y su recuerdo.


En cuanto al parentesco de la personalidad de H.P. Blavatsky, su padre era el ya mencionado coronel Peter Hahn, y su madre era Helene Fadif, sobrina del consejero privado Andreas Fadif y la princesa Helene Dolgoruky.

Respecto a su juventud, sus parientes relataron cosas extrañas para las que la ciencia "exacta" no tiene explicación y que nuestros estudiosos aceptarán más fácilmente considerándolas "inventadas".

Varias anécdotas relacionadas con esto se pueden encontrar en el libro "La Vida de H.P. Blavatsky" de Sinnett, y solo destacaremos que ella era clarividente desde temprana edad, de modo que, por ejemplo, hubo una vez un asesino que estaba escondido en un pajar que fue descubierto gracias a su información, una hazaña que le costó a su padre una gran suma de dinero para apaciguar a la policía rusa, que por supuesto asumió que si él mismo no hubiera sabido del asesinato, tal descubrimiento no habría sido posible.

La pequeña Helene parecía estar al servicio de fuerzas invisibles; los objetos que deseaba pero no podía alcanzar le llegaban, llevados por manos invisibles; leía las mentes de los presentes como un libro abierto, profetizaba acontecimientos que luego se cumplían, etc. Era, en efecto, una «niña prodigio», objeto de admiración, y para los supersticiosos, objeto de temor.

De origen ruso, su carácter poseía diversas peculiaridades propias de la nación rusa, pero sobre todo una gran perseverancia y fuerza de voluntad, que a veces se convertían en terquedad. No había nada que no pudiera lograr cuando se lo proponía, y esa cualidad la llevó a casarse con el general Nicéforo Blavatsky, de sesenta años, antiguo gobernador de la provincia de Ereván, en el Cáucaso.

Cuando su institutriz le dijo una vez a la joven de diecinueve años: "Eres tan terca que jamás conseguirás un hombre; ni siquiera el viejo general Blavatsky se casaría contigo", ella quiso demostrarle que estaba equivocada.

En poco tiempo logró que el general le pidiera matrimonio y poco después, en 1848, se celebró la boda. Pero cuando tras la ceremonia él quiso demostrarle su afecto conyugal, su carácter se rebeló y ante su actitud entrometida perdió el control, lo derribó al suelo con un candelabro de plata y huyó a caballo en la oscuridad de la noche, convencida de haberlo matado.

Pero el general Blavatsky no había muerto; se recuperó por completo, pero decidió que sería mejor consentir el divorcio que seguir viviendo con una esposa tan peligrosa.


Tras este suceso, H.P. Blavatsky viajó, pasando muchos años en Asia Central, Sudamérica, México y África. Conoció a un copto en Egipto que le enseñó las ciencias "secretas"; visitó Estados Unidos, Japón e India e intentó entrar en el Tíbet en 1852, pero no lo consiguió hasta 1856, tras lo cual permaneció allí durante tres años.

En este breve esbozo, no pretendemos ofrecer una descripción detallada de las experiencias de H.P. Blavatsky. El período que parece ser el más interesante de su vida, de 1867 a 1870, también está envuelto en una oscuridad mística.

En aquel entonces, como ella les contó a sus confidentes, su cuerpo se encontraba en Tiflis [capital de Georgia] en un estado en el que su conciencia externa regresaba solo intermitentemente, mientras que su "yo" interior estaba en el Tíbet, manteniendo su otra existencia consciente en asociación con sus maestros.

Ella dijo: "En aquel momento estaba dividida en dos personalidades. Cuando dejé mi cuerpo enfermo en Tiflis, era una persona a la que no le importaba H.P. Blavatsky y ni siquiera notaba su existencia. Cuando desperté como H.P. Blavatsky, era lo que había sido antes, pero recordaba con reverencia a esa segunda persona".

Dejamos a nuestros filósofos, cuando conocen la constitución de la naturaleza humana, que inventen esta dicotomía, o cuando desconocen tales cosas, que simplemente se burlen de ella.




Sus poderes

El trato con H.P. Blavatsky se caracterizaba por una serie diaria de sucesos supuestamente «inexplicables». A modo de ejemplo, citaremos que el autor de estas líneas [Franz Hartmann] recibía a menudo respuestas a sus pensamientos por parte de ella; que manos invisibles escribían cartas en papel frente a él; que manuscritos guardados en cajas eran corregidos de forma «inexplicable», etc.

Una vez, por ejemplo, yo estaba sentado en un rincón de la habitación mientras H.P. Blavatsky escribía en otro. Yo estaba pensando en mi interior, preguntándome qué habría sido de una amiga mía que había fallecido en Estados Unidos.

Entonces H.P. Blavatsky me entregó un trozo de papel en el que, mientras yo reflexionaba, ella dibujó el retrato cuidadosamente elegido de aquella amiga, la Sra. K.W. yacía en sus últimos momentos. Junto a él se encontraba un elemental de aspecto extraño que parecía esperar el cuerpo astral de la moribunda, mientras que la entrada del espíritu en lo divino estaba indicada por un arcoíris cuyo final se perdía en el cielo.

