(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)
¿Cómo será la espiritualidad en el nuevo milenio? ¿Cómo el hombre posmoderno abordará las viejas preguntas sobre su conexión con Dios y lo Sagrado? ¿Cómo afrontar el tsunami de información que nos asalta a diario?
Puede que no estés de acuerdo con este manifiesto, pero si te invita a reflexionar sobre tus viejos paradigmas, conceptos y prejuicios, ¡habrá valido la pena!
La pandilla del "ya"
Sé que muchos pueden estar en desacuerdo conmigo. No soy nada. Simplemente escribo lo que surge repentinamente de mi ser. Les comparto lo que considero válido y saludable. No escribo para unos pocos elegidos. Escribo para todos. Para todos los que estén dispuestos a escuchar, a leer, a buscar, a descubrir, a investigar.
Lamento que la multitud del "YA" seguramente despreciará este manifiesto, incluso por su título. La multitud del "YA" —para quienes no lo sepan— son aquellos que YA saben, que YA llegaron, que YA se sienten seguros, que YA están salvados, que YA son felices, que YA se han iluminado, que YA encontraron.
Estas personas lamentablemente no me escucharán. ¿Por qué lo harían? Ya lo tienen todo. Ya lo han logrado todo.
En realidad están muertos en su busqueda, porque consideran que no les queda nada por descubrir, ni a dónde ir. Están llenos de sí mismos, de sus certezas, de sus verdades prefabricadas, de su intelecto refinado. De las palabras, del pasado, de los libros sagrados, de las propias experiencias. Pero en lo más profundo, muy en lo más profundo, el miedo y la inseguridad se esconden bajo capas y capas de certeza.
El hombre nuevo
Quiero hablarle al hombre nuevo. Al hombre del nuevo milenio que tiene miles de nuevos desafíos que afrontar y resolver.
Quiero hablarle al hombre de la búsqueda, no a la búsqueda de la "Verdad", pues no es algo que se deba buscar, ya que "ES". Sino al hombre que busca aprender a diario. Que aprende a cada instante, minuto a minuto, de todo y de todos. Que no tiene verdades ni respuestas prefabricadas, porque las respuestas prefabricadas no son respuestas verdaderas. Están muertas, pues están enraizadas en el pasado, en lo viejo, en las cenizas de lo que ya está muerto.
Quiero hablarle al hombre abierto al descubrimiento, a la investigación: Eterno, Impredecible, Desconocido, tal como es la VIDA. Este hombre nuevo no erigirá nuevos dioses, ya tenemos demasiados. Ni nuevos amos, pues ya somos lo suficientemente adultos para asumir la responsabilidad de nuestro propio destino. Debemos ser nuestros propios amos.
Por supuesto, habrá resistencia. Siempre ha sido así, y una buena parte de la humanidad, a pesar del salto tecnológico de miles de años, sigue comportándose como un adolescente inmaduro.
Un nuevo amanecer, una nueva espiritualidad
Pero siento que nos llegan los soplos de un nuevo amanecer. He aquí que los hombres comienzan a despertar y a comprender esta nueva forma de vida. ¿Por qué separar la espiritualidad de la vida?
El hombre verdaderamente espiritual es aquel que sabe vivir con plenitud, sabiduría y felicidad. Es el hombre que se ha liberado de sus ilusiones. Que vio el peligro de esa entidad maldita y venenosa que habitaba en su interior, y le puso fin.
Pero que nadie se equivoque. Esta no es una misión fácil. Aunque lo es, dependiendo de la capacidad de comprensión de cada persona. Y es por este camino que el Hombre Nuevo se está forjando gradualmente: a través de la comprensión. No a través de idealizaciones tontas e infantiles sobre lo que "cree que es" o lo que "debería ser". Sino a través de la percepción correcta de lo que REALMENTE ES.
Muchos están muy cerca de esta comprensión. Les falta poco. Pero ese poco aún los separa de la verdadera visión de la Verdad. Sigue siendo un obstáculo. Todavía los mantiene prisioneros de la ilusión de esa entidad que todos conocen: el ego.
