ENTREVISTA DE KEITH THOMPSON A CARLOS CASTANEDA




El escritor y editor estadounidense Keith Thompson entrevistó a Carlos Castaneda en 1994, y su entrevista se publicó en la revista estadunidense 'New Age Journal' en la publicación de marzo/abril de 1994. Y a continuación se las traduzco.

--oOo--


Los agentes literarios cobran por promocionar a sus clientes, pero cuando el agente de Carlos Castaneda afirmó que me ofrecía 'la entrevista de mi vida', era difícil no estar de acuerdo. Al fin y al cabo, los nueve libros super vendidos de Castaneda, que describen su extraordinario aprendizaje con el hechicero indígena yaqui Don Juan Matus, habían inspirado a innumerables personas de mi generación a explorar el misticismo, las drogas psicodélicas y nuevos niveles de conciencia.

Sin embargo, a pesar del creciente prestigio del autor, este se había mantenido como un recluso, rodeado de misterio e intriga. Salvo algunas entrevistas aparentemente al azar a lo largo de los años, Castaneda nunca se había expuesto al público. Pocas personas saben siquiera cómo es.

Para esta entrevista, me dijo su agente, no podía haber cámaras ni grabadoras. La conversación tendría que ser grabada por un taquígrafo, para evitar que las grabaciones de la voz de Castaneda cayeran en manos equivocadas.

La entrevista —quizás programada para coincidir con la publicación del último y más esotérico libro de Castaneda, "El Arte de Ensoñar"— tuvo lugar en la sala de conferencias de una modesta oficina en Los Ángeles, tras semanas de negociaciones con el agente de Castaneda.

Según el agente, los preparativos se complicaron porque él no tenía forma de contactar con su cliente y solo podía confirmar una reunión después de hablar con Castaneda "cuando decida llamar... Nunca sé de antemano cuándo será", me dijo.


Al llegar al mediodía, un hombre enérgico, entusiasta y de amplia sonrisa cruzó la sala, me tendió la mano y me saludó con sencillez: "Hola, soy Carlos Castaneda. Bienvenido. Podemos empezar a conversar cuando esté listo. ¿Le apetece un café o un refresco? Siéntase como en casa".

Había oído que Castaneda se mimetizaba con la madera o que se parecía a un camarero cubano; que sus rasgos eran tanto europeos como indígenas; que su piel era morena o bronceada; que su cabello era negro, espeso y rizado. Hasta aquí los rumores. Su melena ahora es blanca, o casi blanca, corta y ligeramente despeinada. Si me pidieran que guiara a un dibujante forense para hacer un retrato robot, destacaría los ojos: grandes, brillantes y lúcidos. Quizás eran grises.

Le pregunté a Castaneda sobre su agenda. Él me contestó: "Tengo toda la tarde libre. Creo que tendremos todo el tiempo que necesitemos. Cuando sea suficiente, lo sabremos".

Nuestra conversación duró cuatro horas, y continuó durante una comida de sándwiches que llegó a mitad de la velada.


Mi primer contacto con la obra de Castaneda fue tanto una iniciación como una introducción. Era 1968. La policía golpeaba con porras a los manifestantes en las calles de Chicago. Martin Luther King Jr. y Robert Kennedy habían sido asesinados. "Chain of Fools" de Aretha Franklin encabezaba las listas de éxitos. Todo esto en medio de un mar de sandalias, caftanes bordados, pantalones acampanados, pulseras que tintineaban, abalorios y cabello largo, tanto para hombres como para mujeres.

En medio de todo esto apareció un enigmático escritor llamado Carlos Castaneda, con un libro titulado 'Las enseñanzas de Don Juan: Una forma de conocimiento yaqui'. Recuerdo cómo me transformó. El libro que empecé a leer era una curiosidad; el que tenía en mis manos al terminarlo se había convertido en un manifiesto, una especie de causa célebre delirante para la que mi psique se había estado preparando en secreto.

Lo que Castaneda parecía afirmar —la posibilidad de una experiencia espiritual personal asombrosa— era precisamente aquello contra lo que la religión de mi infancia (que solo se practicaba los domingos por la mañana) se había esforzado por inmunizarme.

Creer en Castaneda me dio la esperanza de que algún día, de alguna manera, podría conocer a mi propio Don Juan Matus (don es un apelativo español que denota respeto), el anciano sabio/hechicero indígena que implora a su protegido Carlos que vaya más allá de la simple observación, de percibir el mundo en sus formas habituales.

Para ser un verdadero 'hombre de conocimiento', Carlos debe aprender el arte de ver, para que por primera vez pueda percibir la sorprendente naturaleza del mundo cotidiano. "Cuando ves", dice Don Juan, "ya no hay rasgos familiares en el mundo. Todo es nuevo. Nada ha sucedido antes. ¡El mundo es increíble!".

Pero, en realidad, ¿quién era este Castaneda? ¿De dónde venía y qué intentaba demostrar con su misterioso relato de un reino que parecía pertenecer a un orden de realidad completamente diferente?

A lo largo de los años, se han ofrecido diversas respuestas a esa pregunta. Elija la que prefiera: (a) antropólogo disidente; (b) aprendiz de brujo; (c) vidente psíquico; (d) genio literario; (e) filósofo original; (f) maestro. Y para ser justos, no olvidemos (g) autor de uno de los engaños más espectaculares de la historia editorial.

Castaneda ha respondido a estas etiquetas contradictorias con una especie de diversión irónica, como si fuera un espectador disfrutando del espectáculo de una comedia de Chéjov en la que él mismo podría ser o no un personaje.

El autor se ha negado sistemáticamente —a lo largo de casi tres décadas— a participar en la polémica sobre si sus libros son relatos auténticos de encuentros reales, como él afirma, o (como han argumentado numerosos críticos) alegorías ficticias al estilo de Los viajes de Gulliver y Alicia en el país de las maravillas.

Esta discreción estratégica la aprendió del mismísimo Don Juan. "Para entrar y salir de diferentes mundos hay que pasar desapercibido", dice Castaneda, de quien se rumorea (su estatus preferido) que actualmente divide su tiempo entre Los Ángeles, Arizona y México.

"Cuanto más te identifiquen los demás sobre quién eres y cómo actuarás, mayor será la restricción a tu libertad. Don Juan insistía en la importancia de borrar la historia personal. Si poco a poco creas una especie de velo a tu alrededor, no te darán por sentado y tendrás más margen para el cambio", dijo.

Aun así, algunos claros dispersos entre la niebla permiten vislumbrar las huellas dejadas por el aprendiz de hechicero en los años previos a que su vida se convirtiera en leyenda. El consenso académico, no confirmado por el propio autor, es que Carlos César Arana Castaneda nació en Perú el día de Navidad de 1925 en la histórica ciudad andina de Cajamarca.

Tras graduarse del Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, estudió brevemente en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú.

En 1948, su familia se mudó a Lima y abrió una joyería. Un año después, tras el fallecimiento de su madre, Castaneda se trasladó a San Francisco y pronto se matriculó en la universidad 'Los Angeles City College', donde cursó dos asignaturas de escritura creativa y una de periodismo.

Castaneda recibió una licenciatura en antropología en 1962 de la Universidad de California en Los Ángeles.

En 1968, cinco años antes de que Castaneda recibiera su doctorado en antropología, la editorial de la Universidad de California publicó el libro 'Las enseñanzas de Don Juan: una forma de conocimiento yaqui', que se convirtió en un éxito de ventas nacional tras una reseña entusiasta de Roger Jellinek en el 'New York Times Book Review'.

"No se puede exagerar la importancia del trabajo de Castaneda. Describe una tradición chamánica, una forma cultural prelógica de antigüedad desconocida. Se ha descrito muchas veces… Pero parece que ningún otro forastero, y ciertamente ningún occidental, ha participado jamás en sus misterios desde dentro; ni nadie los ha descrito tan bien."

