¿CÓMO CAMBIAR EL MUNDO EN UN MUNDO MEJOR?




(Observación: esta reflexión fue elaborada por el investigador David Pratt y le agradezco mucho a Alexander por haberla traducido.)


La historia del siglo XX presenta un cuadro triste sobre la naturaleza humana. Una larga serie de guerras y conflictos, (a menudo derivando de avaricia económica o de los sentimientos de supremacía religiosa, racial o nacional), han causado la más indecible miseria y un derramamiento de sangre, y todavía hoy la paz mundial parece tan evasiva como siempre.

Y aunque nuestro planeta tiene suficientes recursos para alimentar y cuidar a todos sus habitantes, 500 millones de personas no tienen comida, y un niño muere de hambre cada dos segundos.

Hay muchas ideas diferentes respecto a las reformas sociales y económicas para cambiar el mundo para mejor. Pero cambiar desde arriba (aunque el cambio sea correcto) no es suficiente, también se necesita un cambio perdurable en la naturaleza humana.

Nosotros somos más que productos de nuestro ambiente. Nuestro carácter y comportamiento no son simplemente el resultado de nuestra educación y nuestra experiencia en esta vida, porque personas diferentes pueden reaccionar a cosas similares de muchas formas distintas, dependiendo de sus disposiciones básicas.

Desde el momento en que nacemos, comenzamos a mostrar ciertos rasgos de carácter distintivos, los cuales son desarrollados luego en el transcurso de nuestras vidas.

¿Pero de dónde viene nuestro carácter básico?

Los materialistas probablemente dirían que está determinado por los genes o el ADN que heredamos de nuestros padres. Pero el ADN está muy sobrevalorado por los científicos materialistas, porque si bien es cierto que el código del ADN regula la producción de proteínas, los elementos básicos de nuestro cuerpo.

No explica cómo esas proteínas se las arreglan para organizarse en tejidos y órganos y seres vivos complejos, y no hay evidencia cierta de que el ADN físico determina nuestro modelo básico de pensamiento y comportamiento.

La conclusión es que los esfuerzos para reducir las maravillas de la vida y la mente a interacciones puramente físicas y químicas son extremamente inadecuados y poco convincentes.

Hay dos principales explicaciones alternativas para nuestros caracteres básicos.

Primero, podría haber algún ser supremo o Dios que crea una nueva alma para cada niño recién nacido, y de este modo determina el cuerpo y el carácter con el que nacemos. Sin embargo, esto podría significar que Dios es responsable de la creación de las debilidades e imperfecciones que son parte de nuestra naturaleza básica, así que él tendría que ser o muy limitado e imperfecto, o muy cruel e injusto.

Por lo que este concepto de Dios como una clase de imagen magnífica de nosotros, incluyendo nuestros vicios, no es particularmente elevador, y afortunadamente está pasando de moda.

La otra principal explicación para nuestros caracteres básicos es la reencarnación. Y esta visión explica que nuestros hábitos y tendencias básicos son una clase de memoria de nuestras elecciones y experiencias, de nuestros logros y fracasos en vidas pasadas.

Un alma reencarnante es atraída automáticamente hacia los padres que pueden proporcionarle el cuerpo y el ambiente familiar más adecuado para sus necesidades kármicas, y en el curso de nuestras vidas, nosotros nos sentimos atraídos por la gente y los eventos que nos presentarán los desafíos y experiencias necesarias para nuestro desarrollo.

Karma básicamente significa que nos hemos hecho a nosotros mismos, y que todo lo que nos suceda, de algún modo lo hemos atraído. Y esto se aplica no solamente a individuos, sino a países y razas enteras (y en última instancia a nuestro planeta completo).

A algunas personas no les gusta la idea del karma porque significa que ya no podemos considerarnos víctimas inocentes y culpar a otros por nuestra desgracia. Pero es realmente una idea reconfortante y liberadora, porque significa que nos moldeamos nuestro propio futuro y que por lo tanto la justicia prevalece. Así que el karma no es una doctrina del fatalismo.

No significa que todo está predeterminado y que por lo tanto deberíamos sentarnos y aceptarlo todo y no hacer ningún esfuerzo para mejorar nuestras vidas o las de demás.

Y si no encontramos en una situación donde podemos ayudar a otros y reducir algo del sufrimiento y la injusticia en el mundo, eso también es karma, y una oportunidad para sacar provecho de ella.

Esto está expresado con fuerza en el libro “La Voz del Silencio” que H.P. Blavatsky tradujo de un trabajo estudiado por los aspirantes espirituales en el Oriente. Y contiene esta declaración:

« La inacción en una obra de caridad, viene a ser acción en un pecado mortal. »

No importa cuánto nos sintamos provocados, tentados u oprimidos por la gente y las condiciones alrededor nuestro, la manera en que reaccionamos es finalmente nuestra propia elección.

Si alguien nos molesta, nuestro instinto inmediato puede ser darle la espalda. Pero no hay algo como “ajustar la puntuación”, porque cada acto genera nuevas causas, cuyas consecuencias, en algún momento futuro, rebotarán sobre nosotros.

