El siguiente texto es la transcripción de una conferencia que Jinarajadasa dio sobre Blavatsky, pronunciada en la Convención de la Sociedad Teosófica en Inglaterra, el 5 de julio de 1930.
Posteriormente se publicó como un pequeño libro titulado "La Personalidad de H. P. Blavatsky" (1930).
Añadí subtítulos para facilitar su lectura y puse mis comentarios en morado.
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En el estudio de una filosofía como la Teosofía, las personalidades no sirven de ayuda. No importa quiénes fueron o son los principales teósofos del pasado o del presente; la Teosofía, como filosofía de vida, se sostiene por sí misma, y conocer la biografía de teósofos individuales no hace que los estudios teosóficos sean más fructíferos.
Por lo tanto no es necesario que quien hoy se interese por la Teosofía sepa quién o qué fue H.P. Blavatsky; ella fue una exponente de la Teosofía que conocía, y sus ideas deben juzgarse únicamente por su valor intrínseco.
Sin embargo la situación cambia si el estudiante de Teosofía se interesa no solo por la Teosofía, sino también por la Sociedad Teosófica, pues la organización fue fundada por H.P.B. con la ayuda de otras personas, y durante sus primeros dieciséis años la Sociedad Teosófica fue profundamente moldeada por la personalidad de H.P.B.
H.P.B., como gran teósofa —es decir, no solo como alguien que creía en la Teosofía, sino también como alguien que entregó su vida a la Sociedad Teosófica—, tiene muchas enseñanzas que ofrecernos que no se encuentran en su obra "La Doctrina Secreta".
Es evidente que todo lo valioso que pueda decirse sobre H.P.B. como personalidad no cabe en una conferencia de una hora. No intentaré hacerlo. Mi propósito es simplemente abordar ciertos aspectos de su carácter que me interesan profundamente.
Y permítaseme decir algo que a muchos sorprenderá: me ha fascinado mucho más la propia H.P.B. que sus escritos. Sus escritos pueden conducirme al conocimiento, pero cuanto más la conozco como persona, más inspiración recibo para mi propia conducta; pues ella posee una cualidad heroica que me conmueve profundamente.
En nuestra vida actual, llena de estrés y tensiones, donde debemos saldar rápidamente nuestras deudas con el karma, creo que es más necesario cultivar el heroísmo que acumular conocimientos.
Los contactos de Jinarajadasa con Blavatsky
Me he interesado por H.P.B. desde que era un muchacho. La conocí en dos ocasiones, pero entonces solo tenía catorce años y apenas pude captar una pequeña parte de lo que el obispo Leadbeater me contó sobre ella en aquel momento.
Más tarde viví varios años en la antigua sede de Avenue Road, en Londres, en estrecha relación con otros discípulos de H.P.B., de quienes escuché mucho sobre ella. Sin embargo fue al empezar a vivir en Adyar (la sede central de la Sociedad Teosófica) y tener acceso a diversos documentos allí, cuando la figura de H.P.B. comenzó a cobrar una relevancia en mi imaginación que no había tenido antes.
Esto ocurrió cuando empecé a examinar detenidamente sus álbumes de recortes (son diecinueve en total, el primero iniciado en 1874) y vi cómo su mente se ocupaba del bienestar de la Sociedad Teosófica mientras pegaba, noche tras noche, recortes de periódicos, artículos y anuncios; y cuando leí un diario del coronel Olcott (el correspondiente a 1878) donde ella había realizado anotaciones relacionadas con sus planes y preocupaciones (se han publicado extractos de este diario en la revista "The Theosophist" de abril y septiembre de 1925).
Sobre todo cuando leo las cartas del Maestro Serapis al coronel Olcott referentes a ella —extractos de las cuales he incluido en mi libro "Cartas de los Maestros de la Sabiduría" (Segunda serie)—; es tras haber estudiado a fondo todo este material cuando siento que la verdadera vida de H.P.B. está aún por escribirse.
Olcott no comprendió a Blavatsky
Una profunda impresión que me queda es que el coronel Olcott, en su obra "Hojas de un Viejo Diario" no le ha hecho plena justicia a H.P.B.
No creo que su intención fuera ser injusto, pero es evidente que había ciertos aspectos del carácter de H.P.B. que simplemente él no podía comprender. A lo largo de su vida, ella actuó movida por motivos y razones que él no lograba captar.
En su trato inicial con ella, no llegó a comprenderla, pues ella estaba comprometida a cumplir las órdenes de su Maestro de maneras que no eran obligatorias para él hasta que él mismo llegó, más tarde, a establecer la misma relación con su Maestro; y, además, ella veía, oía o percibía continuamente a los Maestros y a sus discípulos, tratando así de ajustar sus actividades a los planes de sus superiores.
El coronel Olcott hacía lo mismo; pero no disminuye nuestra gratitud hacia él decir que, una y otra vez, no logró comprender los planes de su Maestro.
En pocas palabras, ella era una ocultista que actuaba basándose en razones que a menudo ella no podía revelar ni siquiera a él [Olcott], su colega de mayor confianza; ella «sacaba conclusiones precipitadas» que él no podía justificar con su mentalidad basada en el sentido común, por lo que ella parecía actuar de manera irracional.
El segundo matrimonio de Blavatsky
Un ejemplo muy llamativo de esto es la forma en que él narra la historia del segundo matrimonio de H.P.B. en Filadelfia.
En su obra "Hojas de un Viejo Diario" concluye que fue una especie de excentricidad de su parte lo que la llevó a H.P.B. a casarse con un hombre muy inferior a ella en todos los aspectos. La frase que utiliza el coronel Olcott es: «en lo que a mí me pareció un arranque de locura».
Pero creo que cuando él escribió aquello, él había olvidado la verdadera razón, pues aún conservaba las cartas del Maestro Serapis y allí podría haberla hallado; estoy convencido de que no volvió a leerlas y por consiguiente escribió basándose en un recuerdo algo confuso.
Este segundo matrimonio de H.P.B. me parece uno de los actos más nobles de su sacrificio personal. Viajó a los Estados Unidos por orden de su Maestro; allí debía mantenerse a sí misma y al mismo tiempo iniciar el Movimiento que más tarde se convertiría en la Sociedad Teosófica.
Luchó por ganarse la vida de diversas maneras, pero el fracaso la acechaba. Entonces, un hombre —un albanés, poco más que un campesino— se mostró devoto de ella, o al menos eso profesaba; se ofreció a crearle un hogar sin pedir nada a cambio; se comprometió a proporcionarle ese centro que ella tanto anhelaba, donde ella podría continuar con sus escritos y sus entrevistas con personas interesadas.
Ella detestaba a aquel hombre, pero la alternativa era casarse con él o afrontar una vida de absoluta miseria y la ruina de todos sus planes.
Ella se casó con él, aunque insistió en conservar su propio nombre.
¿Acaso no puede uno ponerse en el lugar de H.P.B. —una aristócrata hasta la médula— uniéndose de por vida, tal como entonces parecía, a un hombre zafio, con el fin de llevar a cabo el plan que se le había encomendado e iniciar la gran obra?