La mecha estaba encendida. Se vendieron 300'000 ejemplares en una edición masiva de Ballantine en 1969. Los libros 'Una realidad aparte' y 'Viaje a Ixtlán' le siguieron de la mano de Simon & Schuster en 1971 y 1972. La saga continuó con 'Relatos de Poder' (1974), 'El segundo anillo de poder' (1977), 'El don del águila' (1981), 'El fuego interior' (1984), 'El poder del silencio' (1987) y 'El arte de ensoñar' (1993).

(A los bibliófilos les interesará saber que Castaneda afirma haber escrito un libro sobre Don Juan antes de 'Las enseñanzas de Don Juan', titulado 'La grieta entre los mundos', pero perdió el manuscrito en un cine).

Al evaluar el impacto de su obra, los admiradores de Castaneda le reconocen el mérito de haber introducido en la cultura popular las ricas y variadas tradiciones del chamanismo, con su énfasis en adentrarse en reinos no ordinarios y enfrentarse a poderes espirituales extraños y a veces hostiles, para restaurar el equilibrio y la armonía del cuerpo, el alma y la sociedad. Inspirados por el uso que don Juan hacía del peyote, el estramonio y otras plantas con poderes para enseñar a Castaneda el "arte de ensoñar". Innumerables pioneros ampliaron sus propios horizontes interiores mediante la exploración psicodélica, con resultados decididamente dispares.

Por su parte, los críticos del «camino del conocimiento» de Castaneda descartan su obra como una farsa pseudo antropológica, plagada de chamanes inventados y prácticas religiosas nativas americanas sensacionalistas. Afirman que sus escritos han generado una enorme riqueza para un autor sin escrúpulos, a costa de denigrar las tradiciones sagradas de los pueblos indígenas mediante la explotación comercial.

La propuesta de Castaneda, escribe Richard de Mille en su libro 'El viaje de Castaneda', "apela al anhelo del lector por el mito, la magia, la sabiduría ancestral, la verdadera realidad, el autoconocimiento, otros mundos o compañeros de juego imaginarios".



Como era de esperar, el Castaneda que conocí era un estudio de contrastes. Su presencia era informal, espontánea, cálida, y a veces, contagiosamente alegre.

Al mismo tiempo, su dicción, aún con un marcado acento (¿peruano? ¿chileno? ¿español?), transmitía la formalidad patricia de un embajador en la corte: reflexivo y sereno, serio y equilibrado, sincero y resuelto. Todo un arte.

La contradicción, como tantas otras cosas de este hombre, puede resultar una inconsistencia molesta para algunos. Pero no debería serlo. Releer los libros de Carlos Castaneda (como hice yo, sorprendentemente, los nueve) permite ver con claridad —quizás por primera vez— que la contradicción es la fuerza que ata su nudo gordiano literario.

Como el autor me dijo con énfasis durante nuestra pausa para el almuerzo: "Solo contraponiendo dos puntos de vista se puede uno escabullir entre ellos para llegar al mundo real". Tuve la sensación de que me estaba dando a entender que su fortaleza estaba bien protegida, y de que me estaba retando a que la asaltara de todos modos.


Thompson: Mientras que tus libros han hecho famoso a un personaje llamado Carlos, el autor, conocido como Castaneda, se ha ido alejando cada vez más de la vida pública. En los últimos años, se han confirmado más avistamientos de Elvis que de Carlos Castaneda. La leyenda dice que te suicidaste al menos tres veces; persiste la historia de tu muerte en un accidente de autobús en México hace dos décadas; y mi búsqueda de una foto y grabaciones de audio que lo confirmen ha sido infructuosa. ¿Cómo puedo estar seguro de que eres realmente Castaneda y no un imitador de Carlos de Las Vegas? ¿Tienes alguna marca de nacimiento distintiva?


Castaneda: ¡Ninguna! Solo mi agente da fe de mí. Ese es su trabajo. Pero puedes hacerme tus preguntas, alumbrarme los ojos con una linterna y retenerme aquí toda la noche, como en las películas antiguas.


Thompson: Eres conocido por ser un desconocido. ¿Por qué has accedido a hablar ahora, después de rechazar entrevistas durante tantos años?


Castaneda: Porque estoy al final del camino que comenzó hace más de treinta años. Siendo un joven antropólogo, fui al suroeste para recopilar información y realizar trabajo de campo sobre las plantas medicinales que usaban los indígenas de la zona. Mi intención era escribir un artículo, continuar mis estudios de posgrado y convertirme en una profesional en mi campo. No tenía el menor interés en encontrarme con un tipo tan extraño como Don Juan.


Thompson: ¿Cómo se cruzaron exactamente vuestros caminos?


Castaneda: Estaba esperando el autobús en la estación de Greyhound en Nogales, Arizona, charlando con un antropólogo que había sido mi guía y ayudante en mi investigación. Mi colega se inclinó y señaló a un anciano indígena de cabello blanco al otro lado de la sala. Me susurró: "Psst, allá, que no te vea mirando", y dijo que era un experto en peyote y plantas medicinales. Eso fue todo lo que necesitaba oír.

Me presenté con aires de grandeza y me acerqué a ese hombre, conocido como Don Juan, y le dije que yo también era una autoridad en peyote. Le comenté que tal vez le convendría almorzar y charlar conmigo, o algo por el estilo, con una arrogancia insoportable.


Thompson: La vieja táctica de los almuerzos de negocios. Pero en realidad no eras una gran autoridad, ¿verdad?


Castaneda: ¡No sabía casi nada de peyote! Pero seguí parloteando, alardeando de mis conocimientos, con la intención de impresionarlo. Recuerdo que solo me miró y asintió de vez en cuando, sin decir una palabra.

Mis pretensiones se desvanecieron en el calor de aquel día. Me quedé atónito al ser silenciado. Allí me quedé, en el abismo, hasta que Don Juan vio que había llegado su autobús. Se despidió con un leve gesto de la mano. Me sentí como un imbécil arrogante, y ahí terminó todo.


Thompson: También fue el principio.


Castaneda: Sí, ahí empezó todo. Supe que Don Juan era conocido como brujo, que significa curandero, hechicero. Me propuse descubrir dónde vivía. Ya sabes, se me daba muy bien, y lo conseguí. Lo averigüé y un día fui a verlo. Nos caímos bien y pronto nos hicimos buenos amigos.


Thompson: ¿Te sentías como un idiota en presencia de este hombre, pero aun así estabas ansioso por buscarlo?


Castaneda: La forma en que Don Juan me miró allí en la estación de autobuses fue excepcional, un acontecimiento sin precedentes en mi vida. Había algo extraordinario en sus ojos, que parecían brillar con una luz propia.

Verás, somos (aunque desafortunadamente no queremos aceptarlo) simios, antropoides. Hay un conocimiento primario que todos llevamos dentro, conectado directamente con el ser humano de dos millones de años que reside en la raíz de nuestro cerebro. Y hacemos todo lo posible por reprimirlo, lo que nos hace obesos, cardíacos y propensos al cáncer. Fue en ese nivel arcaico donde me impactó la mirada de Don Juan, a pesar de mi molestia e irritación por haber descubierto mi pretensión de experto en la estación de autobuses.


Thompson: Finalmente te convertiste en aprendiz de Don Juan, y él en tu mentor. ¿Cómo fue esa transición?


Castaneda: Pasó un año antes de que me confiara sus secretos. Nos conocíamos bastante bien, cuando un día Don Juan se dirigió a mí y me dijo que poseía un conocimiento que había aprendido de un benefactor anónimo, quien lo había guiado a través de una especie de formación. Usaba la palabra «conocimiento» con más frecuencia que «hechicería», pero para él eran lo mismo.

Don Juan me dijo que me había elegido como su aprendiz, pero que debía prepararme para un camino largo y difícil. No tenía ni idea de lo asombrosamente extraño que sería ese camino.


