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LOS CICLOS PLANETARIOS DE LA EVOLUCIÓN DE LA HUMANIDAD EXPLICADOS POR ALFRED SINNETT

(El siguiente texto es la quinta y última parte del capítulo diez del libro "El Crecimiento del Alma" de Alfred Sinnett.)



En sus conjeturas sobre la duración de los períodos astronómicos, la ciencia moderna aún no ha recibido datos con los que proceder con seguridad, y su confianza en los datos que asume tiende a ser errónea.

Por lo tanto, todos los cálculos relativos al supuesto mantenimiento del calor del Sol mediante la contracción son completamente erróneos, y las predicciones actuales favorables sobre el momento en que ya no habrá espacio para que se contraiga, y en el que en consecuencia la familia planetaria que lo rodea morirá congelada, tarde o temprano serán consideradas por la ciencia del futuro como comparables a la teoría de la tortuga que sostiene el mundo.


Sin embargo me inclino poco a alentar la frivolidad de algunos ocultistas que hablan irrespetuosamente de la ciencia moderna, ya que nuestra información nos permite descubrir sus errores aquí y allá.

La ciencia del mundo occidental está a la vanguardia de la inteligencia humana, si exceptuamos la sabiduría del Adeptado. Sus logros hasta ahora han sido hermosos y gloriosos. Solo necesita ahora valerse de los maravillosos instrumentos de investigación que yacen medio ocultos en las profundidades de la facultad humana, y entonces llevará la exquisita disciplina de su pensamiento a regiones donde actualmente solo vagan unos pocos exploradores excepcionalmente dotados, sin la preparación necesaria para la labor que intentan realizar.

En tiempos no tan lejanos, los entusiastas esperaban que la reconciliación de la ciencia y la religión prometiera, cuando se lograra, un inmenso avance en la civilización general. Esa unión está en proceso de realización, y la religión, por así decirlo, ha dado su consentimiento a regañadientes. Pero el siguiente gran paso debe ser la reconciliación de la ciencia y el ocultismo. Eso también debe suceder, aunque quizás esta vez sea el mundo científico el que se muestre reticente a medida que el cambio se impone.

A la larga, esto no importará, y en ese largo plazo, el estado de los hechos abordados en este volumen será sin duda objeto de investigaciones en las que se involucrarán los futuros miembros de la Royal Society, aunque por el momento la maravillosa historia que he tenido que contar puede resultar incrédula incluso para algunos teósofos, a menos que tengan la intuición suficiente para estar seguros de que, considerando todo, no sería probable que la presentara sin la certeza de su exactitud suficiente para justificar su asociación con los muchos otros Fragmentos de la Verdad Oculta que he tenido el privilegio de exponer.


Los cambios que ocurren así de vez en cuando en la economía interior del sistema solar deben, por supuesto, producir efectos perturbadores en los movimientos de los planetas ya existentes en un período dado, cuando un planeta antiguo se desintegra o uno nuevo se solidifica, y probablemente tales perturbaciones desempeñan un papel en los procesos cíclicos que se desarrollan en los mundos activos de la época.

A veces ocurre que afirmaciones aisladas que surgen en las enseñanzas ocultas apuntan a eventos astronómicos que no podemos atribuir fácilmente a causas cósmicas visiblemente en funcionamiento. Es muy probable que sean promovidos por cambios que se producen en lo que podríamos llamar la configuración del sistema, a grandes intervalos.

Nunca le corresponderá a una sola generación de seres observadores en un planeta presenciar la evolución de un nuevo mundo o la destrucción de uno antiguo. Tales procesos son prolongados en comparación con la duración de la vida humana. Pero las crisis deben surgir en algún momento en el futuro cuando los habitantes de algunos planetas pueden ver nuevos mundos en formación o procesos en actividad que presagian la desintegración de algún planeta antiguo que ha cumplido su propósito.

Los siete grandes esquemas de la evolución planetaria se desarrollan de forma independiente, pero la ayuda es la ley de vida en todo el sistema, y ​​de esta manera, los diversos esquemas no quedan rígidamente excluidos de la posibilidad de recibir beneficios de los demás. En este sentido, basta con considerar un ejemplo de dicha intercomunicación, pero es importante comprenderlo correctamente si nos esforzamos por comprender nuestra propia historia evolutiva.

El esquema de Venus, como ya se mencionó, se encuentra en la séptima ronda de su quinto manvantara, mientras que nosotros, los de la cadena terrestre, nos encontramos actualmente en la cuarta ronda del cuarto manvantara.

(Nota de Cid: Los esquemas son una falsedad elaborada por Sinnett. Lo más probable es que la Tierra y Venus se encuentren en el mismo manvantara, pero no sabemos qué numeración es.)

Por lo tanto, la humanidad de la cadena de Venus ya se encontraba en niveles espirituales inmensamente superiores a los de nuestra humanidad cuando aún luchábamos en las primeras fases de nuestra evolución durante este período terrestre.

Así sucedió que algunos representantes del Adeptado de Venus, aprovechando las posibilidades relacionadas con planos espirituales inmensamente elevados, comunes a todo el sistema solar, se trasladaron a esta Tierra por un tiempo durante parte de la tercera y principios de la cuarta raza, y participaron en la enseñanza y guía de nuestra humanidad, relativamente incipiente.

Los lectores que se acerquen a estas concepciones por primera vez podrían preguntarse cómo una brecha tan grande en la escala de la evolución pudo separar a la humanidad primitiva de este período mundial de la que habita la Tierra hoy, incluyendo a maestros de sabiduría que ya han alcanzado alturas, al nivel, hasta donde podemos comprender, de aquellos de quienes descendieron nuestros maestros de Venus.

La explicación reside en este simple hecho: hasta que se alcanza el punto medio de cualquier manvantara, todo el proceso de evolución debe considerarse como un crecimiento descendente hacia las complejidades de la materialidad. Nadie, por muy maduro que estuviera individualmente para la evolución espiritual, podía comenzar a trascender a sus compañeros en un grado extraordinario hasta que se alcanzara el punto medio del manvantara.

