LOS FILÓSOFOS
MEDIEVALES
Centrum en Trigono Centri
El mundo exterior es una imagen del
mundo interior. La astronomía del cielo visible con sus estrellas es una
reproducción externa de los procesos astrológicos que tienen lugar en los
cielos invisibles, y las revoluciones de los planetas que están al alcance de
la observación de nuestros sentidos físicos son símbolos por medio de los
cuales la acción de los poderes espirituales que existen en el universo están
representados.
Así como la tierra tiene sus
estaciones de calor y frío de acuerdo con la posición que ocupa con respecto al
sol, también hay períodos regulares en los que la mente humana parece acercarse
al sol espiritual de la sabiduría divina, y hay otras ocasiones en las que
existe un período de oscuridad y materialismo.
Durante los tiempos del perihelio,
las mentes receptivas encontrarán más fácil elevar sus pensamientos a la fuente
de la verdad eterna; mientras que durante el afelio se requieren de mayores
esfuerzos para acercarse a la luz divina. Y durante la época de la Edad Media
parece haber tenido lugar tal perihelio; una ola de espiritualidad recorría el
mundo iluminando las mentes de aquellos que eran receptivos a la sabiduría,
mientras que en la mente de los vulgares sólo despertó el elemento emocional
provocando entre ellos una epidemia de superstición que se manifestó en el
plano externo a través del desarrollo de la brujería y la hechicería.
Hubo muchos filósofos herméticos de
gran prominencia viviendo durante esos tiempos. Sobre todo hay que mencionar a
Theophrastus Paracelso, pero también a Jacob Boehme, Cornelius Agrippa,
Basilius Valentinus, Robert Fludd y muchos otros demasiado numerosos para nombrarlos
todos.
Como la vida y la filosofía de los
dos primeros ya se han tratado explícitamente en mis otros libros, seleccionaré
aquí a Cornelius Agrippa como referencia de lo que enseñaron los otros filósofos
medievales.
LA MAGIA SEGÚN
CORNELIUS AGRIPPA
Cornelius
Agrippa de Nettesheim nació de una familia noble en Coeln (Colonia) el 14 de septiembre del año 1486. Fue filósofo, médico,
abogado, teólogo, soldado y también estadista. Estudió ciencias ocultas y se
dice que fue un buen alquimista. También organizó en París una sociedad secreta
con el propósito de estudiar las ciencias ocultas.
Se atrajo sobre sí mismo el odio y
la malicia del clero, cuyas malas prácticas deseaba reformar, y en consecuencia
fue denunciado como mago negro y hechicero, e incluso hoy en día circulan casi
tantas historias fabulosas sobre él como las hay con respecto al reputado mago
negro, el doctor Fausto.
Era un enemigo abierto de la Inquisición
y fue perseguido continuamente por esta última, por lo que tuvo que cambiar de
lugar de residencia muy a menudo. Con sólo veinticuatro años escribió su célebre
obra "Occulta Philosophia",
que posteriormente en su edad madura mejoró mucho.
Su estudio del lado oculto de la
naturaleza lo llevó a darse cuenta del hecho de que la verdad no se puede
encontrar en las ilusiones, incluso si pertenecen al plano suprasensual de la existencia,
y por eso dice en su libro "De Vanitate Scientiarum":
"Aquel que no profesa en la
verdad y el poder de Dios, sino por medio de demonios y espíritus malignos, ese
individuo erra. El que produce ilusiones con hechizos mágicos, exorcismos, citaciones,
conjuros, filtros y otros métodos demoníacos merece ser castigado en el infierno."
Cornelius Agrippa hizo un gran
esfuerzo para restaurar el verdadero significado del término "magia",
palabra que en su sentido profundo significa el ejercicio de las funciones
espirituales que están en posesión de los sabios. Pero los ignorantes, incluso
hasta el día de hoy utilizan el término "magia" cuando quieren hablar
de hechicería y villanía, que no es sabiduría, sino lo opuesto a ella.
