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EL YOGA DEL BHAGAVAD GITA por Yogananda





El libro “El Yoga del Bhagavad Gita” es una selección de textos recopilada por el yogui y gurú Paramahansa Yogananda, de uno de los textos sagrados más amados de la India, y en donde él explica de qué manera los métodos graduales de la meditación yóguica y la acción correcta permiten alcanzar la unión con el Espíritu y la liberación suprema.

Y le agradezco mucho a Serapeum por habernos compartido el resumen que él hizo de este libro.


Tabla de contenido

  Parte 1: Claves para comprender la sabiduría del Bhagavad Gita
  Parte 2: Yoga- el método para alcanzar la victoria




~ * ~


Parte 1: Claves para comprender la sabiduría del Bhagavad Gita


« El mensaje de Sri Krishna en el Bhagavad Guita constituye la respuesta perfecta para la era moderna y para todas las eras: el yoga de la acción prescrita por el deber, del desapego y de la meditación para alcanzar la unión divina. Trabajar sin experimentar la paz de Dios en nuestro interior es un infierno. Trabajar, en cambio, sintiendo que el gozo del Señor brota constantemente en el alma es llevar dentro de nosotros un paraíso portátil adondequiera que vayamos»
(Paramahansa Yogananda)


Durante siglos, el Bbagavad Guita ha sido considerado una de las expresiones más grandiosas de la sabiduría espiritual universal que constituye el legado unificador de toda la humanidad. Se trata de la más amada de las escrituras de la India acerca del yoga —la ciencia de la comunión divina— y ofrece un método inmemorial para Obtener la felicidad y el éxito equilibrado en la vida cotidiana.

Según señala Yogananda, la batalla histórica que se describe en el Bhagavad Guita es una alegoría del conflicto interno entre los bajos instintos materialistas del ser humano y su innato anhelo por alcanzar la bienaventurada conciencia espiritual de unidad con el Ser Divino.

« En apoyo de esta analogía —escribe Yogananda—, se muestra la exacta correspondencia entre los atributos materiales y espirituales del ser humano, tal como los describió Patanjali en sus Yoga Sutras, y los contendientes en lucha mencionados en el Guita»




Introducción a “El canto del Espíritu”

EI Bhagavad Guita es la más amada de las escrituras de la India, la escritura que ocupa un lugar preeminente. Todo el conocimiento del cosmos se halla contenido en el Guita. Sumamente profundo y, no obstante, redactado en un revelador lenguaje de consoladora belleza y simplicidad, el Guita ha sido comprendido y aplicado en todos los órdenes de la actividad y del esfuerzo espiritual del hombre, cobijando bajo su amparo a una amplia gama de seres huma- nos —cada uno con su dispar naturaleza y sus diferentes necesidades—. Dondequiera que uno se halle en el camino de regreso a Dios, el Guita proyectará su luz sobre ese tramo del recorrido.



Sabiduría proveniente de una edad antigua y más elevada de la civilización

La India ha conservado en su literatura una cultura muy avanzada que data de una gloriosa edad dorada de tiempos pretéritos. Desde la época remota de fecha desconocida en la que se originaron por primera vez los Vedas, pasando por el majestuoso despliegue posterior de una poesía y una prosa sublimes, los hindúes han dejado registro de su civilización no en monolitos de piedra ni en edificios derruidos, sino en la arquitectura de sus ornamentados escritos, esculpidos en el eufónico lenguaje del sánscrito. La composición misma del Bhagavad Guita —su retórica, aliteraciones, dicción, estilo y armonía— demuestra que la India había transitado hacía ya largo tiempo las etapas de crecimiento material e intelectual y había alcanzado una elevada cima de espiritualidad.

Los versos del Guita se hallan en el libro sexto de los dieciocho que conforman el Mahabharata, el gran poema épico de la India. [...] Esta epopeya de venerable antigüedad —que tal vez sea el poema más extenso de la literatura universal— relata la historia de los descendientes del rey Bharata, los Pandavas y los Kauravas, primos entre sí, cuya disputa por el reino fue la causa de la cataclísmica guerra de Kurukshetra.

El Bhagavad Guita, el sagrado diálogo acerca del yoga entre Bhagavan Krishna —que era tanto un rey terrenal como una encarnación divina— y su principal discípulo, el príncipe pandavaArjuna, tiene lugar, supuestamente, en vísperas de esta pavorosa guerra.

Lautoría del Mahabharata, incluida la parte correspondiente al Guita, se atribuye tradicionalmente al santo iluminado Vyasa, cuyos datos históricos exactos se desconocen. [...] La tradición asocia a Vyasa con muchas obras literarias, en especial la organización de los cuatro Vedas (por lo cual ha recibido el nombre de «Vedavyasa»), la compilación de los Puranas (libros sagrados que ilustran el conocimiento védico a través de relatos históricos y legendarios acerca de antiguos avatares, santos y sabios, reyes y héroes de la India) y la autoría del poema épico Mahabharata, el cual, según se supone, fue escrito por Vyasa ininterrumpidamente, a lo largo de dos años y medio, en un apartado retiro del Himalaya donde transcurrió la etapa final de su vida.



La sabiduría inmemorial de la India

El legado de las escrituras hindúes muestra que la civilización de la India se remonta mucho más atrás en el tiempo de lo que los historiadores occidentales contemporáneos reconocen. Swami Sri Yukteswar, en “La ciencia sagrada”, calcula que la Edad de Oro, en la cual la civilización material y espiritual de la India alcanzó su pináculo, concluyó aproximadamente en el 6700 a. C., después de haber florecido durante muchos miles de años antes de esa fecha. En la literatura religiosa de la India figuran numerosas generaciones de reyes y sabios que vivieron con anterioridad a los acontecimientos que constituyen el tema principal del Mahabharata.

En el Guita mismo, Krishna describe el prolongado descenso de la cultura espiritual de la India desde una Edad de Oro hasta la época en que él mismo vivió, a lo largo del cual se fue perdiendo poco a poco el conocimiento del yoga.

Un pasaje de la Autobiografía de un yogui señala que:

« La mayoría de los antropólogos, creyendo que hace 10.000 años la humanidad estaba sumida en la barbarie de la Edad de Piedra, descartan sumariamente como "mitos" las tradiciones muy difundidas de la existencia de antiquísimas civilizaciones en Lemuria, Atlántida, India, China, Japón, Egipto, México y muchas otras regiones»

Sin embargo ciertas investigaciones científicas recientes están comenzando a sugerir que es preciso reevaluar la veracidad de las cronologías de la antigüedad.



Cómo descifrar el código del simbolismo yóguico del Guita

Los textos sagrados de la antigüedad no hacen una diferenciación clara entre lo histórico y lo simbólico; más bien, en numerosas ocasiones, entrelazan ambos en la tradición de las escrituras reveladas. Los profetas tomaban casos de la vida cotidiana y acontecimientos de la época y, a partir de ellos, establecían símiles con el fin de expresar sutiles verdades espirituales. Al común de la gente no le sería posible concebir las profundidades del conocimiento divino si éste no estuviera definido en términos habituales.

Cuando los profetas de las escrituras escribían en metáforas y alegorías más crípticas —como ocurría a menudo—, era para ocultar de las mentes ignorantes, que no se encontraban espiritualmente preparadas, las revelaciones más profundas del Espíritu.

Así fue cómo el sabio Vyasa escribió, con aguda inteligencia, el Bhagavad Guita, en el lenguaje del símil, la metáfora y la alegoría, entretejiendo hechos históricos con verdades psicológicas y espirituales, pintando con palabras un cuadro de las tumultuosas batallas interiores que debe librar tanto el hombre materialista como el espiritual.

Bajo la dura cáscara de la simbología, ocultó los significados espirituales más profundos, para protegerlos de la devastadora ignorancia propia de las edades oscuras hacia las cuales la civilización se estaba precipitando en coincidencia con el fin de la encarnación de Sri Krishna sobre la tierra.

En términos históricos —y en el umbral de una guerra tan horrenda como la que se relata en el Mahabharata—, es muy poco probable que, como se describe en el Guita, Krishna y Arjuna detuvieran su carro en campo abierto, entre los dos ejércitos contendientes en Kurukshetra, y allí entablasen una extensa disertación acerca del yoga.

Si bien muchos de los principales acontecimientos y personajes que forman parte del voluminoso Mahabharata están basados realmente en hechos históricos, su exposición poética dentro de la epopeya ha sido organizada de una manera práctica y plena de significado —y fue condensada de un modo maravilloso en la parte que corresponde al Bhagavad Guita— con el principal objeto de exponer la esencia del Sanatana Dharma de la India, la Religión Eterna.

Al interpretar una escritura, no se deben ignorar, por lo tanto, los hechos y elementos históricos con los que se reviste la formulación de la verdad. Es preciso distinguir entre la simple ilustración de una máxima moral o referencia a un fenómeno espiritual y aquella que tiene una connotación esotérica más profunda. Es necesario reconocer las señales de convergencia entre los ejemplos materiales y las doctrinas espirituales, sin tratar de deducir necesariamente, de cada uno de ellos, un significado oculto.

Hay que saber cómo intuir las indicaciones y las declaraciones expresas del autor sin inferir significados que jamás se pretendían y sin dejarse engañar por el entusiasmo y el hábito imaginativo de intentar extraer un sentido espiritual de cada palabra o afirmación. La forma correcta de comprender las escrituras es a través de la intuición, estableciendo una sintonía con la realización interior de la verdad.

Mi gurú, Swami Sri Yukteswar, nunca me permitió leer una sola estrofa del Bhagavad Guita (o de los aforismos de Patanjali, el mayor exponente del Yoga en la India) por mero interés teórico. El Maestro me hacía meditar en las verdades espirituales hasta que yo me volvía uno con ellas; únicamente entonces solía debatirlas conmigo. [...] De este modo, durante aquellos preciados años que permanecí en la bendita compañía del Maestro, él me dio la clave para descifrar los misterios de las escrituras sagradas.

La historia que narra el Mahabharata comienza tres generaciones antes del nacimiento de Krishna y Arjuna, en época del rey Shantanu.

La descendencia genealógica de los Kurus y los Pandus a partir de Shantanu constituye paralelamente una analogía del descenso escalonado del universo y el ser humano desde su origen en el Espíritu hasta la materia. El diálogo que tiene lugar en el Guita se ocupa del proceso a través del cual dicho descenso puede revertirse, Io cual le permite al hombre volver a ascender desde la limitada conciencia de sí mismo como Ser mortal hasta la conciencia inmortal de su verdadero Ser —el alma— en unidad con el Espíritu infinito.

Es digno de destacar cómo el autor del gran Bhagavad Guita ha revestido cada tendencia o facultad psicológica, así como numerosos principios metafísicos, con el atuendo del nombre apropiado. ¡Cuán bella es cada una de las palabras empleadas! Todas ellas brotan de una raíz sánscrita. Haría falta una gran cantidad de páginas para ahondar en el lenguaje sánscrito que subyace a las metáforas.

Al lector le quedará claro, después de leer con detenimiento algunos de los versos del primer capítulo, que el marco histórico de la batalla y los contendientes que participaron en ella han sido utilizados para ilustrar la batalla psicológica que se libra entre las cualidades del discernimiento puro, en sintonía con el alma, y la mente ciega, encaprichada con los sentidos, que se encuentra bajo el engañoso influjo del ego.

En apoyo de esta analogía, se muestra la exacta correspondencia entre los atributos materiales y espirituales del ser humano, tal como los describió Pataniali en sus Yoga Sutras, y los contendientes en lucha mencionados en el Guita: el clan de Pandu —que representa la Inteligencia Pura— y el del rey ciego Dhritarashtra —que representa la Mente Ciega con su prole de tendencias sensoriales negativas (los Kauravas o Kurus).

Estos rebeldes de los sentidos —producto de la ciega mente sensorial— sólo han causado enfermedades, preocupaciones mentales y la peste de la ignorancia y de la hambruna espiritual como resultado de la escasez de sabiduría en el reino corporal.

La activa fuerza del alma y el autocontrol nacido de la meditación deben apoderarse del reino y plantar allí el estandarte del Espíritu, a fin de establecer, de este modo, un imperio resplandeciente de paz, sabiduría, abundancia y salud.



Bhagavan Krishna, el Señor del Yoga: el Divino Maestro del Gita

La figura clave del Bhagavad Gita es, por supuesto, Bhagavan Krishna. El Krishna histórico se halla envuelto en el misterio de la metáfora y la mitología propias de las escrituras. La similitud entre los títulos «Krishna» y «Cristo» y entre las historias relativas al milagroso nacimiento de Krishna y Jesús y a sus primeros años de vida ha llevado a algunas mentes analíticas a sugerir que ambos eran, en realidad, una única persona. Esta idea ha de desecharse por completo, incluso si tomamos como base las escasas evidencias históricas existentes en sus países de origen.

