EL DRAMA DE LA CANTANTE PERLA Y SUS LECCIONES


(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)



Acabo de ver el programa televisivo donde la cantante Perla relata el drama por el que ella pasó.

Tras una etapa de gran fama, juventud, belleza y dinero, le sobrevino la depresión y la acumulación compulsiva. Ella guarda de todo: vestidos, objetos viejos, ropa de más de 30, 40 y 50 años. El resultado: su casa se había convertido en un vertedero de cosas inútiles. Hay tanto desorden que apenas puede caminar en su propia casa.

Ahota bien, un viejo dicho dice: el exterior refleja el interior.  Una mente desordenada acaba desordenando todo, y una casa llena de cosas viejas e inútiles es un reflejo de ello. La persona no puede liberarse del pasado, ni de lo que lo representa, porque cada objeto está vinculado a un episodio importante del pasado que ya terminó. En el fondo, la mente permanece atrapada en un tiempo glorioso que nunca volverá.

Y aquí aunque se trata del drama personal de una famosa personalidad mediática, sin duda no es la única. Y si cada uno de nosotros no cuida su salud mental, podemos caer en la misma situación, o peor.

Casos emblemáticos como este nos hacen ver la importancia de la meditación en nuestras vidas, pues nos prepara para la renovación, la fluidez y el desapego. Al desprendernos de nuestros pensamientos —que conforman el "yo" y se alimentan de la basura del pasado— iniciamos un trabajo de limpieza y renovación interior, previniendo la acumulación de recuerdos y la consiguiente fijación del ego.

La meditación nos purifica. Es como el agua que elimina todas las impurezas, incluso las más difíciles. Es esta limpieza interna diaria la que necesitamos prevenir y evitar llegar al mismo punto que Perla. Después de todo, la basura acumulada, dentro o fuera, atrae cosas negativas.

Comencemos, pues, nuestra limpieza interna mediante la práctica de la meditación para que podamos mantener no solo la casa limpia, sino especialmente nuestra casa interior sana, organizada y equilibrada.

Que Perla finalmente pueda armonizar su hogar exterior e interior. Pero que su caso nos sirva de lección para no posponer lo que debe hacerse con urgencia. El momento es ahora.






COMENTARIOS

Rosana: Como bien lo afirmas Alsibar, somos acumuladores, especialmente de malos recuerdos del pasado y pensamientos autodestructivos. Estos dañan el presente y por consiguiente el futuro. Por lo tanto, es necesario querer liberarnos de esto a través de la meditación.

Así comencé este camino y con perseverancia, autoanálisis e introspección he diagnosticado mis tendencias negativas que obstaculizan mi progreso. Busco superar los pensamientos y eventos que me convierten en acumulador.

Es en ese momento cuando recuerdo que nuestros monstruos no están afuera, sino adentro. No digo que sea fácil; es algo que se logra gradualmente. Sin embargo, cada día me siento más fuerte porque me doy cuenta de que tengo menos ansiedad.

Así que meditemos porque de nada sirve tener una casa hermosa, el trabajo perfecto y realización profesional si nos sentimos perdidos y vacíos por dentro, manteniendo el mismo patrón de pensamientos y comportamientos que solo conducen hacia la autodestrucción.


Pablo: Estoy de acuerdo Rosana. He dado un giro a mi vida profesional cuando me di cuenta de que cada día sentía un vacío en mi alma. De nada sirve ser rico en dinero y fama si mi alma anhela paz. ¡Sabias palabras!


María: ¡Gracias, Alsibar, por esta hermosa reflexión y por toda la ayuda brindada en el camino de la meditación!







LA BUSQUEDA ESOTÉRICA Y ESPIRITUAL QUE FRANZ HARTMANN LLEVÓ A CABO





De niño Hartmann primero se interesó por los espíritus de la naturaleza.

« Cuando era un niño, mi padre, un médico muy ocupado, apenas tenía tiempo para ocuparse de mis asuntos, salvo en las raras ocasiones en que, por error, consideraba necesario propinarme una paliza; mi madre, por el contrario, me mimaba en exceso y siempre me permitía hacer mi voluntad.

Como resultado de ese trato, no es de extrañar que me convirtiera en la "oveja negra" de la familia. Prefería vagar por los bosques antes que asistir a la escuela, pues allí podía entregarme sin interrupciones a mis ensoñaciones místicas y dejar volar libremente mi imaginación.

Así, trasladé mi inclinación por lo místico y lo misterioso al mundo físico. El primer libro que compré fue 'El Dragón Ígneo' (The Fiery Dragon) que contenía abundante nigromancia; no supe qué hacer con él, salvo quemarlo.

Sin embargo leí con gran interés 'El Lado Nocturno de la Naturaleza' (Night Side of Nature) de Elisabeth Crowe, y 'Transfiguraciones' de Zschokke, pues el mundo invisible despertaba mi curiosidad mucho más que el visible; además, estos libros trataban sobre cuestiones de las que nadie, en el pueblucho donde crecí, parecía tener la menor idea. »




Luego Hartmann se apasionó por el catolicismo.

« Atraído por la magia mística inherente a los sacramentos y ritos de la Iglesia católica, me convertí en un católico ferviente y un entusiasta de la religión; llegué incluso a desear ingresar en un monasterio para hacerme monje capuchino.

No obstante, no lograba hallar espiritualidad alguna en la Iglesia como institución externa. Todo aquello me parecía un oficio al que los "clérigos" se dedicaban para ganarse la vida; en el fondo, me daba la impresión de ser un fraude piadoso, en el que tales individuos predicaban ante oyentes crédulos sobre asuntos de los que ellos mismos no sabían absolutamente nada. »




Luego Hartmann se volvió materialista.

« Por aquella época, el materialismo ciego empezaba a ponerse de moda. Entablé relación con un músico y compositor que no creía en nada que no pudiera tocarse con las manos; él me inició en el gran secreto de esta ignorancia, que sostiene que no existe nada superior a la materia inerte y que, con la muerte del cuerpo, todo termina para el ser humano. La vida, la conciencia, la inteligencia, el amor, la bondad y la sabiduría no serían más que el producto del movimiento mecánico de los átomos, junto con otras tantas insensateces.