Incluso de niña, Blavatsky escribía las llamadas “comunicaciones con fantasmas”. Pero sería un gran error considerarla una espiritista creyente; al contrario, ella se burlaba de la creencia espiritista en espíritus y daba explicaciones completamente diferentes sobre la ocurrencia de tales cosas. Lo siguiente puede servir de ejemplo. Ella dice:

"Cuando era niña, veía a menudo el «fantasma» de mi tía, que se había mudado a Alemania con su hijo hacía muchos años y a quien se creía muerta ya que no se sabía nada de ella. Este «fantasma» escribía a través de mi mano en alemán (idioma que nunca aprendí) y con la letra de mi tía (que solo vi después) contándonos cómo había muerto.

También nos dio detalles de su funeral y el texto que el pastor había predicado en aquella ocasión. Además, el «espíritu» de su hijo apareció y nos informó de que se había quitado la vida y que ahora se arrepentía profundamente, pues tendría que sufrir mucho. También pidió las oraciones de los presentes. Todo era muy conmovedor, hasta que resultó que la tía estaba viva y bien en Berlín, y que su hijo también tenía un trabajo estable en una tienda en Londres."

La explicación de HP Blavatsky sobre estas cosas era que una vez que el germen de una determinada idea comienza a desarrollarse en la mente, entonces continúa desarrollándose con cierta regularidad, del mismo modo que oír un disparo de un hombre dormido puede llevar a soñar con toda una historia de asesinato, dando lugar a una serie de ideas consistentes en las que no hay nada de verdad; que el cerebro, si no está supervisado por la razón, funciona de manera similar, por ejemplo, una caja de música que una vez puesta en marcha reproduce una pieza en particular y ninguna otra, y no es necesario que intervenga el "espíritu de una persona muerta".

(Nota de Cid: también puede que una entidad astral se haya hecho pasar por el fantasma de su tía y haya inventado esa historia.)

Pero tales explicaciones no eran del agrado de ciertos espiritistas, quienes estaban entusiasmados por tratar con los "difuntos" y no querían ser perturbados en sus dulces sueños en el paraíso de los tontos, y así fue como H.P. Blavatsky, mientras era tachada de espiritista por los incrédulos, tenía a los propios espiritistas como sus peores enemigos, quienes aprovechaban cualquier oportunidad para blasfemar contra ella.

H.P. Blavatsky, por su parte, combatió la superstición espiritista con las armas de la razón. No es que negara los "milagros" que asombraban a los espiritistas, sino que cuestionaba su interpretación, que estos atribuían en todos los casos a la acción de los espíritus de los muertos.

Ella, en cambio, los explicaba de forma natural. ¡Y aún más! Para demostrar que cualquier persona dotada de las facultades necesarias podía producir estos fenómenos por sí misma, sin la ayuda de "espíritus", y dado que ella poseía ese talento, los produjo.

Por ello, pronto fue tachada de "estafadora" por quienes desconocían el tema y no comprendían el motivo de sus acciones. Entre estos ignorantes se encontraba la mayoría de los periodistas de todo el mundo.

Además, H.P. Blavatsky afirmaba no solo poseer tales poderes, no "sobrenaturales", sino extraordinarios, sino también estar en contacto con ciertas personas, sus maestros, los "Maestros" o "Adeptos" del Tíbet y Egipto, quienes poseían los mismos poderes espirituales, e incluso superiores.




Sus Maestros

Y en efecto, esto parecía ser cierto, ya que no solo ellos mismos, sino muchos otros (incluida yo) recibían con frecuencia las llamadas "Cartas Ocultas" de estos maestros, en las que eran iluminados o aconsejados sobre diversos temas.

Dichas cartas a menudo parecían pasar repentinamente de la "cuarta dimensión" del profesor Zöllner a la tercera dimensión, es decir, del mundo subjetivo invisible para nosotros al mundo objetivo visible; llegaban sin ser invitadas ni solicitadas, y a menudo justo en el momento en que se necesitaba un buen consejo.

El descubrimiento de estos hechos, sin embargo, dio lugar a nuevos malentendidos, pues mientras que quienes estaban al margen del asunto creían que H.P. Blavatsky engañaba a sus seguidores con artimañas; entre estos mismos devotos había una multitud que veneraba a estos adeptos tibetanos, o como ellos los llamaban, "Mahatmas", con una deificación supersticiosa, considerándolos no como hombres sino como dioses.

Entre estos devotos supersticiosos se encontraban algunos miembros eminentes de la Sociedad Teosófica, y fueron precisamente ellos quienes, cuando finalmente estalló la polémica en torno a H.P. Blavatsky, huyeron cobardemente, pues esta polémica derribó los insensatos ídolos que se habían creado.

Lo que la propia H.P. Blavatsky pensaba de estas condiciones quizás quede claro en el siguiente extracto de una de sus cartas al autor de este artículo [Franz Hartmann]:

« Würzburg, 3 de abril de 1886.

