DECLARACIÓN DE ANNA KINGSFORD A LA LOGIA DE LONDRES



La Doctora Anna Kingsford era la presidenta de la Logia de Londres y el 21 de octubre de 1883 ella publicó una circular que decía lo siguiente:



DISCURSO DEL PRESIDENTE

No podré estar con ustedes en la reapertura de la Logia en esta sesión; y quizás no debamos lamentar esto, ya que me brinda la oportunidad de dirigirles una carta en la que podré explicarles mejor mi punto de vista sobre el trabajo que tenemos por delante, que si estuviera presente entre ustedes.

Imagino que gran parte de su tiempo en esta primera reunión probablemente se dedicará a la discusión de dos asuntos que nos han preocupado bastante a muchos desde que nos separamos para nuestras vacaciones de verano; a saber:

1) La dificultad relacionada con los anuncios de Bradlaugh en y sobre la revista "The Theosophist"

2) Y la acusación formulada por el Sr. Kiddle contra la autenticidad de ciertas epístolas que hasta ahora se suponía, según la autoridad del Sr. Sinnett, que habían sido escritas por Kuthumi.



1. En lo que respecta al asunto de Bradlaugh y a la firme decisión de Madame Blavatsky de no modificar la postura que ha mantenido hasta ahora respecto a la publicidad de ciertas publicaciones como «folletos anticristianos irrefutables», ya le he explicado en gran medida al Sr. Ward, y a través de él al Sr. Massey, la opinión que me veo obligada a adoptar al respecto.

Ni Kuthumi ni Madame Blavatsky parecen comprender el motivo de la objeción en este país a las publicaciones de la editorial Bradlaugh. Creo que casi todos los que conocen la naturaleza de la cuestión coincidirán conmigo en que la muy mala reputación asociada al nombre de este autor no se debe tanto a su ateísmo como a su obscenidad.

Se le conoce principalmente por ciertos escritos, y en particular por un panfleto que lo ha asociado indisolublemente en la opinión pública con un tipo de literatura con la que la Teosofía no tiene nada en común y que suscita sospechas desagradables en relación con la teosofía allí donde circula su revista, adornada con la publicidad objetable.

Kuthumi, cuya carta sobre el tema he leído, escribe con evidente desconocimiento de los hechos, lo cual no es sorprendente; pero debería ser informado rápidamente del fundamento de nuestra queja y no permitirle suponer que se debe a fanatismo o intolerancia religiosa.

            Además, como teósofos protestamos contra el respaldo público.

En nuestra revista se hace referencia a la ignorancia que ha llevado a Bradlaugh a considerar sus críticas a la ortodoxia histórica como «tratados anticristianos irrefutables». Sabemos que como todas esas críticas son superficiales e ignorantes en extremo, ya que no se ocupan en absoluto del cristianismo en sí ni de las Escrituras, sino de la interpretación que el materialismo ortodoxo ha optado por dar a la doctrina mística.

Para el teósofo tales tratados distan mucho de ser «irrefutables», y su publicación bajo tal título y en tal lugar está calculada para dar una impresión totalmente falsa de los objetivos y la enseñanza de nuestra Escuela.

Tanto Kuthumi como Madame Blavatsky deberían saber que en gran medida, debido a la presencia de este desafortunado anuncio en la portada de nuestra revista y a la forma en que está redactado, muchos de nosotros dudamos en presentar la revista "The Theosophist" a nuestros amigos o incluso en dejarlo sobre las mesas de nuestros salones.

Personalmente conozco un caso en el que una amiga, la Sra. Molesworth, autora de muchos libros encantadores para niños, se negó a suscribirse a la revista tras convertirse en teósofa, únicamente a causa del anuncio permanente de Bradlaugh en su portada.

Me contó que antes de conocerme por primera vez en París el invierno pasado, algunas de sus amigas le habían advertido sobre mí porque la Dra. Anna Kingsford era la nueva presidenta de la Sociedad Teosófica Británica, de doctrina atea, y que además yo era aliada y partidaria del Sr. Bradlaugh y la Sra. Besant.

Posteriormente, se descubrió que todo ese relato se debía al anuncio de los escritos de estas personas en la portada de "The Theosophist".