Puedo asegurar que semejante explicación del enigma del mundo me resultaba profundamente ajena, pero como mi conocido músico era mayor que yo, supuse que él debía de entender estas cuestiones mejor que yo, por lo que dejé el asunto en suspenso.

Cuanto más profundizaba en esta suerte de "filosofía", menos fundamento sólido encontraba en ella; finalmente, opté por la postura de que nadie sabe nada sobre lo sobrenatural y que nadie puede regresar del más allá. y que la indiferencia hacia los asuntos religiosos, junto con el pleno disfrute de la vida, constituye la máxima sabiduría. »




Luego Hartmann se obsesionó con el espiritismo.

« Con esta disposición mental, llegué a los Estados Unidos en 1864 y me establecí allí como médico de a bordo.

Hasta entonces había sido un enemigo del espiritismo, porque me habían dicho que todos los fenómenos "espiritistas" habían sido producidos por engaños y fraudes. Y por consiguiente yo consideraba que un creyente en el espiritismo era un ingenuo que veía los productos de su propia imaginación en forma de fantasmas en cada esquina.

Sin embargo, mi curiosidad me llevó a visitar una cierta "sesión de materialización" realizada por una médium llamado Mrs. Rice o Mrs. Holmes (no me acuerdo bien de su nombre). Y allí vi los fenómenos más impresionantes de apariciones tangibles y materializaciones de fantasmas, conocidos como los espíritus de Katie King y algunos otros.

Por lo tanto me interesé por estas cosas y fui a escuchar las conferencias del profesor Peebles, y la filosofía que él enseñó me pareció muy racional y plausible, pero derrocó todas las teorías materialistas de Buchner y Comte.

Justo en ese momento tuve una paciente que se llamaba Katie Wentworth. Era una mujer casada altamente consumada, con sangre inglesa e india en sus venas. Ella no creía en el espiritismo y no estaba dispuesta a dar crédito de los relatos que le mencioné que yo mismo había presenciado, pero con el propósito de ver "si había algo de cierto en eso", ella consintió sentarse conmigo, y después de su recuperación mantuvimos frecuentes sesiones juntos.

Al principio, los fenómenos eran insignificantes y las comunicaciones recibidas eran pueriles, pero después de un tiempo otros espíritus fueron atraídos y ahí obtuvimos los resultados más sorprendentes. Mi amiga Katie Wentworth se convirtió en uno de los médiums más notables para todo tipo de manifestaciones, incluyendo trance, materialización, levitación, escritura directa, etc. Y quizás, debido a su presencia, yo mismo me volví hasta cierto punto clarividente y clariaudiente, y disfruté mucho la relación con los "difuntos" que venían a visitarnos.

Acostumbrado a ir a los extremos, ahora dediqué casi todo mi tiempo a la lectura de libros sobre espiritismo, como las obras de Andrew Jackson Davis, Hudson Tuttle, el juez Edmonds y muchos otros. Y en ese tiempo mis principales diversiones fueron mis sesiones con mi amiga y con otros médiums que en ese periodo también había conocido.

Así pues, durante 15 años tuve la oportunidad de familiarizarme con los más asombrosos fenómenos espiritistas y ocultos, los cuales resultaron lo suficientemente convincentes como para tambalear mi convicción de que nadie puede regresar del más allá.

Para mí, estos fenómenos fueron de gran valor porque, en primer lugar, echaron por tierra la cosmovisión del profesor Haeckel y demostraron que aún existen muchas realidades que ciertos académicos desconocen.

Comprendí claramente que estamos rodeados por un mundo invisible a nuestros ojos, pero tan real —a su manera— como el mundo que percibimos; un mundo invisible poblado por innumerables seres, algunos en un estadio evolutivo muy inferior al nuestro, y otros en un nivel muy superior. »




Pero Hartmann se desilusionó del espiritismo cuando descubrió lo embusteros y vampíricos que son los espíritus.

« Los logros de Katie Wentworth como médium pronto se conocieron entre los espiritistas y ella recibió invitaciones para celebrar sesiones en todos lados y aceptó muchas de ellas, pero la consecuencia fue que ella estuvo continuamente vampirizada por esos fantasmas, perdió su vitalidad, terminó paralizada y murió precozmente.

Y que esos "espíritus" no eran lo que ellos pretendían ser, se me demostró claramente por el hecho de que incluso media hora antes de que mi amiga falleciera, fingidos espíritus de algunos de los médicos más famosos que han existido en la Tierra vinieron e hicieron prescripciones para ella, e insistieron en que no había peligro. »




Hartmann estuvo examinando diferentes iglesias y movimientos espirituales pero todos lo decepcionaron.

« La espiritualidad me seguía interesando y durante mis viajes había entrado en contacto con muchas sectas protestantes y también había estado todo un año en la casa de un rabino judío.  Asistí a muchos servicios religiosos de todas estas iglesias, pero no encontré nada que me satisficiera en ellas. Especialmente el sistema protestante me pareció un lavado del cerebro como el catolicismo, pero sin corazón.

Por ejemplo, las personas piadosas que conocí afirmaban que todas las historias bíblicas, sin importar cuán absurdas e increíbles fueran, tenían que creerse literalmente. Y mi objeción de que "la letra mata, pero el espíritu da vida" no causó impresión en sus mentes.

Parecían creer en alguna expiación vicaria hecha por otra persona, y que uno solo podía alcanzar la salvación eterna al afirmar creer en ciertas teorías y en la veracidad de un cierto relato histórico, pero del cual en realidad, nadie sabía si era realmente cierto.

Su religión me parecía extremadamente egoísta porque cada uno pedía sobre todo salvación para sí mismo, pero cuidando muy poco de lo que sería del resto.

En cambio un sentimiento mucho mejor encontré en la casa del rabino judío, cuya vida familiar era muy armoniosa, y también encontré esa armonía entre los indios rojos; porque cuando una vez, y sin ningún acompañante, emprendí una excursión a caballo entre las tribus Senerca, Shawnees y Choktaw, encontré allí la amabilidad y la hospitalidad más admirables y me aseguraron que el "Gran Espíritu" (quien supongo que es el espíritu del amor fraternal) residía con ellos. 