Con respecto a su libro dice:
« Lo he escrito de tal manera que los sabios encontrarán
en él toda la información que deseen, pero en cambio para el mal dispuesto y el
escéptico la puerta al reino misterioso permanecerá cerrada sin importar lo
mucho que luchen para entrar. Si posees el poder de ver con el ojo de la razón,
toda la ciencia mágica sublime aparecerá ante tu vista y conocerás los poderes
que conocían Hermes, Zoroastro y Apolonio.
La clave de la filosofía más elevada
y divina de los poderes misteriosos de la naturaleza es la razón, y cuanto más
brille el sol de la razón más poderoso será el intelecto y más fácil será para
nosotros lograr incluso las cosas más maravillosas. Pero si el intelecto está
en los lazos de la carne, si no puede vencer los errores recibidos por la
herencia y la falsa educación, entonces no podrá penetrar en los misterios
divinos de la naturaleza y de Dios.
El que quiera entrar en el santuario
debe morir. Debe morir al mundo y a las atracciones sensuales externas, morir a
sus instintos y deseos animales. No es que por tal muerte el alma se separe del
cuerpo, sino que el alma debe poder salir de este último. Y es por eso que Pablo le escribió a los Colosenses: “Habéis
muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”; y en otro lugar añadió:
“Conozco a un hombre que fue exaltado al tercer cielo (pero si ese hombre estaba
en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, eso solo Dios lo sabe)”.
Tal muerte debe experimentar aquel
que desee conocer a Dios, y solo unos pocos tienen el privilegio de hacerlo.
Todo lo que leamos acerca de los
poderes irresistibles del Arte Mágico, de las maravillosas vistas de los astrólogos,
etc., serán fábulas y mentiras tan pronto como tomemos esas cosas en su
significado externo y literal. Sus formas externas cubren verdades internas, y
el que desee ver esas verdades internas debe estar en posesión de la luz de la
razón, la cual desafortunadamente está actualmente en posesión de muy pocos.
Por lo tanto quienes intenten
resolver los problemas de los secretos divinos de la naturaleza mediante la
lectura de libros, permanecerán en la oscuridad y serán alejados de la luz de
la razón por el resplandor ilusorio de su intelecto errado; ellos estarán siendo
desorientados por los trucos de las influencias astrales externas y por
imaginaciones erróneas. Las personas caen continuamente en el error al buscar
más allá de sí mismos lo que existe dentro de ellos.
Deben saber que la gran causa de
todos los efectos mágicos no es externa a nosotros, sino que opera dentro de
nosotros mismos, y esta causa puede producir todo lo que los magos, astrólogos,
alquimistas o nigromantes alguna vez produjeron. Dentro de nosotros está el
poder que produce todas las cosas maravillosas.
Nos habitat, non tartara, sed nec
sidera coeli
Spiritus in nobis, qui viget, illa facit.
Spiritus in nobis, qui viget, illa facit.
La ciencia mágica abarca el
conocimiento de las verdades más sublimes y exaltadas, los misterios más
profundos de la naturaleza, el conocimiento de la materia y la energía, de los
atributos y las cualidades de todas las cosas. Y uniendo los poderes de la
naturaleza y combinando lo inferior con su correspondiente contraparte superior,
se pueden producir los efectos más sorprendentes. Esta ciencia es por consiguiente
la más elevada y perfecta de todas; es una filosofía sagrada y exaltada y el
punto culminante de todas. »
Cornelius Agrippa considera que la
naturaleza es una trinidad formada por los mundos: elementario (corpóreo),
astral y espiritual; cuyos principios inferiores están en íntimo contacto con
los superiores, formando así cuatro estados intermediarios que con los tres
fundamentales hacen siete.
(Observación de Cid: por mundo
elementario, Agrippa se refiere al mundo físico; por mundo espiritual se
refiere al mundo divino, el Devachan; y por mundo astral se refiere a la zona
intermedia entre esos dos mundos, el Kama-Loka.)
La causa de toda actividad en el Universo
es el principio omnipresente de la Vida (siendo idéntico a la Voluntad)
que es una función del espíritu universal. Y este principio vital hace que el alma
etérea actúe sobre el elemento denso de la materia.
