EL HOGAR DE LOS MAESTROS KUTHUMI Y MORYA DESCRITO POR CHARLES LEADBEATER

 
Esta descripción Leadbeater la puso en el capítulo dos de su libro “Los Maestros y el Sendero”:
 
 
A continuación describiré brevemente el valle del Tíbet donde habitan los maestros Morya, Kuthumi y Djwal Khul. Los maestros Morya y Kuthumi tienen su respectiva vivienda en las opuestas márgenes de un angosto barranco por cuyo cauce fluye una suave corriente de agua y cuyos taludes están poblados de pinos.
 
 
Un museo secreto
 
De cada casa parte un camino que conduce a un puente sobre el barranco, y cerca del puente hay una pequeña abertura que da entrada a una serie de salas subterráneas que contienen un museo oculto cuyo guardián es el maestro Kuthumi en nombre y representación de la Gran Fraternidad Blanca.
 
Los objetos de dicho museo son de variadísimo carácter, y parecen destinados a servir de ejemplo del proceso de la evolución. Hay allí vividas imágenes de cada uno de los diversos tipos de hombres que han existido en la tierra, desde el gigantesco lémur de balderas articulaciones hasta los remanentes pigmeos de las primitivas e inferiores razas humanas.
 
Modelos en alto relieve muestran las variaciones de la superficie terrestre y su configuración anterior y posterior a los cataclismos que tan señaladamente la alteraron. Enormes diagramas representan las migraciones de las diferentes razas del mundo indicando exactamente hasta donde llegaron en sus éxodos. Y otros diagramas análogos denotan la influencia de las diversas religiones del mundo y señalan en dónde se practicaron en su pureza original y dónde se contaminaron adulteradamente con los residuos de otras religiones.
 
Admirables estatuas que parecen vivas, perpetúan el aspecto físico de los caudillos e instructores de razas largo tiempo olvidadas; y para que la posteridad los examine se conservan objetos relacionados con importantes y todavía desconocidos adelantos de la civilización.
 
Allí se ven manuscritos de increíble antigüedad e inestimable valor, como por ejemplo el escrito por la mano del mismo Señor Buda durante su última vida en que fue el príncipe Siddharta, y otro escrito por el Señor Cristo de Palestina. También se conserva en este museo el maravilloso original del Libro de Dzyan descrito por la señora Blavatsky como prolegómeno de La Doctrina Secreta. Y también hay escritos procedentes de otros mundos distintos del nuestro.
 
Están asimismo representadas las formas animales y vegetales, muchas de las cuales conocemos en estado fósil, aunque de la mayor parte no tienen los naturalistas la menor idea. Por último hay, para estudio de los discípulos, reproducciones de populosas ciudades de remotísima y olvidada antigüedad.
 
Todas las estatuas y modelos tienen los mismos colores que tuvieron sus originales, y conviene advertir que se fueron coleccionando estos objetos, cada cual en su época, con la deliberada intención de demostrar a la posteridad las sucesivas etapas por las que ha ido pasando la humanidad, de modo que en vez de fragmentos incompletos como nos ofrecen nuestros museos, tengamos en todos los casos una sistemática e instructiva serie de reproducciones.
 
En el museo del Tíbet encontramos modelos de todas las clases de máquinas inventadas por el hombre en el transcurso del tiempo y notables y copiosos ejemplos de las formas de magia empleada en los diversos períodos de la historia.
 
En el vestíbulo que antecede a las vastas salas del museo están las vividas imágenes de los discípulos de los maestros Morya y Kuthumi que entonces se hallaban en el período probatorio y que describiré en el próximo capítulo. Dichas imágenes están colocadas alrededor de la pared a manera de estatuas y representan exactamente a los respectivos discípulos; pero ordinariamente no puede verlas el ojo físico porque la materia más densa que entra en su composición es la etérea.
 
 
 
El entorno
 
Cerca del puente hay también un templete con torrecillas de estilo birmano, a donde acuden unos cuantos lugareños a ofrecer frutas y flores, quemar alcanfor y recitar el Pancha Sita. Un camino áspero y desigual conduce al valle por el lado del barranco.
 