Entonces tenía un camino claro ante sí: cualquiera con aptitudes extraordinarias, podía alcanzar en una serie relativamente breve de vidas, el desarrollo completo para el cual, en lo que respecta a la raza en general, la Naturaleza proporciona generosamente la segunda mitad del manvantara.

Antes de la mitad de nuestro manvantara —es decir, antes del período intermedio de la gran raza raíz que precedió a la nuestra— no había Adeptos pertenecientes a nuestra familia humana; por lo tanto, desde los inicios de la gran Atlántida, o cuarta raza raíz, la cadena terrestre dependía completamente de la ayuda externa para su guía espiritual más elevada.

Por lo tanto, el curso de la progresión humana a través de este período mundial —la historia de las grandes razas raíz— puede estudiarse mejor en libros teosóficos dedicados específicamente a la elucidación de ese magnífico progreso, pero el carácter general de dicho progreso debe ser tenido en cuenta por todos aquellos que deseen formarse una imagen mental del sistema completo al que pertenecemos, calculada para dar un significado inteligente al progreso individual.

Además, la comprensión de cómo ha sido y sigue siendo la evolución de la gran raza durante este período mundial se conectará de una manera singularmente interesante con la comprensión general de toda la estructura del sistema.


En el planeta Marte, donde la humanidad se encarnó por última vez antes del inicio del período mundial de la Tierra, la humanidad ya habitaba cuerpos físicos y estaba dotada de suficiente inteligencia humana para realizar obras de arquitectura e ingeniería bajo la guía de maestros pertenecientes a una evolución superior.

Al completar su ciclo en ese planeta, la humanidad comenzó su existencia en él, en condiciones que difícilmente pueden considerarse físicas. Los vehículos de su conciencia eran de materia etérea, insensibles al calor o al frío, aún no sujetos a las leyes de desperdicio y reposición, que operan en conexión con los organismos más compactos de nuestro tiempo.

La primera y la segunda gran raza raíz fueron de este orden. En el transcurso de la tercera, se logró la condensación del vehículo físico de la conciencia humana. En la cuarta raza raíz, el hombre era al principio considerablemente más corpulento que en la actualidad, ya estaba diseñado según el patrón físico que conocemos y dividido en dos sexos.

El curso de la evolución a través de las rondas anteriores se recapituló así en el transcurso del período mundial actual de una manera que guarda cierta analogía con esa curiosa recapitulación de la existencia física que tiene lugar actualmente en relación con el nacimiento de cada nueva criatura física, como bien saben los estudiantes de embriología.

Sin embargo, no debe suponerse que toda la familia humana de este esquema evolucionó durante la primera mitad del manvantara actual siguiendo exactamente el mismo plan. Nuestro último manvantara (el tercero o manvantara lunar, llamado así porque la luna actual era entonces el planeta físico de la cadena) no elevó a todas las entidades a niveles que corresponden a lo que hoy consideramos humanidad, pero sí ofreció cierto margen para el progreso individual, y por lo tanto dejó a la familia [humana], al finalizar, en diversos niveles de desarrollo.

Las diversas exigencias de la situación se atendieron de esta manera: las entidades más desarrolladas no encarnaron en las rondas anteriores del m manvantara actual. Estas rondas anteriores proporcionaron un campo de actividad apropiado en los niveles inferiores de existencia para las entidades menos desarrolladas, y mientras estas disfrutaban de una nueva oportunidad de lograr la evolución que no lograron realizar adecuadamente durante su último manvantara, las entidades altamente desarrolladas de ese manvantara atravesaban períodos de existencia espiritual a los que las de los niveles inferiores no tenían acceso.

Estos períodos espirituales ocuparon periodos correspondientes a tres rondas, de modo que, mientras las entidades subdesarrolladas del último manvantara, por así decirlo, llevaban al siguiente a una condición que les brindaría de nuevo la oportunidad de progresar más allá de lo posible en el último manvantara, al mismo tiempo lo hacían adecuado para la ocupación de sus hermanos mayores, quienes no solo habían alcanzado las máximas posibilidades del manvantara anterior, sino que habían pasado el tiempo correspondiente a las tres primeras rondas del siguiente, en condiciones de existencia que implicaban un progreso espiritual definido.

Así, solo al concluir los tres períodos espirituales, las entidades más avanzadas del último manvantara encarnaron en este. En el lenguaje técnico del estudio ocultista moderno, las entidades más avanzadas se denominan Pitris Lunares de primera clase. La frase es perfectamente comprensible y significativa si tenemos en cuenta que Pitri proviene de la misma raíz que Padre y simplemente significa antepasado.

Como planeta físico, la Luna no es ahora más que el cadáver del planeta que una vez albergó la poderosa oleada vital de la familia humana. Se ha reducido a proporciones relativamente pequeñas, pues no solo sus principios sutiles se han reencarnado en la Tierra, sino que gran parte de su materia física ha sido transferida al cuerpo de sus descendientes. El proceso mediante el cual se logró este resultado ya se ha descrito.

Así pues, los representantes más avanzados de toda la familia humana encarnaron en este manvantara en el período intermedio, es decir, durante el período actual de actividad del mundo, en una condición que representa el máximo desarrollo posible durante el manvantara lunar, además del progreso posterior alcanzado durante los tres períodos espirituales.

Así, las dos clases que han estado en encarnación durante las primeras rondas de este manvantara han tenido una oportunidad en este momento de elevarse a casi el mismo desarrollo de evolución, pero todavía están en la retaguardia de la clase delantera, la cual, a medida que todo el cuerpo continúa progresando, puede considerarse como todavía líder, y representa en nuestro propio tiempo a todos aquellos que son la flor de nuestra propia era, quienes son los exponentes de su capacidad intelectual más avanzada.

Y especialmente aquellos que en el momento más temprano posible en la vida del mundo muestran aptitudes para el progreso espiritual, y asimilan más fácilmente tales enseñanzas concernientes a los destinos superiores del hombre como están involucradas en las concepciones religiosas más nobles, especialmente en la filosofía oculta que une estas aspiraciones más elevadas con el conocimiento definido concerniente a los estados suprafísicos de la existencia.

