Sobre este tema, el
Maestro Pastor dijo lo siguiente:
« Cuando miramos la vida de un humano, nos damos cuenta
de que él es solamente consciente de su cuerpo y de algunas emociones, y preciso
solo de algunas emociones porque por ejemplo, para tomar conciencia de las
grandes emociones místicas que hay en su corazón, él debe prepararse para
ponerse en un estado particular, usando las oraciones, el incienso o la meditación.
Y es solo a través de ese proceso que
el humano puede darse cuenta de una emoción superior que podemos identificar como
un sentimiento espiritual, pero que sin embargo eso sigue siendo solo una
emoción, y esa es una emoción que muchos hombres ni siquiera conocen.
Entonces, consideren que si el mundo
de las emociones aún no es está bien conocido,
¡Imaginen todo
lo que les queda por conocer a los humanos!
Cuando los humanos conozcan bien ese
sentimiento espiritual, es decir el sentimiento de paz y el sentimiento de ser
una conciencia encarnada, o sea de ser ante todo un espíritu dentro de un
cuerpo, y no solamente de pensar ser Pablo, o Juan, o María, sino cuando el ser
humano verdaderamente tendrá la sensación y la convicción interna de ser una
entidad de luz dentro de un cuerpo físico, lo que por cierto le dará emociones
mucho más refinadas y que en ese momento serán emociones que serán totalmente
naturales, mientras que hoy en día se las llama emociones místicas o
religiosas.
Pues bien, cuando el ser humano
adquiera ese nivel, entonces podrá trabajar de forma activa, individual y
autónoma con su cuerpo astral. Y entonces se va a liberar de muchas enfermedades. No porque
la medicina haya evolucionado, sino porque el humano habiéndose liberado de ese
velo que le impedía ver más allá de la materia, y habiéndose por consiguiente hecho
consciente del plano astral, él podrá trabajar él mismo en ese plano astral.
Es como hoy, si ustedes se lastiman
en algún lugar del cuerpo, debido a que ven y a que sienten vuestro cuerpo
físico, ustedes tienen la posibilidad de curarlo ustedes mismos, y puede por ejemplo
poner un desinfectante y una venda en esa herida.
Pues bien existe ese mismo tipo de
lesión en el cuerpo astral, y sin embargo el hombre no puede curarse porque no
las ve. Y
estas no son lesiones graves, no son más graves de hecho que las abrasiones que
se pueden hacer en el cuerpo físico.
Pero es necesario saber que al igual
que como sucede con el cuerpo físico, un rasguño que se hace en el cuerpo
astral va a experimentar cierta supuración, y si esta supuración no se atiende,
puede convertirse en un absceso, y si este absceso no se atiende, puede convertirse
en algo peor.
Así es que ya ven, de la misma
manera como sucede en el cuerpo físico, también sucede en el cuerpo astral, y
una emoción que afecta a un ser humano y que no se atiende, se acumulará con
otra emoción del mismo estilo, y entonces estas dos emociones se emparejarán y
se acumularán con otra emoción que se les parezca, y así sucesivamente.
Y al principio, lo que solo era un
rasguño emocional (pero como este rasguño no se atendió) este actuará
exactamente como una supuración que se va agravando e infectando. Lo que provoca que en solo quince
años de existencia, nos encontremos con un joven que no podrá liberarse de
todas esas abrasiones emocionales que solo por medio de una gran crisis que lo
llevará a rebelarse contra sus padres y contra la sociedad en general.
Y es que deben de saber que lo que
ustedes llaman “la crisis de la adolescencia” no es algo que tenga a fuerza que
suceder. No, no lo es en absoluto.
Simplemente hay válvulas de
seguridad, tanto a nivel psicológico como a nivel del cuerpo astral. Y estas válvulas de seguridad operan
de acuerdo a ciertos ciclos.
Cuando el niño llega aproximadamente
a los catorce o quince años, tendrá una mayor oportunidad de madurez, y por
consiguiente tendrá que aprender mucho en esos años y su discernimiento tendrá
que entrenarse. Pero
toda esta enseñanza el joven no la puede cultivar e integrarla a menos que se
libere de toda esa serie de abrasiones que ha ido acumulando. Y eso es lo que
desencadena automáticamente su reacción de rebeldía, de ira, o de no
asimilación a la familia o a la sociedad.
Y aunque es un comportamiento molesto,
es un proceso útil porque es exactamente como cuando la persona se libera de las
toxinas que tiene acumuladas dentro del cuerpo.
Por lo tanto, siempre que haya una
acumulación de conflictos a nivel afectivo, automáticamente habrá una crisis en
un ciclo muy preciso. Y dependiendo del carácter del adolescente, esto puede desencadenar
en un movimiento de anarquía o de rebelión.
Pero si esa no es la nota
fundamental de su carácter, entonces ese humano sufrirá de algún otro tipo de crisis.
Y es así también que cuando el
hombre llega a los cuarenta años tendrá más fácilmente una nueva crisis, porque
es en ese momento que los asuntos sentimentales del hombre maduro brotan antes
de pasar al siguiente ciclo. Mientras que es a los catorce o a los quince años que se
resuelven los problemas emocionales del niño.
Y esto hace que uno se dé cuenta de
que el hombre está perfectamente regulado para que durante su vida tenga
oportunidades para purificarse, tanto en su psicología, como en su cuerpo
físico, como en su cuerpo astral, como en su cuerpo energético, ya que él
entrará en ciertas edades en una fase de purificación.
Y desafortunadamente la gente que
rodea al individuo, estas personas no lo entenderán debido a que considerarán que
es un momento de inestabilidad. Porque es cierto que es bastante difícil lidiar con una
persona que se está limpiando de todas esas abrasiones emocionales. Y sin embargo es para su bien así es
que debemos de ayudarlo.
Además que esta es la oportunidad de
hablar con la persona, es la oportunidad de hacerla comprender sus
sentimientos, sus rechazos, su ira, su dolor, etc.
Así que también es el momento para
que toda su familia o sus amigos hagan un balance juntos, porque a menudo si un
individuo sufre de un momento de crisis es porque también los otros en mayor o
menor medida, o de alguna manera, lo han empujado hacia esa situación.
Cada uno es más o menos responsable
de las abrasiones que uno hace a los demás y por consiguiente uno debe también ayudar
a los otros a sanar. Lo
que permitirá a los humanos por medio de una ayuda reciproca, tener
perfectamente la posibilidad de liberarse mutuamente de lo que los abruma.
Pero aquí es donde los humanos no
solo ignoran de este ciclo natural de liberación de los conflictos, recuerdos y
trastornos que afectan a las personas y el cual se efectúa en ciertas edades,
sino que además como es un momento incómodo, ellos hace todo lo posible para
silenciarlo y reprimirlo.
La sociedad actual está constituida
de tal manera que busca constantemente sofocar lo que está mal, ocultar lo que
está mal, ya sea a nivel económico, o a nivel individual, o a nivel emocional,
a cualquier otro nivel. Y
eso es algo que tendrá que cambiar en el futuro para que los hombres puedan desarrollarse
verdaderamente en libertad sin ser agobiados por los demás y la sociedad. »
(Conferencia
del 11.06.90)