Thompson: Ese es un tema recurrente en tus libros: tu lucha por comprender una "realidad paralela" donde los mosquitos miden treinta metros de altura, donde las cabezas humanas se transforman en cuervos, donde la misma hoja cae cuatro veces, donde los hechiceros hacen desaparecer coches a plena luz del día. Un buen hipnotizador de escenario puede producir efectos asombrosos. ¿Es posible que eso fuera lo que tramaba don Juan? ¿Te engañó?


Castaneda: Es posible. Lo que hizo fue enseñarme que el mundo es mucho más complejo de lo que solemos reconocer; que nuestras expectativas habituales sobre la realidad se crean mediante el consenso social, que en sí mismo es un engaño. Nos enseñan a ver y comprender el mundo a través de un proceso de socialización que cuando funciona correctamente, nos convence de que las interpretaciones con las que coincidimos definen los límites del mundo real.

Don Juan interrumpió este proceso en mi vida al demostrar que tenemos la capacidad de acceder a otros mundos que son constantes e independientes de nuestra conciencia altamente condicionada. La hechicería implica reprogramar nuestra capacidad de percibir reinos como reales, únicos, absolutos y que nos envuelven por completo, a diferencia de nuestro mundo cotidiano, supuestamente mundano.

Don Juan siempre intenta que pongas tus explicaciones de la realidad y tus suposiciones sobre lo que es posible entre paréntesis, para que puedas ver lo arbitrarias que son. Los filósofos contemporáneos lo llamarían "deconstruir" la realidad.

Don Juan comprendía profundamente cómo funciona el lenguaje como un sistema en sí mismo: cómo genera imágenes de la realidad que, erróneamente, creemos que revelan la verdadera naturaleza de las cosas. Sus enseñanzas fueron como un garrote que me golpeó la cabeza hasta que comprendí que mi preciada visión era en realidad una construcción, tejida con todo tipo de interpretaciones fijas, que utilizaba para defenderme de la pura y asombrada percepción.


Thompson: Ahí reside una contradicción. Por un lado, Don Juan te desocializó al enseñarte a ver sin prejuicios. Sin embargo, parece que luego te resocializó al introducirte en un nuevo conjunto de significados, simplemente dándote una interpretación diferente, una nueva perspectiva de la realidad, aunque sea una perspectiva "mágica".


Castaneda: Eso era algo sobre lo que Don Juan y yo discutíamos constantemente. Él decía, en esencia, que me estaba desorientando, y yo sostenía que me estaba transformando. Al enseñarme hechicería, me presentó una nueva perspectiva, un nuevo lenguaje y una nueva forma de ver y de estar en el mundo. Me encontraba atrapado entre mi anterior certeza sobre el mundo y una nueva descripción, la hechicería, y me veía obligado a conciliar lo viejo y lo nuevo. Me sentía completamente estancado, como un coche que pierde el control.

Don Juan estaba encantado. Decía que eso significaba que estaba oscilando entre descripciones de la realidad, entre mis viejas y nuevas visiones. Finalmente comprendí que todas mis suposiciones previas se basaban en ver el mundo como algo de lo que, en esencia, estaba ajeno.

Aquel día, cuando me encontré con Don Juan en la estación de autobuses, yo era el académico ideal, triunfantemente ajeno a la realidad, conspirando para demostrar mi inexistente conocimiento sobre plantas psicotrópicas.


Thompson: Irónicamente, fue Don Juan quien más tarde te presentó a "Mescalito", el espíritu de piel verde del peyote.


Castaneda: Don Juan me introdujo a las plantas psicotrópicas a mitad de mi aprendizaje, porque era tan estúpido y arrogante, lo cual, por supuesto, consideraba una señal de sofisticación. Me aferraba a mi descripción convencional del mundo con una vehemencia increíble, convencido de que era la única verdad.

El peyote sirvió para exagerar las sutiles contradicciones dentro de mi interpretación, y esto me ayudó a superar la típica postura occidental de ver el mundo ahí fuera y hablar conmigo mismo sobre él. Pero el enfoque psicotrópico tuvo sus consecuencias: agotamiento físico y emocional. Me llevó meses asimilarlo por completo.


Thompson: Si pudieras volver a hacerlo, ¿simplemente dirías que no?


Castaneda: Mi camino siempre ha sido el mío. Don Juan siempre me decía: "Haz un gesto". Un gesto no es más que un acto deliberado realizado por el poder que emana de la decisión.

En última instancia, el valor de entrar en un estado no ordinario, como ocurre con el peyote u otras plantas psicotrópicas, reside en obtener lo que se necesita para abrazar la grandiosidad de la realidad cotidiana.

Verás, el camino del corazón no es un sendero de introspección incesante ni de vuelo místico, sino una forma de afrontar las alegrías y las tristezas del mundo. Este mundo, donde cada uno de nosotros está relacionado a nivel molecular con todas las demás manifestaciones maravillosas y dinámicas del ser, es el verdadero terreno de caza del guerrero.


Thompson: Tu amigo Don Juan enseña qué es, cómo conocer qué es y cómo vivir en armonía con lo que es: ontología, epistemología y ética. Esto lleva a muchos a decir que es demasiado bueno para ser verdad, que lo creaste de la nada como un instrumento alegórico de sabia instrucción.


Castaneda: La idea de que yo inventé a un personaje como Don Juan es absurda. Soy producto de una tradición intelectual europea a la que un personaje como Don Juan le resulta ajeno. Los hechos reales son aún más extraños: soy periodista. Mis libros narran un fenómeno insólito que me obligó a realizar cambios fundamentales en mi vida para poder afrontarlo en sus propios términos.


Thompson: Algunos de tus críticos se enfurecen al afirmar que Don  Matus a veces habla más como un profesor de Oxford que como un indígena. Además, hay que tener en cuenta que viajó mucho y adquirió sus conocimientos de fuentes que no se limitaban a sus raíces yaquis.


Castaneda: Permíteme hacer una confesión: me divierte mucho la idea de que Don Juan tal vez no sea el "mejor" Don Juan. Probablemente yo tampoco sea el mejor Carlos Castaneda.

Hace años conocí al Castaneda perfecto en una fiesta en Sausalito, por pura casualidad. Allí, en medio del patio, estaba el hombre más guapo, alto, rubio, de ojos azules, hermoso, descalzo. Eran principios de los 70. Estaba firmando libros, y el dueño de la casa me dijo: "Quisiera presentarte a Carlos Castaneda".

Ese hombre estaba imitando a Carlos Castaneda, con un impresionante séquito de mujeres hermosas a su alrededor. Le dije: "Me complace mucho conocerlo, señor Castaneda".

Él respondió: "Doctor Castaneda".

Lo estaba haciendo muy bien. Pensé: Él representa una buena manera de ser Castaneda, el Castaneda ideal, con todos los beneficios que conlleva el puesto. Pero el tiempo pasa, y sigo siendo el Castaneda que soy, no muy apto para interpretar la versión de Hollywood. Tampoco lo es Don Juan.


Thompson: Hablando de confesiones: ¿Alguna vez pensaste en restarle importancia a la excentricidad de tu profesor y presentarlo como un personaje más convencional, para que sirviera como un mejor vehículo para sus enseñanzas?


Castaneda: Jamás consideré tal enfoque. Suavizar las asperezas para hacer avanzar una trama agradable es un lujo propio del novelista. No me son ajenas las máximas, tanto explícitas como implícitas, de la ciencia: «Sé objetivo».

A veces, Don Juan hablaba con un argot peculiar; expresiones como "¡Caramba!" y "¡No pierdas la cabeza!" son dos de sus favoritas. En otras ocasiones, demostraba un dominio soberbio del español, lo que me permitía obtener explicaciones detalladas de los intrincados significados de su sistema de creencias y su lógica subyacente.

Modificar deliberadamente a Don Juan en mis libros para que pareciera coherente y se ajustara a las expectativas de tal o cual público introduciría la «subjetividad» en mi obra, un demonio que, según mis mejores críticos, no tiene cabida en la escritura etnográfica.


