Novedad: pueden descargar todo el blog hasta 2018 (aquí)

EL MOTIVO DE LA REENCARNACIÓN



(Este es el informe que se hizo sobre la conferencia que dio William Judge el 28 de septiembre de 1891 en el Irving Hall de San Francisco, y que posteriormente fue impreso en The New California, Vol. I, noviembre de 1891, p.177-183.)


« La reencarnación es un cambio de estado, y es que sin importar que se trate del dominio de la mente, de los objetos naturales o del progreso humano, la gran ley que rige al universo es el cambio. Todo está cambiando; lo viejo en lo nuevo, el pasado en el presente. Y esta procesión de cambio es evolución, y la reencarnación es la manera como las almas llevan a cabo su evolución.

La doctrina de la reencarnación es que cada humano es un alma inmortal, que como el poeta Walt Whitman en su “Canción de mí mismo” (§49) señala:

-        Aunque siendo inmortal en su esencia "ha muerto innumerables veces antes", porque él viene a la Tierra una y otra vez en nuevos cuerpos, con el propósito de adquirir más experiencia y seguir desarrollándose.

Y eso también lo menciona el Oriente, como el viejo poeta hindú, Vyasa, citando a Kisha, quien escribió:

-      “Yo y tú, oh Arjuna, hemos tenido muchos nacimientos, hemos estado en muchos cuerpos, y estaremos en muchos más."  (Bhagavad-Gita, 4:5)


Ahora bien, aunque la doctrina de la reencarnación se aplica a cada entidad del universo, aquí solo la consideraremos con respecto al hombre mismo. Y si el humano es la gloria suprema, el objetivo y el fin de todo el esfuerzo evolutivo de este planeta, entonces como un razonamiento lógico, su evolución debe implicar una serie de vidas, ya que una sola vida no es suficiente para alcanzar la meta evolutiva.

Entonces la reencarnación aplicada al hombre, significa que no estamos aquí por primera vez, sino que previamente hemos habitado otros cuerpos en este planeta, y según la teoría teosófica, esto es la única forma en que los humanos regresan a la Tierra.

Nosotros no sostenemos, como los grupos espiritistas si lo hacen, que después de morir, el humano regresa como un fantasma para conversar con sus amigos vivos. Existen algunos casos muy raros, pero la mayoría de los “espíritus” que aparecen en las sesiones espiritistas, en realidad son entidades astrales que se hacen pasar por humanos fallecidos, y lo que la teosofía afirma es que las personas solo regresan de nuevo a la Tierra cuando vuelven a reencarnan.

Y la reencarnación no es una doctrina nueva ni extraña, sino que es tan antigua que se encuentra en los más remotos registros de la civilización. Por ejemplo, los antiguos egipcios creían en ella y la enseñaban. Los judíos creyeron en ella. Los caldeos sin duda la creían, porque su filosofía es similar a la de los egipcios. Y los hindúes siempre la han creído, y hoy todavía lo siguen enseñando.

Y todo razonamiento lógico nos lleva hacia la reencarnación, ya que:


¿Es suficiente una sola vida para alcanzar cualquiera de los propósitos que se requieren para el perfeccionamiento del hombre en su naturaleza, su carácter y sus poderes?


La respuesta clara es no, y esto se debe porque los aspectos del desarrollo son tan innumerables, que uno se desmaya ante la idea de considerar que es posible adquirir todo eso en una sola vida.

¿Qué es una vida?

Según el esquema estándar, son 60 a 70 años de existencia terrenal, pero una persona pasa mucho tiempo en la infancia antes de que entienda cómo usar sus propios sentidos para que pueda adquirir conocimiento. Y un tercio de la existencia se gasta en el sueño, y la mayor parte de la porción de vigilia se desperdicia en la lucha por la vida cotidiana. Entonces,

¿Cuánto tiempo queda para desarrollarse cuando la mayor parte del tiempo se la pasa uno trabajando, comiendo, divirtiéndose y durmiendo?

Muy poco.


Pero si consideramos que si el objetivo descender a la Tierra es para que el ser humano pueda desarrollar su naturaleza al más alto nivel, y que para hacerlo no solo tiene que adquirir conocimientos en todos los aspectos, sino que también tiene que adquirir experiencia, porque se puede adquirir conocimiento encerrado en un cuarto, pero aún así no tener experiencia. Y es bien sabido que necesitamos tener contacto personal en las diferentes relaciones de la vida para desarrollar nuestro carácter.

Y para ilustrar esto, se cuenta una historia en la India sobre el gran sabio Sankaracharya que se refiere a este asunto.

Sankaracharya fue un hombre que fue celebrado toda su vida por ser alguien que poseía el más alto aprendizaje y que había estudiado y experimentado casi todo; y cuando él murió, la Diosa del Amor se le acercó y le pregunto:

-      "Sankaracharya, ¿cuál es la naturaleza del amor?"


Y Sankaracharya se vio obligado a responder: "No lo sé", y para adquirir experiencia en cuanto a la verdadera naturaleza del amor, él tuvo nuevamente (según cuenta la historia) que volver a reencarnar para poder responder a la pregunta que le había hecho la diosa. De modo que incluso él, con toda su sabiduría y toda su experiencia, tuvo que reencarnar una vez más para obtener una experiencia real sobre aquello que todavía desconocía.

Y en vista de esto, de la gran cantidad de experiencia, conocimientos y desarrollo que se requiere para perfeccionar al ser humano.


¿Cuánto se puede lograr en una vida?

¿Qué posibilidades tiene el humano de ganar algo más que una pequeña porción de todo eso en esta vida?


Es evidente que no hay posibilidad de obtener todo eso para que un alma pueda desarrollarse al más alto nivel posible, con una sola vida. Además que también se debe de formar su carácter, y raramente las características esenciales de un humano cambian desde el nacimiento hasta la muerte.

Nada cambia en una vida corta, excepto en respuesta a la cantidad de experiencia obtenida y esto por lo usual es demasiado pequeño en una sola vida para incluso formar el carácter. Entonces,

¿Cuándo tendremos la oportunidad de mejorar o evolucionar, si solo hay una vida y una muerte?