Durante mi estancia en Estados Unidos, he residido en diversos estados —Nueva York, Misuri, Texas, Luisiana, Arkansas y California— y he estado en contacto con toda clase de grupos y confesiones: cristianos y judíos, católicos y protestantes, metodistas, luteranos, mormones, shakers, científicos cristianos, entre otros.

He examinado sus enseñanzas pero en ninguna iglesia o secta he hallado una base científica sólida para un verdadero conocimiento religioso; lo que he encontrado, en cambio, son ilusiones ciegas basadas en la autoridad, fanatismo, superstición y a menudo, una gran dosis de egoísmo e hipocresía.

Si bien la vida eclesiástica abundaba por doquier, apenas quedaba rastro de aquella religión que enseña al ser humano lo que realmente es en su interior más profundo, aquello que lo conecta con la divinidad.

Durante muchos años busqué en vano esta comprensión. No pude hallarla en las costumbres eclesiásticas ni en las obras de los filósofos modernos. »




Los filósofos también lo decepcionaron.

« Kant y Schopenhauer me dejaron indiferente; para mí, fueron como un somnífero. Toda esa palabrería filosófica me causaba rechazo, y hoy sigo dando gracias a Dios por haberme librado de la actitud pretenciosa de los escritores de filosofía, protegiéndome así de enredar mi mente con especulaciones erróneas.

Nunca me interesaron el "imperativo categórico", las disquisiciones sobre la "afirmación o negación de la existencia" ni otras teorías similares, como tampoco la idea de un dios ajeno a este mundo e incognoscible. Nada de eso despertaba mi interés. »




La Biblia también lo desanimó.

« La forma en que supuestamente ocurrió la creación del mundo me resultaba tan indiferente como los relatos bíblicos sobre los asuntos familiares de los antiguos patriarcas. Incluso me irritaba la falta de carácter del patriarca Abraham, quien expulsó a Agar para quedarse con la anciana Sara. Ni siquiera el infortunio de Jonás —tragado por un gran pez — o el ridículo que hizo al profetizar la destrucción de Nínive lograron despertar mi simpatía. »




Hartmann buscaba respuestas a las preguntas esenciales.

« Las únicas cuestiones que realmente me importaban eran: « ¿Quién soy? ¿Por qué estoy en este mundo y qué es este mundo al que he llegado? ».

Intuía que cada ser humano debía encontrar la respuesta a estas preguntas dentro de sí mismo; sin embargo, para emprender esa búsqueda era necesario un guía, alguien que no se hallaba ni en las elucubraciones filosóficas ni en la interpretación literal de una religión externa y superficial, donde las fábulas y los cuentos de hadas se aceptan como verdades absolutas. »




Hartmann finalmente descubrió la Teosofía.

« Mientras mi desesperación estaba en su punto más alto por no encontrar respuestas, un número de la revista "The Theosophist" que es un diario editado por H.P. Blavatsky y publicado en la India, cayó en mis manos. Contenía un artículo que describía la constitución séptuple del hombre y los siete principios en el universo.

Fue entonces cuando tuve una revelación y me di cuenta de que había hallado la clave de lo que buscaba. Intenté convencerme de la veracidad de la enseñanza de los 'siete principios'. No necesitaba que nadie me demostrara que poseía un cuerpo físico —que para mí constituía una fuerza vital—; podía sentir que tenía un 'cuerpo de ensueño' (cuerpo astral), algo que se hizo evidente para mí a través del estudio de mi vida interior y de mis experiencias en los sueños.

Comencé a observar con objetividad el ámbito de mis instintos y pasiones internos, así como el mundo superior del pensamiento y las fuerzas que en él operan. Entonces comprendí que mi personalidad mortal no era, en realidad, mi verdadero «yo», sino tan solo un fenómeno materializado y transitorio generado por mi ser esencial —un ser totalmente distinto que en una existencia previa, había forjado su karma actual, o mejor dicho, había sentado por sí mismo las bases para ello.

¿Qué podría ser más natural que sentir el impulso de profundizar aún más en estos sublimes misterios, y al mismo tiempo comprender la naturaleza del mundo en su conjunto? ¿Y dónde encontrar una oportunidad mejor para ello que en Adyar, en la fuente misma, junto a la propia H.P. Blavatsky?

Es por eso que no podía imaginar mayor fortuna que conocer personalmente a Blavatsky, y a través de ella, entrar en contacto con los Adeptos.

Comprendía, no obstante, que no es necesario ir a la India en busca de los Mahatmas, pues todo ser humano puede entrar en contacto con grandes Espíritus si es capaz de elevarse hasta su esfera.

Mi propósito no era solo aprender en Adyar, sino también ser útil mediante una participación activa en el movimiento teosófico. ¿Qué podría haber hecho mejor que contribuir a difundir estas maravillosas enseñanzas —que aún hoy apuntan hacia la resolución del enigma del mundo— y propagar esa luz que todos anhelan en su corazón?

Todos los sufrimientos de la humanidad, como enseña Gautama Buda, surgen de la ignorancia del hombre respecto a su propia naturaleza humana superior. El ser humano no la reconoce porque no la busca, y no la busca porque solo sueña con dioses externos, desconociendo que la divinidad habita en su interior; una divinidad que puede despertar si se posee el conocimiento necesario y se cumplen las condiciones requeridas: la pureza del alma y el amor desinteresado.

Si las personas comprendieran esto y actuaran en consecuencia, serían libres y reinaría el cielo en este mundo —un mundo hoy dominado por el egoísmo y sus secuelas—, donde todos los intentos externos de reforma, al carecer de un verdadero conocimiento de la existencia humana, solo logran un efecto superficial y pasajero.


Tomé rápidamente la decisión de viajar a la India y dedicarme a la teosofía; sin embargo existían obstáculos externos para llevar ese plan a cabo. Tenía una consulta médica muy lucrativa, propiedades inmobiliarias en Alameda (California) y Albuquerque (Nuevo México), minas y viviendas en Colorado; además que me sentía fascinado por los ojos negros de una hermosa mujer española.

