Este
artículo fue escrito por William Quan Judge y aquí él hace un listado de las razones
por las que las almas necesitan estar cíclicamente reencarnando en el mundo
físico para poder evolucionar.
« Para la mayoría de las personas que aún no están
familiarizadas con las enseñanzas orientales, ninguna doctrina parece más
singular que la de la reencarnación, la cual enseña que cada humano nace
repetidas veces en la Tierra.
Y esta sensación de extrañeza se
debe porque la creencia habitual en Occidente es que estamos aquí en esta
Tierra solo una vez, y de esa única vez, nosotros determinamos nuestro destino
para toda la eternidad en el más allá, ya sea hacia el cielo o hacia el
infierno.
Sin embargo está muy claro que una
vida, incluso si ésta es prolongada, no es suficiente para adquirir el conocimiento
que requerimos, para adquirir la experiencia que no es necesaria, para formar la
individualidad y para fortificar los principios que nos harán seres más
evolutivos.
Y cualquier humano puede tomar
conciencia de esto al estimar, por un lado el futuro probable que la Naturaleza
contempla para la humanidad; y por el otro lado, su preparación actual para
ello.
Y ese futuro incluye evidentemente
dos cosas: una elevación gradual del humano hacia la divinidad, y su
aprehensión progresiva del Universo.
Pero tristemente su preparación
actual para ello consiste solamente en un conocimiento muy imperfecto de un aspecto
muy pequeño de una forma de existencia. Y que principalmente se obtiene
mediante:
- el uso parcial de los sentidos;
- de una sospecha, más que de una creencia, de que la esfera
de la verdad súper sensorial puede exceder el mundo físico;
- y de un conjunto de facultades morales y espirituales
parcialmente desarrolladas, pero todavía empequeñecidas por los prejuicios y la
ignorancia.
Además, todo este esfuerzo está
limitado por sus intereses personales y es afectado en su empeño por las
necesidades que se encuentran siempre presentes de alimentar y mantener al
cuerpo físico.
Y es por eso que yo les pregunto:
¿Un ser tan sesgado, carnal y estrecho, como lo es en estos
momentos el hombre en la actualidad, ya está apto para entrar después de morir
en el camino ilimitado del desarrollo espiritual?
La respuesta evidente es que no.
Y solo hay tres formas de superar
esta obvia incapacidad:
- un poder transformador durante la muerte,
- una disciplina post-mortem que sea profundamente espiritual,
- y una serie de reencarnaciones.
Ya que evidentemente, no hay nada en
la mera separación del alma del cuerpo físico para conferir sabiduría,
ennoblecer el carácter, y cancelar las disposiciones negativas adquiridas a
través de la carnalidad. Y si tal poder residiera en la muerte, todas las
almas, al ser incorpóreas, serían precisamente iguales, lo cual es un absurdo
palpable.
Y tampoco únicamente una disciplina
post-mortem podría satisfacer esta exigencia, y esto por nueve razones:
1. El conocimiento de la vida humana por parte del alma quedaría
muy insignificante.
2. De las diversas facultades que solo se pueden desarrollan
durante la encarnación, algunas solamente seguirían latentes al morir, y por lo
tanto nunca evolucionarían en toda su plenitud.
3. El aspecto insatisfactorio de la vida material no se habría
demostrado completamente.
4. No habría habido una conquista total del espíritu sobre la
materia.
5. El significado de la Hermandad Universal habría sido visto
de una forma muy incompleta.
6. El deseo de más experiencias terrenales bajo diferentes
condiciones pondría constantemente en jaque el proceso disciplinario.
7. La justicia exacta no podría ser asegurada.
8. La disciplina misma sería insuficientemente variada y abundante.
9. No habría avance en las sucesivas razas que se van formando
en el planeta.
Por lo tanto, si no se puede
plenamente desarrollar al humano manteniéndolo solamente en el plano espiritual,
y si una sola vida en el plano físico es insuficiente. Entonces solo queda como
alternativa: una serie de reencarnaciones.
En otras palabras, que el principio
duradero que compone al humano dotado con lo que ya desarrolló anteriormente,
volverá a la Tierra para adquirir una mayor experiencia y desarrollo.
Y si estas nueve necesidades no satisfechas
por una existencia meramente espiritual después de la muerte, en cambio si se
satisfacen mediante la reencarnación, seguramente existirá una fuerte
presunción que lo demuestre.
Y resulta que:
1) Solo a través de las reencarnaciones puede hacerse exhaustivo el
conocimiento de la vida humana.
