Los Maestros de Shambala son humanos que gracias a sus esfuerzos han desarrollado su espiritualidad y poderes ocultos mucho más que el resto de los humanos, pero fuera de eso ellos siguen siendo igual que los demás, requieren comer, dormir y siguen reencarnando.
Pero desafortunadamente muchas personas los han idolatrado creyendo que son seres semi-divinos.
Sobre este asunto Blavatsky en una carta que ella le escribió al Dr. Franz Hartmann, le comentó lo siguiente:
« En lo que concierne a esa parte de su carta donde usted habla del "ejército" de los engañados —y de los Mahatmas "imaginarios" de Olcott—, usted tiene toda la razón, y por desgracia.
¿Acaso yo no he presenciado el fenómeno durante casi ocho años? ¿Acaso no he luchado contra la imaginación ardiente y desbordante de Olcott, intentando detenerlo todos los días de mi vida? ¿Acaso no le dije (en una carta que recibí a través de un yogui que acababa de regresar del lago Mansarovara) en 1881 (cuando él se preparaba para ir a Ceilán) que si no veía a los Maestros en su verdadera luz y no dejaba de hablar y de encender la imaginación de la gente, sería considerado responsable de todo el mal que pudiera causar la Sociedad Teosófica en ese sentido? (14)
¿No se le dijo que no existían tales Mahatmas [exagerados por la imaginación] que como Rishis pudieran sostener el Monte Meru en la punta de su dedo y volar de un lado a otro en sus cuerpos (!!) a voluntad, y que fueran (o fueran imaginados por necios) más dioses en la tierra de lo que un Dios en el Cielo podría ser, etc., etc., etc.?
Todo eso lo vi, lo presentí, me desesperé, luché contra ello, y finalmente abandoné la lucha en total impotencia.
Si Sinnett se ha mantenido fiel y devoto a ellos [los Maestros] hasta el día de hoy, es porque nunca permitió que su fantasía se apoderara de su juicio y razón. Porque siguió su sentido común y discernió la verdad, sin sacrificarla a su ardiente imaginación. Le dije toda la verdad desde el principio, como se lo había dicho a Olcott y también a Hume.
Hume sabe que el Mahatma KH existe y se aferra a ello hasta el día de hoy. Pero enojado y molesto con mi Maestro [Morya], quien le habló como si él (Hume) nunca hubiera sido Secretario del Gobierno de la India y el gran Hume de Simla, lo negó por pura crueldad y venganza.
¡Ah, si mediante algún proceso psicológico usted pudiera ver toda la verdad! Si en un sueño o visión, pudiera ver el panorama de los últimos diez años, desde el primero en Nueva York hasta el último en Adyar, serías feliz, fuerte y justo hasta el final de vuestra vida.
Me enviaron a América a propósito y me enviaron a la granja de los Eddies. Allí encontré a Olcott enamorado de los espíritus, como más tarde se enamoró de los Maestros.
Me ordenaron hacerle saber que los fenómenos espirituales sin la filosofía del Ocultismo eran peligrosos y engañosos. Le demostré que todo lo que los médiums podían hacer a través de los espíritus, otros podían hacerlo a voluntad sin ningún espíritu; que las campanas y la lectura del pensamiento, los golpes y los fenómenos físicos, podían ser logrados por cualquiera que tuviera la facultad de actuar en su cuerpo físico a través de los órganos de su cuerpo astral.
Y yo tenía esa facultad desde los cuatro años, como toda mi familia sabe. Podía hacer que los muebles se movieran y los objetos volaran aparentemente, y mis brazos astrales que los sostenían permanecían invisibles. Todo esto ya lo sabía antes, incluso antes de que me lo dijeran los Maestros.
Pues bien, le dije toda la verdad a Olcott. Le dije que había conocido adeptos, los "Hermanos", no solo en la India y más allá de Ladakh, sino también en Egipto y Siria, pues allí todavía hay algunos.
Los nombres de los "Mahatmas" ni siquiera se conocían en aquel entonces, ya que solo se les llama así en la India.
Que se llamaran rosacruces, cabalistas o yoguis, los adeptos eran adeptos en todas partes: silenciosos, secretos, retraídos, y que jamás se presentarían por completo a nadie, a menos que uno hiciera lo mismo que yo: pasar siete y diez años de probación y dar pruebas de absoluta devoción, y que guardarían silencio incluso ante la perspectiva y la amenaza de muerte.
Yo cumplí con esos requisitos y soy lo que soy; y esto ni Hodgson, ni los Coulombs, ni Sellin [enemigos de Blavatsky que la acusaron de mentirosa] me lo pueden arrebatar.
Todo lo que se me permitió decir fue la verdad: más allá del Himalaya existe un núcleo de Adeptos de diversas nacionalidades; el Lama Teschu los conoce y actúan juntos, y algunos de ellos están con él, pero su verdadera naturaleza permanece desconocida incluso para los lamas comunes, que en su mayoría son necios e ignorantes.
Mi Maestro [Morya], Kuthumi y varios otros que conozco personalmente están allí, yendo y viniendo, y todos se comunican con Adeptos de Egipto, Siria e incluso Europa.
También dije y demostré que ellos podían realizar fenómenos maravillosos; pero también señalé que rara vez se dignaban a hacerlo para satisfacer a quienes los buscaban.
Usted fue uno de los pocos que tenía comunicación genuina con ellos; y si ahora lo dudáis, le compadezco, mi pobre amigo, porque algún día podría arrepentirse de haber perdido vuestra oportunidad.
Bueno, ya en Nueva York, Olcott y Judge se volvieron locos con el asunto; pero lo mantuvieron en secreto. Cuando fuimos a la India, sus nombres nunca fueron pronunciados ni en Londres ni durante el viaje (una de las supuestas pruebas —de que yo había inventado los Mahatmas después de mi llegada a la India— del Sr. Hume!!).
Cuando llegamos, el Maestro, que llegó a Bombay en persona, nos visitó en Girgaum, y varias personas lo vieron, entre ellas Wimbridge, y Olcott se volvió loco. ¡Se puso como el burro de Balaam cuando vio al ángel!
Luego llegaron a la sede Damodar, Servai y varios otros fanáticos que empezaron a llamarlos "Mahatmas"; y poco a poco, los Adeptos se transformaron en dioses en la tierra. Empezaron a ser invocados, a hacerles puja [veneración], y cada día se volvían más legendarios y milagrosos.
Ahora bien, si le cuento la respuesta que recibí de Keshow Pillai, se reirá, pero es la clave del asunto:
- "¿Pero qué idea tienen ustedes, los hindúes, de los Maestros?" — le pregunté un día, mientras se postraba ante la imagen de mi medallón dorado.
Entonces él me dijo que los Maestros eran sus antiguos Rishis, que nunca habían muerto y tenían unos 700'000 años. Que se les representaba viviendo invisiblemente en árboles sagrados, y que al mostrarse se les veía con una larga cabellera verde y cuerpos brillantes como la luna, etc., etc.
Bueno, entre esta idea de los Mahatmas y las rapsodias de Olcott, ¿qué podía yo hacer?
Vi con terror e ira el falso camino que todos seguían. Los "Maestros", como todos pensaban, debían ser omniscientes, omnipresentes, omnipotentes. Si un hindú o un parsi suspiraba por un hijo, un cargo público o estaba en apuros, y los Mahatmas nunca daban señales de vida, el buen y fiel parsi, el hindú devoto, era tratado injustamente.
Los Maestros lo sabían todo; ¿entonces por qué no ayudaban al devoto?
Si se cometía un error o una tontería en la Sociedad Teosófica, nos preguntaban con asombro: "¿Cómo pudieron los Maestros permitir que ustedes o Olcott lo hicieran?".
La idea de que los Maestros fueran mortales, limitados incluso en sus grandes poderes, nunca se le pasó por la cabeza a nadie, aunque ellos mismos lo escribieron repetidamente.
Era "modestia y secretismo", la gente pensaba.
- "¿Cómo es posible que los Mahatmas no supieran todo lo que había en la mente de cada teósofo y escucharan cada palabra pronunciada por cada miembro?" — argumentaban los necios,
Ellos no comprendían que para lograr descubrir lo que la gente estaba pensando y escuchar lo que decían, los Maestros tienen que emplear medios psíquicos especiales, tomarse grandes molestias a costa del trabajo que tiene que hacer y el poco tiempo libre que disponen; eso era algo que escapaba a la percepción de sus devotos.
¿Es culpa de Olcott? Quizás, en cierta medida.
¿Es culpa mía? Lo niego rotundamente y protesto contra esa acusación.
De hecho, no es culpa de nadie. Es la naturaleza humana, y el fracaso de la sociedad y las religiones modernas para proporcionar a la gente algo más elevado y noble que el ansia del dinero y los honores, esas son la causa. »
(The Path, marzo de 1896)
OBSERVACIONES
Que los hindúes se pusieran a venerar a los Maestros transhimaláyicos era hasta cierto punto comprensible debido a que la idiosincrancia de esa población es muy dada hacia la adoración.
Pero lo sorprendente es que en Occidente también las personas hayan hecho lo mismo.
El asunto comenzó a inicios del siglo XX con el embustero Charles Leadbeater quien tergiversó a los Maestros en seres cada vez más ficticios, y él incitó a las personas a reverenciarlos.
Pero el asunto de plano se desbocó en 1930 con el estafador Guy Ballard quien pretendió haberse encontrado con el Conde de Saint Germain en el monte Shasta.
El señor Ballard, sin dar ninguna prueba, simplemente declaró que todos los Maestros habían ascendido (como Jesús) y que ahora ellos existían en una dimensión celestial y estaban dispuestos a cumplir todos los deseos de sus seguidores a cambio de donativos.
Y un montón de gente sin cuestionar tan siquiera un poco esas afirmaciones, se lo creyeron y comenzaron a adorar a los Maestros, se estima que en 1938 el culto "Yo Soy" tenía un millón de seguidores en los Estados Unidos.
Otra pareja de embaucadores (Elizabeth y Mark Prophet) decidieron hacerle competencia a los Ballard y también tuvieron mucho éxito.
Y desde entonces la falacia de los Maestros Ascendidos ha seguido teniendo un enorme triunfo por todo el mundo occidental.
Numerosas personas los veneran y les suplican que les realicen sus deseos, como si fueran santos del catolicismo, aunque los datos históricos muestran que los "Maestros Ascendidos" son pura mentira inventada por unos charlatanes.
Uno se queda pasmado de constatar como hay todavía tanta gente que quiere seguir con esa vieja costumbre de postrarse y adorar, sin cuestionar ese comportamiento.
Tal vez –como dijo Blavatsky– sea la naturaleza humana que todavía no ha madurado lo suficiente para ya liberarse de esa tendencia hacia la idolatría, pero aún así hay que tratar de despertar a los que se pueda.

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