LOS PODERES QUE TENÍA BLAVATSKY ATESTIGUADOS POR WILLIAM JUDGE

 
William Judge fue el principal colaborador de Blavatsky y él atestiguó los siguientes fenómenos.
 
 


Fenómenos que Blavatsky produjo en Nueva York
 
En una carta al Sr. Sinnett, William Judge le relató los recuerdos que él tenía de Blavatsky cuando ella vivió en Nueva York de 1874 a 1878.


« Mi primer contacto con H.P. Blavatsky comenzó en el invierno de 1874. Ella vivía entonces en unos apartamentos en Irving Place, Nueva York, Estados Unidos. Tenía varias habitaciones con baño privado. Las habitaciones delanteras daban a Irving Place y las traseras al jardín.

Mi primera visita fue al atardecer, y la vi allí entre un gran número de personas que siempre se sentían atraídas por su presencia. Se oían varios idiomas entre ellas, y la Sra. Blavatsky, mientras conversaba con soltura en ruso, aparentemente absorta, de repente se volvía e interrumpía con una observación en inglés una conversación entre otras personas sobre un tema distinto al que ella estaba tratando. Esto nunca la perturbaba, pues enseguida volvía a su conversación en ruso, retomándola justo donde la había dejado.

La primera noche se dijeron muchas cosas que captaron mi atención y encadenaron mi imaginación. Descubrí que mis pensamientos secretos eran leídos y mis asuntos privados eran conocidos por ella.

Sin que yo se lo pidiera, y ciertamente sin ninguna posibilidad de que ella hubiera preguntado por mí, se refirió a varias circunstancias privadas y peculiares de una manera que demostró de inmediato que tenía un conocimiento perfecto de mi familia, mi historia, mi entorno y mis idiosincrasias.





Blavatsky profetizó el futuro de un hombre desconocido por ella

Esa primera noche traje conmigo a un amigo, un perfecto desconocido para ella. Era nativo de las Islas Sandwich, estudiaba derecho en Nueva York y había formado todos sus planes para una estancia de por vida en esa ciudad. Él era un hombre joven y entonces no tenía intención de casarse.

Pero ella, descuidadamente, le dijo, antes de partir a casa, que antes de seis meses él cruzaría el continente americano, luego haría un largo viaje,  y aún más insólito para él, que antes de hacer todo eso él se casaría.

Por supuesto, la idea fue desdeñada por él, pero el destino fue cumpliendo esa profecía. A los pocos meses fue invitado a ocupar un puesto oficial en su tierra natal, y antes de partir hacia ese país se casó con una dama que no estaba en América en el momento en que se pronunció la profecía.




Blavatsky adivinó quién le envió un paquete anónimo

Al día siguiente pensé en intentar un experimento con la Sra. Blavatsky. Tomé un escarabajo antiguo que ella nunca había visto, lo envolví y se lo envié por correo a través de un empleado de un amigo.

Mi mano no tocó el paquete, ni sabía adónde lo habían enviado, pero cuando la visité al final de la semana por segunda vez, me saludó agradeciéndome por el escarabajo. Fingí ignorancia, pero ella dijo que era inútil fingir, y luego me informó cómo lo había enviado y adónde lo había enviado el empleado.

Durante el tiempo transcurrido entre mi encuentro y el envío del paquete, nadie supo nada de mí sobre el asunto.




Golpes paranormales

Poco después de conocerla, ella se mudó a la calle 34, y mientras estuve allí la visitaba con frecuencia. En esas habitaciones solía oír los golpes en muebles, cristales, espejos, ventanas y paredes, que suelen acompañar a las oscuras sesiones espiritistas.

Pero con ella ocurrían a la luz, y nunca excepto cuando ella lo ordenaba. Y tampoco esos fenómenos se les podía inducir a continuar una vez que ella les ordenaba que pararan. Demostraban inteligencia, y a petición suya cambiaban de débiles a fuertes, o de muchos a pocos a la vez.




Blavatsky se va a vivir a la Lamasería

Permaneció en la calle 34 solo unos meses, y luego se mudó a la calle 47, donde permaneció hasta su partida a la India en diciembre de 1878.

Yo la visitaba con frecuencia y sé, como todos los que la conocieron tan íntimamente como yo, que las sospechas que se han suscitado contra ella y las acusaciones abiertas que de vez en cuando se le han hecho, son la mayor injusticia o la más vil ingratitud.

A veces ella se ha indignado por estas cosas y ha declarado que un incidente más de este tipo cerraría para siempre la puerta a todo fenómeno. Pero una y otra vez ha cedido y perdonado a sus enemigos.

Tras instalarse cómodamente en la calle 47, donde, como de costumbre, estuvo desde la mañana hasta la noche rodeada de todo tipo de visitantes, continuaron ocurriendo sucesos misteriosos, imágenes y sonidos extraordinarios.

He estado allí sentado muchas tardes, y he visto a la luz de gas, grandes bolas luminosas deslizándose por los muebles o saltando juguetonamente de un punto a otro, mientras los bellísimos sonidos líquidos de las campanas brotaban de vez en cuando del aire de la habitación.