No obstante, decidí abandonarlo todo —sin dejar rastro— y partir hacia Adyar; pues, ¿qué sentido tenía toda esa "basura" si en la India podía hallar la solución al enigma del mundo?

No me interesaba mejorar ni convertir al mundo; lo que deseaba, ante todo, era aclarar quién soy realmente en esencia, por qué existo en este mundo y qué es, en realidad, este mundo de apariencias —en el cual yo mismo vivo como una apariencia más—.

A mi juicio, la Teosofía en su totalidad consiste en el conocimiento verdadero de estas tres cuestiones.

Hacía tiempo que me había quedado claro que los filósofos —cuyas conclusiones se basan en elementos que creen haber hallado tanteando a ciegas en la oscuridad— no pueden dar con la solución al enigma del mundo ni responder a las preguntas antes mencionadas.

Cada cual debe resolver por sí mismo el enigma de la esfinge; nadie puede hacerlo en su lugar, del mismo modo que nadie puede ver o escuchar espiritualmente por otro, ni alcanzar el autoconocimiento en su nombre.

Pero en la India esperaba recibir las instrucciones necesarias para llegar a ese autoconocimiento; esperaba entrar en contacto magnético con los elevados Maestros de la sabiduría y recibir la iluminación gracias a su influencia.

Pero, aparte de... además de los cinco órganos sensoriales corporales, existen otros órganos de percepción destinados a observar las realidades espirituales; y cuando estos sentidos se despiertan en una persona, el conocimiento que de ello resulta le resulta tan comprensible y preciso como el que proviene del mundo externo.

Quería que la luz de la verdad se revelara en mi interior antes de emprender la tarea de enseñarla y difundirla entre los demás. Estaba convencido de que en Adyar se podía aprender más en un año que en diez años en nuestras universidades, donde el conocimiento de los principios que constituyen al ser humano no trasciende su organismo físico; de modo que, por así decirlo, la ciencia académica solo se ocupa del "abrigo" que una persona lleva puesto, mientras que un verdadero teósofo conoce al ser humano en su totalidad y realidad.

Podría objetarse que una ciencia solo puede considerarse "exacta" si una persona dotada de razón y de cinco sentidos en buen estado puede examinar sus enseñanzas. Pero, más allá de los cinco órganos sensoriales corporales, existen otros órganos de percepción para observar las realidades espirituales; y cuando estos sentidos se despiertan en una persona, el conocimiento que de ello resulta, le resulta tan comprensible y preciso como el que proviene del mundo externo.


En la revista "The Theosophist" se escribió mucho sobre fenómenos ocultos —atribuidos a H.P. Blavatsky— que ocurrían en diversos lugares de los Estados Unidos, así como sobre curaciones magnéticas realizadas mediante la palabra de Olcott.

Estas cuestiones no me atraían, pues ya había presenciado lo suficiente de ello en Estados Unidos; de hecho, yo mismo había logrado realizar curaciones sin recurrir a medios visibles —lo cual me sorprendía incluso a mí más que a nadie—. Sin embargo, mi deseo era comprender las leyes que subyacen a tales fenómenos; para ello es indispensable conocer la constitución tanto del gran universo como del pequeño mundo que conforma al ser humano.

Estas doctrinas sobre la constitución séptuple del macrocosmos y el microcosmos son hoy bien conocidas, pero en aquel entonces, resultaban algo novedoso y las consideré una verdadera revelación. Y es que la doctrina de los siete principios encierra la clave para comprender los misterios más profundos de la naturaleza, tanto en sus aspectos visibles como invisibles.

Para la multitud que piensa de manera superficial, para los llamados "instruidos" y ciertos "eruditos", así como para la multitud irreflexiva, solo los fenómenos ocultos resultaban, naturalmente, de interés. En los periódicos se debatía si Blavatsky era una farsante o una médium, pero se pasaba por alto lo fundamental: la filosofía que ella difundía.

Esto me parecía tan absurdo como pretender criticar un libro discutiendo sobre la autenticidad del dorado de su cubierta, sin conocer siquiera el contenido de la obra, que es lo verdaderamente esencial.

En los dos años que traté con Blavatsky, no descubrí fraude alguno; en cambio, conocí a muchas personas que fascinadas por fenómenos espiritistas u ocultos, se vieron impulsadas a estudiar la filosofía oculta. No he encontrado a nadie que se arrepintiera de haber llegado a la luz a través de tales manifestaciones.

Ni Olcott, ni Blavatsky, ni ninguna otra persona constituyen la Teosofía, ni nadie la tiene bajo su custodia. El autoconocimiento de un individuo no depende de la conducta de otro; si una persona inmoral enseñara una verdad, esa verdad seguiría siendo lo que es.

Por otra parte, es bien sabido que ninguna gran verdad ha sido revelada en el mundo sin ser calumniada, ridiculizada, objeto de burlas, maltratada o incluso crucificada. En aquella época, también hubo mucho revuelo en torno al supuesto "desenmascaramiento" de médiums en los círculos espiritistas, lo cual solo sirvió para atraer la atención del público hacia tales asuntos.

En la mayoría de los casos, este "desenmascaramiento" no era más que el resultado de la ignorancia de quienes lo llevaban a cabo respecto a las leyes naturales en juego. Al fin y al cabo, el ser humano solo puede alcanzar el autoconocimiento aprendiendo a distinguir la verdad del error.

Por consiguiente, me mantuve totalmente libre de prejuicios ante estos fenómenos que si bien en aquel entonces causaban gran agitación y parecían sumamente importantes para ciertos eruditos, no tenían nada que ver con la Teosofía.

Fuesen reales o falsos, ya no me interesaban; mi único anhelo era beber de la fuente de la sabiduría, cuya guardiana era H.P. Blavatsky, y con su ayuda, penetrar más profundamente en los secretos de la naturaleza que aún hoy, permanecen ocultos para la mayoría de las personas.

Ningún sacrificio me parecía demasiado grande para lograr esto; ante mis ojos surgía la imagen de Gautama Buda, quien también renunció a sus riquezas y dejó a su amada Yasodhara para alcanzar la iluminación y redimir al mundo.