No obstante, existen en verdad algunas similitudes. Ambos fueron concebidos de manera divina y tanto su nacimiento como la misión que Dios les encomendó habían sido profetizados. Jesús nació en un humilde pesebre; Krishna, en una prisión (donde sus padres —Vasudeva y Devaki— eran mantenidos en cautiverio por el malvado hermano de Devaki, Kansa, que había usurpado el trono de su padre).

Tanto Jesús como Krishna fueron llevados en secreto a un lugar seguro para ponerlos a salvo de un decreto de muerte que ordenaba hallar y aniquilar a todos los hijos varones recién nacidos. Jesús era llamado «el buen pastor»; Krishna fue pastor de vacas en su infancia. Jesús fue tentado y amenazado por Satanás; Krishna fue perseguido por la fuerza del mal, que adoptando la forma de demonios trató infructuosamente de matarle.

«Cristo» y «Krishna» son títulos que poseen una connotación espiritual semejante: Jesús el Cristo y Yadava el Krishna (Yadava, el nombre familiar de Krishna, significa «descendiente de Yadu —ancestro de la dinastía Vrishni—»). Estos títulos dan cuenta del estado de conciencia que manifestaban estos dos seres iluminados, su unidad esencial con la conciencia de Dios omnipresente en la creación.

La Conciencia Crística Universal o KutasthaChaitanya, la Conciencia Universal de Krishna, es «el hijo unigénito» o único reflejo no distorsionado de Dios que impregna cada átomo y punto del espacio en el cosmos. La conciencia de Dios se manifiesta plenamente en aquellos que tienen total realización de la Conciencia de Cristo o Krishna. Dado que su conciencia es universal, la luz que proyectan se irradia sobre todo el mundo.

Un siddha es aquel que se ha perfeccionado y ha alcanzado la completa liberación en el Espíritu; él se convierte en un paramukta, un ser «supremamente libre», y puede entonces retornar a la tierra como un avatara —como lo hicieron Krishna, Jesús y muchos otros salvadores de la humanidad a través de los tiempos—. Cada vez que la virtud de- clina, un alma divinamente iluminada viene a la tierra para restablecer de nuevo la virtud (Guita IV:7-8).

Un avatar o encarnación divina tiene dos propósitos sobre la tierra, uno cuantitativo y otro cualitativo. Por medio de sus nobles enseñanzas acerca de la lucha del bien contra el mal, eleva cuantitativamente el nivel espiritual de la población en general. Sin embargo, el principal objetivo de un avatar es cualitativo: forjar otras almas que posean la realización divina, ayudando a tantos como le sea posible a alcanzar la liberación.

Este último es un lazo espiritual muy personal e íntimo entre gurú y discípulo; se trata de la unión entre los leales esfuerzos espirituales del discípulo y las divinas bendiciones otorgadas por el gurú. Son estudiantes quienes reciben sólo una pequeña parte de la luz de la verdad, mientras que son discípulos aquellos que siguen el sendero con firmeza y perseverancia, con dedicación y devoción, hasta encontrar su propia libertad en Dios. En el Guita, Arjuna se presenta como el símbolo del devoto ideal, del discípulo perfecto.

Cuando Sri Krishna se encarnó en la tierra, Arjuna (que en su vida anterior había sido un gran sabio) nació también para acompañarle. Los grandes seres siempre traen consigo compañeros espirituales de vidas pasadas para que los ayuden en su misión presente. El padre de Krishna era hermano de la madre de Ariuna, de modo que Krishna y Arjuna eran primos; y si bien compartían vínculos de sangre, los unía, sin embargo, el lazo aún más poderoso de la unidad espiritual.

Sri Krishna fue criado en un entorno pastoril en Gokula, cercano Brindaban, en las márgenes del río Yamuna, adonde había sido llevado secretamente por su padre Vasudeva tan pronto como Devaki dio a luz en la prisión de Mathura. (De forma milagrosa, se abrieron las puertas, que estaban cerradas con candado, y los guardias quedaron sumidos en un profundo sopor, lo cual permitió que el recién nacido fuera llevado a salvo a su hogar de acogida).

Sus padres adoptivos fueron Nanda, un bondadoso cuidador de ganado, y su tierna esposa, Yasoda. Durante su niñez en Brindaban, Krishna asombraba a todos con su precoz sabiduría y despliegue de increíbles poderes. Su gozo interior con frecuencia se expresaba de repente en forma de explosivas travesuras, para diversión y deleite —y algunas veces desconcierto— de aquellos a quienes iban dirigidas sus bromas.

Uno de estos episodios le reveló a Yasoda la divina naturaleza del niño al que estaba criando. Cuando era pequeño, a Krishna le encantaba quitarle a las lecheras el queso que ellas elaboraban y comérselo. En cierta ocasión, se había llenado tanto la boca que Yasoda temió que pudiera ahogarse, así que rápidamente intentó abrírsela.

Sin embargo, en vez de queso (según algunos relatos populares había comido barro), lo que vio en la boca abierta de Krishna fue el universo entero —el cuerpo infinito (vishvarupa) del Creador—, incluida la imagen de ella misma. Llena de temor reverencial, apartó la mirada de la visión cósmica, feliz de contemplar y estrechar una vez más contra su pecho a su bienamado pequeñuelo.

En la comunidad, todos le amaban y era a la vez un fascinante líder y amigo para sus compañeros de la niñez, los gopas y las gopis, que cuidaban con él los rebaños de vacas del poblado en los boscosos alrededores.

A las personas de mentalidad mundana, adictas a los sentidos como único medio de gratificación, les resulta difícil comprender la pureza de la amistad y el amor divinos que no están manchados por el deseo o la expresión carnales. Sería absurdo considerar de forma literal los supuestos flirteos entre Sri Krishna y las gopis.

El simbolismo implícito es aquél de la unidad entre el Espíritu y la Naturaleza, que al danzar juntos en la creación proveen el divino lila o juego para entretener a las criaturas de Dios. Con las encantadoras melodías de su flauta celestial, Sri Krishna llama a todos los devotos a la enramada de la divina unión del samadhi que se experimenta en la meditación, para que allí se solacen con el cálido y bienaventurado amor de Dios.

Al parecer, Krishna era poco más que un niño cuando llegó el momento en que debió abandonar Brindaban para cumplir con el propósito de su encarnación: ayudar a los virtuosos a ponerle freno al mal. La primera entre sus muchas heroicas y milagrosas hazañas fue destruir al malvado Kansa y liberar del cautiverio a sus padres Vasudeva y Devaki. Después, Vasudeva los envió a él y a su hermano Balarama al ashram del gran sabio Sandipani para recibir instrucción.

Nacido en el seno de la realeza, como adulto Krishna desempeñó sus deberes reales y participó en numerosas campañas contra los reinos gobernados por regentes malvados. Estableció la capital de su propio reino en Dwarka, situada en una isla mar adentro, en el estado occidental de Gujarat.

La mayor parte de su vida está entrelazada con la de los Pandavas y los Kauravas, cuya capital se hallaba en la región norte de la India central, cerca de la ubicación actual de Delhi2. Participó en muchos de los asuntos seculares y espirituales de los Pandus y los Kurus, como su aliado y consejero, y desempeñó un papel significativo en la guerra de Kurukshetra que ambos bandos libraron entre sí.

Una vez cumplida en la tierra la misión que le había sido divinamente encomendada, Krishna se retiró a los bosques. Allí abandonó su cuerpo debido a una herida accidental infligida por la flecha de un cazador que le confundió con un ciervo mientras se hallaba descansando en un claro —un hecho que había sido profetizado como la causa de su partida de este mundo.

En el Bhagavad Guita, nuestra atención se centra en la función de Sri Krishna como gurú y consejero de Arjuna, así como también en el sublime mensaje del yoga que en su papel de maestro predicó al mundo —el camino de la acción correcta y de la meditación para alcanzar la comunión divina y la salvación—, un mensaje cuya sabiduría le ha entronizado en el corazón y la mente de los devotos a lo largo de los siglos.

Hemos oído hablar de los santos ascetas o de los profetas de los bosques o de vida retirada, que eran hombres de renunciación exclusivamente; Krishna, en cambio, fue uno de los más grandes ejemplos de divinidad, ya que vivió y se manifestó como un Cristo y al mismo tiempo cumplió con los deberes de un noble rey. Su vida demuestra el ideal no de la renuncia a la acción —una doctrina conflictiva para el hombre circunscrito a un mundo cuyo aliento vital es la actividad—, sino de la renuncia a los deseos por los frutos de la acción, que atan al hombre a lo terrenal.

Si no existiera el trabajo, la civilización humana no sería sino una jungla de enfermedades, hambre y confusión.Sin embargo, la civilización material está llena de imperfecciones y sufrimientos, entonces

¿Cómo se puede remediar todo esto?

La vida de Krishna constituye una prueba de su filosofía, la filosofía de que no es necesario huir de las responsabilidades de la vida material. El problema puede ser resuelto trayendo a Dios al sitio mismo en el cual Él nos ha colocado. Sea cual sea nuestro entorno, el Cielo habrá de manifestarse en toda mente donde reine la comunión con Dios.

La ambición de poseer cada vez más dinero, el enfrascarse en el trabajo cada vez más y por más tiempo, con apego o ceguera, son causa de sufrimiento. No obstante, renunciar sólo de forma externa a los objetos materiales cuando uno todavía alberga en su interior apego por ellos conduce únicamente a la hipocresía y al engaño.

Con el fin de evitar los peligros de ambos extremos —ya sea renunciar al mundo o ahogarse en la vida material—, el ser humano debe entrenar su mente, por medio de la meditación constante, para que le sea posible llevar a cabo las necesarias acciones prescritas por el deber en la vida cotidiana y, al mismo tiempo, conservar la conciencia de Dios en su interior. Ése es el ejemplo que brinda la vida de Krishna.



El papel de Krishna en la guerra de Kurukshetra

Los cinco príncipes pandavas y los cien descendientes kauravas fueron criados y educados juntos bajo la tutela de su preceptor Drona. Arjuna superaba a todos en destreza; ninguno podía igualársele. Entre los Kauravas comenzaron a anidar, entonces, los celos y la enemistad contra los Pandus.

Con el correr del tiempo, la disputa entre los Kurus y los Pandus por el control del reino alcanzó un punto culminante. Duryodhana, consumido por los celos y un malsano deseo de supremacía, urdió un astuto plan: un juego de dados fraudulento.

Mediante un inteligente ardid tramado por Duryodhana y su malvado tío Shakuni —experto en engaños y traición—, Yudhisthira [el mayor de los hermanos pandavas] fue derrotado una y otra vez al lanzar los dados, hasta perder su reino, perderse a sí mismo, perder a sus hermanos y, finalmente, a su esposa Draupadi.

De este modo, Duryodhana arrebató el reino a los Pandus, los envió al exilio en los bosques por doce años y los condenó a que, una vez finalizado ese plazo y durante un año más, vivieran de incógnito y sin ser reconocidos. Si después de transcurrido ese lapso aún seguían con vida, podrían retornar y reclamar su perdido reino.

En el momento acordado, los bondadosos Pandus, habiendo cumplido con todas las condiciones establecidas para su exilio, regresaron y reclamaron el reino; los Kurus, sin embargo, se negaron a desprenderse ni siquiera de una franja de territorio del tamaño de una aguja.


Cuando la guerra se tornó inevitable, Arjuna —por parte de los Pandus— y Duryodhana —por parte de los Kurus— acudieron a Krishna en busca de ayuda para sus respectivos bandos. Duryodhana llegó primero al palacio de Krishna y se sentó descaradamente en la cabecera del lecho en el que Krishna, aparentando estar dormido, descansaba.

En cambio, Arjuna, tras su llegada, se quedó humildemente de pie, con las manos unidas en señal de reverencia, a los pies de Krishna. Por lo tanto, cuando el avatar abrió los ojos, fue a Ariuna a quien vio primero. Ambos príncipes le solicitaron que se pusiera de su lado en la guerra.

Krishna estipuló que su imponente ejército estaría a disposición de uno de los bandos, mientras que el otro bando podría contar con él mismo como su consejero personal —aun cuando no portaría armas durante el combate—. Se le concedió a Arjuna elegir primero. Sin dudarlo, sabiamente eligió a Krishna mismo; en cambio, el ambicioso Duryodhana se regocijó de haber obtenido el ejército.

Antes del comienzo de la guerra, Krishna actuó como mediador con el fin de que la disputa se resolviese de manera amigable. Viajó desde Dwarka hasta Hastinapura, la capital de los Kurus, con el propósito de convencer a Dhritarashtra, Duryodhana y los demás Kurus de que devolvieran a los Pandavas su legítimo reino. Sin embargo, ni siquiera él pudo conmover a Duryodhana —enloquecido por el poder— o a sus seguidores para que aceptasen una solución justa, de modo que se declaró la guerra.