La respuesta es: Nunca


Pero Dios diseñó al humano para que adquiera un carácter y se desarrolle en todos los aspectos de la vida, y para que pueda adquirir el conocimiento de todo lo que lo rodea. Y si es imposible que la humanidad, en su conjunto, se pueda elevar a lo más alto, en pureza, sabiduría, compasión y todas las otras características divinas, con solo una vida. Entonces solo queda lograrlo con varias vidas.


Además, partir del mundo sin volver a regresar a la Tierra plantea dentro de nosotros ideas sobre el hecho de que existen verdades más grandes y grandiosas que cualquiera de las que hayamos encontrado hasta ahora.

Y esta toma de conciencia de que solo tenemos un desarrollo parcial de nuestras facultades nos llena de inquietud, y el conocimiento de que la vida deja sin usar ciertas facultades que podrían llenarnos de gratificación, o en cualquier caso con una mayor experiencia y sabiduría, nos persigue.

Y por otra parte, el fracaso y la decepción están en todas partes; tanto los ricos como los pobres lo sienten rechinar en sus corazones. Muchos no están contentos porque sus proyectos no tienen éxito, y la mayoría de los humanos se sienten miserables simplemente porque no saben qué hacer y no están satisfechos con su ociosidad.

Y por otro lado, están aquellos que están descontentos con su suerte y la injusticia que los rodea.

Y ante todo esto, debemos hacernos la pregunta:

¿Hay alguna solución para esta situación y otros problemas similares?


Y la respuesta es que si la hay y es la reencarnación.



Ahora bien, existen otras tres  hipótesis por las cuales los hombres han tratado de superar estas dificultades.

1) La primera es que todos los humanos son eliminados por el simple hecho de fallecer, y la muerte debe ser aceptada como el fin de la vida, según los materialistas. Pero si el hombre es inmortal como lo preconiza la sabiduría mística, la simple muerte no es la solución.

2) Y también tenemos el otro extremo preconizado por las religiones, en donde tenemos que imaginar un cambio maravilloso después de la muerte para la mayoría de los humanos. Pero no hay nada en toda nuestra experiencia que garantice esa conclusión.

Además, si fuera cierto que el mero hecho de morir y ser trasladado a otro lugar, nos pondrá en la misma situación a todos aquellos que fueron buenas personas, entonces todas las almas tendrían que ser iguales. Y a veces realmente me ha parecido que la idea de ir al cielo donde me voy a pasar la eternidad cantando canciones que no me gustaban, y ver a personas a las que no les gustaba cuando estaba vivo, no será de todo el “paraíso”.

Y ese cambio después de la muerte es demasiado repentino, demasiado contrario a todos los métodos de la naturaleza, la cual muestra que sus procesos son graduales.

3) Y la tercera hipótesis apunta a eliminar las dificultades mediante una disciplina espiritual que se efectuaría después de la muerte. Pero esto es muy poco probable porque si los humanos descienden a la Tierra para justamente experimentar (ya que en los planos espirituales no pueden hacerlo) para así desarrollar sus facultades.

Y si a pesar de la experimentación terrenal, numerosas facultades no se pudieron desarrollar en absoluto durante la vida terrestre. Entonces menos se van a poder desarrollar en el plano espiritual.


Por lo tanto, la única hipótesis viable (y ésta supera todas las dificultades que les he mencionado antes) es la reencarnación, la cual nos va a ir llevando paulatinamente hasta el más alto grado posible que podamos alcanzar en la escala evolutiva.

Y además, la reencarnación también asegura el avance de las razas, ya que ninguna evolución puede ser posible sin ello.

Por ejemplo, la existencia todavía en la actualidad de salvajes, incluso en América, en Borneo y en otros lugares del mundo, solo se puede explicar por la reencarnación de las almas que todavía se encuentran en ese grado de evolución.

Así como por el hecho adicional de que estas tribus están rápidamente desapareciendo. Por ejemplo, en las Islas Sandwich, los antiguos salvajes de allí, ahora están estrechamente conectados con nosotros por medio del comercio, y su número está rápidamente disminuyendo. Los antropólogos dicen que es a causa de la civilización.

Y es muy cierto que los misioneros que van allí, y luego los comerciante que los sigue, a menudo producen ese efecto, pero eso no se debe únicamente a ello, sino que también se debe porque las almas en esos cuerpos están llegando al límite de la experiencia que ese ambiente les podía ofrecer, y cuando se alcanza ese límite, no se producen más cuerpos en un número suficiente para mantener a esa raza.

Pero además, no postular la reencarnación es sancionar la mayor injusticia, porque, si la reencarnación no es una ley de la naturaleza, entonces estos salvajes son tratados injustamente, ya que:

¿De qué les sirve habitar esos cuerpos del mundo pasado?

¿Por qué están condenados a esa vida primitiva?


La reencarnación restaura la justicia para la existencia humana en esto, y en todas las demás circunstancias que rodean a la existencia, y le permite al hombre creer que el Universo está gobernado por la ley en cada uno de sus detalles y en cada aspecto de la Creación.

Y la reencarnación también proporciona justicia exacta para cada individuo en cada civilización por igual, ya que cada persona pone en marcha en su última vida, las causas que provocarán lo que ella ahora está experimentando, y por lo tanto, ella está sufriendo el castigo o la recompensa que ella misma se generó.


Y algunos de ustedes me podrán decir:

“Yo no soy esa persona que vivió en esa vida anterior."

Pero decir eso es no haber comprendido la doctrina de la reencarnación, porque aunque se trate de otro cuerpo, es la misma alma la que habitó ese cuerpo y la que está actualmente habitando el cuerpo que ustedes tienen.


_ _ _


Ahora bien, existen algunas objeciones que se plantean contra la teoría de la reencarnación, y que pueden reducirse en las siguientes cuatro:

1) La primera objeción es: "no recuerdo mis vidas anteriores, y por lo tanto, es injusto que sufra o disfrute lo que no recuerdo haber hecho". Pero eso no es válido porque ustedes tampoco recuerdan la mitad de esta vida.

¿Quién de ustedes puede traer a su memoria todos los detalles de su infancia?

Casi nadie, la mayoría solo puede recordar algunos detalles. La mayoría solo se acuerda de los más importantes y el resto se desvanece de la mente.