¿Qué tiene esto que ver con las mesas giratorias, los golpes de espíritus y las extravagancias astrales?

Sin embargo, es costumbre en ciertas personas "instruidas" ver solo lo no esencial y lo accidental en todas las cosas, careciendo de sentido o comprensión para lo verdaderamente esencial.

Es lo que le ocurrió a una sirvienta que fue al teatro por primera vez. Cuando su señora le preguntó por qué había regresado a casa tan pronto, ella respondió que le había gustado mucho el "cuadro" (o sea el telón), pero que luego lo levantaron y aparecieron dos personas discutiendo entre sí, y eso no le interesó en absoluto. »

(Extractos del artículo "Recuerdo de HPB" que se publicó en la revista Neue Lotusblüten, y de su Autobiografía publicada en la revista The Occult Review.)





Posteriormente Hartmann regresó a Europa y aunque mantuvo su interés por la Teosofía durante todo el resto de su vida, también se interesó por otras disciplinas ocultistas, y es así que hizo investigaciones sobre la Alquimia, Paracelso, los Rosacruces. También fue Masón y también efectuó investigaciones sobre espiritualidad y lo paranormal.

La búsqueda de Hartmann se asemeja a la búsqueda que muchos llevamos a cabo, y aunque él estuvo mucho tiempo derivando, en cierta manera tuvo suerte debido a que actualmente han surgido muchas enseñanzas pseudo-esotéricas y espirituales que confunden y hacen perder todavía más su tiempo y sus energías a los buscadores.








LOS ACONTECIMIENTOS QUE FRANZ HARTMANN TUVO CON BLAVATSKY



(Aquí les voy a compilar lo que el Doctor Franz Hartmann relató en sus escritos sobre las experiencias que él tuvo con Blavatsky.)



EL PRIMER ENCUENTRO DE HARTMANN CON BLAVATSKY

« Llegué a Adyar el 4 de diciembre de 1883 y fui recibido de la manera más amable por H.P. Blavatsky. La encontré sentada en un sillón frente a su escritorio, ocupada escribiendo.

La primera impresión que tuve de ella fue la de una dama afable, culta y sencilla, que poseía algo extraordinario. En cuanto a su aspecto, no era "esbelta como un abeto", pero tampoco esa masa informe y voluminosa de carne que describían ciertas personas —quienes, probablemente, jamás la vieron—.

No se asemejaba a una sacerdotisa de Isis proclamando el oráculo de Delfos, ni a una profetisa o hechicera; tenía una mirada ingeniosa y vestía de forma sencilla. No había en ella nada fantasioso, solemne o convencional; por el contrario, pronto se hizo patente su sentido del humor, así como la agudeza con la que respondía a mis preguntas, dando siempre en el clavo.

Además, durante mi primera visita pude comprobar que ella poseía facultades ocultas, pues respondió a algunos de mis pensamientos no expresados, tal como si yo los hubiera pronunciado en voz alta. »
(Neue Lotusblüten, mar-abr de 1912, p.91-106)






ALGUNAS DE LAS EXPERIENCIAS QUE HARTMANN TUVO CON BLAVATSKY EN ADYAR

« Ya en el primer día después de mi llegada a Adyar recibí a través de Madame Blavatsky una prueba inesperada e irrefutable de sus poderes. Fui a su habitación y la encontré escribiendo. Sin desear molestarla, me senté cerca de la ventana y pensé en una amiga mía que había muerto en Galveston hace unos años atrás, preguntándome qué había sido de ella.

Noté que Madame Blavatsky giró su papel y parecía jugar con su lápiz en un estado de distracción con una mirada lejana. Luego me entregó el papel, y éste contenía la respuesta a mi pregunta en la forma de un dibujo que representaba el cadáver de mi amiga extendido en el suelo y un elemental parado a su lado, observando el escape del alma astral, mientras el paso de su espíritu a las esferas superiores estaba indicado por un arcoíris.

Y evidencias similares de su poder oculto recibí a menudo. Algunas veces era por medio de la escritura directa producida por alguna entidad invisible. Y cartas enteras escritas de esa manera fueron encontradas en mi escritorio cerrado. Pero estos fenómenos no eran nada nuevo para mí, ya que los había visto a menudo en los Estados Unidos durante mi incursión en el espiritismo. Por lo que no los miré con sospecha de que se tratara de un engaño. Truco o no truco era lo mismo para mí, porque yo solo estaba interesado en el contenido de las cartas y no en la forma en que éstas fueron escritas y enviadas a mí.

Vi una gran cantidad de fenómenos ocultos que tuvieron lugar en su presencia. Pero lo más sorprendente de todos los fenómenos fue para mí el hecho de que ella pudo escribir artículos sobre temas ocultos para la revista The Theosophist y entregar sin ninguna preparación previa conferencias públicas que encontraron audiencias interesadas y apreciativas en la India y luego en los Estados Unidos, Alemania y Italia. Y esto a pesar de que ella nunca había hablado en público antes de llegar a la India.


Para un ocultista, capaz de ver "más allá del velo", su personalidad era extremadamente interesante. Para mí, ella siempre apareció como un gran espíritu, una sabia e iniciada que habitaba el cuerpo de un niño caprichoso adulto, muy amable en general, pero también a veces muy irascible, ambiciosa y de temperamento impetuoso, pero fácil de llevar y sin importarle para nada los convencionalismos de cualquier tipo.

En su aspecto superior, ella parecía estar en posesión de la más alta sabiduría oculta y de un conocimiento obtenido, no por la lectura de libros o por la racionalización, sino por la iluminación interior y la percepción directa de la verdad.

Ella parecía saberlo todo sin haber leído nunca nada, y como si todo el universo fuera para ella como un libro abierto. Además ella se mostraba tan hábil en el plano astral como en el plano físico. Sin embargo, ella no pretendía ser una experta en nada, sino solo un instrumento consciente de un poder inteligente superior a su propia personalidad.

Ella solía decir:

-          "Mi aprendizaje es de mi Maestro. Yo no soy más que un reflector de la luz luminosa de él."