¡Querido amigo! . . . Desafortunadamente, lo que escribes sobre las idolatrías que se están haciendo con los llamados “Mahatmas” es absolutamente cierto. ¿Acaso no he presenciado estas locuras durante ocho años? ¿Acaso no me resistí y luché contra las fantasías exageradas de N. [Olcott] tratando cada día de que no siguiera con sus exageraciones? ¿Acaso no se le dijo, como sabes, que si no veía a nuestros maestros por lo que realmente son, y dejaba de inflamar la imaginación de la gente con sus exageraciones, se estaba echando encima toda la responsabilidad por todo el mal que nos sobrevenía? ¿Acaso no se le dijo incluso entonces que no existían tales “Mahatmas” que él cree que sostienen el Monte Meru en la punta de los dedos y vuelan físicamente por los aires a voluntad? Preví todo lo que resultaría de sus exageraciones; he luchado contra ello en vano, y desesperado por mi impotencia, finalmente abandoné la lucha.

Me enviaron a América con un propósito específico. Allí conocí a N. involucrado en investigaciones espiritistas y tan enamorado de los "espíritus" como luego se enamoró de los adeptos. Me encomendaron mostrarle que lo que sucede en los médiums a través de sus "espíritus" dotados para que otros lo hagan, la gente puede lograrlo sin la ayuda de "espíritus", que el tañido de "campanas astrales", la lectura de la mente, el "golpeteo de espíritus" y cosas por el estilo pueden ser realizadas por cualquiera si tiene la capacidad, en su cuerpo físico a través de los órganos de su cuerpo astral.

Toda mi familia sabe que he tenido esa habilidad desde que tenía 4 años. Podía mover muebles sin hacer contacto visible con ellos y hacer volar objetos por el aire mientras mis brazos astrales, que los mismos sostenían, permanecían invisibles.

Le dije a N. que conocí a los Adeptos en India, en Egipto y España, y que son personas que todavía viven allí hoy; que llamar a estas personas "yoguis", "rosacruces" o "cabalistas" no cambiaría el asunto; que estos adeptos eran hombres que vivían tranquilos y apartados, y no se asociaban plenamente con nadie, a menos que uno hubiera, como yo, pasado por siete y diez años de prueba, y durante ese tiempo hubiera demostrado una devoción completa y probado que uno podía guardar silencio ante la muerte inminente. Cumplí esas condiciones y soy lo que soy.

Todo lo que se me ha permitido decir es que más allá del Himalaya, donde vive un núcleo de Adeptos que pertenecen a diferentes nacionalidades y son conocidos por el Teshu Lama. Conozco a varios de ellos personalmente y dije que podían hacer cosas asombrosas, pero que no se atrevían a complacer la curiosidad de ningún necio.

 Cuando N, y X. [William Judge] oyeron hablar de estas cosas, se obsesionaron. Luego llegaron D. [Damodar] y otros entusiastas exacerbados que empezaron a llamar a los adeptos “Mahatmas” y poco a poco nos hicimos amigos, los adeptos se convirtieron en dioses. Empezaron a ser invocados y venerados, y se les hizo cada vez más fabulosos y sobrenaturales.

Algunos hindúes imaginaban que estos adeptos eran sus antiguos Rishis que nunca habían muerto y tenían más de 700'000 años, que vivían invisiblemente en árboles sagrados y que cuando eran visibles aparecían con largo cabello verde y cuerpos hechos de luz de luna.

Entre estas locuras por un lado y las exageraciones de N. por el otro, ¿qué podía yo hacer? Con horror e ira vi el camino equivocado que tomaron. Creían que los maestros debían ser omniscientes, omnipresentes, omnipotentes. Si un hindú o un parsi deseaba un hijo o un trabajo, los mahatmas debían ayudarlo a conseguirlo, y si no lo conseguían, sentían que habían sido agraviados en la Sociedad Teosófica,

Cuando se hacía alguna tontería, decían: “¿Por qué los Mahatmas no lo cuidan mejor?”. Que estos adeptos fueran seres humanos cuyas capacidades pudieran ser finitas no se les pasaba por la cabeza a sus admiradores.
. . .
La raíz de toda esta ignorancia reside en el desconocimiento general de la naturaleza humana y en el fracaso de la ciencia y la religión modernas para ofrecer a las personas algo mejor, más elevado y más noble que la ambición por el dinero y la reputación.

Si consideramos este hecho por un lado, y la confusión que el espiritismo moderno ha generado en muchas mentes por otro, el enigma queda resuelto.

 Atentamente, HPB. »


En esto coincidimos plenamente con las opiniones de H.P. Blavatsky. El mundo en general no era lo suficientemente maduro para comprender la teosofía que proclamaba; los ojos de nuestro mundo académico, acostumbrados a la oscuridad de la ignorancia, no podían soportar la luz que difundía su enseñanza; era incapaz de seguir el vuelo majestuoso del águila del Himalaya. Incapaz de captar el espíritu de la sabiduría, buscaba con curiosidad la fuente de la que emanaba esa sabiduría, para luego ensuciarla.

Y aquí el autor [Franz Hartmann] no puede dejar de añadir entre paréntesis que, cuando llegó a Alemania en 1884, encontró la misma necedad y exageraciones entre los miembros de la Sociedad Teosófica de entonces.