Desde cada una de las casas de los Maestros se ve la otra y ambas están más altas que el puente, desde donde es dudoso que se puedan ver porque el barranco forma allí meandro.
 
Si seguimos el camino hacia el valle, pasada la casa del maestro Kuthumi, nos conducirá a una gran pilastra de roca desde la cual, a causa de los rodeos del barranco, se pierde de vista la casa. Más allá del barranco se dilata una llanura con un lago en el que según tradición solía bañarse la señora Blavatsky, quien dice que encontraba el agua muy fría.
 
El valle es abrigado y se orienta hacia el mediodía, de suerte que aunque en invierno está toda la comarca aledaña cubierta de nieve, no recuerdo haber visto jamás ni un solo copo en las inmediaciones de las casas de los Maestros. Estas casas son de piedra, muy firme y sólidamente construidas.
 
 
 
La casa del maestro Kuthumi
 
La casa del maestro Kuthumi está dividida en dos partes por un recto pasillo central. La primera puerta de la derecha del pasillo da acceso al aposento principal de la casa, donde suele estar el Maestro. Es muy espacioso, de quince por nueve metros de superficie y alto de techo, de modo que más parece un salón que un aposento y ocupa toda la latitud de la casa en la derecha del pasillo.
 
Detrás de esta sala hay dos habitaciones casi cuadradas, una para biblioteca y otra para dormitorio, que completan la parte derecha de la casa, destinada al uso personal del Maestro y rodeada de amplia galería.
 
El lado izquierdo del pasillo está dividido en pequeños departamentos de diversas clases que no tuvimos ocasión de examinar detenidamente.
 
La sala principal tiene muchas ventanas en lo largo y en ancho, bajo las cuales se extiende un continuado asiento, de modo que al entrar se recibe la impresión de una ininterrumpida perspectiva.
 
Y en el centro de la pared opuesta a la de las ventanas hay una amplia chimenea con su tablero, cubierta de hierro forjado como se dice que no hay otra en el Tíbet y dispuesta de suerte que su irradiación calienta los tres aposentos.
 
Junto a la chimenea está el sillón del Maestro, tallado en madera antigua y con el asiento tan exactamente adecuado al ocupante que no hay necesidad de cojines. Diseminados por el salón se ven mesas, divanes, sofás y otros asientos, la mayoría sin respaldo, y en un ángulo el teclado del órgano del Maestro.
 
El techo mide unos seis metros de altura con vigas primorosamente esculpidas que se entrecortan en puntos ornamentales y dividen el techo en secciones oblongas. Una arcada con una columna en el centro, de estilo algo semejante al gótico, pero sin vidriera, da a la biblioteca, y otra abertura semejante da al dormitorio. Esta pieza está sencillamente amueblada con una cama ordinaria, especie de hamaca pendiente entre dos soportes de madera tallada fijos en la pared, uno de ellos en figura de cabeza de león, y el otro en la de elefante, de suerte que cuando no se usa queda plegada contra la pared.
 
La biblioteca es un elegante departamento con millares de volúmenes. Perpendiculares a la pared sobresalen altas estanterías repletas de libros en varios idiomas, algunos de ellos de la moderna bibliografía europea, y en lo alto hay anaqueles para los manuscritos. El Maestro es eminente filólogo, y además de muy erudito en literatura inglesa, conoce perfectamente la francesa y alemana. También hay en la biblioteca una máquina de escribir que al Maestro le regaló un discípulo.
 
Plano de la casa del Maestro Kuthumi.
 
 
Muy poco sé de la familia del Maestro. Hay una señora, evidentemente discípula, a quien él llama hermana; pero ignoro si efectivamente lo es, o si tan sólo prima o sobrina. Representa mucha más edad que él, aunque esta circunstancia no haría improbable el parentesco, porque él conserva por largo tiempo el aspecto de quien domina a los años. Ella se le parece algo, y una o dos veces ha concurrido a las reuniones tenidas en la casa, aunque más bien cabe suponer que ejerce funciones de ama de gobierno y cuida de la servidumbre, entre la cual hay un anciano matrimonio que hace muchos años está al servicio del Maestro, y si bien nada saben de la verdadera categoría de su amo, lo consideran como indulgente y amable patrón y se benefician muy mucho de estar a su servicio.
 
El Maestro posee un vasto jardín, aparte de gran extensión de terreno, y mantiene operarios agrícolas para cultivarlo. Cerca de la casa crecen entre helechos multitud de floridos arbustos y flores silvestres. Cruza el jardín un arroyuelo que forma una pequeña cascada sobre la cual está tendido un puente. Allí suele sentarse el Maestro cuando proyecta corrientes de pensamiento y derrama bendiciones sobre los suyos, y al superficial observador le parecería que contempla ociosamente la naturaleza y escucha distraído el canto de las aves y el rumor del agua. Otras veces se sienta en el sillón, y cuando los suyos le ven así, comprenden que no deben molestarlo, pues aunque ignoran lo que hace, suponen que está en Samadhi. La circunstancia de que los orientales conocen esta clase de meditación y la respetan, puede ser uno de los motivos que tienen los adeptos para vivir en Oriente con preferencia a Occidente.
 
De esta manera nos parece que el Maestro pasa en tranquila y sedante actitud una considerable parte del día, cuando está en meditación, como nosotros diríamos, pero tiene además muchas otras tareas. Ha compuesto música y escrito notas y artículos con diversos fines, y también le interesa el adelanto de las ciencias físicas, aunque este ramo es la especialidad de otro Maestro de Sabiduría.
 
De cuando en cuando, el maestro Kuthumi cabalga en un hermoso bayo, y a veces cuando han de trabajar juntos, le acompaña el maestro Morya que siempre monta un magnífico caballo blanco.
 
Nuestro Maestro visita regularmente algún monasterio, y a veces sube al que está aislado en la montaña. Su principal ejercicio es andar a caballo para cumplir sus deberes, aunque también suele ir a pie en compañía del maestro Djwal Khul que vive muy cerca del risco desde donde se descubre el lago.
 
El Maestro toca a veces el órgano que tiene en la sala. Este está construido en el Tíbet bajo su dirección y es una combinación de órgano y piano con teclado como los que he visto en Occidente, en el que puede interpretar toda nuestra música occidental. No se parece a ningún instrumento de los que conozco, porque tiene teclado a ambos lados para tocar indistintamente desde la sala o desde la biblioteca.
 
Los teclados del órgano, pedal y acompañamiento dan a la parte de la sala, mientras que el del piano mira a la biblioteca. Los teclados se pueden pulsar a la vez o separadamente. El órgano con sus pedales se toca desde la sala como de ordinario; pero dando vuelta a un manubrio que hace efecto de registro, se enlaza el mecanismo del piano con el del órgano y ambos suenan simultáneamente. Así resulta el piano como un registro suplementario del órgano.
 
Sin embargo, desde la biblioteca puede tocarse el piano separadamente del órgano; pero un complicado mecanismo enlaza con el teclado del piano el acompañamiento del órgano, de modo que se puede tocar el piano solo o con acompañamiento de órgano o con algunas llaves del órgano. Como también es posible, según he dicho, tocar separadamente ambos instrumentos, con dos ejecutantes, uno en cada teclado, resulta un dúo de órgano y piano.
 
El mecanismo y la tubería de este extraño instrumento ocupan lo que pudiéramos llamar el desván de esta parte de la casa del Maestro, quien por magnetismo lo ha puesto en comunicación con los gandarvas o devas musicales, quienes cooperan en la ejecución de las obras, y producen armonías jamás oídas en el plano físico, como si las vibraciones del órgano acompañaran las de instrumentos de cuerda y viento.
 