Y si el argumento de que nunca has vivido antes es porque no lo recuerdas, entonces nunca has vivido esos años de tu infancia ya que tampoco los recuerdas, lo que ilustra lo absurdo de esa proposición.


2) La segunda objeción se encuentra contenida en la primera y es "que es injusto" sufrir por algo que uno no se acuerda, pero esto ya lo he explicado. La teoría de que un hombre debe recordar un crimen que ha cometido, o el bien algo que él ha efectuado, para ser castigado o recompensado, no es requerido.

Por ejemplo, te vas a dormir por la noche olvidando que la ventana está abierta y te resfrías fuertemente mientras que duermes. Ahí cosechas las consecuencias sin que estés consciente de ello. Otro ejemplo, tomas sin saberlo alguna sustancia toxica. Pues bien, el hecho de que no sepas que era venenosa no te permitirá escapar de las consecuencias.

Y también conozco un caso en el que una enfermera dejó caer a un niño en su infancia, lo que provocó que ese niño desarrollara una enfermedad que a menudo arruinó su vida. Y aunque el niño no recordaba nada, las consecuencias aún así cayeron sobre él.

¿Es injusto porque no lo recuerda?

Si no hay reencarnación, si sería injusto, porque esa alma no podría en su siguiente vida ser recompensada (si ese accidente no fue su culpa), y si esa alma tenía un adeudo kármico, eso justificaría ese accidente.


3)  La tercera objeción es que la reencarnación es contraria a la herencia, es decir, que la herencia explica estas cosas, y según algunos individuos, la herencia lo explicaría todo. Pero los mejores investigadores comienzan a asegurar lo contrario.

Por ejemplo, la herencia no explica las diferencias de carácter. Y es que desde su juventud, cada niño de una misma familia exhibe un carácter propio. Por ejemplo, un niño muestra un profundo egoísmo y una propensión a aferrarse, mientras que su hermano muestra un carácter completamente opuesto; y esto a pesar que ambos son hijos de la misma madre y el mismo padre.


4) Y la última objeción tiene que ver con el aspecto más emocional y no tiene fuerza alguna, excepto en el mundo que está gobernado en gran medida por el sentimentalismo.

La gente suele decir:

-      "No me gusta la reencarnación, porque no deseo pensar en la idea de que no volveré a ver a mi pareja, a mis hijos y a mis amigos."

Pero el mero hecho de decir "No me gusta" no es un argumento. Y tomemos por ejemplo el caso de una madre con la que conversé la otra noche cuando viajábamos en un tren y que me dijo: "No me gusta la idea, porque yo deseo ver a mi hijo otra vez".

¿Pero a qué hijo desea ver?

¿El hijo que ella conoció cuando recién nació y era un bebé, o el mismo hijo pero que ya se convirtió en un hombre? Y si se convirtió en un personaje abyecto, ¿es ese el individuo que ella quiere ver?

Todos estos son solamente las diferentes formas de la envoltura externa, la cual continuamente está cambiando, pero el alma humana no está sujeta a esos cambios, ella simplemente está evolucionando a través de diferentes cuerpos.



Y los cristianos descubrirán que la Biblia confirma esta doctrina de la reencarnación, por ejemplo se encuentra en Mateo en varios lugares. Y el cristianismo sin reencarnación es un esquema injusto, y aunque actualmente se lo ha ocultado, los primeros Padres Cristianos, así como los sabios de la Edad Media, y poetas y escritores de todo tipo y condiciones cristianos han creído en esta doctrina.

Los teósofos aceptan la reencarnación porque pone al hombre sobre sus pies, le da la oportunidad de redimirse y le brinda la capacidad de vivir una vida mejor en mejores condiciones, en nuevos lugares y tiempos.

Y con la reencarnación, el humano puede progresivamente elevarse hacia la divinidad, que es la intención de la Creación, porque con la reencarnación el humano adquiere experiencia de todo tipo y en todas las variedades. Y de esta manera el humano es capaz de transmutar y purificar su naturaleza inferior. Él es, de hecho, un peregrino que se abre camino hasta el punto más alto posible»
(Ecos de Oriente III, p.178-184)











¿QUÉ DETERMINA EL SEXO CON EL QUE NACEN LAS PERSONAS? (respuesta de William Judge)




Cuando le preguntaron a William Judge:

El Ego pasa por una serie de encarnaciones, en algunas de las cuales puede nacer en el cuerpo de un hombre y en otras en el cuerpo de una mujer.  ¿Es el sexo con el que se nace elegido conscientemente por el Ego, o depende del Karma engendrado en una vida anterior?


William Judge respondió:


« En el caso de que la característica masculina sea muy predominante, lo más probablemente es que el Ego volverá a reencarnar en un cuerpo masculino, y el caso de que la característica femenina sea muy predominante, lo más probablemente es que el Ego volverá a reencarnar en un cuerpo femenino. Y si el Ego no tiene una característica predominante, probablemente reencarnará en un cuerpo con el otro sexo.

Pero toda la pregunta es respondida por esa doctrina del Visishtadvaitismo que dice que "el buen karma es lo que agrada a isvara (al ego) y el mal karma es lo que le desagrada"»
(Ecos del Oriente II, p.249)




Y posteriormente cuando le preguntaron:

¿Hay alguna declaración en los escritos de Madame Blavatsky o de algún otro instructor que sepa sobre este tema, de si el Ego encarna alternativamente en los diferentes sexos, o si nada más encarna en un tipo de género, o sea que los hombres siempre reencarnan como hombres y las mujeres siempre reencarnan como mujeres?


William Judge contestó:


« No recuerdo haber leído en ninguna parte de los escritos de Madame Blavatsky, alguna declaración sobre este tema, ni tampoco en las observaciones escritas por diversos Adeptos.

Lo que si he leído en la enseñanza teosófica es que en este momento de nuestra evolución, los egos han pasado por todo tipo de experiencias y en ambos sexos, lo cual descarta la segunda suposición, pero no respalda la primera suposición que asevera de que el género con el que nacen los egos se alterna, aunque tampoco la refuta.


Esta pregunta, al parecer, les interesa a muchos a las personas, pero yo debo confesar que siento una total falta de interés acerca de ese asunto, y si en mi próxima vida naceré en un cuerpo femenino o en un cuerpo masculino, eso me es profundamente indiferente.

