Varias personas que conocieron a Blavatsky atestiguaron que ella buscó ayudar de manera genuina y sincera a las personas que estaban necesitadas.
EL TESTIMONIO DE WILLIAM JUDGE
William Judge en un reportaje que le hicieron y que se publicó en el periódico "The New York Times" del 6 de enero de 1889, él relató como Blavatsky ayudó a una pobre mujer y a sus hijos cuando un estafador les robó su viaje de Europa a los Estados Unidos:
« Ella iba a partir [en 1873] del puerto francés El Havre con un boleto de primera clase para Nueva York y sólo dos o tres dólares de sobra (porque nunca lleva mucho dinero) y justo cuando estaba subiendo a bordo del vapor, vio a una mujer pobre acompañada de dos niños pequeños que estaba sentada en el muelle llorando amargamente.
- “¿Por qué lloras?”, Blavatsky le preguntó.
La mujer le respondió que su marido le había enviado dinero desde América para que ella y los niños pudieran reunirse con él. La mujer lo había gastado todo en la compra de billetes de tercera clase que resultaron ser falsificaciones sin ningún valor. No sabía dónde encontrar al estafador que la había estafado tan cruelmente, y ella estaba completamente sin dinero en una ciudad extraña.
- "Ven conmigo", dijo la señora Blavatsky
E inmediatamente fueron a ver al agente de la compañía naviera y lo convenció de cambiar su boleto de primera clase por boletos de tercera clase para ella, la pobre mujer y los niños.
Cualquiera que haya alguna vez cruzado el océano en tercera clase entre una multitud de emigrantes apreciará la magnitud de tal sacrificio para una mujer de sensibilidad refinada, y hay pocos, excepto la señora Blavatsky, que hubieran sido capaces de hacerlo. »
(p.10)
EL TESTIMONIO DEL CORONEL OLCOTT
El coronel Henry Olcott en sus "Hojas de un Viejo Diario I" también mencionó el evento que les relaté arriba:
« Recuerdo una anécdota que pone de relieve uno de los rasgos de este carácter tan complejo que tenía H.P.B.: la impulsiva generosidad de su naturaleza.
H.P.B. poseía un billete de primera clase para Nueva York y había ido al muelle del Havre, ya sea para ver su barco o para embarcarse, cuando su atención fue atraída por una pobre campesina sentada en el suelo con uno o dos niños, que lloraba amargamente.
H.P.B. se aproximó a ella y supo que la infeliz venía de Alemania para reunirse con su marido que se encontraba en América, pero había descubierto que un ladrón agente de emigración le había vendido en Hamburgo unos pasajes falsos, y ahora ella se hallaba ahí, impotente y sin dinero; la Compañía no podía hacer nada, y ella no tenía parientes ni conocidos en El Havre.
El excelente corazón de nuestra H.P.B. se sintió tan conmovido, que dijo en seguida:
- “No importa, buena mujer, voy a ver si puedo hacer algo.”
En vano ensayó sobre el inocente agente de la Compañía sus poderes de persuasión y 109 reproches; por último, careciendo de dinero disponible, cambió su billete de primera por billetes de emigrantes para ella misma y para la pobre mujer con sus hijos.
Muchas personas “buenas” y “respetables” han mostrado con frecuencia su horror por las excentricidades de H.P.B., incluso por su costumbre de jurar, pero pienso que una sola acción generosa como la citada, borraría del gran libro de la humanidad, páginas enteras de faltas de corrección mundanas. Que los que lo duden traten de hacer otro tanto. »
(Cap. 2)
EL TESTIMONIO DEL GENERAL DOUBLEDAY
El general Abner Doubleday comentó en la revista "The Religio-Philosophical Journal" del 28 de abril de 1888, otro acontecimiento que mostró la generosidad de Blavatsky:
« Yo vi muchas veces a Madame Blavatsky cuando ella estuvo en Nueva York [1873-1878] estando atraído por la maravillosa erudición que ella muestra en su obra "Isis Develada" y por las novedosas explicaciones que ofrece sobre los fenómenos psíquicos y espirituales, por lo que me apresuré a conocerla.
Estudié su carácter y disposición con detenimiento y llegué a la conclusión de que ella tenía un corazón excelente pues vivía con sencillez para poder ayudar a los pobres que lo necesitaban.