No solo todos aquellos que emergen lo más pronto posible del grupito de la humanidad y, aprovechando al máximo la guía recibida de aquellos de una evolución superior, ascienden a las filas del Adeptado, sino también todos aquellos que son, en algún sentido, sus discípulos, además de todos aquellos cuyo desarrollo intelectual y moral los hará disponibles como discípulos ocultos en el transcurso de unas cuantas encarnaciones más, pueden considerarse pertenecientes a la clase denominada los primeros Pitris Lunares.

Esta afirmación no debe interpretarse como la imposibilidad de que las entidades pertenecientes a la segunda clase alcancen la exaltación espiritual, sino que, en la etapa actual de evolución, la gran mayoría de quienes ascienden a los niveles superiores pertenecen a la primera clase de Pitri.

A medida que la poderosa fuerza de la evolución asciende durante las sucesivas rondas del Manvantara, un gran número de los pertenecientes a la segunda clase alcanzarán gradualmente niveles de crecimiento espiritual, desde los cuales también serán capaces de tomar atajos hacia los niveles cumbre posibles en este manvantara. Sin embargo, la primera clase de los Pitris Lunares debería alcanzar estos niveles cumbre en períodos muy anteriores al final del manvantara. En ese período remoto en el futuro, será teóricamente posible que todos los miembros de la familia humana, cuya diferenciación en entidades específicas se logró durante el manvantara lunar, puedan alcanzar el nivel cumbre.

Solo aquellos para quienes este progreso sería prácticamente imposible en ese momento son aquellos que emergieron como entidades definidas del reino animal durante las primeras rondas de este Manvantara.

Las probabilidades son —y considerando la enorme cantidad de personas con las que tratamos, las probabilidades en este asunto son casi seguras, en toda el área considerada— que del total de entidades que constituyen la familia humana en este momento, incluyendo a quienes emergieron del reino animal durante la primera mitad del manvantara, así como a aquellos con ascendencia Pitri distintiva, tres quintas partes llegarán con cierto grado de avance adecuado a lo que he llamado los niveles cumbre del manvantara.

El destino de las dos quintas partes es profundamente interesante. La naturaleza no comete el terrible error que le atribuyen algunos credos eclesiásticos de condenar a la perdición permanente los fracasos de cualquier período evolutivo.

Las dos quintas partes ya no pueden seguir adelante con el esquema planetario al que pertenecen. No están cualificadas para entrar en las encarnaciones posteriores de ese período. Pero ¿qué les sucede?

Esto se comprenderá mejor si dirigimos nuestra atención por un momento a los fracasos del esquema planetario superior al nuestro, del cual Venus es el representante físico. La familia humana de ese esquema ha superado hace mucho tiempo el período en el que sus dos quintas partes no pudieron alcanzar las posibilidades más elevadas del esquema al que pertenecen.

¿Dónde se encuentran?

En una etapa temprana de nuestro pensamiento, muchos asumimos que, de alguna manera, comenzarían de nuevo en el siguiente manvantara de ese esquema. La naturaleza es mucho más científica en su funcionamiento, es decir, más claramente en armonía con el pensamiento inteligente, en cuanto a lo que debería suceder.

Los fracasos del manvantara de Venus se han fusionado hace mucho tiempo con la familia humana del siguiente esquema que gradualmente se acerca a la madurez: ¡el nuestro! Los fracasos de Venus se encuentran entre nosotros hoy en día, aunque, de hecho, fracasaron en una etapa de evolución tan avanzada que este mundo aún no ha alcanzado, que este apenas les ofrece encarnaciones con el avance suficiente para que se integren plenamente en nuestra propia familia.

De esta situación surge otro estado de cosas profundamente interesante.

Expresado de forma muy general en todos los libros anteriores sobre el tema, la marea de la humanidad durante cualquier recorrido de un planeta a otro es una vasta marea de vida que deja el planeta atrás en un estado de oscuridad relativamente inanimada. Esta visión interpreta con demasiada precipitación el método adoptado.

Es cierto que la gran mayoría de la familia humana a la que pertenecemos llegó desde el planeta Marte a esta Tierra en un período muy remoto de su actividad actual. Pero no es cierto que absolutamente todos fueran arrastrados con ella.

Un remanente bastante considerable de las entidades menos desarrolladas permaneció rezagado, y en gran medida aún permanece en el planeta Marte, del cual son los habitantes actuales. Son, francamente, la escoria de la familia humana. El interesante hecho descubierto por la astronomía moderna de que muestran maravillosas capacidades para la ingeniería hidráulica no contradice la verdad que acabo de declarar.

En algunos aspectos son más capaces; en otros, se quedan atrás del desarrollo moral de los habitantes de la Tierra hasta un punto que el lenguaje apenas permite definir. Mientras tanto, con el paso del tiempo, algunos de nosotros, obedeciendo a condiciones kármicas, demasiado intrincadas para describirlas minuciosamente ahora, hemos continuado como vanguardia de la humanidad hacia el siguiente planeta, Mercurio.

Allí, en verdad, llevan una vida muy hermosa y adelantada, tanto moralmente como en lo que respecta a nuestro propio conocimiento natural, en un grado muy notable. Y allí, la población residual de la cadena de Venus ha encontrado una encarnación apropiada.

De modo que la considerable población de Mercurio en la actualidad, en gran parte y en su gran mayoría, consiste en lo que hasta ahora he llamado los fracasos de Venus. Con toda probabilidad, seguirán representando, aunque no constituyendo exclusivamente, la vanguardia de nuestra humanidad. Una vez comprendida la idea, se verá susceptible de aplicación en todo el sistema solar.

El próximo planeta, tal como están las cosas ahora —pues el planeta que una vez ocupó la órbita del asteroide resultó ser un fracaso por razones que es imposible explicar ahora—, el próximo planeta en desarrollarse plenamente será Júpiter, actualmente, como podré demostrar más adelante, en una etapa temprana de su crecimiento y en un manvantara anterior al que se encuentra en progreso en nuestro caso actual.