Acceso al conocimiento y a la felicidad
Internet ha traído consigo una profusión de información. Un acceso al conocimiento jamás imaginado. Fue, sin duda, una gran revolución. Un auténtico repositorio del conocimiento más importante y valioso que la humanidad haya producido jamás.
Nunca antes se había compartido tanto y tan rápido: desde recetas de repostería hasta las palabras sagradas y preciosas de libros antes raros como el 'Bardo Thodol' y 'El Secreto de la Flor Dorada'. Nunca antes la información había viajado tan rápido. Ya fueran noticias de importancia mundial, chismes de telenovelas o los hechos cotidianos de la vida de las personas.
Internet es una revolución inimaginable hasta hace poco. Pero esta revolución también ha traído consigo sus problemas. No sabemos qué hacer, cómo procesar tanta información. Y lo que es peor: ahora, más que nunca, la humanidad necesita comprender que la sabiduría no tiene nada que ver con el conocimiento. De lo contrario, esto podría arruinarla para siempre, pues ha llegado el momento de que la humanidad madure.
La erudición no es sabiduría
¿Cómo puede la humanidad madurar? ¿Cómo puede evolucionar si continúa cometiendo los mismos errores que nuestros antepasados, es decir, confundir erudición con sabiduría?
La erudición desempeña un papel importante en esta nueva etapa de la historia. La ciencia no evoluciona sin conocimiento. Vivimos en la Era de la Información, y quien posea más información, quien esté más conectado y tenga una visión más integral, tendrá mayores posibilidades de alcanzar una posición ventajosa, tanto profesional como socialmente. Lo que todos deberían saber es que el "conocimiento" por sí solo no puede brindar al ser humano la sabiduría, la paz interior ni la felicidad que tanto anhela.
La felicidad no se encuentra en los libros ni en internet. Lo que hay allí es simplemente conocimiento, textos, registros sobre todo y todos. Incluso si alguien lee sobre la felicidad y la sabiduría, no se vuelve más feliz ni más sabio solo por leer.
Sería maravilloso que así fuera, pero no lo es. La lectura puede proporcionar entretenimiento, estimulación, satisfacción y una especie de placer mental. Pero no me refiero a eso. Hablo de la felicidad que caracteriza a una persona libre de conflictos y sufrimiento psicológico. Los libros son necesarios. A través de ellos, las personas se informan, se entretienen, viajan a través del tiempo y el espacio, se distraen, se relajan, reflexionan, aprenden y descubren.
Pero cuando el tema es el autoconocimiento y la espiritualidad, tenemos que "quitarnos los zapatos". Tenemos que despojarnos de nuestras vestiduras. Tenemos que morir a lo conocido. Para percibir la Verdad directamente, la mente debe ser libre para ver. Y esto no sucede si está sobrecargada de información, datos y conocimiento general.
La sabiduría nace solo cuando el hombre, despojado de su pasado, de conocimientos y entendimientos, se mira a sí mismo, a la vida y a "lo que es" de una manera fresca, renovada y directa. Libre de viejos filtros, imágenes idealizadas, el peso de los pensamientos y la distorsión de las palabras.
Vida en abundancia
La nueva espiritualidad no separa, no fragmenta, no oprime. Libera por completo al ser humano de toda ilusión y concepto erróneo. Es un himno de alabanza a la vida, a la vida verdadera que nos enseñaron los grandes maestros del pasado.
La vida abundante no es simplemente una vida de lujo, fama, salud, felicidad en el trabajo y en el matrimonio, como predican los libros de autoayuda. La vida abundante es aquella en la que el ser humano se ha liberado por completo de las garras mortales de su ego ilusorio.
Esta entidad (el ego) le está robando su energía vital, impidiéndole ver la Verdad. El ego es la fuente de todo mal. Se disfraza de bondad, respetabilidad y sociabilidad. Enarbola la bandera de la ética y la moral, pero sus acciones son pura hipocresía y falsedad.
Cualquiera que no se haya liberado del ego —desde el sumo sacerdote o estadista hasta el más vil de los hombres— está sujeto a los altibajos, a las olas inestables del deseo, a los giros y vueltas de lo impredecible, a las ilusiones de la vida, al dolor y al sufrimiento.
La nueva espiritualidad es liberadora
La nueva espiritualidad es liberadora. No aleja al hombre de su hogar ni de su trabajo. No lo separa de su familia, ni de sus sueños, planes y proyectos. No lo atrapa en las garras de la represión y el conflicto. No lo transforma en una especie de zombie culto, instruido y religioso.
La nueva espiritualidad está formada por hombres libres, pero nunca imprudentes ni irresponsables. Libres porque se conocen a sí mismos. Conocen sus mentes. Conocen las trampas del pensamiento condicionado, el deseo y la plaga del "más".
El "más" es una peligrosa ilusión en este sentido. Es el veneno silencioso que el ego ha inoculado en el corazón de los hombres. El "más" es una gran ilusión que pocos perciben, y por esa misma razón son presa fácil de esta verdadera maldición.
Cada vez que nos embarcamos en el camino del "más" —más dinero, más placer, más comodidad, más éxito, más virtudes, más espiritualidad, más amor, más de esto y más de aquello— dejamos de vivir, de ver y de comprender que la eternidad, la felicidad y la liberación no se encuentran en el "más".
Esto es deseo, esto es codicia, esto es envidia, esto es ego. El "más" nos aleja de la atemporalidad inherente a lo que está eternamente presente: ese momento eterno que es completo y pleno en sí mismo. Es la búsqueda del "más" lo que nos ciega, lo que nos distrae, lo que nos aleja de la VERDAD, QUE ES.
Sé que a muchos les costará entender y aceptar esto. Pero, si se detuvieran un instante, si sus mentes les dieran un respiro aunque fuera por un minuto, comprenderían que lo que crea el "más" es la mente inquieta y siempre insatisfecha.
El ego es la petrificación del ser
La vida nunca se detiene ni un instante. Todo se mueve a una velocidad que nuestros ojos y mentes no pueden percibir. Todo se renueva constantemente, aunque a menudo olvidemos estos hechos. Solo el ego está petrificado.
Nada es más duro, más rígido y más concreto que el ego. Incluso las piedras se mueven. El ego no cede, no se rinde, no fluye, no cambia de postura, no se abre, no se transforma, no evoluciona, no crece ni madura. No hay palabras para describir la dureza, la estratificación del ego. Incluso cuando pretende ceder, permanece firme y fuerte en su centro, como una enfermedad maligna e incurable.
Como un virus letal que, por mucho que intentemos destruirlo, permanece vivo gracias a sus características especiales que le otorgan una poderosa capacidad de supervivencia. El ego somos nosotros. El mundo es el ego y el ego es el mundo. Tiene mil y un disfraces, rostros y fases.
Cuando el hombre busca regenerarse a través de medios superficiales y externos, el ego continúa su imperio de dominación. Por eso, incluso al unirse a religiones, practicar técnicas, leer libros de autoayuda o escuchar a maestros espirituales, muchas personas no cambian ni se transforman. El ego simplemente cambia de apariencia.
Al llevar una vida socialmente aceptable mediante un buen trabajo, una posición social estable y hábitos saludables, el ego se protege, creyendo que todo está bien. Quienes piensan así se engañan a sí mismos.
El ego busca seguridad, placer y continuidad
El ego es la ilusión de seguridad, permanencia, paz y comodidad que todos anhelamos. Pero, ¿existen realmente tales cosas? ¿O acaso todo se encuentra en constante inestabilidad, inseguridad, fluidez y movimiento?
El ego siempre está cambiando superficialmente. Solo modifica uno o dos detalles de nuestro estilo de vida, por ejemplo, cuando abandonamos ciertos hábitos dañinos: vicios groseros, despreciables e inaceptables socialmente. Sin embargo, el ego continúa en otro nivel. Pero, al no percibir el peligro de otros vicios más sutiles, no llegamos muy lejos.
