Estoy atendiendo los comentarios que me hicieron durante mi ausencia,

pero como son muchos (+500) les pido paciencia.

EL REGISTRO FÓSIL




(Observación: esta es la cuarta parte de la investigación de David Pratt sobre la evolución de las especies, y cuyo principio lo pueden encontrar aquí, y le agradezco inmensamente a Nicolás por haber traducido un artículo tan extenso, pero a la vez tan interesante de leer.)


  ÍNDICE

    1.  El “secreto comercial” revelado
    2.  Especies transicionales
    3.  Radiaciones y extinciones




PREÁMBULO

A nivel científico se suelen distinguir cinco reinos en la naturaleza:

   1) Procariotas (arqueas, bacterias)
   2) Protistas (microorganismos con núcleos celulares)
   3) Plantas
   4) Hongos y
   5) Animales

Cada reino está dividido en filos, los que su vez se categorizan en clases, órdenes, familias, géneros y especies.

Los filos mejor conocidos de los animales incluyen a:

-      cnidarios (corales, medusas)
-      moluscos (almejas, caracoles, calamares)
-      equinodermos (estrellas y erizos de mar)
-      esponjas, artrópodos (trilobites, insectos, cangrejos)
-      anélidos (lombrices de tierra, sanguijuelas) y
-      cordados (todos los vertebrados, comprendiendo a reptiles, peces y mamíferos)

Los humanos están asignados al reino animal, filo cordata, subfilo vertebrados, clase mamíferos, orden primates, familia hominidae, género homo, y especie sapiens.






1 - EL “SECRETO COMERCIAL” REVELADO


Darwin visualizaba que una especie se transformaba lentamente en una nueva y la cual daba origen a otra hasta que finalmente no sólo se producían individuos nuevos pertenecientes al mismo grupo, sino que evolucionaban distintos géneros, familias, órdenes, clases, filos y finalmente reinos de organismos. Pero en la actualidad el registro fósil echa por tierra este modelo de "gradualismo filético".

Stephen J. Gould afirmaba que "la evidencia fósil, con sus abruptas transiciones, no ofrece apoyo para el cambio gradual" y que "la extrema rareza de las formas transicionales en este repertorio persiste como el secreto comercial de la paleontología" (1).

En su opinión, por ahora es completamente insostenible la racionalización darwinista de que los sesgos se deban a la “extrema imperfección” de dicho registro, señalando que las transiciones preservadas "a menudo se encuentran en el registro fósil, pero no son comunes", y agregó que "es indignante ser citado una y otra vez por los creacionistas (...) al admitir que el registro rocoso no incluye formas transicionales que generalmente están ausentes a nivel de especie, pero que son abundantes entre los grupos más grandes" (2).

De esta forma, Gould planteaba un conflicto sobre la prevalencia de secuencias matizadas. Y si bien algunos evolucionistas clasifican muchas especies como “transicionales” y son capaces de reunir unas cuantas secuencias fósiles más o menos progresivas, esto no cambia el hecho de que hay enormes brechas en el inventario.

Eugene Koonin lo plantea de la siguiente manera:

« Las mayores transiciones en la evolución biológica muestran el mismo patrón de aparición repentina de diversas formas en un nuevo nivel de complejidad.

Las relaciones entre grupos mayores dentro de una nueva clase emergente de entidades biológicas son difíciles de descifrar y no parecen ajustarse al patrón arbóreo que, siguiendo la propuesta original de Darwin, permanece como la descripción dominante de la evolución biológica.

Los mejores casos incluyen el origen de las moléculas complejas de ARN y los plegamientos de proteínas; grupos mayores de virus; arqueas y bacterias, y los principales linajes en cada uno de estos dominios procarióticos; supergrupos eucariotas y filos animales.

En cada uno de estos eslabones pivotales en la historia de la vida, los principales “tipos” parecen surgir rápido y completamente equipados con las características del nuevo nivel respectivo de organización biológica, y no se detectan grados o formas intermedias entre tipos diferentes. » (3)


El “árbol de la vida” tradicional presupone un único ancestro común. Y actualmente, los darwinistas creen que la vida pudo haber surgido múltiples veces, por lo que la evolución ha producido más un “arbusto” u “orquídea” en lugar de un árbol (4).


Se estima que al presente 20 ó 30 millones de especies están vivas, aunque menos de 2 millones de ellas han sido documentadas en la literatura profesional. Más del 99% de las especies que han existido alguna vez están extintas (unos 200 millones de individuos), pero sólo unas 150’000 especies de organismos desaparecidos hasta ahora han sido catalogados sobre la base de evidencia fósil (5).

Puesto que la erosión ha destruido el 90 a 99% de las rocas sedimentarias en las que podrían haber existido fósiles preservados, ciertamente el material de este tipo es incompleto. Sin embargo, los vestigios ya encontrados ofrecen una buena muestra al azar de todas las criaturas que han existido, pues hasta donde concierne a los vertebrados terrestres, cerca del 98% de órdenes vigentes y el 79% de las familias vivas han sido hallados en forma fosilizada (6).

Pero no vemos especies que se transforman en otras completamente diferentes cuando trazamos su genealogía en el tiempo.

Y si el gradualismo filético fuera cierto, entonces las especies deberían experimentar modificaciones constantes y podríamos encontrar muchos fósiles del número “inconcebiblemente grande” de formas transicionales que Darwin admitió que necesitaba su teoría.

Por ejemplo, si los peces evolucionaron en anfibios, hallaríamos formas intermedias que evidenciarían la transición gradual de aletas en extremidades y las escamas de peces en piel anfibia (que más tarde se transformó en escamas reptilianas).  Y si la transición  requirió muchos millones de años durante los cuales cientos de millones de formas transicionales deben haber vivido y muerto, por ende muchas de ellas ya habrían sido descubiertas.