Thompson: Los escépticos te han retado a exorcizar ese demonio de una vez por todas, presentando al público las notas de campo basadas en tus encuentros con Don Juan. ¿Acaso eso no disiparía las dudas sobre si tus escritos son auténtica etnografía o ficción disfrazada? ¿De quién son las dudas?


Castaneda: Para empezar, colegas antropólogos. El Comité Watergate del Senado. Geraldo Rivera . . . Hubo un tiempo en que las solicitudes para ver mis notas de campo parecían estar libres de agendas ideológicas ocultas.

Tras la publicación de 'Las enseñanzas de Don Juan' recibí una carta reflexiva de Gordon Wasson, fundador de la etnomicología, el estudio de los usos humanos de los hongos.

Gordon y Valentina Wasson habían descubierto la existencia de cultos chamánicos de hongos aún activos en las montañas cercanas a Oaxaca, en México. El Dr. Wasson me pidió que aclarara ciertos aspectos del uso que Don Juan hacía de los hongos psicotrópicos. Con gusto le envié varias páginas de notas de campo relevantes para su área de interés y me reuní con él en dos ocasiones. Posteriormente, se refirió a mí como un «joven honesto y serio», o algo por el estilo.

Aun así, algunos críticos afirmaron que cualquier nota de campo de Castaneda debía considerarse una falsificación posterior. En ese momento comprendí que no había manera de convencer a quienes ya tenían una opinión formada sin recurrir a la documentación que yo pudiera proporcionar. De hecho, fue liberador abandonar la labor de relaciones públicas —que, en esencia, atentaba contra mi naturaleza— y retomar mi trabajo de campo con Don Juan.


Thompson: Seguramente te resulta familiar la acusación de que tu obra ha fomentado la trivialización de las tradiciones espirituales indígenas. El argumento es el siguiente: Un grupo despreciable de oportunistas no indígenas, oportunistas comerciales y autoproclamados chamanes ha leído tus libros y los ha encontrado inspiradores. ¿Cómo te defiendes?


Castaneda: No me propuse escribir un relato exhaustivo de la espiritualidad indígena, así que es un error juzgar mi obra con ese criterio. Mis libros son, en cambio, una crónica de experiencias y observaciones específicas en un contexto particular, relatadas con la mayor fidelidad posible.

Sin embargo, reconozco haber realizado actos de etnografía deliberados, que no son otra cosa que traducir la experiencia cultural a la escritura. La etnografía siempre es escritura. Eso es lo que hago. ¿Qué sucede cuando las palabras habladas se convierten en palabras escritas, las palabras escritas en palabras publicadas, y las palabras publicadas son asimiladas por lectores desconocidos para el autor?

Digamos que es complejo. He tenido la gran fortuna de contar con un público lector amplio y diverso en gran parte del mundo. El requisito de acceso es el mismo en todas partes: saber leer y escribir. Más allá de esto, soy responsable de las virtudes y los vicios de mi público anónimo, al igual que todo escritor de cualquier época y lugar. Lo más importante es que respaldo mi obra.


Thompson: ¿Qué opina Don Juan de tu notoriedad mundial?


Castaneda: Nada. Absolutamente nada. Lo aprendí de forma definitiva cuando le llevé un ejemplar de 'Las enseñanzas de Don Juan'. Le dije: "Se trata de usted, Don Juan". Él examinó el libro de arriba abajo, por delante y por detrás, hojeando las páginas como si fueran una baraja de cartas, y luego me lo devolvió.

Me sentí desolado y le dije que quería regalárselo. Don Juan me dijo que mejor no lo aceptara, "porque ya sabe lo que hacemos con el papel en México". Añadió: "Dígale a su editor que imprima su próximo libro en papel de mejor calidad".


Thompson: Antes mencionaste que Don Juan dramatizaba deliberadamente sus enseñanzas. Tus escritos lo reflejan.


Castaneda: Gran parte de la literatura antropológica da la impresión de buscar la monotonía, como si la banalidad fuera señal de verdad. Mentir habría sido decir que mis asombrosas aventuras con Don Juan eran aburridas.

Me ha llevado muchos años comprender que Don Juan es un maestro en el uso de la frustración, la digresión y la revelación parcial como métodos de enseñanza. Combinaba estratégicamente la revelación y el ocultamiento en las combinaciones más insólitas. Su estilo consistía en afirmar que la realidad ordinaria y la extraordinaria no están separadas, sino que se encuentran dentro de un círculo mayor, para luego retractarse al día siguiente insistiendo en que la línea divisoria entre las distintas realidades debe respetarse a toda costa.

Le pregunté por qué debía ser así. Él me respondió: "Porque nada es más importante para ti que mantener intacto tu mundo personal". Tenía razón. Esa era mi máxima prioridad al principio de mi aprendizaje. Finalmente comprendí —comprendí— que el camino del corazón exige entrega total, un grado de abandono que puede resultar aterrador. Solo así es posible lograr una metamorfosis deslumbrante.

También me di cuenta de hasta qué punto 'Las enseñanzas de Don Juan' podían ser, y de hecho serían, descartadas como "mera alegoría" por ciertos especialistas cuya misión sacramental es reforzar los límites que la cultura y el lenguaje imponen a la percepción.

Esto nos lleva a la cuestión de quién define la descripción cultural "correcta". Hoy en día, algunos críticos de Margaret Mead afirman que se equivocó respecto a Samoa. Pero, ¿por qué no decir, de forma menos dogmática, que sus escritos presentan una visión parcial basada en un encuentro único con una cultura exótica?

Obviamente sus descubrimientos reflejaban las inquietudes de su época, incluyendo sus propios prejuicios. ¿Quién tiene la autoridad para separar el arte de la ciencia?

La suposición de que el arte, la magia y la ciencia no pueden coexistir es un vestigio obsoleto de las categorías filosóficas aristotélicas. Debemos superar esta nostalgia en las ciencias sociales del siglo XXI.

Incluso el término etnografía resulta demasiado monolítico, pues implica que escribir sobre otras culturas es una actividad exclusiva de la antropología, cuando en realidad la etnografía abarca diversas disciplinas y géneros.

Además, ni siquiera el etnógrafo es un perfil monolítico: debe ser reflexivo y multifacético, al igual que los fenómenos culturales que se perciben como "otros". Así, el observador, el fenómeno observado y el proceso de observación forman una totalidad inseparable.

Desde esa perspectiva, la realidad no se recibe simplemente, sino que es capturada y representada activamente de diferentes maneras por diferentes observadores con diferentes formas de ver. Así es.

La hechicería se reduce a la encarnación de ciertas premisas teóricas y prácticas especializadas sobre la naturaleza de la percepción para moldear el universo que nos rodea.

Me llevó mucho tiempo comprender, intuitivamente, que existían tres Castanedas: uno que observaba a Don Juan, el hombre y maestro; otro que era el sujeto activo de la formación de Don Juan —el aprendiz—; y otro más que narraba las aventuras. «Tres» es una metáfora para describir la sensación de límites que cambian sin cesar.

Del mismo modo, el propio Don Juan cambiaba constantemente de posición. Juntos atravesábamos la grieta entre el mundo natural de la vida cotidiana y un mundo invisible, al que Don Juan llamaba «la segunda atención», término que prefería a «sobrenatural».


Thompson: Lo que describes no es lo primero que se les viene a la mente a la mayoría de los antropólogos cuando piensan en su trabajo, ¿sabes?


Castaneda: ¡Oh, estoy seguro de que tienes razón! Alguien me preguntó hace poco: "¿Qué opina la antropología convencional de Carlos Castaneda?" Supongo que la mayoría ni siquiera piensa en mí. Puede que a algunos les moleste un poco, pero están seguros de que lo que hago no es científico.

Para la mayoría de los expertos, "posibilidad antropológica" significa ir a un país exótico, llegar a un hotel, tomarse un trago mientras un grupo de indígenas se acerca a hablarte de su cultura. Te cuentan todo tipo de cosas y anotas las distintas palabras para padre y madre. Más tragos, luego vuelves a casa, lo introduces todo en el ordenador y buscas correlaciones y diferencias. Eso, para ellos, es antropología científica. Para mí, eso sería un infierno.


Thompson: ¿Cómo tomaste notas de lo que te enseñó Don Juan?


Castaneda: Mis conversaciones con Don Juan durante el aprendizaje se desarrollaron principalmente en español. Desde el principio intenté convencerlo de que me dejara usar una grabadora, pero él decía que depender de algo mecánico solo nos vuelve cada vez más estériles.

"Frena tu magia [la grabadora]", decía. "Es mejor aprender con todo el cuerpo para recordar con todo el cuerpo". No tenía ni idea de a qué se refería. En consecuencia, empecé a tomar notas de campo voluminosas de lo que decía. Mi laboriosidad le resultaba divertida.

En cuanto a mis libros, los sueño. Me reúno con mis notas de campo —normalmente por la tarde, pero no siempre— y las reviso todas y las traduzco al inglés. Por la noche duermo y sueño con lo que quiero escribir. Al despertar, escribo en las horas tranquilas de la noche, recurriendo a lo que se ha organizado coherentemente en mi cabeza.


Thompson: ¿Lo reescribes?


Castaneda: No suelo hacerlo. Escribir con regularidad me resulta bastante árido y laborioso. Soñar es lo mejor. Gran parte de mi entrenamiento con Don Juan consistió en reeducar la percepción para poder retener las imágenes oníricas el tiempo suficiente para observarlas con detenimiento.

Don Juan tenía razón sobre la grabadora, y en retrospectiva, también sobre las notas. Eran mi muleta, y ya no las necesito. Al final de mi tiempo con Don Juan, aprendí a escuchar, observar, sentir y recordar con todas las células de mi cuerpo.


Thompson: Antes mencionaste que habías llegado al final del camino, y ahora hablas del final de tu tiempo con Don Juan. ¿Dónde está él ahora?


Castaneda: Se ha ido. Ha desaparecido.


Thompson: ¿Sin idea de a dónde?


Castaneda: Don Juan me dijo que iba a cumplir el sueño del hechicero de abandonar este mundo y entrar en «dimensiones inimaginables». Desplazó su punto de encaje de su fijación en el mundo humano convencional. Lo llamaríamos combustión desde dentro. Es una alternativa a la muerte. O te entierran a dos metros bajo tierra entre las pobres flores o ardes. Don Juan eligió arder. Supongo que es una forma de borrar la historia personal.


Thompson: ¿Entonces esta conversación es el obituario de Don Juan?


Castaneda: Había llegado al final deliberadamente. Con intención. Quería expandirse, unir su cuerpo físico con su cuerpo energético. Su aventura estaba allí, donde la pequeña poza personal se une al gran océano. Lo llamó el "viaje definitivo". Tal inmensidad es incomprensible para mi mente, así que solo puedo renunciar a explicarla.

He descubierto que el principio explicativo te protege del miedo a lo desconocido, pero yo prefiero lo desconocido.


Thompson: Has viajado por todas partes. Dime la verdad: ¿Es la realidad, en última instancia, un lugar seguro?


Castaneda: Una vez le pregunté algo muy parecido a Don Juan. Estábamos solos en el desierto, de noche, bajo un cielo estrellado. Se rió con una risa sincera y amigable. Dijo: "Claro, el universo es benévolo. Puede que te destruya, pero en el proceso te enseñará algo valioso".


Thompson: ¿Qué le depara el futuro a Carlos Castaneda?


Castaneda: Tendré que avisarte. La próxima vez.


Thompson: ¿Habrá una próxima vez?


Castaneda: Siempre habrá una próxima vez.






EN ESPAÑOL

La revista chilena "Visión" publicó esta entrevista en español, en su publicación del 13 de junio de 1994, Vol. 82, No. 12, págs. 4-10, con el título "Retrato de un brujo".






MI OPINIÓN DE ESTA ENTREVISTA

Keith Thompson afirmó que estuvo conversando con Castaneda durante cuatro horas, si eso es verdad entonces solo transcribió una pequeña parte de su conversación.

De cualquier forma Castaneda no dijo nada que no hubiera dicho anteriormente, y dado lo inmensamente mentiroso que era ese escritor, soy desconfiado sobre la veracidad de sus relatos: que se encontró por primera vez con Don Juan en una estación de autobuses, que conoció a un impostor muy atractivo que se hacía pasar por él, etc.










¿EXISTEN DIFERENTES TIPOS DE MEDITACIÓN? (Respuesta de Alsibar)

(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)



Resulta curioso observar cómo un tema aparentemente sencillo suscita tantas preguntas. Todo buscador espiritual probablemente se ha enfrentado al siguiente dilema: ¿cuál es la mejor meditación?

Si ​​como afirma Krishnamurti, no existen métodos ni sistemas de meditación, ¿cómo podemos comprender que él mismo pareciera ofrecer diferentes definiciones de meditación? ¿Cómo podemos llegar a una comprensión que sea a la vez correcta y eficaz? Reflexionemos juntos sobre esto.


Buda enseñó la meditación Sattipathana , o atención plena. Los patriarcas budistas zen desarrollaron el Zazen: sentarse quieto, plenamente consciente del momento presente. Yogananda enseñó el Kriya Yoga, cuyos principios básicos son la atención/conciencia, la respiración y la tranquilidad interior.

En todos estos "métodos" podemos ver un punto fundamental: la consciencia y la tranquilidad. Sin embargo, la historia demuestra que en general, la humanidad tiende a ignorar lo esencial y a aferrarse a lo superfluo.

En el yoga, por ejemplo, lo que importa es el estado interno de atención y plenitud. Las diversas asanas son simplemente estrategias para fortalecer la consciencia del practicante, especialmente de los principiantes.

Pero en general vemos lo contrario: las posturas se han vuelto más importantes que la plenitud interior. Las posturas, a pesar de trabajar el cuerpo físico, no deberían eclipsar el trabajo espiritual interno. Desafortunadamente, el yoga se ha convertido mucho más en un festival de contorsionismo que en una filosofía de liberación interior.

Así pues, entendemos que la meditación tiene, en efecto, diferentes matices y aspectos. Pero no existe uniformidad ni estándar que la limite. Por eso surge el problema de los métodos. Los métodos y sistemas estandarizan algunos aspectos periféricos como las posturas, los preparativos, los lugares, los accesorios, etc.

Algunos de estos factores solo pretenden ayudar al principiante. Por ejemplo, prestar atención a la respiración puede ayudar a relajar a una persona muy inquieta, ya que ser consciente del ritmo respiratorio la calma.

A algunos principiantes les puede resultar fácil observar sus pensamientos, o pueden preferir ser conscientes de sus emociones y reacciones corporales. Algunos pueden querer meditar mientras se mueven, caminan o realizan alguna actividad como bailar.

Otros pueden preferir meditar combinando la meditación con actividades cotidianas, como barrer o lavar los platos. Otros pueden preferir meditar en grupo o solos. No hay reglas para esto. Simplemente no las hay. Pero en todo esto prevalece un principio básico común: la consciencia.


El desarrollo de la plena consciencia no ocurre de la noche a la mañana, salvo en casos muy excepcionales donde el espíritu ya está elevado y nace con una misión especial. Por lo tanto, nadie puede exigir que todos comiencen con "total fuerza".

La atención total o "plena consciencia" es un estado al que no estamos acostumbrados. Pasamos toda nuestra vida en la inconsciencia. Todo nuestro ser, incluyendo mente y cuerpo, tiene gran dificultad para "entrar" en ese estado. Por consiguiente, podemos comenzar "por partes" y "poco a poco", hasta alcanzar estados de consciencia cada vez más plenos.

La consciencia es fuerza espiritual. Cuanto más conscientes somos, más poderosos nos volvemos. Las fuerzas y poderes espirituales latentes se despiertan a través de la consciencia. Un Cristo, un Buda, un Babaji o un Krishnamurti son como los Señores Universo de la espiritualidad, verdaderos titanes del poder y la fuerza de la consciencia espiritual.