El campo de batalla en el que tuvo lugar esta guerra fue Kurukshetra. El primer verso del Bhagavad Guita comienza en vísperas de esta batalla. Finalmente, quienes obtuvieron la victoria fueron los Pandus. Los cinco hermanos gobernaron con nobleza bajo el reinado de Yudhisthira, el mayor de ellos, hasta que al término de sus vidas se retiraron al Himalaya, y allí entraron en el reino celestial.

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El sendero que Sri Krishna aconseja en el Bhagavad Gita es el dorado camino medio de la moderación, tanto para el ocupado hombre de mundo como para el aspirante espiritual más elevado. Seguir el sendero propuesto en el Bhagavad Gita representaría la salvación de ambos, ya que éste es un libro que trata de manera universal acerca de la realización del Ser, poniendo al hombre en contacto con su Ser verdadero, el alma, y mostrándole cómo se ha originado del Espíritu, cómo llevar a cabo sus justas obligaciones en la tierra y cómo retornar a Dios.

La sabiduría del Gita tiene como objeto mostrar a los hombres y mujeres del mundo, ya sea que se trate de personas con responsabilidades familiares o de renunciantes, el modo de vivir una vida equilibrada que incluya el contacto verdadero con Dios mediante la práctica de los métodos graduales del yoga.




La batalla espiritual que se libra en la vida cotidiana

El capítulo inicial del Bhagavad Gita sirve de introducción al sagrado discurso que le sigue. Su propósito, sin embargo, no es simplemente situarnos en la escena y proveer un telón de fondo que haya de leerse a la ligera, como un texto insustancial.

Cuando se lee como la alegoría que su autor, el gran sabio Vyasa, pretendió exponer, este capítulo presenta los principios básicos de la ciencia del yoga y describe las primeras contiendas espirituales del yogui que se dispone a recorrer el sendero hacia kaivalya, la liberación, la unidad con Dios —la meta del yoga—. Comprender las verdades que se hallan implícitas en el primer capítulo significa emprender el viaje del yoga con un itinerario claramente delineado.



Cómo emplear el poder de la introspección para triunfar en la vida

Dhritarashtra dijo:

« En la sagrada llanura de Kurukshetra (dharmakshetrakurukshetra), donde con ansias de lucha se han congregado mi descendencia y los hijos de Pandu, dime, ¡oh, Sanjaya!, ¿qué hicieron? »

El rey ciego Dhritarashtra (la mente ciega) preguntó al veraz Sanjaya (la introspección imparcial):

« Cuando mi descendencia, los Kurus (las irreflexivas tendencias negativas de la mente y de los sentidos), y los hijos del virtuoso Pandu (las tendencias puras del discernimiento) se congregaron en el dharmakshetra (sagrada llanura) de Kurukshetra (el terreno corporal de la actividad), con ansias de luchar por conseguir la supremacía, ¿cuál fue el resultado? »


En sentido literal, Sanjaya significa «completamente victorioso», «aquel que se ha conquistado a sí mismo». Sólo quien no está centrado en su ego tiene la capacidad de ver con claridad y de modo imparcial. Por eso, en el Guita, Sanjaya personifica la visión divina que mora en nuestro interior; para el devoto aspirante, Sanjaya representa el poder del autoanálisis intuitivo e imparcial, la introspección discernidora.

Es la capacidad de tomar distancia de uno mismo, observarse sin prejuicios y juzgar con exactitud. Los pensamientos pueden estar presentes sin que nos percatemos conscientemente de ello. La introspección es aquel poder intuitivo mediante el cual la conciencia es capaz de observar los pensamientos. No razona; más bien, siente —no con la parcialidad de la emoción, sino con la claridad y la calma de la intuición.

En el Mahabharata, del cual forma parte el Bhagavad Gita, el gran rishi (sabio) Vyasa preludia el texto del Guita otorgándole a Sanjaya el poder espiritual de ver a distancia lo que está ocurriendo en la totalidad del campo de batalla, a fin de que pueda relatárselo al rey ciego Dhritarashtra a medida que los acontecimientos se desarrollan. Por ello, uno podría esperar que la pregunta que el rey formula en la primera estrofa se encontrara en tiempo presente.

El autor, Vyasa, hace de manera intencional que Sanjaya narre el diálogo del Guita en forma retrospectiva y emplee el verbo en tiempo pasado ¿qué hicieron?»), a fin de indicar claramente a los estudiantes perceptivos que el Gita se refiere sólo de modo incidental a una batalla histórica que tuvo lugar en la llanura de Kurukshetra, al norte de la India. Lo que en realidad Vyasa describe es primordialmente una batalla universal: la enconada contienda que a diario se libra en la vida de cada ser humano.

La pregunta que con gran interés formula el rey ciego Dhritarashtra, para solicitar del imparcial Sanjaya un informe objetivo acerca del resultado de la batalla entre los Kurus y los Pandavas (los hijos de Pandu) en Kurukshetra, es, metafóricamente hablando, la pregunta que debe formularse el aspirante espiritual cuando examina día tras día los sucesos de su justa batalla en la que espera alcanzar la victoria de la realización del Ser, la unidad con Dios.

Por medio de la introspección sincera, analiza sus acciones y evalúa el poderío de los ejércitos en pugna, constituidos por sus buenas y malas tendencias: el autocontrol frente a la indulgencia sensorial; la inteligencia discernidora en contraposición a las inclinaciones mentales sensoriales; la resolución espiritual de meditar confrontada con la resistencia mental y la inquietud física; y la divina conciencia del alma en oposición a la ignorancia y la atracción magnética de la naturaleza inferior del ego.



El campo de batalla espiritual se encuentra en el cuerpo y la mente humanos

El campo de batalla en que se enfrentan esas fuerzas es Kurukshetra (Kuru, de la raíz sánscrita kri, «trabajo, actividad material»; y ksetra, «campo»). Este «campo de acción» es el cuerpo humano con sus correspondientes facultades físicas, mentales y espirituales; es el terreno donde se desarrollan todas las actividades de la vida.

En esta estrofa del Guita se alude a dicho terreno como «Dharmakshetra» (llanura o campo sagrado, pues dharma significa rectitud, virtud, santidad), porque éste es el lugar donde se libra la justa batalla entre las virtudes de la inteligencia discernidora del alma (los hijos de Pandu) y las acciones innobles y descontroladas de la mente ciega (los Kurus, la descendencia del rey ciego Dhritarashtra).

El DharmakshetraKurukshetra se refiere también a los deberes y acciones religiosos y espirituales (aquellos que el yogui desarrolla en la meditación) en contraposición con las responsabilidades y actividades mundanas. Por consiguiente, en esta interpretación metafísica más profunda, el DharmakshetraKurukshetra representa el campo corporal interior en el que tiene lugar la actividad espiritual de la meditación yóguica para alcanzar la realización del Ser.



La conciencia material frente a la conciencia espiritual

Existen dos fuerzas o polos magnéticos opuestos que rivalizan en este campo: la inteligencia discernidora (buddhi) y la mente ligada a la conciencia sensorial (manas).

Buddhi, el intelecto discernidor puro, está representado alegóricamente por Pandu, esposo de Kunti (madre de Arjuna y de los demás príncipes pandavas, que defienden los rectos principios de nivritti, la renuncia a la mundanalidad). El nombre de Pandu deriva de pand, «blanco»: una referencia metafórica a la claridad del intelecto discernidor puro.

Manas se encuentra representado alegóricamente por el rey ciego Dhritarashtra, padre de los cien Kurus o impresiones y tendencias sensoriales, la totalidad de las cuales se inclina hacia pravritti, el goce mundano.

De este modo, la inteligencia inherente a buddhi atrae la conciencia hacia la verdad o las realidades eternas, la conciencia del alma o la realización del Ser. Manas (la mente sensorial) aleja de la verdad a la conciencia y la mantiene ocupada en las actividades sensoriales externas del cuerpo y, por consiguiente, inmersa en el mundo de las relatividades ilusorias, o maya.

El nombre de Dhritarashtra deriva de dhrta, «sostenido, apoyado, firmemente sujeto (por las riendas)» y rastra, «reino», derivado de ráj, «gobernar». Por inferencia, obtenemos el significado simbólico, dhrtamrastrmyena, «aquel que sostiene el reino (de los sentidos)» o «aquel que gobierna sosteniendo con firmeza las riendas (de los sentidos)».

La mente (manas o conciencia sensorial) coordina los sentidos del mismo modo en que las riendas mantienen unidos a los diferentes corceles de un carruaje. El cuerpo es el carruaje; el alma es el amo del carruaje; la inteligencia es el conductor; y los sentidos son los corceles. Se dice que la mente es ciega porque no puede ver sin el auxilio de los sentidos y de la inteligencia.

Las riendas del carruaje reciben y transmiten los impulsos provenientes de los corceles y de la dirección indicada por el conductor. De manera similar, la mente ciega por sí sola no reconoce ni ejerce dirección alguna, sino que simplemente recoge las impresiones de los sentidos y transmite las conclusiones e instrucciones provenientes de la inteligencia.

Si la inteligencia está gobernada por buddhi, el poder del discernimiento puro, los sentidos se encuentran bajo control; si, por el contrario, la inteligencia está gobernada por los deseos materiales, los sentidos se comportan de manera turbulenta y descontrolada [...] y caen en costumbres perniciosas y hábitos autodestructivos.

El devoto que avanza en pos de la realización del Ser debe contar con un cuerpo saludable, sentidos educados mediante el autocontrol que se comporten de manera correcta, unas riendas mentales fuertes para sujetarlos y una aguda inteligencia discernidora para guiarlos. El carruaje corporal puede, entonces, avanzar hacia su meta a través del recto y angosto sendero de la acción correcta.

El devoto es consciente de que el objetivo más importante de la vida es alcanzar la meta de la realización del Ser: conocer, a través de la meditación, su verdadera naturaleza como alma y su unidad con el Espíritu eternamente bienaventurado.

A fin de no verse asediado por las caídas en las zanjas del sufrimiento físico, mental y espiritual, aprende también a desarrollar la inteligencia discernidora, facultades de percepción claras y armoniosas, sentidos provistos de autocontrol y un cuerpo dotado de salud y vitalidad, para que todos ellos estén al servicio del alma.



Es preciso tomar partido en la lucha entre el bien y el mal

Desde el momento de la concepción hasta que exhala el último aliento, el ser humano debe librar, en cada encarnación, incontables batallas —biológicas, hereditarias, bacteriológicas, fisiológicas, climáticas, sociales, éticas, políticas, sociológicas, psicológicas y metafísicas—, es decir, toda clase de conflictos internos y externos. En cada enfrentamiento se encuentran las fuerzas del bien y del mal compitiendo para lograr el triunfo.

A partir del nacimiento, el instinto del bebé por lograr el bienestar y la supervivencia lucha contra la relativa impotencia de su inmaduro instrumento corporal.

El niño inicia su primera batalla consciente cuando debe optar entre el deseo de jugar sin un propósito fijo y el deseo de aprender, estudiar y seguir algún tipo de educación sistemática. De manera gradual, se le presentan batallas de índole más seria, que le vienen impuestas, desde el interior, por los instintos kármicos o, desde fuera, por las malas compañías y el entorno.

El joven se ve repentinamente enfrentado a una multitud de problemas para los cuales, a menudo, no está preparado: las tentaciones del sexo, de la gula y la falsedad, de obtener dinero por medios fáciles pero cuestionables, las presiones de las compañías que frecuenta y las influencias sociales. Por lo general, descubre que no cuenta con la espada de la sabiduría para que le ayude a hacer frente a los ejércitos invasores de las experiencias mundanas.

El adulto que vive sin cultivar ni utilizar los poderes innatos de la sabiduría y del discernimiento espiritual descubre inexorablemente que el reino de su cuerpo y de su mente se halla asolado por los elementos insurgentes de los erróneos deseos causantes de sufrimiento, los hábitos destructivos, el fracaso, la ignorancia, la enfermedad y la infelicidad.

Hay pocas personas que sean siquiera conscientes de que en su reino existe un permanente estado de conflicto. Por lo general, sólo cuando la devastación es casi completa, los seres humanos se dan cuenta, desvalidos, del triste y ruinoso estado en que se encuentran sus vidas.

Es preciso iniciar cada día una nueva batalla psicológica en pos de la salud, la prosperidad, el autocontrol y la sabiduría a fin de que el hombre avance hacia la victoria y recupere, de ese modo, cada centímetro del territorio perteneciente al alma que ha sido ocupado por las fuerzas rebeldes de la ignorancia.

El yogui —el hombre cuya conciencia está despertando— no sólo ha de hacer frente a las mismas batallas externas que libran todos los seres humanos, sino que además debe afrontar el choque interno entre las fuerzas negativas de la inquietud (que nacen de manas, la conciencia sensorial) y el poder positivo de sus deseos y esfuerzos por meditar (que reciben el apoyo de buddhi, la inteligencia discernidora) cuando trata de establecerse nuevamente en el reino espiritual interior del alma.