Para mí, parece que este Maestro era su propio ser superior y que todos tienen una luz oculta dentro de su propia alma, pero no todos son conscientes de ello.

Se puede comparar a los hombres y a las mujeres con linternas en las que existe tal luz; pero en algunos es solo una chispa que aún no se ha descubierto, mientras que en otros la mecha arroja un brillo tenue, y en algunos otros casos da una luz brillante que brilla a través del cristal.

Y muchos de los que presumieron juzgar el carácter de Madame Blavatsky solo podían ver el brillo de la "linterna", pero estaban ciegos a la luz contenida en ella.

Así, Madame Blavatsky parecía ser dos o más personas diferentes que se manifestaban en un solo cuerpo, y no tengo dudas de que su ser interno real o permanente estaba en comunicación con otras inteligencias superiores existentes, y que así podían comunicar sus conocimientos a través de ella.

Estas Inteligencias o Maestros, ella afirmó que eran ciertos Adeptos que aún vivían en el Tíbet y poseían grandes poderes ocultos, como impresionar en las mentes a distancia con lo que ahora se llama "telepatía", o salir en sus formas astrales y materializarse, o utilizar a sus discípulos para la producción de fenómenos ocultos, etc.

Todas esas cosas, que hace algunos años parecían increíbles, ahora parecen bastante posibles gracias a las recientes investigaciones en las ciencias ocultas, las cuales han arrojado bastante luz sobre este tema. Y mi propia experiencia en esta línea me ha convencido de que tales Maestros existen.

Por ejemplo, he estado presente en ciertas ocasiones cuando el Maestro se le apareció a ella, y ella habló con él. Yo no podía verlo con los ojos, pero sentía su presencia, y su influencia impregnó todo mi ser y me llenó de una sensación de felicidad indescriptible que duró varios días. Y su poder despertó dentro de mí un estado superior de conciencia, y me hizo sentir en ocasiones como si esa consciencia fuera mía y yo mismo fuera el Maestro.


Se han escrito muchas tonterías sobre los fenómenos ocultos producidos por Madame Blavatsky, por parte de sus enemigos y por otros que les daban una importancia indebida. Ella no era un "médium espiritual" produciendo fenómenos bajo condiciones de prueba con el propósito de probar su realidad, ni recibió ningún dinero por ello.

Todos los fenómenos que presencié en su presencia fueron indudablemente genuinos, pero si es cierto que ocasionalmente se ayudaba de los espíritus quienes jugaban algún truco. Sin embargo no la criticaría demasiado severamente por eso, debido a que su único propósito era inducir a las personas a estudiar las leyes superiores de la vida, a elevarlas a una concepción más avanzada de la verdad eterna y enseñarles a pensar por ellas mismas.

Ella quería llamar la atención del mundo por todos los medios posibles a las enseñanzas superiores que le fueron dadas por los Maestros, y los fenómenos no eran para ella más que los dulces, con los cuales ella incitaba a las personas para querer aprender más sobre esos temas. Y también se puede afirmar que las acusaciones que le hicieron las personas ignorantes y no espirituales a menudo eran de un absurdo increíble y extremadamente egoístas.

Hubo uno que insistió en que ella debía contactar con los santos del Himalaya para que le aseguraran que su esposa diera a luz a un hijo, otro para que le consiguiera una cita de pago en una oficina del gobierno, otro quería encontrar un comprador para su casa, otro quería un buen lugar para abrir una tienda de venta de queso, etc. Y si tales "buscadores de la verdad" no recibían una respuesta favorable, pronto se convertirían en sus enemigos, pero ellos no tenían nada que ver con las enseñanzas de la sabiduría.

Por lo tanto, no es de sorprenderse que H.P. Blavatsky a veces se divirtiera burlándose de esos tontos. De hecho, su sentido del humor era muy bueno, y uno de sus lados objetables era que le encantaba hacer ese deporte incluso con sus mejores amigos. Y aunque ella, hasta donde yo sé, nunca había tomado lecciones de dibujo, a veces dibujaba caricaturas que no carecían de valor artístico y retratos fácilmente reconocibles.

Uno de ellos representa el examen para la iniciación de un miembro destacado de la Sociedad Teosófica. Evidentemente el candidato fue incapaz de responder las preguntas que el maestro KH le hizo, y miró con una mirada melancólica una botella de champán y una bailarina, como si fuera muy reacio a abandonar los placeres de esta vida.

Y con relación a la iniciación, Madame Blavatsky hizo un dibujo donde un elemental sostiene una vela, y a lo lejos está el Maestro M. y aún más lejos, ella, sentada sobre un elefante. »
(Autobiografía)








HARTMANN CONSTATÓ QUE EL MAESTRO MORYA SALVÓ MILAGROSAMENTE A BLAVATSKY

« Yo fui testigo de cómo Blavatsky se curó, de forma repentina e inesperada, de una grave enfermedad gracias a influencias ocultas.

Era marzo de 1885; ella yacía en cama aquejada de una enfermedad renal mortal. La señora Cooper Oakley y yo nos turnábamos para cuidarla día y noche. Los médicos de Madrás, tras una consulta, declararon que no le quedaban ni veinticuatro horas de vida.

Como Blavatsky deseaba que su cuerpo fuera incinerado, el señor Cooper Oakley se dirigió a Madrás esa misma tarde para obtener el permiso necesario. Sin embargo, a la mañana siguiente, Blavatsky estaba recuperada y poco después, partió conmigo hacia Nápoles.

Ella explicó este prodigioso suceso diciendo que el Maestro se le había aparecido durante la noche, dándole a elegir entre abandonar su cuerpo para siempre o conservarlo durante más tiempo para completar la obra que ella estaba escribiendo: "La Doctrina Secreta". Y según relató, ella optó por lo segundo. »
(Neue Lotusblüten, marzo-abril de 1912, 91-106)






HARTMANN ACOMPAÑÓ A BLAVATSKY CUANDO ELLA FUE EXILIADA A EUROPA Y LA SIGUIÓ VISITANDO

« Viví como huésped de H.P. Blavatsky en la sede de Adyar de 1883 a 1885. Fui con ella a Europa, me quedé con ella durante un tiempo en Toure del Greco, en Nápoles.