El Espíritu –el Primum
mobile– es autoexistente y es movimiento; el cuerpo, o el elemento de la
materia, está en su esencia sin movimiento y difiere tanto del primero que se
requiere de una sustancia intermedia por la cual el espíritu pueda estar unido
al cuerpo. Esta sustancia espiritual intermedia es el alma, o quinta esencia
porque no está incluida en los cuatro estados de la materia (que se llaman los
cuatro elementos) sino que constituye un quinto elemento, o un estado superior
de la materia que es perceptible para los sentidos físicos.
Esta alma del mundo es de la misma
forma que el mundo; porque así como el espíritu en el hombre actúa sobre todos
los miembros de su cuerpo por medio del alma del hombre, de la misma manera el espíritu
universal por medio del alma del universo impregna y penetra todas las partes
de este último. No hay nada en el mundo que no contenga una chispa de este
poder universal, pero el espíritu es más activo en aquellas cosas o seres en
quienes la actividad del alma es más fuerte.
Este espíritu astral puede
resultarnos muy útil si sabemos cómo separarlo de los otros elementos, o si
usamos cosas que lo contienen en abundancia. Hay ciertas cosas en las que este
principio no está tan profundamente arraigado ni tan fuertemente amalgamado con
el cuerpo como en otras, y esas cosas actúan poderosamente y pueden producir
sus contrapartes.
Este es el gran agente alquímico y
en él están contenidos todos los poderes productivos y generativos. Si este
espíritu se extrae del oro o de la plata y se une con algún otro metal, este
último se transforma respectivamente en oro o plata.
Hay una armonía y una unidad tan
grande en la naturaleza que todo poder superior envía sus rayos a través de
enlaces intermedios hasta el más bajo, y lo más inferior puede ascender a
través de la escala hasta lo más alto. Así el más bajo está conectado con el
más alto comparable a una cuerda de un instrumento musical que vibra en toda su
longitud aún si se toca en un extremo. Y si se actúa sobre lo inferior,
reacciona sobre lo superior, y lo superior corresponde a lo inferior.
Una cosa de tamaño muy pequeño puede
producir un gran efecto (como puede verse en el crecimiento de un árbol a
partir de una semilla), pero esto no puede ocurrir con una cualidad elemental
(fuerza física). Los poderes ocultos pueden lograr mucho debido a que son las
propiedades de la forma a la que pertenecen, pero las fuerzas elementales
(mecánicas o físicas) al ser materiales requieren de una gran cantidad de
materia para producir grandes efectos sobre la materia.
Los poderes que pertenecen a la
forma se denominan poderes ocultos porque sus causas están ocultas; es
decir que incluso el intelecto más agudo no puede concebir completamente su
naturaleza, y lo que los filósofos saben al respecto lo han aprendido más a
través de la observación y la experiencia que por medio del razonamiento
intelectual.
Dios creó al hombre a su propia
imagen. El Universo es la imagen de Dios y el hombre es la imagen de la
naturaleza. Por lo tanto el hombre es, por así decirlo, la imagen de la imagen;
en otras palabras, un microcosmos
o un pequeño mundo. El mundo es un ser razonable, vivo e inmortal; y el hombre
es igualmente razonable, pero es mortal, o al menos divisible.
Hermes
Trismegistus dice que el mundo es inmortal
porque ninguna parte de él es jamás realmente aniquilada. Nada se destruye
verdaderamente, y si "morir" significa ser aniquilado, entonces
"morir" es un término sin razón alguna para su existencia; porque no
hay realmente muerte en la naturaleza. Si decimos que un hombre muere, no
queremos con esto significar que algo de ese hombre perece; solo queremos decir
que su cuerpo y su alma se separan el uno del otro.
La verdadera imagen de Dios es Su
Palabra, la Sabiduría, la Vida, la Luz y la Verdad; estas cualidades existen gracias
a Dios, y el alma (espiritual) es su imagen. Por eso se dice que nosotros (el
hombre en su pureza primitiva como ser espiritual) hemos sido creados a imagen
de Dios y no a imagen del mundo o de sus criaturas.