Estos sonidos a menudo imitaban el piano o una gama de sonidos silbados por mí o por otra persona. Y mientras todo esto ocurría, HP Blavatsky se sentaba tranquilamente a leer o escribir sobre "Isis Develada".

Cabe destacar aquí que la Sra. Blavatsky nunca mostró histeria ni la más mínima apariencia de trance. Siempre se encontraba en plena posesión de todas sus facultades —y aparentemente más que las de la gente común— cuando producía cualquier fenómeno.




Blavatsky duplicó fenoménicamente un cuadro

En noviembre o principios de diciembre de ese mismo invierno, el coronel Olcott recibió una fotografía de un corresponsal en Boston, lo que dio lugar a dos fenómenos muy sorprendentes.

Supuestamente era el retrato de quien se decía había escrito los libros "Arte Mágico" y "Tierra Fantasma". El remitente exigió al coronel Olcott que devolviera la fotografía casi de inmediato, lo cual hizo la noche siguiente, y yo mismo estando allí de visita, la dejé en el buzón más cercano.

Dos o tres días después, se le solicitó a la Sra. Blavatsky un duplicado del cuadro, creyendo que estaría más allá de sus capacidades ya que ella no tenía el modelo para copiar. Pero ella lo hizo; el proceso consistió simplemente en cortar un trozo de cartón del tamaño requerido, colocarlo bajo papel secante, poner la mano sobre él, y en un instante sacar la copia solicitada.

El coronel Olcott tomó posesión del cuadro y lo guardó en un libro que estaba leyendo y que se llevó a la cama. A la mañana siguiente, el retrato se había desvanecido por completo y solo quedaba el nombre escrito a lápiz.

Una o dos semanas después, al ver ese cuadro en blanco en la habitación del coronel Olcott, se la llevé a la Sra. Blavatsky y le pedí que hiciera reaparecer el retrato.

Obedeciendo, ella volvió a colocar la tarjeta debajo de otra hoja de papel, puso su mano sobre ella y pronto el rostro del hombre volvió a aparecer como antes; esta vez impreso de forma indeleble.




El búho disecado

En la sala donde Blavatsky escribía, había una estantería que permaneció un tiempo justo enfrente de su escritorio. Sobre ella había un búho disecado cuyo ojo vidrioso, que nunca se cerraba, parecía seguir con frecuencia sus movimientos.

De hecho, podría contar cosas a propósito de esa misma ave difunta, pero —en palabras de Jacolliot— "Hemos visto cosas  que uno no relata por miedo a que sus lectores duden de su cordura... Pero aun así las hemos visto".




Materialización de letras

Pues bien, sobre las puertas de la estantería había un espacio en blanco de unos 7,5 cm de ancho que se extendía a lo largo de la misma. Una noche estábamos sentados hablando de magia, como siempre, y de los Hermanos, cuando Madame Blavatsky dijo:

    -    "¡Miren  la estantería!"

Inmediatamente levantamos la vista y al hacerlo pudimos ver aparecer sobre el espacio en blanco que he descrito, varias letras aparentemente doradas que salían sobre la superficie de la madera. Cubrían casi todo el espacio. El examen reveló que eran de oro y de un tipo que yo había visto a menudo en algunos de sus  papeles.




Materialización de una nota de Blavatsky

Esta precipitación de mensajes o frases ocurrió muy frecuentemente, y relataré una que tuvo lugar bajo mi propia mano y ojos, de tal manera que me resultó irreprochable.

Un día, alrededor de las cuatro, leía un libro de P.B. Randolph, que acababa de traerme un amigo del coronel Olcott. Yo estaba sentado a unos dos metros de H.P. Blavatsky, quien estaba escribiendo.

Había leído atentamente la portada, pero había olvidado el título exacto. Sabía que no había ni una sola palabra escrita. Al empezar a leer el primer párrafo, oí el sonido de una campana y al mirar, vi que Madame Blavatsky me observaba atentamente.

    -    "¿Qué libro lees?", dijo ella. 

Volviendo a la portada, estaba a punto de leer el nombre en voz alta, cuando me llamó la atención un mensaje escrito con tinta en la parte superior de la página, que unos minutos antes había revisado y no estaba.

Era un mensaje de unas siete líneas, y el líquido aún no se había secado del todo en la página; su contenido era una advertencia sobre ese libro. Estoy seguro de que cuando tomé el volumen en mis manos no había escrito ni una sola palabra.




Blavatsky descubrió una dirección de manera fenoménica

En una ocasión se necesitaba la dirección de una empresa de Filadelfia para enviar una carta por correo, y ninguno de los presentes recordaba la calle ni el número, ni se encontraba ningún directorio de Filadelfia en los alrededores.

Como el asunto era muy urgente, se propuso que uno de nosotros fuera casi seis kilómetros hasta la Oficina General de Correos para ver un directorio de Filadelfia, pero HPB dijo:
 
-       "Esperen un momento, quizá podamos conseguir la dirección de otra manera."

Entonces ella hizo un gesto con la mano y al instante oímos una campana en el aire sobre nuestras cabezas. Esperábamos que como mínimo un pesado directorio nos cayera encima desde el espacio vacío, pero no ocurrió nada. Ella se sentó y tomó un cortador de papel plano de hojalata, pintado de negro japonés por ambos lados y sin ninguna pintura.