Yo no alcanzo a imaginar un acto de sacrificio más noble.
Citaré aquí algunos fragmentos de las cartas de Serapis para demostrar que, al menos para los Maestros, así fue considerado:
« Devota de la Gran Causa de la Verdad, sacrificó por ella hasta la sangre de su corazón; creyendo que podría servir mejor a la causa si tomaba un esposo cuyo amor hacia ella le hiciera abrir la mano y dar con generosidad, ella no vaciló en unirse a aquel hombre a quien detestaba. » (1)
Pero el sacrificio de H.P.B. resultó inútil; el hombre con quien se había casado pronto se volvió contra ella. Y al referirse a esta tragedia, el Maestro escribe al coronel Olcott:
« Su amor por ella se ha desvanecido, la llama sagrada se ha extinguido por falta de combustible, no prestó atención a la voz de advertencia de ella... viéndose al borde de la bancarrota, su plan secreto es embarcarse hacia Europa y dejarla sola y sin recursos. » (2)
Al apelar al coronel Olcott para que ayude a las precarias finanzas de este hombre —por el bien de H.P.B.—, el Maestro continúa diciendo:
« A menos que la ayudemos, nuestra Hermana, [Blavatsky], su vida estará condenada y su futuro será de pobreza y enfermedad. Las leyes que rigen nuestra Logia no nos permiten interferir en su destino mediante medios que pudieran parecer sobrenaturales.
Ella no puede obtener dinero sino a través del hombre con quien se casó; su orgullo [de H.P.B.] debe ser doblegado incluso ante aquel a quien ella odia.
No obstante, disponemos de medios para proveer a sus necesidades y, a través de ella, beneficiarse usted mismo [Olcott] y a la Causa.
El hermano John [King] ha trabajado hábilmente en favor de ella en su tierra natal [Rusia]. Los jefes del gobierno le han enviado órdenes [al marido]; si las cumple, le aguardan millones en el futuro. Él carece de dinero y su inteligencia es limitada. ¿Podría mi hermano Olcott intentar encontrarle un socio? » (3)
No es necesario profundizar más en esta lamentable historia. H.P.B. se negó a convivir con aquel hombre. Él entonces inició una demanda de divorcio alegando abandono; la demanda no fue impugnada, por lo que él ganó el litigio, para alivio de H.P.B.
La confrontación más peligrosa que tuvo Blavatsky
Fue también por aquella época cuando ella atravesó pruebas de una naturaleza que no podemos comprender; pero contamos con las palabras del Maestro que indican que se trataba de pruebas ocultas en las que su propia vida corría peligro.
En tres pasajes de una misma carta, él hace referencia al grave peligro que ella afrontaba:
« . . . en caso de muerte. La posible eventualidad de tal caso no es una mera habladuría de nuestra noble hermana. El Morador [del Umbral] vigila atentamente y nunca perderá la oportunidad si el valor de nuestra hermana flaquea. Esta será una de sus pruebas más arduas.
. . .
Si sobrevive a la prueba. Pues de la buena voluntad hacia ella y de la intensidad del pensamiento magnético concentrado en nuestra hermana dependerá gran parte de su seguridad en el peligroso descenso hacia el ___ (palabra indescifrable en el original).
. . .
Cuán peligroso será para ella el cumplimiento de su deber y cuán probable es que ambos perdáis a una hermana y a una Providencia en la Tierra. » (4)
Se alude a la terrible naturaleza de la prueba que H.P.B. tuvo que afrontar en la Carta 13, donde el Maestro apela al coronel Olcott y a Elbridge Gerry Brown para que la ayuden con la fuerza de sus pensamientos más intensos.
« Ella debe enfrentarse una vez más, y cara a cara, a aquel ser temido que ella creía no volver a ver jamás. Debe vencer... o morir ella misma como víctima suya... Cuán sola, desprotegida, pero aun así intrépida, tendrá que afrontar todos los grandes peligros y los desconocidos y misteriosos riesgos que le aguardan.
. . .
Hermano mío, nada puedo hacer por nuestra pobre hermana. Ella se ha sometido a la severa ley de la Logia, y tales leyes no pueden atenuarse para nadie. Como Elloriana, ella debe conquistar su derecho.
. . .
Los resultados finales de la temible prueba dependen de ella —y solo de ella— y de la simpatía que le profesen sus dos hermanos, Henry y Elbridge; dependen de la fuerza y el poder de la voluntad que ambos le envíen, dondequiera que ella se encuentre.
Sabed, oh hermano, que tal fuerza de voluntad, fortalecida por un afecto sincero, la rodeará con un escudo impenetrable, formado por los puros y buenos deseos combinados de dos almas inmortales, y poderoso en proporción a la intensidad de sus anhelos de verla triunfante.
. . .
Rogad ambos por nuestra hermana; ella lo merece. » (5)
Blavatsky fue el enlace entre Olcott y los Maestros
Ya en aquellos primeros tiempos, H.P.B. era el centro de un extraño mundo oculto, pues ella estaba rodeada de ayudantes y guías invisibles.
La Logia Egipcia —la Hermandad de Luxor— había emprendido ya en aquella etapa temprana, la labor inicial del Movimiento Teosófico.
En una carta se le indica de antemano al coronel Olcott que en cierta ocasión —cuando informe a ella sobre el éxito o el fracaso de los planes—, habrá otros presentes de forma invisible para escuchar y guiar.
« Al regresar de la oficina, ten por seguro que la Hermandad estará reunida en su habitación, y que siete pares de oídos escucharán tus informes y juzgarán el progreso que tu Atma [Espíritu divino] realiza en relación con las percepciones intuitivas.
No le hagas caso cuando te diga que tus palabras no le interesan; prosigue sabiendo que hablas en presencia de tus Hermanos. Cuando sea necesario, te responderán a través de ella. Que la bendición de Dios caiga sobre ti, hermano mío. » (6)
Algo similar ocurrió en una ocasión mucho más tardía, en 1884, cuando el Maestro K.H. instruyó a Mohini M. Chatterjee para que se postrara y tocara los pies de H.P.B. al estilo hindú; ello se debía a que el propio Mahachohan estaría entonces en el cuerpo de H.P.B., observando directamente —desde el plano físico— las fuerzas a favor y en contra del Movimiento de la Sociedad Teosófica en Europa.
Ni siquiera el coronel Olcott sabía lo que estaba a punto de suceder, y al parecer, tampoco lo sabía la propia H.P.B.
« Cuando llegue Upasika [Blavatsky], la recibirás como si estuvieras en la India y ella fuera tu propia madre. No debes preocuparte por la multitud de franceses y otras personas presentes. Has de dejarlos atónitos; y si el coronel te pregunta la razón, le responderás que es al hombre interior —al morador interno— a quien saludas, no a H.P.B., pues nosotros te lo hemos comunicado así.
Y sabed, para tu propia edificación, que alguien mucho más grande que yo ha accedido amablemente a examinar toda la situación bajo su apariencia, y posteriormente a visitar —a través del mismo canal y de vez en cuando— París y otros lugares donde residan miembros extranjeros.
