Los instructores de la Metafísica Moderna y de los Maestros Ascendidos dan una visión muy tergiversada acerca de los maestros a quienes los representan como si fueran seres inmaculados desprovistos de ego y que se encuentran existiendo en una dimensión divina.
Pero esa representación es falsa y en realidad los maestros siguen siendo seres terrestres, solo que muy desarrollados espiritualmente y con sus poderes psíquicos activados.
Esto lo podemos percibir en las cartas que los maestros escribieron, y a continuación les voy a detallar la naturaleza humana que todavía siguen teniendo esos grandes adeptos.
Los maestros solo utilizan por momentos sus poderes
El maestro Kuthumi explicó que:
« Un adepto, desde el más elevado hasta el más pequeño, lo es solamente durante el ejercicio de sus poderes ocultos.
Cada vez que esos poderes se necesitan, la voluntad soberana abre la puerta a su ser superior interno (también conocido como su maestro interno o su dios interno) que puede emerger y actuar libremente solo a condición de que su “carcelero” que es el hombre externo sea completa o parcialmente paralizado según el caso que se requiera.
A saber ya sea mental y físicamente, mentalmente pero no físicamente, físicamente pero no por completo mentalmente, ninguna de las anteriores, pero con una película akásica interpuesta entre el hombre externo y su ser interno.
Entonces el más pequeño ejercicio de poderes ocultos, como verás ahora, requiere de un esfuerzo. Podríamos compararlo al esfuerzo muscular interno de un atleta preparándose para utilizar su fuerza física.
Y así como no es de esperar que un atleta esté siempre divirtiéndose en hinchar sus venas en anticipación a tener que levantar un peso, asimismo no se puede suponer que un adepto mantenga su voluntad en constante tensión y a su ser superior interno en completo funcionamiento, cuando no existe una necesidad inmediata para ello.
Por lo tanto cuando su principio superior descansa, el adepto se transforma en un hombre ordinario limitado a sus sentidos físicos y a las funciones de su cerebro físico. El habito agudiza las intuiciones de este último, sin embargo es incapaz de hacerlas suprasensibles. El dios interno está siempre listo, siempre alerta y esto basta para nuestros propósitos.
Entonces durante los momentos de descanso, las facultades superiores de un adepto también descansan. Por ejemplo cuando yo me siento a tomar mis alimentos, o cuando me estoy vistiendo, o leyendo un libro, u ocupado en cualquier otra cosa, yo no estoy pensando ni siquiera en los que están cerca de mí.
Y es así que Djwal Khul [uno de los principales discípulos de Kuthumi] se rompió con gran facilidad su nariz hasta sangrarse por correr en la oscuridad pegándose contra una viga, como le ocurrió la otra noche, simplemente porque en vez de emitir una “película”, él había paralizado tontamente todos sus sentidos exteriores mientras hablaba con un amigo distante y mientras que yo permanecía plácidamente ignorante de ese acontecimiento porque no estaba pensando en él, y de ahí mi ignorancia.
Y de todo esto que te acabo de decir, tú puedes muy bien inferir que un adepto es un mortal ordinario en todos los momentos de su vida diaria, excepto en aquellos cuando su ser superior está actuando. »
(CM 24B, p.180)
Y en otra carta el maestro Kuthumi le dijo al señor Sinnett:
« Uno no deja por completo de ser un hombre, mi querido amigo, ni tampoco pierde su dignidad por ser un adepto. »
(CM 93, p.427)
Y efectivamente en las Carta Mahatma se percibe que los maestros siguen teniendo características humanas.
A pesar de su paciencia, los maestros también se desesperan
Por ejemplo, el maestro Kuthumi le dijo a Sinnett:
« ¡Me siento terriblemente abatido (mentalmente) por esa incesante actitud de oposición ineludible, y por los continuos ataques a nuestras doctrinas! Durante toda mi tranquila vida contemplativa, ¡jamás he encontrado un hombre más tenaz e irrazonable! [refiriéndose a Allan Hume]. No puedo seguir así, pasando mi vida en inútiles protestas; y si tú no pudieras imponerle tu amistosa influencia, entonces todos nosotros [los maestros] tendremos que separanos de él en un día no muy lejano. »
(CM 50, p.286)
« El gran dolor que [tú Sinnett] me causaste. »
(CM 81, p. 385)
Aunque tienen una gran resistencia los maestros se siguen cansando físicamente
En una carta que Kuthumi le escribió a Sinnett en agosto de 1881, le dice:
« He permanecido por más de nueve días en los estribos sin desmontar. De la lamasería de Ghalaring-tso crucé hacia el territorio Horpa Pa La, y desde allí me dirigí a casa. Si, estoy cansado, y por lo tanto concluiré aquí con esta carta. »
(CM 49, p.286)
Y en una carta que Kuthumi le escribió a Sinnett en diciembre de 1883, le dijo:
« Yo estaba muy cansado después de una cabalgata de cuarenta y ocho horas continuas, y me encontraba medio dormido (también físicamente). »
(CM 93, p.422)
Los maestros necesitan seguir durmiendo periódicamente
En una carta que Kuthumi le escribió a Sinnett en diciembre de 1880, le dice:
« No he dormido desde hace más de sesenta horas, siendo humano tengo que descansar. »
(CM 6, 24)
Los maestros siguen comiendo
Al final de una carta Morya le dijo a Sinnett:
« Me despido porque tengo que elaborar mi comida —y ciertamente me temo—que no te gustaría. »
(CM 39, p.254)
Yo pienso que a Sinnett no le gustaría el alimento que comen los maestros porque Sinnett era un refinado gourmet aficionado a la carne, mientras que los maestros son vegetarianos y se alimentan sobriamente.