La gente no lastima a otro por sabiduría, sino por debilidad, ceguera e ignorancia (y de hecho tal comportamiento es a menudo un grito de ayuda), y golpear de nuevo o recurrir a las leyes hace que exhibamos la misma debilidad. En cambio, si lo vemos desde el punto de vista de que de alguna manera hemos atraído ese daño hacia nosotros, entonces aunque esto no disculpe al malhechor, nos debería ayudar a resistir a la tentación de devolver el dolor y a enfrentarse a la injusticia con compasión y perdón.

Algunas veces nuestros ideales pueden olvidarse en el calor del momento, pero si de manera sincera  nos aferramos a ellos, entonces con el tiempo deberíamos ser más capaces de enfrentarnos a las pruebas de la vida cotidiana con más paciencia, desapego y alegría.

Idealmente, los conflictos sociales y nacionales se resolverían pacíficamente, a través del diálogo y la reconciliación. Pero a veces las fuerzas del fanatismo, egoísmo y odio pueden ser tan poderosas que los estallidos de violencia son prácticamente imparables.

Los conflictos que ocurren entre naciones y entre grupos sociales o raciales reflejan los conflictos que ocurren a una escala más pequeña entre individuos, y estos a la vez reflejan los conflictos que ocurren dentro de cada individuo.

Por lo tanto, el mundo nunca estará en paz hasta que no estemos en paz con nosotros mismos.


En este punto de nuestra evolución,  estamos en gran medida desintonizados con nuestro verdadero yo. Tendemos a estar interiormente fragmentados hasta cierto punto, con las diferentes partes de nuestra naturaleza interior luchando y en conflicto.

Podemos dividir al ser humano interno de varias maneras, pero hablando en general, tenemos un yo inferior y un yo superior, una personalidad inferior y una individualidad espiritual.

El yo inferior tiene un número bien conocido de características. Su principal preocupación es él mismo y satisfacer sus necesidades e intereses. Adora y busca alabanzas y aplausos, pero es muy sensible a la crítica y es fácilmente ofendido.

Tiene una tremenda dificultad para ver sus propios defectos, pero una gran perspicacia para identificar los defectos de otros. Le encanta quejarse, y si no tiene algo que le de pretexto de hacerlo, inmediatamente encuentra otra cosa por la cual quejarse. Tiende a desear todo lo que no puede tener (especialmente lo que otros tienen), y si consigue lo que quiere, a menudo pierde el interés por ello y anhela algo más.

Nuestro yo superior, por otra parte, es la fuente de nuestra conciencia, nuestro sentido moral, y nuestra intuición, la fuente de nuestros sentimientos y aspiraciones nobles y altruistas, y la morada de los talentos creativos y habilidades que aún tenemos que desplegar.

Cuanto más podamos controlar nuestras mentes inquietas, y nuestros pensamientos y deseos agitados, más capaces seremos para recibir y reflejar la iluminación de nuestro yo superior, de la misma manera como el agua en calma refleja mejor los rayos solares que el agua turbulenta.

Por consiguiente, nuestra elección básica es:

-      permitirnos ser esclavizados por nuestro yo animal, y por lo tanto crucificar nuestro yo espiritual (el Cristo interior),
-      sacrificar (que significa transformar) nuestro yo animal  y buscar la inspiración de nuestro yo superior.

Por lo tanto, el reto no es erradicar la personalidad sino refinarla y elevarla para convertirla en un vehículo adecuado para el “Dios interno”.

Y esto no es tarea fácil, porque somos producto de nuestro hábito; seguimos los surcos del pensamiento y del comportamiento que hemos tallado durante el curso de muchas vidas.

Para reemplazar los malos hábitos por los buenos, necesitamos observar constantemente lo que se está llevando a cabo en nuestras mentes y cómo actuamos y reaccionamos en nuestra vida diaria,  así como observarnos cada vez que pensamos o actuamos de manera egoísta.

Cuanta más atención prestamos a unos pensamientos, ideas o recuerdos en particular, más energía mental les enviamos, y más fuertes se hacen. Así que cambiar el foco de nuestra atención hacia cosas más positivas es una parte esencial para mejorar nuestro carácter. Pero no es suficiente, porque hay una gran diferencia entre reprimir cosas y eliminarlas verdaderamente.

Reprimir a los pensamientos y a los sentimientos significa forzarlos a caer en el pantano de la mente subconsciente, donde invariablemente saldrán a la superficie de vez en cuando. Pero para verdaderamente disipar y disolver los pensamientos y sentimientos negativos de manera que podamos utilizar la energía que hemos puesto en ellos para un uso más provechoso. Para eso tenemos que cambiar las creencias y las actitudes que ayudan a mantener esas ideas todavía de pie.

Y aquí es donde estudiar la Sabiduría Antigua es de una tremenda importancia práctica, porque las enseñanzas como la reencarnación y el karma (y nuestro potencial espiritual) nos ayudan a encontrar el sentido de nuestras vidas, a ver las cosas desde un punto de vista más amplio y a animarnos a vivir éticamente.

Por ejemplo, no podemos verdaderamente llegar a un acuerdo con el pasado y eliminar sentimientos de enfado, resentimiento, venganza, envidia u odio, hasta que abandonemos la ilusión de que somos víctimas inocentes del azar o del destino y podamos aceptar nuestra responsabilidad por las cosas que nos suceden.

Los problemas que afligen a nuestra sociedad (desde las adicciones a las drogas hasta los crímenes violentos, y pasando por la explotación económica y la destrucción del medio ambiente) son generalmente síntomas de causas las cuales se encuentran profundamente arraigadas.