Así pues, la saludarás al verla y al despedirte de ella durante todo el tiempo que permanezcas en París, sin importar los comentarios ni su propia sorpresa. (7)
(Nota: Upasika es el nombre que los Maestros utilizaban para referirse a H.P.B. En el budismo, significa una mujer —una discípula laica— consagrada al servicio del sacerdocio.)
Este elemento de lo oculto es inseparable de su personalidad. Podemos restar crédito a lo oculto, pero resulta imposible comprender el carácter de H.P.B. sin destacar el elemento oculto que le es inherente.
En los últimos años se ha publicado abundante material documental que nos proporciona la base para elaborar, algún día, una biografía satisfactoria de H.P.B.
Y cuanto más se examina dicho material —así como todo lo publicado anteriormente—, más evidente resulta que H.P.B. no puede separarse de los Maestros a quienes sirvió. Para ella, el único valor que tanto su persona como su obra tenían para el mundo residía en su condición de agente de los Maestros.
Ella consideraba que su propia persona no tenía ante el mundo. Esta actitud hacia sí misma se manifiesta de forma más característica en un ejemplar de su propio libro "La Voz del Silencio" que por alguna extraña razón se regaló a sí misma.
El ejemplar se encuentra en Adyar, y en la guarda aparece, de su puño y letra, la siguiente sorprendente declaración (8):
(Parece que dice "De H.P.B. para H.P. Blavatsky sin saludos cordiales".)
Los poderes de Blavatsky y los espiritistas estadounidenses
Aunque H.P.B. se menospreciaba, es evidente que poseía ciertos poderes ocultos; no siempre actuaba simplemente como centro de fenómenos realizados por los Maestros, como durante el período descrito en el libro "El Mundo Oculto" de Alfred Sinnett.
Ya en 1874 y 1875 ella utilizó algunos de sus poderes ocultos, y conservamos un memorándum suyo al respecto. Para comprender la importancia de sus palabras, debemos recordar que intentó iniciar el Movimiento de la Sociedad Teosófica con los espiritistas de Estados Unidos.
En un momento en que el espiritismo estaba a punto de ser desacreditado debido a los constantes fraudes de los médiums, H.P.B. intervino de una manera peculiar. Creó algunos de los fenómenos directamente mediante sus propios poderes ocultos, y por supuesto, permitió que se atribuyeran al espiritismo.
Pero llegó un momento en que los espiritistas estadounidenses se negaron a ir más allá de los fenómenos y adentrarse en una gran filosofía sintética de la religión y la ciencia; fue entonces cuando ella rompió con ellos, recibiendo como consecuencia, naturalmente, ira y difamación.
A todo esto se refiere en su memorándum que pegó en su álbum de recortes, junto a un recorte de periódico que menciona a dos médiums, el Sr. y la Sra. Holmes:
«
NOTA IMPORTANTE
Sí, lamento decir que tuve que identificarme durante aquella vergonzosa exposición pública de los médiums Holmes ante los espiritistas.
Tenía que salvar la situación, pues fui enviada expresamente de París a Estados Unidos para demostrar los fenómenos y su realidad —para mostrar la falacia de las teorías espiritistas sobre los "espíritus" —. Pero, ¿cuál era la mejor manera de hacerlo?
No quería que el público en general supiera que yo podía producir lo mismo a voluntad. Había recibido órdenes en sentido contrario, y a pesar de eso tenía que mantener viva la realidad, la autenticidad y la posibilidad de tales fenómenos en los corazones de aquellos que, habiendo pasado del materialismo al espiritismo, ahora —debido a la exposición [fraudulenta] de varios médiums— recaían nuevamente en el escepticismo.
Por eso, seleccionando a unos pocos fieles, acudí a los Holmes y ayudada por M. ... y su poder, hice aparecer el rostro de John King y el de Katie King en la luz astral, produje fenómenos de materialización y ... permití que los espiritistas en general creyeran que aquello se había logrado gracias a la mediumnidad de la señora Holmes. Ella misma estaba terriblemente asustada, pues sabía que, esta vez, la aparición era real. ¿Obré mal?
El mundo aún no está preparado para comprender la filosofía de la Ciencia Oculta; que se convenzan primero de que existen seres en un mundo invisible —ya sean "espíritus" de los muertos o elementales— y de que hay poderes ocultos en el hombre capaces de convertirlo en un dios sobre la tierra.
Cuando yo haya muerto y desaparecido, tal vez la gente aprecie mis motivos desinteresados. He dado mi palabra de ayudar a las personas a alcanzar la Verdad mientras viva y ... cumpliré mi palabra. Que me insulten y me vilipendien. Que algunos me llamen médium y espiritista, y otros, impostora. Llegará el día en que la posteridad aprenderá a conocerme mejor.
¡Oh, mundo pobre, insensato, crédulo y malvado!
M. ... trae órdenes de formar una Sociedad: una Sociedad secreta como la Logia Rosacruz. Promete ayudar. H.P.B. » (9)
Blavatsky y sus Maestros
Nadie comprenderá jamás quién fue H.P.B. a menos que pueda creer en la existencia de los Maestros. Pues ella vivía para ellos, y especialmente para su propio Maestro.
Para la mayoría de nosotros hoy en día, los Maestros son ideales; tal vez para unos pocos sean realidades; pero aun así, no son realidades de este mundo físico, como lo son nuestros amigos, a quienes encontramos día a día. Pero para H.P.B. eran reales, porque había estado en el Tíbet y en otros lugares donde los conoció físicamente.
Ella describió cómo conoció a su Maestro por primera vez en Londres, cuando él llegó allí como parte de la comitiva de la embajada de Nepal; en 1868 viajó con él desde Constantinopla a la India. Luego vivió en el Tíbet junto a él y al Maestro K.H. durante 1869.
Lo que su Maestro significaba para ella lo describió con estas palabras:
« Mi Maestro —el único creador de mi Yo interior que, de no haber sido porque Él lo invocó y lo despertó de su letargo, nunca habría alcanzado una existencia consciente; al menos, no en esta vida. » (10)
Los Maestros eran para ella —especialmente su propio Maestro— como el aliento mismo de su vida. En una carta escrita desde la India, se queja de no haberlo visto en tres días; en otra, la interrupción en la comunicación fue de dos días.
Lo más sorprendente de todo, como prueba de la realidad de los Maestros, es la forma en que ella se atreve a criticarlos. No es que fuera rebelde ni que alguna vez pensara en cuestionar sus decisiones. Pero era lo suficientemente humana como para sentirse irritada cuando su propio Maestro le ordenaba hacer algo que le resultaba desagradable.
En una ocasión, el Maestro M. escribió al Sr. Sinnett, y el resultado fue que H.P.B. tuvo que cambiar sus planes. Le molestaba no haber recibido una orden directa de su Maestro. H.P.B. le escribió al Sr. Sinnett:
« No lo he visto ni sentido en las últimas 48 horas. No sé qué le pasa. ¿Por qué no decirme directamente que quería que fuera a verle? ¿Y qué necesidad tenía de convertirle a usted en intermediario, como si yo fuera a hacerlo antes por usted que por él? Él sabe que no soy más que una esclava y que tiene derecho a darme órdenes sin consultar mis gustos ni mis deseos. » (11)
Debemos recordar que toda esta irritación es superficial, pues ella era, en efecto, la esclava. Cito esto simplemente para mostrar que su Maestro era una realidad viva y poderosa en cada instante de su conciencia de vigilia.