El alma contra el ego

En la narración histórica acerca del motivo de la guerra de Kurukshetra, se relata que los nobles hijos de Pandu gobernaron virtuosamente su propio reino hasta que el rey Duryodhana, el malvado gobernante que era hijo del rey ciego Dhritarashtra, despojó astutamente a los Pandavas de su reino y los condenó al exilio.

En un sentido simbólico, el reino del cuerpo y de la mente le pertenece, por derecho, al rey Alma y a sus nobles súbditos, las tendencias virtuosas. Sin embargo, el rey Ego y sus parientes, las innobles tendencias negativas, usurpan arteramente el trono. Cuando el rey Alma se yergue para reclamar su territorio, el cuerpo y la mente se transforman en un campo de batalla.

La esencia del Guita es mostrar cómo el rey Alma gobierna su reino corporal, lo pierde y lo conquista de nuevo.

La conciencia del alma puede decir, junto con el Cristo que se hallaba despierto en Jesús, «El Padre y yo somos uno». La engañada conciencia del ego dice:

« Soy el cuerpo; éstos son mis familiares, éste es mi nombre, éstas son mis posesiones»

Aun cuando el ego cree que gobierna, en realidad es un prisionero del cuerpo y de la mente, que a su vez son títeres de las sutiles maquinaciones de la Naturaleza Cósmica. [...] El ser humano medio es consciente tan sólo de su cuerpo, de su mente y de las conexiones externas de ambos. Permanece hipnotizado por las ilusiones del mundo (expresadas de muy diversas maneras tanto en la literatura antigua como en la actual), las cuales refuerzan su tácita suposición de que es una criatura mortal y limitada.

El cuerpo y la mente humanos son verdaderos campos de batalla en los que se entabla la guerra entre la sabiduría y la fuerza ilusoria consciente que se manifiesta como avidya, la ignorancia. Todo aspirante espiritual que tenga el propósito de establecer en su interior el gobierno del rey Alma debe derrotar a las fuerzas insurgentes del rey Ego y sus poderosos aliados.








Parte 2: Yoga- el método para alcanzar la victoria


EI metafísico práctico, en sus intentos por liberar el alma de las ataduras de la materia, aprende los métodos exactos que necesita para alcanzar la victoria. Como resultado de pensar y actuar constantemente de manera correcta, en armonía con la ley divina, el alma del hombre asciende poco a poco, siguiendo el curso de la evolución natural.

El yogui, en cambio, elige el más veloz de los métodos para acelerar la evolución: la meditación científica, mediante la cual el flujo de la conciencia se invierte y se dirige de la materia al Espíritu a través de los mismos centros cerebroespinales de vida y conciencia divina que encauzaron el descenso del alma al cuerpo.



Los chakras del eje cerebroespinal

Los tratados de yoga identifican estos siete centros (en orden ascendente) del siguiente modo:

1) muladhara (el centro coccígeo, ubicado en la base de la espina dorsal);
2) svadhisthana (el centro sacro, unos cinco centímetros por encima del muladhara);
3) manipura (el centro lumbar, en el área opuesta al ombligo);
4) anahata (el centro dorsal, en el área opuesta al corazón);
5) vishuddha (el centro cervical, en la base del cuello);
6) ajna (asiento del ojo espiritual, tradicionalmente localizado a nivel del entrecejo y, en realidad, directamente conectado por polaridad con el bulbo raquídeo);
7) sahasrara («el loto de mil pétalos», en la parte superior del cerebro).

La corriente vital que fluye en forma descendente desde el cerebro dirige la mente hacia los sentidos y hace que ésta se identifique con el cuerpo físico y con la esfera material y sus complicaciones. Mediante una técnica como el Kriya Yoga, se invierte la corriente vital de manera que fluya en forma ascendente hacia los centros de percepción espiritual situados en el cerebro y conduzca la mente desde los sentidos hasta el alma y el Espíritu. [...]

Cuando el yogui retira su fuerza vital de los objetos materiales, de los órganos sensoriales y de los nervios sensitivo-motores y dirige esa concentrada corriente de vida hacia arriba, a través del conducto espiral de la kundalini (energía enrollada), situado en el cóccix, percibe, durante su ascenso, los diversos centros espinales con sus rayos de luz semejantes a pétalos y sus sonidos de energía vital.

Cuando la conciencia del yogui llega al bulbo raquídeo y al ojo espiritual situado en el entrecejo, descubre el portal por donde se entra a la estrella-loto de «mil» (innumerables) rayos, y percibe la luz omnipresente de Dios que se difunde sobre la esfera de la eternidad, y contempla su cuerpo como una minúscula emanación de esa luz.

En su estado natural, todos los plexos astrales cerebroespinales son de índole espiritual y reflejan los diversos aspectos de la inteligencia divina y del poder vibratorio de la supra-conciencia del alma. Sin embargo, cuando la energía de estos centros es arrastrada hacia el exterior bajo la influencia de los sentidos y se reduce su comunicación con la facultad pura de discernimiento del alma, la expresión de dichos centros resulta proporcionalmente desnaturalizada.

La manifestación externa de los centros cerebrales da expresión al intelecto, al raciocinio y a la distorsionadora inquietud (en vez de revelar la sabiduría omnisciente de la intuición y la serenidad que refleja al Espíritu).

La manifestación externa del centro del corazón se expresa —cuando se halla identificado con los sentidos— en la forma de impulsos activadores de los gustos y aversiones, de los apegos y antipatías emocionales (en vez de exteriorizarse como el sentimiento puro libre de prejuicios y como el control de la fuerza vital).

La manifestación externa de los tres centros inferiores alimenta los voraces apetitos de los sentidos (en vez de expresar los divinos potenciales de estos chakras: el autocontrol, la adhesión a los principios de la virtud y el poder de resistirse a las influencias nocivas).




La activación de los poderes del alma a través de la meditación

Los poderes del discernimiento puro [están] representados simbólica- mente por los cinco hijos de Pandu, de origen divino. [...] En la analogía del Guita, los cinco Pandavas son las principales figuras heroicas del poema y los que controlan los ejércitos de energía (prana) y conciencia de los cinco centros sutiles ubicados en la espina dorsal. Ellos representan las cualidades y poderes adquiridos por el devoto cuya meditación profunda se encuentra en sintonía con los centros astrales y causales de vida y conciencia divina.

En orden ascendente, el significado de los cinco Pandavas es el siguiente:

Sahadeva: la Moderación, la capacidad de permanecer alejados del mal (Dama, el poder activo de resistencia, la tenacidad, que permite controlar los inquietos órganos externos de los sentidos); y el elemento vibratorio «tierra» del centro coccígeo o muladharachakra.

Nakula: la Observancia, la capacidad de obedecer las leyes del bien (Sama, el poder positivo o de absorción, la atención, que permite controlar las tendencias mentales); y el elemento vibratorio «agua» del centro sacro o svadhishthanachakra.

Arjuna: el Autocontrol; y el elemento vibratorio «fuego» del centro lumbar. Este centro, el manipurachakra, confiere el poder ígneo de la fortaleza corporal y mental para luchar contra la abrumadora embestida de los soldados sensoriales. Es el que refuerza los buenos hábitos y acciones; el entrenador de los hábitos. Mantiene el cuerpo erguido, produce la purificación del cuerpo y de la mente y posibilita la meditación profunda.

Cuando consideramos su función dual, entendemos, además, las razones por las cuales este centro representa alegóricamente a Ariuna, el más diestro de los integrantes del ejército pandava. Se trata del pivote o punto de inflexión en la vida del devoto entre el denso materialismo y las más refinadas cualidades espirituales.

Desde el centro lumbar hasta los centros sacro y coccígeo, la vida y la conciencia fluyen hacia abajo y hacia fuera, en dirección a la conciencia corporal materialista, que está ligada a los sentidos.

Durante la meditación, en cambio, cuando el devoto ayuda a que la vida y la conciencia sean atraídas hacia la fuerza magnética del centro superior o dorsal, el poder de este ardiente centro lumbar se disocia de las preocupaciones materiales y apoya el trabajo espiritual del devoto que se lleva a cabo mediante los poderes de los centros superiores.

Cuando Arjuna, la capacidad de autocontrol del centro lumbar, aviva el fuego de la meditación y de la paciencia y determinación espirituales, impulsa hacia arriba la vida y la conciencia que estaban fluyendo en dirección descendente y hacia fuera a través de los centros lumbar, sacro y coccígeo. De este modo, le brinda al yogui que medita la fortaleza mental y física necesaria para seguir adelante en el camino de la meditación profunda que conduce a la realización del Ser.

Sin este fuego y este autocontrol, no es posible el progreso espiritual. Así pues, en forma más literal, Arjuna también representa al devoto dotado de autocontrol, paciencia y determinación en cuyo interior se desarrolla la batalla de Kurukshetra. Es el principal devoto y discípulo del Señor, Bhagavan Krishna, que en el diálogo del Guita le muestra a Arjuna el camino hacia la victoria.


Los dos Pandavas restantes son:

Bhima: el Poder de la Vitalidad, la fuerza vital (Prana) que se encuentra bajo el control del alma; y el elemento vibratorio creativo «aire» (o prana) del centro dorsal o anahatachakra.

La fuerza de este centro ayuda al devoto en la práctica de las técnicas apropiadas de pranayama para calmar la respiración y controlar la acometida de la mente y de los sentidos. Se trata del poder por medio del cual se aquietan los órganos internos y ex- ternos y se termina con la invasión de todas las pasiones (como la lujuria, la codicia o la ira). Es el poder que elimina las enfermedades y las dudas. Es el centro del amor divino y de la creatividad espiritual.

Yudhisthira: la Calma Divina; y el elemento vibratorio creativo «éter» del centro cervical o vishuddhachakra. Con buen criterio, se describe a Yudhisthira, el mayor de los cinco hijos de Pandu (buddhi, el intelecto puro), como el rey de todas las facultades discernidoras, ya que la calma es el principal factor necesario para que pueda expresarse el discernimiento correcto.

Cualquier cosa que agite las olas de la conciencia, ya sea de orden sensual o emocional, provocará una distorsión en aquello que se percibe. La calma, en cambio, brinda claridad de percepción: es la intuición misma. Así como el ubicuo éter permanece inalterado, pese al violento tumulto de las fuerzas de la Naturaleza que se abaten sobre él, así la facultad de discernimiento representada por Yudhisthira es esa calma inmutable que discierne todo sin distorsión alguna.

Se trata de la facultad que posibilita planificar la estrategia para derrocar las pasiones enemigas. Es la capacidad de atención, de concentrarse ininterrumpidamente en el objeto correcto. Controla el lapso durante el cual se mantiene la atención, así como la agudeza de ésta. Es el poder que permite comparar entre el bien y el mal. Representa el sentido común para percibir la virtud de apoyar a los amigos y destruir a los enemigos (por ejemplo, los relativos a los sentidos y a los hábitos).

El principal consejero y defensor de los Pandavas es el Señor mismo, que, encarnado en la forma de Krishna, representa el Espíritu, el alma o la intuición que se manifiesta en los estados de supra-conciencia en el bulbo raquídeo, conciencia crística o Kutastha en el centro crístico y conciencia cósmica en el loto de mil pétalos; también representa al gurú que instruye al devoto Arjuna, su discípulo.

En el interior del devoto, el Señor Krishna es, pues, la Divina Inteligencia rectora que le habla al ser inferior, perdido en los enredos de la conciencia sensorial. Esta Inteligencia Superior es el maestro e instructor, en tanto que el intelecto de la mente inferior es el discípulo. La Inteligencia Superior aconseja al viciado ser inferior el modo de elevarse a sí mismo, en armonía con las verdades eternas y en cumplimiento del deber intrínseco que Dios le ha encomendado.




Los efectos espirituales de la práctica del yoga

Existe un concepto popular equivocado acerca de que la práctica del yoga sólo está reservada para los místicos consumados y que esta ciencia se encuentra incluso más allá de la comprensión del hombre común y corriente. La práctica del yoga se basa en un conjunto de disciplinas por medio de las cuales se desarrolla paulatinamente una comprensión de esta ciencia a través de la experiencia personal y directa de Dios, que es la Causa Suprema.

Patanjali, el gran sabio de la India, cuya ubicación cronológica es tema de conjetura por parte de los eruditos, entendió que el Bhagavad Gita era el «Canto Celestial» por medio del cual el Señor expresaba el anhelo de unir el alma de sus hijos ignorantes y errabundos con su propio Espíritu.

Este objetivo debía lograrse científicamente a través de leyes físicas, mentales y espirituales. Patanjali expuso esta ciencia espiritual, con términos metafísicos precisos, en sus célebres Yoga Sutras.

El propósito del Gita resulta evidente de inmediato cuando vemos de qué modo se relaciona cada uno de los guerreros mencionados entre las estrofas 4 y 8 con la práctica del yoga tal como fue descrita por Patanjali en sus Yoga Sutras.