Sosteniéndolo en su mano izquierda, lo acarició suavemente con la derecha, mirándonos fijamente.

Tras frotar así durante unos instantes, comenzaron a aparecer tenues contornos de letras sobre la superficie negra y brillante, y enseguida el anuncio completo de la empresa cuya dirección buscábamos quedó claramente impreso en la guillotina con letras doradas, tal como lo habían hecho en tiras de papel secante, como los que se distribuyen ampliamente como medios publicitarios en Estados Unidos (algo que descubrí después).

Tras un examen más detenido, vimos que la calle y el número, que eran los puntos dudosos en nuestra memoria, estaban grabados con gran brillantez, mientras que las demás palabras y cifras eran más tenues.

La Sra. Blavatsky explicó que esto se debía a que la mente del operador estaba dirigida casi por completo a la calle y al número, de modo que su reproducción se producía con mucha mayor nitidez que el resto del anuncio, que por así decirlo, se había introducido de forma bastante accidental.




Olores producidos de manera paranormal

De cualquier objeto que pudiera transportarse misteriosamente por su habitación, o que llegara a ella por el aire por medios supramundanos, siempre persistía durante más o menos tiempo, un olor muy peculiar, aunque agradable.

No siempre era el mismo. A veces era sándalo mezclado con lo que creí que era aceite de rosas; en otras ocasiones era un perfume oriental desconocido, y de nuevo llegaba como el incienso que se quema en los templos.

Un día ella me preguntó si me gustaría volver a oler el perfume. Al responder afirmativamente, tomó mi pañuelo en la mano, lo sostuvo unos instantes y al devolvérmelo el pañuelo estaba impregnado del conocido olor.

Luego, para mostrarme que su mano no estaba cubierta de algo que pudiera manchar el pañuelo, me permitió examinar ambas manos. 

Sus manos no tenían perfume, pero después de convencerme de que no llevaba perfume ni objetos odoríferos ocultos en sus manos, descubrí que de una mano empezaba a emanar un perfume peculiar y fuerte, mientras que de la otra mano emanaban fuertes oleadas de incienso.




El pequeño armario

Sobre la mesa donde se había escrito "Isis Develada" había un pequeño armario chino con muchos cajones pequeños. Algunos cajones contenían algunas bagatelas, pero varios siempre estaban vacíos.

El armario era común y corriente en su clase, y un examen repetido demostró que no contenía dispositivos ni mecanismos; pero muchas veces, uno u otro de esos cajones vacíos se convertía en el punto de fuga de diversos artículos, y con la misma frecuencia, era el lugar de aparecimiento de algún objeto que no se había visto antes en las habitaciones.

A menudo la he visto guardar monedas pequeñas, un anillo o un amuleto, y yo mismo he guardado cosas allí, cerrando el cajón, abriéndolo casi al instante, y no se veía nada. Había desaparecido de la vista.

Se sabe que hechiceros astutos crean tales ilusiones, pero siempre requieren algún tipo de complicidad, o bien te engañan haciéndote creer que han guardado el objeto, cuando en realidad no es así.

Pero con Blavatsky no hubo preparación para hacer ese tipo de trucos. Yo examiné repetidamente el armario y afirmo con certeza que no había forma de perder de vista ni de sacar las cosas del cajón.

El armario se apoyaba sobre cuatro pequeñas patas, elevadas unos cinco centímetros por encima del armario, que estaba completamente despejado e intacto por debajo.

Varias veces la he visto meter una anillo en uno de los cajones y luego salir de la habitación.

Entonces miré en el cajón, vi el anillo y lo cerré. Ella regresó y sin acercarse al armario, me mostró el mismo anillo en su dedo. Volví a mirar en el cajón antes de que volviera a acercarse, y el anillo había desaparecido.




Blavatsky duplicó fenoménicamente un anillo

Un día, la Sra. Elizabeth Thompson, la filántropa que sentía un gran aprecio por HPB, fue a verla. Yo estaba presente. Al irse, la visitante le pidió a Madame Blavatsky que le prestara algún objeto que hubiera usado, como recuerdo y talismán.

Blavatsky accedió a esa petición y la elección del objeto quedó en manos de la dama, quien dudó un momento. Madame Blavatsky dijo entonces:

    -    "Toma este anillo"

Sacándolo inmediatamente y entregándoselo a su amiga, quien se lo puso en el  dedo, absorta en la admiración de las piedras. Pero yo estaba mirando los dedos de HPB y vi que el anillo aún estaba en su mano.

Sin dar crédito a mis ojos, miré el otro anillo. No había error. Ahora había dos anillos; pero la dama no se dio cuenta y se marchó satisfecha.

A los pocos días se lo devolvió a Madame, quien me dijo que uno de los anillos era una ilusión, dejándome a mí la tarea de adivinar cuál. No pude decidirme, pues empujó el anillo devuelto a lo largo de su dedo contra el antiguo, y ambos se fundieron en uno solo.




Música paranormal

Una noche, después de cenar, había varias personas presentes; todas por supuesto hablando de teosofía y ocultismo. HPB estaba sentada en su escritorio.