Permítaseme citar otros ejemplos. Al escribir al Sr. Sinnett, describe a su Maestro y sus acciones en un lenguaje ciertamente irreverente, pero que no obstante, es el lenguaje de la realidad. Para comprender el sentido de su sarcasmo, debemos recordar que el Chohan —el venerable «anciano caballero», como ella lo llama— era la autoridad, y que tanto el Maestro M. como el Maestro K. H. estaban dispuestos a obedecerle, al igual que H.P.B. estaba dispuesta a obedecer a su propio Maestro.
El Chohan permitía a ambos Maestros recurrir al «depósito de fuerza» oculta para producir fenómenos físicos relacionados con la Sociedad Teosófica, pero evidentemente estaban sujetos a ciertas limitaciones impuestas por él. Cabe señalar que ella emplea el término 'Boss' (jefe) —un coloquialismo estadounidense, pero muy expresivo— para designar a su Maestro.
« ¿Y ahora qué pasa con mi incontenible Jefe? ¡Hace tres días apareció tan inesperadamente que pensé que la montaña se me había venido encima, y me echó una bronca {?!) por no haberte enviado su retrato! ¿Y qué demonios tengo yo que ver con eso?
Olcott le entregó su retrato al pastel al fotógrafo un mes antes de marcharse de Bombay; ¿acaso debo hacerme responsable también de los pecados del fotógrafo?
¡Menuda cosa! Lo pedí, lo conseguí con muchísima dificultad y él estuvo encima de mí hasta que lo empaqueté, lo envolví y te lo envié.
Demasiado amor y mimos estropean el carácter de los niños. ¡Ya verás cómo les cae una buena a ambos —a tu Orestes tibetano y a su Pílades— por mimarte como a dos tontos!
Y cuánto me alegraré de ello. Puedes estar segura de que la hija de mi padre tiene razón, y de que el Chohan les dará un buen escarmiento algún día por todo esto.
¿Y para qué quieres su retrato? Además, no se parece en nada a él, ya que ahora nunca lleva su atuendo blanco, sino que simplemente se coloca un platillo amarillo sobre la cabeza, como K.H.
Todo esto es vanidad y aflicción de espíritu, y nada más. Será mejor que le pidas al Chohan que te obsequie con una imagen suya, y verás qué amable parece cada domingo por la mañana. » (12)
Igualmente irreverente es su lenguaje respecto a la predilección del Maestro K.H. por el Sr. Sinnett; tras calificarla de «indulgencia criminal», continúa:
« Pero claro, él encontrará algo bueno incluso en las cosas que tiras a la papelera. Estoy perdiendo la fe en él. » (13)
A nosotros nos parece increíble que H.P.B. hablara alguna vez con ligereza de su Maestro; no es falta de reverencia, sino más bien su incontenible sentido del humor lo que da esa impresión.
« No sé si tengo que ir a Bareilly o no, si tengo que ir a Lucknow o no, si iré por un camino o por otro a Bombay. ¿Quién sabe? Todo depende de los caprichos de mi jefe; y sinceramente creo que, a pesar de su apariencia juvenil, está envejeciendo y cayendo en la senilidad (con todo el respeto que se le debe). » (14)
La culminación de su carácter indomable se manifiesta seguramente cuando, debido a que el Chohan le negó en una ocasión el permiso para cruzar la frontera tibetana y reunirse con su amado Maestro, ella califica a los jefes [de la Fraternidad de los maestros transhimaláyicos que se encuentran en] el Tíbet de «peces gordos insensibles y resecos».
Ella ya lo tenía todo preparado, su propio Maestro había dado su consentimiento, pero en el último momento intervino el Chohan.
He aquí las palabras de H.P.B.:
« Lo tenía todo listo, el itinerario completo se había enviado desde Calcuta, M. me dio permiso y Deb estaba preparado. Pues bien, nadie me impedirá decir ahora, al menos desde lo más profundo de mi corazón: "¡Maldito sea mi destino!"
Les aseguro que la muerte es preferible. Trabajo, trabajo, trabajo y ni una palabra de agradecimiento. ... Bueno, si me siento enloquecer, la culpa es de ellos, no mía; no de los pobres M. o K.H., sino de ellos, de esos peces gordos insensibles y resecos; y debo llamarlos así, aunque tuvieran que pulverizarme por ello.
¡Qué me importa ya la vida! La aniquilación es diez mil veces mejor. » (15)
Afortunadamente para H.P.B., en una ocasión posterior no se le negó el permiso. Salió de Bombay en secreto y se dirigió a Darjeeling, y desde allí cruzó la frontera hacia Sikkim, donde permaneció durante dos días —"dos días benditos, benditos" (16), como ella los llama— con ambos Maestros, M. y K.H.
Varios discípulos indios intentaron seguir a H.P.B. en su huida secreta para ver a los Maestros, pero solo uno, S. Ramaswamier, de Madrás, logró cruzar la frontera india y ver al Maestro M. El relato de su visita apareció en la revista "The Theosophist" de aquella época y ha sido reimpreso en otros lugares, como por ejemplo en el libro "Cartas de los Maestros de Sabiduría" (Segunda serie).
Citaré solo uno de los muchos casos que ella narró para mostrar cómo intervenía constantemente su Maestro.
« Pero apenas había terminado de copiar mi carta (con el inglés corregido por Mohini) —una tarea realizada en mi mejor papel y con una pluma nueva, que me ocupó toda la mañana en detrimento y descuido de otros trabajos—, cuando sucedió lo siguiente:
¡¡Mi carta —de ocho páginas— fue rasgada tranquilamente, página tras página, por mi Jefe!! Su gran mano apareció sobre la mesa justo ante las narices de Subba Row (quien quería que yo escribiera de manera muy distinta), y su voz pronunció un cumplido en telugu que no traduciré, aunque Subba Row pareció traducírmelo con gran regocijo. La orden fue: "K.H. quiere que escribas de otra manera". » (17)
He citado estas observaciones de H.P.B. para ilustrar que es imposible comprender a H.P.B. a menos que uno se adentre en su atmósfera, donde los Maestros son personas vivas —que hablan, escuchan, se mueven y dan órdenes—, y no meros conceptos ideales.
Si para muchos de nosotros la existencia de los Maestros es hipotética, para ella no lo era. Si a algunos nos molesta recibir órdenes de ellos y que se espere que las obedezcamos mientras somos sus discípulos, esa no era la actitud de H.P.B.
(En realidad los Maestros se alejaron de la Sociedad Teosófica de Adyar después de que sus dirigentes exiliaron a Blavatsky a Europa en 1885; y los posteriores embusteros que tomaron el control de esa organización –Besant, Leadbeater, Arundale, etc.– pretendieron seguir recibiendo órdenes de los Maestros.)
Cuando H.P.B. comunicó que su Maestro había sugerido publicar "La Doctrina Secreta" en entregas mensuales tal como se iba escribiendo, el Sr. Sinnett intentó disuadirla de tal procedimiento. La respuesta de H.P.B. a Sinnett fue:
« Ni tampoco estaré jamás de acuerdo con usted —con su permiso y pidiéndole disculpas, por supuesto— en que "es una locura intentar escribir un libro así por entregas mensuales", una vez que el Gurú así lo ordena. Pues, a pesar del enorme respeto que siento por su sabiduría occidental y su talento para los negocios, jamás diría de algo que mi Maestro (en particular) y los Maestros (en general) me piden hacer, que es pura locura cumplir sus deseos. » (18)
Así pues, el Sr. Sinnett puso objeciones y no prestó ayuda; y el resultado fue que ninguna parte de "La Doctrina Secreta" se publicó durante cuatro años.
El ingenio de Blavatsky
Siempre que leo alguna de las cartas de H.P.B., disfruto enormemente de su ingenio. Ciertamente, a veces utiliza un lenguaje muy profano, pero en su ingenio hay una magnífica virilidad. Algunas de sus ocurrencias más características fueron recogidas por quienes las escucharon; otras figuran en sus cartas.
Recuerdo haber oído contar cómo un caballero que profesaba ideas socialistas extremas y era conocido por su falta de modales, fue a visitarla.
Él estaba apoyado en la repisa de la chimenea; H.P.B. interrumpió su conversación con otras personas, se volvió hacia él y le dijo: "Usted, el de la repisa de la chimenea: si me pasa esos fósforos, lo tomaré por un caballero".
Otra anécdota surgió a propósito de un miembro conflictivo; tomando una caja de fósforos, dijo: "Tome, déselo y dígale que se vaya a crear su propio infierno particular".
Por supuesto, la mayoría de aquellos a quienes dirigía su ingenio se sentían ofendidos y se convertían en sus enemigos; pero algunos, aunque heridos, despertaban de su vanidad o de su timidez, según fuera el caso. Veían la verdad en su juicio mordaz y se volvían totalmente devotos de ella.
En los primeros tiempos, los miembros de la Sociedad Teosófica pasaban por una ceremonia llamada de iniciación al unirse a la Sociedad Teosófica. Ella comenta lo siguiente sobre los miembros de Bareilly:
« He oído que hay unos diecisiete miembros que van a ser iniciados en Bareilly; miembros que se unieron hace mucho tiempo, pero que aún no han sido bautizados en el Espíritu Santo. » (19)
En una de sus primeras cartas al Sr. Sinnett, ella escribe:
« El calor y este ritmo de trabajo de 26 horas al día me están matando. Me da vueltas la cabeza, la vista se me nubla y estoy segura de que un día caeré desplomada sobre mis escritos y seré un cadáver antes de que la Sociedad Teosófica diga ni pío. Bueno, no me importa. ¿Y por qué diablos debería importarme? Ya no me queda nada aquí; así que mejor me convierto en un espectro de inmediato y vuelvo para pellizcar las narices de mis enemigos. » (20)
Hay una anécdota que me contó G. R. S. Mead y que quiero dejar registrada. Ocurrió en Avenue Road; una noche, durante una conferencia, H.P.B. estaba sentada en su silla en la plataforma, fumando un cigarrillo a escondidas detrás de su abanico.
Al parecer, el conferenciante resultaba tedioso y ante un comentario suyo particularmente insulso, ella exclamó en un susurro dramático: "¡Dios mío!".
¡Cuántas veces yo —y, de hecho, todos ustedes también— hemos querido exclamar lo mismo, "¡Dios mío!", durante tantas conferencias teosóficas!
Las pruebas que Blavatsky ponía
A este respecto, cabe destacar que H.P.B. a menudo ponía a prueba a quienes profesaban fe en ella. Como era natural, cientos de personas se sentían atraídas por ella, y cualquiera con alguna inclinación hacia lo oculto quedaba fascinado por su figura. Sin embargo, aunque no rechazaba a nadie que le profesara devoción, sí los sometía a prueba. Y sus métodos de prueba eran drásticos.
Cuando C.W. Leadbeater viajó a la India con ella en 1884, ocurrió un incidente típico en este sentido: ella le pidió que le llevara té y tostadas a la cubierta, en un momento en que conseguir tales cosas suponía trastornar el servicio del jefe de camareros.
Tras muchas dificultades, el Sr. Leadbeater logró traerlos, pero no recibió agradecimiento alguno; al contrario, fue duramente reprendido delante de los demás pasajeros por la tardanza y porque el té no estaba tan caliente como debía.
Aquellos que llegaban a profesarle una devoción absoluta debían soportar a veces grandes humillaciones para demostrarle que su verdadera intención era servir a los Maestros, y no simplemente formar parte del círculo de H.P.B. para recoger fragmentos de conocimiento oculto.
Un incidente aún más notable es el que me relató la Dra. Annie Besant. Cuando H.P.B. dejó la casa de Landsdowne Road, en Londres, se trasladó a Avenue Road, a una casa que la Dra. Besant había alquilado para ella.
Una vez instalada, se quejó ante la Dra. Besant de que la estaba matando de hambre. Se hacía todo lo posible por H.P.B. y se satisfacía hasta el último de sus caprichos; ¡y sin embargo la Dra. Besant recibía la acusación de dejarla morir de hambre!
La Dra. Besant se tomó el asunto muy a pecho y lloró por ello en la intimidad de su habitación. La acusación se repitió muchas veces; finalmente, sabiéndose inocente en el asunto, la Dra. Besant respondió con una sonrisa: "H.P.B., sabes que no lo dices en serio".
Aquello puso fin a la acusación, pues Annie Besant había demostrado a H.P.B. que era capaz de defender la verdad tal como la conocía, independientemente de lo que dijera H.P.B.
Las despedidas epistolares de Blavatsky
Apenas existe una sola carta escrita por H.P.B. en la que no se perciba su ingenio. Casi siempre, al escribir a personas cercanas como el Sr. Sinnett, ella expresaba ese ingenio característico al firmar.
"Suya en agua hirviendo" (21) que en español correspondería a «Suya, en un apuro», es una firma que revela su angustia.
Y en otra ocasión enfatizó esa situación firmando "Suya siempre en agua hirviendo" (22).
Asimismo: "Suya, aún con vida" (23) y "H.P.B. [la que fue]" (24).
H.P.B. era muy democrática, a pesar de su educación aristocrática; en una ocasión firmó: "Suya en Jesús, H.P.B., de soltera Hahn von Rottenstern-Hahn, maldita sea" (25).
Y en otras ocasiones firmó:
"Suya para siempre en toda la amargura del corazón" (26).
"Suya para siempre y seriamente en profunda y sombría desesperación" (27).
"Suya en absoluta idiotez" (28).
"Suya, sola y temblando" (29).
Estas expresiones nos revelan a una H.P.B. que sufre, pero cuyo sentido del humor resulta incontenible.
Los Sinnett
H.P.B. no carecía de sentido que en sus cartas a menudo se dirigiera al Sr. Sinnett como «Boss» (Jefe), el título que ella daba a su Maestro. Se debía a que el Sr. Sinnett intentaba inconscientemente 'mandar' sobre los Maestros y decirles cómo debían actuar si se quería que la Sociedad Teosófica tuviera éxito entre los europeos. Él consideraba que estaba mejor informado sobre este asunto que ellos.
Dudo que el Sr. Sinnett llegara a comprender por qué H.P.B. le llamaba «Boss». Sin duda él la ayudó, pero solo los Maestros podrían decir hasta qué punto su juicio excesivamente crítico hacia ella contrarrestó su ayuda.
Sin embargo, hubo una persona por quien H.P.B. manifestó un profundo afecto y a quien nunca se refirió sino en términos de admiración: la Sra. Patience Sinnett.
Cuando llegué a Inglaterra siendo un muchacho de catorce años, viví durante dos años con el Sr. y la Sra. Sinnett, por lo que llegué a conocerlos bastante bien.
La Sra. Sinnett es, sin duda, una personalidad que merece un lugar más destacado en la historia del Movimiento Teosófico del que se le ha concedido. Ella es extremadamente culta, anfitriona perfecta y una mujer de gran inteligencia, ella ayudó al incipiente Movimiento Teosófico de manera discreta pero eficaz. Y su comprensión empática hacia H.P.B. atrajo repetidamente hacia ella la atención de ambos Maestros.
Lo valiosa que fue Blavatsky
Nosotros, que hoy debemos tanto de la Teosofía a H.P.B. Pocos comprenden a qué precio personal ella se convirtió en la mensajera de los Maestros para nosotros.
Los Maestros afirmaron que en dos siglos no había existido un instrumento tan refinado como el cuerpo de H.P.B. Su constitución psíquica permitía a los Maestros utilizar su cuerpo tal como hoy usamos una antena: para transmitir sus fuerzas.
Desde el lejano Tíbet, podían influir en movimientos y producir fenómenos dondequiera que ella se encontrara —ya fuera en la India o en Europa—, utilizándola como punto de apoyo.
El coronel Olcott no podía desempeñar tal función. Y al parecer, Damodar K. Mavalankar estaba siendo preparado para ocupar ese lugar cuando las circunstancias pusieron fin a todos los fenómenos.
H.P.B. se puso enteramente al servicio de los Maestros y a través de ella, estos transmitieron al Sr. Sinnett y al Sr. Hume las enseñanzas que hoy conocemos gracias a las obras del primero: "El Mundo Oculto" y "Buddhismo Esotérico".
Los ataques que Blavatsky sufrió
Fue en relación con estas enseñanzas que se produjeron diversos fenómenos, y como es sabido, se acusó a H.P.B. de haberlos urdido mediante trucos.
El informe de la Sociedad para la Investigación Psíquica la tachó de charlatana e impostora. Sin embargo su mayor sufrimiento no provino de haber sido tildada de farsante, sino de ver cómo, a través de su mediación, los nombres sagrados de los Maestros habían sido arrastrados por el fango.
Permítaseme hacer un breve paréntesis para señalar que la mayoría de los occidentales parecen absolutamente incapaces de comprender la reverencia que el oriental siente ante el tema de los Maestros y el discipulado.
Para nosotros, nacidos y criados en la tradición religiosa de Oriente, existen cosas tan sagradas que resulta imposible profanarlas. Cabe mencionar que en Ceilán, cuando un monje budista pronuncia la palabra «Nirvana» durante un sermón, los fieles entonan piadosamente: «Santo, santo». No obstante, he visitado un hogar teosófico que lucía la palabra «Nirvana» en su puerta de entrada.
He visto utilizar el nombre de Koot Hoomi para un caballo de carreras y he visto imágenes de los Maestros publicadas en revistas occidentales. He presenciado otras cosas, demasiadas para enumerarlas —tanto por parte de discípulos occidentales de los Maestros como de escépticos occidentales— que me hicieron abrir los ojos con asombro y cuestionarme si Occidente posee algún sentido real de la sacralidad de las cosas santas.
Incluso antes de que comenzara el ataque de los Coulomb, tal era ya la actitud de algunos hacia los Maestros que H.P.B. escribió con amargura —refiriéndose a su decisión de actuar como intermediaria entre el Sr. Sinnett, el Sr. Hume y el Maestro K.H.— lo siguiente:
« ¡Oh, día aciago y desdichado aquel en que accedí a ponerlos a ustedes dos en contacto con él [Kuthumi]; y él, con su bondad y divina caridad, no rechazó mi petición! ¡Habría sido mejor que perecieran la Sociedad Teosófica y nosotros dos —Olcott y yo— antes que haber servido de medio para rebajar de tal modo, ante la opinión pública, el santo nombre de la Fraternidad! » (30)
Si tales eran sus sentimientos antes del ataque de los Coulomb, podemos imaginar fácilmente cuáles fueron después. T. Subba Row, colega y condiscípulo de H.P.B., quedó tan consternado por la terrible profanación de los nombres de los Maestros que al parecer, la hizo responsable de ello; por eso se esforzó al máximo por desacreditarla y renegar de ella, calificándola de "cascarón abandonado y dejado a su suerte por los Maestros".
Subba Row lo hizo de una manera curiosa e incomprensible para nosotros, con el fin de restaurar la confianza en los Maestros.
H.P.B. sobre este asunto escribió:
« Cuando le pedí explicaciones [a Subba Row], él me respondió: "Te has hecho culpable del más terrible de los crímenes. Has divulgado secretos del ocultismo: los más sagrados y los más ocultos. Es preferible que tú seas sacrificada antes que aquello que nunca estuvo destinado a las mentes europeas. La gente tenía demasiada fe en ti. Era hora de sembrar dudas en sus mentes. De lo contrario, te habrían extraído todo lo que sabes". » (31)
Y así, H.P.B. fue efectivamente sacrificada; solo el Maestro sabe si fue deliberadamente —como Subba Row decía que debía ocurrir— o simplemente debido a la presión de las circunstancias.
Ella abandonó la India —por motivos de salud, según el coronel Olcott; pero la expresión que usó la propia H.P.B. fue: «expulsada de la India».
El maestro Morya salva a Blavatsky
En aquel momento se nos revela una escena profundamente conmovedora. Poco después de lo sucedido, C.W. Leadbeater regresó a Adyar desde Birmania y escuchó de labios de la propia H.P.B. el relato de los hechos.
Él nos cuenta que ella estaba gravemente enferma en aquel entonces, aquejada de «congestión renal, gota reumática y una alarmante pérdida de vitalidad, sumadas a un funcionamiento cardíaco debilitado»; la médica, la Dra. Mary Scharlieb, se había marchado por la noche prometiendo volver a la mañana siguiente, aunque expresando serias dudas de que H.P.B. sobreviviera a la noche. De hecho, H.P.B. anhelaba la muerte, pues su martirio superaba lo que ella podía soportar.
En la habitación contigua, los esposos Cooper-Oakley, Damodar Mavalankar, Bowajee D. Nath y el Dr. Franz Hartmann permanecían sentados y cuchicheando, aguardando cualquier llamada de H.P.B.
De repente, apareció en la veranda el Maestro M. plenamente materializado; atravesó rápidamente la habitación exterior y entró en la estancia de H.P.B.
Mientras tanto, los presentes en la habitación exterior se retiraron. Tras la entrevista, el Maestro se marchó tal como había llegado y se desvaneció. A la mañana siguiente, para gran sorpresa de la médica, el estado de H.P.B. había experimentado una maravillosa mejoría que apuntaba a la recuperación.
La doctora no encontró un cadáver, sino a una paciente que no solo estaba fuera de peligro, sino que presentaba una notable disminución de los síntomas de una grave enfermedad.
Cuando H.P.B. se recuperó, relató a sus amigos íntimos cómo su Maestro había acudido a ella y le había planteado dos opciones: la primera, morir y alcanzar la paz, poniendo fin a su martirio; y la segunda, vivir unos años más para escribir "La Doctrina Secreta", permitiendo así que al menos unas pocas almas fieles, en busca de la Sabiduría, pudieran tanto acceder a ella como llegar a los pies de los Maestros.
Disponemos de un relato más detallado de lo ocurrido en aquel singular encuentro gracias a la carta que H.P.B. escribió al Sr. Sinnett.
« Pero jamás olvidaré —ni podría hacerlo aunque quisiera— aquella noche inolvidable, durante la crisis de mi enfermedad, en la que el Maestro, antes de exigirme una determinada promesa, me reveló cosas que consideraba necesario que yo supiera antes de empeñar mi palabra para realizar la tarea que Él me pedía (y no ordenaba, a pesar de tener derecho a hacerlo).
En aquella noche —cuando la Sra. Oakley, Hartmann y todos, salvo Bowajee (D.N.), esperaban de un momento a otro mi último suspiro— lo supe todo. Se me mostró quién tenía razón, quién estaba equivocado (sin mala intención) y quién actuaba con absoluta perfidia; asimismo, se trazó ante mí un panorama general de lo que cabía esperar.
¡Ah, les aseguro que aquella noche aprendí cosas que quedaron grabadas para siempre en mi alma!: negra traición, amistades fingidas por puro egoísmo, la convicción de mi culpabilidad unida, sin embargo, a la decisión de mentir en mi defensa —pues yo servía de cómodo peldaño para ascender—, ¡y tantas otras cosas!
En aquella breve hora contemplé la naturaleza humana en toda su espantosa realidad, mientras sentía una de las manos del Maestro sobre mi corazón, impidiéndole dejar de latir, y veía la otra señalándome un futuro lleno de dulzura.
Con todo eso, cuando Él me hubo mostrado todo —absolutamente todo— y me preguntó: "¿Estás dispuesta?", dije "Sí", y así sellé mi mísero destino en aras de los pocos que merecían su gratitud. ¿Me creerán si digo que, entre esos pocos, sus dos nombres* destacaban de manera especial?
Tal vez no lo crean, o quizá duden; sin embargo, así fue. La muerte era tan bienvenida en aquel momento, el descanso tan necesario y deseado; la vida —tal como se presentaba ante mí y como ahora se ha hecho realidad— resultaba tan miserable; ¡y aun así, ¿cómo podía decirle que no a Aquel que quería que yo viviera?! Pero todo esto quizá les resulte incomprensible, aunque espero que no sea del todo así. » (32)
* El Sr. y la Sra. Sinnett.
Y así, una vez más, H.P.B. se ofreció en sacrificio para ayudar al Movimiento Teosófico. No previó cómo, tras unos años más de martirio, un grupo de fieles se reuniría en torno a ella, haciendo que sus últimos años no fueran de tormenta, sino de paz.
Sin esperar nada a cambio, lo dio todo; y el fruto de su sacrificio es que hoy disponemos de su "Doctrina Secreta".
Los conocimientos de Blavatsky
Al intentar comprender la personalidad de H.P.B., es imposible no percibir la mente tan singular que ella poseía. Era una mente rica en conocimientos de antropología y religión, que abarcaba también un vasto caudal de datos generales sobre ciencia y filosofía.
Todo este cúmulo de conocimientos estaba interrelacionado en su mente dentro de un esquema —un Plan de Evolución, como lo denominamos hoy los teósofos—. Sin embargo, al exponer dicho esquema, no siempre se mostraba clara; de hecho, el Maestro K.H. llegó a comentar sobre sus explicaciones que «la cola asomaba antes que la cabeza».
(Blavatsky explicó que ella tenía pocos conocimientos pero los Maestros le transmitían telepáticamente los conocimientos que ella necesitaba expresar.)
Las obras de Blavatsky
Su obra "La Doctrina Secreta" resulta compleja para una mente formada en el ámbito universitario; cuando aborda un tema, no se encuentra una afirmación clara en una sola frase o párrafo, ni tampoco una definición propiamente dicha. Un tema conduce a otro, hasta el punto de que parece perderse el hilo conductor.
Todo ello resulta sumamente fascinante para una mente que busca captar la totalidad de las cosas, y no simplemente descubrir qué sistema particular está creando H. P. B.
Su obra es infinitamente sugerente para la intuición, aunque a menudo, para la mente académica, presente hechos agrupados sin conexión aparente o sin orden alguno.
No obstante, ella tiende puentes sucesivos: del misticismo a la ciencia, de la filosofía al ocultismo. Es precisamente esto lo que confiere a sus escritos ese carácter tan sugerente.
Ella poseía una mente enciclopédica; por ello, al iniciar un tema, se abrían ante ella vastos horizontes, cada uno aparentemente tan importante como los demás. El resultado fue que durante la redacción de "La Doctrina Secreta" comenzaba un tema y luego iba recortando, pegando y volviendo a pegar fragmentos de información adicional.
En "El Libro de Oro de la Sociedad Teosófica" aparece la reproducción de una de estas páginas de "La Doctrina Secreta"; se trata de una página que no figura tal cual en la obra definitiva, pues, al parecer, H. P. B. terminó fragmentándola aún más.
La reproducción no muestra los fragmentos adicionales adheridos; estos aparecen con una letra más pequeña que la del cuerpo principal de la página y situados por encima de las notas.
Ella era la desesperación de los impresores, pues cuando se le enviaban las pruebas de página finales y ya cerradas, añadía nuevos párrafos con la despreocupada anotación al margen: "Impresor, incluya esto".
H.P.B. estaba demasiado centrada en el conocimiento que anhelaba transmitir como para albergar vanidad literaria alguna. Ella sabía que su inglés podía ser deficiente en cuanto a expresión o forma literaria, por lo que aceptaba de buen grado la ayuda de sus amigos.
Por ejemplo, obsérvese su comentario en una carta al Sr. Sinnett, citada en la pág. 13, líneas 1 y 2, donde ella escribió: "Inglés corregido por Mohini".
El coronel Olcott relata cómo la ayudó en la recopilación de "Isis Develada". Lo mismo ocurrió con "La Doctrina Secreta". Si alguien con conocimientos especializados se encontraba cerca de ella, no dudaba en pedirle que revisara lo que había escrito y corrigiera cualquier inexactitud en los datos.