Dios no puede ser tocado con la
mano, ni oído con el oído externo, ni visto con el ojo externo, y tampoco el
espíritu del hombre puede ser visto, oído o tocado de esta manera. Dios es
infinito y no puede ser dominado por nada, y también el espíritu del hombre (el
alma espiritual) es libre y no puede ser ni forzada ni limitada.
En Dios está contenido el mundo
entero y todo lo que existe en él, y también en la voluntad del hombre está
contenido cada parte de su cuerpo. El hombre así estampado y sellado a la
imagen de Dios como su contraparte, necesariamente se vistió a sí mismo de una
forma que representa la verdadera imagen de la naturaleza. Por eso se le llama “el
pequeño mundo” porque el hombre contiene todo lo contenido en el gran mundo, y
no hay nada existente en este último que no exista también verdaderamente dentro
del organismo del hombre.
En el hombre están contenidos todos
los elementos (principios); cada principio según sus propias cualidades. En él
está el etéreo cuerpo astral, vehículo de su alma, correspondiente al
firmamento del mundo; en él está el poder vegetativo de las plantas, y también está
el principio de la sensación, manifestado en el reino animal, y el espíritu
divino, y la razón divina y la mente divina.
Todo esto se encuentra contenido en
el hombre, unido a una unidad, y perteneciente a él por derecho divino. Y es
por eso que la Biblia llama al hombre "toda la creación", y en su
aspecto de microcosmos no sólo contiene todas las partes del mundo, sino que
también contiene y comprende la divinidad misma.
El Alma natural es el medio
por el cual el Espíritu se une a la carne y al cuerpo, y es a través de este
último que vive, actúa y ejerce sus funciones en el mundo físico. Este medio es
inteligente, pero también es por así decirlo, corpóreo; o para expresarlo
quizás más correctamente, el alma participa en la materialidad del cuerpo
físico.
Ésta es la doctrina de todos los
filósofos herméticos.
El hombre consta de los principios:
superior, intermedio e inferior. Los superiores se llaman el alma espiritual
iluminada, y Moisés habla de ella en sentido figurado como si hubiera sido
insuflada por Dios en la nariz del hombre.
El aspecto más bajo es el alma
animal (anima sensitiva). El apóstol Pablo lo llama el hombre animal. La parte
intermedia es el alma racional que conecta el alma animal con la mente divina y
participa en la naturaleza de los dos extremos. Esta parte para hacerse libre
debe estar separada de los elementos inferiores por el poder de la Voluntad de
la que dice el apóstol, “vive y corta como una espada”.
El principio divino nunca peca y
nunca consiente en pecar; pero el principio animal se hunde continuamente en
los deseos animales a menos que sea sostenido por el espíritu divino. La parte
más elevada de nosotros mismos nunca está sujeta a castigo, no sabe nada de los
sufrimientos del principio inferior; pero regresa después de ser separado de
los principios inferiores a su fuente divina.
Pero esa parte que se llama alma
racional y que siendo libre puede elegir entre un rito superior o inferior, si
se aferra continuamente al más elevado, se unirá a Dios y se inmortalizará en
él; pero si el principio intelectual se aferra a lo que es malo, entonces finalmente
se convertirá en un demonio malicioso.
Dios es el centro del mundo y entra
en el corazón del hombre como un rayo de sol. Y a medida que el espíritu de
Dios desciende, se rodea de una sustancia etérea, formando el cuerpo astral,
el vehículo del alma (el carro de fuego del alma). Desde el centro del calor, el
espíritu irradia a todas las partes del cuerpo e impregna a todos sus miembros,
combinando su propio vehículo con el corazón natural del cuerpo y con la
sustancia del alma generada dentro del corazón.
Por medio del alma se mezcla y
amalgama con los fluidos (sangre, nervios, etc.) y con todos los órganos del
cuerpo. Por lo tanto el alma está igualmente cerca de todos los órganos, aunque
irradia de un órgano a otro en el mismo sentido en que el calor del fuego está
íntimamente relacionado con el aire y el agua, si es conducida desde el fuego hacia
el agua por medio del aire.
De esta manera podemos formarnos una
concepción del proceso mediante la cual el espíritu inmortal por medio de su
vehículo etéreo inmortal puede ser capacitado para adherirse y mezclarse con un
cuerpo material denso que es mortal.