Es evidente que a nivel del desarrollo iniciático, al Ego que vivió en el cuerpo masculino conocido como Sankaracharya le fue muy bien. Pero también a otro Ego que vivió en un cuerpo femenino conocido como Helena Blavatsky, también le fue muy bien, y se dice que una mujer Maji, en la India, también es una gran yogui.

Por lo tanto, esto indica que el género no importa en el desarrollo espiritual.


Entonces, como soy perfectamente indiferente a este asunto, puedo asegurar que mis comentarios no están coloreados por algún partidismo, lo que en cambio si tiene muy sesgados a algunos individuos.

Y mi opinión es que no pienso que la teoría de la alternancia sea verídica, debido a que la encuentro demasiada cortada e impregnada de esa visión que se tiene a fuerza que pasar alternativamente por los dos géneros para poder evolucionar.

Además, esa directiva parece violar las conclusiones naturales que se extraen de la vida y el carácter humano, y que deberían ser nuestra principal guía en estos asuntos.

Ahora bien, si consideramos a un Dios antropomórfico que hubiera creado una ley en donde cada Ego debería tener una forma masculina y luego otra forma femenina para vivir, sin importar cómo las leyes de tendencia de atracción y repulsión funcionan en otras direcciones, entonces podría haber alguna probabilidad de aceptar la posición de la alternancia regular del sexo entre cada reencarnación.

Pero sabemos que un Dios antropomórfico no existe, y que el karma generado en las vidas anteriores es el que verdaderamente determina dónde, cómo y cuándo volveremos a nacer.

Y en este asunto de debate, una de las ramificaciones de la ley del karma que más relevancia tiene en este aspecto, es la tendencia. En otras palabras, la tendencia establecida en una vida anterior determinará la tendencia hacia la vida siguiente: hacia la familia en la que uno nacerá en la próxima reencarnación, hacia las características que uno tendrá en esa nueva reencarnación, y por consiguiente probablemente también hacia el sexo que uno tendrá en esa nueva vida.

Y también debemos considerar la cuestión de que los hombres y las mujeres difieren en algunas de sus características, y no solo estoy hablando en su apariencia y función reproductiva, sino también del carácter masculino o femenino que predomina en su interior.

Por ejemplo, en las enseñanzas antiguas y cabalistas se menciona que el pensamiento femenino tiende más hacia lo concreto, mientras que el pensamiento masculino tiende más hacia lo abstracto. Y sin importar que ustedes admitan o nieguen esta afirmación, aún así sigue siendo cierto que el carácter esencialmente femenino es diferente del carácter esencialmente masculino.

Y estas diferencias que existen entre los hombres y las mujeres no fueron inventadas para denigrar a algunos de ellos, sino porque forman parte de las polaridades. Y no importa a dónde ustedes vayan, o cuán civilizados o bárbaros, modernos o antiguos, sean los pueblos; sus hombres y mujeres siempre muestran las mismas diferencias y características.

Y la existencia de excepciones en ambos sexos no contradice esta constatación, sino que la complementa, porque reconocemos tan fácilmente a una mujer que tiene un carácter muy masculino, como a un hombre que tiene un carácter muy femenino.

Por lo tanto, si descubrimos cuál es la característica distintiva esencial que nos compone en esta vida, entonces quizás podamos llegar a una conclusión probable de qué sexo tendremos en nuestra próxima reencarnación. Aunque, como lo señalé anteriormente, considero que es una especulación muy poco interesante e inútil en cualquier caso.


Entonces, si por ejemplo, un Ego ha evolucionado con una tendencia marcadamente femenina, aquí yo pregunto:

¿Va esa tendencia a agotarse tan rápidamente en una sola vida para permitir que en su siguiente reencarnación ese Ego ya nazca con el sexo masculino?


Yo pienso que no.


Y podría ser que un Ego, por ejemplo, en su vida anterior haya nacido como hombre, y que en su siguiente vida vaya a nacer como mujer. Pero eso significaría que ya había establecido una tendencia, o al menos una aceptación, hacia el carácter femenino y la esencia de la mujer.

_ _ _


Y es por todo esto que considero que no deben de haber tales reglas fijas y férreas de que a fuerza debe de existir una alternancia sistemática, porque la naturaleza no funciona de esa manera.

Y es por ello que yo concluyo que el Ego tenderá más a continuar como mujer u como hombre, mientras que esa tendencia profunda en su naturaleza se mantenga. Así que para mi humilde juicio, la teoría de la alternancia sistemática carece totalmente de fundamentos»
(Ecos del Oriente II, p.298-299)







OBSERVACIÓN

Es interesante constatar que aunque William Judge no conocía la respuesta, su reflexión se encuentra en acorde con la respuesta que posteriormente dio el maestro Kuthumi, ya que cuando el señor Sinnett le preguntó sobre este tema, el maestro le contestó.

« Usualmente es una obra del azar, guiada sin embargo por el karma individual, por las aptitudes morales, y por las características y acciones de su nacimiento anterior»
(CM 17, p.117)









LA REENCARNACIÓN ES UNA NECESIDAD




Este artículo fue escrito por William Quan Judge y aquí él hace un listado de las razones por las que las almas necesitan estar cíclicamente reencarnando en el mundo físico para poder evolucionar.

« Para la mayoría de las personas que aún no están familiarizadas con las enseñanzas orientales, ninguna doctrina parece más singular que la de la reencarnación, la cual enseña que cada humano nace repetidas veces en la Tierra.

Y esta sensación de extrañeza se debe porque la creencia habitual en Occidente es que estamos aquí en esta Tierra solo una vez, y de esa única vez, nosotros determinamos nuestro destino para toda la eternidad en el más allá, ya sea hacia el cielo o hacia el infierno.

Sin embargo está muy claro que una vida, incluso si ésta es prolongada, no es suficiente para adquirir el conocimiento que requerimos, para adquirir la experiencia que no es necesaria, para formar la individualidad y para fortificar los principios que nos harán seres más evolutivos.

Y cualquier humano puede tomar conciencia de esto al estimar, por un lado el futuro probable que la Naturaleza contempla para la humanidad; y por el otro lado, su preparación actual para ello.