De este modo, aprovechó los conocimientos que sobre materias específicas poseían G.R.S. Mead, Bertram Keightley, Archibald Keightley (doctor en medicina), W. Wynn Westcott (doctor en medicina), C. Carter Blake (doctor en ciencias) y otros. Aceptaba de inmediato cualquier sugerencia sobre una forma más clara de expresar lo que deseaba comunicar.
En una de sus obras, "La Voz del Silencio", G.R.S. Mead le prestó una ayuda considerable al sugerirle frases rítmicas para expresar su pensamiento. Actualmente se conserva en Adyar una página del manuscrito de esta obra; las tachaduras y correcciones que presenta demuestran que la belleza de su lenguaje actual no fue fruto de una inspiración espontánea.
Por ello, resulta fácil comprender por qué, tras publicarse la primera edición de "La Doctrina Secreta", ella deseaba fervientemente modificar gran parte del contenido en una edición posterior.
Antes de fallecer, ella encargó a su círculo más cercano que revisara la obra a su mejor criterio, eliminando ambigüedades en la redacción y haciendo que el lenguaje resultara más aceptable para un público crítico. Los dos Keightley y G.R.S. Mead llevaron a cabo esta tarea para la segunda edición.
El intento de algunos de convertir la primera edición en una especie de Evangelio —cuya redacción no debe alterarse por expresar el pensamiento definitivo de H.P.B. — solo es posible porque no conocieron a H.P.B. ni la manera en que elaboraba sus obras.
(No sé si esto sea cierto ya que esa afirmación no la he leído en otra parte, lo que si sé es que Annie Besant y G.R.S. Mead hicieron un montón de correcciones innecesarias de la Doctrina Secreta, y parece que sin el consentimiento de Blavatsky.)
El carácter de Blavatsky
Mucho se ha escrito describiendo a H.P.B. como una mujer de carácter masculino, brusca e insensible. Ciertamente fumaba —pero también lo hacían todas las damas rusas de aquella época—; ella era ingeniosa y empleaba su ingenio como un dardo cuando la ocasión lo requería.
Nadie diría jamás que fuera sentimental. Sin embargo, quiero sugerirles que todo eso no era más que una máscara. Me gustaría relatar dos anécdotas que demuestran que en el fondo, ella poseía una gran ternura.
1. La primera anécdota la escuché este mediodía, durante el almuerzo, de labios de la propia Presidenta [Annie Besant].
En una ocasión, un hombre fue a visitar a H.P.B. y no se sentía a gusto entre los presentes. Para que se relajara, H.P.B. le pidió que cantara para ella. Él accedió e interpretó una canción de variedades de dudoso gusto. ¡H.P.B. le pidió entonces que la cantara de nuevo!
Su círculo íntimo —temiendo que los demás pensaran que aquel tipo de canciones cómicas reflejaba los gustos musicales de H.P.B.— pareció mostrarse reticente; pero ella le susurró a uno de ellos: "¿No ves que es lo único que él sabe hacer?".
2. La otra anécdota es mucho más significativa, pues en ella H.P.B. se revela de una manera nueva.
En Adyar se conserva una carta que ella escribió a George Arundale con motivo de su cuarto o quinto cumpleaños. Le tenía mucho cariño cuando él era un niño; por eso, al llegar la fecha, eligió un papel de cartas especial —con una ilustración que un niño pudiera comprender— y escribió lo siguiente:
« Al Sr. Georges Chela.
Feliz Año Nuevo al muy honorable Sr. Georgy.
Está en camino una caja de dulces desde Rusia, un país frío y piadoso del cual se supone que proviene la que suscribe. Cuando llegue, la tendrás; y cuando comprendas lo que quiere decir tu vieja y cariñosa amiga, serás verdaderamente un CHELA.
Atentamente,
H. P. Blavatsky. » (33)
Estoy plenamente convencido de que nadie que no poseyera el corazón de un niño habría podido escribir una carta tan exquisita a un niño.
Es esta misma verdad —que la verdadera personalidad de H.P.B. no era la que ella mostraba— la que el Maestro Serapis expone como un hecho en una carta dirigida al coronel Olcott en 1875.
Es evidente que el coronel Olcott notaba su brusquedad de trato y tal vez se preguntaba al respecto. Al pedirle que ayudara a H.P.B. en la angustia y soledad que ella atravesaba entonces, el Maestro dice:
« ¡Pobre, pobre Hermana! Alma casta y pura: una perla encerrada en una naturaleza exteriormente tosca. Ayúdala a desprenderse de esa apariencia de brusquedad fingida, y cualquiera podría quedar deslumbrado por la Luz divina oculta bajo tal corteza. » (34)
Precisamente porque yo mismo me he sentido así deslumbrado —desde que supe algo sobre H.P.B.— es por lo que les he presentado este esbozo, muy limitado, de la maravillosa personalidad de H. P. Blavatsky.
APÉNDICE
Las citas provienen de tres libros, a saber:
1) "Cartas de los Maestros de Sabiduría" (Letters from the Masters of the Wisdom), segunda serie, 1925, editado por C. Jinarajadasa; referido como «M.O.W.».
2) "El libro Dorado de la Sociedad Teosófica" (The Golden Book of the Theosophical Society), editado por C. Jinarajadasa, 1925; referido como «G.B.».
3) "Cartas de Blavatsky a A.P. Sinnett" (Letters of H. P. Blavatsky to A. P. Sinnett), editado por A.T. Barker, 1925; referido como «H.P.B.».
1. M.O.W., Carta 9.
2. M.O.W., Carta 9.
3. M.O.W., Carta 9.
4. M.O.W., Carta 12.
5. M.O.W., Carta 13.
6. M.O.W., Carta 15.
7. M.O.W., Carta 62.
8. G.B., p. 113.
9. G.B., p. 7.
10. H.P.B., p. 104.
11. H.P.B., p. 13.
12. H.P.B., p. 8.
13. H.P.B., p. 9.
14. H.P.B., p. 10.
15. H.P.B., p. 29.
16. H.P.B., p. 38.
17. H.P.B., p. 71.
18. H.P.B., p. 88.
19. H.P.B., p. 10.
20. H.P.B., p. 8.
21. H.P.B., p. 40.
22. H.P.B., p. 73.
23. H.P.B., p. 38.
24. H.P.B., p. 9.
25. H.P.B., p. 12.
26. H.P.B., p. 17.
27. H.P.B., p. 125.
28. H.P.B., p. 158.
29. H.P.B., p. 160.
30. H.P.B., p. 25.
31. H.P.B., p. 95.
32. H.P.B., pp. 104-5.
33. G.B., p. 202.
34. M.O.W., Carta 10.
MI OPINIÓN DE ESTE LIBRO
El título de este libro no es el adecuado porque Jinarajadasa no analizó la personalidad de Blavatsky sino diversos aspectos y acontecimientos de la vida de Blavatsky.
Lo que dijo sobre ella y Olcott es correcto.
Jinarajadasa en su libro añadió más facsímiles de varios textos mencionados, pero no los puse porque no son relevantes y obstaculizan la lectura del texto principal.