La vi después repetidamente en Wurzburg y Londres, y la vi lo suficiente como para estar convencido de que ella era la persona más extraordinaria que he visto en mi vida, y que ella estaba en posesión de poderes ocultos muy peculiares, como la lectura del pensamiento, la respuesta a preguntas, etc. »
(The Word, mayo de 1907, p. 72-73)



« Para evitar un asunto tan desagradable [el ataque de los misioneros y los Coulomb contra Blavatsky] se consideró prudente enviar a Blavatsky a Europa, y se me pidió que me hiciera cargo de ella. Por lo tanto, tomamos un pasaje a bordo del barco Tibre, y el 1 de abril de 1885, comencé con ella, un viaje hacia Nápoles acompañados por el Sr. Bavadjee y Miss Mary Flynn.

Durante nuestro viaje hubo una continuación de los fenómenos ocultos. Por ejemplo, con frecuencia por las mañanas se encontraban en su mesa montones de hojas con notas que hacían referencias a los escritos de H.P. Blavatsky sobre su obra La Doctrina Secreta que en ese momento ella estaba escribiendo. No puedo decir si ella misma los escribió en un estado de sonambulismo, o si esos papeles se los enviaron por medios ocultos desde el Tíbet.

El 23 de abril de 1885 llegamos a Nápoles donde un “guía” nos llevó a un hotel. Madame Blavatsky que no se sentía del todo bien, no quería subir muchas escaleras y pidió una habitación en la planta baja o en el primer piso. Ahí no había cuartos desocupados, pero el gerente dijo que él podía darnos dos habitaciones en el segundo piso por quince francos por día. Hicimos el trato y luego comenzamos a subir las escaleras.

Primero fue el "Parterre", luego vino el "Alto Parterre", luego fue el "Mezzanin", luego el "primer piso" y finalmente fue el "segundo piso", que en realidad resultó en la practica ser un quinto piso. Y cuando a la mañana siguiente fui a pagar la factura, descubrí que había olvidado hacer la estipulación de con "tutto compreso" (todo incluido), ya que nos cobraron no solo los quince francos por las habitaciones, sino también un precio extra por cada pieza de muebles contenidos en las habitaciones, de modo que la factura ascendía a ochenta y cinco francos, sin incluir la comida. Por supuesto, no había nada más que hacer, sino quejarse y pagar.

Inmediatamente salimos de Nápoles y encontramos habitaciones más hospitalarias en el Hotel Vesuvio en la Torre del Greco, donde permanecimos durante un mes. El temperamento de Madame Blavatsky durante ese tiempo no fue del más dulce; ella estaba continuamente irritada por las acusaciones sobre los escándalos que se le habían hecho contra ella, regañaba a los sirvientes y maltrataba a sus amigos o los alababa de acuerdo con su estado de humor cambiante.

El clima era frío, y ver los fuegos del Vesubio brillar a cierta distancia, que en ese momento estaba en erupción, mientras nosotros no teníamos estufas con que calentarnos, era algo provocador.

Después de algunas semanas, Madame Blavatsky se fue a Wurzburg y yo fui a Kempten (Baviera) para visitar a mis familiares y echar un vistazo al lugar donde pasé mi juventud. Busqué en vano a mis amigos y conocidos de antaño, pero solo encontré sus nombres en grandes números inscritos en las lápidas del cementerio.

Posteriormente visité a Madame Blavatsky varias veces en Wurzburg y en Londres. »
(Autobiografía)








LA LUCHA DE BLAVATSKY CONTRA LOS ESPIRITISTAS CONTADA POR FRANZ HARTMANN


(Aquí les voy a compilar lo que el esoterista Franz Hartmann escribió acerca de la lucha que Blavatsky libró contra los espiritistas.)



« Quienes aspiran a lo más elevado y lo mejor, conscientes de su poder divino inherente, no deben preocuparse por la opinión del mundo. H.P. Blavatsky tampoco lo hizo, y probablemente fue por esta razón que se difundieron los rumores más extraños sobre ella.

Ella se jactaba especialmente de la hostilidad de los espiritistas, pues no solo afirmaba que las teorías espiritistas eran falsas y que los fenómenos que los asombraban podían explicarse de otras maneras, sino que además demostraba sus afirmaciones realizando ella misma tales "milagros", gracias a su talento mediúmnico. Pero lo que ocurría de forma inconsciente y arbitraria con los “médiums” espiritistas, ocurría de forma arbitraria y consciente con ella.

Los fenómenos de HPB y los de los espiritistas diferían de forma similar a como los movimientos de una persona sana difieren de los de un epiléptico. HPB nunca organizó tales fenómenos a cambio de dinero y siempre se burló de quienes les daban una importancia desmedida, por lo que resulta absurdo que ciertas personas la acusen de ser una estafadora, sobre todo porque aún no se ha encontrado a nadie que haya sido engañado por ella.

Todo esto no impidió que HPB fuera denunciada como “espiritista” hasta el día de hoy, una acusación que ella siempre rechazó con indignación. Esto también atrajo el odio no solo de los espiritistas, sino también de aquellos que no encontraban otra explicación para tales cosas que el “engaño” y a quienes no se les podían explicar las leyes que rigen tales fenómenos porque carecían de la explicación misma, por falta del conocimiento previo necesario. »
(Sphinx, agosto de 1891, p.65-74)



« Dado que la filosofía de Blavatsky se basaba en un punto de vista más elevado que el del espiritismo moderno, muchos espiritistas se sintieron ofendidos por su advertencia —dirigida a ellos— de no interactuar con los habitantes del mundo astral.

E incluso ella declaraba que el contacto con las almas de los seres humanos fallecidos solo es posible si estos permanecen aún atados a la Tierra por sus pasiones; mientras que los espíritus más puros, alejados de la esfera terrestre y residentes en regiones superiores, ya no se ocupan de los asuntos mundanos de sus seres queridos en el plano terrestre, ni se interesan por ellos en mesas giratorias y cosas por el estilo.