Y eso lo muestra un Brahmachari (o sea un joven sacerdote hindú) que se encontró en el Tíbet con los discípulos de Kuthumi, y él contó que:
« El jefe de ellos se percató que yo estaba hambriento y me preguntó si quería alimentarme antes de proseguir con mi viaje. Yo le dije que sí y entonces le indicó a uno de sus discípulos que me proporcionara comida, lo que el discípulo hizo de inmediato. Y para que yo tuviera preparada agua caliente para mis abluciones, él hizo fuego soplando sobre una porción de boñiga de vaca que enseguida se prendió en llamas. »
(Theosophist, agosto de 1884, p.270)
Y Blavatsky señaló que "muy probablemente la persona que vio el Bramachari haya sido Ten-dub Ughien, quien es el Lama que le sigue en rango a nuestro Mahatma, y él es el jefe y guía de sus discípulos cuando el maestro Kuthumi se encuentra de viaje".
Los maestros siguen teniendo apegos
Kuthumi le dijo a Sinnett:
« Sin embargo confieso que yo, individualmente, aún no estoy exento de algunos de los apegos terrenales. Sigo sintiéndome más atraído por algunas personas que por otras, y la filantropía tal como la predicó nuestro Gran Patrón [el Señor Buda] nunca ha extinguido en mí ni las preferencias individuales de amistad, ni el amor por mis parientes más cercanos, ni el ardiente sentimiento de patriotismo por el país en el que me individualicé materialmente por última vez [la India]. »
(CM 8, p.33)
Y Morya le dijo a Sinnett:
« Sabes que ambos [yo y Kuthumi] amamos a nuestro país [la India] y a nuestra raza. »
(CM 29, p.226)
Los maestros siguen siendo curiosos
Kuthumi le dijo a Sinnett:
« Confieso que fue una debilidad de mi parte verte hacer eso. »
(CM 121, p.452)
Los maestros siguen teniendo sus aficiones
Por ejemplo al maestro Morya le encanta fumar. Cuando Blavatsky volvió a visitar el Ashram de Morya, ella le comentó a Sinnett:
« Era como en los viejos tiempos. ... El mismo tipo de cabaña de madera, un palco dividido en tres compartimentos para habitaciones y de pie en una jungla con cuatro patas de pelícano; los mismos chelas amarillos deslizándose silenciosamente; el mismo sonido y eterno de gul-gul-gul de la inextinguible pipa chelum de mi jefe. »
(Cartas Blavatsky a Sinnett, p.38)
Y cuando Sinnett le regaló una pipa a Morya, éste le contestó:
« Muy amable, Sinnett sahib, muchas gracias y salams por la máquina de tabaco. Nuestro afrancesado y pelinguizado Pandit [se refiere a Kuthumi] me dice que el pequeño objeto corto tiene que ser curado (sea lo que sea que haya querido decir con eso) así que procederé a hacerlo. La pipa es corta y mi nariz larga, así es que espero que nos entendamos mutuamente. Gracias, muchas gracias. »
(CM 71, p.374)
Y en otras cartas Morya volvió a mencionar esa pipa:
« Me encontraba en Chi-in-ki (Lhassa) fumando tu pipa. »
(CM 96, p.431)
« Hice que “Benjamin” [Djwal Khul] le pegara un parche a la página y que él imitara mi caligrafía mientras que yo fumaba una pipa echado de espaldas. »
(CM 102, p.439)
Y a otros adeptos también les gusta fumar. El coronel Olcott narró que en 1876 mientras que él se encontraba en su apartamento en Nueva York:
« Estaba leyendo en mi habitación cuando llamaron a la puerta. Dije "adelante" y entonces entró el Hermano [parece que fue Hilarión] con otro caballero moreno de unos cincuenta años, con una espesa barba y cejas grises (que me dio su nombre como Ooton Liatto). Fumamos puros y charlamos un rato. »
Los maestros siguen cometiendo errores
Cuando Sinnett le reclamó a Kuthumi que había inconsistencias en las cartas que él le escribió, el maestro le contestó:
« Escribiendo mis cartas como lo hago, unas cuantas líneas ahora y unas cuantas palabras dos horas después; teniendo que recobrar el hilo del mismo tema, quizá con una docena o más de interrupciones entre el comienzo y el final debido a todas mis labores, no puedo prometer nada semejante a la exactitud occidental. »