Siempre está resonando en el mundo el canto de los devas, siempre resuena en el oído de los hombres, que no escuchan su belleza. El profundo bordón del mar, el suspiro del viento en los árboles, el bramido del torrente montesino, el murmullo del arroyo, el rumor de los ríos, el estrépito de las cataratas junto con muchos otros sones componen el grandioso canto de la viviente Naturaleza y el eco en el mundo físico del más grandioso canto de la esencia de los devas.
 
Dice Luz en el Sendero:
 
« Tan sólo fragmentos de este grandioso canto llegarán a tus oídos mientras no seas más que hombre. Pero si los escuchas, recuérdalos fielmente para no perder ninguno de los que te llegaron, y procura aprender de ellos el significado del misterio que te rodea. Con el tiempo no necesitarás instructor. Porque así como el individuo tiene voz, así también la tiene aquello en lo que el individuo existe. La vida habla y nunca está silenciosa. Pero su expresión no es un llanto, como tú que estás sordo, puedes suponer, sino un himno. Aprende por él que eres parte de la armonía. Aprende por él a conocer las leyes de la armonía. »
 
Todas las mañanas acude a casa del Maestro cierto número de personas, no precisamente discípulos, sino adherentes que se sientan en la galería. A veces les da el Maestro una especie de conferencia, pero por lo general prosigue ocupado en su labor sin concederles más que una cariñosa sonrisa que los satisface igualmente. Están en el campo de influencia del aura del Maestro y lo veneran.
 
A veces come en la galería rodeado de los tibetanos que se sientan en el suelo con las piernas cruzadas; pero generalmente lo hace a solas en su aposento. Es posible que observe la regla de los monjes budistas y se abstenga de todo alimento después de mediodía, porque no recuerdo haberle visto nunca cenar, y aun es posible que no necesite comer todos los días. Lo más probable es que tome alimento siempre que el sostén del cuerpo lo requiera, pero no a horas fijas.
 
Le he visto comer unas tortas morenas y dulces, de harina de trigo, manteca y azúcar, confeccionadas por mano de su hermana. También come arroz y salsa de aderezo en forma de sopa. Se sirve de una primorosa cuchara de oro con un elefante en el extremo del mango, unido al cuenco en ángulo distinto del de las cucharas usuales. Es una joya de familia, muy antigua y seguramente de subido valor. De ordinario va vestido de blanco con la cabeza descubierta excepto cuando se reviste con el hábito de los gelugpas, del que forma parte un casquete parecido al casco romano. Sin embargo, el maestro Morya acostumbra llevar turbante.
 
 
 
La casa del Maestro Morya
 
La casa del maestro Morya está en el lado opuesto del valle y mucho más abajo, casi al lado del templete y de la entrada al subterráneo. Es de muy diferente arquitectura, de dos pisos con galerías de cristales en el frente de la fachada que da al camino. El género de vida del maestro Morya es muy semejante al ya descrito del maestro Kuthumi.
 
Si subimos por el camino por la margen izquierda del barranco a lo largo del valle, pasaremos por la derecha de la casa y tierras del maestro Kuthumi, y en la colina encontraremos en el mismo lado del camino una cabaña que el maestro Djwal Kul construyó con sus propias manos cuando era discípulo a fin de vivir cerca de su Maestro.
 
En dicha cabaña hay una especie de placa en la que a petición del maestro Kuthumi un discípulo de nacionalidad inglesa estampó por precipitación una vista de la sala principal de la casa del Maestro con los retratos de varios maestros y discípulos, en recuerdo de una fructífera y muy dichosa velada que pasaron en casa del Maestro.
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIONES
 
Charles Leadbeater, al igual que muchos otros individuos que quisieron intentarlo, durante un tiempo estuvo en probación para volverse un chela, y al igual que sucedió con casi todos los demás, él también fracasó. Pero siendo un hombre muy charlatán les hizo creer a las personas que si había tenido éxito y que ahora él era un discípulo aceptado por los maestros transhimaláyicos y que él mantenía contacto con ellos. Lo cual es falso porque entonces él no habría cometido tantas aberraciones y escrito tantas equivocaciones.
 
