(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)
Julio César de Castro comentó: Según el diccionario, "aprehender" significa (del latín apprehendo, -ere, tomar, apoderarse, tomar posesión de), y metafóricamente significa: dejar de aferrarse a las cosas, dejar de tomar el conocimiento como un préstamo y hacerlo brotar desde dentro de uno mismo. Cuando uno se apodera de algo, significa que ese algo tenía un dueño, y por lo tanto lo que se ha convertido en tuyo nunca será verdaderamente tuyo. La verdad solo puede ser comprendida, nunca apresada. La verdad apresada es prestada o robada de otro, y por lo tanto es de segunda mano y nunca será una Verdad.
(Nota de Alsibar: un agradecimiento especial a Julio César de Castro por su comentario que inspiró este artículo. Muchas gracias.)
(Notas de Cid: en espiritualidad se suele poner la palabra Verdad con mayúscula para referirse a la verdad suprema, también llamada: verdad divina, verdad espiritual, verdad trascendental, etc. Y la cual no se percibe con los sentidos físicos.
Por otro lado, aunque comprendo el concepto que quiso decir Julio César de Castro y a su manera concuerdo con él, a mí no me gusta aseverar que robamos o tomamos prestado la Verdad de otro porque la Verdad no es un objeto sino un despertar.)
REFLEXIONES DE ALSIBAR
Existe el conocimiento que se adquiere en los libros, en la escuela, en la universidad. Este conocimiento debe ser «tomado» de otros, pues así es como avanza la ciencia.
También existe la sabiduría, que es algo completamente distinto y tiene que ver con la percepción de la verdad sobre uno mismo. Pero la «verdad» en su sentido más amplio, tiene que ver con la realidad, con lo que es verdadero, en contraposición a lo ilusorio, engañoso o falso.
La Verdad jamás puede ser prestada. No se puede apropiar de la Verdad de otro y repetirla como si fuera propia. Sin embargo no podemos olvidar que otros pueden señalarla. Nos corresponde a nosotros observar y comprobar por nosotros mismos qué es lo que se señala.
Además, mi verdad, o visión de la Verdad, es un fenómeno completamente único y personal. La Verdad de Jesús, por ejemplo, tiene que ver con su experiencia y nivel de conciencia, y por lo tanto, es diferente a la de los otros.
La visión de alguien en la cima no es la misma que la de alguien en la llanura. Quienes están en la cima ven con mayor amplitud. Quienes están abajo tienen una visión más limitada. Pero ambos pueden estar viendo lo mismo, aunque desde perspectivas diferentes debido a la diferencia en los niveles y ángulos de visión.
El aprendizaje es infinito, y por consiguiente puede que no haya cimas, en el sentido de que exista un límite. Pero cuando alguien señala algo desde lo alto y tú aquí abajo puedes percibir lo mismo —a veces con cierto esfuerzo, después de cierto tiempo y "entrenamiento", etc.— ¿no sería eso en el mismo sentido que "robar" o "tomar", según la definición del diccionario?
Así, cuando los maestros nos instruyen, hablan de algo que a menudo no podemos ver, pero que podemos percibir directamente a través de nuestra propia experiencia. Considero que esta es la actitud más sensata y sabia.
La verdad es que nadie vive aislado. Para usar una metáfora: la rana que vive en el estanque puede dudar de la existencia del mar. Pero puede ir allí y verlo con sus propios ojos. Entonces no habrá más dudas.
Esto también me recuerda la Alegoría de la Caverna de Platón. Quienes están acostumbrados a las sombras pueden dudar de la existencia del mundo tridimensional y colorido. Pero no necesitan creer en su existencia. Solo necesitan el valor de levantarse y comprobar, a través de su propia experiencia, la verdad de la existencia o inexistencia de tal mundo.
De igual modo, los maestros e iluminados del pasado nos hablaron de la existencia de otro mundo, otra dimensión, no necesariamente físico. Sería ingenuo limitarse a teorizar y discutir sobre la existencia y apariencia de tal mundo.
¿Cómo podemos saber si todo lo que dijeron es cierto?
Tenemos que abrir los ojos y ver. Tenemos que salir de nuestra zona de confort y mirar al otro lado de la cueva. Quizás esto requiera energía y esfuerzo al principio. Quizás simplemente necesitemos abrir los ojos y ver. A primera vista, esto parece muy fácil; sin embargo, después de años de ceguera mental y espiritual, «abrir los ojos y ver» puede ser una de las cosas más difíciles del mundo.
Ver la verdad puede no ser agradable. El impacto de la realidad asusta a muchos. Sabiendo esto, muchos huyen por miedo o incluso por cobardía. Y así preferimos discutir teorías, debatir conceptos, confrontar ideas, defender creencias y filosofías, todo para distraernos y evitar mirar lo que realmente importa: la verdad sobre nosotros mismos, sobre la humanidad y sobre el mundo. Eso sería bastante impactante, doloroso y quizás insoportable.
Y lo más curioso es que no enfrentamos la Verdad por miedo a que nos haga sufrir. Pero quizás solo cuando tengamos el valor de ver la VERDAD sobre nosotros mismos y el mundo podremos liberarnos del sufrimiento.
¿ Cómo lo sabremos?
¡Tenemos que ir a verlo!
COMENTARIOS
Ana: ¿Por qué la verdad resulta desagradable y por qué el impacto de la realidad asusta a tanta gente? ¿Es el mundo realmente un lugar tan malo?
Alsibar: Usamos el término Verdad en el sentido de verdadero, real. Creamos muchas imágenes e ilusiones sobre nosotros mismos y nos refugiamos en ellas. No es fácil aceptar que todo —o casi todo— lo que creemos sobre nosotros mismos puede ser una gran mentira. Tal vez nada en nosotros sea permanente, bueno, importante. Pero no lo consideramos así. Pensamos que existimos como un ser maravilloso, que nuestros pensamientos son nuestros, que tenemos una personalidad permanente y eterna, que somos seres indivisibles que existen como una entidad separada.
¿Cuántos de nosotros aceptamos que todo esto puede ser un gran espejismo? ¿Y por qué no se dan cuenta o no lo aceptan? Si le dices a alguien que todo lo que "piensa que es" es solo un proceso en constante cambio. Una entidad forjada en un complejo mecanismo de miedo y deseo. ¿Es eso cómodo? Descubrir que incluso tus pensamientos y todo lo que más aprecias puede ser solo una gran ilusión, ¿es eso bueno? "
Verdad" es la verdad sobre nuestras ilusiones, nuestras mentes, nuestra percepción fragmentada de la realidad. La verdad es que somos contradictorios, envidiosos y codiciosos. Es descubrir que cuando buscamos la Verdad, en realidad buscamos refugio, una evasión, un consuelo que tal vez no exista. Es descubrir que mi bondad no es más que miedo o ambición religiosa, disfrazada de virtud. Es descubrir que en el fondo no soy nada, no tengo nada y no sé nada. Es descubrir, por ejemplo, que todo lo que considero Verdad puede ser una gran ilusión. Porque la Verdad no puede ser comprendida por la mente. Es saber que debo morir para que la Verdad pueda nacer y que, mientras yo exista, la Verdad no se revelará.
Renunciar a todo esto sin esperar nada a cambio es el gran desafío del investigador espiritual sincero. Es de esta muerte —dolorosa para el ego ilusorio— de la que hablo. Si alguien es capaz de atravesar esta muerte sin dolor… ¡Enhorabuena!
Pero normalmente lo que vemos es lo contrario. Nadie quiere «soltar el hueso», nadie quiere «morir» al pasado, a los recuerdos, a las imágenes, al pensamiento. Queremos continuidad, queremos sensaciones, placer, experiencias. Por eso creamos teorías de que «somos eternos», «somos maravillosos», «somos luz». ¡Y LO SOMOS! Pero esto solo se revela con la muerte del EGO. Hasta entonces, no somos más que el humillante, pequeño y mediocre EGO.
Detestamos esta idea hasta tal punto que nos ponemos a la defensiva cuando alguien sugiere que no somos lo que creemos ser. ¡Quizás seamos una gran nada, un gran vacío, y nada más! ¿Cómo saberlo? Para ello, debemos tener el valor de descender a lo más profundo de nosotros mismos y vernos como realmente somos, y no según lo que imaginamos ser. Si esto es fácil, simple y placentero... entonces estoy completamente equivocado.
Catinga: El dolor de afrontar la verdad es directamente proporcional a nuestro grado de apego y autoengaño. No es la realidad lo que duele, sino el retorno a un estado de comprensión. El universo en sí mismo no daña a nadie. Nos hacemos daño cuando nos alejamos de él (de la verdad) en las barcas de la ilusión.
Como ojos que han estado alejados de la luz durante milenios, cuando la encuentran de nuevo sufren, arden, se adaptan o se quedan ciegos. Es un proceso. Nosotros sufrimos, los ojos que antes estaban ciegos y que regresan a la luz sufren, pero la realidad no duele. Simplemente es.

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