De forma similar, si los reptiles evolucionaron en pájaros, se verían fósiles que mostrasen la transición gradual de los miembros posteriores de los reptiles ancestrales en las alas de un ave, y la transformación escalonada de escamas en plumas, los miembros posteriores en patas de agarre, el cráneo reptiliano en aviar, etc.

Pero como dice Gould:

« La ausencia de material fósil para las fases intermedias entre las mayores transiciones del diseño orgánico, y por supuesto nuestra incapacidad (incluso en la imaginación) de construir eslabones funcionales en muchos casos, ha sido un problema fastidioso y persistente para las explicaciones gradualísticas de la evolución. » (7).

Gould afirma que la historia de muchas reliquias biológicas incluyen dos rasgos particularmente inconsistentes con el gradualismo:

1. Estasis. Muchas especies no exhiben cambio direccional durante su presencia en la Tierra, y aparecen en el repertorio fósil con la misma apariencia que cuando desaparecieron, por lo que el cambio morfológico usualmente es limitado y sin dirección.

2. Aparición repentina. En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por la transformación estable de sus antecesores, pues aparece de una sola vez y “completamente formada” (8).

Y un ejemplo de ello es el registro fósil de los dinosaurios:

En este diagrama ancestral de dinosaurios, todas las líneas azules y punteadas se refieren a fósiles inferidos, es decir que nunca han sido descubiertos (9).

En otras palabras, todas las especies conocidas de dinosaurios representan sólo las ramas en el supuesto “árbol” evolutivo, y los darwinistas no pueden ofrecer un solo ejemplo convincente de una secuencia ancestral para los dinosaurios.

Y lo mismo se observa con otras especies.

Y es por eso que Stephen Hanley hace notar que:

-       "El registro rocoso no documenta convincentemente una sola transición de una especie a otra."

Y Ernst Mayr comenta que:

-       "No hay evidencia clara de transiciones de una especie a un género diferente, para la 'aparición gradual' o cualquier novedad evolutiva." (10)

Mientras que Eldredge escribe:

-       "Muchas familias, órdenes, clases y filos aparecen más bien repentinamente en la evidencia fósil, y a menudo sin formas anatómicamente intermedias que interrelacionen escalonadamente a taxones de descendientes derivados por evolución [grupos de organismos] con sus presuntos ancestros." (11)

Además es significativo observar que los sesgos en el testimonio fósil sean más grandes mientras más alto sea el nivel taxonómico, incluso si de acuerdo a la teoría darwinista frecuentemente deben de haber existido más formas transicionales en niveles mayores. Por ejemplo, los caballos pertenecen a la familia Equidae (orden Perissodactyla), mientras que los osos se agrupan en la familia Ursidae (orden Carnívora).

Y según el darwinismo estándar, la divergencia entre órdenes como osos y caballos debiera haber tomado mucho más tiempo y dejado más fósiles que los cambios menores subsecuentes entre ambas especies. Pero como puntualizan Hoyle y Wickramasinghe, la evidencia indica otra cosa, y este es el caso no solamente en los mamíferos, sino para todas las clases de animales.

Y es por eso que ellos hacen notar que:

« Las pequeñas divergencias están a la vista y las grandes están ausentes. No vemos que haya individuos mitad oso o mitad caballo, e incluso dentro de un solo orden las familias siguen siendo invariablemente distintas unas de otras. Por ejemplo, el orden Carnivora incluye a perros y gatos, y es obvio que no observamos ninguna evidencia de especímenes mitad gato y mitad perro. » (12)

Como dice Jeffrey Schwartz:

« La verdad del asunto es que todavía estamos en la oscuridad acerca del origen de muchos grupos mayores de organismos, debido a que ellos aparecen en el registro fósil como Atenea salió de la cabeza de Zeus, completamente desarrollados. » (13).



El registro fósil para los principales grupos de vertebrados (arriba) y órdenes de mamíferos (debajo). Los anchos de las áreas sólidas indican los números cambiantes de especies, y las líneas punteadas representan linajes hipotéticos, o vínculos evolutivos ausentes (14).



En 1977, Gould y Eldredge revisaron casos de supuesto gradualismo filético, incluyendo varios ejemplos estándar impartidos a estudiantes por décadas, y las encontraron insatisfactorias o francamente falsas (15).

Como sostiene Stanley:

« Las pruebas fosilizadas conocidas no documentan un solo ejemplo de evolución filética (gradual) que cumpla una transición morfológica mayor, y de aquí que no ofrezcan evidencias de que el modelo gradualístico pueda ser válido. » (16).

Gould reconoce que los pequeños cambios graduales observados en el registro rocoso son tan pequeños que no pueden ser extrapolados razonablemente a una evolución de gran escala:

« Las especies bien representadas usualmente permanecen estables a través de su rango temporal, o se alteran tan poco y en maneras tan superficiales (a menudo sólo en tamaño) que la extrapolación de un cambio observado en fases más largas de tiempo geológico posiblemente no podría producir las extensas modificaciones que marcan los senderos evolutivos generales hacia grupos más grandes. La mayor parte del tiempo (y cuando la evidencia es mejor) no sucede gran cosa con la mayoría de las especies. » (17)

Y Peter Williamson agrega que:

« El neodarwinismo convencional (...) ha fallado en predecir la extendida estasis morfológica de largo plazo, ahora reconocida como uno de los aspectos más asombrosos del registro fósil. » (18)


En promedio, las especies de plantas o animales tienden a extinguirse después de unos 4 millones de años, pero algunas criaturas han durado por mucho más tiempo sin sufrir algún cambio significativo, aunque se podría esperar que la deriva genética accidental alterase las apariencias incluso sin presiones adaptativas.

Por ejemplo, noventa clases de cianobatcerias (algas azul-verdosas) han sobrevivido con pequeños cambios por cerca de mil millones de años, y los trilobites que entraron en escena a comienzos del Cámbrico tuvieron pocos cambios por 300 millones de años, mientras que los crustáceos marinos han seguido tal cual durante 10 ó 14 millones de años.