Esta correlación se halla en el sentido metafórico de los diversos guerreros metafísicos, el cual se encuentra implícito en el significado que se deriva de sus nombres o de la raíz sánscrita incluida en ellos, o de la relevancia que tienen estos guerreros en el poema épico Mahabharata.

En las estrofas 4, 5 y 6, el rey Deseo (Duryodhana) comunica a su preceptor, el Hábito del Pasado (Drona), que los soldados espirituales de los centros cerebroespinales se han alineado en formación de combate.

Estos soldados metafísicos, que se han reunido para apoyar la causa de los cinco Pandavas, son los efectos espirituales engendrados como consecuencia de la práctica del yoga por parte del devoto. Ellos, junto con los cinco Pandavas principales, vienen en auxilio del yogui para ayudarle en su lucha contra los perversos soldados de la mente sensorial.

Duryodhana identifica a estos guerreros como Yuyudhana, Virata, Drupada, Dhrishtaketu, Chekitana, el rey de Kashi (Kashiraja), Purujit, Kuntibhoja, Shaibya, Yudhamanyu, Uttamaujas, el hijo de Subhadra (Abhimanyu) y los cinco hijos de Draupadi. Su significado metafórico se explicará siguiendo el orden de categorías adoptado por Patanjali.

Pataniali inicia sus Yoga Sutras con la siguiente definición del yoga: «La neutralización de las fluctuaciones alternantes de la conciencia» (chittavrittinirodha —1:2—). Esto puede traducirse también como «la cesación de las modificaciones de la sustancia mental».

Chitta es un término amplio usado para designar el principio del pensamiento, que incluye las energías pránicas vitales, manas (mente o conciencia de los sentidos), ahamkara (egoísmo) y buddhi (inteligencia intuitiva). Vritti (literalmente, "remolino") se refiere al incesante ir y venir de las olas de pensamientos y emociones que surgen en la conciencia del ser humano. Nirodha significa neutralización, cesación, control.

Continúa Pataniali: «Entonces, el observador mora en su propia naturaleza o ser» (1:3), en referencia al verdadero Ser, el alma. Es decir, que alcanza la realización del Ser, la unidad del alma con Dios.

Patanjali explica en los sutras 1:20-21:

« (La obtención de esta meta del yogal está precedida por shraddha (la devoción), vina (el celibato vital), smriti (el recuerdo), samadhi (la experiencia de la unión con Dios durante la meditación) y prajna (la inteligencia discernidora). Se hallan más próximos de alcanzar dicho estado aquellos que poseen tivra-samvega, fervor divino (ardiente devoción por Dios y esfuerzo por alcanzarle, y desapasionamiento extremo hacia el mundo de los sentidos)»


En estos sutras, encontramos a los primeros seis soldados metafísicos, prontos a auxiliar al yogui en la batalla por alcanzar la realización del Ser:


1. Yuyudhana: la Devoción Divina (Shraddha)

Derivado de la raíz sánscrita yudh, «luchar», Yuyudhana significa literalmente «el que ha estado luchando a favor de sí mismo». La derivación metafórica es: «Aquel que posee el ardiente deseo de luchar con el objeto de expresar la conciencia espiritual».

Representa el principio atractivo del amor, cuyo «deber» es atraer a la creación para llevarla de regreso hacia Dios. Esta atracción que el devoto siente como shraddha, la devoción, es un impulso inherente al corazón de conocer a Dios. Shraddha estimula al devoto a actuar espiritualmente y brinda apoyo a su sadhana (las prácticas espirituales).

Con frecuencia, se traduce shraddha como «fe»; sin embargo, se puede definir con más exactitud como «la tendencia natural, o devoción, característica del corazón, por dirigirse hacia su Fuente»; la fe forma parte integral de la entrega a dicho impulso.

La creación es el resultado de la fuerza de repulsión, un alejamiento de Dios —una manifestación externa del Espíritu—. No obstante, en la materia se halla presente la fuerza de atracción: se trata del amor de Dios, un imán que finalmente atraerá a la creación para llevarla de regreso hacia Él. Cuanto mayor sea la sintonía del devoto con esa fuerza, más poderosa se volverá la atracción y más dulces serán los efectos purificadores que produzca la divina devoción del yogui.

Yuyudhana, la Devoción Divina, combate las fuerzas enemigas de la duda o incredulidad, que procuran disuadir y desalentar al aspirante espiritual.



2. Uttamaujas: el Celibato Vital (Virya)

El significado literal de Uttamaujas, el guerrero del Mahabharata, es «de sobresaliente valor». La interpretación habitual que se da al término virya de Patanjali es «heroísmo» o «valentía». Pero en la filosofía del yoga, virya se refiere también al semen creativo, el cual, si en vez de ser disipado sensualmente es transmutado para que se convierta en su pura esencia vital, proporciona gran fortaleza física, vitalidad y valor moral.

Así pues, Uttamaujas, que proviene de los términos sánscritos uttama, «principal», y ojas, «energía, poder, fortaleza corporal», también puede traducirse como «el mayor poder, la principal fuerza corporal». De allí la derivación metafórica es: «Aquel cuyo poder es supremo (de calidad superlativa o suprema)». Cuando la esencia vital se halla bajo el control absoluto del yogui, se transforma en una importante fuente de fortaleza espiritual y moral.

La esencia vital, la mente sensorial, el aliento y el prana (la fuerza vital o vitalidad) se encuentran íntimamente relacionados. El dominio de al menos uno de ellos permite también el control de los otros tres. El devoto que emplea las técnicas científicas del yoga para controlar en forma simultánea estas cuatro fuerzas alcanza rápidamente un estado de conciencia más elevado.

Uttamaujas, el Celibato Vital, otorga al devoto el poder para vencer las fuerzas de las tentaciones y de los hábitos disolutos y, así, liberar la fuerza vital para que se eleve de los placeres groseros y se dirija a la bienaventuranza divina.



3. Chekitana: el Recuerdo Espiritual (Smriti)

Chekitana significa «inteligente». De la raíz sánscrita chit provienen los significados derivados «aparecer, brillar, recordar». La derivación metafórica es: «Aquel cuya percepción clara y concentrada le permite recordar, o comprender, el verdadero conocimiento».

El término smriti de Patanjali significa «recuerdo», tanto humano como divino. Se trata de aquella facultad mediante la cual el yogui trae a la memoria su verdadera naturaleza, el hecho de haber sido creado a imagen de Dios. Cuando ese recuerdo aparece o brilla en su conciencia, le brinda esa inteligencia o percepción clara que ayuda a iluminar su sendero.

Chekitana, el Recuerdo Espiritual, se encuentra pronto a oponerse a la ilusión material que hace que el hombre olvide a Dios y se considere a sí mismo un ser mortal prisionero del cuerpo.



4. Virata: el Éxtasis (Samadhi)

Cuando los cinco Pandavas fueron enviados al exilio por Duryodhana, las condiciones impuestas incluían pasar doce años en los bosques y permanecer de incógnito el decimotercer año sin que los espías de Duryodhana los reconociesen. Por tal motivo, los Pandavas vivieron ese último año ocultos en la corte del rey Virata.

El sentido metafórico es que, una vez que los deseos materiales —constituidos en hábitos— toman el control absoluto, es necesario que transcurra un ciclo de doce años para desalojar del reino corporal a los usurpadores.

A fin de que las cualidades del discernimiento puedan recuperar el reino que les corresponde por legítimo derecho, el devoto debe obtener primero dichas cualidades durante la meditación, a partir de las experiencias que adquiere en el estado de samadhi, y conservarlas mientras se expresa a través del cuerpo físico y de los sentidos. Cuando las cualidades del discernimiento han demostrado así su poder, se encuentran listas para emprender la batalla metafísica cuyo objetivo es reivindicar el reino corporal.

De este modo, Virata representa el samadhi del texto de Patanjali, los estados temporales de unión divina en la meditación de los cuales el yogui obtiene fortaleza espiritual. Virata proviene del término sánscrito vi-rãj, «gobernar, resplandecer». Vi significa «diferenciación, oposición» y expresa la diferencia entre gobernar de manera ordinaria y gobernar o reinar desde el divino estado de conciencia experimentado en el samadhi.

La derivación metafórica es: «Aquel que se halla completamente inmerso en el Ser interior». Bajo la influencia o reinado del samadhi, el devoto mismo recibe la iluminación y gobierna sus acciones por medio de la sabiduría divina.

Virata, el Samadhi, el estado de unidad con Dios alcanzado en la meditación profunda, destierra la ilusión por la cual el alma contempla, a través de la naturaleza del ego, las formas diversas de la naturaleza y los pares de opuestos y no al Único Espíritu Verdadero.



5. Kashiraja: la Inteligencia Discernidora (Prajna)

La palabra Kashiraja deriva de kñéi, «resplandeciente, espléndido, brillante», y de rãj, «reinar, gobernar, brillar». Significa «reinar con luz, o de manera espléndida o brillante» —la luz que revela la sustancia oculta tras las apariencias—. Su derivación metafórica es: «Aquel cuyo resplandor hace que las demás cosas brillen (se revelen con precisión)».

Este aliado de los Pandavas representa el prajna citado por Patanjali, la inteligencia discernidora —el entendimiento o sabiduría—, que es la principal facultad iluminativa que posee el devoto. No se trata meramente del intelecto del estudioso, ligado a la lógica, al razonamiento y a la memoria, sino de una expresión de la divina facultad del Supremo Conocedor.

Kashiraja, la Inteligencia Discernidora, protege al devoto de caer en las trampas de las astutas tropas del falso razonamiento.



6. Drupada: el Desapasionamiento Extremo (Tivra-samvega)

La traducción literal de las raíces sánscritas del nombre de Drupada son dru, «correr, apresurarse», y pada, «ritmo o paso». La derivación metafórica es: «Aquel cuyos pasos son rápidos o veloces». El significado implícito es «aquel que avanza rápidamente», y se relaciona con la expresión tivra-samvega de Patanjali: en su acepción literal, tivra, «en extremo»; y samvega, de sam, «juntos», y vij), «moverse rápidamente, apresurarse».

La palabra samvega también significa «desapasionamiento por las cosas del mundo que nace de un ardiente anhelo de emancipación». En otro pasaje del Gita, esta desapasionada falta de apego hacia los asuntos mundanos recibe el nombre de vairagya. Patanjali señala, como se mencionó anteriormente, que quienes poseen tivra-samvega se hallan más próximos a la meta del yoga (es decir, pueden alcanzarla con mayor rapidez).

Este poderoso desapasionamiento no consiste en un desinterés negativo ni en un estado de renunciación marcado por las privaciones. El significado de la palabra encierra, más bien, una devoción tan ardiente por alcanzar la meta espiritual —un sentimiento que impulsa al devoto a lanzarse a la acción positiva y la actividad mental intensa— que el anhelo por el mundo se transmuta de forma natural en un deseo por Dios que le colma plenamente.

Drupada, el Desapasionamiento Extremo, apoya la lucha del devoto contra el poderoso ejército del apego a la materia, que busca desviarle de su meta espiritual.



Despierta en ti la óctuple esencia del yoga

Los siguientes aliados de los Pandavas representan los principios fundamentales del yoga. Se conoce a estos yogangas o miembros del yoga como el Óctuple Sendero del Yoga descrito por Patanjali. Ellos se encuentran enumerados en sus Yoga Sutras, 11:29, y son los siguientes: yama (la conducta moral, evitar las acciones inmorales), niyama (las observancias religiosas), asana (la postura correcta para lograr el control del cuerpo y de la mente), pranayama (el control del prana, la fuerza vital), pratyahara (la interiorización de la mente), dharana (la concentración), dhyana (la meditación) y samadhi (la unión divina).

Continuemos, pues, con la descripción de los soldados metafísicos:



7. Dhrishtaketu: el Poder de Resistencia Mental (Yama)

La raíz sánscrita dhris encierra los siguientes significados: «ser valiente y audaz, atreverse a atacar». Ketu significa «jefe o líder» y también «brillo, claridad; intelecto, criterio». La derivación metafórica es: «Aquel que mediante su discernimiento vence las dificultades». Dentro de su nombre, hallamos asimismo el objeto contra el cual Dhrishtaketu lanza su poder. Además de «valiente» y «audaz», dhrishta significa también «licencioso».

Dhrishtaketu representa el poder interior de aquel devoto que posee el buen criterio para atacar con valor —es decir, el poder mental para resistir— las perversas inclinaciones hacia el comportamiento inmoral. Así pues, representa el concepto yama de Pataniali, la conducta moral.

Esta primera etapa del Óctuple Sendero se cumple mediante la observancia de los preceptos prohibitivos —abstenerse de herir a los demás, de mentir, de robar, de comportarse licenciosamente y de codiciar—. Si se los comprende en su cabal significado, estos principios abarcan la totalidad de la conducta moral.

Mediante la observancia de dichos principios, el yogui evita las dificultades mayores o fundamentales que podrían obstaculizar su avance hacia la realización del Ser. Quebrantar las normas de la conducta moral no sólo causa dolor en el presente, sino efectos kármicos perdurables que atan al devoto al sufrimiento y a las limitaciones mortales.

Dhrishtaketu, el Poder de Resistencia Mental, combate el deseo de entregarse a todo comportamiento contrario a la ley espiritual y ayuda a neutralizar los efectos kármicos de los errores del pasado.



8. Shaibya: el Poder de Adhesión Mental (Niyama)

Shaibya, que a menudo se escribe Shaivya, remite a Shiva, que a su vez deriva de la raíz sánscrita Si, «en quien se hallan todas las cosas». Shiva también significa «auspicioso, benevolente, feliz; bienestar». derivación metafórica de Shaibya es: «Aquel que se adhiere a lo que es bueno o auspicioso, a lo que conduce a su propio bienestar».

Shaibya corresponde al niyama de Patanjali, las observancias religiosas. Representa el poder del devoto para adherirse a las prescripciones espirituales de niyama, aquellos preceptos que debe seguir: la pureza de cuerpo y mente, el contentamiento en toda circunstancia, la autodisciplina, la introspección (contemplación) y la devoción a Dios.

Shaibya, el Poder de Adhesión Mental, proporciona al yogui un ejército de positiva autodisciplina espiritual para vencer a los batallones de hábitos negativos causantes de sufrimiento y a los efectos del mal karma del pasado.

Yama y niyama son el cimiento sobre el cual el yogui comienza a edificar su vida espiritual. Armonizan el cuerpo y la mente con las leyes divinas de la naturaleza —es decir, de la creación— brindando bienestar interior y exterior, felicidad y fortaleza que atraen al devoto hacia prácticas espirituales más profundas y le vuelven receptivo a las bendiciones del sadhana (sendero espiritual) impartido por el gurú.



9. Kuntibhoja: la Postura Correcta (Asana)

En el nombre de Kuntibhoja, bhoja deriva de bhuj, «tomar posesión de, regir o gobernar». Kuntibhoja es el padre adoptivo de Kunti. La derivación metafórica es: «Aquel que hace suya y sostiene la fuerza espiritual —Kunti— mediante la cual se invocan y se atraen los poderes divinos».

Kunti es la esposa de Pandu, madre de los tres hermanos pandavas mayores —Yudhisthira, Bhima y Arjuna— y madrastra de los dos hermanos menores, gemelos entre sí —Nakula y Sahadeva—. Tenía el poder de invocar a los dioses (las fuerzas cósmicas creativas), y por este medio nacieron los cinco hijos.

En sentido metafórico, Kunti (de ku, «llamar») constituye el ardiente poder espiritual del devoto a través del cual invoca la fuerza vital creativa para que le ayude en su sadhana. Kunti (al igual que Drupada) representa el desapasionamiento hacia el mundo por parte del devoto y su anhelo de Dios, lo que le permite, durante la meditación, invertir la corriente de la fuerza vital que fluye hacia fuera y concentrarse en su interior.

Cuando la fuerza vital y la conciencia se unen a Pandu —buddhi, el discernimiento—, los tattvas o elementos de los centros espinales sutiles (concebidos en el microcosmos —los centros del cuerpo— mediante las fuerzas creativas macro-cósmicas o universales) se manifiestan ante el yogui (es decir, Kunti los hace nacer).

Kuntibhoja representa el concepto asana de Patanjali, la facultad derivada del equilibrio o control del cuerpo, dado que la postura correcta es esencial para la práctica del control de la fuerza vital por parte del yogui. Así como Kuntibhoja «adoptó y crió» a Kunti, así también la asana «sostiene» la capacidad de invocar la divina energía vital en preparación para la práctica del Pranayama, el control de la fuerza vital (el paso siguiente en el Óctuple Sendero).

La asana prescribe cuál es la postura correcta necesaria para la meditación yóguica. Si bien se han desarrollado numerosas variantes, los fundamentos esenciales consisten en mantener el cuerpo firme con la columna vertebral erguida, el mentón paralelo al suelo, los hombros echados hacia atrás, el pecho hacia fuera, el abdomen hacia dentro y los ojos enfocados en el centro Kutastha, situado en el entrecejo.

El cuerpo debe permanecer inmóvil, libre de tensión. Una vez que se domina, la postura correcta o asana se vuelve —tal como señala Patanjali— «firme y placentera»; ella brinda control corporal y calma física y mental, permitiendo que el yogui medite durante horas, si así lo desea, sin sentir fatiga ni inquietud.

Así pues, resulta evidente por qué la asana es esencial para el control de la fuerza vital: sostiene tanto el desapasionamiento interior por las demandas del cuerpo como el ardiente poder necesario para invocar la ayuda de las energías vitales a fin de dirigir la conciencia hacia el interior, hacia el mundo del Espíritu.

Kuntibhoja, la Postura Correcta, brinda la paz física y mental necesaria para combatir las ataduras corporales implícitas en la tendencia a la pereza, a la inquietud y al apego a la forma física.



10. Yudhamanyu: el Control de la Fuerza Vital (Pranayama)

De yudh, «luchar», y manyu, «entusiasmo o fervor», Yudhamanyu significa «aquel que lucha con gran empeño y determinación». Su derivación metafórica es: «Aquel cuya principal actividad es luchar con el fin de poner de manifiesto la conciencia divina».

La fuerza vital es el eslabón entre la materia y el Espíritu. Al fluir hacia fuera, revela el mundo falsamente atractivo de los sentidos; si se invierte hacia dentro, atrae la conciencia a la bienaventuranza del Espíritu, la cual brinda eterno contentamiento.

El devoto que medita se encuentra entre ambos mundos: se esfuerza por entrar en el reino de Dios, pero al mismo tiempo se mantiene ocupado en luchar contra los sentidos.

Con la ayuda de una técnica científica de pranayama [tal como el Kriya Yoga], el yogui alcanza finalmente la victoria en sus esfuerzos por invertir el flujo de la energía vital, que se hallaba dirigido hacia fuera y volcaba la conciencia externamente en la actividad de la respiración, del corazón y de las corrientes vitales atrapadas en los sentidos; el yogui entra así en el tranquilo y natural reino interior del alma y el Espíritu.

Yudhamanyu, el Control de la Fuerza Vital, es el inestimable guerrero del ejército pandava que desarma y despoja de su poder al ejército sensorial de la mente ciega.



11. Purujit: la Interiorización (Pratyahara)

Si se traduce de forma literal, Purujit significa «que conquista a muchos», de puru (cuya raíz es pri, «muchos», y jit (cuya raíz es ji), «que conquista, que elimina (en la meditación)». La derivación metafórica es: «Aquel que ha conquistado las ciudadelas de los poderes astrales que rigen a los sentidos».

La palabra sánscrita pur (raíz pri) significa «ciudadela» y en este caso se refiere a los baluartes sensoriales de la mente (manas) y sus órganos sensorios, cuyas funciones están gobernadas por los poderes astrales situados en los centros cerebroespinales sutiles.

En la raíz sánscrita ji se halla presente el significado «dominar, controlar». En el contexto del Guita, Purujit significa «aquel que controla o domina a los muchos (soldados de los sentidos) de las ciudadelas sensoriales del cuerpo».

Es decir que Purujit representa el término Pratyahara de Patanjali, la etapa en que la conciencia se retira de los sentidos como resultado de la práctica exitosa del pranayama o control de la fuerza vital (los poderes astrales) que anima los sentidos y lleva sus mensajes al cerebro. Cuando el devoto ha alcanzado el estado de pratyahara, la corriente vital se desconecta de los sentidos, y la mente y la conciencia se aquietan e interiorizan.

Purujit, la Interiorización, otorga al yogui aquella firmeza en su calma mental que impide que los hábitos prenatales (samskaras) del ejército sensorio provoquen una repentina desbandada de la mente hacia el mundo material.



12. Saubhadra, es decir, el hijo de Subhadra (Abhimanyu): el Autodominio (Samyama)

Subhadra es la esposa de Arjuna. El nombre de su hijo es Abhimanyu, de abhi, «con intensidad; hacia, a», y manyu, «espíritu, ánimo, mente; fervor». Abhimanyu representa aquel intenso estado mental (bhava, el ánimo espiritual del devoto) en que la conciencia se ve atraída «hacia» o «a» la unión con el objeto de su concentración o fervor, lo que le proporciona perfecto autocontrol o dominio de sí. Patanjali se refiere a él en sus Yoga Sutras, III:1-4, con el nombre de samyama, un término colectivo bajo el cual se encuentran agrupadas las últimas tres etapas del Óctuple Sendero.

Los primeros cinco pasos son las etapas preliminares del yoga. El samyama —de sana, «juntos», y yama, «sostener»— está formado por el trío arcano: dharana (la concentración), dhyana (la meditación) y samadhi (la unión divina), y constituye el yoga propiamente dicho.

Cuando la mente se ha retirado de las perturbaciones sensoriales (pratyahara), entonces la conjunción de dharana y dhyana da lugar a las diversas etapas del samadhi: la percepción extática y, finalmente, la unión divina. Dhyana, la meditación, es enfocar en el Espíritu la atención liberada. Involucra al que medita, el proceso o técnica de meditación y el objeto de la meditación.

Dharana es la concentración o fijación en ese concepto interno u objeto de la meditación. Así pues, de esta contemplación nace la percepción de la Divina Presencia, que se experimenta, en primer lugar, dentro de uno mismo y deviene después en concepción cósmica: se concibe la vastedad del Espíritu y su omnipresencia dentro y más allá de la creación entera.

La culminación del samyama o autodominio llega cuando el que medita, el proceso de la meditación y el objeto de la meditación se vuelven uno solo —cuando se alcanza la completa realización de la unidad con el Espíritu.

La referencia que se hace al matronímico de Abhimanyu —Saubhadra— en el texto del Guita nos lleva al significado de Subhadra, «gloriosa, espléndida». Por lo tanto, Abhimanyu es el autodominio que otorga luz o iluminación. La derivación metafórica es: «Aquel cuya mente intensamente concentrada brilla por doquier», es decir, lo ilumina o Io revela todo, pone de manifiesto el luminoso estado de realización del Ser.

Abhimanyu, el Autodominio, es aquel grandioso guerrero pandava cuyas victorias le permiten al yogui contener las embestidas de la inquieta y engañosa conciencia del ego, de los sentidos y de los hábitos y así permanecer, por períodos cada vez más prolongados, en el estado de divina conciencia del alma —tanto durante la meditación como después de ésta.



13. Los hijos de Draupadi: los cinco centros espinales despiertos por acción de la kundalini

Draupadi es hija de Drupada (el Desapasionamiento Extremo). Representa el poder o sensación espiritual de la kundalini, que surge o nace del divino fervor y desapasionamiento de Drupada. Cuando la kundalini es dirigida hacia arriba, se «casa» con los cinco Pandavas (los elementos vibratorios creativos y la conciencia que residen en los cinco centros espinales) y, de ese modo, da a luz a cinco hijos.

Nota: En una compleja ceremonia denominada svayamvara, celebrada por el rey Drupada a fin de elegir esposo para su hija Draupadi, Drupada estableció como condición que la mano de Su hija sólo le sería entregada al príncipe que pudiera tensar la cuerda de un gigantesco arco provisto para la ocasión y acertar con éste en el ojo de un blanco móvil colgante e ingeniosamente disimulado. Los príncipes de tierras cercanas y lejanas probaron y fallaron en sus intentos incluso por alzar el arco, en tanto que Arjuna lo logró fácilmente.

Cuando los cinco Pandus regresaron al hogar, su madre Kunti los oyó acercarse a la distancia y supuso que habían ganado algún trofeo, así que les dijo desde lejos que debían compartir equitativamente sus ganancias. Como la palabra de una madre debe ser honrada, Draupadi se convirtió en la esposa de los cinco hermanos. A cada uno de ellos le dio un hijo.

Los hijos de Draupadi son las manifestaciones de los cinco centros espinales abiertos o despiertos —por ejemplo, las formas, luces o sonidos específicos y característicos de cada centro— en los que se concentra el yogui para atraer el divino poder de discernimiento con el cual combatir a la mente sensorial y su descendencia.




Las fuerzas psicológicas contrarias al alma

En el Bhagavad Gita —que es un tratado metafísico y psicológico de vasto alcance— se describen todas las experiencias que ha de atravesar el viajero espiritual en su sendero hacia la emancipación. Hasta el momento, el foco de la atención se había centrado principalmente en los estados positivos que el devoto se esfuerza por desarrollar.

En las estrofas siguientes [...] se nos advierte acerca de los estados negativos que amenazan con intimidar al devoto y desviarle de su meta. «¡Hombre prevenido vale por dos!». El devoto que comprende la naturaleza del camino que ha de recorrer no se sentirá jamás inseguro ni descorazonado ante la inevitable oposición a la que haya de enfrentarse.

[En las estrofas 8 y 9 del primer capítulo del Guita, Duryodhana (el Deseo Material) declara que cuenta con los siguientes aliados para retener el dominio sobre el reino corporal:]

« Esos guerreros sois tú mismo (Drona), Bhishma, Karna y Kripa —victoriosos en las batallas—; también Ashvatthaman, Vikarna, el hijo de Somadatta y Jayadratha.
Asimismo, están aquí reunidos muchos otros guerreros, muy bien entrenados para la lucha, provistos de diversas armas y dispuestos a dar su vida por mí»


Así como los Pandavas enumerados en las estrofas 4 a 6 representan los principios que el yogui necesita cultivar para alcanzar la realización —la unidad con Dios—, los Kauravas que Duryodhana nombra en la estrofa 8 representan, de manera metafórica, los principios específicos que son contrarios al progreso espiritual.

En los Yoga Sutras, I:24, Patanjali afirma: «El Señor (Ishvara) no se ve afectado por klesha (los problemas), karma (la acción), vipaka (los hábitos) ni ashaya (el deseo)».

En los Yoga Sutras, II:3, se señala que klesha (los problemas) presenta cinco aspectos: avidya (la ignorancia), asmita (el ego), raga (el apego en general), dvesha (la aversión) y abhinivesha (el apego al cuerpo). Dado que el Señor se encuentra libre de las mencionadas ocho imperfecciones inherentes a la creación, el yogui que busca la unión con Dios debe, asimismo, desalojar de su conciencia estos obstáculos a fin de alcanzar la victoria espiritual.

Cuando el ego o conciencia del «yo» ha tomado partido por las fuerzas materialistas de la creación, se dice que adolece de seis defectos (doshas): kama (la sensualidad), krodha (la ira), lobha (la codicia), moha (la ilusión), mada (el orgullo) y matsarya (la envidia).

A continuación, se mencionan algunos puntos básicos acerca de los principales enemigos del progreso espiritual:



El egoísmo (simbolizado por Bhishma)

El nombre de Bhishma deriva de la raíz sánscrita bhi o bhis, «atemorizar». [...] En la batalla metafísico-psicológica que se describe, Bhishma-Ego es el oponente más poderoso de los Pandavas y por ello es el que despierta mayor temor en el corazón de las fuerzas espirituales ubicadas en los centros espinales, que intentan avanzar hacia el Espíritu para restablecer el reino de la divina conciencia del alma.

Asmita, el segundo de los kleshas mencionados por Patanjali, deriva del término sánscrito asmi, «yo soy» (de as, «ser»). Así pues, significa «egoísmo», igual que el alegórico Bhishma del Gita.

Patanjali describe de la siguiente manera el klesha del sentido individual del ser: «Asmita (el egoísmo) es la identificación del observador con los instrumentos de observación».

El ego cobra existencia cuando el alma (el observador), la imagen de Dios en el hombre, olvida su verdadero Ser divino y se identifica con los poderes de percepción y de acción localizados en los instrumentos del cuerpo y de la mente. Asmita es, por lo tanto, la conciencia en la que el observador (ya sea el alma o su pseudonaturaleza, el ego) y sus poderes de discernimiento se encuentran presentes como si fueran una unidad indivisible.

El grado de ignorancia o iluminación inherente a esta identificación depende de la naturaleza de los instrumentos respectivos a través de los cuales se manifiesta la yoidad o individualidad. Cuando la yoidad se identifica con los burdos sentidos y sus objetos (el cuerpo físico y el mundo material), se convierte en el ego físico, destructor de la sabiduría.

Cuando se encuentra identificada con los instrumentos sutiles de percepción y conocimiento, esta yoidad se convierte en un sentido más claro del ser, cuya auténtica naturaleza puede verse afectada de manera adversa por la influencia ilusoria de la naturaleza física o, por el contrario, puede hallarse en sintonía con la conciencia de sabiduría mediante la identificación con dicho instrumento, y convertirse en el ego discernidor.

Cuando la yoidad se expresa únicamente a través de la sabiduría intuitiva pura se convierte en el ego discernidor puro (el ego divino) o en su expresión más elevada: el alma, el reflejo individual del Espíritu. El alma —el más puro sentido individual del ser— conoce su identidad con la omnisciencia y omnipresencia del Espíritu y sólo utiliza los instrumentos del cuerpo y de la mente como un medio de comunicación e interacción con la creación objetivada.

Bhishma (asmita, la conciencia del ego nacida de la ilusión) es el comandante supremo de todas las unidades del ejército sensorial. El propósito de Bhishma, el ego, es mantener la conciencia ocupada constantemente con los informes y las actividades de los sentidos, y lo logra enfocando la atención en lo externo, en el cuerpo y el mundo de la materia, en vez de centrarla en Dios y en la verdadera naturaleza del alma.

Esta conciencia atada al cuerpo, cautiva de la ilusión, es la responsable del despertar de los innumerables soldados de las tentaciones y apegos que se encuentran agazapados en el cuerpo humano.

Sin la conciencia del ego, el ejército entero de los males y de las tentaciones desaparece como un sueño olvidado. Si el alma residiera en el cuerpo sin identificarse con él, como lo hacen las almas de los santos, ni las tentaciones ni los apegos podrían mantenerla atada al cuerpo.



Kama (la sensualidad), simbolizado por Duryodhana (el Deseo Material)

Con el pretexto de satisfacer sus necesidades, el ego tienta al hombre a buscar permanentemente la autosatisfacción, lo cual trae como resultado el sufrimiento y la aflicción. Aquello que daría contento al alma se deja en el olvido, y el ego continúa tratando sin cesar de satisfacer sus insaciables deseos. Kama (la sensualidad) es, por lo tanto, el deseo vehemente de entregarse a las tentaciones sensoriales.

El deseo material compulsivo es el instigador de los malos pensamientos y acciones del ser humano. En su interacción con otras fuerzas que obstaculizan la naturaleza divina del hombre —influyendo en ellas y viéndose, a la vez, influido por ellas—, el insaciable deseo sensual es el enemigo por excelencia.

Y el prototipo que encarna a la perfección tal deseo es Duryodhana, cuya absoluta renuencia a desprenderse siquiera de una pequeña porción de territorio o placer sensorial fue la causa de la guerra de Kurukshetra. Sólo en forma muy gradual, y gracias a su ardiente determinación en la batalla, lograron los Pandavas recuperar su reino.

Kama, el deseo sensual, con el apoyo de las demás fuerzas kauravas, es capaz de corromper los instrumentos sensoriales del hombre hasta hacerle expresar sus más bajos instintos. Según enseñan las escrituras hindúes, bajo la poderosa influencia de kama, incluso los hombres cuerdos e instruidos actúan como asnos, monos, cabras y cerdos.

La sensualidad se relaciona con el abuso de cualquiera de los sentidos, o de todos ellos, al buscar el placer o la gratificación. A través del sentido de la vista, el hombre puede codiciar objetos materiales; a través del oído, anhela el dulce y lento veneno de la adulación, así como las vibraciones sonoras de voces y música que enardecen su naturaleza materialista; a través del placer sensual del olfato, se siente atraído hacia ambientes y actividades perjudiciales; la afición desmedida por la comida y por la bebida le impulsa a satisfacer su paladar a expensas de la salud; a través del sentido del tacto, ansía disfrutar de una comodidad física desmesurada y abusa del impulso sexual creativo.

La sensualidad también busca la gratificación en las riquezas, la posición social, el poder y la dominación: todo aquello que satisface la conciencia del «yo, mí, mío» de la persona egoísta.

El deseo sensual es egotismo, el peldaño más bajo en la escala evolutiva del carácter de los seres humanos. Por la fuerza de su pasión insaciable, kama adora destruir la felicidad, la salud, las facultades cerebrales, la claridad de pensamiento, la memoria y la capacidad de discernimiento del hombre.



El poder del pranayama para ganar la batalla espiritual

[En el capítulo I, estrofa 10, Duryodhana/el Deseo Material —líder de las fuerzas de la ignorancia— señala:]

« Nuestras fuerzas, protegidas por Bhishma, son ilimitadas (aunque podrían ser insuficientes); en tanto que el ejército defendido por Bhima es limitado (pero sumamente idóneo)»

Duryodhana-Deseo Material sabe que su reino se encuentra en grave peligro cuando el devoto aspirante comienza a poner en movimiento el ejército espiritual interno mediante la práctica de la meditación. Bhima, la fuerza vital guiada por el alma, es el general más importante de este ejército, dado que la fuerza vital es el eslabón entre la materia y el Espíritu, y no es posible realización alguna hasta que dicha fuerza queda bajo control y se dirige hacia el Espíritu.

A medida que el devoto que medita adquiere habilidad en la práctica de las técnicas correctas de pranayama (como el Kriya Yoga), Bhima (la fuerza vital dirigida hacia dentro y el consiguiente control de la vida y del aliento) conduce a ese yogui victorioso hacia la conciencia divina. [...]

Cuando la fuerza vital se desconecta de los órganos de los sentidos, las sensaciones que provoca la materia no pueden llegar hasta el cerebro y no logran apartar de Dios la atención de aquel que medita. Por eso, se debe despertar a Bhima, o la capacidad de controlar la fuerza vital, y a otros soldados poderosos —la concentración, la intuición, la percepción interna, la calma, el autocontrol, etc., (descritos en las estrofas 4 a 6)— para que combatan contra las fuerzas del ego.

Bhima, la fuerza vital guiada por el alma, lidera el ejército espiritual y es el principal enemigo del ego (Bhishma) porque, cuando el control de la fuerza vital detiene la invasión de los cinco sentidos, el alma queda automáticamente liberada del cautiverio que le impone la conciencia del ego identificada con el cuerpo.

Este «despertar» del alma o realización del Ser se produce primero como una percepción transitoria que tiene lugar durante la experiencia del samadhi en la meditación profunda, después de que, gracias a la práctica exitosa del pranayama, se ha logrado el control de la fuerza vital y se ha invertido la corriente de vida y conciencia desde los sentidos hacia los divinos estados interiores de percepción del alma y percepción de Dios. A medida que las experiencias del samadhi del yogui se hacen más profundas y se expanden, esta realización se convierte en un estado de conciencia permanente.

Alcanzar el samadhi o unidad con Dios es el único método por medio del cual se puede derrotar totalmente la conciencia del ego.



El poder benéfico y maléfico del hábito (simbolizado por Drona)

Sólo en contadas ocasiones el ser humano se da cuenta de que su salud, su éxito y su sabiduría dependen, en gran medida, del resultado de la batalla entre sus buenos y sus malos hábitos. Quienquiera que busque establecer dentro de sí la soberanía del alma no debe permitir que su reino corporal sea invadido por los malos hábitos. El modo de desterrar estos elementos perjudiciales es entrenar una amplia variedad de buenos hábitos en el arte de alcanzar la victoria en la guerra psicológica.

El nombre de Drona proviene de la raíz sánscrita dru, «disolver». Drona, por lo tanto, significa «aquello que permanece disuelto». Ni los pensamientos ni las acciones físicas dejan de existir una vez que se han concretado, sino que permanecen en la conciencia en forma más sutil o «disuelta», como impresiones o huellas de aquella manifestación densa del pensamiento o de la acción.

Dichas impresiones, denominadas samskaras, producen poderosos impulsos, tendencias o inclinaciones que influyen sobre la inteligencia para que ésta repita tales pensamientos y acciones. Con la repetición frecuente, esos impulsos se convierten en hábitos compulsivos.

Por consiguiente, podemos simplificar la traducción de samskara en este contexto y darle el significado de «tendencia interna» o «impulso interno» o «hábito». El preceptor Drona representa el samskara, que, en sentido amplio, puede definirse como «tendencia interna» o «hábito».

Según el relato histórico del Mahabharata, Drona era el magistral preceptor que había instruido en arquería tanto a los Kurus como a los Pandavas. Durante el enfrentamiento entre ambos clanes, sin embargo, Drona se puso de parte de los Kurus.

Tanto las buenas tendencias discernidoras propias de la inteligencia pura del alma (buddhi) como las tendencias mentales perversas de la mente sensorial (manas) habían aprendido de la Tendencia Interna (Drona) el arte bélico de manejar, respectivamente, las armas de la sabiduría reveladora del alma y las armas de la conciencia sensorial oscurecedora de la verdad.

Si los impulsos subconscientes de los samskaras de una persona son positivos, ayudan a crear buenos pensamientos, acciones y hábitos en el presente. Si estos impulsos innatos son negativos, despiertan malos pensamientos que dan lugar a acciones y hábitos perjudiciales.

Así como los pájaros deben girar la cabeza para enfocar un solo ojo a la vez sobre un objeto determinado, Drona, la inteligencia guiada por el hábito (samskara), emplea una visión unilateral y apoya las tendencias dominantes.

Este impulso interno (Drona) se une a las tendencias mentales perversas (los Kurus) cuando éstas predominan en el ser humano. Por Io tanto, a no ser que el samskara o inclinación hacia el hábito sensorial se purifique mediante la sabiduría, seguirá a Duryodhana, el rey Deseo Material.

Por esa razón, en el devoto que aún debe triunfar en la batalla de Kurukshetra, Drona (la inteligencia influida por los malos hábitos) se suma al bando de los Kurus (las tendencias mentales perversas) y los ayuda a dirigir sus flechas de lacerante negatividad contra los poderes del discernimiento.

Para resumir, el principal de los males que, en la práctica, trae consigo la conciencia del ego y sus seis defectos es la compulsión creciente a olvidar el propio Ser —el alma—, así como sus expresiones, manifestaciones y requerimientos, y a desarrollar la empecinada tendencia a satisfacer las insaciables “necesidades” del ego.

La meditación yóguica consiste en el proceso de cultivar y estabilizar la percepción de nuestra verdadera naturaleza a través de la aplicación de leyes y métodos psicofísicos y espirituales definidos mediante los cuales se sustituye el pequeño ego, la defectuosa conciencia humana hereditaria, por la conciencia del alma.




El triunfo del alma mediante la práctica del yoga

[En el Bhagavad Guita, capítulo VI:5-6, el Señor Krishna aconseja a Arjuna:]

« Que el hombre eleve el ser (el ego) por medio del ser; que el ser no se degrade (envilezca) a sí mismo. En efecto, el ser es su propio amigo; y el ser es su propio enemigo.

Para aquel cuyo Ser (el alma) ha conquistado el ser (el ego), el Ser es el amigo del ser; mas, en verdad, el Ser se comporta hostilmente, como un enemigo, con el ser que no se ha doblegado»


EI ego físico, la conciencia activa del hombre, debe elevar el ser que se identifica con el cuerpo a fin de alcanzar la unidad con el alma, que es su verdadera naturaleza; no ha de quedarse estancado en el engañoso y mísero estrato de los enredos sensoriales y materiales.

El ego se comporta como el mejor amigo de sí mismo cuando, mediante la meditación y el ejercicio de las cualidades innatas del alma, se espiritualiza y finalmente logra restablecer su verdadera naturaleza divina. Por el contrario, el ego físico actúa como el peor enemigo de sí mismo cuando, al adoptar el engañoso comportamiento materialista, eclipsa su verdadera naturaleza, la del alma siempre bienaventurada.

Cuando el ego físico (la conciencia activa) se espiritualiza y se unifica con el alma, es capaz de mantener controlados la inteligencia, la mente y los sentidos bajo la guía de la sabiduría discernidora del alma —es decir, el «Ser (el alma) ha conquistado el ser (el ego)»—. En ese caso, el alma se comporta como amiga, guía y benefactora de la conciencia física activa.

En cambio, si el ser inferior (el ego) se encuentra fuera de control y persiste en que la conciencia siga inclinada hacia la materia, entonces el alma se comporta como enemiga del ego. Esta verdad concuerda con la alegoría descrita en el primer capítulo del Guita:

Krishna (el alma) es el amigo y guía del devoto Arjuna en sus esfuerzos espirituales, así como del ejército pandava, que representa las cualidades divinas; en consecuencia, Krishna (el alma) es el enemigo (el oponente) del ejército kaurava de Duryodhana, que, bajo la guía de Bhishma (el ego), representa las inclinaciones materialistas.

En la composición de estas dos concisas estrofas, la palabra atman («ser») aparece doce veces en una construcción ambigua que admite el intercambio de significado, ya sea como «el alma» o «el ego» (la pseudo-alma) —un clásico ejemplo de la dicotomía tan característica de las escrituras de la India—.

Como se ilustra en los párrafos anteriores, el inteligente entrelazamiento de las palabras «alma» y «ego» en estas estrofas conforma una única hebra de la verdad que recorre el entramado completo del Guita: que el hombre se eleve, que no se degrade; que transforme su ser (el ego) en el Ser (el alma).

[Continúa Sri Krishna en VI:46:]

« El yogui es superior a los ascetas consagrados a la disciplina corporal, superior incluso a quienes siguen la senda de la sabiduría o la senda de la acción; ¡sé tú, oh Arjuna, un yogui!»

Existen diversos métodos y caminos secundarios que reciben el nombre de yoga: el Karma Yoga (la senda de las buenas acciones), el Jnana Yoga (la senda del discernimiento), el Bhakti Yoga (la senda de la oración y de la devoción), el Mantra Yoga (la senda de la unión con Dios mediante la repetición de pensamientos espirituales y sonidos primordiales), el Laya Yoga (la senda que enseña a disolver el ego en el Infinito) y el Hatha Yoga (la senda de la disciplina corporal).

El Raja Yoga, es la quintaesencia de todos los caminos del yoga y la senda que preferían los excelsos sabios y los grandes yoguis de la antigua India.



Raja Yoga: la senda más elevada

En esta estrofa, el Señor mismo alaba la senda regia del yoga como el más elevado de todos los caminos espirituales.

El Espíritu, como alma, ha descendido a través de los sutiles centros cerebroespinales astrales hacia el cerebro y los plexos espinales, y desde allí hacia el sistema nervioso, los sentidos y el resto del cuerpo, donde queda enredado como ego o pseudoalma.

En el estado de identificación con el cuerpo, el ego se involucra y se enreda cada vez más en el mundo objetivo. Es preciso lograr que el ego vuelva a ascender a través de ese mismo camino espinal hasta que alcance la realización de su verdadero Ser como alma, y que el alma se reúna nuevamente con el Espíritu.

El yoga señala que esta ruta espinal es la autopista única y directa que todos los seres humanos que han descendido a la tierra deben seguir con el fin de ascender en forma definitiva hacia la liberación.

Todas las demás sendas —aquellas que enfatizan la práctica de tapasya (la autodisciplina mental y corporal), el conocimiento teórico de las escrituras (la obtención de sabiduría mediante el discernimiento) o la realización de toda clase de buenas obras— son caminos auxiliares que se unen, en algún punto, a la autopista del yoga práctico que conduce directamente a la liberación.



La renunciación externa, el estudio de las escrituras y el servicio son caminos secundarios

Es probable que el asceta que se dedica a disciplinar el cuerpo, sometiéndolo a rigurosas austeridades, alcance cierto grado de control sobre el instrumento físico; pero el solo hecho de practicar posturas, soportar el frío y el calor, y no rendirse al sufrimiento ni al placer —sin concentrarse al mismo tiempo en la Conciencia Cósmica— constituye únicamente un rodeo hacia la obtención del control mental necesario para comulgar con Dios.

El yogui alcanza la comunión con el Señor de manera directa al retirar su conciencia de los sentidos, del sistema nervioso, de la espina dorsal y del cerebro, y unirla con el alma, que conoce a Dios. Muchos devotos se encuentran tan absortos en seguir los preceptos de la renunciación y del ascetismo externos que se olvidan de que el propósito de tal autodisciplina es el éxtasis con el Infinito.

Cuando el estudioso de las escrituras disecciona las palabras y los conceptos con el escalpelo de la razón, es posible que se aficione en tal grado al conocimiento teórico —y a dividir mentalmente la sabiduría en diversas porciones— que se quede «seco» a causa de no haber experimentado la verdad que se percibe en el éxtasis divino.

Aunque una persona dedicase su vida entera a estudiar las propiedades del agua y a analizar el agua de las diversas fuentes de todo el mundo, no lograría por ese método calmar su sed.

El hombre sediento, sin necesidad de desplegar una profusa erudición sobre los componentes atómicos del agua, elegirá una que sea buena, la beberá y quedará así satisfecho. Un jnana yogui exotérico —aquel que sigue la senda de la razón discernidora— podrá leer y analizar todas las escrituras y es posible que, aun así, no logre apaciguar la sed de su alma.

El conocimiento teórico de las escrituras hace a menudo que uno tenga la impresión de que conoce la verdad cuando, en realidad, no es así. Sólo mediante la comunión con Dios, la «Biblioteca de Todo Conocimiento», puede uno conocer todas las verdades con exactitud, sin perder el tiempo en la comprensión teórica, ya sea errónea o correcta, de las escrituras.

Por esa razón, puede llegar a existir un enorme abismo entre quienes simplemente leen las escrituras y los hombres de realización, que encarnan en sí mismos aquellas verdades sobre las cuales tratan dichas escrituras.

Los fariseos estaban dispuestos a crucificar a Cristo porque conjeturaban, llenos de temor, que él constituía una amenaza para su autoridad, ya que había percibido realmente aquellas verdades que ellos sólo conocían en teoría.

Por último, también se considera que el yogui es superior al hombre de acción. No hay duda de que el misionero, el trabajador social, el hombre de buena voluntad que practica la «regla de oro» en relación con los demás y el maestro que se esfuerza por instruir a otros en la técnica de la comunión con Dios realizan, todos ellos, buenas acciones.

Sin embargo, a no ser que además se dediquen a la ciencia interior mediante la cual les es posible conocer a Dios a través de su propia experiencia directa, continuarán careciendo de realización divina.

Por eso, el yogui medita y concentra su atención en alcanzar el éxtasis. Hasta llegar a ese estado de sintonía interior con Dios, cumple con sus obligaciones, pero no permite que un exceso de actividades externas le distraiga y le haga olvidar al Señor.

En el camino del yoga, es recomendable estudiar un poco las escrituras con el firme deseo de practicar las verdades allí preceptuadas. También resulta beneficioso, con el fin de comulgar con Dios, renunciar a toda clase de complicaciones innecesarias.

Asimismo, llevar a cabo aquellas acciones prescritas por el deber que sirvan para satisfacer las propias necesidades y para brindar servicio y elevación a los demás proporciona un saludable equilibrio a la vida del yogui.



El Raja Yoga es la verdadera culminación de todas las prácticas religiosas

Hay dos formas de seguir las sendas de la renunciación, de la sabiduría y de la acción: una externa y otra interna. El individuo que se concentra en la renunciación externa es un renunciante externo. En cambio, el tapasvin [asceta] que elimina todos los deseos y apegos internos y mantiene su mente alejada de las tentaciones sensoriales es un renunciante esotérico.

De modo similar, aquel que sigue externamente el camino de la sabiduría (Jnana Yoga) se mantiene ocupado en resolver problemas relacionados con las escrituras y en analizar las estructuras de las palabras. En cambio, el guianin esotérico es, de acuerdo con la filosofía Vedanta, aquel que no sólo escucha las verdades de las escrituras y percibe su significado con la mente, sino que se vuelve uno con ellas porque las asimila por completo.

Así pues, el camino del Vedanta para la realización espiritual consiste en escuchar la verdad de las escrituras (shravanam), en percibirla (mananam) y, finalmente, en volverse uno con ella (nididhyasanam).

El individuo que realiza buenas acciones es un karma yogui externo. Aquel que practica la meditación yóguica realiza la acción más elevada; es un karmin esotérico.



El gobierno del rey Alma en el reino corporal espiritualizado

Cuanto más profunda sea la meditación del yogui y cuanto mayor sea el tiempo en que pueda mantener los efectos de las virtudes y percepciones del alma despierta y expresarlas en su vida cotidiana, más se espiritualizará su reino corporal. El desarrollo de su realización del Ser es el triunfal restablecimiento del gobierno del rey Alma.

En el interior del hombre común, se producen cambios extraordinarios cuando el rey Alma y sus nobles cortesanos —la intuición, la paz, la bienaventuranza, la calma, el autocontrol, el control de la fuerza vital, el poder de voluntad, la concentración, el discernimiento y la omnisciencia— gobiernan el reino corporal.

El hombre que en sus manos puras ha recibido la totalidad de su divino reino corporal ya no es un ser humano sumido en la limitada conciencia del ego; en realidad, es el alma: la siempre existente, siempre consciente y eternamente renovada Dicha individualizada, el reflejo puro del Espíritu, dotado de conciencia cósmica. [...]

Mediante el verdadero poder intuitivo, él siente la Dicha siempre burbujeante que danza en cada partícula de su pequeño cuerpo, en su inmenso Cuerpo Cósmico del universo y en su naturaleza absoluta que radica en ser uno con el Espíritu Eterno más allá de las formas manifestadas.

Cada persona debe librar su propia batalla de Kurukshetra. Es una guerra que no sólo vale la pena ganar, sino que, dentro del divino orden del universo y de la eterna relación entre el alma y Dios, tarde o temprano ha de ser ganada.

En el sagrado Bhagavad Guita, el devoto al que se le asegura que alcanzará más rápidamente la victoria es aquel que, con espíritu inquebrantable, practica la divina ciencia de la meditación yóguica y aprende, al igual que Aijuna, a escuchar en su interior el canto de sabiduría del Espíritu.