(CM 24B, p.186)
Y Kuthumi también señaló que Morya pudo también haber cometido errores en las cartas que él escribió:
« Morya no es más infalible de lo que yo soy y él podría haberse expresado más de una vez muy descuidadamente. »
(CM 23B, p.177)
Y también en algunas de sus decisiones:
« Lo de ayer fue su error, no debió de haberla enviado a Blavatsky a entregar el mensaje al señor Sinnett en el estado en que ella se encontraba. »
(CM 26, p.204)
Los maestros siguen teniendo su personalidad
El maestro Morya tiene un carácter muy fuerte, es rudo y entra en cólera con facilidad. Morya le dijo a Sinnett:
« ¡Mi sangre de Rajput nunca me permitirá ver que se ofenda a una mujer en sus sentimientos sin defenderla! »
(CM 29, p.224)
« No tuve la intensión de ser "satírico", cualquiera que fuere otra interpretación que pudiera dársele a mis palabras, y simplemente me sentí triste al pensar en la gran decepción que seguramente experimentará Kuthumi cuando regrese entre nosotros. »
(CM 38, p.250)
Y Kuthumi le contó a Sinnett que:
« Ustedes consideran a Morya como un indio incivilizado e imperioso. »
(CM 30, p.235)
« No ha habido ni falta de amistad, ni ningún cambio de sentimiento, tú simplemente malinterpretaste la brusquedad natural de Morya cada vez que él habla o escribe seriamente. »
(CM 62, p.353)
« Blavatsky describe a Morya como un "Apolo de Belvedere" de cuya belleza física ella hace descripciones tan encendidas, que a Morya eso lo ha hecho enojar más de una vez y romper su pipa mientras reniega. »
(CM 54, p.313)
« Morya sabe muy poco inglés y detesta escribir. »
(CM 8, p.84)
Y Morya dijo de Kuthumi:
« Kuthumi es impresionable en exceso, en tu sociedad occidental tendría el comportamiento de una típica señorita. »
(CM 53, p.302)
A algunos adeptos les gusta hacer travesuras
Tal fue el caso de Hilarión, quien en ese entonces todavía no era un maestro pero si ya era un adepto (que es un rango más abajo), y le gustaba hacerse pasar por el "fantasma de John King".
Betanelly (el segundo marido de Blavatsky) señaló que "durante el día John King sólo da golpes y circula por la casa, pero a la noche él se materializa y camina por la casa asustando a los empleados.” (HPB Speaks I, p.95)
La muchacha que trabajaba en la casa era una médium y varias veces fue asustada por Hilarión. Blavatsky cuenta que: “ella gritó en la escalera al encontrar a John King en los escalones o en el corredor, con su poderosa figura vestida de blanco; ella relató que él la miró de forma penetrante.” (HPB Speaks I, p.242)
En una ocasión la asustó terriblemente cuando llegó la correspondencia, pues él: “abrió cada una de las cartas antes que el cartero tuviese tiempo de entregarlas. Mi empleada entró corriendo a mi cuarto, casi llorando y tan asustada que estaba muy pálida, diciéndome que ‘aquel espíritu amigo grandote de barba negra, rasgó y abrió los sobres sobre la mano de ella’.” (HPB Speaks I, p.83)
“A la menor cosa que yo no haga como a él le gustaría que las hiciese, él comienza a hacer sus travesuras – ¡y qué travesuras!” (HPB Speaks I, p.85-86)
CONCLUSIÓN
Como ustedes mismos lo pueden constatar, es muy falsa esa imagen de seres celestiales en la que encasillan a los Maestros de Shambala.
Y en realidad ellos siguen siendo hombres terrenales, con sus sentimientos, sus apegos y sus imperfecciones.
Ahora bien, al mostrarles esto no es para que los desdeñen sino para que tengan una visión más realista sobre ellos, ya que indudablemente el nivel de desarrollo que ellos han alcanzado es mucho más elevado que el nuestro.
Y es por eso que en vez de nombrarlos Maestros, el termino más adecuado es de llamarlos 'Nuestros Hermanos Mayores'.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario