(Aquí les voy a compilar lo que el Doctor Franz Hartmann relató en sus escritos sobre las experiencias que él tuvo con Blavatsky.)
EL PRIMER ENCUENTRO DE HARTMANN CON BLAVATSKY
« Llegué a Adyar el 4 de diciembre de 1883 y fui recibido de la manera más amable por H.P. Blavatsky. La encontré sentada en un sillón frente a su escritorio, ocupada escribiendo.
La primera impresión que tuve de ella fue la de una dama afable, culta y sencilla, que poseía algo extraordinario. En cuanto a su aspecto, no era "esbelta como un abeto", pero tampoco esa masa informe y voluminosa de carne que describían ciertas personas —quienes, probablemente, jamás la vieron—.
No se asemejaba a una sacerdotisa de Isis proclamando el oráculo de Delfos, ni a una profetisa o hechicera; tenía una mirada ingeniosa y vestía de forma sencilla. No había en ella nada fantasioso, solemne o convencional; por el contrario, pronto se hizo patente su sentido del humor, así como la agudeza con la que respondía a mis preguntas, dando siempre en el clavo.
Además, durante mi primera visita pude comprobar que ella poseía facultades ocultas, pues respondió a algunos de mis pensamientos no expresados, tal como si yo los hubiera pronunciado en voz alta. »
(Neue Lotusblüten, mar-abr de 1912, p.91-106)
ALGUNAS DE LAS EXPERIENCIAS QUE HARTMANN TUVO CON BLAVATSKY EN ADYAR
« Ya en el primer día después de mi
llegada a Adyar recibí a través de Madame Blavatsky una prueba inesperada e irrefutable
de sus poderes. Fui a su habitación y la encontré escribiendo. Sin desear
molestarla, me senté cerca de la ventana y pensé en una amiga mía que había muerto
en Galveston hace unos años atrás, preguntándome qué había sido de ella.
Noté que Madame Blavatsky giró su
papel y parecía jugar con su lápiz en un estado de distracción con una mirada
lejana. Luego me entregó el papel, y éste contenía la respuesta a mi pregunta
en la forma de un dibujo que representaba el cadáver de mi amiga extendido en
el suelo y un elemental parado a su lado, observando el escape del alma astral,
mientras el paso de su espíritu a las esferas superiores estaba indicado por un
arcoíris.
Y evidencias similares de su poder
oculto recibí a menudo. Algunas veces era por medio de la escritura directa
producida por alguna entidad invisible. Y cartas enteras escritas de esa manera
fueron encontradas en mi escritorio cerrado. Pero estos fenómenos no eran nada
nuevo para mí, ya que los había visto a menudo en los Estados Unidos durante mi
incursión en el espiritismo. Por lo que no los miré con sospecha de que se
tratara de un engaño. Truco o no truco era lo mismo para mí, porque yo solo
estaba interesado en el contenido de las cartas y no en la forma en que éstas fueron
escritas y enviadas a mí.
Vi una gran cantidad de fenómenos
ocultos que tuvieron lugar en su presencia. Pero lo más sorprendente de todos
los fenómenos fue para mí el hecho de que ella pudo escribir artículos sobre
temas ocultos para la revista The
Theosophist y entregar sin ninguna preparación previa conferencias públicas
que encontraron audiencias interesadas y apreciativas en la India y luego en
los Estados Unidos, Alemania y Italia. Y
esto a pesar de que ella nunca había hablado en público antes de llegar a la
India.
Para un ocultista, capaz de ver
"más allá del velo", su personalidad era extremadamente interesante.
Para mí, ella siempre apareció como un gran espíritu, una sabia e iniciada que
habitaba el cuerpo de un niño caprichoso adulto, muy amable en general, pero
también a veces muy irascible, ambiciosa y de temperamento impetuoso, pero
fácil de llevar y sin importarle para nada los convencionalismos de cualquier
tipo.
En su aspecto superior, ella parecía
estar en posesión de la más alta sabiduría oculta y de un conocimiento obtenido,
no por la lectura de libros o por la racionalización, sino por la iluminación
interior y la percepción directa de la verdad.
Ella parecía saberlo todo sin haber
leído nunca nada, y como si todo el universo fuera para ella como un libro
abierto. Además ella se mostraba tan hábil en el plano astral como en el plano
físico. Sin embargo, ella no pretendía ser una experta en nada, sino solo un
instrumento consciente de un poder inteligente superior a su propia
personalidad.
Ella solía decir:
-
"Mi aprendizaje es de mi
Maestro. Yo no soy más que un reflector de la luz luminosa de él."
Para mí, parece que este Maestro era
su propio ser superior y que todos tienen una luz oculta dentro de su propia
alma, pero no todos son conscientes de ello.
