¿CÓMO CARLOS CASTANEDA CONOCIÓ A SU HIJA NURY?




SEGÚN CASTANEDA

En su libro "El Arte de Ensoñar", Carlos Castaneda relató que en sus ensueños fue conducido a un mundo de innumerables túneles en el que encontró diferentes seres y uno de ellos era el Explorador Azul.

« Entonces mi atención onírica quedó fija en el tamaño y la configuración de ese túnel, y me habría quedado allí pegado si no me hubieran hecho dar la vuelta. Mi atención onírica se centró entonces en una masa de energía un poco más grande que las entidades de sombra. Era azul, como el azul en el centro de la llama de una vela.

De repente una fuerza considerable me hizo girar y me puso justo frente a la forma azul. Mientras la miraba, se transformó en la figura de una persona: muy pequeña, delgada, delicada, casi transparente.

La mancha azulada de energía era de una dimensión completamente diferente a la nuestra, es un explorador que quedó varado y atrapado como una mosca en una telaraña.

De repente la forma azul se transformó en la niña que había visto antes. Inclinó su delgado, delicado y largo cuello hacia un lado y dijo en un susurro apenas audible: "¡Ayúdenme!"

Me quedé paralizado, impulsado por una genuina preocupación. La observé y me convencí de que la conocía. Parecía vacilar como si estuviera a punto de desmayarse. Una ola ilimitada de afecto por ella me envolvió.

Me apeló en silencio con una mirada ardiente. Incluso sonrió como para hacerme saber que me había dejado a mí la tarea de liberarla de sus ataduras.

Cuando le respondí que no tenía ninguna capacidad, me dio la impresión de una niña histérica en medio de la desesperación. Intenté hablarle frenéticamente. La niña lloró, como lloraría una niña de su edad, por desesperación y miedo.

Entonces hice algo impensable. Antes de que mi atención onírica se desvaneciera, grité con fuerza y ​​claridad mi intención de fusionar mi energía con la de aquel explorador prisionero y liberarlo.

perdí la consciencia y cuando me desperté vi a Carol Tiggs, Don Juan y los miembros de su grupo que parecían intentar sacarme a rastras de un mundo brumoso y amarillento.

Luego la Vieja Florinda me explicó que me habían descargado de energía en el mundo de los seres inorgánicos y me habían recargado, pero que mi nueva carga energética era un poco perturbadora.


Durante un período de recuperación de cuatro semanas, experimenté un extraño anhelo por alguien. Al comienzo de una siesta, cuando empezaba a sentirme normal de nuevo, una extraña presión en mis sienes me hizo abrir los ojos. La niña del mundo de los seres inorgánicos estaba de pie al pie de mi cama, mirándome con sus fríos ojos azul acero.

Salté de la cama gritando, lo que provocó que tres de los compañeros de Don Juan entraran corriendo. Ellos observaron horrorizados cómo la niña se acercaba a mí y era detenida por los límites de mi luminoso ser físico. Nos miramos durante una eternidad.

En ese momento Don Juan entró en la habitación. La niña y Don Juan se miraron fijamente. Sin decir palabra, Don Juan se dio la vuelta y salió de la habitación. La niña pasó sigilosamente junto a la puerta tras él.

Cuando Don Juan regresó con sus entusiasmados compañeros, su principal interés era averiguar si había alguna uniformidad en la forma en que habían percibido la apariencia de la exploradora.

Todos coincidieron en que habían visto a una niña pequeña, de seis o siete años, muy delgada, con rasgos angulosos y hermosos. También coincidieron en que sus ojos eran azul acero y ardían con una emoción silenciosa; sus ojos, dijeron, expresaban gratitud y lealtad.

Castaneda y los compañeros de Don Juan discutieron las implicaciones de este suceso. Todos coincidieron en que la exploradora era una porción de energía extraña que se había filtrado a través de las paredes que separaban la atención del segundo plano de la atención del mundo cotidiano.

Afirmaron que puesto que no estaban soñando y sin embargo todos habían visto la energía extraña proyectada en la figura de una niña humana, esa niña tenía existencia. »
(Capítulo 7, extractos)


Posteriormente Castaneda y sus discípulas personales afirmaron que una muchacha que se hacia llamar Nury Alexander, era la hija de Castaneda y de Carol Tiggs (la mujer nahual), y que esa muchacha también era el Explorador Azul.

Dejando entender que Castaneda y Carol habían procreado una niña y que esa entidad que Castaneda salvó del mundo de los inorgánicos y a la que él denominó el Explorador Azul, había reencarnado en esa niña, quien era Nury Alexander.






LA VERDADERA HISTORIA

En realidad Nury Alexander originalmente se llamaba Patricia Lee Partin, ella nació el 4 de septiembre de 1957 en el Hospital St. Luke de Pasadena, California.

Su padre no era Castaneda sino un señor llamado Marion Lee Partin, y su madre no era Carol sino una mujer llamada Joyce Jeanette Jensen. Nury fue la cuarta de cinco hijas de la familia Partin.

Cuando ella conoció a Castaneda no era una niña de siete años sino una joven de 19 años que había dejado la escuela y trabajaba de camarera en un restaurante de la cadena Denny's y soñaba con volverse una actriz famosa.

Ella conoció a Mark Silliphant, sobrino del escritor y productor de Hollywood Stirling Silliphant.

El 23 de enero de 1977 Nury contrajo matrimonio con Mark, y el 22 de febrero de 1977 (apenas un mes después) Mark solicitó el divorcio.

Su matrimonio no funcionó pero Mark en esa época era un miembro del círculo interno de Castaneda, él se la presentó, y fue así como realmente Castaneda y Nury se conocieron; y posteriormente Castaneda adoptó a Nury como su hija.

Y esto les muestra lo tremendamente fantasiosas que eran las historias contadas por Castaneda, y lo tremendamente diferentes que eran de los hechos reales.





 




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