Y este engaño lo llevó al grado que aquí él pretende haber visitado la casa de los maestros, pero en realidad lo que él hizo fue basarse en los relatos que dieron verdaderos discípulos como Damodar y Ramiah, quienes si visitaron ese lugar por medio de su cuerpo astral.
 
Y no contento con plagiar, Leadbeater todavía le añadió muchas fábulas a su relato porque Damodar y Ramiah solo mencionaron que los Maestros Kuthumi y Morya tienen sus casas en un lugar secreto de Cachemira, que las casas están una enfrente de la otra rodeadas de árboles a una distancia aproximada de una o dos millas, y que hay un pequeño templo que se encuentra a medio camino de las dos (ver link).
 
Así que todo el resto de la historia que contó Leadbeater y que les puse arriba, él la inventó. Y este un ejemplo más que les muestra a qué punto ese individuo era profundamente embustero.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

PINTURA DEL LUGAR DONDE VIVEN LOS MAESTROS KUTHUMI Y MORYA

En su libro “Los Maestros y el Sendero” Charles Leadbeater publicó el siguiente grabado y escribió el siguiente texto al respecto con el título:
 
 
 
UN BARRANCO EN EL TÍBET
 
 
Hay un cierto valle, o más bien dicho un barranco en el Tíbet donde tres de estos Grandes: el Maestro Morya, el Maestro Kuthumi y el Maestro Djwal Khul viven actualmente.
 
El Maestro Djwal Khul, a petición de Madame Blavatsky, le hizo una vez una imagen precipitada de la desembocadura de ese barranco, y la ilustración adjunta es una reproducción de una fotografía de la misma. El original, que está precipitado sobre seda, se conserva en la sala del santuario de la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar.
 
A la izquierda de la imagen, se ve al Maestro Morya a caballo cerca de la puerta de su casa. La morada del Maestro Kuthumi no aparece en la imagen, estando más arriba del valle, doblando la curva de la derecha.
 
Madame Blavatsky le rogó al Maestro Djwal Khul que se pusiera en la imagen. Al principio él se negó, pero finalmente se agregó a sí mismo como una pequeña figura de pie en el agua y agarrando un palo ¡Pero de espaldas al espectador!
 
El original está ligeramente teñido, los colores son azul, verde y negro. Lleva la firma del artista: el apodo de Gai Ben-Jamin, que llevó el Maestro Djwal Khul en su juventud en los primeros días de la Sociedad Teosófica, mucho antes de que él entrara en el Adeptado.*
 
La escena se toma evidentemente temprano en el día, ya que las nieblas de la mañana todavía se adhieren a las laderas.
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* Esta firma estaba en el margen inferior fuera de la imagen real, y en consecuencia no aparece en nuestra reproducción. (Nota a pie de página de Leadbeater)
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIONES
 
En la primera edición de 1925 solo aparece esa imagen al inicio del libro y no aparece ese texto; y es en las siguientes ediciones que Leadbeater trasladó esa imagen al comienzo del capítulo dos y añadió el texto que les puse arriba.
 
Esa pintura la llamó “Un barranco en el Tíbet”, pero técnicamente ese lugar no está en el Tíbet sino en una región que anteriormente se conocía como el Pequeño Tíbet.
 
Y dentro del relato que dio Leadbeater detecto varios puntos que no coinciden con los hechos:
 
Hay una carta que el coronel Olcott le escribió al señor Allan Hume, en donde él le dice que él posee esa pintura:
 
« Colombo, Ceylán,
   30 de septiembre de 1881.
 
También he conocido personalmente a ___ [el maestro Kuthumi] desde 1875. Él es de carácter bastante diferente, más amable, y amigo íntimo de ___ [el maestro Morya]. Viven cerca el uno del otro, con un pequeño templo budista a medio camino entre sus casas.
 
En Nueva York yo recibí un boceto en color sobre seda china del paisaje cercano a las residencias de ___ [Kuthumi] y de mi Chohan [Morya] con un vistazo de la casa de este último y de parte del pequeño templo. »
(extractos) (1)
 
Y en una carta que el coronel Olcott le escribió a Damodar, él le dijo:
 
« Simla,
   4 de octubre de 1880.
 