Mientras conversábamos, alguien dijo haber oído música y salió al pasillo de donde creía que provenía. Mientras examinaba el pasillo, la persona sentada junto a la chimenea comentó que en lugar de estar en el pasillo, la música, que provenía de una caja de música, sonaba en la chimenea.

El caballero que había salido al pasillo regresó y dijo que había perdido la música, pero enseguida se sorprendió al encontrarnos a todos escuchando junto a la chimenea, cuando él volvió a oír la música con claridad.

Justo cuando empezó a escuchar, la música se extendió por la habitación y completó la melodía con gran nitidez en el aire sobre nuestras cabezas.

He escuchado esta música en varias ocasiones, de muchas maneras, y siempre cuando no había ningún instrumento para producirla.




Fenómeno producido con un collar de cuentas

Esa noche, poco después de la música, Madame abrió uno de los cajones del armario chino y sacó un collar oriental de cuentas curiosas. Se lo regaló a una dama presente.

Uno de los caballeros dejó escapar una expresión de pesar por no haber recibido tal regalo. Entonces HPB extendió la mano y agarró una de las cuentas del collar que la dama aún sostenía, y la cuenta se desprendió al instante en la mano de Madame.

Ella se la entregó al caballero, quien exclamó que no era simplemente una cuenta, sino un broche para el pecho, pues llevaba un alfiler de oro firmemente sujeto.

El collar, mientras tanto, permanecía intacto, y su destinatario lo examinaba con asombro de que una de sus cuentas hubiera podido desprenderse de esa manera sin romperlo.




Levitación de objetos

He oído decir que cuando HPB era joven, tras regresar con su familia por primera vez en muchos años, todos a su alrededor se quedaron asombrados y asustados al ver objetos materiales como tazas, libros, su petaca y su caja de cerillas, etc., volar por los aires hasta su mano, simplemente cuando Blavatsky los miraba fijamente.

Sin embargo esas historias pueden ser fácilmente creíbles por quienes presenciaron actos similares en la sede de Nueva York. Tales vuelos aéreos fueron realizados muchas veces por objetos bajo su mando en mi presencia.


Una noche, tenía prisa por copiar un dibujo que había hecho y busqué en la mesa un cortador de papel para frotar el reverso del dibujo y transferir el carbón sobrante a una hoja en blanco.

Mientras buscaba, alguien sugirió que la parte trasera redonda y lisa de un cucharón sería la mejor opción, así que me levanté para ir a la cocina que estaba al final del pasillo, a buscar una cuchara. Pero Madame Blavatsky dijo:

    -    "Detente, no necesitas ir allí; espera un momento."

Me detuve en la puerta, y ella mientras estaba sentada en su silla, levantó la mano izquierda. En ese instante, una gran cuchara de mesa voló por los aires, desde la pared opuesta, hasta su mano.

No había nadie para arrojársela, y el comedor de donde la habían sacado estaba a unos nueve metros de distancia; dos paredes de ladrillo lo separaban de la sala.

En la habitación contigua (la pared entre ambas era sólida) colgaba cerca de la ventana un retrato en acuarela enmarcado con cristal. Yo acababa de entrar y mirar el cuadro. No había nadie más que yo, y nadie volvió hasta que regresé.

Cuando llegué al lugar donde estaba sentada HPB, y después de unos momentos, ella tomó un papel y escribió unas palabras, dándomelo para que lo guardara sin mirarlo. Así lo hice.

Luego me pidió que volviera a la otra habitación. Fui allí y enseguida vi que el cuadro que había mirado momentos antes se había movido o roto. Al examinarlo, descubrí que el cristal estaba roto y que la tapa, que estaba bien cerrada, se había abierto, dejando caer el cuadro al suelo.

Miré hacia abajo y lo vi allí tirado. Volví a la otra habitación, lo abrí y leí lo que estaba escrito en el papel: "El cuadro del comedor acaba de ser abierto; el cristal está roto y el cuadro está en el suelo".




Blavatsky escuchaba conversaciones lejanas

Un día, mientras Blavatsky hablaba conmigo, de repente ella se detuvo y dijo:

    -    "Fulano está hablando de mí ahora y está diciendo tal cosa."

Tomé nota de la hora y en la primera oportunidad que tuve descubrí que ella en realidad si había oído a la persona mencionada decir exactamente lo que ella me dijo que había dicho a la hora indicada.





Materialización de un mensaje de Blavatsky

Mi oficina estaba al menos a cinco kilómetros de sus habitaciones. Un día, alrededor de las dos de la tarde, yo estaba sentado en mi oficina leyendo un documento legal, absorto en el tema. No había nadie más en la oficina, y de hecho la habitación más cercana estaba separada de mí por una amplia abertura, o hueco, en el edificio, hecha para dejar entrar la luz a las cámaras interiores.

De repente sentí en la mano un peculiar hormigueo que siempre precedía a cualquier cosa extraña que sucediera en presencia de HPB, y en ese momento cayó del techo sobre el borde de mi escritorio, y de allí al suelo, una nota triangular de Madame Blavatsky para mí.