Si por enfermedad o alguna otra causa
se interrumpe la conexión que existe entre las diferentes partes de un mismo
organismo, el espíritu regresa nuevamente al corazón. Y si el principio vital
abandona el corazón, entonces el espíritu se marcha con el vehículo etéreo y el
organismo físico muere.
La primera Luz en Dios está más allá
de la concepción intelectual y por lo tanto no puede llamarse una luz
concebible; pero cuando entra en la mente se convierte en luz intelectual y
puede concebirse intelectualmente. Al entrar en el alma, no solo se puede
concebir, sino también comprender. Es incorpórea. Cuando entra en el vehículo etéreo
toma forma aunque es invisible a los sentidos físicos; pero cuando penetra en el
organismo elemental (físico) también se vuelve visible para la percepción
externa.
Mediante esta progresión gradual de
esta Luz divina del Espíritu a la materia densa, nuestro espíritu puede obtener
un gran poder. Es posible que si los pensamientos de los sabios se dirigen con
gran intensidad hacia Dios, la Luz divina ilumina la mente e irradia sus rayos
a través de todas las partes del cuerpo oscuro y denso, haciendo que incluso
este último se ilumine como una estrella luminosa, y cambiar su atracción hacia
la tierra de modo que la persona pueda elevarse en el aire, y así ha sucedido
que incluso los cuerpos físicos de los hombres han sido llevados a alguna
localidad distante.
Tan grande es el poder interior del
espíritu sobre el cuerpo externo que el primero puede levantar al segundo y
llevarlo a ese lugar donde viaja el pensamiento o donde desea o sueña estar.
El poder del hombre para pensar
aumenta en la medida en que este poder o luz etérea y celestial penetra en su
mente, y fortaleciendo sus facultades mentales, puede permitirle ver y percibir
lo que piensa interiormente, como si fuera objetiva y eterna.
Siendo el espíritu unidad e
independiente de nuestras ideas del espacio, y teniendo todos los hombres
esencialmente el mismo espíritu, las almas de los humanos que existen en
lugares muy distantes entre sí pueden entrar en comunicación y conversar entre
sí exactamente de la misma manera que si se encontraran en sus cuerpos físicos.
En este estado, el hombre puede
realizar muchas cosas en un período de tiempo sumamente corto, de modo que nos
puede parecer que no ha necesitado de tiempo para realizarlas. Pero no todo el
mundo puede hacerlo, sólo pueden hacerlo aquellos cuya imaginación y poder de
pensamiento son muy fuertes. Tal hombre (un Adepto) es capaz de comprender todas las cosas a través del
poder de la luz universal o de la inteligencia rectora con la que se encuentra
unido espiritualmente.
Pero si la imaginación tiene tal
poder que no la detienen los obstáculos del tiempo y de la distancia, y si es
capaz de comunicar este poder al cuerpo físico denso arrebatándolo consigo, entonces
es racional que consideremos que el pensamiento crece en poder si se libera y
se capacita para seguir su inclinación natural, en lugar de dejarse arrastrar
por la atracción del plano emocional.
Este poder existe en todos los humanos
y es propiedad inherente a su alma, pero no está desarrollado por igual en todas
las personas, sino que en unas es más potente que en otras, dependiendo del
estado de desarrollo en el que se encuentra cada individuos.
Dos personas separadas corporalmente
entre sí por enormes distancias pueden comunicar sus pensamientos o imprimirlos
en el alma de la otra persona, valiéndose de este poder, el cual puede
utilizarse lo mismo para el bien que para el mal. Los fuertes pueden fascinar a
los débiles y obligarles a enamorarse del fascinador. El instrumento de la fascinación
es el espíritu y los ojos son los órganos con que se ejerce ese poder especialmente.
Así es como el espíritu de una
persona puede entrar en el corazón de otra a través de los ojos, encendiendo en
esa persona un fuego ardiente que se comunique a todo su cuerpo. Si dos personas
se miran a los ojos, sus espíritus entran en contacto y se mezclan y amalgaman.
De este modo puede por el influjo de una mirada brotar de súbito el amor, como
flecha que causa una herida instantáneamente.
