CARTAS DE KRISHNAMURTI A ANNIE BESANT


(Aquí les voy a compilar las cartas que vaya encontrando que Jiddu Krishnamurti le envió a Annie Besant.)



CARTA DE 1910

Nota

Leadbeater conoció a Krishnamurti en abril de 1909, cuando Krishnamurti tenía 14 años, y Leadbeater declaró que ese muchacho tenía el potencial de ser el próximo vehículo del Señor Cristo-Maitreya (un personaje ficticio inventado por Leadbeater, quien supuestamente era el Jefe de todos los Maestro, el Instructor del Mundo, y el Maestro de los humanos y de los ángeles). Y que por consiguiente Krishnamurti tenía que ser entrenado para ese propósito.

Annie Besant en ese entonces se encontraba de gira por los Estados Unidos y ella regresó a la India a inicios de 1910, pero Leadbeater le fue informando de los avances que Krishnamurti iba teniendo, y el propio Krishnamurti supuestamente le envió la siguiente carta que a continuación les muestro el facsímil:




Texto

« Adyar, 3 de enero de 1910

Mi querida madre:

Fue muy hermoso cuando [el señor Leadbeater y yo, astralmente] fuimos a la casa de nuestro Maestro [Kuthumi]. Lo encontramos a él, al Maestro Morya y al Maestro Djwal Khul allá conversando con mucha amabilidad.

Todos nos postramos, y el maestro me atrajo hacia sus rodillas y me preguntó si me olvidaría por completo de mí mismo y nunca tendría un solo pensamiento egoísta, sino que solo pensaría en cómo ayudar al mundo. Le dije que sí, que solo quería estar con él algún día.

Entonces él me besó y me pasó la mano por encima, y ​​sentí que de alguna manera yo era parte de él, y me sentí muy diferente y muy feliz, y he tenido esa sensación desde entonces.

Entonces los tres me bendijeron y nos marchamos. Pero a la mañana siguiente, en el Santuario, cuando le di las gracias de nuevo, sentí sus manos presionando con fuerza mi cabeza, como en la noche.

Ya he recorrido 408 kilómetros [astralmente] y disfruto mucho de los recorridos.

¿Cuándo volverás con nosotros?

Te envío mucho cariño, muchas veces al día.

Tu querido hijo.
Krishna. »



Observaciones

Leadbeater se volvió un discípulo en aprobación del maestro Kuthumi pero él fracasó, sin embargo prefirió pretender ante los demás que él había tenido éxito y se había vuelto un discípulo avanzado.

Posteriormente, cuando Annie Besant se volvió la presidenta de la Sociedad Teosófica, Leadbeater la convenció de que Krishnamurti iba a ser el próximo mesías.

Y para lograr eso, entre otras cosas, Leadbeater le envió a Besant esta carta supuestamente de Krishnamurti, pero claramente se nota que quien la redactó fue Leadbeater, y en esa carta él dice un montón de mentiras debido a que Leadbeater, al fracasar, había perdido su contacto con los maestros transhimaláyicos.

Y esto les muestra lo tremendamente ingenua que era Annie Besant, quien se creía todas las falsedades que Leadbeater le decía.







CARTA DE 1922

Nota

En esta carta Krishnamurti le cuenta a Annie Besant las experiencias que él había tenido en los últimos días, y los eventos mencionados sucedieron cuando Krishnamurti tenía 27 años y vivía en Ojai, California con su hermano menor Nitya y su amiga Hermelind.



Texto

« El 17 de agosto sentí un dolor agudo en la nuca y tuve que reducir mi meditación a quince minutos. El dolor, en lugar de aliviarse como esperaba, empeoró. El clímax llegó el 19. No podía pensar ni hacer nada, y mis amigos me obligaron a retirarme a la cama. Entonces quedé casi inconsciente, aunque era muy consciente de lo que sucedía a mi alrededor.

Este dolor volvía en mí alrededor del mediodía todos los días. Ese primer día, mientras me encontraba en ese estado y más consciente de lo que me rodeaba, tuve la primera experiencia extraordinaria.

Había un hombre arreglando el camino; ese hombre era yo mismo; el pico que sostenía era yo mismo; la piedra que estaba rompiendo era parte de mí; podía sentir la delicada hoja de vidrio. Los pájaros, el polvo y el ruido eran parte de mí. Justo en ese momento un coche se alejó de mí, y yo sentí que me estaba alejando de mí mismo.