Así, entendemos que los distintos "tipos" de meditación son simplemente matices, aspectos o variaciones de la consciencia.

El gran problema a lo largo de la historia de la meditación es que muchas personas comenzaron a inventar métodos cada vez más absurdos y extravagantes, simplemente como una forma de autopromoción.

La meditación es en realidad un estado que debería ser natural para todos nosotros. Pero como actualmente no lo es, se inventaron métodos para "desarrollar" ese estado.

Ahí es donde entró Krishnamurti, aclarando el mundo al explicar que los métodos son un error porque perpetúan al "pensador". El problema es que mientras exista el "pensador", no puede haber meditación.

¿Y quién es el pensador?

Es cuando nuestra mente dice cosas como: "Tengo que meditar... Tengo que practicar... Tengo que lograr... No lo estoy haciendo bien... ¡Maldita sea! No estoy meditando... o ¡Genial, estoy evolucionando! Este método no me funciona, buscaré otros... ¿De verdad estoy evolucionando?". etc., etc.

Este «pensador» es la negación misma de la meditación, porque cuando hay meditación no hay nadie que opine, critique, juzgue, condene ni desee nada.

Existe un principio básico, universal y esencial en la meditación, revelado por Krishnamurti al mundo: en la conciencia/observación no puede haber un «pensador/observador». Si lo hay, entonces no se produce la meditación y la persona, de hecho, se está engañando a sí misma.


Para concluir, los distintos tipos de meditación tienen la CONCIENCIA como principio fundamental. Sin embargo, para que este proceso se lleve a cabo es esencial la ausencia del "observador".

Esto significa, en la práctica, que durante la meditación no puede haber intervención alguna en lo que se observa. Si observo mis pensamientos, no debo juzgarlos, condenarlos, analizarlos ni intervenir en ellos. Debo tener la misma actitud hacia mis emociones, reacciones, impulsos, respiración o cualquier cosa que entre en el campo de mi consciencia. Hasta llegar al punto en que solo exista pura y simple CONCIENCIA u OBSERVACIÓN de fenómenos, procesos y movimientos internos y externos. 

En esta observación pasiva y silenciosa, tiene lugar la MEDITACIÓN, y con ella, la CONCIENCIA se desarrolla, despierta y evoluciona por sí misma. A partir de entonces, las palabras se vuelven imprecisas, impotentes e inútiles.








¿A PARTIR DE CUÁNDO LOS ANIMALES COMIENZAN A REENCARNAR COMO HUMANOS? (Respuesta de Charles Leadbeater)




EN LA LUNA

Charles Leadbeater, en el capítulo 3 de su libro "El Hombre: de dónde, cómo y hacia dónde" afirmó que pudo percibir a través de su clarividencia cuando la Luna estaba físicamente habitada.

Y según Leadbeater en la quinta ronda de la cadena lunar había una familia de humanos lunares.

El maestro Morya en ese entonces era el esposo, el maestro Kuthumi era su esposa, el Buda Gautama Siddhartha era su niño, y el Señor Cristo-Maitreya era su niña.

Y en ese entonces Charles Leadbeater, Annie Besant, Jiddu Krishnamurti y Jiddu Nityananda (el hermano menor de Krishnamurti) eran animales, una especie de monos lunares, y eran las mascotas de esa familia lunar.

Unos salvajes los atacaron, la mona Besant falleció defendiéndolos, pero Leadbeater precisa que "en el preciso momento de morir la mona Besant se individualizó y expiró volviéndose humana".

El mono Leadbeater salió gravemente herido pero con el tiempo se recuperó, y Leadbeater señaló que: "poco a poco se desarrolló vigorosamente la inteligencia del mono Leadbeater, alentada por el amor de su dueño, hasta que la mente ínfima logró atraer respuesta de la superior, y el cuerpo causal relampagueó en su ser poco antes de la muerte".

Los monos Krishnamurti y Nityananda "le sobrevivieron por algún tiempo, siendo su principal característica la entera adhesión a los niños, hasta que el cuerpo emocional, movido por ese puro ardor, atrajo una respuesta del plano intuicional y también alcanzaron la individualización al morir".


Y en el capítulo 4, Leadbeater añadió:

"Volvemos a la Luna, ya en la sexta ronda, donde nuestros individualizados animales han nacido como humanos simples y primitivos, pero no de salvajes y brutal tipo."


Constatación

Leadbeater afirmó que en la cadena planetaria lunar, los animales ya habían comenzado a reencarnar como humanos desde la quinta ronda.







EN LA TIERRA

Una mujer le escribió a Leadbeater preguntando por el estado de su gato tras su muerte. A lo que Leadbeater le contestó:

"Estimada señora, no tiene de qué preocuparse por su difunto gato, ya que su cariño lo ha llevado a la etapa de individualización, por lo que no renacerá en forma felina."

(Esta carta se encuentra en los Archivos de la Sociedad Teosófica en Adyar, está destinada a la señorita P. Kayser, y está fechada el 2 de diciembre de 1933.)



Constatación

Leadbeater afirmó que en la cadena planetaria terrestre, los animales ya comenzaron a reencarnar como humanos desde la cuarta ronda (puesto que actualmente nos encontramos en la cuarta ronda).






LA REALIDAD

El maestro Kuthumi explicó que los animales solo alcanzan el nivel de los humanos en la séptima ronda:

« Durante la séptima ronda, los humanos se habrán convertido en seres divinos, y los animales se habrán convertido en seres inteligentes. »
(CM 23b, p.177)


O sea que los seres más evolucionados de cada reino, al final del ciclo evolutivo planetario (el cual se compone de siete rondas) habrán alcanzado el nivel del reino superior siguiente: los humanos más avanzados habrán alcanzado el nivel de los ángeles, y los animales más avanzados habrán alcanzado el nivel de los humanos.

Pero aún así, esos seres solo efectuarán el desarrollo en ese reino superior durante el siguiente planeta que se formará.

Para darles una analogía, al final de la primaria, los mejores alumnos habrán alcanzado el nivel de secundaria (en su primera etapa), pero la secundaria solo la cursarán en el siguiente ciclo escolar.

De igual manera, los seres más avanzados que evolucionaron en el reino animal durante la cadena lunar, alcanzaron el nivel de los humanos en la séptima ronda de esa cadena, pero solo comenzaron a reencarnar como humanos en la cadena terrestre.

Y los seres más avanzados que evolucionan actualmente en el reino animal de nuestra cadena terrestre, alcanzarán el nivel de los humanos en la séptima ronda de esta cadena, pero solo comenzarán a reencarnar como humanos en la siguiente cadena planetaria.






CONCLUSIÓN

Lo que Charle Leadbeater enseño es falso, y es un ejemplo más de los desbarajustes que ese individuo le hizo a la enseñanza teosófica.








LA HISTORIA DE LAS MENTIRAS QUE SE HAN INVENTADO SOBRE LA CADENA TERRESTRE




Los instructores teosóficos explicaron que un planeta es solo el componente visible de un sistema compuesto por siete globos (los seis otros globos siendo sutiles) y al cual ellos denominan: una cadena planetaria.

Pero desafortunadamente varios pseudo-instructores le han añadido falsedades a la enseñanza de la cadena terrestre, y aquí les voy a relatar la historia de esas mentiras.




KUTHUMI

La deformación de esta enseñanza comenzó cuando el señor Alfred Sinnett en octubre de 1882 le envió una carta al maestro Kuthumi en donde entre otras cosas le preguntó:

« ¿Qué otros planetas, además de Mercurio, pertenecen a nuestro sistema de mundos, entre los conocidos por la ciencia convencional? ¿Son los planetas más espirituales —A, B, Y y Z— cuerpos visibles en el cielo, o son todos los conocidos por la astronomía de naturaleza más material? »
(CM 23a, p.148)


A lo que el maestro Kuthumi le respondió:

« Marte y otros cuatro planetas de los que la astronomía aún no sabe nada. Ni A, ni B, ni Y, ni Z son conocidos; ni pueden ser vistos por medios físicos por muy perfeccionados que estén. »
(CM 23b, p.176)


Ahí constato que el maestro Kuthumi consideró que la pregunta de Sinnett era doble:

1) La primera pregunta fue "¿Qué otros planetas, además de Mercurio, pertenecen a nuestro sistema de mundos, entre los conocidos por la ciencia convencional?"

