CARLOS CASTANEDA HABLA SOBRE EL VIAJE ASTRAL





En una entrevista que le hicieron a Carlos Castaneda en 1982, acerca del viaje astral (que él denomina ensoñación), la entrevistadora escribió lo siguiente:


« Todo lo que ellos han logrado [Don Juan y sus brujos] requiere años de preparación y práctica. Un ejemplo es el ejercicio del ensueño.

"Eso que parece una tontería, la ensoñación –afirmó Castaneda enfático– en realidad es muy difícil de lograr".

El ejercicio consiste en aprender a ensoñar a voluntad y en forma sistemática. Se empieza por recordar ver durante el sueño una mano que entra al campo visual del soñador. Luego se ve todo el brazo. Se continúa en forma progresiva hasta poder verse a uno mismo en el sueño.

La otra etapa consiste en aprender a usar los sueños. Es decir, una vez que se ha logrado controlarlos, hay que aprender a actuar en ellos.

"Así por ejemplo –dijo Castaneda– se sueña con uno mismo que se sale del cuerpo y que abre la puerta y sale a la calle. La calle es, entonces, ¡algo inaudito! Algo en uno se sale de uno; algo que se logra a voluntad."

Según Castaneda, el soñar no toma tiempo. Es decir, el soñar no ocurre en el tiempo de nuestros relojes. El tiempo del sueño es algo muy compacto.

"La mujer Tolteca –continuó Castaneda– dice que el soñar ocurre en el tiempo de P. ¿Por qué? Yo no lo sé. Así es como ella dice."

Castaneda nos dio a entender que en sueños se produce un inmenso desgaste físico.

"En sueños, se puede vivir mucho –dijo– pero el cuerpo se resiente. Mi cuerpo lo siente mucho... Después queda, como una torpeza de años."

Varias veces, al tocar este tema del sueño, Castaneda diría que lo que ellos hacen en sueños tiene un valor pragmático. En el libro "Relatos de Poder" se lee que las experiencias de los sueños y las de la vigilia « adquirían la misma valencia pragmática», y que para los brujos « los criterios para diferenciar entre sueño y vigilia se hacían inoperantes» (p.21)


Eso de las salidas o viajes fuera del cuerpo físico despertó agudamente nuestro interés, y quisimos saber más sobre esas experiencias.

Castaneda nos respondió aclarando que cada uno de ellos ha logrado experiencias distintas.

"La Gorda y yo, por ejemplo, nos vamos juntos. Ella me toma del antebrazo y... nos vamos."

Nos explicó también que el grupo tiene viajes comunales.

"Todos están en constante entrenamiento cuyo objetivo sería ¡llegar a ser testigos! Llegar a ser testigos significa que ya no se puede juzgar nada. Es decir, se trata de un ver eterno que equivale a no tener más prejuicios."

Josefina parece tener grandes habilidades para estos viajes en el cuerpo de sueño. Ella se lo quiere llevar y lo tienta contándole maravillas. La Gorda es la que siempre lo salva.

"Josefina tiene gran facilidad para romper ese arco de la reflexibilidad. Ella está loca, ¡loquita! –exclamó Castaneda– Josefina vuela muy lejos, pero no quiere irse sola y siempre vuelve. Vuelve y me busca... ¡Me da reportajes que son de maravilla!"

Según Castaneda, Josefina es un ser que en este mundo no puede funcionar.

"Aquí –dijo– habría terminado internada en alguna institución."

Josefina es un ser 'sin ataduras' a lo concreto; ella es etérea.

"En cualquier momento ella puede irse definitivamente", nos comenta Castaneda.

La Gorda y él son, en cambio, mucho más cautelosos en sus vuelos. La Gorda, particularmente, representa la estabilidad y el equilibrio que en alguna medida a él le falta.


Después de una pausa, le recordé esa visión del domo inmenso que en el libro "El Segundo Anillo de Poder" se presenta como el lugar del encuentro y donde Don Juan y Don Genaro estarían esperándolos.

"La Gorda también tiene esa visión –comentó pensativo– eso que vemos no es un horizonte terrestre. Es algo muy llano y árido en cuyo horizonte vemos levantarse como un arco inmenso que todo lo cubre y que avanza hasta llegar al cenit. En ese punto del cenit, se ve una gran luminosidad. Diría que es algo así como una cúpula que emite una luz de color ámbar."