De las tres quintas partes de Venus mencionadas anteriormente, aproximadamente la mitad habrá alcanzado el máximo progreso que este manvantara pretende lograr. Este progreso colocará a cada uno de estos seres en una posición que trasciende tanto las condiciones de la humanidad actual que, si los comparamos con la humanidad común, parecerán casi divinos en su conocimiento, poder y capacidad para el servicio cósmico.

Habrán alcanzado una apreciación plena y completa de todos los poderes, fuerzas y propósitos divinos de los que esta cadena de mundos ha sido escenario. Para ellos, toda la cadena de mundos, no solo en sus manifestaciones más materiales, sino también en todos sus aspectos astrales y espirituales, constituirá un campo de operaciones absolutamente familiar.

Actuarán con plena conciencia en los planos de la Naturaleza que abarcan todos estos mundos. Cada globo de la cadena les será tan accesible como las diferentes habitaciones de la casa en la que viven pueden serlo para un ser humano común y corriente. Su evolución moral, en correspondencia con el crecimiento de su conocimiento y poder, los habrá llevado a una perfecta armonía con todo el designio Divino, del cual el manvantara ha sido expresión.

Serán agentes conscientes e inteligentes, dedicados a la elaboración de este designio, y en cuanto a su propio progreso ulterior, seleccionarán, entre las diversas líneas de evolución ulterior que se les abren, aquellas que mejor les permitan conducir al completo cumplimiento de designios aún más elevados que aquel con el que nuestro manvantara está directamente relacionado.

Podrán, o bien continuar guiando y dirigiendo el progreso de los sucesivos manvantaras asociados con esta cadena de existencias, o bien partir hacia otras regiones de actividad cósmica, ya representativas, por así decirlo, del logro final al que esta cadena de manvantaras está subordinada, en conexión con procesos aún más vastos que yacen dentro de la inconmensurable economía de la Naturaleza.

Aquellos que, aun perteneciendo a las tres quintas partes, al final de este manvantara no han alcanzado la máxima perfección que cabe a sus posibilidades, pero que, sin embargo, la vislumbran, por así decirlo, serán la vanguardia de la vida humana en el próximo manvantara, quizás cuando este haya sido preparado para su recepción por las actividades anteriores de entidades menos avanzadas. En cuanto a la naturaleza del progreso que emprenderán entonces, no es necesario que, en esta etapa de nuestro desarrollo, intentemos una concepción definitiva.

Sin embargo, hay una idea que debe tenerse presente en relación con todos los intentos de comprender, por imperfectamente que sea, la colosal proporción y constitución de este sistema al que pertenecemos. No debemos pensar que los mundos del sistema existen total y exclusivamente para la evolución de la familia humana, en la que hasta ahora se ha centrado principalmente nuestra atención.

Así como el mundo que nos rodea es el escenario de muchísimas formas de vida física, destinadas quizás con el paso del tiempo a fusionarse, aunque por el momento en niveles muy diferentes, así también toda la cadena de mundos es el escenario de muchas evoluciones que, durante este manvantara, no están destinadas a fusionarse.

Mientras tanto, las concepciones toscas sobre el lugar de la humanidad en el cosmos tienden a hacer que las personas sean demasiado humildes y demasiado arrogantes respecto a su lugar en la Naturaleza.

La enseñanza convencional subestima por completo la dignidad y el esplendor de la altura a la que un ser humano puede ascender, y con frecuencia, con la misma ridícula confusión, concibe las enormes proporciones del cosmos, al considerar los intereses de la humanidad como algo así como la única preocupación de su Divinidad rectora.

Con este bosquejo muy general del sistema al que pertenecemos, será conveniente ahora pasar a una explicación de los métodos abiertos a nosotros para el ascenso a sus niveles cumbre en un período anterior al contemplado por el diseño del esquema como un todo, y cuando hayamos comprendido más exactamente las fases del logro espiritual que constituyen los pasos en el gran sendero que conduce al Adeptado más alto alcanzable, estaremos en una mejor posición para pronosticar con exactitud la estratificación final de la familia humana al final de este manvantara.






OBSERVACIÓN

Alfred Sinnett se basó en lo que enseña la Teosofía, pero a su explicación le añadió muchas mentiras (en particular que la humanidad terrestre anteriormente evolucionó en Marte y que en el futuro se desarrollará en Mercurio), y esas mentiras fueron producto de errores de su comprensión, de las sesiones espiritistas que Sinnett efectuó, y también de las mentiras que Charles Leadbeater le apoyó.











LAS DIFERENTES FORMAS QUE TOMAN LOS HUMANOS A LO LARGO DE SU EVOLUCIÓN PLANETARIA





La ciencia dice que los primeros humanos se asemejaban a unos simios que progresivamente fueron aumentando de tamaño y se fueron desarrollando hasta alcanzar la apariencia que conocemos actualmente de los humanos.


 

Los instructores teosóficos dicen que hay algo de cierto en esa aseveración, pero que solo corresponde a una muy pequeña porción de toda la historia oculta por la que ha pasado la humanidad.

La teosofía explica que el desarrollo terrestre se compone de siete inmensos periodos de tiempo conocidos como rondas. En las tres primeras rondas la Tierra se fue formando y consolidando, durante la cuarta ronda (que es la actual) la Tierra se asienta y se endurece, y durante las tres últimas rondas la materia que compone a la Tierra y los seres que la habitan se irán progresivamente espiritualizando hasta que terminen por trascender el plano físico y entonces existirán solamente en los planos sutiles, y en el plano físico solo quedará el "esqueleto planetario" que no se pudo sublimar.




La teosofía también explica que contrario a lo que la ciencia cree actualmente, la humanidad es un reino separado del reino animal y que los humanos han existido desde el inicio de la primera ronda, solo que en ese entonces eran como semillas, o sea que sus siete principios estaban en un estado de germen y había que desarrollarlos.






El maestro Kuthumi explicó que:

En la primera ronda los humanos eran seres sutiles nada inteligentes pero si muy puros como bebés recién nacidos. Y en cada una de las subsiguientes razas-raíces, sub-razas y razas menores por las que pasaron se fueron desarrollando en seres cada vez más formados aunque todavía etéreos. Y al igual que los animales y las plantas, los humanos en esa primera ronda desarrollaron cuerpos monstruosos en correspondencia con la tosquedad del ambiente, el cual también era etéreo.