Y el maestro pensó que Sinnett se refería a los planetas del sistema solar y por eso él respondió: [Aparte de la Tierra y Mercurio están] "Marte y otros cuatro planetas de los que la astronomía aún no sabe nada."

2) Y la segunda pregunta fue "¿Son los planetas más espirituales —A, B, Y y Z— cuerpos visibles en el cielo, o son todos los conocidos por la astronomía de naturaleza más material?"

Y el maestro consideró que Sinnett se refería a los globos más sutiles de la cadena planetaria, y por eso él respondió: "Ni A, ni B, ni Y, ni Z son conocidos; ni pueden ser vistos por medios físicos por muy perfeccionados que estén."





SINNETT

Pero desafortunadamente Sinnett no comprendió bien la respuesta que le dio Kuthumi, y es por eso que él creyó que Kuthumi le había dicho que la cadena terrestre está compuesta por la Tierra, Marte, Mercurio, más cuatro globos sutiles.

Y es por eso que cuando él escribió su libro "Buddhismo Esotérico" (1883) donde resumió las enseñanzas que le había dado el maestro Kuthumi, Sinnett declaró:

« Además de la Tierra, la cual se encuentra en el punto más material de todos, sólo hay dos mundos más de nuestra cadena que sean visibles a los ojos físicos — el uno tras él y el otro ante él. Estos dos mundos son, efectivamente, Marte y Mercurio, Marte, el que está antes que el nuestro y Mercurio después.

Marte en un estado de obscuración completa en la actualidad por lo que respecta a la ola de vida humana, y Mercurio principiando precisamente a prepararse para su próximo período humano.

Los dos planetas que están por detrás de Marte y los dos que siguen a Mercurio, no están constituidos por un orden de materia que el telescopio pueda percibir, pues de los siete, cuatro son de naturaleza etérea. »
(Capítulo 7)


Ahí Sinnett dijo dos mentiras completas y dos medias:

1) Que Marte y Mercurio forman parte de la cadena terrestre.

Pero eso es falso como más abajo se los demostraré.


2) Que los humanos terrestres primero se desarrollaron en Marte, actualmente lo están haciendo en la Tierra, y en el futuro lo harán en Mercurio.

Pero eso también es falso ya que los Maestros transhimaláyicos explicaron que las almas que actualmente se desarrollan en el reino humano en la Tierra, en el ciclo cósmico anterior se desarrollaron en el reino animal en la Luna cuando ese astro contenía vida, y en el próximo ciclo planetario se van a desarrollar en el reino angelical, el cual ya no es un reino planetario sino solar.


3) Que los globos invisibles para la vista física son de naturaleza etérea.

Si por etéreo se refiere a algo sutil, su afirmación es correcta. Pero en la teosofía original etéreo también se refiere al cuarto estado de la materia física, y en ese caso su afirmación es incorrecta. Y en la neoteosofía de Leadbeater, etéreo se refiere a los cuatro estados superiores de la materia física, y en ese caso su afirmación también es incorrecta.


4) Que Marte se encuentra actualmente en un estado de obscuración completa en lo que respecta a la ola de vida humana.

Pero esa afirmación es incompleta porque el maestro Kuthumi especificó que actualmente Marte se encuentra en un estado de adormecimiento (lo que Sinnett llama oscurecimiento) para toda forma de vida, lo que implica que actualmente no hay vida en Marte ni en su plano físico ni en sus planos sutiles. Y lo mismo sucede también actualmente en Mercurio.





BLAVATSKY

Blavatsky en su obra "La Doctrina Secreta I" (1888) dedicó las páginas 163 a 165 para corregir la primera mentira que dijo Sinnett, y en particular ella dijo:

« Ni Marte ni Mercurio pertenecen a nuestra cadena. Son, junto con los demás planetas, unidades septenarias en la gran multitud de cadenas de nuestro sistema. »
(p.164)


Y ella añadió que para estar segura volvió a consultarlo con el maestro Kuthumi y él le respondió:

« De nuevo [reitero que], ambos (Marte y Mercurio) son cadenas septenarias, tan independientes de los señores y superiores siderales de la Tierra como tú eres independiente de los "principios" de Daumling (Tom Thumb). »
(p.165)





JUDGE

William Judge en ese entonces era el líder del movimiento teosófico en los Estados Unidos, y el su libro "El Océano de la Teosofía" (1893) también corrigió el error de Sinnett:

« La Tierra es séptuple. Es una entidad, no un mero trozo de materia bruta. Y al ser por lo tanto una entidad de naturaleza septenaria, debe haber otros seis globos que giran con ella en el espacio. Y este conjunto de siete globos se ha denominado la Cadena Planetaria Terrestre.
. . .
La cual concuerda perfectamente con el hombre mismo, que tiene otros seis constituyentes, de los cuales solo el cuerpo físico le es visible, ya que ahora actúa en la Tierra —o el cuarto globo— y su cuerpo representa la Tierra. Los siete globos constituyen una sola entidad, y todos se interpenetran. Pero debemos decir "globo" porque la forma final es globular o esférica. »
(Capítulo 3)





BESANT

Annie Besant en esa época todavía era seguidora de Blavatsky y ella también aseveró que Sinnett se había equivocado, al punto que publicó un artículo en la revista "Lucifer" de noviembre de 1893, dedicado a este asunto y en donde en resumen concluyó que:

« Marte y Mercurio tienen una relación especial con nuestra Tierra en toda la evolución del Sistema Solar, pero no forman parte de la Cadena de la Tierra. »
(p. 206)





SINNETT

A pesar de esas correcciones que le hicieron, Sinnett no aceptó que se había equivocado y él siguió insistiendo que Marte y Mercurio si pertenecen a la cadena terrestre. 





BESANT

Ya sin la guía de su antigua maestra (Blavatsky falleció en 1891) Besant terminó cayendo bajo la influencia de Sinnett, al punto que ella publicó en la revista "Lucifer" de diciembre de 1895, un artículo donde apoyaba a Sinnett:

« . . .  en la revista "Lucifer" vol. XIII, pág. 206, escribí una explicación que parecía satisfactoria en lo que respecta a los documentos que tenía entonces en mis manos.

Yo estaba a punto de partir hacia la India cuando escribí ese párrafo y el Sr. Sinnett guardó silencio, a su manera generosa, durante mi ausencia; pero a mi regreso me mostró la carta original en la que se fundamentó la declaración de su libro "Buddhismo Esotérico".
. . .
Esa carta original no dejaba lugar a dudas sobre la declaración del Maestro al respecto, pues decía categóricamente que Marte y Mercurio forman parte de la cadena de la cual nuestra Tierra es el cuarto globo. . . .  »
(p.271)


Ahí Besant está diciendo una inmensa mentira porque en la carta original el maestro Kuthumi no dice categóricamente que Marte y Mercurio forman parte de la cadena terrestre. Y esto les muestra como a Annie Besant no le importaba decir mentiras para engañar a la gente, con tal de convencerlas en lo que ella quería.





SINNETT

Sinnett siguió insistiendo con su error y en su libro "El Crecimiento del Alma" (1896) él escribió:

« Marte, la Tierra y Mercurio están en asociación evolutiva. Marte es el planeta que se encuentra detrás de la Tierra en el orden de progreso de toda la cadena, y Mercurio nos precede. »
(Capítulo 10)


Y además añadió más mentiras porque dijo que los globos sutiles de la cadena terrestre se encontraban en el plano mental y en el plano astral:

« En el primer globo de la serie, la existencia está totalmente condicionada por un entorno que corresponde al que llamamos el plano manásico [mental] de la Tierra, mientras que el punto más bajo de materialidad, tocado por el segundo globo de la serie, se encuentra al mismo nivel que el que aquí llamamos plano astral. »
(Capítulo 10)


Eso es falso como más abajo se los demostraré.