Estaba escrita en el reverso limpio de un sutra o texto jainista impreso. El mensaje estaba escrito a mano por ella, y estaba dirigido a mí con su letra sobre el papel impreso.




Materialización de colores

Recuerdo un fenómeno relacionado con la realización de un dibujo en acuarela de un tema egipcio para ella, que también ilustra lo que los espiritistas llaman "aporte" (apport) o la venida fenomenal de objetos de algún lugar lejano.

Necesitaba ciertos colores secos que ella no podía proporcionarme de su colección, y como el dibujo debía terminarse en esa sesión y no había ninguna tienda cerca donde pudiera comprarlos, me pareció un dilema hasta que ella se acercó al piano de la cabaña y levantando la falda de su camisón con ambas manos, metió en él diecisiete frascos de colores secos Winsor & Newton, entre ellos los que yo necesitaba.

Todavía necesitaba pintura dorada, así que me pidió que le trajera un plato del comedor y que le diera la llave de latón de la puerta. Ella frotó la llave contra el fondo del plato durante un par de minutos, y luego al devolvérmelos, encontré la pintura que necesitaba para recubrir la porcelana. »
(Incidentes en la Vida de Madame Blavatsky, capítulo 8)




Sobre los fenómenos que Blavatsky produjo en la Lamasería, William Judge en otro artículo comentó:
 
« Fue ahí donde se escribió y terminó la obra Isis Develada. Y allí habían ocurrido tantos fenómenos extraordinarios que se necesitaría de varios volúmenes para describirlos.
 
Por ejemplo ahí se escuchaba muy a menudo la “música y campanas astrales”, que los autodenominados sabios críticos han asumido que eran producidos por una sirvienta que caminaba de un lado a otro del pasillo con un instrumento. Lo cual es un absurdo para aquellos que, como yo, estuvieron allí y escuchamos tales sonidos.
 
Ahí, en la esquina de la habitación sobre la Octava Avenida, también había un búho disecado que estaba de pie y a veces, parpadeaba. »
(Path, noviembre de 1893, p.237-239)
 
 
 



 
Blavatsky podía escribir de
manera paranormal
 
« Yo estaba sentado en su habitación junto a ella, y la distancia entre nosotros era de unos cuatro pies.
 
En mi mano sostenía un libro que ella nunca había tenido en su poder y que yo acababa de tomar del correo. El libro estaba libre de todas las marcas, su portada estaba nueva y limpia, y nadie lo había tocado desde que dejó la librería. Examiné sus páginas y comencé a leerlo.
 
A cabo de unos cinco minutos, sentí una corriente muy poderosa de lo que se asemejaba a electricidad, y la cual subió y bajó por mi costado sobre la piel.
 
Entonces la miré y ella me estaba mirando y dijo:
 
    -    "¿Qué lees?"
 
Había olvidado el título, ya que era uno que nunca había visto antes, así que volví a la página del título. Y allí, en la parte superior, en el margen donde no había estado antes, se encontraba una frase de dos líneas escritas con tinta, y la tinta estaba húmeda, y era la escritura de Blavatsky quien había permanecido todo este tiempo sentada delante de mí.
 
Ella no había tocado el libro, pero por su conocimiento de la ley oculta y de la química oculta, y por medio de su imaginación y voluntad entrenada, ella había proyectado de la botella de tinta que se encontraba ante ella, la tinta para hacer la oración, y por supuesto estaba en su propia letra, ya que esa era la forma más fácil para hacerlo.
 
Y mi propio sistema físico se utilizó para hacer el trabajo, y fue en el instante en que sentí esa corriente eléctrica pasar por mi cuerpo, que la precipitación se realizó. Y esto debe de explicarse de la manera como lo he esbozado, o debe descartarse como una mentira o una ilusión mía.
 
Pero eso último yo no lo puedo aceptar, porque yo sé que realmente sucedió, y además sé que el consejo en esa oración fue bueno. Lo seguí y el resultado ha sido benéfico.
 
Y varias otras veces también he visto a Blavatsky precipitar en diferentes superficies, y ella siempre dijo que eso era una prueba que ella podía efectuar la precipitación, y que los magos blancos y negros pueden hacer lo mismo. »
(Path, octubre y noviembre de 1893)
 
 
 
 
 
Blavatsky podía teletransportar
pequeños objetos
 
« Sobre el fenómeno de la teletransportación, yo puedo asegurar que he visto humanos lograr eso [Blavatsky y los Maestros], y que muchos testimonios han sido ofrecidos por otras personas al respecto. Por ejemplo en los registros del espiritismo hay muchos testigos a ese efecto, y estoy hablando de los casos que han sido demostrado encontrarse libres de fraude.
 
Sin embargo los espiritistas no saben explicar cómo se logra ese fenómeno, pero el hecho es que entre los médiums más poderosos, la operación ha sido realizada por una fuerza desconocida que actúa bajo una guía oculta.
 
Y también historias budistas e hindúes narran de sucesos parecidos, pero hay que precisar que esta hazaña no es lo mismo que la proyección de un objeto o una forma humana a través del espacio (como es el caso de la proyección astral).
 
