Les pido una disculpa, pero por falta de tiempo no voy a

poder atender los comentarios hasta finales de marzo.

NIRMANAKÂYAS, LOS PROTECTORES DE LA HUMANIDAD



EN EL BUDISMO

Es el cuerpo de emanación o de aparición a través del cual Buddha puede manifestarse en el mundo visible para por compasión ayudar a los seres humanos. Estando Buddha liberado del karma, es un cuerpo de esencia que ha realizado la vacuidad y la no-dualidad.


EN EL ESOTERISMO

« [El Nirmanakâya] es esa forma etérea que uno [el Iniciado] asumiría cuando al dejar su cuerpo físico, aparecería en su cuerpo astral, teniendo adicionalmente todo el conocimiento de un Adepto. El Bodhisattva lo desarrolla en Sí mismo a medida que procede en el Sendero. Habiendo alcanzado la meta y rehusado a su recompensa, permanece en la Tierra como un Adepto, y cuando muere, en vez de irse a Nirvana, permanece en ese glorioso cuerpo que ha tejido para sí mismo, invisible para la humanidad no iniciada, para velar por ella y protegerla [volviéndose un Buddha de Compasión] »
(La Voz del Silencio, lll, nota 34 del glosario)

« Su significado es completamente diferente en la filosofía esotérica del significado popular que se le atribuye y de las suposiciones de los orientalistas [estudiosos occidentales del Oriente].

Algunos llaman el cuerpo Nirmanakâya “Nirvana con restos” ([como el orientalista alemán] Schlagintweit, etc.) con la suposición que probablemente es una especie de condición Nirvanica durante la cual la conciencia y la forma son conservadas. Otros dicen que es uno de los Trikaya (los tres cuerpos sagrados), con el “poder de asumir cualquier tipo de aparición con el fin de propagar el budismo” (idea de Eitel [otro orientalista]), de nuevo que “es el avatara encarnado de una deidad” (ibid), y así sucesivamente.

[Hay algo de cierto en las definiciones que dieron los orientalistas, pero al NO conocer la enseñanza oculta, desvirtuaron su significación]

Por su parte el Ocultismo dice que Nirmanakâya, aunque literalmente signifique  un “cuerpo” transformado, en realidad es un estado. La forma es la del adepto o yogui que entra o escoge esa condición post-mortem en preferencia al Dharmakâya o estado Nirvanico absoluto. Él hace esto porque este último kâya lo separaría para siempre del mundo de la forma, confiriéndole un estado de beatitud egoísta, en el que ningún otro ser vivo puede participar, estando por lo tanto impedido el adepto de la posibilidad de ayudar a la humanidad o incluso a los devas [seres luminosos].

Sin embargo, como un Nirmanakâya, el hombre solo deja tras de sí su cuerpo físico y retiene todos los otros principios (ver constitución oculta del hombre) salvo el kamico ya que él lo ha extinguido para siempre de su naturaleza durante la vida y ya no puede resucitar jamás en su estado post-mortem. Es así como, en vez de irse a una beatitud egoísta, escoge una vida de abnegación y una existencia que solo termina con el ciclo de vida [el manvantara], a fin de ser capaz de ayudar a la humanidad de una manera invisible pero de lo más efectiva.

Por consiguiente, un Nirmanakâya no es como popularmente se cree, el cuerpo “en el que un Buddha o Bodhisattva aparece en la Tierra”, sino en verdad alguien que ya sea un Chutuktu o un Khubilkhan [así se les llama en el Tíbet y en Mongolia a aquellos que son considerados la encarnación de un Buddha u otro ser elevado], un adepto o un yogi que durante la vida se ha convertido desde entonces en un miembro de esa Hueste invisible que siempre protege y cuida a la humanidad dentro de los limites karmicos. Confundidos seguido por “Espíritus”, Ángeles o el mismísimo Dios, un Nirmanakâya es siempre un protector compasivo, verdaderamente un ángel guardián para quien es digno de su ayuda.

Independientemente de las objeciones que se puedan dar contra esta doctrina, por mucho que se niegue, porque en verdad, nunca había sido enunciada públicamente hasta la fecha en Europa y por lo tanto, ya que es desconocida para los orientalistas, forzosamente debe ser “un mito de la invención moderna”. Sin embargo, nadie se atreverá a decir que esta idea de ayudar al sufrimiento de la humanidad a costa de un casi interminable auto-sacrificio, no es uno de los más grandes y más nobles conceptos que pueda surgir del cerebro humano. »
(Theosophical Glossary, by H. P. Blavatsky)

Ahora la noción de la Gran Fraternidad Blanca constituida por grandes adeptos que guían y protegen a la humanidad está muy expandida en el Occidente (aunque seguido alterada y comercializada) pero en aquella época, en 1892, era algo inedito, de ahí que hubo mucho escepticismo.