Pero eso no hay que hacerlo porque el
espíritu y la sangre de la persona así afectada se vuelven hacia quien de tal
manera la fascinó, de la misma manera que el espíritu vengador y la sangre de
un asesinado se dirigen contra el que le arrebató la vida.
Si las pasiones del alma adheridas a
la imaginación son bastante intensas, no sólo pueden provocar cambios en el
organismo al que pertenecen, sino transferirse a los otros también. Y es así
como la voluntad de una persona es capaz de impresionar a los elementos y a las
cosas externas, consiguiendo que las enfermedades del alma y del cuerpo puedan transmitirse
o curarse. El estado del alma es la causa principal del cuerpo.
Las almas fuertes, exaltadas y
estimuladas por una vigorización poderosa y activa no sólo pueden dar la salud
o la enfermedad a su propio organismo, sino también a los de las personas con
que entren en contacto. Las personas malvadas pueden ejercer maléfica
influencia por medio de la mirada. Las fuerzas invisibles emanadas del alma por
la mirada son más potentes, cálidas y activas que las emanaciones del cuerpo
físico. La fuerza del alma de una persona obra al penetrar en el rayo de otra
con tanta fuerza como si hubiera nacido de ella. El hombre puede igualmente
influir en el carácter o pensamientos ajenos.
El espíritu puede realizar
maravillas por el poder de la Fe, poder que proviene de la convicción
inquebrantable de que se puede realizar lo que se desea. La energía entra en
acción por medio de la atención constante y sostenida, al crearse en nuestra
imaginación la imagen de la fuerza necesaria para llevar a cabo la acción. Por
lo tanto, una imaginación poderosa, una confianza absoluta y una fe
inquebrantable, son requisitos ineludibles cuando se tratan de realizar
operaciones mágicas.
Sabido es que el enfermo que tiene
confianza en su médico, tiene más posibilidades de curarse que el que duda de
él, y no es raro que le haga más beneficio la presencia del médico que todos
los medicamentos. La presencia de un médico espiritualmente intencionado,
dotado de un alma poderosa y deseoso de ayudar al enfermo, tiene tal poder que éste
basta a menudo para modificar la actividad patológica de los elementos del alma
del enfermo (el proceso físico manifestado en su organismo no es más que la
expresión interna) y devolverle la salud.
Todo médico debería hasta cierto punto
ser un mago. No debe dudar nunca de que ha de triunfar en lo que se propone, ni
dudar de que conseguirá la curación, pues así como la fe interna puede realizar
maravillas, la duda dispersa el poder activo del operador e inutiliza su
esfuerzo. En ese caso la actividad espiritual vibra entre dos extremos, por así
decirlo, careciendo del impulso penetrante para entrar en el organismo físico
del paciente, y por consiguiente termina diseminándose y perdiéndose en el
espacio.
En el poder del espíritu sobre los aspectos
materiales del alma radica la fuerza de ciertos signos, imágenes, fórmulas,
encantamientos, palabras mágicas, etc. De esta forma se han producido multitud
de maravillosas experiencias. La actividad del espíritu fortifica al alma. Y por
medio de la voluntad y de la imaginación del espíritu, recibe el alma la fuerza
para actuar en la materia.
En el alma humana existe un poder
espiritual con que se pueden atraer, influir y cambiar las cosas. Si el alma
llega a cierto grado de poder, podrá dominar los elementos que la esclavizan,
pues lo que está arriba atrae y subyuga a lo que está abajo, y esto participa
de los cambios operados en aquello. Por eso quien es capaz de recibir los dones
celestes, utilizando las aspiraciones (funciones) de su alma, puede influir en
otra persona de espíritu menos poderoso, obligándola a la obediencia. Podrá
curar por el poder de la voluntad o dar la enfermedad o la muerte. Podrá
contagiar la alegría o la tristeza, el temor, la admiración, el respeto, la
veneración, etc.
La causa de todos estos efectos es
una voluntad firme y decidida, ayudada por la influencia espiritual procedente
del corazón. Una actividad espiritual antagónica puede neutralizar, rechazar o
debilitar, por lo menos, la influencia de otra si la sobrepasa en fuerza.