Por ejemplo percibimos el peligro de la drogadicción, el alcohol, el tabaco, el consumo desenfrenado, etc. Pero no percibimos el peligro de los pensamientos desenfrenados, automáticos y reactivos. Tampoco percibimos el daño que causa el deseo psicológico. Aceptamos estas dos serpientes como si fueran mascotas y, con ello, sentenciamos nuestra propia ruina.
Los límites del pensamiento y la libertad
La nueva espiritualidad está formada por hombres que piensan, pero que perciben los límites del pensamiento. Conocen su lugar. Utilizan el pensamiento cuando es necesario y útil. No se identifican con él, ni permiten que domine sus mentes y corazones.
Son libres, no porque hayan vencido los «deseos de la carne», ni porque sean buenos o virtuosos. Son libres porque han descubierto una LIBERTAD que no es «de este mundo», pues no fue forjada por el pensamiento. Es la libertad de los hombres que han vencido su ego no por la fuerza, el esfuerzo, la disciplina o el conflicto, sino por la comprensión y la percepción de la VERDAD. Y la verdad no pertenece a nadie.
Nadie puede darla ni transmitirla porque la verdad no es un objeto, ni mucho menos un puñado de conocimiento, ni siquiera una experiencia extrasensorial. Es la verdad de lo que somos. De nuestra vida cotidiana. De nuestro egoísmo. De nuestros motivos secretos y fuerzas impulsoras que influyen y dan forma a nuestras vidas. Es la verdad sobre nuestros miedos, deseos y expectativas. Es la verdad sobre la ilusión y el peligro de vivir bajo el dominio del ego.
El lema de la nueva espiritualidad: ¡Ven y verás!
La nueva espiritualidad no predica nuevos credos, ni nuevos "ismos", ni nuevos mitos, ni nuevos dioses, ni siquiera nuevas teorías metafísicas ni explicaciones sobre lo que es trascendental a nuestros sentidos.
La nueva espiritualidad se basa en el encuentro del hombre consigo mismo, con su propia vida, con su propia verdad. Más allá de todo concepto, opinión, dogma, postura, pensamiento y creencia. La nueva espiritualidad sí requiere una nueva actitud. Ya no se trata de creer para ver, ni de ver para creer. ¡Sino de "VEN Y MIRA"!
Este nuevo hombre encontrará en su interior una dimensión inexplorada que siempre ha existido, pero que ha olvidado, permaneciendo así abandonado. Para entrar en esta dimensión, debe despojarse de todos sus conceptos, prejuicios y todo lo que representa el mundo. De lo contrario, la puerta no se abrirá. Solo aquellos que tengan el valor de lanzarse al abismo de lo DESCONOCIDO podrán vivir plenamente este nuevo momento.
Esto no significa que la persona deba abandonar su capacidad de razonamiento y pensamiento. Sino que permita que sus energías se equilibren para que el orden se establezca naturalmente en su interior. Existe un orden universal superior, tanto fuera como dentro de nosotros.
Está presente en el macrocosmos y el microcosmos del ser humano, así como en los átomos y las moléculas. De este modo, del mismo modo que ordena, coordina, organiza y mantiene los ciclos de la naturaleza, de los mares, de los planetas, las galaxias, del cosmos, de los átomos y del propio cuerpo humano, también lo hará en la mente de quienes se hayan liberado de la ilusión de controlarlo todo.
El ego es caos, desorden, fragmentación, y mientras permanezca en la ilusión de mando, el Orden Interior de lo Desconocido no se establecerá.
Erradica el miedo para ser libre
La nueva espiritualidad se fundamenta en la búsqueda y el encuentro del ser humano con esa fuerza, orden o dimensión que reside en su interior. Habrá miedo. Es cierto. Porque estamos acostumbrados a controlarlo todo, aunque este control sea simplemente una cómoda ilusión.
El miedo es uno de los mayores males que aquejan a la humanidad. La nueva espiritualidad prioriza la erradicación del miedo. Esta es una misión difícil, casi imposible, porque le tememos a todo. Tememos arriesgarnos, tememos aprender, tememos perder nuestro ego, tememos no ser nada. Pero no somos nada, por mucho que no queramos serlo.
La muerte, la enfermedad, la vejez, la miseria, el deterioro, las crisis y las pérdidas están ahí para recordarnos a diario que no somos nada, que no podemos hacer nada, que no controlamos nada.
El orden cósmico existe independientemente del hombre
El universo, con sus leyes maravillosamente perfectas y eternas —incomprensibles para nuestra mente humana—, está ahí para darnos un mensaje: no necesita a los seres humanos para ser lo que es. Por lo tanto, la razón nos dice que debe haber una fuerza que mantiene, sostiene y crea todo en él.
Sea lo que sea, cualquiera que sea el nombre que le demos: energía, poder, nada, luz, espíritu, Tao, Dios, Jehová, Alá, Brahman, Krishna. La lección es clara: así como hay un control y un orden que crea, organiza, armoniza, mantiene y destruye todo en el universo, también debe haber una fuerza que mora en el interior del ser humano y que también aporta orden, armonía y equilibrio a su ser interior.
Quietud y silencio: atributos de esta nueva dimensión
En la nueva humanidad, los hombres marcharán cada vez más hacia el encuentro con esta dimensión interior. No a través de la mente, ni del pensamiento, ni del deseo, pues estos caminos ya han demostrado ser erróneos. No pueden llevarnos a la morada de esta Fuerza Suprema, Eterna y Desconocida.
Solo en el silencio natural de sus propias mentes. Solo a través de la meditación y el autoconocimiento directo, real, objetivo y verdadero. Solo cuando el hombre encuentre su quietud interior y permanezca en ella, esa Fuerza Creadora comenzará a moverse y actuar de forma natural y espontánea.
Morir al ego, a lo conocido, al pasado es el mismo mensaje que el maestro nazareno nos enseñó hace más de dos mil años: El hombre se entrega en las manos del Padre, se entrega a Jesús, a Krishna, a su Luz Interior; ¿qué importan el nombre y el símbolo?
Morir para renacer del agua y del espíritu —símbolo de renovación y purificación— para convertirse en un ser pleno, libre y verdaderamente FELIZ. He aquí, ha llegado la hora en que los muertos se levantarán de sus tumbas. Estábamos muertos cuando no conocíamos la verdadera vida.
La vida del ego es muerte, miseria y dolor. En las tumbas depositamos todo lo que está muerto. Allí, en nuestro inconsciente, yace toda la podredumbre, todos los residuos de nuestro pasado, todos nuestros restos psicológicos. Ha llegado el momento de levantarnos, de despertar a la vida, ¡a la verdadera Vida!
La percepción de "lo que es" en la atemporalidad del aquí y ahora
Quien quiera venir, que venga y vea. No en el futuro, sino en el aquí y ahora. En la percepción clara, directa y objetiva de "LO QUE ES" reside la liberación. No necesitas hacer nada, practicar nada, participar en nada, ni pagar nada. No podemos alterar ni cambiar "LO QUE ES". Solo "ELLO" puede alterarse a sí mismo.
Percibir "LO QUE ES" es liberarse de la ilusión del ego, del "falso yo", de la ilusión, de maya. Pero, ¿qué es este "LO QUE ES"? Los judíos lo llaman JEHOVÁ: ¡EL QUE ES, EL QUE FUE Y EL QUE SERÁ! Los taoístas lo llaman TAO, los budistas lo llaman Buda, los hindúes lo llaman Brahman. Pero también se le conoce como LA FUERZA SUPREMA, EL PODER SUPREMO, LO ETERNO, LO INTEMPORAL, LO DESCONOCIDO.
No lo postergues. Olvida el pasado y el futuro. ¡Concéntrate en el presente eterno y libérate de toda ilusión! Este es el manifiesto de la NUEVA ESPIRITUALIDAD, el NUEVO HOMBRE y el NUEVO MAÑANA que comienza AHORA.
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