Fósil de trilobite


También las nuevas especies de foraminíferos que aparecieron en el Cenozoico temprano comúnmente fueron capaces de sobrevivir sin transformación alguna por al menos 20 millones de años más.

Algunos vertebrados existentes nunca han evidenciado cambios evolutivos durante el periodo de una especie en al menos 100 millones de años.

El Triops (un anostráceo común de agua dulce) difiere de los especímenes preservados en rocas de 180 a 200 millones de años de antigüedad sólo en haber crecido ligeramente más desde esa época, y además el celacanto y los peces pulmonados parecen haber seguido intactos incluso pasados 300 millones de años, periodo dos veces más largo que la era de los dinosaurios.

El braquiópodo Lingula es un verdadero “fósil viviente” que permaneció esencialmente sin transformaciones durante 450 millones de años, y el lagarto tuátara muestra pequeños cambios desde el Mezosoico temprano, hace unos 200 millones de años.

El 84% de las familias de insectos actualmente vivas existió hace 100 millones de años, pero también resistieron el cambio evolutivo, y por su parte, los mamíferos europeos ahora existentes se han mantenido igual durante el último millón de años.

Eón Fanerozoico
Comienzo (años AP)
Era Cenozoica

Período Cuaternario:

Holoceno
11.700
Pleistoceno
2.588.000
Periodo Terciario:

Plioceno
5.333.000
Mioceno
23.030.000
Oligoceno
33.900.000
Eoceno
56.000.000
Paleoceno
66.000.000
Era Mezosoica

Cretácico
145.000.000
Jurásico
201.300.000
Triásico
252.170.000
Era Paleozoica

Pérmico
298.900.000
Carbonífero
358.900.000
Devónico
419.200.000
Silúrico
443.400.000
Ordovícico
485.400.000
Cámbrico
541.000.000
Eón Proterozoico
2.500.000.000
Eón Arcaico
4.000.000.000
Eón Hadeico
4.600.000.000

La escala de tiempo geológica científica (para las correspondientes fechas teosóficas, ver sección 8).



Referencias

  1. Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb, London: Penguin Books, 1990 (1980), págs. 150, 156.
  2. Stephen Jay Gould, "Evolution as fact and theory", Discover, mayo 1981, págs. 34-7, stephenjaygould.org.
  3. Eugene V Koonin, "The Biological Big Bang model for the major transitions in evolution", Biol Direct, 2:21, 2007, ncbi.nlm.nih.gov.
  4. John D. Morris and Frank J. Sherwin, The Fossil Record: Unearthing nature’s history of life, Dallas, TX: Institute for Creation Research, 2010, pág. 19.
  5. Lynn Margulis y Dorion Sagan, Acquiring Genomes: A theory of the origins of species, New York: Basic Books, 2002, pág. 52.
  6. Michael Denton, Evolution: A theory in crisis, Bethesda, MA: Adler & Adler, 1986, pág. 190.
  7. Citado en íbid., pág. 303.
  8. The Panda’s Thumb, pág. 151.
  9. "Dinosaur", Encyclopaedia Britannica, CD-ROM 2004.
  10. Citado en Darwin’s Creation-Myth, Venice, FL: P&D Printing, 1994, pág. 18.
  11. Citado en Walter J. ReMine, The Biotic Message: Evolution versus message theory, Saint Paul, MN: St. Paul Science, 1993, pág. 304.
  12. Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, Our Place in the Cosmos: The unfinished revolution, London: J.M. Dent, 1993, pág. 135.
  13. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, pág. 3.
  14. Evolution: A theory in crisis, pág. 173; Our Place in the Cosmos, pág. 134.
  15. Alec Panchen, Evolution, London: Bristol Classical Press, 1993, págs. 162-3.
  16. Citado en Evolution: A theory in crisis, pág. 182.
  17. Citado en The Biotic Message, pág. 305.
  18. Peter G. Williamson, "Morphological stasis and developmental constraint: real problems for neo-Darwinism", Nature, vol. 294, 1981, págs. 214-5.







2 - ESPECIES TRANSICIONALES


Aunque no aparecieron las miríadas de formas intermedias que Darwin esperaba presentar, aún existen numerosas especies que muchos darwinistas catalogan como transicionales. Y automáticamente se presume que cualquier especie que combine rasgos de dos grupos más o menos sucesivos de organismos pertenece a una serie de formas intermedias que relaciona a ambas.

Pero se considera que la gran mayoría de las especies “transicionales” poseen demasiados rasgos especializados para ser “verdaderos” antepasados y son clasificadas como “parientes cercanos” de los ancestros reales que todavía están perdidos.

En el registro rocoso nunca se han encontrado criaturas con claros rasgos a medio terminar o mutantes con características no funcionales, y aún así las tan invocadas mutaciones accidentales deberían de haber producido innumerables características de este tipo, las cuales posteriormente serían eliminadas por selección natural.

Más del 95% de todos los fósiles son de invertebrados marinos (principalmente moluscos). Y del 5% de los fósiles restantes, la mayoría pertenece a plantas, mientras que menos del 1% de dichos fósiles son peces, y una cantidad mucho menor representa a animales terrestres.

Todos los diversos tipos de invertebrados aparecieron abruptamente en el registro rocoso y no hay pistas de cómo se organizaron a partir de vida unicelular ni señales de evolución gradual de unas en otras.

A menudo, los restos muestran especímenes completos, lo cual dificulta que los evolucionistas especulen sobre los “transicionales”, y por su parte, los fósiles de plantas, algas y peces tampoco presentan pruebas convincentes de evolución gradual, al tiempo que varias de las especies transicionales presentadas por los darwinistas pertenecen a vertebrados que moraban en tierra.

Los individuos fosilizados se representan a menudo por un hueso o restos menores, lo cual significa que las interpretaciones son muy subjetivas y que existe un serio disenso entre los paleontólogos sobre cuáles especímenes calificar como transicionales y a cuál linaje se ajustan (1).



LAS ESPECIES TRANSICIONALES DE PECES A ANFIBIOS


Se presume que los peces de aletas lobuladas del Devónico tardío evolucionaron a anfibios tetrápodos (2).


Los darwinistas sostienen que los tetrápodos (animales de cuatro extremidades como anfibios, reptiles, aves y mamíferos) evolucionaron de peces con aletas lobuladas (Rhipidistia) en el periodo Devónico. Pero en 1938, pescadores en el Océano Índico llevaron a la superficie un celacanto de aletas lobuladas, pariente vivo de aquella especie prehistórica.


Los celacantos aparecieron hace unos 400 millones de años y se los creía extintos hace unos 100 millones, y sobre la base de la evidencia fósil había sido considerado como un “eslabón perdido” entre peces y anfibios, pero estas esperanzas se desvanecieron una vez que se pudo examinar la anatomía de un espécimen vivo.

Los científicos pensaban que los celacantos se arrastraban por el suelo oceánico con aletas lobulares parecidas a extremidades, pero finalmente resultó ser que nadaban, lo que muestra cuán difícil es obtener conclusiones sobre la biología general de los organismos sólo a partir de sus remanentes de esqueleto, y de esta forma, el celacanto es sólo otra ramita periférica en el supuesto "árbol de la vida".

El dipnoo, otro tipo de pez con aletas lobulares, tiene extremidades, branquias y un intestino que contiene una válvula espiral como cualquier otro pez, pero sus pulmones, corazón y estado larvario son los de un anfibio. Y aunque tenga una mezcla de rasgos de pez y anfibio, realmente las características individuales no son transicionales en ningún sentido entre ambos tipos y ya no se considera como ancestro de los tetrápodos.



Arriba: el Ichthyostega es uno de los primeros tetrápodos. Más arriba: un presunto pez ancestro (Eusthenopteron(3).

El Ichthyostega, es un laberintodonto, por lo que combina cola y branquias, y se parece a un pez con cráneo y miembros anfibios, pero como Acanthostega, era predominantemente acuático. Acanthostega tenía ocho dedos, mientras que Ichthyostega tenía siete.

El siguiente candidato para el vínculo perdido entre la vida marina y terrestre era el Eusthenopteron, un pez de aletas lobuladas que comparte varios rasgos con los tetrápodos más antiguos conocidos. Solía ser representado internándose en tierra, pero ahora se piensa que era estrictamente acuático y un depredador de aguas poco profundas.

En el último tiempo, los elpistostégidos como el Panderichthys y el Tiktaalik han sido presentados pomposamente como los ancestros cercanos de los tetrápodos, siendo bautizados como “pescápodos”. Dichas especies tenían aletas pares, más que miembros y patas reales, y eran capaces de una locomoción muy limitada.

Luego de su descubrimiento en 2006, el Tiktaalik fue presentado como el ancestro más cercano de los tetrápodos porque sus aletas pectorales (frontales) tenían rasgos similares a una cadera con huesos radiales. Sin embargo, algunos científicos han decidido que las aletas del Panderichthys son más parecidas a las de un tetrápodo (incluso si se había dicho previamente de esta especie que arrojaba poca luz sobre el origen de los rasgos principales del cráneo, las extremidades y el esqueleto axial de los primeros animales de cuatro patas).

El Panderichthys tenía un “manubrio frontal”, es decir que sus aletas delanteras eran más grandes y más poderosas que las traseras, pero los primeros tetrápodos tenían “tracción posterior”, y de esta forma los darwinistas esperaban hallar un fósil que ilustrara el surgimiento de la propulsión de extremidades posteriores en el intervalo entre el Panderichthys y el Acanthostega.

Para colmo, se determinó que el Tiktaalik era más un animal de “manubrio delantero” que el Panderichthys (4).  Y un problema adicional es que los fósiles de elpistostégidos más antiguos fueron datados en 386 millones de años, pero el descubrimiento de huellas y restos mucho anteriores ha trasladado la aparición de los primeros animales terrestres a 395 millones de años atrás (5).


Aletas de peces con rayos finos del Eusthenopteron, el Panderichthys y el Tiktaalik comparadas con la extremidad tetrápoda del Acanthostega. Supuestamente, los huesos radiales en las aletas evolucionaron en dedos tetrápodos, pero todavía existe un gran vacío que completar (6).


Ciertamente hay un grado de continuidad entre los peces de aletas lobuladas y los primeros tetrápodos. Por ejemplo, tanto el Acanthostega como el Ichthyostega "retienen la forma de pez, y aparentemente mantuvieron branquias internas, una línea sensorial lateral en el cuerpo (como en los peces) y tienen una clase de cola-aleta, aunque en forma diferente" (7).  Sin embargo, todavía existen grandes discontinuidades concernientes a la supuesta transformación de aletas en miembros y el desarrollo de la locomoción terrestre.

Como ilustración, el registro fósil no documenta cómo una pelvis u hombro funcionales evolucionaron gradualmente en la transición de peces a los primeros anfibios, y los restos de cartílago o hueso presentes en las aletas de algunos peces están empotrados débilmente en el músculo y no se conectan a la columna vertebral.

Los tetrápodos devónicos muestran un mosaico de adaptaciones terrestres y acuáticas, pero es difícil considerarlos como ancestros “verdaderos” de criaturas posteriores. A modo de pauta, el Ichthyostega es descrito como "un animal muy extraño" y "una mezcla curiosa de rasgos, algunos de ellos primitivos, pero otros especializados y únicos".

Los hombros de los tetrápodos primitivos "obviamente no se hallan a medio camino en la estructura entre aquéllos de los peces y los últimos tetrápodos", aunque poseen "algunos rasgos únicos y otros inesperados" (8).


El Seymouria es un laberintodonto similar a un reptil de comienzos del Pérmico, y es un intermediario “promocionado” comúnmente para anfibios y reptiles.

En términos de características puramente esqueléticas, parecería ser una transición convincente, pero hay un serio problema: la principal diferencia entre los anfibios y los reptiles yace en sus sistemas de reproducción, pues los anfibios ponen huevos en el agua y sus larvas experimentan una compleja metamorfosis (como un renacuajo) antes de alcanzar la fase adulta.

En cambio, los reptiles se desarrollan dentro de un huevo revestido de una dura cáscara y son réplicas perfectas de los adultos en la primera aparición, y así los problemas para concebir la evolución gradual del huevo reptiliano son inmensos.

No obstante, la evidencia fósil sugiere que el Seymouria era totalmente anfibio en su sistema reproductivo, y una dificultad adicional es que el Seymouria aparece en el registro rocoso hace unos 30 millones de años después que los verdaderos reptiles más antiguos: el Hylonomus y el Paleothyris (9).



ESPECIES TRANSICIONALES EN LOS INSECTOS

El Peripatus, un pequeño organismo similar a una oruga, es sugerido en ocasiones como intermediario entre los gusanos anélidos y los artrópodos, pero nuevamente las estructuras orgánicas no son estrictamente transicionales entre ambos. Por ejemplo, su sistema circulatorio y su sistema respiratorio son típicamente artrópodos en el diseño básico, mientras que los sistemas nervioso y excretor son como aquéllos de muchos gusanos anélidos.

El Peripatus es realmente una pléyade de características bosquejadas de dos grupos distintos, como es el dipnoo y también el ornitorrinco que por un lado es reptiliano por el hecho de poner huevos, pero por otro lado es mamífero al poseer pelo, glándulas mamarias y tres huesos auriculares.



LAS ESPECIES TRANSICIONALES DE REPTILES A MAMÍFEROS

Usualmente se afirma que la transición de reptiles mammaliaformes (con forma de mamíferos) a los verdaderos mamíferos en el Triásico es el caso mejor documentado de macroevolución en el registro fósil. No obstante, la “secuencia” desde los pelicosaurios a los terápsidos y a los mamíferos contiene muchos sesgos que los neodarwinistas piensan que algún día estarán completados por nuevos descubrimientos de fósiles.

Los rasgos mamíferos a veces aparecen, desaparecen y luego resurgen. En ocasiones emergen fuera de secuencia y otros surgen independientes – y "por accidente"– en diferentes linajes (11).

Algunos investigadores declaran que sobre la evidencia fósil actual, es improbable que los pelicosaurios evolucionaran a terápsidos, pero uno de los seis órdenes de terápsidos (los cinodontos) paulatinamente adquirieron rasgos mamíferos, y una rama de este grupo pudo haber evolucionado a los morganucodontes, un orden extinto de primitivos mammaliaformes, aunque todavía ningún grupo del Mesozoico puede ser identificado como el ancestro de los mamíferos modernos (12).



LOS ANCESTROS DE LAS BALLENAS


Arriba: la ballena y algunos de sus supuestos ancestros, dibujados a escala. Debajo: dos especies supuestamente intermedias (13).


Las ballenas (mamíferos marinos con dieta carnívora) aparecieron abruptamente a comienzos del Cenozoico, y Darwin hipotetizó que se crearon a partir de los osos.

Los evolucionistas posteriores han propuesto varios otros ancestros: los mesoniquios (carnívoros similares a lobos), las hienas (Pachyaena), el Sinonyx (criatura parecida a un gato), los hipopótamos herbívoros, y el Indohyus, un animal herbívoro similar a un ciervo.

La transformación habría requerido cambios radicales en la reproducción, respiración y locomoción, pero no existe la menor secuencia fósil que demuestre su ocurrencia.

Las especies intermedias sugeridas incluyen a:
  • El Pakicetus, que es un animal terrestre parcialmente adaptado a la vida acuática, clasificado usualmente como ballena primitiva en base a ciertos rasgos de sus dientes y oídos. 
  • El Ambulocetus, que es una criatura anfibia de 3 metros de largo parecida a un cocodrilo, y 
  • El Basilosaurus, que es semejante a una anguila de 20 m y cuyos rasgos, según los evolucionistas más cautos, lo excluyen de ser un verdadero antecesor de las ballenas (14).



LOS ANCESTROS DE LAS AVES

Actualmente, las aves son clasificadas como un tipo de dinosaurio, y muchos científicos creen que evolucionaron en el periodo Jurásico desde un grupo de saurios con plumas llamados terápodos. No obstante, los dinosaurios ya estaban bastante especializados, y debido a este y otros problemas algunos expertos piensan que las aves evolucionaron de algún otro grupo de reptiles extintos (15).

El antiguo pájaro-dinosaurio Archaeopteryx del Jurásico tardío es ampliamente considerado como pariente cercano del antecesor de las aves modernas, y los especímenes de este pájaro primitivo van del tamaño de un arrendajo azul al de una gallina grande.


El Archaeopteryx poseía características reptilianas como dientes, una larga cola de lagarto y garras en sus alas, pero también poseía rasgos similares a un ave, como patas de agarre, espoleta y alas totalmente formadas cubiertas no con plumas “primitivas”, sino con las plumas del tipo moderno, y en base a ello todavía se discute acerca de cuán bien podía volar.

El Archaeopteryx alude a un ancestro reptiliano, pero no es conducido por una serie de formas transicionales desde un reptil común terrestre mediante algunos ejemplares paulatinos con plumas cada vez más desarrolladas hasta que se alcanzó eventualmente la condición aviar total.

Además, se han hallado trazos fósiles de aves en estratos de mucha más antigüedad, datados en 212 millones de años (Triásico tardío), y también existen restos controversiales de un ave de aspecto más moderno llamado Protoavis, ubicados en estratos de finales del Triásico  (16).


La pluma es extremadamente liviana y estructuralmente fuerte, toda una maravilla de ingeniería (17). Una sola pluma de paloma puede tener cientos de miles de barbillas y millones de hamuli.



LOS ANCESTROS DEL CABALLO

Existen varias instancias en el registro rocoso donde una transformación morfológica relativamente menor puede ser trazada mediante una serie de formas fósiles, y en este sentido el caso mejor conocido es el caballo.