Y ese futuro incluye evidentemente dos cosas: una elevación gradual del humano hacia la divinidad, y su aprehensión progresiva del Universo.

Pero tristemente su preparación actual para ello consiste solamente en un conocimiento muy imperfecto de un aspecto muy pequeño de una forma de existencia. Y que principalmente se obtiene mediante:

-      el uso parcial de los sentidos;
-      de una sospecha, más que de una creencia, de que la esfera de la verdad súper sensorial puede exceder el mundo físico;
-      y de un conjunto de facultades morales y espirituales parcialmente desarrolladas, pero todavía empequeñecidas por los prejuicios y la ignorancia.

Además, todo este esfuerzo está limitado por sus intereses personales y es afectado en su empeño por las necesidades que se encuentran siempre presentes de alimentar y mantener al cuerpo físico.


Y es por eso que yo les pregunto:

¿Un ser tan sesgado, carnal y estrecho, como lo es en estos momentos el hombre en la actualidad, ya está apto para entrar después de morir en el camino ilimitado del desarrollo espiritual?


La respuesta evidente es que no.


Y solo hay tres formas de superar esta obvia incapacidad:

-      un poder transformador durante la muerte,
-      una disciplina post-mortem que sea profundamente espiritual,
-      y una serie de reencarnaciones.

Ya que evidentemente, no hay nada en la mera separación del alma del cuerpo físico para conferir sabiduría, ennoblecer el carácter, y cancelar las disposiciones negativas adquiridas a través de la carnalidad. Y si tal poder residiera en la muerte, todas las almas, al ser incorpóreas, serían precisamente iguales, lo cual es un absurdo palpable.


Y tampoco únicamente una disciplina post-mortem podría satisfacer esta exigencia, y esto por nueve razones:

1.   El conocimiento de la vida humana por parte del alma quedaría muy insignificante.
2.   De las diversas facultades que solo se pueden desarrollan durante la encarnación, algunas solamente seguirían latentes al morir, y por lo tanto nunca evolucionarían en toda su plenitud.
3.   El aspecto insatisfactorio de la vida material no se habría demostrado completamente.
4.   No habría habido una conquista total del espíritu sobre la materia.
5.   El significado de la Hermandad Universal habría sido visto de una forma muy incompleta.
6.   El deseo de más experiencias terrenales bajo diferentes condiciones pondría constantemente en jaque el proceso disciplinario.
7.   La justicia exacta no podría ser asegurada.
8.   La disciplina misma sería insuficientemente variada y abundante.
9.   No habría avance en las sucesivas razas que se van formando en el planeta.


Por lo tanto, si no se puede plenamente desarrollar al humano manteniéndolo solamente en el plano espiritual, y si una sola vida en el plano físico es insuficiente. Entonces solo queda como alternativa: una serie de reencarnaciones.

En otras palabras, que el principio duradero que compone al humano dotado con lo que ya desarrolló anteriormente, volverá a la Tierra para adquirir una mayor experiencia y desarrollo.

Y si estas nueve necesidades no satisfechas por una existencia meramente espiritual después de la muerte, en cambio si se satisfacen mediante la reencarnación, seguramente existirá una fuerte presunción que lo demuestre.

Y resulta que:

1) Solo a través de las reencarnaciones puede hacerse exhaustivo el conocimiento de la vida humana.

Ya que un humano perfeccionado debe haber experimentado todo tipo de relaciones y deberes terrenales; todos los tipos de deseo, afecto y pasión; toda forma de tentación y toda variedad de conflictos. Para adquirir ese nivel de conocimiento. Y ninguna vida por si sola puede proporcionar todo este material de aprendizaje.


2) Las reencarnaciones dan oportunidades para el crecimiento de todas esas facultades que solo se pueden desarrollar en la Tierra.

Independientemente de cualquier pregunta planteada por la doctrina oculta, podemos ver fácilmente que algunas de las adquisiciones que poseen las almas más desarrolladas, se producen solo por el contacto con las relaciones humanas y por el sufrimiento de los males humanos. De estos, la simpatía, la tolerancia, la paciencia, la energía, la fortaleza, la previsión, la gratitud, la piedad, la beneficencia y el altruismo son solo algunos ejemplos.


3) Únicamente a través de la reencarnación se le demuestra a la persona la naturaleza plenamente insatisfactoria de la vida material.

Una encarnación demuestra simplemente la futilidad de sus propias condiciones para asegurar la felicidad. Pero para percibir que esto es válido en los diferentes aspectos terrenales, se requiere probarlos de diferentes maneras. Y con el tiempo, el alma ve que un ser espiritual no puede nutrirse de alimentos inferiores, y que cualquier alegría que no sea la unión con lo Divino es solo ilusoria.


4) La subordinación de la naturaleza inferior a la superior es posible gracias a muchas vidas terrestres.

Se necesitan de varias vidas para tomar conciencia de que el cuerpo es solo un instrumento y no el componente del verdadero Ego; y se requiere todavía de más vidas para que el cuerpo y sus pasiones puedan ser controlados por ese Ego. Y hasta que el espíritu domine por completo la carne, el hombre no es apto para una existencia puramente espiritual. Y no hemos conocido a nadie que haya logrado tal victoria en una sola vida, y por consiguiente estamos seguros de que otras vidas se requieren para alcanzar esa meta.


5) El significado de la Hermandad Universal se hace evidente solo cuando el velo del yo y el interés egoísta se van reduciendo.

Y esto se logra solo a través de la lenta emancipación de las creencias convencionales, de los errores personales y de las comprensiones que se van adquiriendo por una serie de reencarnaciones. Por lo que un profundo sentido de solidaridad humana presupone un proceso que se extiende a lo largo de muchas vidas.


6) El deseo por otras formas de experiencia terrenal solo se puede extinguir al experimentarlas.

Es obvio que cualquiera de nosotros, si ahora fuera trasladado al mundo sutil, lamentaría no haber probado la existencia en otras situaciones o entornos que todavía no había experimentado. Y entonces el alma desearía haber sabido lo que era poseer riqueza o belleza, o vivir en una raza o clima diferente, o ver más del mundo y la sociedad.

