(Este es el capítulo 16 del libro "El Océano de la Teosofía" de William Judge, y añadí subtítulos para facilitar la lectura.)
El campo de las fuerzas, la dinámica y los fenómenos psíquicos es vasto. Dichos fenómenos se ven y las fuerzas se exhiben todos los días en todos los países, pero hasta hace unos años, los científicos les prestaban muy poca atención, mientras que se ridiculizaba mucho a quienes relataban los sucesos o afirmaban creer en la naturaleza psíquica.
Hace unos cuarenta años surgió en los Estados Unidos un culto que se autodenominaba erróneamente "espiritualismo" pero al tener una gran oportunidad, la descuidó y cayó en la mera búsqueda de maravillas fenoménicas sin la más mínima sombra de filosofía esotérica que hay detrás de ellas.
(Nota de Cid: el espiritismo en inglés se denomina espiritualismo.)
Ha logrado poco en términos de progreso, excepto un registro de muchos fenómenos no comprendidos que durante cuatro décadas no lograron atraer la atención seria de la gente en general.
Si bien ha tenido sus utilidades e incluye en sus filas a muchas mentes brillantes, los grandes peligros y daños que han sufrido los instrumentos humanos involucrados [los médiums] y quienes los han buscado compensan con creces el bien logrado, según la opinión de los discípulos de la Logia que desean que el hombre progrese de forma uniforme y sin ruina en su camino evolutivo.
Pero otros investigadores occidentales de las escuelas aceptadas no han logrado mucho mejor resultado, y el resultado es que no existe una Psicología Occidental digna de tal nombre.
Esta falta de un sistema adecuado de psicología es una consecuencia natural del sesgo materialista de la ciencia y la influencia paralizante de la religión dogmática; una ridiculizando el esfuerzo y obstaculizando el camino, la otra prohibiendo la investigación.
Sin embargo la rama católica romana de la Iglesia cristiana es, en ciertos aspectos, una excepción. Siempre ha admitido la existencia del mundo psíquico, pues es el reino de los demonios y los ángeles, pero como los ángeles se manifiestan cuando quieren y los demonios deben ser rechazados, nadie tiene permitido entrometerse en tales asuntos, excepto un sacerdote autorizado.
En cuanto a la prohibición de la perniciosa práctica de la nigromancia, practicada por los "espiritistas", la Iglesia tenía razón, pero no en sus otras prohibiciones y restricciones.
La verdadera para-psicología es hoy un producto oriental. Es cierto que el sistema era conocido en Occidente cuando floreció una civilización muy antigua en América y en ciertas partes de Europa antes de la era cristiana, pero en la actualidad, la para-psicología en su fase auténtica pertenece a Oriente.
¿Existen fuerzas, leyes y poderes psíquicos?
Si los hay, entonces deben existir los fenómenos correspondientes. Y si todo lo descrito en los capítulos anteriores es cierto, entonces en el hombre se encuentran los mismos poderes y fuerzas que se encuentran en cualquier parte de la Naturaleza.
Los Maestros de Sabiduría lo consideran el producto supremo de todo el sistema de la evolución, y refleja en sí mismo todos los poderes, por maravillosos o terribles que sean, de la Naturaleza; por el mero hecho de ser tal reflejo, es hombre.
Esto se reconoce desde hace mucho tiempo en Oriente, donde el autor ha presenciado manifestaciones de poderes tales que desbaratarían las teorías de muchos científicos occidentales.
Y en Occidente, los mismos fenómenos se han repetido para el autor, de modo que sabe por sí mismo que todo humano de cualquier raza posee potencialmente los mismos poderes.
Los fenómenos psíquicos genuinos —o, como a menudo se les llama, mágicos— realizados por el faquir o yogui oriental se realizan mediante el uso de fuerzas y procesos naturales ni siquiera imaginados por Occidente.
La levitación
La levitación del cuerpo, en aparente desafío a la gravedad, es algo que se realiza con facilidad cuando el proceso se domina por completo.
No contraviene ninguna ley debido a que la gravitación es solo la mitad de una ley.
El sabio oriental admite la gravedad (si se desea adoptar ese término) pero el verdadero término es atracción; mientras que la otra mitad de la ley se expresa con la palabra repulsión, y ambas se rigen por las grandes leyes de la fuerza eléctrica.
El peso y la estabilidad dependen de la polaridad, y cuando la polaridad de un objeto se altera con respecto a la tierra inmediatamente debajo, este puede elevarse. Pero como los simples objetos carecen de la consciencia humana, no pueden elevarse sin otras ayudas.
El cuerpo humano, sin embargo, se elevará en el aire sin apoyo, como un pájaro, cuando su polaridad cambia de esta manera. Este cambio se produce conscientemente mediante un sistema de respiración conocido por los orientales; y también puede ser inducido por la ayuda de ciertas fuerzas naturales que se mencionarán más adelante, en los casos de quienes, sin conocer la ley, realizan los fenómenos, como los santos de la Iglesia Católica Romana.
La teletransportación de objetos
Una tercera gran ley presente en muchos de los fenómenos de Oriente y Occidente es la de la cohesión. El poder de la cohesión es un poder distinto en sí mismo, y no un resultado, como se supone.
Esta ley y su acción deben conocerse para que se produzcan ciertos fenómenos como por ejemplo lo que el autor ha visto: el paso de un anillo de hierro sólido a través de otro, o el de una piedra a través de una pared sólida. Y por lo tanto se utiliza otra fuerza que solo puede llamarse dispersión.
La cohesión es la fuerza dominante, pues en el momento en que se retira la fuerza dispersante, la fuerza cohesiva devuelve las partículas a su posición original.
Siguiendo esto, el Adepto en tan gran dinámica, es capaz de dispersar los átomos de un objeto —excluyendo siempre el cuerpo humano— a tal distancia entre sí que lo vuelve invisible, y luego puede enviarlos por una corriente formada en el éter a cualquier distancia en la Tierra.
En el punto deseado, la fuerza de dispersión se retira, momento en el que inmediatamente se restablece la cohesión y el objeto reaparece intacto.
Esto puede parecer ficción, pero al ser conocido por la Logia y sus discípulos como un hecho real, es igualmente cierto que la Ciencia, tarde o temprano, admitirá esa proposición.
No se requiere de aparatos
Pero la mente profana, infestada por el materialismo actual, se pregunta: ¿Cómo son posibles todas estas manipulaciones, ya que no se menciona ningún instrumento?
Los instrumentos están en el cuerpo y el cerebro del hombre. Según la Logia, «el cerebro humano es un generador inagotable de fuerza», y un conocimiento completo de las leyes químicas y dinámicas internas de la Naturaleza, junto con una mente entrenada, otorgan a quien lo posee el poder de operar las leyes a las que me he referido.
Esta será la posesión del hombre en el futuro, y lo sería hoy si no fuera por el dogmatismo ciego, el egoísmo y la incredulidad materialista.
Ni siquiera el cristiano cumple con la acertada afirmación de su Maestro de que si uno tuviera fe podría mover una montaña.
El conocimiento de la ley, sumado a la fe, otorga poder sobre la materia, la mente, el espacio y el tiempo.
La materialización de objetos
Utilizando los mismos poderes, el Adepto entrenado puede producir ante la vista, objetiva al tacto, material antes invisible, y en cualquier forma deseada. Esto sería llamado creación por el vulgo, pero es simplemente evolución en tu misma presencia.
La materia se mantiene suspendida en el aire que nos rodea. Cada partícula de materia, visible o aún no precipitada, ha pasado por todas las formas posibles, y lo que hace el Adepto es seleccionar cualquier forma deseada, existente, como todas, en la Luz Astral y luego, mediante el esfuerzo de la Voluntad y la Imaginación, revestir la forma con la materia por precipitación.
El objeto así creado se desvanecerá a menos que se recurra a otros procesos que no es necesario describir aquí, pero si se utilizan estos procesos, el objeto permanecerá permanentemente.
Y si se desea hacer visible un mensaje en papel u otra superficie, se utilizan las mismas leyes y poderes.
La imagen nítida y definida, fotográficamente, de cada línea de cada letra o dibujo se forma en la mente, y luego, del aire, se extrae el pigmento para que caiga dentro de los límites impuestos por el cerebro, "el inagotable generador de fuerza y forma".
El escritor ha visto todas estas cosas realizadas de la manera descrita, y no por un médium contratado o irresponsable, y el autor sabe de lo que habla.
La importancia de la imaginación
Esto, entonces, conduce naturalmente a la proposición de que la voluntad humana es todopoderosa y la imaginación es una facultad sumamente útil con una fuerza dinámica.
La imaginación es el poder de la mente humana para crear imágenes. En la persona común y corriente, no tiene suficiente entrenamiento ni fuerza para ser más que una especie de sueño, pero puede ser entrenada. Y una vez entrenada, es la constructora en el taller humano.
Al llegar a esa etapa, la imaginación crea una matriz en la sustancia astral a través de la cual fluirán objetivamente los efectos. Es el mayor poder, después de la voluntad, en el conjunto humano de instrumentos complejos.
La definición occidental moderna de imaginación es incompleta y errada. Se utiliza principalmente para designar fantasía o idea errónea y siempre representa irrealidad.
Es imposible encontrar otro término tan bueno porque uno de los poderes de la imaginación entrenada es el de crear una imagen. La palabra deriva de aquellos que significan la formación o el reflejo de una imagen.
Esta facultad utilizada, o más bien, tolerada para actuar, de forma descontrolada, no ha dado a Occidente otra idea que la que se engloba en el concepto de "fantasía".
Lo cual hasta cierto punto es correcto, pero puede llevarse a un límite mayor, el cual, al alcanzarse, hace que la Imaginación desarrolle en la sustancia astral una imagen o forma real que puede usarse de la misma manera que un moldeador de hierro usa un molde de arena para el hierro fundido.
Es por lo tanto la facultad principal, ya que la Voluntad no puede realizar su trabajo si la Imaginación es débil o inexperta. Por ejemplo, si la persona que desea precipitar del aire titubea en lo más mínimo con la imagen creada en la sustancia astral, entonces el pigmento caerá sobre el papel de forma ondulante y difusa.
La telepatía
Para comunicarse con otra mente a cualquier distancia, el Adepto armoniza todas las moléculas de su cerebro y todos los pensamientos de su mente para que vibren al unísono con la mente de la otra persona, y esa otra mente y cerebro también deben unirse voluntariamente a la misma armonía o entrar en ella voluntariamente.
Así, aunque el Adepto esté en Bombay y su amigo en Nueva York, la distancia no es un obstáculo, ya que los sentidos internos no dependen del oído, sino que pueden percibir y ver los pensamientos e imágenes en la mente de la otra persona.
Y cuando se desea penetrar en la mente de otro y captar las imágenes que lo rodean de todo lo que ha pensado y observado, la vista y el oído internos del Adepto se dirigen a la mente para ser vistos, cuando de inmediato todo es visible.
Pero como se dijo antes, solo un pícaro haría eso, y los Adeptos no lo hacen excepto en casos estrictamente autorizados. El hombre moderno no ve ninguna falta en indagar en los secretos de otro mediante este poder, pero los Adeptos dicen que es una invasión de los derechos de la otra persona.
Nadie tiene derecho, ni siquiera cuando tiene el poder en sus manos, a penetrar en la mente de otro y descubrir sus secretos. Esa es la ley de la Logia para todos los que buscan, y si uno ve que está a punto de descubrir los secretos de otro, debe retirarse de inmediato y no seguir adelante.
Si continúa, se le retira el poder en el caso de un discípulo; y en el caso de cualquier otra persona, debe asumir las consecuencias de este tipo de robo, pues la Naturaleza tiene sus leyes y sus policías, y si cometemos delitos en el mundo astral, la gran Ley y sus guardianes, para los cuales no hay soborno posible, ejecutarán el castigo, sin importar cuánto esperemos, aunque sean diez mil años.
He aquí otra salvaguardia para la ética y la moral. Pero hasta que los hombres admitan el sistema filosófico propuesto en este libro, no considerarán incorrecto cometer delitos en campos donde su débil ley humana no tiene efecto; pero al mismo tiempo, al rechazar así la filosofía, pospondrán el día en que todos puedan tener estos grandes poderes para el uso de todos.
La telequinesis
Entre los fenómenos que conviene observar se encuentran aquellos que consisten en mover objetos sin contacto físico. Esto puede hacerse de varias maneras.
La primera consiste en extender del cuerpo físico la mano y el brazo astrales, y con ellos sujetar el objeto a mover. Esto puede lograrse a una distancia de hasta tres metros de la persona.
No entraré en debates al respecto, solo me referiré a las propiedades de la sustancia y los miembros astrales. Esto servirá para explicar, en cierta medida, varios fenómenos de los médiums. En casi todos los casos de tal distribución, la hazaña se logra utilizando la mano astral, invisible pero material.
El segundo método consiste en utilizar los elementales de los que he hablado. Estos tienen el poder cuando son dirigidos por el hombre interior, de transportar objetos cambiando la polaridad, y entonces vemos como en el caso de los faquires de la India y algunos médiums en América, pequeños objetos que aparentemente se mueven sin soporte.
Estas entidades elementales se utilizan cuando se traen objetos desde distancias mayores que la longitud a la que se pueden extender los miembros astrales.
No es un argumento en contra que los médiums no sepan que lo hacen. Rara vez o nunca saben algo sobre cómo logran alguna hazaña, y su desconocimiento de la ley no prueba su inexistencia. Quienes han visto las fuerzas actuar desde dentro no necesitarán argumentos al respecto.
La clarividencia y la clariaudiencia
La clarividencia, la clariaudiencia y la segunda vista están estrechamente relacionadas. El ejercicio de cualquiera de ellas atrae simultáneamente a las otras dos.
No son más que variaciones de un mismo poder. El sonido es una de las características distintivas de la esfera astral, y así como la luz se acompaña del sonido, la vista se presenta simultáneamente con el oído.
Ver una imagen con los sentidos astrales significa que al mismo tiempo hay un sonido, y oír este último infiere la presencia de una imagen relacionada en la sustancia astral.
Es perfectamente sabido por el verdadero estudiante de ocultismo que todo sonido produce instantáneamente una imagen, y esto ha sido conocido desde hace mucho tiempo en Oriente, y se ha demostrado recientemente en Occidente con la producción de imágenes sonoras en un tímpano dilatado.
Este tema puede profundizarse mucho más con la ayuda del ocultismo, pero dado que es peligroso en el estado actual de la sociedad, me abstengo de abordarlo en este punto.
Simplemente diré que en la Luz Astral se encuentran imágenes de todo lo que le ocurrió a cualquier persona, así como imágenes de los eventos venideros cuyas causas están suficientemente marcadas y definidas.
Si las causas aún son indefinidas, también lo serán las imágenes del futuro. Pero para la masa de eventos que ocurrirán durante varios años, todas las causas productoras y eficientes siempre se establecen con suficiente precisión para permitir al vidente verlas con antelación como si estuvieran presentes.
Mediante estas imágenes, vistas con los sentidos internos, todos los clarividentes ejercitan su extraña facultad. Sin embargo es una facultad común a todos los hombres, aunque en la mayoría apenas desarrollada; pero el ocultismo afirma que si no fuera por el germen de este poder, ligeramente activo en cada uno, nadie podría transmitir a otro idea alguna.
En la clarividencia, las imágenes de la Luz Astral pasan ante la visión interna y se reflejan en el ojo físico desde el interior. Entonces aparecen objetivamente al vidente.
Si corresponden a eventos pasados o futuros, solo se ve la imagen; si corresponden a eventos que realmente están ocurriendo, la escena se percibe a través de la Luz Astral mediante el sentido interno.
La diferencia distintiva entre la visión ordinaria y la clarividente radica, pues en que en la clarividencia con vista despierta, la vibración se comunica primero al cerebro, desde donde se transmite al ojo físico, donde establece una imagen en la retina, de la misma manera que el cilindro giratorio del fonógrafo hace que la boquilla vibre exactamente como la voz vibró al ser emitida por el receptor.
Mientras que en la visión ordinaria, las vibraciones se transmiten primero al ojo y luego al cerebro.
Tanto las imágenes como los sonidos son causados por vibraciones, y por lo tanto, cualquier sonido, una vez producido, se conserva en la Luz Astral, desde donde el sentido interno puede captarlo y transmitirlo desde el interior al cerebro, desde donde llega al oído físico.
Así, en la clariaudiencia a distancia, el oyente no oye con el oído, sino con el centro auditivo en el cuerpo astral. La clariaudiencia es una combinación de clarividencia y clarividencia, según el caso particular, y la frecuencia con la que el vidente percibe eventos futuros añade un elemento profético.
El nivel más elevado de clarividencia —la visión espiritual— es muy poco común. El clarividente común se ocupa únicamente de los aspectos y estratos ordinarios de la materia astral. La visión espiritual solo la alcanzan quienes son puros, devotos y firmes.
Se puede alcanzar mediante el desarrollo especial del órgano específico del cuerpo que permite dicha visión, y solo tras disciplina, un largo entrenamiento y el máximo altruismo.
Toda otra clarividencia es transitoria, inadecuada y fragmentaria, ya que se ocupa únicamente de la materia y la ilusión. Su carácter fragmentario e inadecuado se debe a que casi ningún clarividente tiene el poder de ver en más de un grado inferior de la sustancia astral a la vez.
La mente pura y la valentía pueden abordar el futuro y el presente mucho mejor que cualquier clarividente. Pero como la existencia de estos dos poderes prueba la presencia en nosotros de los sentidos internos y del medio necesario (la Luz Astral), ellos, como tales facultades humanas, tienen una relación importante con las afirmaciones hechas por los llamados "espíritus" de la sala de sesiones espiritistas .
Los sueños
Los sueños son a veces el resultado de la acción cerebral automática, y también se producen por la transmisión al cerebro, por parte de la persona interior, de escenas o ideas, elevadas o bajas, que esa persona real ha visto mientras dormía.
Luego se filtran en el cerebro como si flotaran en el alma mientras esta se hunde en el cuerpo. Estos sueños pueden ser útiles, pero generalmente la reanudación de la actividad corporal destruye el significado, distorsiona la imagen y reduce todo a la confusión.
Pero la gran realidad de todo sueño es que alguien lo percibe y siente, y este es uno de los argumentos a favor de la existencia de la persona interior.
Durante el sueño, el hombre interior se comunica con inteligencias superiores, y a veces logra imprimir en el cerebro lo que obtiene, ya sea una idea elevada o una visión profética, o fracasa debido a la resistencia de la fibra cerebral.
El karma de la persona también determina el significado de un sueño, pues un rey puede soñar algo relacionado con su reino, mientras que lo mismo soñado por un ciudadano no tiene nada de importancia temporal. Pero, como dijo Job: "En sueños y visiones de la noche el hombre es instruido".
Las apariciones paranormales
Las apariciones y los dobles son de dos clases generales. Unas son las envolturas astrales o imágenes del mundo astral, ya sean visibles a simple vista o resultado de una vibración interna emitida al ojo, haciendo creer a la persona que ve una forma objetiva externa.
La otra son el cuerpo astral de personas vivas, con plena consciencia o dotadas solo parcialmente de ella.
Los laboriosos intentos de las Sociedades de Investigación Psíquica por demostrar las apariciones sin conocer estas leyes no prueban nada, pues de veinte casos admitidos, diecinueve pueden ser la objetivación de la imagen impresa en el cerebro.
Pero no hay duda de que se han visto apariciones. Las apariciones de recién fallecidos pueden ser imágenes objetivadas, como se describe, o el Cuerpo Astral —llamado Kama Rupa en esa etapa— del difunto.
Y como los pensamientos y las fuerzas que se liberan del cuerpo al morir son muy intensos, tenemos más relatos de tales apariciones que de cualquier otra clase.
El Adepto puede enviar su aparición, que sin embargo recibe otro nombre, pues consiste en su cuerpo astral consciente y entrenado, dotado de toda su inteligencia y no totalmente separado de su estructura física.
Consideraciones
La Teosofía no niega ni ignora las leyes físicas descubiertas por la ciencia. Admite todas las que están probadas, pero afirma la existencia de otras que modifican la acción de las que conocemos comúnmente.
Detrás de todos los fenómenos visibles se encuentra el cosmos oculto con su maquinaria ideal; ese cosmos oculto solo puede comprenderse plenamente mediante los sentidos internos que le pertenecen; estos sentidos no se desarrollarán fácilmente si se niega su existencia.
El cerebro y la mente, actuando conjuntamente, tienen el poder de desarrollar formas, primero como astrales en la sustancia astral, y luego como visibles mediante la acumulación de materia en este plano.
La objetividad depende en gran medida de la percepción, y esta puede verse afectada por estímulos internos. Por lo tanto, un testigo puede ver un objeto que realmente existe como tal externamente, o puede ser inducido a verlo mediante un estímulo interno. Esto nos da tres modos de visión:
a) con el ojo, mediante la luz de un objeto;
b) con los sentidos internos, mediante la Luz Astral; y
c) mediante un estímulo interno que hace que el ojo le informe al cerebro, proyectando así la imagen interna al exterior.
Y los fenómenos de los demás sentidos pueden tabularse de la misma manera.
Siendo la sustancia astral el registro de todos los pensamientos, sonidos, imágenes y demás vibraciones, y siendo el hombre interior una persona completa, capaz de actuar con o sin coordinación con lo físico, pueden explicarse todos los fenómenos de hipnotismo, clarividencia, clariaudiencia, mediumnidad y demás que no se realizan conscientemente.
En la sustancia astral se encuentran todos los sonidos e imágenes, y en el hombre astral permanecen las impresiones de todo acontecimiento, por remoto o insignificante que sea; estas, actuando conjuntamente, producen los fenómenos que resultan tan extraños a quienes niegan o desconocen los postulados del ocultismo.
Pero para explicar los fenómenos realizados por Adeptos, Faquires, Yogis y todos los ocultistas entrenados, es necesario comprender las leyes ocultas de la química, la mente, la fuerza y la materia.
Aunque obviamente, no es competencia de una obra como esta abordar todo eso en detalle.
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