La cadena comienza con el caballo original del tamaño de un perro, llamado Eohippus (Hyracotherium), que vivió hace unos 50 millones de años, y tenía cuatro pezuñas en los miembros delanteros y tres en los traseros. Luego éste pasó mediante variaciones de tres pezuñas y terminó con el Equus moderno de un casco.

No obstante, ahora se admite que la evolución del caballo es mucho más complicada de lo asumido originalmente, pues muchas especies coexistieron con las llamadas “ancestrales”, y en lugar de un cambio progresivo en los rasgos, ocurrieron muchos retrocesos.

Varias especies aparecieron abruptamente y permanecieron sin cambios a través de sus periodos de vida, y también surgieron otras que son totalmente inconsistentes con la supuesta “tendencia” general, y los caballos de una y tres pezuñas comúnmente coexistieron en América del Norte (18).

Las diferencias entre el Eohippus y el caballo moderno son relativamente triviales, y aún así los dos están separados por 50 millones de años, al menos diez generaciones y un gran número de especies.

De esta manera, la serie del caballo enfatiza cuán vasto debe haber sido el número de géneros y especies, en el caso de que realmente todas las diversas formas de vida en la Tierra hubieran evolucionado en la manera gradual que plantean los neodarwinistas.

Pues según su punto de vista, debieron de haber existido innumerables especies transicionales que se vinculaban a animales terrestres, ballenas y moluscos o artrópodos, pero estas especies transicionales apenas dejaron una traza de su existencia en el registro fósil.

Y es por eso que Denton señal que:

« [Los fósiles] presentan poca evidencia para creer que un tipo de organismo se haya convertido en otro (...) Entre los dipnoi y los anfibios, monotremas y reptiles, y entre Peripatus y los artrópodos, hay vacíos enormes que no están cubiertos por alguna forma transicional. » (10)

Lo cual parece dar cabida a un modelo saltacionista como la única explicación evolutiva de los sesgos.



Referencias

  1. Fred Williams, "Exposing the evolutionist’s sleight-of-hand with the fossil record", enero 2002, evolutionfairytale.com/articles_debates/fossil_illusion.htm; John D. Morris y Frank J. Sherwin, The Fossil Record: Unearthing nature’s history of life, Dallas, TX: Institute for Creation Research, 2010, págs. 129-77.
  2. en.wikipedia.com.
  3. Michael Denton, Evolution: A theory in crisis, Bethesda, MA: Adler & Adler, 1986, pág. 167.
  4. Casey Luskin, "The rise and fall of Tiktaalik?", 26 sept. 2008, evolutionnews.org; "Tiktaalik roseae – a missing link?", 2012, earthhistory.org.uk.
  5. "Ancient four-legged beasts leave their mark", Science magazine, 6 enero 2010, news.sciencemag.org.
  6. evolutionnews.org.
  7. Antony Latham, The Naked Emperor: Darwinism exposed, London: Janus Publishing Company, 2005, pág. 76.
  8. Citado en: Paul Garner, "The fossil record of 'early' tetrapods: evidence of a major evolutionary transition?", Journal of Creation, vol. 17, nro. 2, 2003, págs. 111-7, creation.com; The Fossil Record, pp. 151-2.
  9. Evolution: A theory in crisis, págs. 176-7; Jonathan Sarfati, "The links are missing", in Refuting Evolution, creation.com.
  10. Evolution: A theory in crisis, pág. 110.
  11. Ashby L. Camp, "Reappraising the 'crown jewel'", Creation Research Society, 1998, trueorigin.org; J. Woodmorappe, "Mammal-like reptiles: major trait reversals and discontinuities", Journal of Creation, vol. 15, nro. 1, 2001, págs. 44-52, creation.com; James Downard, "A tale of two citations" (crítica de Woodmorappe), junio 2003, talkreason.org; The Fossil Record, págs. 154-60; Shaun Doyle, "'Transitional form" in mammal ear evolution – more cacophony", Journal of Creation, vol. 25, nro. 3, 2011, págs. 42-5, creation.com.
  12. "Transitional fossils – the top ten: 3. Reptile to mammal", 2011, earthhistory.org.uk.
  13. The Fossil Record, págs. 98-9, 101.
  14. Ibid., págs. 94-104, 170-3; wikipedia.org/wiki/Evolution_of_cetaceans.
  15. Michael J. Oard, "Did birds evolve from dinosaurs?", Journal of Creation, vol. 25, nro. 2, 2011, págs. 22-31, creation.com.
  16. The Fossil Record, pág. 86.
  17. Evolution: A theory in crisis, pág. 203.
  18. Duane T. Gish, Evolution: The fossils still say no!, El Cajon, CA: Institute for Creation Research, 1995, págs. 189-97; http://en.wikipedia.org/Evolution_of_the_horse.







3 - RADIACIONES Y EXTINCIONES


Se piensa que las formas de vida más remotas se originaron hace unos 3800 millones de años, y eran principalmente microorganismos unicelulares (bacterias y arqueas) compuestas de células procarióticas (células sin núcleo).

La célula eucariótica (nucleada) más compleja apareció hace unos 2 mil millones de años, encontrándose en los protozoos unicelulares, algas y hongos menores, y su advenimiento marca una gran discontinuidad en la secuencia de seres vivos.  Algunas procariotas eran multicelulares, pero los organismos complejos homólogos evolucionaron sólo entre eucariotas.

La gran radiación y diversificación de los animales multicelulados, o metazoos, comenzó hacia el final del Precámbrico con la aparición de la fauna Ediacarense (o Vendiana), y alcanzó su clímax en la sucesiva “explosión cámbrica” de hace unos 530 ó 520 millones de años.