BESANT

Annie Besant se volvió la presidenta de la Sociedad Teosófica de Adyar en 1907 y ella impuso sus libros, los de Leadbeater y los últimos que había escrito Sinnett, como la enseñanza teosófica corregida, pretextando que Blavatsky y William Judge habían cometido muchos errores.

Pero la realidad es lo contrario porque lo que Blavatsky y William Judge enseñaron está en concordancia con lo que los Maestros transhimaláyicos enseñaron, mientras que lo que Besant, Leadbeater, Sinnett y sus seguidores enseñaron está lleno de falsedades.





LEADBEATER

Charles Leadbeater estaba muy desdichado en Ceylán, Sinnett le ayudó con su pasaje de regreso a Londres, lo hospedó en su casa y le pagó por educar a su hijo.

Y Leadbeater en agradecimiento hacia su mecenas, apoyó todas las mentiras que Sinnett había dicho, y además pretendiendo que por medio de su clarividencia las había confirmado. 

En su libro "El Hombre: Cuándo, Cómo, Adónde" (1913) Leadbeater escribió:

« Nuestra cadena, la cadena terrestre, es la cuarta en el orden de sucesión y tiene, por lo tanto, físicamente manifiestos tres de sus siete globos, a saber: el cuarto D, la Tierra; el tercero C, Marte, y el quinto E, Mercurio. »
(Capítulo 1)


Y también metió los globos sutiles de la cadena terrestre en los planos mental y astral (la cadena terrestre es la que está más abajo):






SINNETT

Sinnett hasta el final de su vida siguió insistiendo que él tenía razón y que Blavatsky estaba equivocada, y así en su libro póstumo "Los Primeros Días de la Teosofía en Europa" (1922) escribió:

« La carta del Maestro de la que ella [Blavatsky] pretendió dar un extracto, no contiene lo que ella afirma y corresponde más bien a sus propias indagaciones pero de una versión maliciosamente mutilada de una carta originalmente dirigida hacia mí.
. . .
Finalmente, cuando la Sra. Besant, gracias a la ampliación de sus propios conocimientos comprobó definitivamente que Marte y Mercurio pertenecen a nuestra cadena evolutiva [terrestre] y desempeñaban funciones en ella tal como yo las había descrito originalmente, ella publicó una declaración al respecto en la revista 'Lucifer', vol. XVII, pág. 271. »
(p.92 y 94)





BARKER

Sinnett falleció en 1921 y le heredó las cartas de los maestros a su amiga Maud Hoffman, quien le permitió al teósofo Alfred Trevor Barker que las transcribiera y él las publicó en el libro "Las Cartas Mahatma" (1923).

Entonces la gente pudo ver con sus propios ojos la pregunta que Sinnett le hizo a Kuthumi, y la respuesta que el maestro le dio. Y así constatar que efectivamente Sinnett se equivocó, que Besant mintió, y que Leadbeater está errado; pero muy pocos lo hicieron.


Y Barker también al final de ese libro escribió un artículo titulado "Marte y Mercurio" donde demostró que Sinnett estaba errado, y donde concluyó diciendo:

« Durante más de treinta años la Sociedad Teosófica [de Adyar] se ha permitido difundir esta superstición engañosa, prefiriendo suponer que fue Madame Blavatsky quien no comprendió de lo que ella escribía. »
(p.489)





LA SOCIEDAD TEOSÓFICA DE ADYAR

La Sociedad Teosófica de Adyar decidió publicar el libro "Las Cartas Mahatmas" pero omitiendo el artículo del señor Barker, así como la introducción que escribió y en donde entre otras cosas dice: 

« En nada se justifica más plenamente a Madame Blavatsky que en la explicación y refutación que ella ofreció en "La Doctrina Secreta" sobre la errónea teoría de Marte y Mercurio, publicada originalmente en el libro "Buddhismo Esotérico".

Los detalles de esta antigua controversia son bien conocidos por los teósofos, y es afortunado que la publicación en este volumen de la carta, originalmente tan malinterpretada por el Sr. Sinnett, refute definitivamente las críticas que se le hicieron a Madame Blavatsky al respecto. »
(p. xix)


O sea que los líderes de la Sociedad Teosófica de Adyar no quieren que la gente sepa del charlatanismo de Besant, Leadbeater y Sinnett.






POWELL

Arthur Powell fue un estudiante de la pseudo-teosofía de Leadbeater y Besant, y él escribió el libro "El Sistema Solar" (1930) donde resumió las explicaciones que esa pareja dio sobre ese tema en sus diferentes libros.

Y sobre la cadena terrestre, Powell escribió:

« Los 7 globos de una cadena, por convención aceptada, se conocen respectivamente como los Globos A, B, C, D, E, F y G.

En la cadena terrestre, los Globos A y G son mentales inferiores; los globos B y F son astrales; los globos C, D y E son físicos; C es el planeta Marte, D es la Tierra, y E es el planeta Mercurio. A, B, F y G carecen de nombres en la actualidad, salvo las letras que los designan. »
(Capítulo 1)


Y también puso la siguiente gráfica:









¿POR QUÉ ES INCORRECTA LA VERSIÓN DE SINNETT?

Los instructores teosóficos originales (Kuthumi, Blavatsky y William Judge) explicaron que así como los humanos disponen de siete envolturas: una física y seis sutiles; de igual manera y bajo la Ley de Correspondencia que dice "como es en lo pequeño, es en lo grande", los planetas también disponen de seis envolturas: una física y seis sutiles.



A las envolturas de los planetas, en la Teosofía se les denomina globos, y al conjunto de siete globos se le denomina: una cadena planetaria.

Esto implica que la cadena terrestre está compuesta por un globo físico que es la Tierra, y seis globos sutiles.

Pero el señor Alfred Sinnett no comprendió esto, y él enseñó en sus libros que la cadena terrestre está compuesta por los planetas Marte, Tierra, Mercurio y cuatro globos desconocidos.

Pero afirmar eso es una aberración porque sería lo equivalente a afirmar que un humano está compuesto por tres cuerpos físicos, lo cual todos sabemos que es falso.



(Nota: los globos se ponen en forma de U porque los seres que evolucionan en ellos lo hacen descendiendo en los primeros globos y luego asciendo en los últimos globos.)






Ubicación de las cadenas planetarias

Y no contento con decir esa mentira, Sinnett siguió añadiendo más mentiras.

Una de esas mentiras fue afirmar que los globos se encuentran ubicados en los planos físico, emocional, mental, intuicional y espiritual.


Lo cual es falso porque Blavatsky en la Doctrina Secreta I puso un diagrama en la pagina 200 donde señaló que los globos sutiles de la cadena terrestre (y por extensión de las demás cadenas planetarias) se encuentran en los planos intermedios del sistema solar:



Aquí les pongo un diagrama más sencillo:


Mientras que los planos mencionados por Sinnett corresponden a los subplanos del plano más denso del sistema solar:



No son los mismos nombres porque Leadbeater deformó la enseñanza original:

    -  El plano atmico lo llamo plano espiritual.
    -  El plano búddhico lo llamo plano intuicional.
    -  El plano manásico lo llamo plano mental.
    -  El plano kámico lo llamo plano emocional.
    -  El plano astral lo metió dentro del plano emocional.
    -  El plano pránico lo metió dentro del plano físico.

O sea que Leadbeater y Sinnett hicieron un tremendo desbarajuste.







CONSTATACIÓN

Tristemente la falsa explicación que inventó Sinnett y que Besant y Leadbeater apoyaron, es la que más se a extendido por el mundo gracias a la difusión que la Sociedad Teosófica de Adyar ha hecho, y también porque otros embusteros (Steiner, Heindel, Bailey, etc.) la adoptaron y se la enseñaron a sus seguidores.