« La palabra sanskrita Nirmanakâya está compuesta de dos palabras: nirmana que significa “formando”, “creando” y kâya que significa “cuerpo”, “vestidura”, “vehículo”, de ahí que lo traduzcan por “cuerpo formado”. Sin embargo, en realidad un Nirmanakâya es un estado asumido por un Bodhisattva (un individuo que ha alcanzado una semi-divinidad) que para usar un lenguaje popular, en lugar de escoger su recompensa de entrar en el Nirvana de un grado menor, permanece en la tierra por piedad y compasión por los seres inferiores, envolviéndose a sí mismo con la vestidura nirmanakâyica. Cuando ese estado termina, el Nirmanakâya también termina [y el Bodhisattva en recompensa entra en un Nirvana de un grado mucho mayor].

Un Nirmanakâya es un hombre completo que posee todos los principios de su constitución, excepto el Linga-Sarira [el cuerpo astral en su aspecto más denso] y su cuerpo físico. Es alguien que vive en el siguiente plano de existencia por arriba del físico, y su propósito en hacer esto es para salvar a los hombres de ellos mismos, instigando continuamente pensamientos de abnegación y olvido de sí mismos, de belleza espiritual y moral, de ayuda mutua, de compasión y de piedad. »
(Occult Glossary by G. de Purucker)


¿CÓMO PUEDEN EFECTUAR ESA RECORPORIFICACIÓN?

« Lo más misterioso en las encarnaciones de los nirmânakâyas es que la personalidad del adepto puede encarnar en un cuerpo humano (cuando emplea su mâyâvi o su Kâma Rûpa, y permanece en Kâma Loka), aun cuando sus “Principios Superiores” continúen en estado nirvánico (6). Conviene advertir que las referidas expresiones se emplean con propósito de vulgarizar el concepto, y por lo tanto no tratamos la misteriosa cuestión desde el supremo plano, o de absoluta espiritualidad, ni tampoco desde el más elevado punto de vista filosófico a que sólo unos cuantos pueden llegar.

Nada que no esté eternamente allí, puede alcanzar el Nirvâna; pero la mente humana, al especular sobre lo Absoluto, lo considera como el último término de una serie indefinida. Si tenemos esto presente, evitaremos gran número de conceptos erróneos. La potencialidad de esta espiritual evolución yace en la materia de varios planos con la que el nirvâni se puso en contacto antes de alcanzar el nirvâna; pero como el plano en que esto se efectúa pertenece a la serie de planos ilusorios, no puede ser el mismo plano supremo. Quienes indaguen este punto deben beber con preparado ánimo en la originaria fuente de estudio, que son los Upanishads. Aquí sólo tratamos de indicar la manera de hacer la indagación, y mostrar algunas de las ocultas posibilidades, que no bastan de por sí para poner al lector en la meta; pues la verdad final sólo puede recibirla el discípulo iniciado de labios del maestro.

Mas a pesar de lo expuesto, lo afirmado todavía les parecerá incomprensible, si no absurdo, a quienes no estén familiarizados con la doctrina de la multiplicidad de naturaleza y los varios aspectos de la mónada humana; y a quienes miren desde un punto de vista puramente material, la división septenaria del hombre. Sin embargo, admitirán sin vacilaciones la posibilidad del hecho, el ocultista intuitivo que haya estudiado detenidamente el misterio del nirvâna, que sabe que es idéntico a Parabrahman, y por lo tanto inmutable, eterno y que no es una cosa, sino el absoluto Todo. Saben ellos también que un dharmakâya, o sea un nirvâni “sin residuos”, como traducen nuestros orientalistas, es absorbido en esa Nadidad que es la única conciencia real, puesto que es absoluta; y por lo tanto, no se puede decir que vuelva a encarnar sobre la Tierra, puesto que el nirvâni ya no es un él, una ella, ni tan siquiera un ello. (Ver ¿Quién creó el Universo?)

En cambio, el nirmânakâya que obtuvo el Nirvâna “con residuos” queda revestido de un cuerpo sutilísimo que lo abroquela impenetrablemente contra todas las vibraciones exteriores, y en el cual conserva la noción de su individualidad, por lo que puede reencarnar en la tierra. Además, todo ocultista oriental sabe que hay dos clases de nirmânakâyas: el natural y el asumido. El nirmânakâya natural es la condición del adepto que alcanzó un estado de bienaventuranza inmediatamente inferior al nirvâna. El nirmânakâya asumido es la condición del que por abnegado sacrificio renuncia al nirvâna absoluto, con propósito de auxiliar y conducir a la humanidad.

Podría objetarse que siendo el dharmakâya un nirvâni o jîvanmukta, no puede dejar “residuo” alguno después de la muerte, ni necesita cuerpo alguno sutil ni individualidad, por haber alcanzado un estado en el cual ya no son posibles más encarnaciones, y que, por lo tanto, ha de desaparecer inmediatamente la individualidad o Ego que reencarna. A esto cabe reargüir diciendo que así sucede por regla general en cuanto a las explicaciones exotéricas; pero el caso de que tratamos es excepcional, y su determinación depende de los ocultos poderes de los elevados adeptos, quienes, antes de entrar en el nirvâna, pueden hacer que sus “residuos” (7) permanezcan en planos inferiores (8), tanto si llegan a nirvânis como si sólo alcanzan un menor grado de bienaventuranza. »
(Collected Writings, Vol. 14, p375-376)


Ver también:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada