EL APEGO Y EL DOLOR

 

(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)



¿Es posible comprender el apego y liberarse de él? ¿Qué relación existe entre el apego y el dolor? ¿Es posible vivir desapegado sin volverse insensible, cruel o frío? ¿Qué tiene que ver la meditación con todo esto?

Las tradiciones religiosas suelen predicar que el apego es una de las causas del sufrimiento humano. En la vida cotidiana, es fácil ver cuánto dolor provoca. No es fácil separarse de aquello que uno ama profundamente, sea lo que sea: una pareja, un familiar, un amigo, un trabajo, un animal, un objeto, una rutina, un lugar, el propio cuerpo, la juventud, la vida, etc.

Estas cosas son muy valiosas y nadie quiere perderlas ni separarse de ellas. Ante las inevitabilidades de la vida —la pérdida, la separación, la vejez y la muerte—, uno siente el alto precio que ese apego puede tener.

En general, la gente no sabe cómo lidiar con ese dolor tan característico de esos momentos. ¿Es posible comprender el apego y liberarse de él? ¿Es posible sentir, amar y querer sin apegarse y sin volverse una persona distante, fría e insensible?

Es imposible comprender el desapego sin comprender el apego. ¿Por qué la mente se aferra a algo? ¿No es porque le produce placer?

Nadie se aferra a lo que no le brinda satisfacción, consuelo y felicidad. Tras un análisis más profundo, si bien el apego está vinculado a una sensación de placer, lo que lo alimenta no es la experiencia en sí, sino el deseo de continuidad.

¿Puedo tener muchas experiencias placenteras, sentirlas, vivirlas plenamente y cuando terminan, no permitir que el recuerdo de esa experiencia se transforme en un "deseo de más"?

Después de todo, eso es lo que causa sufrimiento, ¿no? En otras palabras, ¿puedo vivir cada momento sin desear su continuación? Por ejemplo: ¿puedo experimentar el placer de estar con un ser querido, pero cuando no está conmigo, no sufrir por ello?

¿Puedo experimentar la alegría de estar en un lugar hermoso y maravilloso, pero cuando ya no estoy allí, puedo dejar las experiencias y los recuerdos allí sin transformarlos en una fuente de arrepentimiento? 

¿Puedo vivir cada momento tan plenamente que no quede ninguna sensación de insatisfacción o vacío?

El apego no es más que el deseo de que continúe una experiencia placentera vinculada a algo o alguien. Cuando pierdo aquello que me daba placer y mi presente se vuelve triste y vacío, recuerdo experiencias pasadas y deseo fervientemente que continúen como una forma de aliviar mi sufrimiento. En resumen: el ciclo del apego se puede resumir en la siguiente fórmula:

PLACER > PÉRDIDA > DOLOR > RECUERDO > DESEO DE CONTINUIDAD

No necesariamente en ese orden.

Los seres humanos están acostumbrados a considerar esta cadena como algo normal y natural. Y, al no cuestionar nunca su validez, de repente se encuentran atrapados en las garras del dolor y el sufrimiento. Pero, ¿es posible ser una persona sana, tener una vida normal y equilibrada, sin caer en las trampas del apego?

Comprender el ciclo del apego es el primer paso hacia la liberación. El problema, tal como lo percibo, no reside en la experiencia del placer, sino en el deseo de continuidad, activado por la memoria, con el dolor causado por la separación como su principal causa.

¿Puedo mirar mi dolor directamente sin miedo, sin justificarlo, sin nombrarlo, sin intentar escapar de él? ¿Puedo simplemente observar cómo mi mente crea este ciclo, tomar conciencia de él, percibirlo con claridad sin querer alterarlo ni escapar de él? ¿Puedo permanecer con el "hecho" y comprenderlo en su totalidad, de modo que solo exista el hecho y nada más?

Ciertamente percibir el hecho implica percibir todo el ciclo: mi dolor, mis recuerdos y mi deseo de escape o continuidad. En general, los recuerdos son la causa del tormento porque la mente está esclavizada por ellos, por las imágenes del pasado.

Las imágenes de la persona, la cosa o la situación permanecen vivas en la mente durante mucho tiempo. Y cuando la mente  se da cuenta de que la realidad es diferente, de que estas cosas ya no existen, ¿qué hace?

Reactiva  los recuerdos como una forma de evitar la dolorosa realidad. Pero —quizás te preguntes— ¿basta con comprender y percibir todo esto para liberarse del apego y el dolor?  

La respuesta es la siguiente: mientras no se perciba que el deseo mismo de liberarse del dolor es, en sí mismo, el combustible del dolor, nunca habrá liberación. Entonces, ¿qué hacer?

Directamente, nada. Indirectamente, mucho. La percepción clara y directa de este ciclo —«percepción sin elección», como dice Krishnamurti— permite que la mente se libere de él. En otras palabras, cuando la mente se da cuenta de que ningún movimiento por su parte puede transformar o cambiar este ciclo, ¿qué debería hacer?

Relajarse, ¿verdad? Y esta misma percepción, y la consiguiente relajación y quietud, producirán un cambio independiente de cualquier acción directa por parte de la mente.


Ahora que hemos comprendido todo este ciclo, ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Es posible convertir cada experiencia en un momento nuevo y único? ¿Es posible mirar directamente a la realidad, sea cual sea, de tal manera que ni la tristeza ni la memoria me obliguen a evitar el dolor y a anhelar el placer?

En otras palabras, ¿puedo vivir cada momento sin permitir que la memoria me robe la experiencia directa del ahora, que es único, sea lo que sea?

Esta es una forma de vida que muy pocas personas conocen. Generalmente las personas solo viven de recuerdos, reminiscencias, miedos y deseos, y la vida se convierte en una búsqueda eterna de experiencias pasadas que uno intenta revivir. Mientras tanto, uno pierde el aquí y el ahora, que no es ni bueno ni malo, simplemente es.

Sí, es posible un nuevo camino, pero para ello es necesario aprender a experimentar la realidad del ahora —«lo que es»— sin miedos, ansiedades ni la interferencia de palabras, recuerdos e imágenes del pasado.

La meditación es precisamente la experiencia de esta otra forma de vivir. En la meditación, uno vive el presente plenamente. En el presente no hay pérdidas, pues es completo en sí mismo; no deja lugar a ideales, imágenes, deseos ni recuerdos. En la meditación, todo lo que existe, existe en este momento de percepción.

Y si todo —absolutamente todo lo que necesitamos— está en el aquí y ahora, no habrá carencia psicológica de ningún tipo y, por consiguiente, no habrá espacio para el apego ni para el dolor.

¡Pruébalo y compruébalo tú mismo!






COMENTARIO

Sara: ¡Excelente texto! Me encanta la forma tan cariñosa en que compartes tus experiencias, de una manera tan didáctica y amena, que lleva al lector no solo a la reflexión, sino también a una comprensión directa de lo que señalas con tanta claridad. ¡Muchísimas gracias, Alsibar, por compartir quién eres con nosotros!

¡Gracias!








CARLOS CASTANEDA SE CONTRADIJO CON LA MANERA COMO FUE RECUPERANDO SUS RECUERDOS




Carlos Castaneda escribió y publicó cuatro libros:

   -  "El Segundo Anillo de Poder" (1977)
   -  "El Don del Águila" (1981)
   -  "El Fuego Interior" (1984)
   -  "El Conocimiento Silencioso" (1987)

Cuyas tramas giran en torno a su recuerdo gradual de cosas que supuestamente le habían enseñado Don Juan y sus brujos en un estado de conciencia intensificada, y también de las interacciones que él había tenido con varios miembros de ese grupo.

Por ejemplo, Castaneda en el libro 'El Don del Águila' actúa como si solo entonces estuviera recordando lo que él hizo con varios de los personajes asociados a Don Juan, como por ejemplo la Gorda o Carol Tiggs (la mujer nagual).

« Los recuerdos nebulosos que yo tenía de la Gorda, o el presentimiento de haber vivido en aquella casa, en cierta manera constituían amenazas a mi continuidad, pero todo eso no era nada comparado con la acción de haber recordado a la mujer nagual. »
(Capítulo 6)



Pero en cambio en su libro 'El Lado Activo del Infinito' (1998) Castaneda afirma que él recordó todo lo que le habían enseñado y vivido en ese estado de conciencia intensificada de un solo golpe en 1973, cuando él estaba sentado en el restaurante Ship, después de haber efectuado su salto al abismo.

« ¡Había saltado a un abismo en México! El siguiente pensamiento que tuve fue una deducción cuasi lógica: puesto que había saltado al abismo deliberadamente para morir, ahora debía ser un fantasma.

"Qué extraño", pensé, "que regresara en forma fantasmal a mi apartamento en la esquina de Westwood y Wilshire en Los Ángeles después de haber muerto. No es de extrañar que mis sentimientos no fueran los mismos. Pero si fuera un fantasma", razoné, "¿por qué habría sentido la ráfaga de aire fresco en mi cara o el dolor en mis pantorrillas?"
. . . .
Mi relación con mis compañeros había sido un ejemplo de ambas consecuencias. Tenía compañeros, los otros aprendices de Don Juan, compañeros en mi viaje definitivo. Interactuaba con ellos solo con una mayor consciencia. La claridad y el alcance de nuestra interacción eran supremos.

El inconveniente para mí era que en mi vida diaria solo eran recuerdos vagos y conmovedores que me sumían en la desesperación, llenos de ansiedad y expectativas. Podría decir que vivía mi vida normal en la constante búsqueda de alguien que iba a aparecer de repente frente a mí, tal vez saliendo de un edificio de oficinas, tal vez doblando una esquina y chocando conmigo.

Adondequiera que iba, mis ojos se movían incesantemente por todas partes, buscando personas que no existían y, sin embargo, existían como nadie más.

Mientras estaba sentado en el restaurante Ship's aquella mañana, todo lo que me había sucedido con mayor consciencia, hasta el más mínimo detalle, durante todos los años que pasé con Don Juan, volvió a ser un recuerdo continuo e ininterrumpido. »
(Esta al final del libro)





NOTA

Este es un ejemplo más de las numerosas contradicciones que Carlos Castaneda dijo.










CASTANEDA AFIRMÓ QUE DON GENARO HIZO DESAPARECER SU COCHE SOBRENATURALMENTE




En su libro 'Viaje a Ixtlán' Carlos Castaneda contó la siguiente historia:

« "¿Recuerdas la vez que trabé tu carro?", preguntó Don Juan.

Su pregunta era abrupta y no tenía relación con la conversación. Se refería a una ocasión en la que no pude arrancar mi coche hasta que él me dijo que ya podía. Dije que nadie olvidaría un evento así.

"Eso no fue nada", dijo don Juan en tono sereno.

"¿Cómo va usted a decir eso? dije en tono de protesta lo que usted hizo aquel día fue algo que verdaderamente yo nunca podré comprender."

"Genaro puede hacer algo mucho mejor. ¿Verdad, Genaro?"

"Así es", respondió Don Genaro.

"¿Qué puede hacer?", pregunté.

"A continuación lo vas a ver", respondió.

Se levantaron y por un instante no supe qué hacer, pero Don Juan me indicó imitarlos. Empezamos a subir el cerrito frente a la casa de Don Juan.

Don Juan movió las manos como si tejiera un hilo invisible, Don Genaro hizo lo mismo y repitió: "Examinemos tu carro."

Llegamos a la cima y dirigí la vista hacia donde había estacionado mi coche. El estómago se me contrajo con una sacudida. ¡El coche no estaba! Corrí cuesta abajo. Mi coche no se veía por ninguna parte. Experimenté un momento de gran confusión. había dejado el coche cerrado como de costumbre. »
(Capítulo 18, extractos)



Castaneda entonces comenzó a indagar cómo Don Genaro logró hacer eso:

« Como siempre que Don Juan me enfrentaba con fenómenos inexplicables, se me ocurrió la idea de que se me estaba engañando por medios ordinarios.

Me puse a calcular cuántos cómplices habrían necesitado Don Juan y Don Genaro para alzar mi coche y llevárselo, pero estábamos solos.

Otra posibilidad era que un cómplice hubiera forzado la portezuela y conectado el alambre de encendido para llevarse el auto, pero esa acción implicaba un conocimiento especializado más allá de sus medios.

La última explicación posible era que tal vez me habían hipnotizando, ya que sus movimientos me resultaron muy nuevos y sospechosos. »
(Ibid)


Luego Castaneda relata como Don Genero lo hace buscar su coche en lugares absurdos: bajo una roca, entre los matorrales, hasta que finalmente Castaneda cae en un estado de trance.



Posteriormente Don Juan le explicó a Castaneda lo que sucedió:

« "El otro día, Genaro nunca movió tu carro del mundo de la gente común. Nada más te forzó a mirar el mundo como los brujos, y tu coche no estaba en ese mundo. Genaro quiso ablandar tu certeza. Sus payasadas hablaron a tu cuerpo acerca de lo absurdo que es tratar de entenderlo todo. Y cuando voló su papalote casi lograste ver [como un brujo]. Hallaste tu coche y estabas en los dos mundos."

