Estoy respondiendo a los comentarios que me hicieron durante mi ausencia.

Les pido paciencia porque son muchos.

¿SE PUEDE RESUCITAR A LOS MUERTOS?



Todo el mundo ha escuchado la historia de Jesús que resucitó a Lázaro cuando este llevaba cuatro días de fallecido.

¿Pero qué hay de cierto en esa historia?

¿Es sólo una fabula o realmente es posible resucitar a los muertos?

La ciencia ha comenzado a explorar algunas posibilidades aunque todavía le falta mucho camino por recorrer.

La técnica más novedosa que se ha puesto en aplicación es de drenar toda la sangre de un paciente que está a punto de morir y remplazarla por una solución salina helada, para de esta manera bajar drásticamente la temperatura del cuerpo, lo que provoca una paralización del su metabolismo, y así poder disponer del tiempo suficiente para tratar de salvar a esa persona.

Luego se bombea de nuevo la sangre y paulatinamente se eleva la temperatura haciendo que el paciente regrese a la vida. Y es impresionante cuando el corazón vuelve a ponerse a latir.

Y de hecho, se piensa que esta técnica es el inicio de la animación suspendida requerida para los viajes espaciales de muy larga duración.


Y aunque todavía está en pruebas preliminares, la verdad es que está muy interesante esa técnica y probablemente vaya a revolucionar la medicina en el futuro, pero aún está muy lejos de poder resucitar a una persona que ya ha sido declarada muerta.


¿Y qué dice el esoterismo al respecto?


Sobre ese tema, el ocultista Eliphas Lévi dice:


« La muerte nunca es instantánea, sino que procede gradualmente (como procede el sueño cuando uno se duerme). Y en tanto que la sangre no se haya enfriado por completo, los nervios pueden estremecerse y por consiguiente el hombre no está completamente muerto, y si alguno de los órganos esenciales para la vida no está mortalmente dañado, el alma puede ser regresada, ya sea por accidente, ya sea mediante una voluntad poderosa.

Antes era temerario afirmar ante la sociedad la posibilidad de la resurrección. Sin embargo los magos saben que la resurrección es posible y que se produce con mayor frecuencia de lo que se cree.

¡Cuántas personas cuya muerte había sido jurídica y científicamente probada, se descubrió después que ellas habían resucitado y que se habían destrozado los dedos y las uñas al tratar de salir del ataúd para escapar de una nueva muerte y de tan horribles sufrimientos!

(Aquí Eliphas Lévi exagera, porque en realidad esas personas no mueren en “tan horribles sufrimientos”, debido a que la falta de oxigeno que hay en el ataúd hace que pronto la persona pierda la conciencia y muera sin sufrir.)

Un médico nos dirá que esas personas no estaban en realidad muertas, sino en un profundo estado de letargo.

¿Pero qué es el letargo?

Para los esoteristas, es el nombre que ustedes le dan a la muerte comenzada pero no concluida.

Verán, el alma está ligada al cuerpo por la sensibilidad, y en cuanto esta sensibilidad cesa, es un signo certero de que el alma se ha alejado (y mientras que las circunstancias lo permitan, el alma puede volver a regresar a su cuerpo).

Así por ejemplo, el sueño magnético es un letargo (o una muerte ficticia) y curable a voluntad. La torpor producida por el cloroformo también es un verdadero letargo que a veces concluye en una muerte definitiva, cuando el alma, feliz por su pasajero desprendimiento, hace los esfuerzos necesarios de voluntad para alejarse definitivamente (lo que es posible en aquellos que han vencido al “infierno”, es decir cuya fuerza moral es superior a la de la atracción astral). »
(Dogma y Alta Magia I, capítulo 20 titulado: La medicina universal)


Y en el segundo tomo de su libro añadió más detalles:

« Hemos enunciado audazmente nuestra convicción de que la resurrección es posible en algunos casos. Vamos a completar aquí la revelación de ese asunto y exponer las razones de por qué es posible lograr tal hazaña.

El cuerpo simplemente es una vestidura del alma. Y cuando esa vestidura está completamente usada o irreparablemente lastimada, el alma la abandona completamente y no vuelve a ella. Pero cuando por un accidente cualquiera, esa vestidura se le escapa sin estar usada ni destruida, el alma puede en ciertos casos volver a ella, sea mediante su propio esfuerzo, sea mediante la asistencia de otra voluntad más fuerte y más activa que la suya.

La muerte no es ni el fin de la vida ni el comienzo de la inmortalidad, es solamente la continuación y la transformación de la vida. Ahora bien, una transformación implicando un progreso, por lo que hay muy pocos muertos aparentes que consientan revivir, es decir, volver a tomar la vestidura que acaban de abandonar. Y esto es lo que hace que la resurrección sea una de las obras más difíciles de la alta magia. Y por consiguiente las posibilidades de éxito son escasas y es por ello que cuando se logra, se debe de considerar la proeza casi como algo más accidental e inesperado que como algo previsto y esperado.

Para resucitar a un muerto es necesario volver a ajustar súbita y enérgicamente la más fuerte de las cadenas de atracción que puedan unir el alma con el cuerpo que acaba de abandonar.  Es por lo tanto requerido primero localizar esa cadena, luego apoderarse de ella y después por medio un esfuerzo de voluntad muy poderoso, volver a unir esa cadena con el cuerpo.

Y todo esto (lo repetimos) es extremadamente difícil, pero no hay nada que sea absolutamente imposible.

Los prejuicios de la ciencia materialista no admitiendo en nuestros días la resurrección como algo natural y posible, los médicos están predispuestos a explicar todos los fenómenos de este tipo, como letargos asociados con los síntomas de la muerte más o menos complicados y más o menos largos.

Y así, si Lázaro resucitara hoy en día ante nuestros médicos, estos consignarían en sus informes a las academias competentes, el extraño caso de un letargo acompañado de un comienzo aparente de putrefacción y de un olor cadavérico muy pronunciado. Se le daría un nombre a este extraño incidente y se archivaría el evento.

A nosotros no nos gusta ofender a nadie, y si por respeto hacia los hombres condecorados que representan oficialmente la ciencia, es preciso llamar a nuestras teorías de resurrección: “el arte de curar los letargos excepcionales”, nada nos impedirá hacerles esa concesión.

Y si alguna vez se ha efectuado en este mundo una resurrección, eso es un argumento suficiente para considerar ese fenómeno como algo posible.

En la religión hay muchas anécdotas en ese sentido:

La más famosa es la de Lázaro, pero a continuación les voy a mencionar brevemente algunas otras:

Cuando Jesucristo resucitó a la hija de Jairo, entró a la casa de la familia sólo con tres de sus más fieles discípulos, y alejó de allí a cuantos lloraban y hacían ruido diciéndoles:

   -  “Esta joven no está muerta, sólo duerme.”

Luego, en presencia del padre, de la madre y de sus tres discípulos, es decir en un círculo de perfecta confianza y de deseo, tomó la mano de la niña, la levantó bruscamente y le gritó:

   -  “¡Hija de Jairo, Levántate!”

Y la joven muchacha, cuya alma indecisa vagaba cerca de su cuerpo, sorprendida por la voluntad de esa voz, y que su madre y su padre escucharan de rodillas, con un estremecimiento de esperanza entró otra vez en su cuerpo, abrió los ojos y se levantó. Entonces el maestro de inmediato ordenó que se le diera de comer, para que las funciones de la vida reanudaran un nuevo ciclo de absorción y de regeneración.

La historia de Eliseo resucitando al hijo de la sunamita y de San Pablo resucitando a Eutico, son hechos del mismo orden. Y también la resurrección de Dorcas por San Pedro (contada con tanta sencillez en los Hechos de los Apóstoles) es igualmente una historia de cuya veracidad no se podría razonablemente dudar.

Y la religión no es la única que atestigua acontecimiento de resurrección. Y así por ejemplo, Apolonio de Tiana parece también haber realizado semejantes maravillas.

Y nosotros hemos recogido varios otros testimonios:

Por ejemplo, un hecho que llamó poderosamente la atención del pintor Greuze, fue reproducido por él en uno de sus cuadros más notables. El cuadro muestra a un hijo indigno, cerca del lecho de muerte de su padre, y que rompe un testamento que no le era favorable. Entonces el padre se reanima, se abalanza sobre él, maldice a su hijo, luego después vuelve a acostarse y muere por segunda vez.

Un acontecimiento análogo y más reciente nos ha sido referido por testigos oculares: se trata de una persona que traicionando la confianza de su amigo que acaba de morir, agarró y rompió una atestación de fideicomiso suscrita por el fallecido. Y ante este hecho, el muerto resucitó y permaneció vivo para defender los derechos de los herederos elegidos por él (y a quienes su infiel amigo iba a despojar). El culpable se volvió loco y el muerto resucitado fue lo bastante compasivo para asignarle una pensión.

Nosotros mismos hemos sido testigos de eventos que no dejan de guardar cierta analogía con los referidos, pero el espíritu materialista del siglo en el que vivimos, nos impone a este respecto la más absoluta reserva, pues los taumaturgos están expuestos en nuestros días a una muy mediana acogida ante el público (lo que no impide que la tierra gire y que Galileo sea un hombre).

La resurrección de un muerto es la obra maestra del magnetismo, porque para realizarla es necesario ejercer una especie de “omnipotencia simpática”. Y es sobre todo posible en los casos de muerte por congestión, por ahogo, por desfallecimiento y por histerismo.

El joven Eutico quien fue resucitado por San Pablo después de haberse caído desde un tercer piso, seguramente no tenía ninguna herida mortal en su interior, sino que muy posiblemente sucumbió sólo por la asfixia ocasionada por el movimiento del aire en la caída, o por el mismo espanto de caer.

Y es preciso en semejantes casos (y cuando se siente la fuerza y la fe necesarias para realizar semejante obra) practicar como lo hizo el apóstol, la insuflación boca a boca, estableciendo un contacto con las extremidades para llevarles a ellas el calor.

Si esto hubiera sido lo que la gente inocente llama “un milagro”, Elías y San Pablo (cuyos procedimientos en semejante caso fueron los mismos) habrían hablado en nombre de Jehová o de Cristo,  pero no lo hicieron.

(Acuérdense que Eliphas Lévi vivió en el siglo XIX. En la actualidad simplemente se diría que se aplicaron los auxilios de emergencia como es la respiración artificial. Y así como los paramédicos logran resucitar a ciertas personas cuyo corazón deja de latir. De igual modo los magos logran resucitar a ciertas personas que llevan ya un cierto tiempo muertas.)

A veces puede bastar con simplemente tomar la mano de la persona y levantarla vivamente llamándola en alta voz. Este procedimiento (que seguido funciona con los desvanecimientos) puede también tener algunas veces acción sobre la muerte, principalmente cuando el magnetizador que la ejerce está dotado de una palabra poderosamente simpática y posee lo que pudiéramos llamar “la elocuencia de la voz”. Y es preciso también que sea amado o respetado por la persona sobre quien se quiere obrar y que realice su obra con entera fe y absoluta voluntad. »
(Volumen II: Ritual, capítulo XIII titulado: La Nigromancia)




MI OPINIÓN

Para algunos podrá parecerles inverosímil y hasta fantasiosa la explicación que da Eliphas Lévi, pero para mí hay un cierto número de datos que me hacen suponer que la resurrección en ciertos casos es posible.

Y a continuación se los enumero:

   1) Los testimonios

Es cierto que muchos de ellos (tanto en los textos religiosos, como en los textos que leemos en el internet) no son muy confiables y siempre queda la duda de si realmente la persona ya estaba muerta o si simplemente se encontraba en un profundo estado de letargo, el cual se confundió con la muerte.

Sin embargo, hay suficientes testimonios (y bastante fidedignos) para considerar que la resurrección puede ser en ciertos casos una posibilidad real aunque muy poco usual.


   2) La enseñanza esotérica

La manera como el esoterismo describe la composición oculta y septenaria del ser humano, hace muy factible la posibilidad que cuando el lazo energético que une el alma con su cuerpo físico, se rompe, por medio de manejos energéticos se pueda volver a pegar. Permitiendo así al ego desencarnado que ya se había separado, volver a tomar posesión de su cuerpo.


   3) Los maestros transhimalyicos

Blavatsky menciona que cuando el Maestro Kuthumi tuvo que pasar por una iniciación elevada, él dejó su cuerpo en un lugar secreto, mientras que su espíritu viajaba a otros planos de existencia:

« Kuthumi se ha ido a dormir por tres meses para prepararse durante su Sumadhi o continuo estado de trance para su iniciación, la penúltima, cuando se convertirá en uno de los más elevados Adeptos.

Pobre Kuthumi, su cuerpo está actualmente tendido frío y tieso en un edificio cuadrado de piedra aislado, sin ventanas ni puertas, cuya entrada se efectúa a través de un pasaje subterráneo.

En ese estado, su Espíritu se encuentra actualmente muy libre, y un Adepto puede yacer así durante años, cuando su cuerpo fue cuidadosamente preparado por él mismo de antemano, a través de pases mesméricos y otras técnicas.

Es un hermoso lugar donde se encuentra esa torre cuadrada. De ahí se ve el Himalaya a la derecha y un hermoso lago cerca de la Lamasería. Su superior cuida de su cuerpo y Morya también va de vez en cuando a visitarlo. Es un tremendo misterio ese estado de sueño cataléptico para tal período de tiempo»
(Extracto de la carta que Blavatsky le escribió a la Sra. Mary Hollis Billings, fechada el 2 de octubre de 1881)

O sea que los grandes Adeptos pueden hacer que su cuerpo entre en un estado de rígor mortis en donde su corazón deja de latir y su metabolismo se detiene, pero que aunque se mantengan así por un largo periodo, el cuerpo no se descompone.

Y eso me hace suponer que en ciertos casos pudiera ocurrir algo parecido con humanos ordinarios, pero por causas accidentales y no a voluntad como lo pueden hacer los grandes maestros.


   4) Pastor

Me acuerdo que en una conferencia comentó que en el sendero de la iniciación oculta, los discípulos que están ya muy avanzados, tienen que pasar una prueba, la cual consiste en volver a revivir un ser que acaba justo de morir (y el cual usualmente es un animal). Y es así que los discípulos menos avanzados se quedan muy impactados cuando ven por ejemplo a un gato que se encuentra muerto, y unos segundos después vuelven a ver al mismo gato pero ahora ya está de nuevo caminando.

Cuando encuentre esa conferencia, les transcribo exactamente lo que dijo.




CONCLUSIÓN

Estoy convencido que la muerte no es un evento brusco, sino un evento progresivo, del cual los humanos sólo vemos una pequeña porción del proceso que es la parte visible. Y que bajo ciertas circunstancias (o sea cuando se puede revertir ese proceso) la resurrección es posible.

Mientras más poderoso sea el adepto o el mago, más va a lograr efectuar hazañas espectaculares. Pero también ha de haber una frontera a partir de la cual, el proceso de la muerte ya no se pueda revertir, y sin importar de cuánto poder se disponga, ya no se pueda hacer regresar a ese ser fallecido de nuevo a su cuerpo físico.



RITUAL PARA INVOCAR A LOS ESPÍRITUS MENCIONADO POR ELIPHAS LEVI



Eliphas Lévi en su libro “Dogma y Ritual de Alta Magiarelata la experiencia que tuvo con un ritual que hizo para invocar a los muertos, y a continuación se los transcribo por lo ilustrativa que es esa narración. Pero para que puedan comprender mejor las explicaciones que añadí, les pido que primero lean el capítulo:


¿Ya lo hicieron?

Entonces prosigamos con la narración de Eliphas Lévi:

« En la primavera del año 1854, me dirigí a Londres para escapar de penas internas y así poderme entregar sin distracción alguna, a la ciencia oculta. Y para facilitar mi estancia, poseía cartas de presentación para personajes eminentes de la sociedad inglesa que estuvieran interesados en las revelaciones relacionadas con el mundo sobrenatural.

Visité a varios ellos, pero lo que encontré fue un gran fondo de indiferencia o de ligereza (eso sí con mucha cortesía). Y lo único que solicitaron de mí, fue que les mostrara algunos prodigios como si estuvieran tratando con un ilusionista.

Lo que hizo que me descorazonara un poco, porque a decir verdad, lejos de estar dispuesto a iniciar a los demás en los misterios de la magia ceremonial, yo había tenido siempre un cierto temor hacia las ilusiones y hacia las fatigas que esos rituales conllevan. Y por otra parte, esta clase de ceremonias exige de un material dispendioso y difícil de reunir.

Me decidí por lo tanto a sólo dedicarme en el estudio de la alta cábala durante mi estancia en Londres y no pensar más en los aristócratas ingleses. Pero un día al volver a mi hotel, encontré una nota dirigida hacia mí. Esa nota contenía la mitad de una carta cortada transversalmente y en cuyo frente reconocí inmediatamente el carácter del sello de Salomón, y a su lado había un papel pequeño en el cual estaba escrito con lápiz:

-        Mañana a las tres de la tarde, delante de la Abadía de Westminster, se os presentará la otra mitad de esta carta.”

Fui a esa singular cita y ahí encontré una carroza estacionada en la plaza. Yo tenía, sin afectación, mi fragmento de la carta en la mano y un doméstico se acercó respetuosamente a mí y me hizo un signo de seguirlo y entonces abrió la portezuela del carruaje. Dentro de él había una señora vestida de negro, cuyo sombrero y rostro estaban cubiertos por un espeso velo.

Esa señora me hizo señas de que subiera al carruaje, enseñándome la otra mitad de la carta que yo había recibido. Entonces la portezuela se cerró y la carroza se echó a andar, y habiéndose la señora levantado el velo, puede ver que me encontraba con una persona de edad, de cejas grises y unos ojos extremadamente negros y vivos de una extraña fijeza.

« Señor (me dijo con un acento inglés muy pronunciado) una amiga de Sir B*** L***, que os ha visto, sabe que han solicitado de vos, experiencias paranormales y que habéis rehusado satisfacer esa curiosidad. Quizá no poseíais las cosas necesarias, en cambio yo voy a mostraos un gabinete mágico completo, pero solicito de vos, ante todo el más inviolable secreto, ya que yo sé que la ley del secreto es rigurosa entre los ocultistas. Y si no me hacéis esa promesa, por vuestro honor, daré la orden para que os conduzcan de vuelta a vuestro hotel. »

Hice la promesa que se me exigía y soy fiel a ella no diciendo ni el nombre, ni la jerarquía social, ni el domicilio de esa señora, en quien reconocí inmediatamente a una conocedora de las artes ocultas.

Posteriormente tuvimos muy largas y amplias conversaciones, durante las cuales ella insistió siempre en la necesidad de prácticas para completar la iniciación. Me enseño una colección de trajes y de instrumentos mágicos y también me prestó algunos libros raros de que yo carecía. Luego me solicitó intentar en su casa la experiencia de una invocación completa, para la cual me preparé durante veintiún días observando escrupulosamente las prácticas indicadas.

Mi preparación había terminado el 24 de julio y el objetivo del ritual era de invocar al fantasma del divino Apolonius (Apolonio de Tiana) para interrogarle sobre dos misterios que nos interesaba conocer: uno me concernía a mí exclusivamente y el otro le interesaba a la dama en cuestión.

Inicialmente ella tenía contemplado asistir al ritual de invocación, acompañada de una persona de confianza, pero a la última hora esa persona tuvo miedo y se desistió, y como el ternario o la unidad son rigurosamente requeridos para los ritos mágicos, me dejó que cumpliera el ritual solo.

El gabinete preparado para la invocación se encontraba situado en una torreta, y dentro del gabinete se habían dispuesto cuatro espejos cóncavos a los lados de una especie de altar cuya parte superior estaba formada de mármol blanco y a su alrededor había una cadena de hierro imantado.

Sobre el mármol estaba grabado el signo del pentagrama en dorado, y el mismo signo también estaba trazado en diversos colores, sobre una piel blanca de cordero completamente nueva que se encontraba extendida bajo el altar.

En el centro del altar había un sahumerio de cobre con carbón de madera de émula y de laurel, mientras que otro sahumerio se encontraba colocado delante de mí sobre un trípode.

Yo estaba vestido con una túnica blanca, muy parecida al alba de los sacerdotes católicos, pero más amplia y más larga, y llevaba sobre la cabeza una corona de hojas de verbena entrelazadas por una cadenilla de oro. Y en una mano tenía una espada nueva, mientras que en la otra mano tenía el texto del ritual.

Entonces prendí los dos fuegos con las sustancias preparadas y requeridas, y comencé a pronunciar las invocaciones del ritual.

El humo se extendió y las flamas hacían vacilar los objetos que ellas iluminaban y después se apagaron. El humo se elevaba blanco y lento sobre el altar de mármol y me pareció sentir una sacudida, como si fuera un temblor de tierra. Los oídos me titilaban y mi corazón latía muy fuertemente.

Volví a echar algunas ramas y perfumes en los sahumerios, y cuando la llama se elevó, vi claramente delante del altar, una figura de hombre de tamaño mayor a lo natural, pero que pronto se comenzó a descompone y borrar.

Volví a comenzar las invocaciones y fui a colocarme en un círculo que había previamente trazado entre el altar y el trípode. Entonces vi aclararse poco a poco el fondo del espejo que se encontraba en frente de mí (detrás del altar) y una forma blancuzca se dibujó en él, agrandándose poco a poco y pareciendo acercarse cada vez más.

Cerrando los ojos llamé tres veces “¡Apolonius!”, y cuando los abrí, un hombre se hallaba frente a mí, envuelto por completo en una especie de sudario que me pareció ser más bien gris que blanco. Su rostro era delgado, triste y sin barba (lo que no correspondía precisamente con la imagen que yo tenía de Apolonio).

En ese momento experimenté una sensación de frío extraordinaria y cuando abrí la boca para intentar hablarle al fantasma, me fue imposible articular algún sonido. Puse entonces la mano sobre el signo del pentagrama y dirigí hacia él la punta de la espada, ordenándole mentalmente al espectro, por ese signo, de no espantarme y de obedecerme.

Entonces la forma se hizo más difusa y desapareció de repente, pero le ordené que volviera y en ese instante sentí pasar cerca de mí como un soplo y también sentí que algo me había tocado la mano con la que sostenía la espada, haciendo con ello que inmediatamente el brazo se me entumeciera hasta el hombro.

Creí comprender que esa espada ofendía al fantasma y por consiguiente la clavé por la punta dentro del círculo, cerca de mí.

La figura humana reapareció inmediatamente, pero entonces sentí un desfallecimiento repentino comenzarse a apoderar de mí y una debilidad cada vez más grande extenderse por todos mis miembros, que di dos pasos para sentarme. Y en cuanto me senté, caí en una especie de profundo sopor, acompañado de sueños de los que no me quedaron al despertarme, más que un recuerdo confuso y vago.

Tuve durante muchos días, el brazo adolorido. Y la figura no me habló, pero las preguntas que quería hacerle, parece que se habían resuelto por sí mismas en mi mente.

A la pregunta de la señora, una voz interior respondió dentro de mí: “muerto” (se trataba de un hombre de quien ella quería tener noticias). En cuanto a mí, yo quería saber si el acercamiento y el perdón serían posibles entre dos personas en las que yo pensaba, y el mismo eco interior respondió también implacablemente: “¡Muertas!”



ANÁLISIS DE DE SU EXPERIENCIA

Menciono aquí los hechos tal y como han sucedido. No se los impongo a la fe de nadie. Y el efecto de esta experiencia tuvo en mí algo extraño, algo inexplicable. Yo no era ya el mismo hombre, algo del otro mundo había pasado por mí; no estaba ni alegre, ni triste, pero comencé a experimentar un encanto particular por la muerte, sin sentir, no obstante, ningún intento de recurrir al suicidio.

Analicé cuidadosamente lo que experimenté, y a pesar de una repugnancia nerviosa muy vivamente sentida en mi interior, reiteré dos veces más el experimento (sólo con el intervalo de algunos días).

El relato de los fenómenos que se produjeron entonces difiere muy poco del que les acabo de contar, y no los menciono para no hacer demasiado extensa mi narración. Pero el resultado de estas invocaciones fue para mí la revelación que si los secretos cabalísticos fueran conocidos por todo el mundo, cambiarían en poco tiempo las bases y las leyes de todas las sociedades modernas.

(Cambiarían positivamente en el sentido que los humanos se darían cuenta de manera masiva que existen los planos sutiles y hay seres que viven en ellos, y que la vida prosigue después de la muerte. Pero también sería nefasto porque todo el mundo se pondría a hacer ese tipo de experimentos que precipitarían a las entidades nocivas del astral en el plano físico.

Y es que la entidad que se le apareció a Eliphas Lévi, obviamente no era el alma de Apolonio de Tiana, ya que este hace mucho tiempo que ya ascendió al Devachan y probablemente incluso ya hasta volvió a reencarnar. Pero en cambió si muy seguramente era una entidad del astral que buscaba alimentarse de la energía de vitalidad que poseen los humanos.

Y es que deben de saber que los magos negros desencarnados, y también los elementarios cuando son despertados, son conscientes que al haberse separado de su tríada superior, ya no reciben la energía del Espíritu divino y por lo tanto para poder seguir existiendo, tienen que vampirizar la energía a los humanos que se encuentran en la Tierra. Y la forma más fácil de hacerlo es por medio de esos encuentros, en donde además pueden tomar la forma que les plazca y así confundir a los invocadores.

Lo que además confirma el propio Eliphas Lévi al indicar que él sintió una debilidad extrema que lo hizo fallecer y también al precisar que su cuerpo le imploraba por medio de esa sensación de repugnancia nerviosa, de no volver a recomenzar ese ritual. Nada más que él de necio siguió haciéndolo.

La Naturaleza es muy inteligente y si pone actualmente una frontera entre el plano físico y el plano astral, es para la propia protección de los hombres, ya que los maestros de sabiduría explican que la razón por la que los humanos tienen por el momento sus facultades ocultas dormidas, es porque la inmensa mayoría de ellos todavía no están listos para tener un contacto directo con el astral sin acabar muy dañados en su salud y en su evolución.

Algo que el propio Eliphas Leví lo confirma con el final de su relato.)


¿Concluiré de esta experiencia, que realmente he invocado, visto y palpado al gran Apolonio de Tiana?

No estoy ni bastante alucinado para creerlo, ni soy tan poco serio para afirmarlo. Considero más bien que fue el efecto de las preparaciones, de los perfumes, de los espejos, de los pentáculos, etc. Ya que todo eso es una verdadera embriaguez de la imaginación que debe obrar vivamente sobre una persona que es impresionable y nerviosa.

Sin embargo no logro explicar por qué leyes fisiológicas pude verlo y palparlo. Simplemente afirmo que lo vi y lo toqué, y que lo hice clara y distintamente, sin que fueran sueños. Y esto para mí es suficiente para creer en la eficacia real de las ceremonias mágicas.

Pero también concluí que la práctica de estas ceremonias es nociva e incluso peligrosa para la salud (tanto moral, como física). Y que yo no resistiría a semejantes operaciones, si éstas se hicieran habituales.

(Además que no crean que la conexión con esa entidad nociva del astral es puntual, y que nada más dura mientras que dura el encuentro y que luego vuelve a desaparecer. Porque así no funciona el asunto, ya que con el primer encuentro se crea un pequeño lazo energético sutil, y con cada nuevo encuentro este lazo se fortalece haciendo que con el tiempo, la entidad nociva pueda vampirizar la energía de la persona desde la distancia (ya sin necesidad de acercarse a ella) y también pueda influenciarla para que esa persona efectúe actividades perniciosas que la mantengan atada a la entidad astral.

En otras palabras: sutilmente esa entidad nociva del astral va esclavizando a ese humano que la invoca y la persona ni siquiera se da cuenta que cada vez tiene menos control de su vida y de su persona. Y esto el propio Eliphas Lévi lo confirma indicando que:) 

La dama de edad de la que les he hablado y de la que después tuve razones para quejarme, sería una prueba de ello, porque a pesar de sus negaciones, yo no dudo que ella tuviera la costumbre de practicar la nigromancia y la goecia.

Y los daños en su personalidad eran obvios, ya que a veces disparataba por completo, mientras que otras veces se entregaba a insensatas cóleras de las que apenas ella misma podía determinar la causa.

(O sea que esa señora ya estaba bastante poseída por las entidades nocivas del astral. Lo que además de chuparle la vida, también la va a perjudicar bastante en su evolución divina, y en las siguientes reencarnaciones le va a costar mucho trabajo poderse liberar. Pero nadie la obligó a meterse en ese problema. Ella misma se lo buscó.)

Después de esto, me fui de Londres sin haberla vuelto a ver, pero cumpliré fielmente el compromiso que contraje con ella de no revelar a nadie nada que pueda darla a conocer o poner en la pista de quién es, para así evitar que la perjudiquen (más de lo que ya está) sus prácticas a las cuales se entrega sin duda a espaldas de su familia, y la cual ha de ser por lo que supongo, bastante numerosa y ha de ocupar una posición muy respetable en la sociedad londinense.

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Hay invocaciones de inteligencia, invocaciones de amor e invocaciones de odio, pero nada prueba que los espíritus abandonen las esferas superiores para conversar y entretenerse con nosotros, y lo contrario es más probable: que seamos nosotros quienes evocamos los recuerdos que ellos han dejado en la luz astral, la cual es el receptáculo común del magnetismo universal.

Es en esta luz donde el emperador Juliano vio aparecer a los dioses, pero viejos, enfermos y decrépitos. Lo cual es una prueba más de la influencia que tienen las opiniones corrientes y acreditadas sobre los reflejos de ese mismo agente mágico, y que hace también mover a las mesas y responder a las preguntas por golpes dados en las paredes durante las verdaderas cesiones espiritistas.

Después de la experiencia que les acabo de mencionar, he vuelto a leer con atención la vida de Apolonio (a quien los historiadores nos representan como un tipo ideal de belleza y de elegancia antigua). Sin embargo en su biografía he advertido también que Apolonio en los últimos días de su vida, se cortó el pelo y sufrió largos tormentos en la prisión.

Esta circunstancia que yo había retenido sin duda en otros tiempos en mi memoria (pero de la cual ya me había olvidado) habrá determinado quizás la forma poco atractiva de mi visión (la cual yo considero que únicamente fue el sueño voluntario de un hombre despierto).

Y no fue la única vez que eso me pasó, ya que también he visto a otros dos personajes (los cuales poco importa nombrar quienes fueron) pero que también los percibí con un diferente aspecto de lo que yo esperaba ver.


(Aquí Eliphas Lévi muestra las limitaciones de su conocimiento esotérico, pero no es su culpa, ya que las explicaciones que aportaron los maestros transhimalayicos y que esclarecieron mucho este asunto, se dieron sólo después de su muerte.

Y es que deben de saber que si bien es cierto que nuestros pensamientos influyen mucho en la forma que toman los espectros que se materializan en el plano físico, también se nota que Eliphas Lévi no tenía una noción clara de lo que son los elementarios y por consiguiente pensaba que la forma que se le había aparecido, sólo era la manifestación de su propio pensamiento por medio de la luz astral, cuando en realidad se trataba de un elementario que se había materializado ante él.)



CONCLUSIÓN DE ELIPHAS LEVI

En conclusión: recomiendo por los demás, la mayor reserva a quienes quieran entregarse a este género de experiencias, porque resulta de ellas: grandes fatigas y también con frecuencia desórdenes orgánicos, bastante anormales, que pueden ocasionar enfermedades.

(Y por lo visto, ignoraba también que estos elementarios vampirizan la energía de vida de los humanos que los invocan, por lo que el asunto es más grave que una simple enfermedad.) »

(Volumen I, capítulo XIII titulado: La Nigromancia)



Posteriormente en el segundo tomo de su libro, Eliphas Lévi añade unas cuantas explicaciones más:

« Hay dos tipos de nigromancias: la nigromancia de la luz y la nigromancia de las tinieblas; la invocación por medio de las plegarias, los pentáculos y los perfumes, y la invocación por medio de la sangre, las imprecaciones y los sacrilegios.

Es la primera la única que hemos practicado y no aconsejamos a nadie que se dedique a la segunda.

Es cierto que las imágenes de los muertos se aparecen a las personas magnetizadas que los invocan. Y es cierto también que esas imágenes nunca rebelan nada de los misterios de la otra vida. Simplemente se les ve tal como todavía pueden estar en el recuerdo de aquellos que los han conocido, y tal como quedaron sus reflejos impresos en la luz astral.

Y cuando los espectros invocados responden a las preguntas que se les hacen, es siempre por medio de signos o por  una impresión interior o por medio de la imaginación que responden. Nunca es con una voz que suene vivamente en los oídos, y esto es lógico, ya que:

¿Cómo un fantasma podría hablar si no dispone de un cuerpo físico?

Y al no disponer de una boca, una lengua y una garganta.

¿Con qué instrumento podría entonces el fantasma hacer vibrar el aire para volver perceptible sus pensamientos por medio de sonidos?


(Bromeo)

En cambio sí se experimentan unas especies de descargas eléctricas durante las apariciones, y estas descargas parecen a veces ser producidas por la misma mano del fantasma. Pero ese fenómeno considero que en realidad ha de ser producido por nosotros mismos y ha de deberse como única causa, al poder de la imaginación y de las afluencias locales de la fuerza oculta que nosotros llamamos: la luz astral.

(En lo personal no lo creo, porque yo también he experimentado a veces esas descargas eléctricas cuando he invocado a los Seres de Luz.)

Esto prueba que las proyecciones de la luz astral que toman la apariencia de esos espíritus, nos tocan algunas veces. Pero en cambio nosotros no logramos tocar de manera física a esos espectros. Y esta es una de las circunstancias más pavorosas en esas experiencias, ya que las apariciones tienen a veces un semblante tan real, que no puede uno más que sentirse muy impresionado, cuando nuestra mano pasa a través de lo que nos parece ser un cuerpo real, pero sin poderlo tocar, ni encontrar nada en él a meter la mano en su interior.


Algunos ejemplos históricos

Se lee en las historias eclesiásticas que Espiridión, quien fue obispo de Tremithonte (y que después de su muerte fue canonizado) invocaba el espíritu de su hija Irene para saber de ella en dónde se encontraba oculto un depósito de dinero que había recibido de un viajero.

Swedenborg comunicaba habitualmente con los pretendidos muertos, cuyas formas se le aparecían en la luz astral.

Y nosotros hemos conocido muchas personas dignas de fe, que nos han asegurado haber vuelto a ver (y a veces durante años enteros) a difuntos que les eran queridos.

Así por ejemplo, el célebre ateo Silvano Maréchal se apareció después de su muerte a su viuda y a una amiga de esta última, para darle conocimiento de una suma de 1’500 francos en oro, que él había ocultado en un cajón secreto de un mueble. (Conocemos esta anécdota por una antigua amiga de la familia).

Por último, las invocaciones deben de ser siempre motivadas y tener un fin laudable, porque de otro modo son operaciones de tinieblas y de locura, muy peligrosas para la razón y para la salud. Invocar a los muertos por pura curiosidad y para saber si se verá algo, es disponer por anticipado a fatigarse y a sufrir, ya que las altas artes ocultas no admiten ni la duda ni la puerilidad. »

(Volumen II: Ritual, capítulo XIII titulado: La Nigromancia)


Luego Eliphas Lévi da una larga descripción del ritual que utiliza para invocar a los muertos, el cual omito poner en el blog, porque pocos van a poder efectuarlo, ya que efectivamente requiere de un material dispendioso y difícil de reunir, además que el protocolo que debe de llevar la persona que lo efectuar es también bastante complicado.

Y les diría que no se requiere tanto para invocar a los muertos, ya que tenía a unos amigos adolescentes (bastante pretenciosos por cierto) que se divertían haciendo rituales de magia mucho menos elaborados que los que menciona Eliphas Lévi. Y en una ocasión uno de ellos me llamó todo asustado a media noche, porque una anciana se le había aparecido en el pasillo de su casa.

O sea que no se necesita ser un gran mago ni efectuar rituales muy elaborados para invocar a las entidades del astral, pero a pesar de ello como tantas veces se los he dicho:


ES MUY DAÑINO INVOCAR A LOS MUERTOS


Hay dos posibilidades al invocar a los difuntos:

1)   Que hagan contacto con la persona que les interesa, la cual por diversas razones no pudo caer en el sueño akashico y por consiguiente se encuentra errando en el plano astral hasta que termine lo que habría sido su vida en la Tierra, antes de poder proseguir con su ascenso hacia el mundo divino.

2)   Que hagan contacto con algún otro ser o entidad que se encuentra en el plano astral o en el Kama-Loka.

Y en cualquiera de los dos casos es muy malo, porque en el primer caso, al entrar en comunicación con el alma desdichada que se encuentra errando en el astral, la van a atorar aún más en el astral debido a esos lazos energéticos que se crean al efectuar el contacto.

Pero sobre todo le van a atizar tremendamente a esa pobre alma su deseo de regresar a la Tierra, pero como ya no tiene un cuerpo físico, entonces esa persona fallecida va a tratar de agarrarse de un ser vivo, lo cual le va a provocar un karma muy pesado. Y eso puede volverse el inicio de todo un hundimiento que se prolongará por muchas reencarnaciones.

Y es por eso que los maestros de sabiduría insisten tanto que no hay que tratar de hacer contacto con sus seres queridos fallecidos por medio de médiums (y aún menos por medio de rituales mágicos) ya que van a perjudicarlos mucho.

Porque lo mejor que les puede pasar a esas almas en pena, es de caer en ese sueño akashico debido a que entonces ya no correrán los riesgos y peligros que hay en el plano astral y podrán así elevarse hacia el mundo divino con mucha más facilidad. Y es por ello que si quieren verdaderamente ayudar a esas almas en pena, lo mejor es hacer un ritual, pero no para contactarlas, sino para enviarles Luz.

Y en este capítulo doy un ejemplo de cómo hacerlo:


Ahora bien, esas comunicaciones son bastante raras y en el 80% de las veces, esas comunicaciones con el astral no se hacen con almas en pena, sino con diversas entidades nocivas que solo les interesa vampirizar la energía a quien se deje, y para ello se van a hacer pasar por la persona con la que se quieren comunicar, para así poder crear ese lazo energético que les permitirá a esas entidades nocivas tenerlos a ustedes cada vez más sometidos a ellas.