Por lo que ningún ascenso espiritual podría realmente progresar, mientras los anhelos terrenales sigan agobiando al alma. Y el alma precisamente se libera de estos anhelos al experimentarlos e irlos soltando sucesivamente. Y cuando la ronda de tal conocimiento ha sido atravesada, el arrepentimiento por no conocerlos ha cesado.


7) Las reencarnaciones dan la posibilidad para la justicia exacta.

Las verdaderas recompensas deben otorgarse en gran medida en el plano de existencia en el que se generaron, porque de lo contrario su naturaleza cambia y sus efectos se ven alterados y se pierden sus incidencias colaterales. Y lo mismo se aplica para el karma negativo.

Pero una sola vida no es suficiente para que las cuentas karmicas se salden, y es por eso que se requiere de muchas vidas más para que cada bien o mal que se hizo pueda ser redistribuido correctamente.


8) Las reencarnaciones aseguran variedad y abundancia para la disciplina que todos requerimos.

Una gran parte de esta disciplina pasa por los sentidos físicos, por las condiciones de la vida física, y por los procesos psico-fisiológicos. Todo lo cual estaría ausente en un estado post-mortem. Por lo que un retorno repetido a la Tierra que sirva de entrenamiento es necesario para el desarrollo de la disciplina.


9) Las reencarnaciones aseguran un avance continuo en las sucesivas razas que se van formando.

Si cada niño recién nacido fuera una nueva creación del alma (como preconiza el cristianismo). Entonces no habría ningún avance humano en general, excepto por la herencia. Pero si ese niño es la flor de muchas encarnaciones, entonces él expresa un pasado logrado y un futuro posible. Y la evolución de la vida así se eleva a mayores alturas, cada ola evolutiva yendo cada vez más alto.


~ * ~

Estos puntos ilustran la máxima universal que dice que "la naturaleza no hace nada a pasos agigantados". Y en este caso, ella va poco a poco introduciendo al ser humano hacia la vida divina, porque hacerlo rápido sería análogo a transferir repentinamente a un hombre primitivo en un instituto de metafísicos.

La búsqueda de cualquier tema implica algún conocimiento preliminar de su naturaleza, objetivos y requisitos; y cuanto más elevado sea el tema, más laboriosa es la preparación para el mismo.

Por lo que es lógico e incluso inevitable que un ser que tiene ante sí una eternidad de progreso a través de diferentes zonas de conocimiento y experiencia espiritual que lo llevarán hacia la divinidad, se vaya paulatinamente adaptando a ese desarrollo por medio de una larga adquisición de las facultades que solo se pueden ir desarrollando a lo largo de numerosas encarnaciones.

Las diferencias que existen entre el inicio y el final muestran la incompatibilidad de una transición repentina de un estado al otro. Y es por eso que un humano, antes de poder convertirse en un "ser divino", primero debe convertirse en un humano perfecto; y no puede convertirse en un humano perfecto con solo setenta años de vida en la Tierra. Y tampoco puede hacerlo en el cielo ni en ningún otro lugar donde las condiciones humanas se encuentran ausentes.



Y la producción de una naturaleza pura, rica y etérea a través de un largo curso de influencia espiritualizante durante el entorno material, se ilustra en la agricultura por la planta de algodón.

Cuando llega el momento de expandirse, el tallo culmina en un brote que se abre y libera la bola de algodón que lleva dentro. Pero esa masa blanca, esponjosa y delicada es el resultado de años de adhesión al suelo, nutrida por la luz del sol y la lluvia que han transformado las partículas pesadas en el tejido ligero que compone la cápsula.

Y de igual manera sucede con el humano que arraigado durante mucho tiempo en la materia, es continuamente bañado por las influencias de lo alto, y que a medida que éstas lo impregnan y lo elevan gradualmente, ese humano va transmutando cada elemento burdo de su materia, en su equivalente espiritual.

Y de esta manera el proceso evolutivo va desarrollando, purificando y ennobleciendo al humano, y cuando el proceso evolutivo se ha completado, se quita la última envoltura que cubre al alma, que para ese entonces ya se encuentra plenamente perfeccionada, y así el alma se libera de la materia para continuar su existencia en los planos superiores.


Por lo que es profundamente cierto que "excepto que un humano nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios".

Así que el renacimiento y la reencarnación deben de continuar hasta que se cumplan sus propósitos.

Porque si fuéramos meras víctimas de una ley evolutiva, átomos de conciencia indefensos sobre los cuales la maquinaria de la Naturaleza jugaría sin piedad, entonces la perspectiva de una sucesión de encarnaciones, de las cuales ninguna daría satisfacción, podría conducir hacia la desesperación.

Pero la Teosofía no nos muestra una exposición tan triste. Sino que por el contrario nos indica que las reencarnaciones son la ley para que el humano pueda progresar. Y el humano aunque no puede detener el ciclo de las reencarnaciones, si pude acelerar su progreso.

Y es a través de ese progreso de vida en vida, que el humano recorre el camino con pies firmes, reforzado con la conciencia de que él es uno de una multitud innumerable, y con la certeza de que él y ellos por igual, si así lo desean, pueden llegar finalmente a esa esfera donde el nacimiento y la muerte son solo recuerdos del pasado. »
(Ecos del Oriente III, p.73-77)











LOS FENÓMENOS QUE BLAVATSKY PRODUJO EN SIMLA




Cuando Blavatsky y el coronel Olcott pasaron seis semanas en la ciudad de Simla (de inicios de septiembre a mediados de octubre de 1880) habiendo sido invitados por el señor y la señora Sinnett, quienes residían ahí durante el verano, Blavatsky efectuó numerosos fenómenos.

En los primeros días fueron fenómenos pequeños:

-      ella produjo golpes sonoros sin efectuarlos físicamente,
-      y también produjo sonidos de campanillas,
-      e hizo desaparecer y materializar varias notas y cartas.

Luego ella produjo un fenómeno más relevante:

-      duplicó un pañuelo con el nombre del señor Sinnett en letras bordadas.