Verás esa imagen misma [del templo tibetano] en una pintura de color sobre seda que se encuentra en mi dormitorio, en mi escritorio, y que fue mágicamente producida por Blavatsky para mí en Nueva York. »
(extractos) (2)
 
 
La investigadora Mary K. Neff reprodujo esa pintura que menciona el coronel Olcott en su libro “Los recuerdos personales de Madame Blavatsky” (1937) y como lo pueden constatar es la misma imagen que Leadbeater puso en su libro:

 
 
Vemos por lo tanto que el coronel Olcott señaló que fue Blavatsky quien precipitó esa pintura. Lo cual coincide con otros acontecimientos que demuestran que Blavatsky podía con la ayuda del maestro Kuthumi precipitar objetos (ver link) y por lo tanto ella no necesitaba solicitarle a Djwal Khul que hiciera ese trabajo por ella.
 
Además cuando Blavatsky y Olcott estaban en Nueva York, Djwal Khul era apenas un discípulo de pequeño rango, incapaz de poder realizar ese tipo de fenómenos ocultos en esa época, y él no aparece en la documentación histórica hasta que Blavatsky y Olcott se fueron a vivir a la India, en donde Djwal Khul desempeñó el trabajo de ser el asistente e intermediario entre ellos y los maestros.
 
Así que yo sospecho que Charles Leadbeater desconociendo estos datos, se le ocurrió inventar esa historia de que Djwal Khul había sido quien había precipitado esa pintura, y como Leadbeater era muy mentiroso, él le añadió toda esa fábula alrededor de su narración, o sea que Djwal Khul no quería salir en la pintura pero que Madame Blavatsky se lo suplicó, etc.
 
Sin embargo puede que Leadbeater haya estado en lo cierto en un aspecto y es que a Djwal Khul le gustaba pintar, y en una carta que el maestro Morya le escribió al señor Sinnett, él llamó a Djwal Khul: “Benjamín” (CM102, p.439). Lo cual se asemeja al nombre del artista que elaboró esa pintura “Gai Ben-Jamin”.
 
Por lo que puede que tal vez Djwal Khul si haya pintado ese paisaje y luego Blavatsky lo precipitó a Nueva York para regalárselo al coronel Olcott.
 
 
Y otra persona que también publicó esa imagen en uno de sus libros fue la historiadora Jean Overton Fuller y al respecto ella dijo:
 
« Esta pintura está en Adyar, la información de que está pintada en una seda en tonos brumosos, azules, verdes y plateados me fue entregada en la carta que me enviaron con una impresión en blanco y negro, y el permiso para reproducirla.
 
Observándola, constato que el templo que se encuentra en la esquina inferior derecha con un techo de estilo chino, está ondeando dos banderas de oración tibetanas, y también se puede percibir que la arquitectura de la casa del maestro Morya no es tibetana sino que podría ser nepalí. »
(extractos) (3)
 
Y aunque en la pintura no aparece la casa del maestro Kuthumi, Blavatsky precisó que “es una gran construcción de madera al estilo de una pagoda china, entre un lago y una hermosa montaña” (4).
 
 
 
Y la foto que les puse arriba al inicio de este artículo es una imagen que encontré en internet de algún artista que pintó ese paisaje en una versión a color, pero no sé quién es el autor.
 

 
 
 
 
 
Referencias
 
  1. A.O. Hume "Sugerencias sobre la teosofía esotérica”, No. 1, 1882, 2nd Edición, p.76-86.
  2. Originalmente publicado en el periódico The Times of India (Bombay) del 19 de octubre de 1880 con el título “Un día con Madame Blavatsky”
  3. Theosophical History, Vol. III, No. 3, julio de 1990, p.109-110
  4. Carta de Blavatsky a la señora Hollis Billings, The Theosophical Forum, Point Loma, California, mayo de 1936, p.343-346