 

2. Con respecto al escándalo de Kiddle, personalmente no le doy mucha importancia al punto que él ha planteado ni a la controversia que ha ocasionado. Pero la razón de la indiferencia con la que considero el asunto no se debe a ninguna expectativa de que esté en el poder del Sr. Sinnett explicarlo, sino más bien al hecho de que siempre he disociado firmemente a los personajes históricos de las verdades teosóficas, y la autoridad de los nombres, ya sea en el pasado o en el presente, de los principios abstractos.

No lamento que haya surgido el incidente de Kiddle ya que me da una buena ocasión para expresar mi desconfianza hacia toda apelación hacia la autoridad, y mi convicción de que ningún sistema que tenga datos y personas históricas como núcleos jamás podrá competir con éxito con el tiempo y la crítica.

Observo con tristeza y preocupación la creciente tendencia de la Sociedad Teosófica a introducir en su método las supersticiones; la veneración exagerada por las personas y por la autoridad personal; un elemento que ha sido la ruina de todos los demás sistemas religiosos en el pasado, y cuyo resultado inevitable es una mera veneración servil de héroes que degenera en la sustitución de eventos por procesos; de personalidades por principios; de autoridad por razón; de historia por experiencia.

Entre nosotros se habla demasiado de los adeptos, nuestros "MAESTROS" y demás. Se les da demasiada importancia a sus dichos y acciones, se nos recomienda la doctrina simplemente porque ellos la han afirmado como verdadera y se espera de ella una reverencia excesiva solo por ese motivo; tanto que si alguien dice "Creo que Kuthumi se equivoca en tal punto" o "Los Hermanos parecen estar insuficientemente informados sobre tal o cual cosa", es probable que la afirmación se considere una especie de blasfemia, o al menos una deslealtad hacia la Teosofía.

De no ser por el destino que le sobrevino al Dr. Wyld (y no defiendo su conducta, pues su método y manera fueron erróneos en todo momento), yo misma me habría atrevido a criticar algunas de las doctrinas de Kuthumi sobre mi libro "El Camino Perfecto".

No se me había ocurrido entonces que se esperaba que los teósofos vieran el libro "Buddhismo Esotérico" del Sr. Sinnett de forma muy similar a como los ortodoxos ven la Biblia.

Permítanme, con la mayor cordialidad y sinceridad, asegurar al Sr. Sinnett y a otros miembros de nuestra Sociedad Teosófica que últimamente nos han insistido en la visión personal e histórica de la Teosofía, que están cometiendo un error fatal que de persistir en ello, inevitablemente nos acarreará desprecio y dificultades.

La razón de ser de la Sociedad Teosófica es rescatar la verdad de la superstición y restaurar los «Misterios del Mundo». La razón por la que el cristianismo ha caído en descrédito y no ha logrado satisfacer a los pensadores es que ha exaltado a las personas en lugar de los principios y ha deificado un Nombre en vez de una Condición.

La crítica, a la luz de la ciencia de este siglo, al examinar las tradiciones del pasado, ha demostrado la naturaleza mítica de estas y ha socavado la base histórica de la Iglesia. De ahí la necesidad de una Reforma religiosa que destruya el ateísmo revelando la verdadera naturaleza de los Misterios.

Yo esperaba ver a la Sociedad Teosófica desempeñando una función tan sublime como esta. Pero si abandonar esta tierra firme consiste simplemente en construir un nuevo sistema de dogmas sobre una nueva autoridad ajena y arbitraria, degenerará rápidamente en una secta y se convertirá para el mundo en nada más que cualquier otra congregación de fanáticos apegados a algún profeta en particular.

¡Kuthumi será el oráculo de los teósofos, al igual que Joe Smith de los Santos de los Últimos Días, Joanna Southcott de los Adventistas o Thomas Lake Harris de la comunidad que lo reconoce como su Rey!

E incluso suponiendo —una suposición demasiado grande— que bajo tales condiciones los teósofos sobrevivan a la generación actual, ¿tratará el Tiempo de manera diferente a Kuthumi y sus compañeros adeptos de lo que ha tratado a Mahoma, a Jesús de Nazaret o a cualquier personaje histórico?

Si en nuestros días hay tanta dificultad para identificar a nuestros Adeptos y sus escritos, ¡cuánto aumentará enormemente la dificultad cuando ellos y todos los conectados con ellos hayan caído en la sombra de la mera tradición. ¡Ay, qué panorama tan desalentador!

Así no se regenerará el mundo ni se liberará de las idolatrías; pues erigir un nuevo sistema sobre otra base histórica y personal no será sino remodelar el Ídolo y perpetuar las supersticiones del pasado.

Nuestro camino sabio y verdaderamente teosófico no consiste en nombrar nuevos Papas ni proclamar nuevos Señores y Maestros, sino en que cada uno busque interiormente la realización del Proceso que es Cristo, que es Buda, que es Dios con nosotros. Y este es el sistema que debemos proclamar al mundo, con la autoridad de la razón, del sentido común y de la ciencia.

En los escritos que he publicado de vez en cuando, ya sea sola o en colaboración con mi compañero, jamás he recurrido a la autoridad ni he nombrado a quienes considero mis maestros. Esto se debe a que deseo fervientemente que nadie piense que acepto las enseñanzas por autoridad, ni que pretendo que otros las acepten por ese motivo.

¿Cómo podría convencer a alguien de que no estoy bajo una alucinación en estos asuntos? ¿Cómo podría siquiera persuadirme a mí mismo de la identidad de los dioses?

No lo sé; podría ser el método de una mente poética, podría ser el fantasma del pensamiento o de la memoria psíquica. Por lo tanto, juzgo, y quisiera que otros juzgaran, únicamente por la razonabilidad de lo que se expone, pues solo esto es demostrable y perdurable.

“Hijitos, aléjense de los ídolos”

Me gustaría que ese texto estuviera grabado en el corazón de cada teósofo.

 

Así pues, con mis saludos fraternales a todos vosotros, confío en que tomaréis en buena parte la audacia con la que he hablado y creeréis en mi ferviente celo por la prosperidad de nuestra Fraternidad, que bajo una sabia guía puede convertirse en la palanca con la que purificar la Iglesia y destruir el cáncer de la Infidelidad.

Su Presidenta, Anna Kingsford.




 

OBSERVACIONES

Ese texto inicialmente se publicó en un folleto de la Logia de Londres; y posteriormente fue republicado por la revista "The Theosophical History" de julio de 1987, págs. 82-85.
 
Al respecto, su creador Leslie Price comentó:

« Esta circular se conserva en copias manuscritas y mecanografiadas en los archivos de la Sección Inglesa de la Sociedad Teosófica de Adyar, a la que se agradece su colaboración. Una nota indica que fue copiada por la señorita Arundale.

Como es de imaginar, su contenido no fue bien recibido en la India, y un indignado KH la cita en el libro "Las Cartas del Mahatma" n.º 87. (Véanse también sus comentarios sobre Bradlaugh y Besant).

La respuesta a la Sra. Kingsford también puede consultarse en el libro "Las Cartas de HP Blavatsky a AP Sinnett" y en la tercera edición del libro "La vida de Anna Kingsford" escrito por Maitland .

La profecía de la Sra. Kingsford sobre la incertidumbre histórica y el carácter mítico de KH se ha cumplido en cierta medida, pero la expresión organizativa del enfoque rival de Kingsford pronto desapareció. El porqué de esto es uno de los temas que se explorarán en la conferencia de "Un día sobre Anna Kingsford" que se planea publicar para 1988. »


En resumen la Dra. Kingsford da su opinión sobre dos asuntos:

1) Ella critica el apoyo que Blavatsky le da al ateísta Charles Bradlaugh, aceptando sus anuncios en la revista "The Theosophist" (que es la principal revista de la Sociedad Teosófica) porque eso provoca que muchos ingleses rechacen esa revista y vean de manera despectiva a la Sociedad Teosófica.

En lo cual ella tiene razón, pero Blavatsky era muy provocadora y necia.


2) En cuanto al escándalo de Kiddle, resulta que Kuthumi le escribió una carta a Sinnett donde tomó varias de las frases que el profesor estadounidense Henry Kiddle había dado en un discurso. Posteriormente Sinnett publicó parte de esa carta en su libro "El Mundo Oculto" y el Sr. Kiddle lo acuso de plagio.

Al igual que la Dra. Kingsford, yo tampoco considero que eso desacredite a Kuthumi, quien explicó que lo hizo porque en esas frases estaba bien estructurado lo que él le quería decir a Sinnett.

Pero la Dra. Kingsford se aprovecha de ese asunto para denunciar la "idolatría que se está generando hacia los Maestros transhimaláyicos", en lo cual ella también tiene razón.

Pero el detalle es que ella no lo dijo con ese propósito sino porque ella era muy prooccidental y le desagradaba la enseñanza esotérica oriental que transmitieron esos maestros.







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