Un caballero de gran carácter y habilidad en el noroeste me dijo en una ocasión que un hombre desconocido llegó un día a su pueblo y al exhibir algunos anillos de metal, estos pasaron uno a través del otro, y uno de los anillos pareció fundirse en el punto de contacto.
 
Y también Madame Blavatsky me ha narrado muchos de esos casos, y la he visto hacer lo mismo. Como por ejemplo en una ocasión ella puso un anillo en frente de mi vista, y al colocarlo sobre la mesa ella hizo que este apareciera sin tocarlo dentro de un cajón cerrado que se encontraba cerca.
 
Y en ese caso, o bien ella lo desintegró e hizo que entrara en el cajón y una vez dentro lo volvió a materializar, o bien volvió permeable el cajón por un momento para poder introducir el anillo, o logró hipnotizarme aunque yo sintiera que mantenía todos mis sentidos en alerta, poniendo el objeto en el cajón mientras que yo no me daba cuenta.
 
Sin embargo esta última opción no la considero factible porque las circunstancias y el motivo fueron tales como para excluir la teoría hipnotizante; y es que ella hizo esa proeza para mostrarme que tal fenómeno era posible y para darme una pista de la operación y también para explicarme cómo podrían hacerse las cosas tan extrañas que se mencionan en el espiritismo, y que para efectuarlo de manera consciente debe de ser hecho bajo las leyes de la mente del hombre y de la naturaleza. »
(Path, diciembre de 1893)
 
 
 
 
 
 
Los fenómenos que Blavatsky produjo
en Enghien-les-Bains
 
Blavatsky fue invitada por la familia Adhemar a pasar un tiempo en su mansión ubicada en esa comunidad cerca de París, y William Judge comentó:
 
« Todas las noches era costumbre pasar algún tiempo en el salón conversando, y allí, así como en el comedor, ocurrieron algunos fenómenos.
 
Allí tuvieron lugar muchas discusiones animadas con el Conde por un lado y HPB por el otro, y a menudo en medio de esas discusión es Blavatsky repentinamente se volvía hacia Mohini y hacia mí, que estábamos sentadas escuchando, para repetirnos los mismos pensamientos que entonces pensábamos en ese momento en nuestros cerebros.
 
El conde d'Adhemar no pedía la producción de fenómenos, pero a menudo decía que si él y algunos de sus amigos estuvieran convencidos de la Teosofía, tal vez resultarían muchos beneficios en Francia. Algunos de nosotros deseábamos en nuestro corazón que en el hogar de tan amables amigos ocurrieran fenómenos, pero ninguno se lo sugirió a HPB.
 
Pero un día en la cena, cuando estaban presentes el conde y la condesa, su hijo Raoul, HPB, Mohini, la hermana de la condesa, yo y otra persona, percibimos el perfume fuerte e inolvidable que los amigos íntimos de HPB sabemos tan bien que a menudo acompañaba a los fenómenos o venía por sí mismo, este perfume flotaba alrededor de la mesa, claramente perceptible para varios y no percibido antes o después.
 
Por supuesto muchos escépticos no verán nada de sobrenatural en esto, pero el escritor y otros sabemos bien que esto en sí mismo es un fenómeno, y que el perfume ha sido enviado a muchas millas por el aire como un mensaje de HPB o de esas personas ocultas que a menudo la han ayudado en los fenómenos o en las enseñanzas.
 
En esta cena, o en alguna otra durante la visita, todos acabábamos de llegar del jardín de flores. Arranqué un pequeño capullo de rosa y lo puse en el borde del vaso entre yo y la hermana de la condesa que estaba a mi izquierda, HPB estaba sentada a mi derecha. Esta dama comenzó a hablar de fenómenos preguntándose si HPB podría hacer lo mismo que los yoguis indios [que hacen crecer rápidamente una planta].
 
Le respondí que ella podía hacerlo si quería, pero no le solicité a HPB, y añadí que podía hacer florecer incluso ese pequeño capullo de rosa de una sola vez. En ese momento HPB extendió su mano hacia la rosa, sin tocarla, y no dijo nada, continuando al mismo tiempo su conversación y la cena. Observamos el capullo hasta el final de la comida y vimos que creció en ese espacio de tiempo mucho más grande y se convirtió en una rosa casi completamente desarrollada.
 
 
Otra noche, después de haber estado todos en el salón durante algún tiempo, sentados sin luces, la luna brillando sobre el lago y toda la naturaleza en silencio, HPB cayó en un estado pensativo. Enseguida se levantó y se paró en la ventana de la esquina mirando hacia el agua, y en un momento un destello de luz suave entró en la habitación y ella sonrió en silencio.
 
Recordándome esa noche, la condesa d'Adhemar escribió:
 
"HPB estaba pensativa cuando de pronto se levantó de la silla, avanzó hacia la ventana de enfrente, y levantando el brazo con un gesto autoritario, se escuchó a lo lejos una música tenue que acercándose cada vez más, rompía en hermosas melodías y llenaba el espacio."
 