La forma en cómo uno o más organismos de una sola célula evolucionaron a metazoos y qué intermediarios estaban involucrados es uno de los más grandes enigmas evolutivos, debido a que existe un gran vacío entre los animales multicelulares y los de una sola célula.  Y no se conoce animal que tenga dos, tres, cuatro o hasta 20 tipos, e inclusive no sólo la multicelularidad evolucionó separadamente en los tres reinos más grandes de la vida (plantas, hongos y animales), sino que se piensa que esta surgió varias veces en cada uno de estos reinos.

La evidencia inequívoca más antigua de la vida metazoaria data de unos 600 millones de años. Una gran parte de la fauna ediacarense apareció abruptamente y se formó de modo completo hace unos 575 millones de años luego de una severa glaciación, pero se extinguieron antes del comienzo del Cámbrico (1) y comprendían una amplia variedad de invertebrados marinos de cuerpo liso y aguas poco profundas similares a medusas, líquenes, corales lisos, anémonas de mar, pennatuláceos, gusanos anélidos y macroalgas actuales, junto con algunos organismos no semejantes a algo conocido al día de hoy.

Comúnmente, las impresiones fósiles en forma de disco tienen unos pocos centímetros de largo y en ocasiones alcanzan los 20 cm, mientras que las huellas en forma de fronde pueden llegar a longitudes de hasta un metro, y existen también “trazos fósiles” que asemejan caminos y madrigueras.

La fauna consiste principalmente en variaciones de un solo plan anatómico. Por ejemplo, una forma aplanada se dividió en secciones que están enmarañadas o acolchonadas (un diseño que no se encuentra hoy en la naturaleza). Y aunque consideradas originalmente como precursores de algunas de las últimas criaturas cámbricas, ahora la creencia general es que muchas no estaban relacionadas a formas posteriores y que fueron un “experimento fallido”, pero los animales metazoarios de diseño moderno, tales como las esponjas, compartían hábitats terrestres con la fauna ediacarense.


Tres fósiles de Ediacara

Dickinsonia costata, mostrando su característica apariencia acolchonada de la fauna ediacarense (las opiniones difieren de si es un animal, hongo o algo más)


Charniodiscus arboreus, probablemente un suspensívoro estacionario, con rizoide, tallo y fronde


Spriggina floundersi (4 cm de largo); su afinidad es actualmente desconocida y se ha clasificado como gusano anélido, fronde y artrópodo (2).


La primera fauna global de criaturas con partes corporales duras (tales como las conchas de carbonato de calcio) son anteriores al comienzo del Cámbrico y hasta unos 10 millones de años después.

Esta “fauna de conchas pequeñas” incluye espinas, espículas (placas de armadura), tubos, arqueociatos (animales parecidos a esponjas) y diminutas conchas similares a aquéllas de los braquiópodos y moluscos semejantes a caracoles.

Mayoritariamente estos vestigios tienen un largo de 1 a 5 mm, y el grueso de ellos lo componen fragmentos de esqueletos de organismos más grandes.

Se piensa que estos fósiles pueden representar otro “experimento fallido” y que la extinción de muchas de esas formas hace unos 530 millones de años fue seguida por la fase más crucial de la explosión cámbrica.



Organismos representativos de la “fauna de conchas pequeñas”.

Las más características y abundantes de todas estas criaturas son los arqueociatos, las primeras criaturas formadoras de coral. 1. Brecha. 2. Cavidad central. 3. Pared interna. 4. Poro (todas las paredes tienen poros). 5. Septum. 6. Pared externa. 7. Rizoide (3).


La explosión del Cámbrico es uno de los mayores misterios evolutivos (4), y Charles Darwin consideraba esta repentina aparición de muchos grupos de animales sin ancestros conocidos (en sus tiempos incluidos en estratos del periodo Silúrico) como el desafío más serio a su teoría.

En un espacio no superior a los 10 millones de años hizo su primera llegada cerca del 20% de los apenas 26 filos animales presentes en el registro fósil conocido. Tres emergieron en el Precámbrico, y se piensa actualmente que otros tres se manifestaron durante el Cámbrico, aunque no puede descartarse que todos los filos surgieran hacia fines de este periodo o al término de su primera etapa (5).

Probablemente, algunos fósiles cámbricos representan filos adicionales que se han extinguido desde entonces (6), y se cree que todas las divisiones de plantas o filos no atañentes a algas son poscámbricos.

Existe desacuerdo sobre cuántos filos figuran en los estratos cámbricos, y cómo clasificar ciertas criaturas, pero no se puede negar que el evento representa una profusión extraordinaria de nuevos planes corporales, los que incluyeron: almejas, caracolas, trilobites, braquiópodos, gusanos, medusas, erizos de mar, holoturias (pepinos de mar), crustáceos nadadores, crinoideos y otros invertebrados complejos.

Los trilobites abundaban, y sus ojos eran tan proficientes como aquéllos de cualquier animal vivo de hoy.

Y aunque las criaturas difieren drásticamente de una a otra, a los darwinistas les gusta creer que todas ellas evolucionaron desde el mismo ancestro común hipotético, probablemente una criatura similar a un platelminto que vivió cientos de millones de años antes.

Si la biota del Cámbrico hubiera surgido mediante variaciones graduales, existiría evidencia de incontables formas transicionales durante vastos espacios de tiempo geológico, pero como puntualiza Stephen Meyer:

« En lugar de haber más y más especies que eventualmente conduzcan a más géneros, y estos a más familias, órdenes, clases y filos, el registro fósil muestra representantes de filos separados que primero aparecen seguidos de diversificación a menor nivel sobre estos planes básicos. » (7).

La historia de la vida animal principalmente ha consistido en incesantes variaciones sobre los planes corporales básicos que emergieron durante el Cámbrico.


Cuatro artrópodos de la explosión cámbrica

Marrella, de 2.5 a 19 mm de largo


Opabinia, de 43 a 70 mm de longitud, mostrando la característica probóscide con espinas, cinco ojos en la cabeza y secciones corporales con branquias en un extremo.