- "¿Pero cómo me forzó a ver el mundo como los brujos?", preguntó Castaneda

- "Yo estaba con él. Los dos conocemos ese mundo. Ya conociéndolo, lo único que se necesita para producirlo es usar ese otro anillo de poder que te he dicho que los brujos tienen. Genaro puede hacerlo con la misma facilidad con la que mueve los dedos. Te tuvo ocupado volteando piedras para distraer tus pensamientos y permitir que tu cuerpo viera." »
(Capitulo 19)





Poco después de la publicación de ese libro, el filósofo Sam Keen entrevistó a Castaneda, y sobre este asunto ellos tuvieron la siguiente conversación:


Keen: Cuando contaste cómo Don Juan y su amigo Don Genero hicieron desaparecer tu coche a plena luz del día, no pude evitar rascarme la cabeza. Sé que un hipnotizador puede crear la ilusión de la presencia o ausencia de un objeto. ¿Crees que te hipnotizaron?


Castaneda: Quizás algo así. Pero debemos empezar por darnos cuenta, como dice Don Juan, de que el mundo es mucho más complejo de lo que solemos reconocer. Nuestras expectativas habituales sobre la realidad se crean mediante un consenso social. Nos enseñan a ver y comprender el mundo.

El truco de la socialización consiste en convencernos de que las descripciones con las que coincidimos definen los límites del mundo real. Lo que llamamos realidad es solo una forma de ver el mundo, una forma que cuenta con el respaldo de un consenso social.


Keen: Entonces un hechicero, como un hipnotizador, crea un mundo alternativo generando diferentes expectativas y manipulando señales para producir un consenso grupal.


Castaneda: Exactamente.







OBSERVACIONES

Los instructores teosóficos explicaron que los antiguos hechiceros eran capaces de hipnotizar a las personas sin que ellas se dieran cuenta y así hacerles creer que ellas estaban experimentando lo que esos hechiceros quisieran: que se transformaban en animales, o que cosas desaparecían y aparecían en frente de ellas, etc.

Pero Don Juan dio otra explicación, dijo que Don Genaro forzó a Castaneda a ver el mundo como lo hacen los brujos, lo cual yo lo interpreto que Genaro trasladó la conciencia de Castaneda a otra realidad.

Pero en el esoterismo se explica que la única otra realidad que se asemeja al mundo físico es el subplano más denso del astral. Sin embargo ahí Castaneda hubiera seguido viendo su coche, debido a que ese subplano es el molde del mundo físico, y por consiguiente lo que aparece en el mundo físico, también aparece en ese subplano.

Por lo que la respuesta que Don Juan dio es incorrecta, y si ese relato es verdadero, la explicación más tangible es que Castaneda si fue hipnotizado, aunque sospecho que esta historia en realidad la inventó ese escritor.









CARLOS CASTANEDA AFIRMÓ HABER ESTADO CONVERSADO CON UN COYOTE

 


Castaneda en su libro "Viaje a Ixtlán" mencionó que él estaba solo acampando en un monte cerca de la casa de Don Juan cuando de repente:

« Vi un coyote que cruzaba el campo en trote calmoso. Estaba cerca del sitio donde yo creía haber visto a un hombre. Recorrió unos cincuenta metros en dirección sur y luego se detuvo, dio la vuelta y empezó a caminar hacia mí.

Di unos gritos para asustarlo, pero él siguió acercándose. Tuve un momento de aprensión. Pensé que tal vez estaba rabioso y hasta se me ocurrió juntar piedras para defenderme en caso de un ataque.

Cuando el animal estuvo a tres o cuatro metros de distancia, noté que no se hallaba agitado en forma alguna; al contrario, parecía tranquilo y sin temores. Amainó su paso, deteniéndose a un metro o metro y medio de mí. Nos miramos, y el coyote se acercó más aún. Sus ojos pardos eran amistosos y límpidos.

Me senté en las rocas y el coyote se detuvo, casi tocándome. Yo estaba atónito. Jamás había visto tan de cerca a un coyote salvaje, y lo único que se me ocurrió entonces fue hablarle. Lo hice como si hablara con un perro amistoso. Y entonces me pareció que el coyote me respondía. Tuve una absoluta certeza de que había dicho algo. Me sentí confuso, pero no hubo tiempo de ponderar mis sentimientos, porque el coyote volvió a "hablar".