Esta música astral era muy clara para todos nosotros, y el Conde destacó especialmente su belleza y su debilidad mientras se hundía en la distancia desconocida. Toda la casa estaba llena de estos sonidos de campanas en la noche cuando yo estaba despierto muy tarde y los demás se habían retirado. Eran como señales que iban y venían a la habitación de HPB en el piso de abajo. Y en más de una ocasión, mientras caminábamos por los terrenos bajo los magníficos árboles, los sonidos nos pasaron disparados, a veces audibles para todos y a veces solo escuchados por uno o dos.
 
 
Queda por contar un incidente para el cual debemos depender de otros. Me llevé un libro que no se pudo terminar allí, y justo antes de salir de France fui a Enghien a devolverlo. Allí encontré a la condesa d'Adhemar, quien dijo que el peculiar e inconfundible perfume del que hablé arriba había entrado en la casa después de que todos nos hubiéramos ido.
 
Fue una noche, aproximadamente dos días después de la partida de HPB, y los d'Adhemars invitaron a cenar a algunos amigos. Después de la cena, todos fueron al salón y pronto notaron el perfume. Llegó, según me dijeron, a raudales, y en seguida empezaron a buscarlo por la habitación, llegando por fin a la losa de mármol descrita, donde de un punto de la piedra encontraron el perfume saliendo a raudales en volúmenes. Tal era la cantidad que como me dijo la Condesa, se vieron obligados a abrir las ventanas, porque el olor era abrumador en grandes masas.
 
Al regresar a París le conté esto a HPB y ella solo dijo:
 
    -   "A veces sucede".
»
(HPB: en memoria de Helena Petrovna Blavatsky, p.52-55)
 
 
 
Y en otro artículo William Judge relató más al respecto:
 
« Durante nuestra estancia allí se produjeron varios fenómenos paranormales los cuales fueron presenciados por muchas personas.
 
Por ejemplo cada noche, mientras los demás dormían, a menudo yo permanecía despierto durante varias horas, y luego en la tranquilidad y en la oscuridad, veía y escuchaba muchas cosas que nadie más que Blavatsky sabía.
 
Entre estas cosas se encontraban cientos de señales de campanas astrales que volaban de un lado a otro y mostraban, para aquellos que saben el significado de tales cosas, que había mucha de esa actividad astral cuando la gente se encontraba dormida y el lugar se hallaba libre de perturbaciones de ruidos y malos sentimientos comunes de cuando la gente se encuentra despierta.
 
 
En una ocasión era un día cálido y agradable, y a mitad de la tarde, de repente ella se puso muy absorta, y al mismo tiempo el aire de la habitación comenzó a enfriarse hasta llegar a una temperatura muy por debajo de la congelación (a juzgar por la tremenda sensación de frío que sentía), y yo le hice notar ese hecho. No era para nada un cambio de clima, sino que el frío parecía soplar desde Blavatsky como si ella fuese una puerta abierta desde un enorme frigorífico.
 
Volví a llamarle la atención respecto a eso y le dije:
 
-        ”Se siente como si una puerta estuviese abierta en las montañas de los Himalayas y que el aire frío estuviese soplando en esta habitación.”
 
A lo que ella me contestó:
 
-        “Quizás sea así” y se sonrió.
 
Hacía tanto frío que tuve que protegerme a mí mismo con un tapete que tomé del piso»
(Reminiscencias de HPB y la DS, p.102-104)
 
 
 
 
 
Más fenómenos
 
En una entrevista que le hicieron a William Judge en enero de 1889, cuando acababa de regresar de Europa y visitar a Blavatsky, él mencionó lo siguiente sobre este tema:
 
« Actualmente la señora Blavatsky rara vez da alguna manifestación de sus poderes ocultos, excepto a sus amigos íntimos; pero yo tuve, mientras estuve allí, varias evidencias de que ella puede hacer cosas completamente inexplicables por cualquier ley de la ciencia "exacta".
 
Por ejemplo hace dos años perdí, aquí en Nueva York, un documento que me interesaba mucho. No creo que nadie más que yo supiera que lo tenía, y ciertamente no le mencioné a nadie que lo había perdido. Pero una noche, hace poco más de quince días, mientras estaba sentado en el salón de la señora Blavatsky con el señor B. Keightley y varias personas más, pensé en ese documento.
 
Entonces la señora Blavatsky se levantó, fue a la habitación contigua, y al regresar casi inmediatamente me entregó una hoja de papel. La abrí y descubrí que era un duplicado exacto del documento que había perdido dos años antes. En realidad era una copia facsímil, como reconocí de inmediato. Le di las gracias y ella dijo:
 
    -  "Bueno, vi en tu cabeza que lo querías."
 
Sin embargo este acontecimiento no es algo que asombrara a nadie familiarizado con las leyes de la naturaleza tal como las comprenden los ocultistas, quienes entienden claramente cómo era posible la conciencia de mi pensamiento, cómo la reproducción de una cosa que una vez estuvo dentro de mi conocimiento era necesariamente un facsímil, y cómo esa reproducción podía efectuarse por un simple acto de voluntad de su parte, pero a los materialistas les resultaría difícil explicarlo de acuerdo con los hechos.
 