Se puede comparar a los hombres y a
las mujeres con linternas en las que existe tal luz; pero en algunos es solo
una chispa que aún no se ha descubierto, mientras que en otros la mecha arroja
un brillo tenue, y en algunos otros casos da una luz brillante que brilla a través
del cristal.
Y muchos de los que presumieron
juzgar el carácter de Madame Blavatsky solo podían ver el brillo de la
"linterna", pero estaban ciegos a la luz contenida en ella.
Así, Madame Blavatsky parecía ser
dos o más personas diferentes que se manifestaban en un solo cuerpo, y no tengo
dudas de que su ser interno real o permanente estaba en comunicación con otras
inteligencias superiores existentes, y que así podían comunicar sus
conocimientos a través de ella.
Estas Inteligencias o Maestros, ella
afirmó que eran ciertos Adeptos que aún vivían en el Tíbet y poseían grandes
poderes ocultos, como impresionar en las mentes a distancia con lo que ahora se
llama "telepatía", o salir en sus formas astrales y materializarse, o
utilizar a sus discípulos para la producción de fenómenos ocultos, etc.
Todas esas cosas, que hace algunos
años parecían increíbles, ahora parecen bastante posibles gracias a las
recientes investigaciones en las ciencias ocultas, las cuales han arrojado bastante
luz sobre este tema. Y mi propia experiencia en esta línea me ha convencido de
que tales Maestros existen.
Por ejemplo, he estado presente en
ciertas ocasiones cuando el Maestro se le apareció a ella, y ella habló con él.
Yo no podía verlo con los ojos, pero sentía su presencia, y su influencia
impregnó todo mi ser y me llenó de una sensación de felicidad indescriptible
que duró varios días. Y su poder despertó dentro de mí un estado superior de
conciencia, y me hizo sentir en ocasiones como si esa consciencia fuera mía y
yo mismo fuera el Maestro.
Se han escrito muchas tonterías
sobre los fenómenos ocultos producidos por Madame Blavatsky, por parte de sus
enemigos y por otros que les daban una importancia indebida. Ella no era un
"médium espiritual" produciendo fenómenos bajo condiciones de prueba
con el propósito de probar su realidad, ni recibió ningún dinero por ello.
Todos los fenómenos que presencié en
su presencia fueron indudablemente genuinos, pero si es cierto que
ocasionalmente se ayudaba de los espíritus quienes jugaban algún truco. Sin
embargo no la criticaría demasiado severamente por eso, debido a que su único
propósito era inducir a las personas a estudiar las leyes superiores de la
vida, a elevarlas a una concepción más avanzada de la verdad eterna y
enseñarles a pensar por ellas mismas.
Ella quería llamar la atención del
mundo por todos los medios posibles a las enseñanzas superiores que le fueron
dadas por los Maestros, y los fenómenos no eran para ella más que los dulces,
con los cuales ella incitaba a las personas para querer aprender más sobre esos
temas. Y también se puede afirmar que las acusaciones que le hicieron las
personas ignorantes y no espirituales a menudo eran de un absurdo increíble y
extremadamente egoístas.
Hubo uno que insistió en que ella debía
contactar con los santos del Himalaya para que le aseguraran que su esposa diera
a luz a un hijo, otro para que le consiguiera una cita de pago en una oficina
del gobierno, otro quería encontrar un comprador para su casa, otro quería un
buen lugar para abrir una tienda de venta de queso, etc. Y si tales
"buscadores de la verdad" no recibían una respuesta favorable, pronto
se convertirían en sus enemigos, pero ellos no tenían nada que ver con las
enseñanzas de la sabiduría.
Por lo tanto, no es de sorprenderse
que H.P. Blavatsky a veces se divirtiera burlándose de esos tontos. De hecho,
su sentido del humor era muy bueno, y uno de sus lados objetables era que le
encantaba hacer ese deporte incluso con sus mejores amigos. Y aunque ella,
hasta donde yo sé, nunca había tomado lecciones de dibujo, a veces dibujaba
caricaturas que no carecían de valor artístico y retratos fácilmente
reconocibles.
Uno de ellos representa el examen
para la iniciación de un miembro destacado de la Sociedad Teosófica. Evidentemente
el candidato fue incapaz de responder las preguntas que el maestro KH le hizo,
y miró con una mirada melancólica una botella de champán y una bailarina, como
si fuera muy reacio a abandonar los placeres de esta vida.
Y con relación a la iniciación,
Madame Blavatsky hizo un dibujo donde un elemental sostiene una vela, y a lo
lejos está el Maestro M. y aún más lejos, ella, sentada sobre un elefante. »
(Autobiografía)
HARTMANN CONSTATÓ QUE EL MAESTRO MORYA SALVÓ MILAGROSAMENTE A BLAVATSKY
« Yo fui testigo de cómo Blavatsky se curó, de forma repentina e inesperada, de una grave enfermedad gracias a influencias ocultas.
Era marzo de 1885; ella yacía en cama aquejada de una enfermedad renal mortal. La señora Cooper Oakley y yo nos turnábamos para cuidarla día y noche. Los médicos de Madrás, tras una consulta, declararon que no le quedaban ni veinticuatro horas de vida.
Como Blavatsky deseaba que su cuerpo fuera incinerado, el señor Cooper Oakley se dirigió a Madrás esa misma tarde para obtener el permiso necesario. Sin embargo, a la mañana siguiente, Blavatsky estaba recuperada y poco después, partió conmigo hacia Nápoles.
Ella explicó este prodigioso suceso diciendo que el Maestro se le había aparecido durante la noche, dándole a elegir entre abandonar su cuerpo para siempre o conservarlo durante más tiempo para completar la obra que ella estaba escribiendo: "La Doctrina Secreta". Y según relató, ella optó por lo segundo. »
(Neue Lotusblüten, marzo-abril de 1912, 91-106)
HARTMANN ACOMPAÑÓ A BLAVATSKY CUANDO ELLA FUE EXILIADA A EUROPA Y LA SIGUIÓ VISITANDO
« Viví como huésped de H.P. Blavatsky en la sede de Adyar de 1883 a 1885. Fui con ella a Europa, me quedé con ella durante un tiempo en Toure del Greco, en Nápoles.
La vi después repetidamente en Wurzburg y Londres, y la vi lo suficiente como para estar convencido de que ella era la persona más extraordinaria que he visto en mi vida, y que ella estaba en posesión de poderes ocultos muy peculiares, como la lectura del pensamiento, la respuesta a preguntas, etc. »
(The Word, mayo de 1907, p. 72-73)
« Para evitar un asunto tan
desagradable [el ataque de los misioneros y los Coulomb contra Blavatsky] se consideró prudente enviar a Blavatsky a Europa, y se me pidió que
me hiciera cargo de ella. Por lo tanto, tomamos un pasaje a bordo del barco Tibre, y el 1 de abril de 1885, comencé
con ella, un viaje hacia Nápoles acompañados por el Sr. Bavadjee y Miss Mary
Flynn.
Durante nuestro viaje hubo una continuación
de los fenómenos ocultos. Por ejemplo, con frecuencia por las mañanas se
encontraban en su mesa montones de hojas con notas que hacían referencias a los
escritos de H.P. Blavatsky sobre su obra La
Doctrina Secreta que en ese momento ella estaba escribiendo. No puedo decir
si ella misma los escribió en un estado de sonambulismo, o si esos papeles se
los enviaron por medios ocultos desde el Tíbet.
El 23 de abril de 1885 llegamos a
Nápoles donde un “guía” nos llevó a un hotel. Madame Blavatsky que no se sentía del todo bien, no quería subir muchas
escaleras y pidió una habitación en la planta baja o en el primer piso. Ahí no había
cuartos desocupados, pero el gerente dijo que él podía darnos dos habitaciones
en el segundo piso por quince francos por día. Hicimos el trato y luego
comenzamos a subir las escaleras.
Primero fue el "Parterre", luego vino el "Alto Parterre", luego fue el "Mezzanin", luego el "primer
piso" y finalmente fue el "segundo piso", que en realidad resultó
en la practica ser un quinto piso. Y cuando a la mañana siguiente fui a pagar
la factura, descubrí que había olvidado hacer la estipulación de con "tutto compreso" (todo incluido), ya
que nos cobraron no solo los quince francos por las habitaciones, sino también
un precio extra por cada pieza de muebles contenidos en las habitaciones, de
modo que la factura ascendía a ochenta y cinco francos, sin incluir la comida.
Por supuesto, no había nada más que hacer, sino quejarse y pagar.
Inmediatamente salimos de Nápoles y
encontramos habitaciones más hospitalarias en el Hotel Vesuvio en la Torre del
Greco, donde permanecimos durante un mes. El temperamento de Madame Blavatsky
durante ese tiempo no fue del más dulce; ella estaba continuamente irritada por
las acusaciones sobre los escándalos que se le habían hecho contra ella,
regañaba a los sirvientes y maltrataba a sus amigos o los alababa de acuerdo
con su estado de humor cambiante.
El clima era frío, y ver los fuegos del
Vesubio brillar a cierta distancia, que en ese momento estaba en erupción,
mientras nosotros no teníamos estufas con que calentarnos, era algo provocador.
Después de algunas semanas, Madame
Blavatsky se fue a Wurzburg y yo fui a Kempten (Baviera) para visitar a mis
familiares y echar un vistazo al lugar donde pasé mi juventud. Busqué en vano a
mis amigos y conocidos de antaño, pero solo encontré sus nombres en grandes
números inscritos en las lápidas del cementerio.
Posteriormente visité a Madame Blavatsky
varias veces en Wurzburg y en Londres. »
(Autobiografía)
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