Y es que la manera como actuamos refleja la manera como pensamos, por lo tanto es esencial abordar no solamente la pobreza material sino también la pobreza espiritual, y la perspectiva negativa y estrecha sobre la vida que muchas personas tienen.

La visión materialista mundial (que no somos más que complejas máquinas físicas, que aparecen de la nada, por ninguna razón y hacia ningún fin) NO es una filosofía saludable para vivir.

La creencia de que ninguna parte de nosotros sobrevive a la muerte, de que no somos responsables de nuestros actos, y que las únicas cosas que vale la pena perseguir en la vida son: riqueza, poder y placer, dan como resultado a personas que buscan la felicidad y el significado de la vida de manera equivocada.

La búsqueda de la riqueza, por ejemplo, no traerá satisfacción duradera. La satisfacción e inspiración profundas vienen gracias al descubrimiento y al despliegue de las riquezas de nuestra naturaleza interna, y ayudando y dando felicidad a las vidas de otros.

Esas son las más nobles y elevadas cualidades que hemos construido dentro de nuestras almas, y que perdurarán más allá de la muerte y que traeremos con nosotros a nuestra siguiente vida, y no nuestros coches lujosos, casas hermosas o aparatos consumistas.

Y si somos ricos o pobres, no somos más que los guardianes de lo que sea que tengamos, porque la vida implica dar y tomar. Por ejemplo: tomamos el aire del exterior, lo transformamos adentro nuestro y luego lo devolvemos a la naturaleza.

Por consiguiente, ninguna de nuestras posesiones es verdaderamente y absolutamente nuestra. Incluso los átomos de nuestros cuerpos son simplemente prestados por la naturaleza, y cuando nuestro yo interno acaba de utilizarlos como un vehículo, él los expulsará y luego serán utilizados por otra entidad.

Así que lo que importa no es cuánta riqueza tengamos, sino nuestra actitud hacia ella y hacia lo que hacemos con ella.


Pero no es solamente la visión materialista mundial la responsable de la ceguera que muchas personas tienen. También lo es la religión, y especialmente en Occidente, donde ha jugado a menudo un papel divisivo y sangriento en la historia humana.

Y algunas doctrinas religiosas y teológicas son tan estrechas y negativas en sus efectos como los son las doctrinas materialistas. Por ejemplo la creencia cristiana de que vivimos solamente una vez en la Tierra, y que cuando morimos, independientemente de cómo hayamos vivido, todos nuestros pecados serán perdonados siempre que creamos en Jesús, es ilógica e injusta.

Y en cuanto a la idea de que Dios luego enviará a los creyentes a un paraíso eterno, mientras que a los no creyentes los botará a un eterno infierno de fuego donde “llorarán y rechinarán sus dientes”, cabe decir que cuanto más pronto se extingan tales supersticiones, mejor.


En una sola vida podemos solamente mejorar una pequeña fracción de las capacidades de nuestra naturaleza superior, y es precisamente enfrentando las consecuencias de nuestros actos, vida tras vida, que aprenderemos mejor y evolucionaremos.

El progreso moral y espiritual genuino es algo que tenemos que lograr a través del autoesfuerzo y la autodisciplina, porque de lo contrario sería un logro muy fácil de conseguir.

El primero de los tres objetivos de la Sociedad Teosófica es promover una Hermandad Universal y oponerse a la discriminación basada en la raza, color, sexo, credo o religión. Y actualmente, la mayoría de la gente aceptaría este principio, por lo menos en teoría. Pero otras personas aún consideran a otras personas, a otras razas, a otras nacionalidades, y a los seguidores de otras religiones (e incluso a los seguidores de equipos de fútbol rivales), como seres inferiores y los tratan como tales.

Personas diferentes pueden encontrarse en diferentes etapas de desarrollo, o más desarrolladas que otras personas en algunos aspectos, pero nadie es inferior en el sentido de ser de menor valor intrínseco o de menor potencial intelectual o espiritual, ya que a un nivel energético, todos somos hermanos y hermanas, aunque nos guste la idea o no.

Un verso de Edwin Markham dice:

-       Él dibujó un círculo que me dejó afuera (herético, rebelde), algo que desobedecer; pero el amor y yo teníamos el ingenio para ganar, y dibujamos un círculo que lo recogió.”

Esto es lo que significa ser verdaderamente humano: ampliar nuestras amistades más allá de nuestro círculo inmediato de familiares y amigos, más allá de nuestro país y raza, para así abrazar a toda la humanidad y a todos los seres vivos.


Uno de los grandes temas de las tradiciones sagradas del mundo es el origen espiritual común de todo lo que existe.

Muchos mitos acerca de la Creación hablan de cómo en el albo de un nuevo ciclo de actividad evolutiva, el espíritu universal despierta de su largo sueño y emite multitud de chispas divinas, semillas de la divinidad, las cuales están destinadas a pasar a través de todos los reinos de la naturaleza en búsqueda de sabiduría y experiencia.

Nosotros empezamos nuestro viaje a través del reino humano como seres inconscientes, no pensantes, en un estado de inocencia, simbolizado en la alegoría bíblica por el Jardín del Edén.

Comer el fruto del árbol de sabiduría del bien y del mal representa el surgimiento de la autoconciencia. Esto nos da el poder de pensar y elegir, el libre albedrío, pero también eso nos convierte en seres moralmente responsables. Y entonces la diversión realmente comienza. Nuestro estado original de inocencia se pierde y somos expulsados del Edén.

Esta es la Caída, una caída hacia la personalidad independiente y autoconsciente. Y es también una caída hacia la materia, ya que el libro del Génesis dice que tomamos “vestiduras de carne”, significando que nuestros cuerpos originales y etéreos se van haciendo cada vez más físicos, dando como resultado un oscurecimiento de nuestra luz interna.

Empezamos a ver a los demás como totalmente separados y distintos de nosotros, y somos tentados a usar nuestro libre albedrío para fines egoístas, para conseguir nuestros propios intereses a costra de los demás.

Y es que el regalo divino del libre albedrío es un regalo a doble filo, ya que nos permite elevarnos en última instancia hacia el nivel de los dioses, o hundirnos por debajo del nivel de las bestias, porque los animales son en su mayor parte seres instintivos y nunca son deliberadamente crueles, destructivos o maliciosos, mientras que los humanos desafortunadamente a veces sí lo son.

Pero como aspirantes a dioses, tenemos la habilidad de ver a través de la ilusión de la separación, y de entender que somos niños del Espíritu Cósmico, descendientes de la Vida Única, y es nuestro deber contribuir a la mejora del curso evolutivo de la naturaleza ayudándonos los unos a los otros a lo largo del camino.

(Pero para alcanzar nuestro completo potencial espiritual, son necesarias un gran número de vidas.)

Algunas personas actualmente parecen considerar la reencarnación como una especie de maldad ya que se necesita mucho tiempo para liberarse de la rueda del renacimiento. Pero,

¿Por qué piensan así?
Acaso es,

¿Es porque ellos quieren escapar de la escena terrenal donde hay mucho sufrimiento y miseria?

Ello puede ser comprensible pero,

¿Es un motivo digno?


Para aquellos individuos (muy raros en nuestra era) que alcanzan el pináculo de la evolución humanan y se convierten el lo que los Budistas Mahayana llaman Bodhisattvas, y quienes ya son libres de elegir entre seguir reencarnando en el planeta o entrar en el Nirvana. Para ellos la elección menos egoísta es permanecer voluntariamente en la Tierra y hacer todo lo kármicamente posible para ayudar a la humanidad.

Gautama Buddha (el último de una larga serie de Buddhas) fue un ejemplo de alguien que hace este “gran sacrificio”, y se dice que su alma continúa viviendo como una fuerza activa en la atmósfera espiritual de la Tierra.

Y los nobles sentimientos que dirigen este acto de autorenunciación y de autosacrificio son expresados hermosamente en el libro “La Voz del Silencio”.

Un bodhisattva que ha alcanzado la liberación espiritual y ha ganado el derecho de tener un largo periodo de descanso y felicidad, oye la voz de la compasión dentro de sí mismo preguntándose:

¿Puede haber felicidad cuando los que viven en la Tierra siguen sufriendo?

¿Estarás a salvo y oirás a todo el mundo llorar?


La mayoría de nosotros tenemos un largo camino que recorrer antes de convertirnos en Buddhas, pero todos nosotros podemos hacer una contribución real para cambiar el mundo a mejor esforzándonos en corregir nuestros propios defectos, y  ayudando a los que nos rodean con palabras alentadoras, obras amables y pensamientos edificantes. Y cada paso a lo largo de este camino es un paso hacia un mundo más pacífico y solidario para todos.





EL ORIGEN DE LA MENTE




(Observación: este artículo fue elaborado por David Pratt y la versión original en inglés la pueden leer en este link, y añadí comentarios míos en morado para hacer más claras las explicaciones que él da.)


Es un principio fundamental del ocultismo de que la vida y la consciencia están presentes en todos los seres y todas cosas.

Y sobre ese tema Helena Blavatsky escribe lo siguiente:

« Todo en el Universo, a través de todos sus reinos, es CONSCIENTE, es decir, está dotado de una consciencia de su propia índole y en su propio plano de percepción... Por lo tanto no hay tal cosa como una materia “muerta” o “ciega”, ya que no hay una Ley “Ciega” o “Inconsciente”. »
(La Doctrina Secreta I, p.274)

Pero aunque la Consciencia es omnipresente, ella se encuentra presente en diferentes grados de actividad o latencia.

Se dice que las primeras tres y media razas raíz de la humanidad (en la presente cuarta ronda de la evolución terrestre) estuvieron intelectualmente dormidas.

Y es solamente hacia el final de la tercera raza raíz (la Lemuriana) que el fuego de la consciencia fue encendido en la naciente humanidad por medio de la encarnación de los Manasaputras (que literalmente significa en sanscrito “los hijos de la mente”) y que fueron seres muy avanzados de manvantaras pasados, quienes tuvieron encomendada esa misión en la evolución humana.

Ahora bien, para entender exactamente qué son y qué hacen los Manasaputras, sería útil considerar primero las diferentes partes de la constitución humana.

El ser humano es esencialmente una corriente de consciencia y vitalidad vertida a partir de la esencia monádica divina. Y en cada plano de existencia hay nudos o focos de esta corriente de consciencia. Y cada uno de estos nudos es una mónada (o centro de consciencia) que actúa a través de un vehículo adecuado, y que posee un ego en el que son acumuladas sus experiencias evolutivas.

Y estas mónadas en el hombre pueden ser clasificadas de la siguiente manera:

Mónada divina o galáctica
atma
Mónada espiritual o solar
buddhi
Mónada manásica, humana superior, o de la cadena planetaria
buddhi-manas
Mónada psíquica, humana inferior, o del globo
kama-manas
Mónada bestial
kama-prana
Mónada astral
prana-linga-sharira
Mónada física
sthula-sharira

(Nota: en la columna de la izquierda, David Pratt pone el nombre de siete centros de consciencia o “mónadas” las cuales están relacionadas con los cuatro reinos físicos que se manifiestan en la Tierra y tres reinos superiores al humano que se manifiestan ya a niveles sutiles.

·        Las “mónadas físicas” se desarrollan en el reino mineral.
·        Las “mónadas astrales” se desarrollan en el reino vegetal.
·        Las “mónadas bestiales” se desarrollan n en el reino animal.
·        Las “mónadas psíquicas” se desarrollan en el reino humano.
·        Las “mónadas manásicas” se desarrollan en el 1er reino superior al humano.
·        Las “mónadas espirituales” se desarrollan en el 2do reino superior al humano.
·        Las “mónadas divinas” se desarrollan en el 3er reino superior al humano.

Y la descripción en español que se hace de las mónadas no me parece la más propicia, pero a falta de disponer de un vocabulario más adecuado, es lo que mejor se ha encontrado para ilustrar a esos diferentes seres o centros de conciencia.

Y en la columna de la derecha, David Pratt pone la correspondencia que tienen esas siete mónadas con los siete principios que componen al ser humano. Y David Pratt da aquí una forma más elaborada de la composición oculta del hombre, mientras que yo en el blog utilizo una clasificación más simplificada.)




El hombre es por lo tanto una entidad compuesta

Y es por eso que Gottfried de Purucker escribió:

« El Hombre tiene dentro de él a una Divinidad, a un Buddha o Cristos, a un Mânasaputra, a un ser humano, a una entidad astral; y durante su encarnación habita en un cuerpo astro-vital-físico. »
(El Manantial del Ocultismo, p.446)

Los seres humanos son esencialmente mónadas humanas, y en el nivel actual de evolución, mónadas humanas inferiores. Y dado que cada mónada en nuestra constitución es septenaria, podemos representar la constitución humana en forma de cruz, en la que el elemento vertical representa a la serie ascendente de mónadas, mientras que el elemento horizontal representa a los siete principios o cualidades de cada mónada (y en nuestro caso particular a la mónada del globo).

Mónada divina
Mónada espiritual
Mónada mânásica
Mónada humana inferior
atma - buddhi - manas - kama - prana - linga-sharira - sthula-sharira
Mónada bestial
Mónada astral
Mónada física


Los siete principios de cada mónada pueden también representarse como siete escalones que conducen de una mónada a la siguiente. Y en el momento actual nuestra consciencia tiende a estar centrada en la parte kama-manásica de la mónada humana inferior.

Pero cuando hayamos elevado nuestra consciencia a la parte buddhica y luego atmica de la mónada humana inferior, esta mónada habrá llegado a ser una mónada manásica y entonces se corporificará en el siguiente reino superior.

Los tres reinos por arriba del reino humano son las tres clases generales de Dhyani-Chohanes que podríamos traducirlos al español como “los grandes dioses”, “los dioses inferiores”, y “las pequeñas divinidades”. Y hay probablemente una estrecha conexión entre estos tres reinos superiores al reino humano y las mónadas manásica, espiritual y divina respectivamente.

G. De Purucker afirma que los Manasaputras, son seres que evolucionaron en la cadena lunar y que alcanzaron el nivel de Dhyani-Chohanes Manasaputras cuando la cadena lunar entró en pralaya (Día, III, 30).

(O sea que las mónadas que evolucionaron como humanos en la Luna durante el ciclo cósmico anterior. Cuando la Luna terminó sus siete rondas y “murió”, esos humanos lunares ascendieron al reino superior y se volvieron Dhyani-Chohanes Manasaputras.

Y nosotros humanos terrestres también ascenderemos a ese reino superior cuando terminemos nuestro ciclo evolutivo de siete rondas en la Tierra.)

Y dado que todas las tres clases de Dhyani-Chohanes han desarrollado plenamente sus facultades manásicas, todos ellos pueden ser considerados, en cierto sentido, como Manasaputras.

(O sea que los tres reinos superiores al reino humano están dotados plenamente de Manas, nada más que los Dhyani-Chohanes de los reinos superiores a los Manasaputras han desarrollado plenamente otras cualidades que los Manasaputras todavía no han desarrollado.)





¿En donde se encuentra nuestro propio manasaputra entre las diferentes mónadas?

G. de Purucker señala que de hecho hay dos manasaputras dentro del hombre:
  • Nuestro propio manasaputra individual cuyos poderes no están todavía plenamente desarrollados. 
  • Y el manasaputra que nos despertó la conciencia en la tercera raza raíz.
(Ver Dia. III, 35, 53)

Nuestro propio manasaputra individual puede ser considerado como el manas superior o buddhi-manas de la mónada humana inferior. (Dia. III, 155)

Mientras que el manasaputra que nos encendió puede ser considerado como la mónada humana manásica o superior (Dia. II, 280; III, 210-11).