Ya que un humano perfeccionado debe
haber experimentado todo tipo de relaciones y deberes terrenales; todos los
tipos de deseo, afecto y pasión; toda forma de tentación y toda variedad de
conflictos. Para adquirir ese nivel de conocimiento. Y ninguna vida por si sola
puede proporcionar todo este material de aprendizaje.
2) Las reencarnaciones dan oportunidades para el crecimiento de todas esas
facultades que solo se pueden desarrollar en la Tierra.
Independientemente de cualquier
pregunta planteada por la doctrina oculta, podemos ver fácilmente que algunas
de las adquisiciones que poseen las almas más desarrolladas, se producen solo
por el contacto con las relaciones humanas y por el sufrimiento de los males
humanos. De estos, la simpatía, la tolerancia, la paciencia, la energía, la
fortaleza, la previsión, la gratitud, la piedad, la beneficencia y el altruismo
son solo algunos ejemplos.
3) Únicamente a través de la reencarnación se le demuestra a la persona la
naturaleza plenamente insatisfactoria de la vida material.
Una encarnación demuestra
simplemente la futilidad de sus propias condiciones para asegurar la felicidad.
Pero para percibir que esto es válido en los diferentes aspectos terrenales, se
requiere probarlos de diferentes maneras. Y con el tiempo, el alma ve que un
ser espiritual no puede nutrirse de alimentos inferiores, y que cualquier
alegría que no sea la unión con lo Divino es solo ilusoria.
4) La subordinación de la naturaleza inferior a la superior es posible
gracias a muchas vidas terrestres.
Se necesitan de varias vidas para
tomar conciencia de que el cuerpo es solo un instrumento y no el componente del
verdadero Ego; y se requiere todavía de más vidas para que el cuerpo y sus
pasiones puedan ser controlados por ese Ego. Y hasta que el espíritu domine por
completo la carne, el hombre no es apto para una existencia puramente
espiritual. Y no hemos conocido a nadie que haya logrado tal victoria en una
sola vida, y por consiguiente estamos seguros de que otras vidas se requieren
para alcanzar esa meta.
5) El significado de la Hermandad Universal se hace evidente solo cuando
el velo del yo y el interés egoísta se van reduciendo.
Y esto se logra solo a través de la
lenta emancipación de las creencias convencionales, de los errores personales y
de las comprensiones que se van adquiriendo por una serie de reencarnaciones. Por
lo que un profundo sentido de solidaridad humana presupone un proceso que se
extiende a lo largo de muchas vidas.
6) El deseo por otras formas de experiencia terrenal solo se puede
extinguir al experimentarlas.
Es obvio que cualquiera de nosotros,
si ahora fuera trasladado al mundo sutil, lamentaría no haber probado la existencia
en otras situaciones o entornos que todavía no había experimentado. Y entonces
el alma desearía haber sabido lo que era poseer riqueza o belleza, o vivir en
una raza o clima diferente, o ver más del mundo y la sociedad.
Por lo que ningún ascenso espiritual
podría realmente progresar, mientras los anhelos terrenales sigan agobiando al
alma. Y el alma precisamente se libera de estos anhelos al experimentarlos e
irlos soltando sucesivamente. Y cuando la ronda de tal conocimiento ha sido
atravesada, el arrepentimiento por no conocerlos ha cesado.
7) Las reencarnaciones dan la posibilidad para la justicia exacta.
Las verdaderas recompensas deben
otorgarse en gran medida en el plano de existencia en el que se generaron, porque
de lo contrario su naturaleza cambia y sus efectos se ven alterados y se
pierden sus incidencias colaterales. Y lo mismo se aplica para el karma
negativo.
Pero una sola vida no es suficiente
para que las cuentas karmicas se salden, y es por eso que se requiere de muchas
vidas más para que cada bien o mal que se hizo pueda ser redistribuido
correctamente.
8) Las reencarnaciones aseguran variedad y abundancia para la disciplina que
todos requerimos.
Una gran parte de esta disciplina pasa
por los sentidos físicos, por las condiciones de la vida física, y por los
procesos psico-fisiológicos. Todo lo cual estaría ausente en un estado post-mortem.
Por lo que un retorno repetido a la Tierra que sirva de entrenamiento es
necesario para el desarrollo de la disciplina.
9) Las reencarnaciones aseguran un avance continuo en las sucesivas razas que
se van formando.