Estaba en todo, o mejor dicho, todo estaba en mí, lo inanimado y lo animado, la montaña, el gusano y todo lo que respiraba. Permanecí en ese feliz estado todo el día. No podía comer nada, y de nuevo, alrededor de las seis, comencé a perder mi cuerpo físico, y naturalmente, el elemental físico hizo lo que quiso; estuve semiconsciente durante el día.

No hubo nada durante todo el día, y no podía soportar demasiada gente en la habitación. Podía sentirlos de una manera bastante curiosa y sus vibraciones me ponían los nervios de punta. Esa noche, alrededor de las seis, me sentí peor que nunca. No quería que nadie estuviera cerca ni que nadie me tocara. Me sentía extremadamente cansado y débil. Creo que lloraba de puro agotamiento y falta de control físico. Tenía la cabeza bastante mal y sentía como si me estuvieran clavando muchas agujas.

Mientras estaba en ese estado, sentí que la cama en la que yacía, igual que el día anterior, estaba sucia y mugrienta más allá de lo imaginable, y no podía acostarme en ella. De repente, me encontré sentado en el suelo, y Nitya y Rosalind cuando me vieron me pidieron que me metiera en la cama.

Yo les pedí que no me tocaran y grité que la cama no estaba limpia. Continué así un rato hasta que finalmente salí a la terraza y me senté unos momentos, exhausto, y me tranquilicé un poco. Empecé a recobrar el sentido y finalmente el Sr. Warrington [quien en ese entonces era el Secretario General de la Sociedad Teosófica en los Estados Unidos] me pidió que me acercara al pimentero que está cerca de la casa.

Allí me senté con las piernas cruzadas en postura de meditación, y mientras permanecí así un rato, sentí que me desbordaba. Me vi sentado, con las delicadas y tiernas hojas del pimentero sobre mí. Estaba mirando hacia el este.

Frente a mí estaba mi cuerpo y sobre mi cabeza vi la Estrella brillante y clara. Entonces pude sentir la vibración del Señor Buda; contemplé al Señor Maitreya y al Maestro Kuthumi. Me sentí tan feliz, tranquilo y en paz.

Aún podía ver mi cuerpo, flotando, y dentro de mí se sentía la calma del fondo de un lago profundo e insondable. Y al igual que ese lago, yo sentía mi cuerpo físico como un lago insondable. Y al igual que ese lago, yo sentía que mi cuerpo físico, con su mente y emociones, y aunque podía agitarse en la superficie, pero nada, nada, podía perturbar la calma de mi alma.

La presencia del Ser poderoso estuvo conmigo por un tiempo y luego desapareció. Yo me sentí sumamente feliz por haberlo visto. Nada volvería a ser igual. Bebí de las aguas cristalinas y puras de la fuente de la vida y mi alma se apaciguó. Nunca más podría tener sed, nunca más podría estar en la oscuridad absoluta.

He visto la Luz. He tocado la compasión que sana toda pena y sufrimiento; no es para mí, sino para el mundo. He estado en la cima de la montaña y he contemplado a los Seres poderosos. Nunca más puedo estar en la oscuridad absoluta; he visto la Luz gloriosa y sanadora.

La fuente de la Verdad me ha sido revelada y la oscuridad se ha disipado. El amor en toda su gloria ha embriagado mi corazón; mi corazón jamás podrá cerrarse. He bebido de la fuente de la alegría y la Belleza eterna. ¡Estoy embriagado de Dios! »


Esta carta se encuentra en los archivos de la Sociedad Teosófica de Adyar, fue publicada en el capítulo 4 del libro de Pupul Jayakar titulado "J. Krishnamurti - Una Biografía" (1986), y posteriormente en el capítulo 18 del libro de Mary Lutyens titulado "Krishnamurti - Los Años de Despertar" (1895).



Observaciones

En su carta Krishnamurti relató (en una mezcla de lo que imaginó ya que el Señor Maitreya no existe y lo que realmente vivió) la experiencia que él tuvo al despertarse en cierta medida a la realidad divina.

Yo sospecho que los maestros para tratar de que la Sociedad Teosófica de Adyar no se convirtiera una secta adventista por las manipulaciones que había hecho Leadbeater, ellos impulsaron la iluminación espiritual de Krishnamurti para que así al menos él tuviera una visión más clara de la espiritualidad.

Y ese plan de los maestros funcionó ya que posteriormente Krishnamurti rechazó completamente el culto y las fantasías que Leadbeater había creado, pero desafortunadamente Krishnamurti al no haber nunca conocido a los verdaderos maestros, él también rechazó la idea de que los auténticos maestros puedan ayudar a la humanidad para acceder a la Verdad.










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