Y los dos manasaputras son usualmente hijos de la misma estrella progenitora.

El estrecho vínculo kármico entre los dos manasaputras se hace claro si consideramos que nosotros los humanos, y también los animales y los manasaputras estuvimos en la cadena lunar.

(Nada más que estuvimos desarrollándonos en los reinos inferiores a los reinos en los que nos estamos desarrollando actualmente.)

Y es por ello que los humanos promedio y los superiores de la actual cadena terrestre fuimos las mónadas bestiales de los humanos en la luna.

Y al final de la séptima ronda en la cadena lunar, estas mónadas humanas entraron al reino inferior dhyani-chohánico y por lo tanto se convirtieron en mónadas manásicas.

Y estos seres son los Manasaputras que despertaron nuestras mentes.

En otras palabras, cuando nuestros manasaputras eran mónadas humanas en la Luna, nosotros éramos sus mónadas bestiales. Y las mónadas bestiales en los animales lunares superiores son ahora nuestras propias mónadas bestiales, y si logramos tener éxito, nos tocará a nosotros encenderlos actuando como sus manasaputras en la siguiente corporificación de la cadena terrestre, cuando ellos habrán llegado a ser mónadas humanas inferiores (y las cuales se les nomina “los pitris terrestres”), mientras que nosotros seremos las mónadas manásicas. (Día III, 358-9; EFO 190)

(En resumen lo que quiere decir David Pratt es que en cada nuevo ciclo cósmico planetario, las mónadas ascienden al siguiente reino superior.

Y es así que los seres que se desarrollaron como humanos en la cadena planetaria anterior –La Cadena Lunar– en este nuevo ciclo ascendieron al reino superior al humano –el reino de los Dhyani-Chohanes Manasaputras– y les tocó la tarea de encender la conciencia de los humanos terrestres.

Y de la misma manera en la siguiente cadena planetaria nosotros los humanos terrestres –quienes para ese entonces nos habremos convertido en Dhyani-Chohanes Manasaputras– nos tocará encender la conciencia de las mónadas que en esa nueva cadena planetaria se estarán desarrollando en el reino humano y que actualmente se están desarrollando en el reino animal en esta cadena terrestre.

Mientras que nosotros fuimos los animales de la cadena lunar y ahora nos tocó desarrollarnos como humanos en esta cadena terrestre.)


Al manasaputra que nos “encendió” se le denomina a veces alma espiritual o alma humana superior, y nuestra propia alma humana puede ser considerada como su rayo o proyección de su esencia. (Dia. I, 198; EFO, 468)

Y nuestras almas humanas son “hijas de los Manasaputras, cuyo destino fue llamarlas a la consciencia de sí mismas”. (Dia. I, 202)

En conclusión: los manasaputras nos componen y al mismo tiempo no son nosotros mismos, ya que aunque son parte de nuestra constitución, ellos no son nosotros (que somos los egos humanos inferiores), sino que ellos son nuestras naturalezas superiores que hicieron que se manifestaran nuestros egos. Y por lo tanto, ellos son de hecho una mónada separada. (Dia. III, 360)

(Para dar una analogía, es parecido a la madre que da a luz a un bebé.
Durante nueve meses ella da parte de su energía y de sus nutrientes a ese nuevo ser que está dentro de su vientre para que pueda desarrollarse hasta que finalmente nace.

Pues bien, a nivel cósmico sucede algo parecido y se requiere que varios reinos superiores al humano hagan un sacrificio temporal y den parte de su energía y de su conciencia para así se pueda nacer una nueva humanidad.)

Fue su deber kármico de esos Manasaputras el sacrificarse para iluminar desde arriba, la parte humana inferior de nosotros, ayudándola de esta manera para que ascienda a su propio nivel elevado. Y los Manasaputras continúan iluminándonos desde arriba, desde su propio plano de existencia, pero también ellos están desarrollándose en su propia esfera superior, la cual probablemente es lo que se conoce en la Teosofía como el Janar-Loka.

(Ver los Collected Writings, vol. XII, p.660, Diagrama V. Link)

Y en la mayoría de los casos apenas si son conscientes, al momento presente, de que ellos son el genio guiador de algunos seres humanos. (Dia III, 39)


El manasaputra que nos “encendió” puede denominarse nuestro ego superior (Dia II, 296), aunque el ego humano superior puede ser considerado también como una parte esencial de nosotros mismos (es decir de la mónada humana inferior) que no está todavía despierta. (Dia III, 34)

Y si quisiéramos hablar con más precisión, deberíamos de distinguir entre:
  • El ego recorporificante (o ego de la cadena) y 
  • El ego reencarnante (o ego del globo)
(MO 564-5; Dia III, 336-7).

Podríamos entonces denominar al manasaputra que nos “encendió”, como el ego recorporificante y a nuestro propio manasaputra interior, como el ego reencarnante.  Sin embargo, no siempre se hace esta distinción y los dos términos se usan frecuentemente de manera intercambiable.

En una ocasión, G. de Purucker mencionó que el alma humana durmiente fue despertada por los Manasaputras, permitiéndole así desarrollar la facultad egoica reencarnante y para de esta manera poderse convertir en un ego reencarnante, ya que el destino del ego reencarnante es llegar a ser él mismo un manasaputra. (Día II, 468-9)

Mientras que Blavatsky dice simplemente que:

« Nuestros Egos (que son la parte de nuestro ser que reencarna) se les llama manasaputras en la Doctrina Secreta. »
(Collected Writings, vol XII, p607, nota anexa)

Y de igual manera, a la mónada humana superior (o mónada espiritual-intelectual) y a la mónada humana inferior (o mónada humana-animal), se las refiere a veces colectivamente como mónada humana.

En una ocasión, por ejemplo, se dice que una mónada animal se desarrolla en una mónada humana, luego en un manasaputra (o mónada solar) y posteriormente en una mónada divina (Dia. I, 324).

Esto querría decir que la mónada humana es la mónada de la cadena y el manasaputra es la mónada solar, pero en otra parte ambos puntos son negados (Dia. II, 461; II, 296)

¡Y los diferentes significados que se les dan a estos términos, tienen sin duda el propósito de evitar que nuestras ideas se cristalicen!

(Yo más bien pienso que se debe porque como solo se dieron partes de la enseñanza oculta, cada instructor adaptó la enseñanza a su manera, haciendo que seguido sus explicaciones difieran. Y es que algo parecido sucede con los manvantaras y paralayas, donde cada instructor le pone diferentes adjetivos: planetario, solar, menor, mayor, etc.

Y es por ello que yo les aconsejo a los lectores que tengan una visión más global y que utilicen el discernimiento y la ley de correspondencia, para que no se pierdan entre las diferentes explicaciones.)



Las partes de los reinos superiores que componen al ser humano


Estas corresponden a los tres principios que conforman nuestra triada superior.

Y tal como hay dos manasaputras en nosotros, también hay dos dioses internos:
  • La mónada divina (el dios de la línea vertical en el esquema anterior), y 
  • La parte âtmica aún no desarrollada de la mónada humana (el dios de la horizontal).

G. De Purucker explica que cuando el neófito está pasando por una iniciación grita:

“¡Oh dios mío, por qué me has abandonado!”

Y esto hace referencia al hecho de que el ego humano debe encarar las pruebas de iniciación sólo. Pero el segundo grito en la cruz:

“¡Oh mi divinidad, como me has glorificado!”

Es pronunciado cuando el ego humano ha descubierto la divinidad que yace en el corazón de su propia esencia monádica humana. Y nuestra tarea por lo tanto consiste en descubrir la divinidad de la horizontal al igual que la divinidad de la vertical. (Dia. III, 261-7)

(O sea a nuestro “dios interior” y a nuestro “dios creador”)

Al mismísimo comienzo de la cuarta ronda, el reino humano en este globo estaba representado por un número relativamente pequeño de Shishtas, que son los mortales divinos que proporcionan las semillas para una nueva humanidad.

G. de Purucker escribe a este respecto lo siguiente:

« Ellos comenzaron a sentir el impulso de la llegada de los egos de la Tercera Ronda, provenientes del Globo C a este Globo D (La Tierra).

Y con cada nuevo impulso, los Shishtas en los cuerpos comenzaron a prepararse más libremente para proveer de cuerpos al flujo que estaba llegando de egos recorporificantes (o manasaputras).  De aquí que cuando llegara el momento adecuado, los Shishtas se habían convertido en millones en vez de ser, digamos, unos cuantos miles.

Entonces, entre estos Shishtas, los Manasaputras que estaban llegando, comenzaron cada uno a tomar el cuerpo más estrechamente vinculado con cada uno de ellos por el destino kármico, y comenzaron a dominarlo y protegerlo poco a poco, pero progresivamente, cada vez más a medida que avanzaban las edades; de una manera muy semejante a como la mente que está por llegar o Ego Re-encarnante, reencarna poco a poco en el niño en crecimiento. »
(Diálogos de G. de Purucker, III, p.188)

Esto significa que en realidad los Manasaputras “descendieron” antes de la tercera raza raíz. Sin embargo, fue solo en la última parte de la tercera raza raíz (en el comienzo de la quinta sub-raza) que estuvo lo suficientemente sofisticada la constitución psicofísica del grueso de la humanidad para que comenzaran a manifestarse nuestras facultades mentales latentes y que comenzara verdaderamente el despertar de nuestras mentes.

Este proceso continúa incluso ahora, a diferentes ritmos y de acuerdo a nuestro pasado kármico. Sin embargo, lo que ocurrió en la tercera raza raíz fue una recapitulación de lo que tuvo lugar en la tercera ronda (comenzando probablemente en la quinta raza raíz).

Pero incluso en la primera y segunda rondas, ya había “humanos” conscientes de sí mismos, en los que los Manasaputras habían encarnado. Y estos deben de haber sido aquellos que habían alcanzado el nivel humano más elevado al final de la séptima ronda en la Luna.

Los Manasaputras que evocaron nuestros poderes mentales latentes a una actividad auto consciente son los Dhyani-Chohanes de la clase más inferior. (EFO 176)

Sin embargo, todo el proceso fue iniciado por manasaputras incluso más elevados. Dhyani-Chohanes que ya eran Manasaputras en la cadena lunar. (EFO 190, 468)

“Ellos eran los seres divinos en la luna que llegaron a ser dioses cuando los hombres de la luna fueron dhyanizados” (EFO 267).