Si cada niño recién nacido fuera una
nueva creación del alma (como preconiza el cristianismo). Entonces no habría
ningún avance humano en general, excepto por la herencia. Pero si ese niño es
la flor de muchas encarnaciones, entonces él expresa un pasado logrado y un
futuro posible. Y la evolución de la vida así se eleva a mayores alturas, cada
ola evolutiva yendo cada vez más alto.
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Estos puntos ilustran la máxima
universal que dice que "la naturaleza no hace nada a pasos
agigantados". Y en este caso, ella va poco a poco introduciendo al ser
humano hacia la vida divina, porque hacerlo rápido sería análogo a transferir
repentinamente a un hombre primitivo en un instituto de metafísicos.
La búsqueda de cualquier tema
implica algún conocimiento preliminar de su naturaleza, objetivos y requisitos;
y cuanto más elevado sea el tema, más laboriosa es la preparación para el
mismo.
Por lo que es lógico e incluso
inevitable que un ser que tiene ante sí una eternidad de progreso a través de diferentes
zonas de conocimiento y experiencia espiritual que lo llevarán hacia la
divinidad, se vaya paulatinamente adaptando a ese desarrollo por medio de una
larga adquisición de las facultades que solo se pueden ir desarrollando a lo
largo de numerosas encarnaciones.
Las diferencias que existen entre el
inicio y el final muestran la incompatibilidad de una transición repentina de
un estado al otro. Y es por eso que un humano, antes de poder convertirse en un
"ser divino", primero debe convertirse en un humano perfecto; y no
puede convertirse en un humano perfecto con solo setenta años de vida en la Tierra.
Y tampoco puede hacerlo en el cielo ni en ningún otro lugar donde las condiciones
humanas se encuentran ausentes.
Y la producción de una naturaleza
pura, rica y etérea a través de un largo curso de influencia espiritualizante
durante el entorno material, se ilustra en la agricultura por la planta de
algodón.
Cuando llega el momento de
expandirse, el tallo culmina en un brote que se abre y libera la bola de
algodón que lleva dentro. Pero esa masa blanca, esponjosa y delicada es el
resultado de años de adhesión al suelo, nutrida por la luz del sol y la lluvia que
han transformado las partículas pesadas en el tejido ligero que compone la
cápsula.
Y de igual manera sucede con el humano
que arraigado durante mucho tiempo en la materia, es continuamente bañado por las
influencias de lo alto, y que a medida que éstas lo impregnan y lo elevan
gradualmente, ese humano va transmutando cada elemento burdo de su materia, en
su equivalente espiritual.
Y de esta manera el proceso
evolutivo va desarrollando, purificando y ennobleciendo al humano, y cuando el
proceso evolutivo se ha completado, se quita la última envoltura que cubre al
alma, que para ese entonces ya se encuentra plenamente perfeccionada, y así el
alma se libera de la materia para continuar su existencia en los planos
superiores.
Por lo que es profundamente cierto
que "excepto que un humano nazca de nuevo no puede ver el reino de
Dios".
Así que el renacimiento y la reencarnación
deben de continuar hasta que se cumplan sus propósitos.
Porque si fuéramos meras víctimas de
una ley evolutiva, átomos de conciencia indefensos sobre los cuales la
maquinaria de la Naturaleza jugaría sin piedad, entonces la perspectiva de una
sucesión de encarnaciones, de las cuales ninguna daría satisfacción, podría conducir
hacia la desesperación.
Pero la Teosofía no nos muestra una
exposición tan triste. Sino que por el contrario nos indica que las
reencarnaciones son la ley para que el humano pueda progresar. Y el humano aunque
no puede detener el ciclo de las reencarnaciones, si pude acelerar su progreso.
Y es a través de ese progreso de vida
en vida, que el humano recorre el camino con pies firmes, reforzado con la
conciencia de que él es uno de una multitud innumerable, y con la certeza de
que él y ellos por igual, si así lo desean, pueden llegar finalmente a esa
esfera donde el nacimiento y la muerte son solo recuerdos del pasado. »
(Ecos del Oriente III,
p.73-77)
Pero es posible evitarla?
ResponderBorrarEl maestro Pastor dice que si existen técnicas, pero entonces dejas de evolucionar y eso inexorablemente te conducirá al final hacia la aniquilación.
BorrarPero es posible evolucionar lo suficiente en una sola vida (teniendo un desarrollo espiritual enorme) para que ya prácticamente no reencarnes más o si reencarnas lo harás en un mundo no físico como este?
BorrarSuena muy tentador el librarse de la materia y todas sus penurias y sufrimientos. Pero hay que entender que así se alcanze un elevado desarrollo espiritual esto no significa que la persona por fin se ha liberado del ciclo de reencarnación por la sencilla razón que estamos aún a mitad del camino de nuestra evolución, porque puedes desarrollarte ahora y asi alcanzar el nivel de un ser humano de la quinta Ronda por ejemplo de digamos de la mitad de esa ronda y cuando mueras aquí no tendrás que reencarnar en lo que queda de esta ronda y hasta mitad más o menos de la quinta ronda pero inevitablemente tendrás que volver a reencarnar y si cuando vuelvas a mitades de la quinta ronda haces los mismos esfuerzos que hiciste anteriormente puede que no tengas que volver hasta digamos mitad de la sexta ronda pero aún así vuelves a reencarnar. Entonces como ves es algo muy relativo y depende mucho del esfuerzo de cada individuo por liberarse de la materia, porque incluso el Mahachohan tendrá que volver a reencarnar en la séptima ronda será algo inevitable aún para él que guía a la logia de los Maestros. El ser humano se ve sólo libre de ese ciclo es al final de la séptima ronda donde habrá alcanzado la cúspide de su desarrollo como humano obviamente. En conclusión liberarse ahora mismos del samsara definitivamente tal y como el hombre se lo imagina es algo imposible. Ahora habrán algunos que dirán y los Maestros y Buda y Jesús a lo que digo que son dos cosas muy diferentes, el desarrollo espiritual no exime al hombre de completar su ciclo planetario de siete rondas, porque son leyes inmutables e inalterables aún para el mismo Buda porque sobre él existen poderes aún más elevados.
BorrarAhora en la parte donde dices: "para que ya prácticamente no reencarnes más o si reencarnas lo harás en un mundo no físico como este" debes de saber que la tierra no será siempre física a medida que transcurran las rondas la substancia que compone al planeta también irá cambiando a medida que la substancia que compone al ser humano también se vaya espiritualizando. El ser humano tiene un cuerpo físico es porque la tierra es física, pero cuando el ser humana sublima su materia la tierra también lo hará, así de estrecha es la relación hombre-substancia-ronda.
J. J. Z
Y como en budismo se menciona que hubo grandes lamas que reencarnaba en el mundo de los devas? Superando incluso a estos últimos yo creo que es posible por qué hay miles de historia dentro de las diferentes escuelas budistas donde lamas o grandes monjes superaban la reencarnacion física y subían a los mundos superiores de hecho el budismo zen o el budismo chino trata sobre eso por eso lo preguntaba
BorrarSon casos muy excepcionales.
BorrarY por qué son excepcionales en si?
BorrarEso que dice usted es cierto, es posible renacer en el mundo de los devas, pero para eso el practicante debe ser capaz de dominar los 8 jhanas, y al momento de morir se debe sumir en uno de los 4 estado sin-forma (arupa). Ese es un camino de gozo pero, se dice que, a su debido tiempo necesariamente se ha de reencarnar.
BorrarPero ya no reencarnar en el mundo físico si no en uno superior, osea es posible ya no tener que volver a este mundo
BorrarSí, es posible. En la tradición se dice que hay un noveno jhana conocido como nirodha samapatti. Este es el estado de completo despertar que se dice alcanzó Buddha, terminando así con el ciclo de renacimientos.
BorrarPero el nidora no es una jhana en si sino una consecuencia de haber dominado los ocho, aún así hay muchas historias que dicen que hubo muchos arhats o lamas que ya no regresaron al mundo físico si no que fueron a mundos superiores dentro de la cosmonogia budista hasta bodhidarma o naropa se cree que fueron uno de ellos
Borrar¿A que clase de mundos (lokas) superiores se refiere?
BorrarA cualquier de los seis reinos del samsara de hecho se cree que grandes lamas o bodhis cuando lograban superar sus adeudos karmicos podían ir a los diferente mundos y quedarse en ellos si así les parecía de hecho incluso en la modernidad gyatso hablo de que existen muchos reinos no presentes en el mundo físico y que los grandes practicante al superar el karma de la vida que llevasen en ese momento podían ir voluntariamente y no volver si no lo querian, cuando le preguntaron que reinos podía ser un ejemplo el hablo de Shamballa pero ese reino no es el único no físico por eso hablo de que no es necesario tener que volver a este mundo
BorrarEntiendo. No le sabría decir entonces.
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