Pero fue el domingo 3 de octubre que ella efectuó (con la ayuda del maestro Kuthumi) una serie de fenómenos muy impresionantes, de los cuales se hablaron extensamente en esa época en la India:

-      duplicó una antigua taza de té con su plato.
-      materializó un diploma de la Sociedad Teosófica y una carta de bienvenida con la letra del coronel Olcott (aunque éste no la había escrito).
-      materializó agua dentro de una botella.
-      materializó un antiguo broche que la señora Hume había perdido.

Y el coronel Olcott quedó tan impresionado por los fenómenos que Blavatsky produjo ese día, que al día siguiente le escribió una carta a Damodar relatando esos acontecimientos, y un resumen de esa carta posteriormente se publicó en la revista The Theosophist, y a continuación se las transcribo:



«

LA HISTORIA TEMPRANA DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA

CON ANOTACIONES DE C. JINARAJADASA

(Continuado del vol. XL VI, núm. 12, pág. 752)

XVIII

EL FENÓMENO DE LA TAZA Y EL PLATO


Uno de los objetos más llamativos que se encuentra guardado en el "gabinete conmemorativo de H.P.B.", en Adyar, siempre ha sido la famosa taza y su platillo que fueron materializados en Simla y relatados por el Sr. Sinnett en su libro “El Mundo Oculto”, y a continuación reproduzco fotos de esos objetos tomadas especialmente para la revista The Theosophist.


Evidentemente no es una taza ordinaria, sino una taza de fabricación especial con su tapa. Su patrón es azul turquesa (no verde como dice el Coronel Olcott) con flor de lis estampada en oro. La altura de la taza con todo y la tapa y el platillo es de 6.5 pulgadas, y el diámetro del platillo es de 6.875 pulgadas. Las anotaciones de la taza y el plato están inscritos en letras rojas y dicen: “París. Ernie Fils y Patoneille, Rue Paradis 20. Exposition Universelle 1878. Médaille d'Argent”.

(La inscripción está en francés e indica el nombre y la dirección de quien fabricó esa vajilla y precisa que ganaron la medalla de plata en la exposición universal de 1878, o sea que se trata de una colección especial.

Y abajo les pongo una foto que he encontrado a color de la taza y su platillo, y detrás aparece el gabinete conmemorativo de Blavatsky con varios de los objetos que ella materializó.)




La descripción del fenómeno que a continuación les publico, la he copiado de un folleto de cuatro páginas que Damodar imprimió e hizo circular en la Sociedad Teosófica, y que posteriormente el coronel Olcott pegó en su diario de 1880, en la entrada de la página del 3 de octubre. Y esta descripción es un resumen de lo que él le escribió con mayor extensión.

Por lo tanto a continuación se presentan los extractos de una carta privada del Coronel Olcott para Damodar K. Mavalankar, Secretario asistente corresponsal, fechada del 4 de octubre de 1880, en Simla.

C. Jinarajadasa.



~ * ~


(Impreso para circulación privada para informar y alentar a nuestros compañeros teósofos, quienes estarán encantados de saber la profunda impresión que se ha creado en los círculos oficiales por la visita actual de Madame Blavatsky y el Coronel Olcott en Simla.

El abajo firmante también felicita a sus hermanos miembros por el hecho de que el Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de la India, bajo la fecha del 2 de octubre, dirigió una carta muy amigable al Presidente Olcott, asegurándole que el trabajo de la Sociedad Teosófica puede proceder en la India sin la interferencia mínima de las autoridades, ya que su organización no se entromete en la política ni en la India ni en ningún otro lugar. Por lo que en general, las perspectivas de nuestra Sociedad nunca fueron más brillantes que en la actualidad. – D.K.M.)

_ _ _


Gran día ayer para los fenómenos de Madame Blavatsky. Por la mañana, ella, con el señor y la señora Sinnett, el Mayor Henderson, el señor Syed Mahmood (juez de distrito en Rai-Bareilly), la señora Reed de Ajmere y yo fuimos de picnic.

Y aunque nunca antes Blavatsky había estado en Simla, ella nos indicó a dónde ir, describiendo un pequeño molino que los Sinnett, el Mayor Henderson e incluso los jampanis (palki-wallahs) [los sirvientes] afirmaron que no existía. Y también ella mencionó que un pequeño templo tibetano se encontraba cerca.

Llegamos al lugar que ella había descrito y encontramos el molino, aproximadamente a las 10 a.m. y nos sentamos a la sombra y se hizo que los sirvientes extendieran una colación. Pero el Sr. Mahmood se había unido a nuestra fiesta después de que las canastas estaban empacadas, por lo que cuando queríamos tomar el té descubrimos que nos faltaban una taza y un plato.

Alguien le pidió a Madame Blavatsky que produjera una taza por arte de magia y ella consintió, y mirando alrededor del suelo aquí y allá, finalmente llamó al Mayor Henderson para que trajera un cuchillo y cavara en un lugar que ella señaló.

El Mayor encontró el suelo duro y lleno de pequeñas raíces de un joven cedro que se encontraba al lado. Las cortó y escavó a una profundidad de aproximadamente seis pulgadas, cuando se precibió algo blanco en la tierra negra; el Mayor siguió excavado y ¡era una taza decorada en verde y oro, exactamente igual a las otras que los sirvientes de la señora Sinnett habían traído!

Madame Blavatsky le dijo al Mayor que cavara más; y así lo hizo, ¡y finalmente encontró un platillo para combinar con la taza!

Los dos objetos estaban incrustados en el suelo como piedras naturales que hubieran yacido desde hace mucho tiempo allí, y las raíces de cedro crecían a su alrededor como una red, y una raíz tan grande como un dedo meñique tuvo que ser cortada para llegar al platillo.


Entonces el Mayor Henderson le pidió a Blavatsky que explicara la técnica que ella había utilizado para lograr eso, pero ella dijo que no podía decírselo porque él todavía no era un teósofo. Entonces el Mayor dijo que pretendía volverse un miembro de la Sociedad Teosófica.

-      "¿Cuando?" preguntó ella.

-      "Mañana", respondió el Mayor.

-      La Sra. Sinnett comentó: "¿Por qué no hoy?"

-      "Así lo haré", dijo el Mayor, "¡pero entonces que Madame Blavatsky me produzca el diploma ahora mismo!"

-      "Si lo hago, ¿realmente se unirá a nosotros?" mencionó Blavatsky.