 



En la segunda ronda los humanos todavía siguieron siendo gigantescos y etéreos, pero sus cuerpos se hicieron cada vez más firmes y condensados.






En la tercera ronda los humanos por fin adquirieron cuerpos concretos y compactos; en un inicio con la forma de simios gigantes y en la última mitad de esa tercera ronda su estatura gigantesca decreció y sus cuerpos mejoraron en textura y los humanos se fueron convirtiendo en seres cada vez más racionales, aunque seguían siendo más simios que hombres.






Es solo en la cuarta ronda en que los humanos fueron progresivamente tomando la apariencia como se les conoce actualmente y desarrollaron el intelecto.





Los maestros teosóficos no revelaron cómo va a ser la apariencia de los humanos en las siguientes rondas, solo indicaron que:

En la quinta ronda los humanos en general van a ser tan sabios como Platón.

En la sexta ronda van alcanzar la iluminación espiritual como Buda.

Y en la séptima ronda se van a volver humanos divinos, "hombres-dioses".


Por eso en esta imagen se los ilustré así aunque las apariencias no sean las correctas ya que la forma de los humanos seguramente seguirá cambiando.





Lo único que he descubierto sobre la apariencia que tendrán los humanos en el futuro es lo poco que reveló el maestro Pastor.

Él dijo que los humanos van a ser cada vez más transparentes.

Que en Venus (que actualmente se encuentra en la séptima ronda) los venucianos ya solo habitan en el plano mental de ese planeta, más algunas plantas y animales que todavía se encuentran en el plano astral de Venus (y podemos suponer que algo similar va a suceder en la Tierra cuando llegue a la séptima ronda).

Que en el plano mental la forma de los seres es de una esfera luminosa.

Y que los humanos cuando llegan a la séptima ronda pero se manifiestan en el plano físico se parecen a los ángeles debido a que se han convertido también en seres luminosos.



~ * ~


Este es solo un breve resumen de la poquísima información que he encontrado sobre este tema pero que les permite tener una visión general de las formas por las que va pasando la humanidad.


 





EXPLICACIÓN DE BLAVATSKY

Y después de haberles explicado esto, les será más fácil comprender lo que Blavatsky comentó en su obra "La Doctrina Secreta" cuando ella abordó este tema:


« La Hueste Monádica puede dividirse aproximadamente en tres grandes clases:

1) Las Mónadas que más se desarrollaron [en el ciclo planetario anterior que fue cuando la Luna estuvo "viva"] (son los "Dioses Lunares" llamados Pitris en la India), cuya función es recorrer en la primera Ronda el triple ciclo de los reinos mineral, vegetal y animal en sus formas más etéreas, sutiles y rudimentarias, para revestirse y asimilar la naturaleza de la cadena recién formada.

Son quienes primero alcanzan la forma humana (si es que puede existir alguna forma en el ámbito de lo casi subjetivo) en el Globo A durante la primera Ronda.

Son ellos por lo tanto quienes lideran y representan el elemento humano durante la segunda y tercera Rondas, y finalmente desarrollan sus sombras al comienzo de la Cuarta Ronda para la segunda clase, o aquellos que vienen después.

2) Aquellas Mónadas que sean las primeras en alcanzar la etapa humana durante las tres Rondas y media, y en convertirse en humanos.*

3) Los rezagados; o sea las Mónadas que están retrasadas y que no alcanzarán, debido a impedimentos kármicos, la etapa humana en absoluto durante este ciclo o Ronda, salvo una excepción de la que se hablará en otro lugar como ya se prometió.


(* Nota: nos vemos obligados a utilizar aquí la palabra "humanos", aunque esto es una clara prueba de lo poco adaptada que está cualquier lengua occidental para expresar estas sutiles distinciones.

Es lógico pensar que estos "humanos" no se parecían a los humanos de hoy, ni en forma ni en naturaleza. entonces se preguntarán: ¿Por qué llamarlos "humanos"?

La respuesta es porque no existe otro término en ninguna lengua occidental que transmita aproximadamente la idea que se pretende. La palabra "humanos" al menos indica que estos seres eran « manus », o sea entidades pensantes, aunque diferían de nosotros en forma e intelecto. Pero en realidad, en lo que respecta a la espiritualidad y el intelecto, eran más bien "seres divinos" que "humanos".)

_  _  _


Nuestra Tierra, como representante visible de sus invisibles planetas superiores, sus “señores” o “principios” [los seis globos sutiles que componen a la cadena planetaria terrestre], debe vivir, al igual que los demás, a través de siete ciclos [las siete rondas].

Durante los tres primeros, se forma y se consolida; durante el cuarto, se asienta y se endurece; durante los tres últimos, regresa gradualmente a su forma etérea original: se espiritualiza, por así decirlo.

La humanidad terrestre se desarrolla plenamente solo en la Cuarta Ronda — que es nuestra Ronda actual.

Hasta este cuarto Ciclo de Vida, se la denomina “humanidad” solo por falta de un término más apropiado. Como la larva que se convierte en crisálida y mariposa, los humanos, o más bien aquello que se convierte en humanos, pasan por todas las formas y reinos durante la primera Ronda y por todas las formas humanas durante las dos Rondas siguientes.

(Observación de Cid: ¡Atención!, esto no quiere decir que los humanos se van a desarrollar a través de los reinos inferiores: elementales, mineral, vegetal y animal, durante la primera ronda; sino que las mónadas humanas efectúan un repaso del desarrollo que ya efectuaron a través de esos reinos en los ciclos cósmicos anteriores.

Para darles una analogía, es como cuando los estudiantes de preparatoria hacen al inicio de su ciclo escolar, un repaso de lo que ellos estudiaron en primaria y secundaria.)


Llegado a nuestra Tierra al comienzo de la Cuarta Ronda en la serie actual de ciclos de vida y razas, el hombre es la primera forma que aparece en ella [pero a nivel sutil], siendo precedido solo por los reinos mineral y vegetal —incluso este último tiene que desarrollarse y continuar su evolución a través del hombre. Esto se explicará en el segundo volumen de la Doctrina Secreta.

Durante las tres Rondas venideras, la Humanidad, como el globo en el que vive, tenderán a retomar su forma primigenia, la de un Huésped Dhyan Chohanico. El hombre tiende a convertirse en un dios y luego — en Dios, como cada otro átomo en el Universo. »
(DS I, p. 174-175 y 159-160)












LA EVOLUCIÓN DE LOS HUMANOS Y LOS ANIMALES EXPLICADA POR WILLIAM JUDGE


(Este es el capítulo 15 del libro "El Océano de la Teosofía" de William Judge, añadí subtítulos para facilitar la lectura, y puse mis comentarios entre paréntesis.)




Entre la Ciencia y la Teosofía existe un amplio abismo, por el momento insalvable, sobre la cuestión del origen del hombre y la diferenciación de las especies.

Los maestros de religión en Occidente ofrecen sobre este tema una teoría, dogmáticamente respaldada por una supuesta revelación, tan imposible como la planteada por los científicos. Y sin embargo los expositores religiosos están más cerca de la verdad que la ciencia.

Bajo la superstición religiosa sobre Adán y Eva se oculta la verdad, y en los relatos de Caín, Set y Noé se ensombrece vagamente la verdadera historia de las demás razas humanas, siendo Adán tan solo el representante de una sola.

Quienes recibieron a Caín y le dieron esposa fueron algunas de esas razas humanas que surgieron simultáneamente con la encabezada por Adán.

(Los primeros personajes bíblicos no fueron personas reales sino que representan las primeras razas humanas que aparecieron en la Tierra.)


El origen último o comienzo del hombre no se ha descubierto, aunque podemos saber cuándo y de dónde vinieron los hombres de este globo.

El humano nunca ha dejado de existir. Si no en este globo, sí en otros, siempre ha existido y siempre existirá en algún lugar del cosmos. Siempre perfeccionándose y alcanzando la imagen del Hombre Celestial. Siempre está deviniendo.

(Los Maestros explicaron que el desarrollo que se ha estado produciendo en la Tierra, también se ha producido en el pasado y se producirá en el futuro en otros planetas, porque forma parte de la evolución de la conciencia.)





La evolución del hombre en la Tierra

Pero como la mente humana no puede remontarse a ningún principio, comenzaremos con este globo.

Sobre esta tierra y sobre toda la cadena de globos de la que forma parte, siete razas de hombres aparecieron simultáneamente, provenientes de otros globos de una cadena más antigua.

(La primera vez que leí esto me dejó muy desconcertado porque me parecía descabellado que aparecieran "mágicamente" siete razas en la Tierra, pero posteriormente descubrí que esas primeras razas eran sutiles, o sea que todavía no disponían de cuerpos físicos, lo cual lo vuelve mucho más factible.

Y no deben de confundir estas siete razas primogénitas con «las siete razas raíz», sino que estas siete primeras razas se desarrollaron en la primera raza raíz, que en realidad no es una raza sino una duración de tiempo.)


Y con respecto a esta tierra —la cuarta de esta cadena—, estas siete razas surgieron simultáneamente de otro globo de esta cadena.

(Más específicamente esas siete razas provinieron del globo C después de haber terminado su desarrollo en ese globo y haber pasado por un periodo de reposo en el Nirvana antes de aparecer en el globo D que es la Tierra; todo esto lo explico en la sección "rondas, cadenas y globos". )


Esta aparición conjunta de siete razas ocurre en la primera y en parte de la segunda ronda de globos.

En la segunda ronda, las siete masas de seres se fusionan, y su destino posterior es diferenciarse lentamente durante las rondas subsiguientes hasta que en la séptima ronda, las siete primeras grandes razas volverán a ser distintas; tipos tan perfectos de la raza humana como lo permita este período de evolución.

Actualmente, las siete razas están mezcladas, y representantes de todas ellas se encuentran en las numerosas razas humanas clasificadas por nuestra ciencia actual.

El objetivo de esta fusión y subsiguiente diferenciación es brindar a cada raza el beneficio del progreso y el poder del conjunto, derivado del progreso previo en otros planetas y sistemas. Pues la Naturaleza nunca obra de forma apresurada ni indebida, sino que mediante el método seguro de mezcla, precipitación y separación, logra la mayor perfección.

Este método era conocido por los alquimistas, aunque ni siquiera ellos lo comprendían plenamente en todos sus aspectos.

Por lo tanto, el hombre no surgió de una sola pareja. Y tampoco provino de ninguna tribu o familia de monos.

Es inútil buscar la solución ni en la religión ni en la ciencia, pues la ciencia se confunde al admitirlo, y la religión se ve envuelta en una revelación que en sus libros, contradice la teoría planteada por el sacerdote.





El origen del hombre en la Tierra

Adán es llamado el primer hombre, pero el registro donde se encuentra la historia muestra que otras razas humanas debieron haber existido en la Tierra antes de que Caín fundara una ciudad.

La Biblia entonces no respalda la teoría de la pareja única. Si tomamos una de las hipótesis de la ciencia y admitimos por un momento que el hombre y el mono se diferenciaron de un solo ancestro, entonces debemos decidir de dónde provino el primer ancestro.

El primer postulado de la Logia [de los Maestros] sobre este tema es que siete razas de hombres aparecieron simultáneamente en la tierra, y la primera suposición negativa es que el hombre no surgió de una sola pareja ni del reino animal.

Las variedades de carácter y capacidad que aparecen posteriormente en la historia del hombre son el resultado de las variaciones inducidas en los egos durante largos períodos anteriores de evolución en otras cadenas de globos.

Estas variaciones fueron tan profundamente impactadas que equivalieron a características inherentes. Para las razas de este globo, el período previo de evolución transcurrió en la cadena de globos de la cual nuestra luna es el representante visible.





Explicación teosófica de los antropoides

La candente cuestión de los simios antropoides en relación con el hombre ha sido zanjada por los Maestros de Sabiduría, quienes afirman que en lugar de ser nuestros progenitores, fueron producidos por el propio hombre.