Reconstrucción del Sidneyia

Anomalocaris, un predador que tenía hasta 1 metro de largo (8)


Han habido varias otras notables radiaciones de nuevas formas vivientes desde la explosión del Cámbrico. Por ejemplo, el Gran Evento de Biodiversificación del Ordovícico (GOBE, por sus siglas en inglés) consistió en un asombroso incremento de la biodiversidad marina, principalmente dentro de los filos establecidos durante la explosión cámbrica.

La pluralidad de órdenes, familias, géneros y especies se triplicó durante un periodo de 25 millones de años, haciendo de este suceso el estallido de vida más dramático en la historia de la Tierra (9).

Las plantas terrestres (esporas) aparecieron en el Ordovícico y experimentaron una rápida radiación durante el Devónico, hace unos 400 millones de años, periodo también conocido como la “edad de los peces” debido a la enorme diversificación de los principales y numerosos grupos de peces extintos y modernos.

En torno a esta última época se originaron las angiospermas (plantas con flores), un filo que incluye todas las gramíneas, palmeras y árboles no coníferos, y rápidamente se difundieron durante el Cretácico hace unos 120 millones de años.

Hubo pocas o nulas huellas de ancestros o formas intermedias, y desde el inicio ya estaban divididas en diferentes clases, muchas de las cuales han persistido con pequeños cambios hasta el presente.  Darwin llamaba a esta repentina aparición “un misterio abominable”, y aún no existe una secuencia continua de fósiles que muestre exactamente cómo evolucionaron las flores.

Al presente, se estima que hay entre 6 a 10 millones de especies de insectos, que en potencia representan más del 90% de las formas animales de vida en la Tierra, y la ancestralidad evolutiva de los insectos es un enigma porque el fósil más antiguo conocido data del Devónico y ya era completamente capaz de volar.

Han habido cuatro principales radiaciones de insectos:

·        escarabajos (~300 millones de años atrás),
·        moscas (~250 millones de años),
·        polillas y
·        avispas (~150 millones de años).

Y tal y como han habido grandes radiaciones de nuevos organismos, también ocurrieron varias extinciones mayores y muchas otras a menor escala.

La destrucción en masa más grave ocurrió en el límite de los periodos Pérmico-Triásico, hace unos 252 millones de años, y eliminó más del 96% de todas las especies marinas y el 70% de los vertebrados terrestres.

Otras devastaciones masivas ocurrieron a fines del Ordovícico, del Devónico y del Triásico, hace 450, 374 y 201 millones de años respectivamente.

Otra extinción a gran escala tuvo lugar hace unos 66 millones de años, al final del Cretácico y comienzos del Paleógeno ("evento K-Pg", por su nomenclatura inglesa) que borró tres cuartas partes de todas las especies de animales y plantas, incluyendo a los dinosaurios.

La explicación más popular es que la Tierra fue golpeada por un asteroide o cometa, generando a su vez una gran nube de polvo que bloqueó la luz solar y llevó al colapso de la cadena alimentaria.

Sin embargo, las extinciones comenzaron cientos de miles de años antes del límite K-Pg, y algunos científicos piensan que las principales causas fueron un largo periodo de intenso vulcanismo global, cambios climáticos relacionados y alteraciones en el nivel del mar o elevaciones de tierra (10).

Y a esta última devastación le siguió el surgimiento y la rápida diversificación del dominio de los mamíferos.

Luego de la muerte de los dinosaurios, la llegada de los mamíferos modernos debiera de haber dejado los mejores fósiles preservados de especies intermedias, pero no es el caso.

Hace 66 millones de años, muchos mamíferos eran pequeños animales nocturnos parecidos a musarañas arborícolas, y aproximadamente 10 millones de años después encontramos esencialmente ballenas modernas, delfines, roedores, marsupiales, osos hormigueros, caballos, camellos, elefantes, osos, leones, murciélagos, etc., por lo que todos los órdenes modernos de mamíferos parecen haber surgido independientemente y en torno a la misma época.

No sólo no existe secuencia gradual de especies intermedias, sino que alguien que trate de imaginar una secuencia de animales intermedios viables entre por ejemplo: una musaraña y un murciélago (cada uno de los cuales está “mejor adaptado” que su predecesor), se convencerá muy pronto de que tal secuencia es inconcebible.

Y además para complicar las cosas, se ha descubierto que los murciélagos modernos aparecieron dos veces a comienzos del Cenozoico.



Referencias

  1.  Stephen C. Meyer, Darwin’s Doubt: The explosive origin of animal life and the case for intelligent design, New York: HarperOne, 2013, págs. 79-81; britannica.com/Ediacara-fauna.
  2. en.wikipedia.org.
  3. Stephen Jay Gould, Wonderful Life: The Burgess Shale and the nature of history, New York: Norton, 1989, págs. 315-6.
  4. J.S. Levinton, "The big bang of animal evolution", Scientific American, nov. 1992, págs. 52-9; Chris Clowe, "The Cambrian 'explosion'", 2003, peripatus.gen.nz/paleontology/CamExp.html; Darwin’s Doubt; Duane T. Gish, Evolution: The fossils still say no!, El Cajon, CA: Institute for Creation Research, 1995, págs. 53-69.
  5. Darwin’s Doubt, págs. 31-2, 85-6, 417-8; James W. Valentine, On the Origin of Phyla, Chicago, IL: University of Chicago Press, 2004, pág. 187.
  6. On the Origin of Phyla, págs. 4, 37; britannica.com/Cambrian-explosion.
  7. Darwin’s Doubt, pág. 41.
  8. Wonderful Life, pág. 114, 126; en.wikipedia.org.
  9. T. Servais, D.A.T. Harper, A. Munnecke, A.W. Owen y P.M. Sheehan, "Understanding the Great Ordovician Biodiversification Event (GOBE): influences of paleogeography, paleoclimate, or paleoecology?", GSA Today, abril-mayo 2009, pág. 410, geosociety.org.
  10. Ver "The great dinosaur extinction controversy", http://davidpratt.info.