No era que el animal pronunciase palabras como las que suelo escuchar en voces humanas; más bien yo "sentía" que estaba hablando. Pero no era tampoco la sensación que uno tiene cuando una mascota parece comunicarse con su amo. El coyote en verdad decía algo; trasmitía un pensamiento y esa comunicación se producía a través de algo muy similar a una frase.

Yo había dicho: "¿Cómo estás, coyotito?" y creí oír que el animal respondía: "Muy bien, ¿y tú?"

Luego el coyote repitió la frase y yo me levanté de un salto. El animal no hizo un solo movimiento. Ni siquiera lo alarmó mi repentino brinco. Sus ojos seguían claros y amigables. Se echó y ladeando la cabeza, preguntó: "¿Por qué tienes miedo?"

Me senté frente a él y llevé a cabo la conversación más extraña que jamás había tenido. Finalmente, me preguntó qué hacía yo allí y le dije que había venido a "parar el mundo".

(Nota de Cid: con "parar el mundo" Castaneda se refiere a detener la manera física y usual como percibimos el mundo, para poder percibirlo en su aspecto energético.)

El coyote dijo "¡Qué bueno!" y entonces me di cuenta de que era un coyote bilingüe. Los sustantivos y verbos de sus frases eran en inglés, pero las conjunciones y exclamaciones eran en español. Cruzó por mi mente la idea de que me hallaba en presencia de un coyote chicano. Eché a reír ante lo absurdo de todo eso, y reí tanto que casi me puse histérico.

Entonces la imposibilidad de lo que estaba pasando me golpeó de lleno y mi mente se tambaleó. El coyote se incorporó y nuestros ojos se encontraron. Miré los suyos fijamente. Sentí que me jalaban, y de pronto el animal se hizo iridiscente; empezó a resplandecer. Era como si mi mente reprodujese la memoria de otro suceso que había tenido lugar diez años antes, cuando bajo la influencia del peyote, presencié la metamorfosis de un perro común en un inolvidable ser de iridiscencia.

Era como si el coyote hubiera provocado el recuerdo, y la imagen de aquel suceso anterior, invocada, se superpusiera a la forma del coyote; el coyote era un ser fluido, líquido, luminoso. Su luminosidad deslumbraba.

Quise proteger mis ojos cubriéndolos con las manos, pero no podía moverme. El ser luminoso me tocó en alguna parte indefinida de mí mismo y mi cuerpo experimentó una tibieza y un bienestar indescriptibles, tan exquisitos que el toque parecía haberme hecho estallar. Me transfiguré. No podía sentir los pies, ni las piernas, ni parte alguna de mi cuerpo, pero algo me sostenía erecto.

No tengo idea de cuánto tiempo permanecí en esa posición. Mientras tanto, el coyote luminoso y el monte donde me hallaba se disolvieron. No había ideas ni sentimientos. Todo se había desconectado y yo flotaba libremente. »
(Capítulo 18)





Poco después de la publicación de ese libro, el filósofo Sam Keen entrevistó a Castaneda, y sobre este tema Castaneda le comentó:

« Mi conversación con el coyote ilustra bien las diferentes teorías sobre la corporeidad. Cuando se me acercó, le dije:

   -   "Hola, pequeño coyote. ¿Cómo estás?".

Y él me respondió:

   -   "Estoy bien. ¿Y tú?".

No escuché las palabras de la forma habitual. Pero mi cuerpo sabía que el coyote estaba diciendo algo y lo traduje en diálogo.

Como intelectual, mi relación con el diálogo es tan profunda que mi cuerpo tradujo automáticamente en palabras la sensación de que el animal se comunicaba conmigo. Siempre vemos lo desconocido en términos de lo conocido.

Quizás podamos hablar con cualquier animal. Para Don Juan y los demás hechiceros, mi conversación con el coyote no tenía nada de raro. De hecho, me dijeron que debería haber buscado un animal más confiable como amigo, ya que los coyotes son embaucadores y no son de fiar. »






MI OPINIÓN DE ESTE EVENTO

Pudiera ser que en un estado acrecentado de conciencia si se pueda conversar con los animales, y tal vez Carlos Castaneda conversó con ese coyote (aunque da la impresión que en realidad ese coyote era otro ser que tomó la apariencia de un coyote), pero sabiendo lo mentiroso que era Castaneda, lo más probable es que él haya inventado esa historia.