(O sea que en la cadena lunar ya había seres de reinos superiores al reino humano, y los cuales ascendieron al reino siguiente superior en esta cadena terrestre.

Los que pertenecían al 1er reino de Dhyani-Chohanes en la cadena lunar, ascendieron al 2do reino de Dhyani-Chohanes en esta actual cadena terrestre, y los que pertenecían al 2do reino de Dhyani-Chohanes en la cadena lunar, ascendieron al 3er reino de Dhyani-Chohanes en esta actual cadena terrestre, etc.

Y los seres que ya eran Manasaputras en la cadena lunar, fueron ellos los que se ocuparon de tener todo listo para el desarrollo de los diferentes reinos en el ciclo de evolución actual terrestre.)

Y fueron estos seres quienes encarnaron entre los hombres de la tercera raza raíz como instructores divinos y guías. Ellos enseñaron las artes y las ciencias, fundaron las primeras escuelas de misterio, y tocaron la nota tónica de la sabiduría espiritual. Y habiendo completado su trabajo, ellos regresaron a sus propias esferas sublimes.

(Y tal vez sea a ellos que a los que se refieren las diversas mitologías de diferentes lugares de la Tierra, cuando hablan de dioses como: Prometeo, Apolo, Quetzalcóatl, Huangdi, etc., que aportaron la luz del conocimiento y la civilización a la humanidad.)

Estos seres divinos deben de haber sido Dhyâni-Chohanes de las dos clases superiores. (Dia. III, 360)

Pero lo que sí sabemos es que la mayor parte de la onda de vida dhyâni-chohanica inferior está apenas abriendo su primera raza raíz en el globo C. (EFO 196; Dia. II, 358)




¿Cómo llevan a cabo su trabajo los Manasaputras?


G. de Purucker explica que el manasaputra no “viene hacia abajo” o sea hacia el mundo terrestre y literalmente encarna en la Tierra. No.

Y de hecho, la palabra “encarnación” y el “descenso” cuando se usan así son figuras del lenguaje. Porque lo que realmente ocurre es que el Manasaputra rodea, encierra con su propia aura, con su atmósfera vital, el alma que es su deber kármico “despertar”. (Dia II, 470)

El Manasaputra infunde una porción de su propio fuego espiritual-intelectual, y de su propia vida psico-vital en la aún dormida, alma humana subdesarrollada, y esto provoca que esta alma humana naciente vaya iluminándose, tal como el fuego penetra en las moléculas de oro y hace que brille al derretirse. (Dia. II, 471)

Y este proceso puede ser también equiparado al encendido de una vela apagada por la llama de una vela ardiente.

(Bueno, en el caso de los Manasaputras, ellos si pierden temporalmente parte de su esencia, pero esta la recuperan con creces después.)


G. de Purucker dice que:

« Los Manasaputras vivifican e iluminan en nosotros el “manas-manas” de nuestro manas septenario, porque ellos mismos son típicamente manásicos en su característica esencial o Svabhâva.

Sus propias vibraciones esenciales o manásicas, pueden por así decirlo, hacer que la esencia de manas en nosotros mismos vibre en simpatía, de manera muy parecida a cuando al tocar una nota musical esto produce una respuesta afín en algo semejante, haciendo que vibre una nota similar. »
(Glosario Oculto, 2a. edición, p.99)

En otras palabras, los átomos de vida que componen el alma y el aura de los Manasaputras evocan vibraciones (manásicas) afines en nuestra propia alma humana.

Algo similar ocurre en las relaciones entre padres e hijos, maestros y alumnos, el gurú y su discípulo. El niño no sólo aprende por instrucción, ejemplo e imitación, sino también por el intercambio de átomos de vida, y esto sucede especialmente en los niveles invisibles de nuestra constitución.

Además, el cerebro humano es un depósito de fluido de pensamiento y por lo tanto de esencia manásica en el individuo; es “el foco de la influencia manásica de los Manasaputras trabajando a través del manas humano”.

“Durante la vida del cuerpo, los átomos de vida en el cerebro se bañan continuamente de Akâsha; y es a través de Akâsha en la constitución humana que trabaja el Manasaputra”. (Dia. III, 371)

Y es debido a esta conexión con el fluido manásico de los Manasaputras que los átomos de vida del cerebro son los más etéreos en el cuerpo humano.



Cada reino ayuda al avance de la evolución del reino por debajo de él. Y esto, también se da a través de un intercambio de átomos de vida. (EFO 176; MO 620)  Ya que sin esta influencia inspiradora de los reinos superiores, el avance de la evolución sería desesperadamente lento.

Pero en realidad, la naturaleza está interconectada en todas sus partes.

Y es por eso que Blavatsky señala que:

« El mundo de la forma y la existencia es una inmensa cadena, cuyos eslabones están todos conectados. Desde los dioses hasta los hombres, desde los mundos hasta los átomos, desde una estrella hasta la luz de una vela, desde el sol hasta el calor vital del ser orgánico más insignificante. Todos ellos están interconectados. »
(Doctrina Secreta I, p.604)



Abreviaturas

·        Dia. - Diálogos de G. De Purucker [Dialogues of G. De Purucker].
·        EFO - Estudios de la Filosofía Oculta [Studies in Occult Philosophy].
·        MO - El Manantial del Ocultismo [Fountain-Source of Occultism].