-      "Así lo haré", respondió el Mayor.

-      "Entonces lo tendrá", respondió Blavatsky.

Ella miró aquí y allá, y caminó cerca de nosotros por unos momentos, y luego se sentó en el borde de un pequeño banco y le dijo al Mayor:

-      "Si quiere el diploma, debe buscarlo usted mismo; el Hermano que me está ayudando dice que está enrollado con unos 50 pies de hilo azul y cubierto de enredaderas trepadoras."

Todo el grupo se puso a buscarlo y el Mayor Henderson levantando las ramas bajas de un arbusto y separando la hierba que se encontraba abajo exclamó:

-      "¡Lo tengo!"


Y realmente lo tenía, uno de nuestros diplomas, correctamente llenado y a nombre del Mayor Philip D. Henderson como nuevo miembro teósofo, y además también encontró una carta oficial de cuyo papel solo yo tengo en mi escritorio que se encuentra en el Cuartel General, y escrito con mi propia caligrafía y firmado:

"Fielmente suyo (más el nombre en caracteres tibetanos) de H.S. Olcott, presidente de la Sociedad Teosófica."


¡Te imaginas mi asombro!


La carta tenía fecha del 2/3 de octubre, es decir, en el punto (o la noche) entre los dos días, y se refería a una conversación que tuvo lugar entre el Mayor Henderson y Madame Blavatsky la noche anterior.

Como el Sr. Mahmood y la Sra. Reed estuvieron con nosotros en la casa de los Sinnett hasta la medianoche, y a las 3 a.m. Blavatsky envió a su sirviente Babula para preguntar por qué el Sr. Sinnett estaba llamando a un sirviente y la despertó. Estos acontecimientos impiden que ni siquiera alguno de nuestros enemigos pueda alegar que ella haya cometido algún fraude.

Y tanto más que fue el Mayor quien solicitó el diploma en el bosque salvaje, a 3 o 4 millas de la casa, y lo consiguió él mismo debajo de un pequeño árbol al que Madame Blavatsky ni siquiera se había acercado.



Más tarde ese mismo día, paramos durante el camino de regreso, en el templo tibetano (que por cierto, verás la imagen misma en una pintura de color sobre seda que yace en mi escritorio en mi cuarto, y que fue producida mágicamente por Blavatsky para mí en Nueva York hace tiempo atrás), y deseando una taza de té descubrimos que ya estábamos sin agua.

Entonces se enviaron a los sirvientes en varias direcciones pero ninguno pudo obtener agua. Y mientras Babula estaba en una segunda búsqueda, Madame Blavatsky fue tranquilamente a las canastas del almuerzo, tomó una botella de agua vacía, la puso en la manga suelta de su vestido y fue directamente a donde estábamos sentados en la hierba. Y cuando sacó la botella, ¡ésta se encontraba llena de agua!  Pero era más clara y más suave de la que hay en Simla y de la cual todos bebimos.



Y además, ayer a las 8 p.m., nosotros, con los Sinnett y otras damas y caballeros cenamos en la casa del Sr. Hume como de costumbre. Y mientras Madame Blavatsky estaba en la mesa, ella preguntó si alguien deseaba algo. La señora Hume dijo que sí.

Madame Blavatsky le dijo que fijara en su mente una imagen muy clara y definida de la cosa que ella deseaba, y la señora Hume dijo que ella quería un broche con perlas que había perdido y que tenía una idea perfectamente clara.

-      "¡Me ha llegado como un relámpago!" dijo ella.

Madame Blavatsky la miró fijamente, tomó un papel en blanco y un lápiz, y dibujó la representación de un alfiler redondo con piedras de algún tipo. Y ella dijo después de reflexionar un rato:

-      "El objeto no será traído a esta casa sino al jardín, me lo acaba de informar un hermano."

Y después de una pausa, le preguntó al Sr. Hume si en su jardín había en algún lugar un conjunto de flores con forma de una estrella. El Sr. Hume dijo que había varios.

Madame Blavatsky señaló en cierta dirección y dijo que el broche se encontraba allí. El Sr. Hume dijo que allí había dos conjuntos de ese tipo. Entonces Madame Blavatsky nos dijo que la acompañáramos para buscarlo.

El Sr. Hume y todos los demás acompañamos a Blavatsky al jardín (un lugar en el que ella nunca había estado o visto antes, ya que siempre había visitado la casa del Sr. Hume por la noche, para cenar a las 8 en punto, y siempre se había hallado dentro de la residencia.


Buscando aquí y allá con linternas encontramos el grupo de flores en forma de estrella que ella mencionó, y después de que todos hubiésemos arrancado una gran cantidad de enredaderas y plantas de capuchina y dalia que formaban un perfecto tapiz de verdor allí, la Sra. Sinnett y el Capitán Maitland (quien es el Subdirector General Adjunto) en el mismo momento vieron un pequeño paquete blanco.

La Sra. Sinnett lo tomó, el Sr. Hume lo abrió, y luego fue identificado por la Sra. Hume como efectivamente el broche que ella había perdido y que no había vuelto a ver desde hacía mucho tiempo, y antes de haber escuchado sobre la existencia de Madame Blavatsky.

Todos los presentes estaban tan sorprendidos y encantados que el Sr. Sinnett y el Sr. Hume, después de consultarlo juntos, decidieron que todos los presentes deberían redactar y firmar de inmediato un informe del asunto (excepto, por supuesto, Madame Blavatsky y yo) y publicarlo en el periódico Pionner.

Así que esos dos caballeros se retiraron a otra habitación, redactaron el artículo y lo podrán leer en breve en el Pioneer.

Un ornitólogo científico presente, el Sr. Davidson, y un joven oficial de la XIva Caballería de Bengala, el Sr. Beatson, solicitaron admisión de inmediato, ya que ellos dijeron que la revista Theosophist si conocía la ciencia de la naturaleza y los poderes del hombre. »
(Revista The Theosophist de octubre de 1925, p.69-74)




(Nota: los sonidos de golpes y campanas que producía Blavatsky, los detallaré posteriormente en el blog, y estos fenómenos que el coronel Olcott relató, los detallo más profundamente en los dos artículos anteriores a éste. Y las razones que dio el maestro Kuthumi luego las pongo.)