Procuramos presionarlo con preguntas para que nos diera más información sobre esa cúpula.

"¿Qué es? ¿Dónde está?", inquirimos.

Castaneda nos respondió que por el tamaño de lo que ven, puede ser un planeta. "En el cenit agregó– hay como un gran viento".

Por la brevedad de su respuesta, nos dimos cuenta de que Castaneda no quería hablar mucho sobre ese tema. Es posible también que no pudiera encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que veían.

Sea como fuere, es evidente que esas visiones, esos vuelos en el cuerpo de sueño, son un constante entrenamiento para el viaje definitivo: ese salirse por el costado izquierdo del águila, ese salto final que se llama muerte, ese dar fin a la recapitulación, ese poder decir "estamos listos" en el cual nos llevamos todo lo que somos, pero nada más que lo que somos.


"Según la mujer Tolteca –nos confió Castaneda– esas visiones son aberraciones mías. Ella piensa que ése es mi modo inconsciente de paralizar las acciones; es decir, la manera que tengo de decir que no quiero irme del mundo. La mujer Tolteca dice también que con mi actitud estoy deteniéndola a la Gorda en sus posibilidades de un vuelo más fecundo o más productivo.

Don Juan y don Genaro eran grandes soñadores. Tenían un control absoluto del arte.

Me asusta –exclamó de pronto Castaneda y llevándose la mano hacia la frente– el hecho de que nadie note que Don Juan es un soñador inaudito. Y lo mismo se puede decir de Don Genaro. Don Genaro, por ejemplo, es capaz de llevar su cuerpo de sueño a la vida de todos los días. El gran control de Don Juan y Don Genaro se evidencia en ese no ser notados o pasar inadvertidos."

[En sus los libros Castaneda se ha referido a eso de "no ser notado" y "pasar inadvertido". Por ejemplo en el libro "El Segundo Anillo de Poder" Castaneda recuerda las veces que Don Juan le había ordenado que se concentrara "en no ser obvio". Néstor, también dice "que Don Juan y Don Genaro aprendieron a no ser notados en medio de todo esto". Los dos son maestros en el arte del acecho. De Don Genaro, la Gorda dice que "estaba en su cuerpo de sueño la mayor parte del tiempo" (p.270).] »
(Revista Mutantia de 1982)





OBSERVACIÓN

Carlos Castaneda dijo muchas falsedades, pero en lo que concierne a técnicas para viajar al astral, ahí él si fue bastante eficiente.










CARLOS CASTANEDA A PESAR DE SU FORTUNA ESTUVO TRABAJANDO COMO POBRE DURANTE TRES AÑOS





Carlos Castaneda contó que después de la partida de Don Juan, una mujer llamada Florinda, y también conocida como 'la mujer Tolteca', se volvió la nueva jefa del grupo de Castaneda y sus compañeros.

Y ante la fama que Castaneda había obtenido por el éxito de sus libros, Florinda para bajarle su ego le ordenó a Castaneda que trabajara como si él fuera un hombre pobre, y eso lo hizo durante tres años.

Y aquí les voy a poner la información que encuentre sobre ese acontecimiento.




RELATO DE JACOBO GRINBERG

El científico mexicano Jacobo Grinberg fue amigo de Castaneda y sobre este evento él relató lo siguiente:

« Castaneda nos contó que Florinda la Mayor lo había obligado, como antídoto ante su repentina fama, a trabajar como cocinero en un restaurante.

Durante un año Castaneda se dedicó a preparar hamburguesas, acompañado por una mujer que era una lectora fanática de los libros que él había escrito. Esa mujer quería conocer a Carlos Castaneda personalmente, sin saber que lo tenía a su lado.

En una ocasión un gran Cadillac se estacionó frente al restaurante con un hombre dentro que escribía algo en una libreta. La mujer estaba segura de que era su ídolo y se lo dijo al cocinero que la acompañaba, Castaneda muriéndose de risa por dentro. »







ESTA HISTORIA CONTADA POR EL PROPIO CASTANEDA

En 1982 la docente Graciela Corvalán entrevistó a Castaneda, y acerca de Florinda, ella escribió lo siguiente:

« Cambiando de posición, Castaneda comenzó a contarnos la historia de sus tres últimos años.