Él intento de devolverlos a su nivel correcto pero fracasó. Ellos querían creer, o en milagros sobrenaturales o en nada en absoluto. Querían mahatmas omnipresentes o ningún maestro en absoluto, y cuando creyeron que sus expectativas más descabelladas sobre la personalidad de los adeptos eran erróneas, la multitud de "buscadores de sabiduría" se apoderó de la bandera y la esparció como paja al viento, y entonces la gente tiró al bebé con el agua del baño y no quiso saber nada más de la verdadera sabiduría, ya que el único ideal de sabiduría que buscaban consistía en satisfacer la curiosidad científica.




La vida de Blavatsky después de fundar la Sociedad Teosófica

Volvamos a H.P. Blavatsky. En 1875 fundó, junto con el coronel H.S. Olcott y otros, en Nueva York, la Sociedad Teosófica, cuyo propósito principal era el estudio de los tesoros literarios de Oriente y las ciencias secretas.

Este estudio pronto dejó claro que los antiguos indios poseían un conocimiento del que la cosmovisión moderna ni siquiera comprende los rudimentos, y este hecho quedó particularmente ilustrado con la publicación de dos volúmenes, compuestos por H.P. Blavatsky, titulados "Isis Develada".

En ese libro, así como en "La Doctrina Secreta" que apareció posteriormente, hay muchas citas de obras que H.P. Blavatsky nunca vio; sin embargo, todas estas citas son correctas, incluso los números de página son correctos, lo que da credibilidad a la afirmación de H.P. Blavatsky de que vio esas citas en la luz astral.

Además el contenido de ese libro demostraba que ella había sido iniciada en los misterios superiores de la masonería, aunque estos grados, como es sabido, pertenecen al sexo masculino, y al que no se puede acceder de la forma habitual.

Las revelaciones que hizo asombraron a toda América, y lo que se decía sobre los "fenómenos ocultos" producidos por su poder pronto dio lugar a los rumores más extravagantes. Con ello comenzó la persecución por parte de esa parte de la prensa que se apropia voluptuosamente de cualquier chisme con tal de ofrecer algo sensacionalista a sus lectores, sin importarle si se comete una injusticia contra la causa de la verdad.


Y así como los grandes perros al otro lado de los océanos ladraban, los pequeños perros callejeros boquiabiertos observaban a un lado; solo H.P. Blavatsky misma se mantuvo al margen. No hubo nada tan falso y absurdo que no fuera publicado por los periodistas y devorado por los lectores fieles.

Los periódicos más respetables, como, por ejemplo, el "Sun" de Nueva York, posteriormente se retractaron de las acusaciones que habían publicado; se recomendaría a otros periódicos, incluidos los alemanes, que hicieran lo mismo.

Pero al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene la reputación de una persona? En este caso, su relevancia radica únicamente en que tales calumnias pueden impedir que quienes las creen examinen y aprovechen las doctrinas que la persona en cuestión ha proclamado. Esta es la consecuencia inevitable, y esto confirma las enseñanzas de H.P. Blavatsky: que toda acción y toda omisión recae sobre quien la comete.

Un antiguo proverbio dice: «Donde Dios construye una iglesia, el diablo construye una capilla junto a ella». Cuanto más se puede usar algo, más se puede abusar de ello. La expansión del cristianismo, la religión de la filantropía, dejó tras de sí las atrocidades de los cruzados, los tribunales de herejes, la hoguera y la Inquisición.

El atisbo que el público occidental tuvo de ciertas enseñanzas orientales dio lugar en algunos lugares a una renovada adicción al conocimiento prohibido. Algunos incluso creían que debían crearse escuelas donde se aprendiera a preparar pociones de amor, a fabricar oro, a practicar la brujería y la magia, y muchos, al ver frustradas sus ilusiones, se declararon engañados.

Pero no es culpa de la verdad que se malinterprete, ni de la libertad que se abuse de ella. Para evitar todo el mal que pudiera surgir de la difusión de la Ilustración, no habría otro medio que la esclavitud espiritual, la quietud del cementerio, que es el ideal de la estupidez.

La luz que emanaba de H.P. Blavatsky creaba vida y proyectaba profundas sombras sobre aquellos que, llenos de vanidad y egoísmo, se aventuraban en su esfera. Sin embargo, H.P. Blavatsky no había venido a traer paz a los necios, sino la espada del conocimiento que amenaza con destruir la necedad.


Dado que el objetivo principal de la Sociedad Teosófica era estudiar las ciencias secretas del Oriente, se decidió trasladar su sede a la India. El traslado tuvo lugar en diciembre de 1878, y H.P. Blavatsky se instaló primero en Bombay y luego en Adyar, cerca de Madrás.

En la India, H.P. Blavatsky fue recibida con alegría y los Rajas y Maharajas buscaban su favor. Los nativos consideraban a los miembros de la Sociedad Teosófica como sus libertadores, como los restauradores de su religión y autonomía nacional, que se habían perdido a causa del sistema de castas.

El coronel Olcott nunca se cansó de pregonar ante el mundo los méritos de la antigua Aryavartha [la antigua civilización india] sobre los de la civilización moderna.

Los indios habían vivido el inusual drama de ser oprimidos por los europeos durante tanto tiempo, tan acostumbrados a considerarlos semidioses y objetos de temor, y ahora veían a los europeos colmándolos de elogios y buscando su favor; la consecuencia de esto fue que en poco tiempo muchos indios se imaginaron tan buenos como cualquier europeo, incluso mucho mejores.


Las enseñanzas de H.P. Blavatsky —o lo que se creía que eran sus enseñanzas— se difundieron rápidamente en la India; miles siguieron la bandera del coronel Olcott. En esas circunstancias, los misioneros cristianos comenzaron a atravesar un período de gran dificultad, pues veían cada vez más reducido su campo de acción como los "conversores de paganos", hasta el punto de que la posibilidad de eliminar a H.P. Blavatsky se convirtió en una cuestión crucial para su supervivencia.

De hecho, los "paganos" comenzaron a abandonar la iglesia cristiana y regresar al brahmanismo, y cuanto más conocían la verdadera esencia del cristianismo, más creían encontrarla en la comunidad budista o en la filosofía Advaita, en lugar de en el sistema sectario cristiano.

La principal preocupación de los misioneros era socavar la reputación de H.P. Blavatsky, o al menos hacerla impopular; pues su enseñanza no podía ser atacada sin destruirla a ella misma, ya que constituye la base de toda religión, y por lo tanto, también la del cristianismo.

Para perjudicar personalmente a H.P. Blavatsky, los misioneros encontraron una oportunidad propicia gracias a su conexión con una ama de llaves de la sede teosófica, quien posteriormente fue despedida y con quien Blavatsky mantenía una relación confidencial.

Blavatsky le había escrito varias cartas a esta persona, burlándose del fanatismo de algunos de sus seguidores, llamando a uno «tonto» y al otro «soñador». Aun si las características que atribuía fueran totalmente ciertas, se preveía que los «teosofistas», ofendidos por su vanidad, se distanciarían de H.P. Blavatsky tras la publicación de estas cartas. Por lo tanto, los misioneros compraron dichas cartas y las publicaron con numerosos disfraces y añadidos.

Esta publicación, tan bien preparada, enfureció a la prensa mundial. Se habló sin cesar de "revelaciones", y quizás nunca desde que los teólogos discutían sobre si Adán tenía ombligo, se había desperdiciado tanta tinta y papel en un tema tan insustancial como cuando el hombre imaginó que el autoconocimiento de la verdad dependía de creer en la credibilidad de la personalidad de H.P. Blavatsky.

La intriga orquestada por los misioneros no tuvo otro éxito que el de difundir su reputación por todo el mundo y atraer nuevos miembros a la Sociedad Teosófica; aunque algunos, menos perspicaces pero aún más entusiastas, cuya teosofía consistía en una fe ciega en la personalidad de H.P. Blavatsky y en una sed insaciable de satisfacer su curiosidad, fueron engañados y se les negó la verdad antes de que el canto del gallo anunciara el amanecer del día de su conocimiento.


Lo que HP Blavatsky enseñó se basaba en algo así:

« El mundo vive inmerso en una vida de ensueño o de fantasía; la verdadera vida comienza cuando el ser humano se reconoce a sí mismo.

No creas que el verdadero conocimiento reside en lo que crees saber solo porque alguien más lo ha dicho o porque lo parece. Una simple opinión, hipótesis o teoría no constituye, en absoluto, tu propio conocimiento. No busques la verdad en la multitud de opiniones, sino en la verdad misma, que es simple.

Escucha la palabra de verdad que habla en tu interior, la voz del silencio, que solo se oye cuando la tormenta de las pasiones se ha calmado. Las opiniones son efímeras y cambiantes, pero la verdad revelada en la autoconciencia superior es eterna.

Esfuérzate por alcanzar la pureza y la unidad para que el Espíritu de la Verdad se manifieste en tu interior. Cree en esta enseñanza, no porque yo la predique, sino porque conoces su verdad en tu corazón. »

En lugar de seguir este consejo, la gente discutía sobre si las "cartas ocultas" que ellos y otros recibían de los adeptos eran auténticas o no, y si los Mahatmas realmente existían, ya que de lo contrario no se podía creer en las enseñanzas.

« No te preocupes por las apariencias, sino busca el verdadero ser », decía H.P. Blavatsky. « Todo lo perecedero es una mera farsa; las apariencias no prueban nada más que la apariencia misma. Al fin y al cabo, si alguien sacudiera el sol para demostrar que una mentira es verdadera, eso solo probaría que esa persona puede sacudir el sol, pero no que la mentira sea la verdad ».

En lugar de comprender esto, la gente discutía sobre si ciertos fenómenos ocultos producidos por H.P. Blavatsky eran reales o un truco de ilusionismo, y querían que la creencia en las enseñanzas de sabiduría que ella proclamaba dependiera de ello. La sede de la "Sociedad Teosófica" se convirtió en el escenario de una comedia de bufones en la que los misioneros ocupaban el lugar de los payasos.

El mundo entero se deshizo en elogios sobre las "revelaciones" de Adyar, sin que nadie, salvo los iniciados, pareciera comprender de qué se trataban.

Un miembro [Richard Hodgson] de un "club científico" dedicado a la lectura de la mente y al estudio de historias de fantasmas (la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres) viajó a la India para erigirse en "experto" y dictaminar sobre el origen de la sabiduría de H.P. Blavatsky, y si las cartas que ella y otros recibieron de los adeptos fueron escritas realmente por estos o por la propia H.P. Blavatsky.

Como los adeptos no se presentaron ante él para demostrar su autoría, y como él no pudo medir la profundidad del pensamiento de H.P. Blavatsky ni con un codo, no encontró otra forma de evitar dañar su reputación como "experto" que declarar que todo era un fraude.

Escribió un libro [El Informe Hodgson] sobre cómo imaginaba que esto y aquello podrían haberse logrado mediante ilusionismo, pero sin aportar más pruebas que la simple constatación de que así fue.

Hoy sería una pérdida de tiempo volver a entrar en los detalles de esta farsa. Baste decir que, a raíz de este informe, la asociación en cuestión declaró unánimemente a H.P. Blavatsky como "la mayor estafadora del siglo", y que esta declaración fue pregonada por doquier como un dictum [dictamen] de la ciencia, y sus fieles la aclamaron.

Hoy en día, sin embargo, la opinión de la mayoría de los miembros de esa sociedad también ha cambiado. En aquel entonces, la impresión que todas esas sospechas causaron en H.P. Blavatsky no fue precisamente agradable.

Ella estaba enferma, y tras consultar con eminentes autoridades médicas, se determinó que no le quedaban 24 horas de vida. Dado que se sabía que deseaba ser incinerada tras su muerte, se obtuvo el permiso oficial para la cremación, en vista de la opinión científica. Pero la noche siguiente recuperó la salud milagrosamente y decidió, en lugar de ser incinerada, cambiar de aires viajando a Europa.

Unos días después partió hacia Nápoles, acompañada por el autor de estas líneas y un compañero, vivió dos meses en Torre del Greco, al pie del Vesubio, luego fue a Würzburg, más tarde a Ostende y finalmente a Londres, donde fundó su revista Lucifer y completó su gran obra "La Doctrina Secreta", después de haber recibido ya gran parte del manuscrito de manos invisibles y de forma "inexplicable" en los lugares antes mencionados, así como a bordo del vapor durante nuestra travesía de Madrás a Nápoles, aunque el mundo no ha tenido conocimiento de esta circunstancia hasta ahora.

Su actividad en Londres propició un nuevo resurgimiento de las sociedades teosóficas en Inglaterra y en toda Europa. A medida que se comprendían sus enseñanzas, disminuían los prejuicios en su contra, y mientras que en su época los libreros londinenses, por temor a ofender, se negaban a vender sus escritos, hoy en día se disputan su publicación.


El 8 de mayo de 1891, H.P. Blavatsky falleció rodeada de sus amigos y discípulos en la sede europea de la Sociedad Teosófica en Londres, sin ningún antecedente de enfermedad particularmente notable, y no es imposible que el gran espíritu que a través de su personalidad, fue tan activo durante tanto tiempo y con tanto éxito en la labor de la evolución espiritual de la humanidad, tarde o temprano reaparezca en un cuerpo humano diferente, como un nuevo heraldo de la verdad eterna.


(Lotusblüten 1, n.º 7, abril de 1893, p.305-40; reimpreso en Theosophischer Wegweiser.)








LA PAZ EXPLICADA POR ALSIBAR


(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)



Muchos hablan de paz, pero no todos saben dónde encontrarla. Y si la paz reside en nuestro interior, ¿por qué es tan difícil hallarla?

En este texto, fuertemente influenciado por la visión de Krishnamurti, emprenderemos un viaje en busca de la paz. Te invitamos a unirte a esta aventura. Pero necesitas valor y voluntad para perseverar hasta el final. ¿Estás listo? ¡Entonces, empecemos!

¿Dónde está la paz? Si le pregunto a alguien dónde está la paz, su primera reacción es decir: la paz está dentro de nosotros. ¿Pero es realmente así? ¿Y por qué no podemos encontrarla?

Si la paz está dentro, ¿por qué solo encuentro conflicto, odio, resentimiento, amargura, tristeza y confusión? Un basurero de desechos experienciales, impulsos y tensiones en constante guerra y conflicto.

Es fácil decir que la paz está en tu interior, pero es difícil sentirlo. La paz no se encuentra en la idealización, en los sueños, en las ilusiones, en los esfuerzos. Simplemente no sabemos dónde está. Aunque muchos repiten lo contrario.

Los pseudo-advaitas (monistas) de turno dirán que la realidad de este mundo es una ilusión. Este nivel de percepción solo lo alcanzan los yoguis avanzados en un profundo éxtasis espiritual. Pero repetir eso solo de manera intelectual no es más que escapismo.

La verdad es que en nuestro nivel de conciencia, no podemos negar la realidad del mundo. Tenemos que comprenderla, verla sin las distorsiones de la mente. Por lo tanto no podemos negar el dolor, la angustia y el sufrimiento. Sino que por el contrario debemos comprender su mecanismo, ya que solo así será posible la liberación.

Debemos entender  que jamás vislumbraremos el cielo negando las nubes. Jamás veremos el día negando la noche. Ni veremos el sol negando la oscuridad. En definitiva, jamás encontraremos la paz negando el complejo mecanismo del conflicto.

Esos gurús tiene la filosofía del avestruz: ¡nada de eso existe, todo es una ilusión!

¡Pero debemos ver la realidad! Y ver la realidad es ver lo que realmente es, tal como es. Sea lo que sea. Conflicto, confusión, angustia, evasión, etc. No podremos acabar con la violencia, la corrupción, la explotación, etc., negando su existencia. Negar la realidad es una ilusión.

No podemos cerrar los ojos a la realidad. Grita y se impone. Solo los necios actúan como avestruces. Y esta es la realidad: en nuestro estado actual de conciencia, pocos conocen verdaderamente la paz. Para la mente egoica, la paz no es más que una idea, algo distante e inalcanzable. ¡No persigas la paz!

La paz puede estar cerca y lejos a la vez. No se revela a los necios que se creen listos. Es sutil y fugaz. Tampoco podemos capturarla, comprarla ni alcanzarla por ningún medio ni artificio. Como un perro persiguiendo su propia cola. Como una sombra que se nos escapa mientras avanzamos: así es la paz.

Solo se revela a los sencillos y puros de corazón. A aquellos que son sinceros y honestos en su búsqueda. A aquellos que están abiertos a lo desconocido. A aquellos que prosperan hasta el final.

A veces llega delicadamente como la niebla, o con fuerza como una ola. Pero su control no está en nuestro poder. Por eso quienes la buscan en el reino de lo "conocido" no la encuentran. Y por eso los "zorros con piel de cordero" jamás la encontrarán. Venderán un gato por una liebre. Joyas baratas por oro. Pero jamás la verdadera paz, pues ningún pensamiento puede contenerla.

La paz tiene vida propia y es tan rara como las piedras preciosas, resultado de los misteriosos procesos de la naturaleza y la eternidad del tiempo. 


 Pero, ¿de verdad queremos la paz? ¿Qué clase de paz buscamos? ¿Una paz fabricada, forjada para nuestra propia satisfacción y placer? ¿Es eso paz? ¿O acaso la verdadera paz no tiene relación con nuestro caos interior? ¿Es la paz el resultado de una búsqueda, un deseo que nos impulsa hacia el mañana? ¿O solo puede existir en la eternidad del presente?

La paz futura es una táctica dilatoria y por consiguiente una mentira. Y también lo es la paz concebida como fruto de mi deseo. Y esto significa que quizás, la paz no se parece en nada a lo que conozco.

¿Existe la paz en el pensamiento? ¿Es el pensamiento capaz de experimentar, tocar y sentir la paz? ¿O solo surge en ausencia de pensamiento? ¿No es el pensamiento mismo el usurpador del reino de la paz? ¿Cómo puede ser el promotor de la paz?

No puede. El pensamiento, que es desorden y caos, ni siquiera puede «tocar las vestiduras» de este estado sagrado e incorruptible. ¡Donde hay conflicto, no hay paz!


¿Qué somos sin paz? ¿Una caña mecida por el viento? ¿Una hoja a merced del clima? ¿Un trozo de madera arrastrado por un río caudaloso? ¿Es posible vivir y ser feliz sin paz? Pero, ¿qué es esta paz? ¿No es acaso la ausencia de conflicto?

La palabra «ausencia» es quizás un buen sustituto del término «paz». ¿Pero ausencia de qué? Ausencia de mí mismo como entidad separada.

¿Puedo existir sin separarme del ego? Pues bien, solo cuando el ego desaparece puede haber paz. El ego es sinónimo de conflicto, guerra, ruido. Solo cuando me ausento de mí mismo puede surgir la verdadera paz.

Pero una paz muerta, vacía y monótona no es paz. Un gran sabio de la era moderna dijo una vez: «Es en el vacío de la copa donde reside su utilidad». Sin vacío, nada sería útil. Todo necesita vacío. Sin vacío, nada funciona en este mundo. Es a través de los espacios vacíos que fluyen las cosas, sean cuales sean

Un río es un río solo porque el agua tiene espacio libre para correr. Sin eso, no sería un río. Incluso los mares y océanos son enormes agujeros donde reposan las aguas. Una casa es una casa solo porque hay espacios entre las paredes donde podemos instalarnos. Incluso el cuerpo humano necesita espacios vacíos sin obstrucciones para que la sangre y el aire puedan fluir. Si cualquier vía se obstruye, sea cual sea, causará graves problemas de salud, que posiblemente conduzcan a la muerte.

Lo mismo ocurre en nuestra mente. Mientras esté ocupada, pesada, agobiada por el pasado, por pensamientos, resentimientos, dolores, recuerdos, tristezas y deseos, no puede haber renovación. Y sin renovación, nada fluye. Y si nada fluye, se obstruye, se estratifica, se petrifica… así se forma el ego que te domina.

¿Hay algo más muerto que una piedra? Nada vive en ella, nada brota. Ni siquiera se parece a la tierra, que tiene espacio en su interior para contener nutrientes, agua y elementos orgánicos. La piedra no tiene suficiente espacio entre sus moléculas.

Nos convertimos en lo mismo cuando no hay espacio en nuestras mentes y corazones. La piedra, precisamente por ser dura, sufre grandes impactos en su estructura. Y cuanto más duro es el ego, más sufre el impacto de los choques con la realidad. 

La paz es insondable.

La paz surge cuando dejamos de resistirnos al fluir de la vida; al contrario, nos volvemos conscientes de ella. Un simple testigo de las escenas en movimiento, de las cuales el observador mismo forma parte integral.  En esto reside esa paz sin nombre.

Tampoco es un concepto ni algo intelectualmente comprensible. Si queremos comprenderla, explorarla, conocerla, se nos escapa. Es en el reino insondable y desconocido de la meditación donde finalmente podemos alcanzarla, o quizás sería mejor decir... ¿despertarla?






COMENTARIOS

Catinga: Escribiste "como una sombra que se desvanece al movernos, así es la paz." Alsibar, creo que te has superado a ti mismo. Huelo sangre entre estas palabras. Sí, escribiste esto con la fuerza de tu propia sangre, de lo que experimentaste y asimilaste.

¿Cómo puedo explicar la fuerza que vi en tu escritura? Demasiado profundo para la gran mayoría, demasiado claro para tus hermanos en el camino, claro como el proceso que sé que te está abrumando ahora. Lo siento. Tu escritura más terrible, la más sangrienta, la más "muy así", hombre, la más tuya ahora. Siento que algo te ha invadido y te ha llevado (felicidad para nosotros, tus hermanos en el Camino).

Entiendo cada palabra con mi corazón, tus palabras, tu alma que se ha traducido en escritura. Tu donación (que pocos percibirán)... Decir "felicitaciones" es una tontería. Ante esta escritura, guardo silencio. Guardo silencio y observo, observo y siento que algo despierta. Necesitamos hablar de esto en persona, urgentemente (con vino). Mi viejo hermano, esto fue profundo para aquellos que saben escuchar con el músculo del corazón (es decir, corazón, alma, camino). ¡Genial!



Alsibar: Catinga tu sensibilidad y amabilidad me asombran. Un fuerte abrazo, hermano, ¡y hasta la próxima!



Joshua: Cristo nos habló de una paz que sobrepasa la comprensión de este mundo. Si dependiéramos de un orden mundial, con el fin de las guerras, los crímenes y las desigualdades para vivir en paz, jamás podríamos experimentarla, vivirla y descubrir que la paz es nuestra verdadera naturaleza, la paz es el Reino de Dios, y el Reino de Dios está dentro de nosotros. Por lo tanto, estar en paz es conocer el principio sagrado de la vida, cuya esencia jamás se ve alterada por ninguna agitación o locura de la mente "en el mundo".

Krishnamurti, en una de sus últimas conferencias, dijo: "¿Quieren saber mi secreto? Se lo revelaré: no me importa lo que pase". ¿Y por qué a Krishnamurti no le importaban los acontecimientos? ¿Era como un avestruz, enterrando la cabeza en la arena? ¿O era porque el contacto con lo sagrado revela una realidad que va más allá de lo que la mente percibe?

Tu publicación es muy buena. Felicitaciones. Pero sin duda necesitas profundizar aún más en esto.



Alsibar: Mi amigo Joshua creo que ha habido un pequeño malentendido. En realidad estamos hablando de lo mismo. La paz a la que me refiero es precisamente la que trasciende la comprensión mundana, la que no depende de factores externos para su existencia y la que reside en nuestro interior.

Hasta donde sé, Krishnamurti era un hombre totalmente conectado con la realidad y siempre nos brindó soluciones prácticas a los problemas de la sociedad moderna. Cuando dijo que no le importaba lo que sucediera, creo que se refería a "lo que le sucediera a él". Obviamente, le importaba el sufrimiento del mundo, porque era un Buda. De lo contrario, ¿por qué habría hablado durante tantos años sobre el conflicto, el dolor y los principales problemas humanos?

Lo que dije —y quizás fue confuso— es que no podemos negar nuestras ansiedades, nuestros sufrimientos, y simplemente afirmar mentalmente que todo esto "no es más que una ilusión"; a eso lo llamo la filosofía del avestruz.

La paz surge de comprender la realidad, no de negarla ni de escapar de ella. Pero estoy de acuerdo contigo en que el artículo necesita mayor desarrollo; ¡Quizás, con este comentario, ya estemos contribuyendo a ello! ¡Gracias por tu participación, un fuerte abrazo, amigo!



Catinga: Comprender lo que revelan las palabras del Sr. Krishnamurti requiere sensibilidad y desapego. Desapego significa libertad. Libertad significa experimentar por uno mismo, hasta el final. A diferencia de seguir evangelios corrompidos por católicos, espiritistas y protestantes. En esencia, avestruces. Inténtenlo, niños, si son capaces de sacar la cabeza de la tierra. De lo contrario, es mejor no hablar de lo que no se entiende.



Felipe: La paz que aquí se revela, intocable para la mente, es el Silencio, el Vacío que permite que todo emerja. Gracias Alsibar por esta joya.



Vero: ¡Me conmovió profundamente! ¡No hay palabras para describir lo que sentí! Gracias.