Al respecto, Blavatsky escribió lo siguiente desde Estados Unidos:

« Cuanto más profundizo en esta cuna y semillero del espiritismo y la mediumnidad, más me doy cuenta de lo peligrosas que son estas prácticas para la humanidad. Los poetas hablan de una tenue separación entre los dos mundos; pero no existe tal separación. Las personas ciegas han imaginado tales obstáculos porque los órganos básicos del oído, la vista y el tacto no permiten a la mayoría percibir la diversidad de la existencia.

Además, la Madre Naturaleza ha hecho un excelente trabajo al dotarnos de estos sentidos básicos; porque de lo contrario, sería imposible crear una individualidad y personalidad humanas, ya que los difuntos se mezclarían constantemente con los vivos, y los vivos se asimilarían a los difuntos.

En definitiva, esto no sería tan malo si solo oyéramos hablar de “espíritus” semejantes a nosotros, es decir, rodeados de los restos semiespirituales de personas que murieron sin comprender la gran necesidad de partir. Entonces, tal vez podríamos resignarnos a lo inevitable.

Sin embargo, no podemos evitar identificarnos física y completamente inconscientemente con los muertos; absorbemos los átomos de lo que vivió antes que nosotros; y con cada respiración los inhalamos y exhalamos aquello que nutre a las criaturas sin forma, los elementales, que flotan en el aire esperando transformarse en seres vivos.

Este no es solo un proceso físico, sino también moral. Asimilamos a quienes nos precedieron; absorbemos gradualmente sus moléculas cerebrales e intercambiamos con ellos el aura mental de pensamientos, deseos y tendencias.

Este intercambio es común a toda la raza humana y a todo ser vivo. Es un proceso natural, un efecto de la ley de la armonía en la naturaleza. … Esto explica las similitudes físicas y también las morales.

Pero existe otra ley que se manifiesta periódica y esporádicamente. Se la puede llamar la ley de la asimilación artificial y forzada. Durante tales epidemias, el reino de los difuntos invade el mundo de los vivos, aunque afortunadamente estos seres están atados por los lazos de sus entornos anteriores, y por lo tanto cuando son invocados por médiums, no pueden traspasar los límites dentro de los cuales viven y trabajaron.

Y cuanto más se les abre la puerta y más se extiende la epidemia nigromántica, cuanto más trabajan al unísono los médiums y espiritistas para propagar el fluido magnético, más poder y vitalidad adquiere esta magia engañosa. »


Mientras que los espiritistas consideraban a Blavatsky una enemiga del espiritismo, los materialistas y clérigos la acusaban de ser espiritista. Lo cierto es que ella nunca negó la posibilidad de interactuar con las sombras de los difuntos, pero ha sostenido que la comunicación con los espíritus celestiales solo puede ser puramente espiritual, y que las manifestaciones espiritistas, tal como suelen ocurrir en las sesiones espiritistas, provienen principalmente de seres no humanos, pero en el mejor de los casos de espíritus que aún residen en el aura de la Tierra y están ligados a ella por sus inclinaciones.

Esto incluye, en particular, a quienes se suicidan y a quienes mueren violentamente de forma prematura, quienes llevan consigo sus pasiones al "más allá" y habitan las regiones más profundas del mundo astral (Kama-Loka), que son las zonas sutiles más cercanas al plano físico.

Una vez purificados, ascienden a regiones más elevadas, libres de la atracción terrenal. Entonces, sus mensajes cesan (9).

Pero en los fenómenos que ocurren durante las sesiones espiritistas, los difuntos a menudo no están involucrados; más bien, estos sucesos suelen deberse a la influencia de otros seres de diversa índole, que frecuentemente utilizan las larvas sin mente de los difuntos.

H.P. Blavatsky escribe al respecto:

« Es fácil ver que estos vestigios terrenales, irresistiblemente atraídos a la Tierra, no pueden seguir el alma y el espíritu (del difunto) que son los principios más elevados del ser humano.

A menudo he visto con repugnancia y horror cómo una sombra resucitada se desprendía del interior del médium, separándose de su cuerpo astral y apareciendo ahora con la máscara de un conocido fallecido de alguno de los presentes.

Entonces, el médium se regocijaba ante tal reencuentro, y la gente abría sus corazones y brazos a estas larvas, creyendo sinceramente ver en ellas a padres o hermanos amados que habían ascendido a la vida eterna y que ahora venían a celebrar un reencuentro.

¡Ojalá estos creyentes pudieran ver la verdad! Si, como yo la vi.

Vi a un monstruo horrendo y deforme [una entidad astral oscura] apoderarse de alguien de entre los presentes. Lo envuelve en una nube negra y desaparece lentamente en su interior, como si fuera absorbido por cada poro de su cuerpo. »


Tal mediumnidad no es más que posesión, y de los seres que poseen a los desafortunados médiums en tales ocasiones, Blavatsky dio algunas pocas descripciones edificantes.

Por ejemplo, ella contó sobre un verdugo en París que era clarividente, y cuando decapitó a un delincuente vio numerosas larvas humanas, incluyendo a sus propios parientes, abalanzarse sobre el cadáver y succionar con avidez las emanaciones de la sangre derramada, nutriéndose así de su vitalidad. La visión de estos vampiros llegó a ser, finalmente, tan insoportable que ese verdugo tuvo que renunciar a su cargo.

Uno puede hacerse una idea de la naturaleza espantosa de tales «formas de deseo» (kāma rūpas) y espectros —que en las sesiones espiritistas se hacen pasar por "seres queridos que han partido" o "espíritus celestiales"— si tiene la oportunidad de observar cómo animales dotados de clarividencia (caballos, perros, gatos, etc.) se horrorizan ante la presencia de tales figuras.

Estas entidades astrales suelen congregarse en mataderos, burdeles o lugares donde se ha cometido un asesinato; de hecho, las en casas encantadas, cuando estos animales quedan encerrados y no pueden escapar, llegan a morir de puro terror —un fenómeno que ha sido documentado en diversos casos dentro de la literatura espiritista.


Blavatsky siempre protestó enérgicamente ante la idea de ser considerada una médium espiritista, aunque admitió haberlo sido en años anteriores. »
(Neue Lotusblüten, may-jun 1912, p.153-168)