Cuando un hombre es dominado por una
fascinación, ésta no influye en su principio intelectual sino en su alma
emocional (animal). La magia no puede influir en la parte inteligente y
espiritual del hombre. El organismo de un hombre sólo sufre en su aspecto
animal, puesto que la parte inteligente y espiritual del hombre no se da cuenta
de que obran sobre sus principios inferiores ciertas influencias, sino porque
le llegan ciertas sensaciones comunicadas por los elementos inferiores a los
superiores.
El hombre inteligente siente la
influencia que ejercen las condiciones externas en su constitución animal, pero
no depende de ella. Todo lo que está arriba mueve a lo que se encuentra
inmediatamente abajo, según su grado y su orden, y no sólo en el mundo visible,
sino también en lo invisible. Así es como el Alma Universal mueve a las almas
individuales, como lo Mental actúa sobre la animal, y lo animal sobre lo
vegetativo.
Cada parte del mundo obra sobre las
demás, y cada cuál puede ser influida por las otras. El mundo superior actúa en
cada parte del mundo inferior, según sus atributos y condiciones, de la misma
manera que cada parte del organismo animal influye sobre las demás.
Hay un arte, que conocen poquísimos,
por medio del cual el alma fiel (intelectual) del hombre puede educarse e
iluminarse de tal manera que se eleve de repente desde las tinieblas de la
ignorancia a la luz de la sabiduría y del conocimiento. Pero también existe
otro arte con el que el conocimiento adquirido por los malvados y los impuros
se retira de su mental y de su memoria, reduciéndolos al primitivo estado de
ignorancia.
Apuleyo dice que puede ponerse el
alma en estado de sueño y que en él pierde completamente la noción de su
condición terrenal. Volviendo sus facultades todas hacia su origen divino se
ilumina de luz divina, y entonces no solo puede predecir el porvenir y
profetizar concretamente, sino también recibir ciertos poderes espirituales. En
este caso son tan grandes la inspiración y la iluminación divinas que pueden
comunicarse a otras personas presentes influyendo sobre ellas de igual manera.
Las personas receptivas o pasivas
pueden llegar a ser Médiums, es decir, seres por medio de los cuáles pueden
atraerse los demonios divinos (la influencia) al cuerpo humano para realizar
maravillas. Y cuando las almas de semejantes personas se separan de las
ligaduras que las atan al cuerpo y se someten al influjo de la imaginación,
pueden convertirse en morada de demonios de origen inferior, pero con cuya
ayuda harán cosas extraordinarias. Así por ejemplo se explica que una persona
que no ha cultivado la pintura ejerza su arte espontáneamente y llegue a
producir una obra artística.
El alma puede servir de morada a
otra clase de demonios si se eleva a la esfera intelectual en donde adquirirá
grandes conocimientos sobre las cosas externas y humanas; de suerte que el
hombre se hace gran filósofo, médico, orador, etc., sin haber practicado estas
ciencias. Si el alma consigue llegar a la región de la divinidad, se
transformará en centro de influencias espirituales y obtendrá el conocimiento
de los misterios divinos.
Los únicos capaces de poseer los
verdaderos poderes mágicos son los puros del espíritu, los de espirituales
tendencias. El pensamiento es el poder supremo del hombre, y el pensamiento
espiritual y puro, es el productor de milagros. El pensamiento humano pierde su
poder sobre los elementos divinos en cuanto se amalgama con la carne o se
entrega a los deseos animales; por eso triunfan tan pocos de los que desearían
tener poderes mágicos.
Si queremos evolucionar
espiritualmente, debemos libertarnos de nuestros instintos y deseos carnales,
desembarazarnos de nuestras pasiones y de nuestra sensualidad y también
esforzarnos por llegar a un grado de verdadera espiritualidad. Si no
conseguimos esto, nunca nos elevaremos al estado necesario para obtener poderes
mágicos que son el resultado de la elevación y dignificación espiritual del
hombre.