¿CÓMO FLORINDA DONNER CONOCIÓ A CARLOS CASTANEDA?





SEGÚN FLORINDA

En su libro "Ser en el Ensueño" (1991) Florinda Donner afirmó que fue en julio de 1970 cuando ella conoció a Carlos Castaneda por primera vez, y en ese entonces él estaba trabajando como cocinero en un restaurante sencillo de Tucson y se hacía llamar Joe Cortez.

Florinda dijo eso en diferentes partes de su libro:

« Conocí a un grupo de personas en el norte de México en julio de 1970 que resultaron ser los fieles discípulos de la tradición hechicera de los indios del México precolombino. »
(Nota preliminar)


« [Poco después] durante mi viaje a Tucson ... [en un restaurante de paso] tras el enrejado de los pedidos pude ver al cocinero. »
(Cap. 4)


« [Posteriormente lo volví a ver y él me dijo] "Yo soy José Luis Cortez, mis amigos me llaman Joe". »
(Cap. 5)


« [Cuando descubrí quién realmente era le pregunté] ¿Cómo quieres que te llame: Joe Cortez o Carlos Castaneda? »
(Cap. 7)






INCONSISTENCIAS

Pero eso que afirmó Florinda se contradice con lo que Castaneda aseveró en la entrevista que le hizo la académica Graciela Corvalán en 1982, ya que ahí Castaneda afirmó que la Mujer Tolteca fue quien para bajarle el ego a Castaneda, le asignó la tarea de trabajar como cocinero, junto con la Gorda, durante “los últimos tres años”, o sea de 1978 a 1981.

!Lo que es una década después de lo que Florinda Donner aseguró haberlo conocido cocinando en un restaurante!

Extracto de esa entrevista:

« Castaneda nos dijo: "La Mujer Tolteca es la que ahora me enseña. Ella es responsable de todo."
. . .
Cambiando de tema, Castaneda comenzó a contarnos la historia de sus tres últimos años. Una de sus tantas tareas fue la de ser cocinero en esas cafeterías de rutas.

"La Gorda me acompañó ese año como mesera. ¡Más de un año anduvimos por allí como Joe Córdoba y su Señora! Mi nombre completo era José Luis Córdoba, para servirlos –dijo haciendo una profunda reverencia– aunque todos me conocían como Joe Córdoba." »


Y para colmo, Florinda se equivocó y Castaneda no utilizó el apellido Cortez sino Córdoba.

Pero además Castaneda en esa entrevista precisó que la Mujer Tolteca solo se volvió su nueva jefa después de que Don Juan partió hacia el infinito, y en otra ocasión Castaneda declaró que eso sucedió en 1973, lo cual implica que su trabajo como cocinero tuvo que haberlo hecho después de ese año y no en 1970 como lo afirmó Florinda.

Y a eso hay que añadir que casi al final de su libro "Una Realidad Aparte", Castaneda escribió que en octubre de 1970 él estuvo con Don Juan y Don Genaro quienes produjeron varios fenómenos sorprendentes ante él: Don Genaro hizo temblar las montañas, y luego mágicamente se posicionó detrás de Castaneda mientras que Castaneda lo seguía, y entonces Don Juan hizo caer la misma hoja dos veces.

Pero esos eventos sucedieron tres meses antes de cuando Florinda afirmó haber conocido a Castaneda cocinando en un restaurante, e implican que por lo tanto Castaneda todavía estaba con Don Juan, lo cual se contradice con las declaraciones que Castaneda le hizo a Graciela Corvalán.


Se nota que Florinda inventó su historia de sus primeros encuentros con Castaneda, basándose en la historia que Castaneda contó de cuando la Mujer Tolteca lo puso a trabajar de cocinero.

Pero Florinda no prestó atención a los detalles y por eso ella cometió muchos errores en su relato.






LA REALIDAD

Florinda Donner no conoció por primera vez a Carlos Castaneda en 1970, sino en 1971.

Florinda no lo conoció en Tucson, Arizona, sino en la ciudad de Los Angeles, en California.

Y Castaneda no estaba en ese tiempo trabajando de cocinero, sino cursando en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) donde Florinda también estaba estudiando.