 
Otro ejemplo de sus facultades ocultas sucedió cuando una noche yo estaba hablando hasta muy tarde con un caballero en una casa distante de la de Mme. Blavatsky, él expresó su deseo de que yo, si tenía oportunidad, le preguntara su opinión, sin mencionar su nombre, sobre un tema que estábamos discutiendo.
 
Al día siguiente, cuando estaba hablando con ella, surgió el tema y comencé a ofrecer sus sugerencias, cuando ella me interrumpió, diciendo:
 
-        "No es necesario que me hables de eso porque estuve allí anoche y te escuché."
 
Y ella continuó repitiendo todo lo que se había dicho en mi conversación con ese caballero.
 
Por supuesto se puede decir que él le había informado con el propósito de engañarme, pero estoy bien seguro de que no fue así y que bajo ciertas circunstancias existentes eso hubiera sido prácticamente imposible. Sé que ella muy a menudo lee los pensamientos de las personas y les responde con palabras.
 
 
Los sonidos de la campana plateada en la corriente astral que tantas personas oyeron sobre su cabeza cuando estuvo aquí en Nueva York todavía continúan siguiéndola, y no hay duda para quienes conocen su vida y su obra de que ella recibe constantemente la ayuda más potente de los adeptos, particularmente de su maestro, el Mahatma Morya, cuyo retrato cuelga en su estudio y muestra un rostro indio oscuro y hermoso, lleno de dulzura, sabiduría y majestuosidad.
 
Por supuesto, no parece posible que él en el Tíbet responda instantáneamente, ya sea mediante una impresión mental o una nota "precipitada", a un interrogatorio mental que ella le hace en Londres, pero sucede que lo hace de todos modos. »
(The New York Times del 6 de enero de 1889, p.10)
 
 
 
 
 
 
 
Reflexiones
 
« Los periódicos no cesaban de hablar de sus poderes, o de burlarse de ellos. Uno de los principales diarios de Nueva York dijo lo siguiente:
 
"Una mujer de características tan notables como el mismo Cagliostro, y que diariamente es juzgada de tan distinto modo, por distinta gente, como el famoso Conde.  Los que la conocen pocos la acusan de charlatanería; los que la conocen mejor, admiran sus grandes conocimientos; y los que la trataron íntimamente, quedaron convencidos de sus poderes o completamente desconcertados." »
(Boletín de la ST Española, enero de 1935, p.6-12)
 
 
« Se ha dicho mucho sobre sus “fenómenos”: algunos individuos los niegan, otros los aceptan, otros afirman que solo fueron trucos y artimañas. Pero yo que la conocí muy bien por muchos años, la vi producir en privado fenómenos muy heterogéneos más de lo que sus amigos tuvieron la suerte de presenciar y sé que ella tenía el control de las poderosas leyes ocultas de la naturaleza que nuestra ciencia desconoce.
 
Y también sé que nunca ella se ufanó de sus poderes ni divulgó su posesión, ni tampoco jamás aconsejó públicamente que se intentara adquirirlos, sino que siempre dirigió la vista de quienes podían entenderla, hacia una vida de altruismo basada en el conocimiento de la verdadera filosofía.
 
Y si el mundo piensa que transcurrió sus días engañando a sus seguidores con esos fenómenos, es sólo porque sus amigos, poco juiciosos, no respetando su explícito deseo de no hablar al respecto, y divulgaron maravillosos cuentos de “milagros” que no se pueden probar a un público escéptico, ni son el propósito de la Sociedad Teosófica, siendo simplemente incidentes en la vida de H.P. Blavatsky»
(Path, junio de 1891, p.65-68)
 
 
« Toda esta revista no sería suficiente para describir los fenómenos que ella ejecutó ante mí durante todos estos años; y tampoco me gustaría hacerlo. Como ella dijo con frecuencia: estos fenómenos al final de cuentas nada prueban sino que sólo conducen a algunas personas hacia la duda y a otras hacia la desesperación.
 
Además, no creo que ella los haya efectuado sólo para mí, pues en aquellos tempranos días ella estaba asentando las líneas de fuerza en todo el país y yo, siendo afortunado, me encontraba en el centro de esa energía y vi el juego de fuerzas en los fenómenos visibles.
 
Según la explicación de algunos amigos muy incautos, los primeros fenómenos fueron errores de juicio que posteriormente ella intentó rectificar confinando su área y limitando su número. Sin embargo, a no ser que alguien produzca en la caligrafía de HPB su beneplácito al respecto, me adheriré a su explicación hecha con anticipación y nunca cambiada, que he indicado arriba. Porque para muchos es fácil escudarse detrás de la acusación de mal juicio en lugar de entender las leyes extrañas y poderosas que rigen estos asuntos.
 
Entre el vórtice de su vida y el fragor producido por quienes la acusaron de ser un fraude y una embustera y otros que la defendieron, ella presenció, mes tras mes y año tras año, hombres y mujeres que entraban en el movimiento teosófico sólo para abandonarlo con frases malignas en contra de ella. Sin embargo, sobre esto se yergue un hecho que todos podríamos imitar y es su devoción absoluta hacia su Maestro. Ella escribió: “Él fue quien me dijo que me dedicara a esto y yo nunca desobedeceré ni retrocederé.” »
(Lucifer, junio de 1891, p.290-292)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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