En uno de los primeros períodos del globo, los hombres de aquella época engendraron a partir de grandes hembras del reino animal, los antropoides, y en cuerpos antropoides se plasmó cierto número de egos destinados a ser hombres.

El resto de los descendientes de los verdaderos antropoides son los descendientes de aquellos hijos ilegítimos de los hombres, y morirán gradualmente, al incorporar sus egos a cuerpos humanos.

Esos cuerpos mitad simios y mitad humanos no pudieron ser animados por egos estrictamente animales, y por ello se les conoce en la Doctrina Secreta como la «Raza Retrasada», la única que no está incluida en el decreto de la Naturaleza de que no más egos de los reinos inferiores llegarán al reino humano hasta el siguiente Manvantara [periodo de actividad].

Pero para todos los reinos inferiores al hombre, excepto los antropoides, la puerta está cerrada para entrar en la etapa humana, y los egos en las formas subordinadas deben esperar su turno en el gran ciclo subsiguiente.

Y como los egos retrasados ​​de la familia antropoide emergerán a la etapa humana más adelante, serán recompensados ​​por la larga espera en esa raza degradada.

Todos los demás monos son productos de la manera habitual de los procesos evolutivos.

Sobre este tema no puedo hacer nada mejor que citar las palabras de uno de esos Maestros de Sabiduría, dando la antropología esotérica de los volúmenes secretos, así:

« El parecido anatómico entre el Hombre y el Simio superior, tan frecuentemente citado por los darwinistas como indicio de un ancestro común a ambos, presenta un problema interesante, cuya solución adecuada debe buscarse en la explicación esotérica de la génesis de los linajes pitecoides.

La hemos presentado hasta donde ha sido útil, afirmando que la bestialidad de las razas primigenias sin mente resultó en la producción de enormes monstruos de aspecto humano: descendientes de progenitores humanos y animales.

Con el paso del tiempo, y la consolidación de las formas aún semiastrales en las físicas, los descendientes de estas criaturas fueron modificados por las condiciones externas, hasta que la raza, menguando en tamaño, culminó en los simios inferiores del Mioceno.

Con estos, los atlantes posteriores repitieron el pecado de los "sin mente", pero esta vez con plena responsabilidad. Los resultados de su crimen fueron la especie de simios que ahora conocemos como Antropoides.
. . .
Recordemos a este respecto que la enseñanza esotérica nos dice que el Hombre tuvo en la Tercera Ronda una forma gigantesca similar a la de un simio en el plano astral. Y de manera similar al final de la Tercera Raza en esta Ronda.

Esto explica los rasgos humanos de los simios, especialmente de los Antropoides posteriores, además de que estos últimos conservaron por herencia un parecido con sus antepasados ​​atlanto-lemúricos. »


Los mismos maestros afirman además que los tipos mamíferos se produjeron en la cuarta ronda, tras la aparición de los tipos humanos. Por esta razón no existía ninguna barrera contra la fertilidad, pues los tipos raíz de esos mamíferos no estaban lo suficientemente alejados como para levantar la barrera natural.

La unión antinatural en la tercera raza [los lemurianos], cuando el hombre aún no había recibido la luz de Manas [la mente] no fue un crimen contra la Naturaleza, ya que al no existir mente alguna salvo en el germen más primitivo, no podía atribuirse ninguna responsabilidad.

Pero en la cuarta ronda, estando ya presente la luz de Manas, entonces la renovación de ese acto por la nueva raza [los atlantes] fue un crimen, porque se realizó con pleno conocimiento de las consecuencias y en contra de la advertencia de la conciencia.

El efecto kármico de esto, que incluye a todas las razas, aún no se ha sentido ni comprendido plenamente, en una época mucho más tardía.

(Este asunto lo esclareceré posteriormente en otro artículo.)





La aparición de las especies en la Tierra

Así como el hombre llegó a este globo desde otro planeta, aunque por supuesto en ese entonces era un ser de gran poder antes de estar completamente inmerso en la materia, así también los reinos inferiores llegaron en germen y tipo desde otros planetas, y continúan su evolución paso a paso con la ayuda del hombre, quien, en todos los períodos de manifestación, está a la cabeza de la ola de vida.

(La manera como lo dice William Judge puede confundir y hacer creer que extraterrestres humanoides llegaron a la Tierra para poblarla, lo cual es incorrecto; y en realidad los humanos provinieron de otro globo de la cadena terrestre.

Pero no imaginen a humanos físicos como nos vemos actualmente, sino que las chispas divinas que se habían desarrollado en planos de existencia sutiles mucho más superiores, ahora lo iban a hacer en planos de existencia más densos: el plano físico, el plano astral el plano mental, etc.

Y lo mismo les sucedió a los otros reinos de la creación: animal, vegetal, mineral y elementales.)





El futuro del reino animal

Los egos de estos reinos inferiores no pudieron completar su evolución en la cadena de globos anterior antes de su disolución, y al llegar a ella, avanzan era tras era, acercándose gradualmente a la etapa humana.

Un día, ellos también se convertirán en humanos y actuarán como vanguardia y guía para otros reinos inferiores de este u otros globos.

Y al llegar desde el planeta anterior, siempre se traen, junto con la primera y más alta clase de seres, algunas formas de vida animal, algunas frutas y otros productos, como modelos o tipos para su uso aquí

(Los seres que actualmente se están desarrollado en el reino animal, en el próximo ciclo cósmico planetario se van a desarrollar en el reino humano.) 





La evolución de las especies

No será útil profundizar en esto aquí con detalle, pues al estar demasiado adelantado a su tiempo, solo provocaría burla por parte de algunos y estupidez por parte de otros. Pero una vez presentadas las formas generales de los diversos reinos, tenemos que considerar a continuación cómo empezó y se llevó a cabo la diferenciación de los animales y otras especies inferiores.

Este es el punto donde la ayuda inteligente y la interferencia de una mente o de un grupo de mentes son absolutamente necesarias. Dicha ayuda e interferencia fue y es un hecho, pues la Naturaleza, sin ayuda, no puede realizar el trabajo correctamente.

Pero no quiero decir que Dios o un ángel interfieran y ayuden. Es el Hombre quien lo hace. No el hombre de hoy, débil e ignorante como es, sino grandes almas, hombres elevados y santos de inmenso poder, conocimiento y sabiduría.

Tal como todo hombre sabría ahora que podría llegar a ser, si no fuera porque la religión, por un lado, y la ciencia, por otro, han pintado tal imagen de nuestra debilidad, maldad inherente y origen puramente material, que casi todos los hombres se creen marionetas de Dios o de un destino cruel sin esperanza, o permanecen con un objetivo degradante y egoísta en mente, tanto aquí como en el más allá.

Se les han dado diversos nombres a estos seres ahora retirados de nuestro plano. Son los Dhyanis , los Creadores, los Guías, los Grandes Espíritus, y así sucesivamente con muchos títulos. En la literatura teosófica se les llama Dhyanis.

(La teosofía explica que si bien las condiciones influyen en el desarrollo de los diferentes reinos de la naturaleza, las especies no evolucionan por puro azar como lo aseveran los darwinistas ortodoxos, sino que una parte de la jerarquía divina se ocupa de guiar esa evolución.) 


Ellos mediante métodos conocidos por ellos mismos y por la Gran Logia, trabajan sobre las formas así traídas, y añadiendo aquí, quitando allá, y a menudo alterándolas, transforman gradualmente, mediante dicha alteración y adición, los reinos de la naturaleza, así como el cuerpo denso del hombre, que se va formando gradualmente.

Este proceso se lleva a cabo principalmente en el período puramente astral que precede a la etapa física densa, ya que los impulsos así dados se mantendrán sin duda en los tiempos subsiguientes.

Al alcanzar la mitad de la evolución, las especies emergen a la etapa actual, sin mostrar conexión con la visión humana ni con nuestros instrumentos.

Las investigaciones actuales han rastreado ciertas especies hasta un punto en el que, como se confiesa, se desconoce su origen.

Por ejemplo, tomando bueyes por un lado y caballos por el otro, vemos que ambos tienen pezuñas, pero uno tiene una pezuña hendida y el otro solo un dedo. Esto nos lleva, al llegar al ancestro más antiguo de cada uno, al punto medio, y allí la ciencia debe detenerse.

En este punto la sabiduría de los Maestros entra para mostrar que detrás de esto está la región astral de la evolución antigua, donde estaban los tipos raíces en los que los Dhyanis comenzaron la evolución por alteración y adición que dio como resultado la diferenciación posterior en este plano burdo en las diversas familias, especies y géneros.

(Muchos de los eslabones que los científicos no encuentran en el desarrollo de las especies se debe porque esos cambios se efectuaron en el astral.)


Un vasto período de tiempo, aproximadamente 300'000'000 de años, transcurrió entre la Tierra, el hombre y todos los reinos de la naturaleza en una etapa astral. En ese entonces no existía la materia física tal como la conocemos ahora.

Esto ocurrió en las primeras rondas, cuando la Naturaleza avanzaba lentamente en el trabajo de perfeccionar los tipos en el plano astral, que es materia, aunque de textura muy fina.

Al final de ese período comenzó el proceso de endurecimiento, siendo la forma del hombre la primera en solidificarse, y luego algunos de los prototipos astrales de las rondas anteriores participaron en la solidificación, aunque en realidad pertenecían a un período anterior en el que todo era astral.

Cuando se descubrieron esos fósiles, se argumentó que debían ser de criaturas que coexistieron con el cuerpo físico bruto del hombre.

(Aquí pienso que William Judge se equivocó porque el maestro Kuthumi reveló que el humano fue el último en manifestarse físicamente en la Tierra, y las transformaciones en el astral se han seguido sucediendo a lo largo de las rondas.)


Si bien este argumento es válido bajo otras teorías científicas, se convierte en una simple suposición si se admite la existencia del período astral.

Quedaría fuera del alcance de este trabajo profundizar en los detalles, sin embargo cabe mencionar incidentalmente que ni la abeja ni el trigo pudieron haber tenido su diferenciación original en esta cadena de globos, sino que debieron haber sido producidos y terminados en algún otro lugar desde el cual fueron traídos a este. Por el momento, dejo a la conjetura la razón de esto.

A toda esta teoría se puede objetar que la ciencia no ha podido encontrar los eslabones perdidos entre los tipos fundamentales del período astral y los fósiles o especies vivas actuales.

En 1893, en Moscú, el profesor Virchow afirmó en una conferencia que el eslabón perdido estaba tan lejos como siempre, tan solo un sueño, y que no existían pruebas reales que demostraran que el hombre provenía de los animales.

Esto es totalmente cierto, y la ciencia no descubrirá ninguno de estos eslabones perdidos con sus métodos actuales, pues todos existen en el plano astral y por consiguiente son invisibles al ojo físico.

Solo pueden ser percibidos por los sentidos astrales internos, que primero deben ser entrenados para realizar su trabajo correctamente, y hasta que la ciencia no admita la existencia de los sentidos astrales e internos, no intentará desarrollarlos.

Por lo tanto, la ciencia siempre carecerá de los instrumentos para descubrir los eslabones astrales que quedan en el plano astral en el largo proceso de diferenciación.


Los fósiles de los que hablamos más arriba, que fueron, por así decirlo, solidificados fuera de fecha, constituyen una excepción a la imposibilidad de encontrar eslabones perdidos, pero son callejones sin salida para la ciencia porque no admite ninguno de los hechos necesarios.

El objeto de toda esta diferenciación, amalgama y separación está bien expresado por otro de los Maestros, así:

« La Naturaleza prefiere conscientemente que la materia sea indestructible bajo formas orgánicas en lugar de inorgánicas, y trabaja lenta pero incesantemente hacia la realización de este objetivo: la evolución de la vida consciente a partir de material inerte. »


(Lo que yo constato es que la Naturaleza trabaja para que la materia inerte primero se vuelva orgánica, después emocional, después mental, después espiritual y finalmente divina.)






NOTA

Constato que este capítulo es algo difícil de comprender para los neófitos en teosofía, por lo que les recomiendo que no se desmoralicen y mejor lo estudien cuando ya estén más familiarizados con la enseñanza teosófica.