Cuando algunos árabes naufragaron en nuestra costa y quedaron desamparados y sin esperanza, ella no descansó hasta reunir fondos para atenderlos y poderlos enviar de regreso a su país. »
(p.6)
EL TESTIMONIO DE FRANCESCA ARUNDALE
Francesca Arundale fue una teósofa inglesa que hospedó a Blavatsky en su casa cuando Blavatsky estuvo unas semanas en Londres en 1884, y sobre este tema ella mencionó lo siguiente:
« Blavatsky se conmovía fácilmente por la angustia y el dolor de los demás, y ella era muy amable con los niños que encontraba.
Recuerdo un incidente que muestra este aspecto de su naturaleza polifacética: Blavatsky estaba en el jardín zoológico en un asiento rodante, cuando el niño pequeño de un amigo cayó justo delante de ella, contra la rueda; pues bien en su afán por ayudar al niño, Blavatsky casi se cae del asiento pues siempre le resultaba difícil moverse.
Pequeños detalles como éste muestran claramente que a pesar de su rudeza de habla y modales, y el desprecio que a menudo ella tenía por los sentimentalismos de los demás, ella también tenía mucha simpatía por los débiles y los que sufrían. »
(En memoria de HPB, p.69-73)
EL TESTIMONIO DE ANNIE BESANT
Annie Besant convivió con Blavatsky en los dos últimos años de su vida, y sobre este asunto en su Autobiografía ella narró lo siguiente:
« A inicios de 1890, le habían donado a H.P. Blavatsky 1'000 libras para que las usara, a su discreción, en servicio social, y si le parecía bien, en servicio a las mujeres.
Tras largas conversaciones, ella decidió fundar una asociación en el este de Londres para jóvenes trabajadoras, y con su aprobación, la señorita Laura Cooper y yo buscamos un lugar adecuado.
Finalmente, nos decidimos por una casa muy grande y antigua, en el número 193 de Bow Road, y su renovación completa y la construcción de un salón anexo llevaron varios meses.
El 15 de agosto de 1889, Madame Blavatsky la inauguró y la dedicó a mejorar la situación de las jóvenes trabajadoras y mal pagadas. Y esa organización ha cumplido con nobleza su misión durante los últimos tres años.
La compasión de H.P.B. por el sufrimiento humano, especialmente el de las mujeres y los niños, era muy notable.
Ella era muy pobre al final de su vida terrenal, pues lo había gastado todo en su misión y se negaba a dedicar tiempo de su trabajo teosófico a escribir para los periódicos rusos, que estaban dispuestos a pagarle caro por su pluma.
Pero su escaso bolsillo se vació rápidamente cuando cualquier dolor humano que el dinero pudiera aliviar se interpuso en su camino.
Un día escribí una carta a una compañera que le mostraron, sobre unos niños pequeños a quienes les había llevado muchas flores del campo, y les había hablado de sus rostros contraídos por la necesidad.
Me vino a la mente la siguiente nota característica que ella me envió:
« Mi queridísima amiga,
Acabo de leer tu carta y me duele el corazón por los pobres pequeñitos. Mira, solo tengo 30 chelines de mi propio bolsillo (pues como sabes, soy pobre y estoy orgullosa de ello), pero quiero que los aceptes y no digas ni una palabra.
Con esto podrías comprar treinta cenas para treinta pobres hambrientos, y puede que me sienta más feliz durante treinta minutos con solo pensarlo.
Ahora, no digas ni una palabra, y hazlo; llévaselos a esos desafortunados bebés que amaban tus flores y se sentían felices.
¡Perdona a tu vieja amiga grosera, inútil en este mundo!
Siempre tuya,
HPB »
Fue esta ternura suya la que nos llevó, después de su partida, a fundar el 'Hogar HPB para niños pequeños', y un día esperamos cumplir su deseo expresado de que se abriera un refugio grande pero hogareño para niños marginados bajo los auspicios de la Sociedad Teosófica. »
(Capítulo 14)
CONSTATACIÓN
Este gran corazón y generosidad innata que tenía Blavatsky muestran que son falsas las calumnias que sus detractores le hicieron donde la acusan de ser una mujer egoísta e interesada en el dinero.


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