"Una de las tantas tareas fue la de cocinero en esas cafeterías de rutas. La Gorda me acompañó ese año como mesera. ¡Más de un año anduvimos por allí como Joe Córdoba y su Señora!"

"Mi nombre completo era José Luis Córdoba, para servirlos –dijo haciendo una profunda reverencia– aunque todos me conocían como Joe Córdoba."

Castaneda no nos dijo el nombre ni el lugar de la ciudad en que vivieron. Es posible que hayan estado en diversos sitios. Parece que en un principio llegaron él, la Gorda y la Sra. Tolteca, quien los acompañó por un tiempo. Lo primero era encontrar casa y trabajo para 'Joe Córdoba, su Sra. y su suegra'.

"Así fue como nos presentamos –comentó Castaneda– porque de lo contrario la gente no hubiera entendido a tan raro trío."

Por mucho tiempo buscaron trabajo, hasta que al final lo encontraron en una cafetería de ruta.

"En ese tipo de establecimiento se empieza muy temprano en la mañana, a las cinco de la mañana ya hay que estar trabajando", nos dijo.

Castaneda nos contó, riendo, que en esos lugares lo primero que le preguntan a uno es: "¿Sabe usted hacer huevos?"

¿Qué podía ser eso de hacer huevos? Parece que él demoró bastante tiempo en darse cuenta de lo que querían decirle hasta que finalmente descubrió que se trataba de los diversos modos de preparar los huevos para los desayunos. En los restaurantes o cafeterías para camioneros, esto de "hacer huevos" es muy importante.

Un año estuvieron trabajando así. "¡Ahora sí que sé hacer huevos! –afirmó riendo– todos los que ustedes quieran!"

La Gorda también trabajó mucho y ella fue tan buena mesera que terminó haciéndose cargo de todas las muchachas.

Al cabo de un año, cuando la señora Tolteca les dijo "que basta, que se acabó con esa tarea", el dueño de la cafetería no los quería dejar ir.

"La verdad es que allí trabajamos muy duro, ¡Mucho! Desde la mañana hasta la noche", nos confesó Castaneda.



Terry

Durante ese año tuvieron un encuentro significativo. Se trata de la historia de una muchacha llamada Terry, que llegó a la cafetería en la que ellos estaban, pidiendo trabajo como mesera.

Para ese entonces, Joe Córdoba (o sea Carlos Castaneda) se había ganado la confianza del dueño del establecimiento y era el encargado de contratar y vigilar a todo el personal.

Terry les dijo que  ella estaba buscando a Carlos Castaneda. ¿Cómo pudo ella saber que ellos estaban por allí? Castaneda no lo sabía.

"Esta muchacha Terry –continuó Castaneda con tristeza y dando a entender que lucía sucia y desarreglada– es una de esas hippies que toman drogas... Una vida espantosa. ¡Pobrecita!"

Más adelante Castaneda nos diría que aunque nunca pudo decirle a Terry quién él era, Joe Córdoba y su Señora la ayudaron mucho durante los meses que pasó con ellos.



Anécdota

Castaneda nos contó que un día Terry vino muy excitada desde la calle diciendo que acababa de ver a Carlos Castaneda en un Cadillac estacionado frente a la cafetería.

"¡Está allí –nos dijo ella gritando– está en el auto, escribiendo!"

"¿Estás segura de que es Carlos Castaneda? ¿Cómo puedes estar tan convencida?", le pregunté.

Pero ella siguió: "¡Que sí, que es él, que estoy segura!"

Castaneda entonces le sugirió que fuera hasta el auto y se lo preguntara. Tenía que quitarse esa duda inmensa.

"¡Anda! ¡Anda!" insistió.

Ella no se animaba a hablarle porque decía que estaba muy gorda y muy fea.

Castaneda la animó diciéndole "Pero si estás divina, ¡Anda!"

Al final fue, pero volvió en seguida hecha un mar de lágrimas". Parece que el hombre del Cadillac no la había mirado, y la había echado diciéndole que no lo molestara.

"Se imaginan que traté de consolarla –nos dijo Castaneda– me dio tanta pena que casi le dije quien era, pera la Gorda no me dejó; ella me protegió. Realmente no podía decirle nada porque estaba cumpliendo una tarea en la cual era Joe Córdoba y no Carlos Castaneda, y no podía desobedecer esa regla."



Apuntes

Castaneda nos contó que cuando Terry llegó ella no era una buena mesera, pero al pasar los meses lograron que se volviera buena, limpia y cuidadosa.

"La Gorda le dio muchos consejos a Terry. La cuidamos mucho... Nunca ella se imaginó con quienes estuvo todo ese tiempo."


Y también nos contó que esa experiencia fue muy terrible:

"Durante ese tiempo pasamos por momentos de gran privación durante los cuales se nos maltrató y ultrajó. Más de una vez estuve a punto de decir quién era, pero... "¡Quién me hubiera creído! dijo Castaneda– ¡Además, la mujer Tolteca es la que decide"

"Ese año –continuó– hubo momentos en que estuvimos reducidos al mínimo: dormíamos en el suelo y comíamos una sola cosa".




Más historias de Joe Cordoba

Castaneda nos dijo que un día la señora Tolteca vino y les dijo que no estaban trabajando lo suficiente.

"Nos mandó a que organizásemos un negocio bastante grande de landscaping, algo así como diseño y arreglo de jardines. Esta nueva tarea de la señora Tolteca no era nada pequeña. Tuvimos que contratar a un grupo de gente para que nos ayudase a hacer los trabajos durante la semana, mientras nosotros estábamos en la cafetería. Y durante los fines de semana nos dedicábamos exclusivamente a los jardines. ¡Tuvimos mucho éxito!

La Gorda es una persona muy emprendedora. Ese año trabajamos muchísimo... Durante la semana estábamos en la cafetera y durante los fines de semana puro manejar el camión y podar árboles. ¡Las demandas de la mujer Tolteca son muy grandes!

Recuerdo que en cierta oportunidad estábamos en casa de un amigo cuando llegaron los periodistas buscando a Carlos Castaneda. Eran unos periodistas del New York Times.

Cosa de pasar inadvertidos, la Gorda y yo nos pusimos a plantar árboles en el jardín de mi amigo. A la distancia los vimos entrar y salir de la casa. Entonces fue cuando mi amigo nos gritó y maltrató muchísimo delante de los periodistas.

Parece que a Joe Córdoba y a su Sra. se los podía gritar sin consecuencias. Ninguno de los que allí estaba presente salió en nuestra defensa. ¿Quiénes éramos nosotros? ¡Allí, sólo unos pobres que trabajan al sol!

Así fue como entre mi amigo y nosotros engañamos a los periodistas.


A mi cuerpo, sin embargo, no lo pude engañar. Tres años anduvimos envueltos en la tarea de darle al cuerpo experiencias que le hicieran darse cuenta de que, en verdad, no somos nada.

La verdad es que el cuerpo no es el único que sufre, la mente también está acostumbrada a constantes estímulos. El guerrero, sin embargo, no tiene estímulos del medio; él no los necesita. ¡Qué mejor lugar, entonces, que aquel en donde estábamos! ¡Allí nadie piensa!"



Continuando con la historia de sus aventuras, Castaneda comentó que más de una vez a él y a la Gorda los echaron a patadas a la calle. "Otras veces, yendo en camión por la carretera; nos empujaban a los bordes del camino. ¿Qué alternativa teníamos? ¡Mejor es dejarlos pasar!"

Por todo lo que Castaneda nos venía diciendo, parece que la tarea de esos años tuvo que ver con "aprender a sobrevivir en circunstancias adversas", y con "la experiencia de la discriminación". Esto último, "es algo muy difícil de soportar pero muy informativo", concluyó diciendo Castaneda con gran calma.

El objetivo de la tarea consiste en aprender a sustraerse al impacto emocional que la discriminación provoca. Lo importante es no reaccionar, no enojarse. Si uno reacciona, se está perdido.

"Uno no se ofende con el tigre cuando ataca –explicó– uno se hace a un lado y lo deja pasar."


"En otra ocasión, la Gorda y yo encontramos trabajo en una casa, ella de sirvienta y yo de mayordomo. ¡No se imaginan cómo terminó eso! Nos echaron a la calle a patadas y sin sueldo. ¡Más aún! Para protegerse de nosotros en el caso de que protestáramos, habían llamado a la policía local. ¡Se imaginan! ¡Estuvimos presos por nada!

Ese año, la Gorda y yo lo pasamos trabajando muy duro y sufriendo grandes privaciones. Muchas veces no teníamos nada para comer. Lo peor fue que no podíamos quejarnos ni teníamos el apoyo del grupo. En esa tarea estuvimos solos y no pudimos escapar. De cualquier modo, aunque hubiésemos podido decir quiénes éramos, nadie nos habría creído. La tarea es siempre total.

Verdaderamente en esos años yo era Joe Córdoba –afirmó Castaneda acompañando sus palabras con todo su cuerpo– y esto es muy lindo porque ya no se puede caer más. Ya he llegado a todo lo bajo que se puede llegar. Eso es todo lo que soy",  con estas últimas palabras Castaneda tocó el suelo con las manos.


"Como les dije antes, cada uno de nosotros tiene tareas distintas que cumplir. Los Genaros son muy listos; Benigno está ahora en Chiapas y le va muy bien. Tiene un grupo de música: Benigno posee a maravillas el don de imitar; imita a Tom Jones y a muchos más. Pablito es el mismo de siempre, es muy flojo. Benigno es el que hace los ruidos y Pablito los festeja. Benigno es el que trabaja y Pablito recoge los aplausos.

Ahora –dijo a modo de conclusión– todos hemos terminado las tareas que veníamos haciendo y estamos preparándonos para tareas nuevas. La señora Tolteca es la que nos manda."




Comentarios de la entrevistadora y sus amigos

La historia de Joe Córdoba y su Señora nos había impresionado mucho. Se trataba de una experiencia muy distinta a las de sus libros. Teníamos interés en saber si había escrito o estaba escribiendo algo acerca de Joe Córdoba.

"¿Por qué no escribe usted sobre esto? De todo lo que usted nos ha venido diciendo, Joe Córdoba y su Señora es lo que más me ha impactado."

"Acabo, de entregar un nuevo manuscrito a mi agente –nos respondió Castaneda– y en ese manuscrito, la señora Tolteca es la que enseña. No podía ser de otra manera... Su título es posible que sea "El acecho y el arte de estar en el mundo".

Allí está toda su enseñanza. Ella es la responsable de ese manuscrito. Una mujer tenía que ser la que enseñase acerca del arte del acecho. Las mujeres lo conocen bien porque han vivido siempre con el enemigo; es decir, siempre han andado ¡de puntillas! en un mundo masculino. Precisamente por eso, porque las mujeres tienen una larga experiencia en ese arte, la señora Tolteca es la que tiene que dar los principios del acecho.

En este último manuscrito, sin embargo, no hay nada concreto acerca de la vida de Joe Córdoba y su Señora. No puedo escribir en detalle sobre esa experiencia porque nadie lo comprendería ni lo creería. Puedo hablar de eso con muy pocos... Pero la esencia de esa experiencia de los últimos tres años está en ese libro."

(Ese manuscrito no sabemos si realmente existió, pero en todo caso no se publicó.)

Volviendo a la señora Tolteca y a su modalidad, Castaneda nos dijo que ella era muy diferente a Don Juan.

"Ella a mí no me quiere –insistió–  en cambio a la Gorda sí que la quiere. A la mujer Tolteca no se le puede preguntar nada. Antes de que uno le hable ella ya sabe lo que tiene que decir. Además hay que temerle; cuando se enoja, pega", concluyó haciendo muchos gestos que indicaban su temor. »







OTRA ENTREVISTA

Me acuerdo que en otra entrevista Castaneda mencionó que ese lugar estaba situado cerca de la frontera con México y que Florinda había elegido ese lugar porque en esa zona discriminaban mucho a los latinos y de esa manera Castaneda iba a ser continuamente despreciado.

Y en esa otra entrevista Castaneda exclamaba que después de esa experiencia "se le había acabado cualquier pizca del ego".

Si algún día la encuentro se las transcribo.







MI OPINIÓN

Supuestamente Florinda puso a Carlos Castaneda en esa situación para que se le bajara el ego, pero los datos históricos muestran que Castaneda siguió teniendo un ego muy grande; y sabiendo como a Castaneda le encantaba inventar historias falsas, lo más probable es que esta historia también haya sido una mentira más producto de su imaginación.









EL AGNOSTICISMO EXAMINADO POR MAURICIO SCHWARZ





El periodista Mauricio-José Schwarz Huerta es filosóficamente agnóstico y ateo por creencia, y él publicó los siguientes videos donde habla sobre el agnosticismo:
 
 
 
El agnosticismo no es ateísmo

 
 
 
 

 

El agnosticismo no es lo que tú crees

 
 
 

 
 
 
Diferencias y no tantas entre el agnosticismo y el ateísmo

 
 
 
 
 


El estéril debate entre agnosticismo y ateísmo

 
 
 
 
 
 

Ser agnóstico no es ser equidistante frente a las supersticiones

 
 
 
 
 
 

Creer que agnosticismo y ateísmo son opuestos es producto de no pensar

 
 

 

 
 
¿Soy agnóstico o ateo?

 
 









CARLOS CASTANEDA CUENTA CÓMO DON JUAN LE QUITÓ EL HÁBITO DE FUMAR




En 1982 la docente Graciela Corvalán entrevistó a Castaneda, y acerca de este asunto, ella escribió lo siguiente:

« Para ilustrar de un modo concreto la manera como Don Juan le enseñaba, Castaneda nos refirió un episodio muy interesante. Parece que él fumaba mucho y que Don Juan resolvió curarlo.

"Fumaba como tres cajetillas por día. ¡Un cigarro tras otro! No los dejaba apagar. Ustedes ven que ahora yo no llevo bolsillos –dijo señalando su remera que en verdad carecía de ellos–. Eliminé los bolsillos en ese entonces para quitarle al cuerpo la posibilidad de sentir algo en el costado izquierdo, y que este algo me recordara el hábito. Al eliminar el bolsillo eliminé también el hábito físico de llevar la mano hacia el bolsillo."

En el primer libro "Las Enseñanzas de Don Juan", éste le dice: « La cosa que hay que aprender es cómo llegar a la raja entre los mundos y cómo entrar en el otro mundo... Hay un lugar donde los dos mundos se montan el uno sobre el otro. La raja está allí. Se abre y se cierra como una puerta con el viento. Para llegar allí, un hombre debe ejercer su voluntad. Debe, diría yo, desarrollar un deseo indomable, una dedicación total. Pero debe hacerlo sin la ayuda de ningún poder y de ningún hombre... » (p. 220)

"Cierta vez Don Juan me dijo que íbamos a pasar unos días por los cerros de Chihuahua. Recuerdo que expresamente me dijo que no me olvidara de traer mis cigarrillos. Me recomendó también que llevara provisiones como para unos dos paquetes diarios y no más. Compré entonces las cajas de cigarrillos, pero en vez de 20 empaqueté unas 40. Hice unos paquetes divinos que recubrí con papel de aluminio para proteger mi carga de los animales y la lluvia.

Bien equipado y con la mochila a cuestas, seguí a Don Juan por los cerros. ¡Ahí andaba yo encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, y tratando de recuperar el aliento! Don Juan tiene un vigor tremendo; con gran paciencia me esperaba mientras me observaba fumar y agitarme por los cerros. ¡Yo no tendría ahora la paciencia que él tuvo conmigo! – exclamó Castaneda.

Llegamos, por fin, a una meseta bastante alta, rodeada de acantilados y empinadas laderas. Allí Don Juan me invitó a que tratara de volver o de bajar. Por mucho tiempo probé por un lado y otro hasta que finalmente tuve que desistir del intento ya que no iba a poder.

Seguimos así, por varios días, hasta que una mañana me despierto y lo primero que hago es buscar mis cigarrillos. ¿Dónde están mis divinos paquetes? Busco y busco y no los encuentro.

Cuando Don Juan se despierta, quiere saber lo que me pasa. Le explico lo que ocurre y me dice: 'No te preocupes. Seguramente vino un coyote y se los llevó, pero no pueden estar muy lejos. ¡Aquí! ¡Mira! ¡Hay rastros del coyote!'

Todo ese día lo pasamos rastreando las huellas del coyote en busca de los paquetes. Después de mucho buscar, Don Juan seguía insistiendo en que no debía preocuparme porque ahí nomás, tras la loma, hay un pueblo y allí podría comprar todos los cigarrillos que quisiera.

Otra vez anduvimos buscando y buscando... Claro es que ahora buscábamos el pueblo. ¿Dónde está el pueblo? Ni señales de él.

En eso estábamos, cuando Don Juan se sentó en el suelo y haciéndose el viejito empezó a quejarse: 'Esta vez sí que estoy perdido... Ya estoy viejo... No puedo más...'

Mientras esto decía, se agarraba la cabeza y hacia grandes aspavientos."


Castaneda nos contaba toda esta historia imitando a Don Juan en sus gestos y tono de voz. Era un espectáculo verlo. Más adelante, el mismo Castaneda nos diría que Don Juan solía hacer referencia a sus habilidades histriónicas.

"Con tanto andar –siguió, Castaneda– creo que habían pasado como 10 o 12 días. ¡Ya ni ansias de fumar me quedaban!

Así es como se me quitaron las ganas de fumar. ¡Nos las pasábamos como demonios corriendo por los cerros!

Cuando llegó el momento de volver, se imaginan que Don Juan supo perfectamente cómo hacerlo. Bajamos derechito al pueblo. La diferencia fue que entonces, yo ya no tenía necesidad de comprar cigarrillos. De este episodio –dijo Castaneda con un tono nostálgico– han pasado como 15 años.

La línea del no-hacer –comentó– es precisamente lo opuesto a la rutina o rutinas a las cuales estamos acostumbrados. Hábitos como el del cigarrillo, por ejemplo, son los que nos tienen amarrados, encadenados. En el sentido del no-hacer, en cambio, todas las avenidas son posibles."


Castaneda nos dio a entender que Don Juan los conocía muy bien a todos; los conocía en sus hábitos y debilidades. Y así fue como uno a uno los fue agarrando.

Don Juan y don Genaro, "esos dos compinches", al decir de Castaneda, supieron hacerle a cada uno la jugada apropiada y así hacerlos caer en el camino del conocimiento. »
(Revista Mutantia)









CARLOS CASTANEDA HABLA DE SU ENCUENTRO CON UN GURÚ




En una entrevista que le hicieron en 1982, Carlos Castaneda relató el siguiente encuentro que él tuvo con un gurú:


« He tenido relaciones bastante estrechas con gente que trabaja en la Hatha Yoga. Por ejemplo en 1976, un médico amigo mío llamado Claudio Naranjo me conectó con un maestro de yoga, así es que fuimos a visitarlo a su Ashram, aquí en California.

Nos comunicamos por intermedio de un profesor que hizo de traductor. Yo buscaba descubrir en esa entrevista los paralelos con mis propias experiencias de los viajes fuera del cuerpo. Allí sin embargo, no se habló nada importante. Hubo, sí, mucho espectáculo y ceremonia pero no se dijo nada.


Hacia el final de la entrevista, este personaje tomó entre sus manos un tipo de rociador de metal y empezó a mojarme con un líquido cuyo olor no me gustó nada.

Cuando se retiró, pregunté a sus discípulos qué era lo que acababa de tirarme.

Alguien se aproximó y me explicó que yo debía de estar muy contento porque el maestro me había dado su bendición.

Yo insistí en conocer el contenido de la vasija.

Finalmente se me dijo que todas las secreciones del maestro se guardaban: "Todo lo que sale de él es sagrado", me dijeron.

Se imaginarán ustedes que ahí se terminó la conversación con ese maestro yoga. »





OBSERVACIONES

No sé si esa historia es verídica o fue inventada por Carlos Castañeda.

Los Hare Krishna tienen una ceremonia bastante asquerosa que consiste en lavar los pies de su gurú con agua, leche y yogurt (y en algunos casos le añaden miel para darle sabor), y luego la mezcolanza licosa que resulta de todo eso la reparten entre los diferentes seguidores que asisten a ese ritual y se la beben creyendo que la mugre y la piel muerta de su gurú los purificará y los ayudará en su desarrollo espiritual.



Pero no he sabido de gurús que bendigan a la gente rociándolas con "todo lo que sale de ellos", pero sabiendo lo delirantes que llegan a volverse esos individuos, pudiera ser...