Esforcémonos en vivir una vida pura
para separar todos los obstáculos externos que nos cierran el camino de la
evolución espiritual. Nuestros pensamientos deberían dirigirse constantemente hacia
nuestro íntimo ser, pues el elemento de la conciencia y del poder reside dentro
de nosotros.
Sólo nuestros conceptos erróneos y
nuestros deseos e imaginaciones terrenales impiden el desarrollo de nuestro
poder. Por lo tanto únicamente llegarán a la divinidad los que libren a su alma
de todos los obstáculos, deseos carnales, prejuicios y alucinaciones. Los ojos
enfermos no pueden contemplar la luz; las almas impuras son rechazadas por la divina
luz de la verdad.
Semejante desarrollo no se realiza
de súbito, sino que es necesario mucho tiempo y gran paciencia, ya que el
neófito no comprende instantáneamente los misterios de la iniciación cuando
penetra en el recinto sagrado. Es preciso que el alma se vaya habituando
gradualmente a la luz hasta que desarrolle el poder del pensamiento espiritual,
y éste dirigiéndose siempre a la luz divina, se una al fin a ella.
Cuando el alma está purificada por
entero no encuentra estorbos a su voluntad, y percibe o reconoce la luz.
Entonces se instruye de por sí, aunque cree que es otro quien la educa. En ese
estado ya no necesita que la aconsejen ni enseñen, pues toma a su pensamiento
por único director y guía de su alma. Entonces ya no está sujeta a las
condiciones terrestres del tiempo, sino que vive en lo eterno y posee
instantáneamente cuanto desea.
Cornelio Agrippa, añade aquí las
siguientes instrucciones copiadas de Boecio:
“Los guías del sendero de perfección
son: la Fe, la Esperanza y la Caridad, y los medios para obtener este resultado
son: la Pureza, la Templanza, el Dominio de uno mismo, la Castidad, la
Tranquilidad de espíritu, la Contemplación, la Adoración (el éxtasis), la
Aspiración y la Virtud”.
Cuando se llega al más elevado
estado de desarrollo espiritual, el espíritu dotado con la actividad espiritual
más poderosa del alma, atrae hacia sí la verdad y percibe y reconoce
instantáneamente las condiciones, causas y efectos de todas las cosas externas,
naturales y divinas. Entonces las ve en la verdad eterna como si las reflejara
el espejo de la Eternidad.
El hombre puede conocer por medio de
este procedimiento todo lo existente en el mundo interno y en el externo, y
puede ver todas las cosas habidas y por haber. Además, hallándose unido e
identificado con el poder divino (el Logos), adquiere la facultad de cambiar
las cosas por el poder de su Palabra (espiritual). Y de esta manera puede
dominar el hombre a la naturaleza mientras está en ella.
~ * ~
Los que sepan leer las obras de Cornelio Agrippa a la luz de
la razón interior, reconocerán que una sola página de sus libros atesora más sabiduría
que las bibliotecas repletas de especulaciones y teorías de nuestros filósofos modernos;
y por consiguiente su nombre y su doctrina serán admirados cuando todas las
ilusiones y alucinaciones de éstos últimos hayan hundido en el olvido.
(En el Pórtico del
Templo de la Sabiduría, capítulo 3)
Observación de Cid
Es llamativo constatar que varias de las enseñanzas que
dio Agrippa son similares a lo que enseña la Teosofía, lo que me lleva a
considerar que él fue instruido por algún agente de los Maestros
transhimaláyicos. Y concuerdo
que los grandes ocultistas de los siglos pasados son muy interesantes y
legítimos, pero el problema es que ellos explican las cosas de una manera bastante
complicada y no siempre de la forma más adecuada, por lo que yo prefiero
concentrarme en estudiar a los instructores modernos que sean genuinos, ya que
además desde entonces se ha revelado más información.
CID el planeta tierra es femenino o masculino ??
ResponderBorrarPor un lado se la asocia con lo femenino ya que se habla correctamente de la Madre Tierra, pero por otra parte se explica que el planeta es el cuerpo físico del Logos terrestre, el cual en principio es Unidad, o sea que contiene lo femenino y masculino.
BorrarTe diría que a nivel de logos y cuerpos celestes, la correlación entre femenino y masculino es algo relativo.