EL BROCHE QUE EL MAESTRO KUTHUMI MATERIALIZÓ DENTRO DE UN COJÍN



Este fenómeno lo relató el señor Sinnett en su libro “El Mundo Oculto” y a continuación les transcribo lo que él escribió al respecto:



Personalmente poseo tres notas del Adepto Kuthumi que él me ha enviado y que tienen que ver con el fenómeno que a continuación les voy a mencionar.

Y como fenómeno de prueba, yo considero que para mí éste es el más completo de todos los fenómenos cuantos he referido. Y es bueno señalar de paso, que si bien los diarios indios relataron también las circunstancias de este fenómeno, en cambio la cuadrillera de críticos que habían inundado la prensa con sus cándidos comentarios durante el tiempo del fenómeno del broche de la señora Hume, esta vez se abstuvieron en esta ocasión de discutir sobre este incidente.

Pues bien, era un día en que acompañados por nuestros huéspedes, y entre los que se encontraba Madame Blavatsky, fuimos a almorzar a una colina próxima que estaba en los alrededores. Y nuestra idea (de mí y de mi esposa) de solicitar este fenómeno había nacido a consecuencia de que la noche anterior, yo había recibido de Kuthumi, lo que llamaré, una «comunicación subjetiva». Pero no entraré en pormenores, para no molestar a los lectores relatando mis impresiones.


Aquí el señor Sinnett está haciendo referencia a un encuentro que él tuvo con el maestro Kuthumi esa noche, y que el maestro describió en una nota que le envió a Sinnett en la mañana siguiente, y esta nota el señor Sinnett no la publicó en su libro, pero si se encuentra en el libro 'Las Cartas Mahatma', y dice lo siguiente:

« Mi buen hermano,

En sueños y visiones, al menos cuando estas se interpretan correctamente, difícilmente puede haber un “elemento de duda”. Espero probarte que yo si estuve cerca de ti la noche pasada, por medio de algo que me llevé conmigo y que tu esposa lo recibirá de vuelta en la colina. No llevo esta vez papel color de rosa para escribir, pero confío en que el modesto papel blanco servirá igualmente para lo que tengo que decir. »


Y el Señor Sinnett escribió como nota adjunta lo siguiente:

« Vi a Kuthumi en su forma astral en la noche del 19 de octubre de 1880 al despertarme por un momento, pero inmediatamente volví a la inconsciencia otra vez en mi cuerpo físico, pero entonces yo salí fuera de mi cuerpo físico con mi cuerpo astral, y me encontré en el cuarto de vestir adyacente en donde vi a otro de los Hermanos, a quien posteriormente el coronel Olcott me informó que el nombre de ese otro Adepto es “Serapis” y que “él es el más joven de los chohanes” [jefes].

Esta nota de Kuthumi sobre esa visión que tuve en la noche, llegó a la mañana siguiente, y durante ese día, el 20 de octubre, fuimos de paseo de campo a la colina Prospect cuando ocurrió el “incidente del cojín”. »



El objeto que el maestro Kuthumi se llevó consigo fue un alfiler de pecho perteneciente a la señora Sinnett y que ella había dejado en su tocador. Y en su libro “El Mundo Oculto” el señor Sinnett continuó relatando lo que sucedió al día siguiente:

Por la mañana, después de haber discutido acerca del acontecimiento particular que yo había vivido, hallé sobre la mesa del escritorio una nota de Kuthumi, en la cual él se comprometía a darme en el campo, algo que sería una confirmación de su presencia astral junto a mí, en la noche anterior.

Salimos pues a acampar sobre la cima de un sitio muy pintoresco y ya habíamos comenzado nuestro almuerzo, cuando Madame Blavatsky nos dijo que Kuthumi preguntaba donde queríamos que él depositara el objeto que iba a enviarnos.

Y es preciso notar que hasta entonces, no nos habíamos ocupado de reflexionar sobre eso y la interrupción del almuerzo por el aviso misterioso de Kuthumi, había sido provocada de una manera incidental.

El hecho es que durante una conversación que estábamos teniendo con Madame Blavatsky, ella prestó atención de pronto y escuchó la voz de Kuthumi, que le hablaba desde su misterioso retiro, y a través del espacio le preguntaba dónde yo quería que depositase el objeto que él quería enviarme como una prueba del poder oculto que poseen los Adeptos.

Madame Blavatsky me comunicó enseguida la pregunta y el deseo de nuestro comunicante, pero debo precisar que ella no influyó para nada en mi decisión, ni tampoco hubo discusión alguna al respecto, puesto que de una manera espontánea exclamé:

     -   “En el cojín.”

Y señalé al mismo tiempo, un cojín de terciopelo y seda que veía en frente de mí y en donde se estaba apoyando en aquel momento una de las damas allí presentes.

Pero tan pronto como yo había expresado mi deseo en voz alta, mi mujer se exclamó:

-      “¡Oh, no, que sea mejor en el mío!” o algo así, porque no me acuerdo muy bien de sus palabras.

Y entonces yo dije:

     -   “Pues muy bien, que sea en el cojín de mi mujer.”


Y entonces Madame Blavatsky le preguntó a Kuthumi (como si éste se hallara presente y no a muchas leguas de distancia), si lo que yo le pedía era cosa factible de hacer, y la contestación fue favorable.


¡Por lo tanto mi libertad de decisión fue absoluta y no estuvo limitada por ninguna condición y además fue modificada por la imprevista solitud de mi mujer!


Tal vez, reflexionándolo antes, hubiera elegido cualquier otro sitio, como un árbol, dentro del suelo, etc., etc., pero no; fue tan espontánea mi determinación, que precisamente elegí aquello que tenía delante de mí y ante mi vista.

Y resulta que el cojín que estaba usando mi mujer, ella no se había separado de él en toda la mañana, pues lo había subido hasta la colina donde estábamos, y en dicho almohadón, el cual estaba bordado en terciopelo y sedas de colores, también se encontraba tremendamente cosido y cerrado por todas partes para evitar que las plumas se salieran, y en ese momento era en el que ella apoyaba su cabeza por hallarse recostada.

Este cojín, hacía muchos años que estaba en nuestra posesión, es un cojín que está muy bien cosido en todo su alrededor, y el cual ella lo dejaba por lo regular en el salón de nuestra casa y siempre a la vista, junto a uno de los ángulos del sofá. Y en cuanto mi mujer salía de casa, ella ordenaba que se lo llevasen, y al regresar, ella lo volvía a poner en su sitio.


Pues bien, con la elección del cojín de mi mujer una vez aprobado, Madame Blavatsky le pidió a mi esposa que lo colocase bajo el tapiz, lo que ella hizo en su propio djampane (nombre indio de un palanquín). Y apenas había pasado un minuto, cuando Madame Blavatsky nos dijo que podíamos empezar a abrir el cojín.

Me valí de un cortaplumas que tenía en ese momento para abrirlo, y fue un trabajo de cierto tiempo, porque el almohadón estaba de manera muy fuerte cocido todo a su alrededor, por lo que no era fácil descoserlo, y fue menester cortar el hilo punto por punto.

Cuando por fin un lado estuvo completamente abierto, descubrimos que las plumas de dentro estaban encerradas en una envoltura interior, la cual igualmente estaba muy cosida. Y como nada había ni entre la primera ni en la segunda envoltura, continuamos descociéndolo. Pero en cuanto mi mujer descosió ésta segunda envoltura, ella encontró entre las plumas, una nota en tres dobleces, dirigida hacia mí y escrita por Kuthumi, en donde él decía lo siguiente:


« Mi querido hermano.

Este broche N°2 que está colocado en un sitio tan particular porque así tú lo decidiste, es simplemente para mostrarte qué tan fácilmente puede producirse un fenómeno verdadero, y cuanto más fácil es todavía dudar de su autenticidad.

Válgase de este fenómeno como le parezca, y sírvase también de él para probarle que soy su amigo.  . . . »


El maestro Kuthumi escribió “este broche N°2” porque anteriormente también había materializado un broche perteneciente a la señora Hume.

Mientras yo leía esta nota, mi mujer, continuaba inspeccionando dentro del cojín, y revolviendo más entre las plumas, ella descubrió el broche en cuestión. Era un broche ya usado que ella solía llevar colgado al cuello, y que ella tenía la costumbre de dejarlo encima de su tocador, cuando se peinaba.

Hubiera sido imposible inventar entre las pruebas fehacientes, una prueba más irrefutable y más convincente que la que nos fue dada en esas circunstancias tan especiales para nosotros.

Y además toda la fuerza y significación del envío se apoyaban en mis impresiones subjetivas, pues esta nota no se hubiese podido hacer hasta que yo no le hubiera hablado de mis impresiones por la mañana a Madame Blavatsky, poco después del almuerzo.

Pero Madame Blavatsky no se había apartado de nosotros desde entonces, quedándose sentada en el salón con mi mujer, y esto a su pesar, ya que ella se iba a retirar para escribir algunas cartas en su cuarto, cuando las voces ocultas le ordenaron de seguir sentada en el salón con mi mujer, donde Blavatsky permaneció durante toda la mañana.

Y me acuerdo que Madame Blavatsky había obedecido, aunque mostrándose quejosa contra la interrupción de su trabajo, y no pudiendo comprender los motivos de esa orden.

Lo supimos más tarde, ya que esta orden tenía relación con el fenómeno proyectado, puesto que era necesario que nosotros no tuviéramos ningún recelo ni pensamiento secreto respecto a la intervención de Madame Blavatsky durante aquella mañana, a fin de que no la hiciéramos entrar como un factor en la materialización del broche.

Pero dado que yo había elegido el almohadón como prueba, no hubiera sido necesario atormentar a nuestra “vieja Dama”, como cariñosamente la llamábamos generalmente, ya que la presencia del famoso cojín, en el salón en donde mi mujer lo había visto durante toda la mañana, hubiese sido una bastante garantía.


Y en la segunda nota que he referido, había también ciertas alusiones ocultas de fácil sentido para nosotros y que correspondían de una manera indirecta a una conversación que yo había tenido con Blavatsky, durante la cena, la víspera por la noche.

Yo le había señalado de ligeras irregularidades de lenguaje que se encontraban acá y allá en las extensas cartas de Kuthumi, las cuales a pesar de su magnificencia y buen estilo y su vigor de expresión, mostraban ciertos detalles que consistían en una o dos expresiones que un hombre inglés no hubiera escrito de esa manera y que mostraban un cierto matiz de orientalismo.

Por ejemplo, si alguien me hubiera preguntado:

     -   “¿Pero cómo debía haberlas escrito?”

Yo le hubiera contestado:

-      “En parecidas circunstancias, un hombre inglés no hubiera seguramente escrito: «Mi querido hermano.»”

Y las indicaciones que Kuthumi puso en su segunda nota eran también una alusión a esa misma conversación, cuando él señaló el valle de Cachemira y no una logia, como el sitio en donde la carta había sido escrita.

Y también la raya debajo de la K, era otra particularidad, pero Madame Blavatsky me explicó que la ortografía de la palabra “Skepticismo” con una K, como lo escribía Kuthumi, no era un americanismo en esta circunstancia, sino un estilo filológico de su parte.




Después del descubrimiento del broche, no estuvo todo acabado aquel día, ya que por la noche y ya estando de nuevo en casa, y después de comer, cayó una pequeña tercera carta en mi servilleta, y cuando la desplegué, vi que era de carácter personal; por lo tanto no la reproduciré toda enteramente, pero no quiero dejar de relatar una parte de lo concerniente al modus operandi oculto.

He de explicar que antes de irnos a almorzar en la colina, yo había escrito algunas palabras de agradecimiento con respecto a la promesa que me había sido hecha en la primera nota. Y había entregado mi mensaje a Madame Blavatsky para que ella lo mandara por medio de sus procedimientos ocultos, cuando ella tuviera la ocasión.

Y mientras mi mujer y yo íbamos por delante en nuestros djampanes a lo largo del muelle de Simla, Madame Blavatsky había sostenido mi mensaje de agradecimiento en su mano durante la mitad del camino, pero sin encontrar la ocasión que ella esperaba para enviarla; pero de repente el mensaje se le desapareció sin saber cómo ni cuándo.


Había hablado de esto con algunas amistades mientas comíamos en la colina, y en el momento de abrir la carta que se encontraba dentro del almohadón, algunos de los que nos acompañaban comentaron que quizás sería la contestación a mi mensaje de agradecimiento que acababa de ser enviado. Pero la segunda nota no hacía mención de ello, como el lector ya lo sabe.

Y a continuación, les citaré la tercera nota que recibí ese día:


« Aquí añado unas cuantas palabras más.

¿Por qué os habríais de sentir contrariado al no recibir contestación directa de vuestro último mensaje?

Este lo recibí en mi habitación cerca de medio minuto después de que las corrientes ya habían sido establecidas y se encontraban en plena actividad para el envío de mi segunda nota y del broche hacia el cojín. Además su agradecimiento no necesitaba una respuesta, pero para que no haya malentendidos aquí se la doy.  . . . »


Al leer esta tercera nota, me pareció que mi mente se desvanecía al oír hablar de esas corrientes empleadas para producir lo que la ciencia occidental hubiera considerado un fenómeno inexplicado, un “milagro”.

Un milagro, para la ciencia, y sin embargo, un hecho tan evidente y aparentemente tan sencillo de efectuar para los Adeptos,

Pero el fenómeno que nosotros habíamos visto era en realidad para nosotros una proeza impresionante porque con la simple fuerza de su pensamiento, un hombre ubicado en Cachemira, había disgregado un objeto material en una mesa situada a miles de kilómetros en Simla, y por medio de un procedimiento que la ciencia occidental todavía desconoce, lo había hecho pasar a través de otra materia, formándolo de nuevo, tal como era antes, al interior del cojín de mi mujer.

Las partículas separadas, volvían a ocupar el mismo puesto que tenían antes, y reconstituido el objeto hasta en las menores líneas y los menores signos por toda su superficie.

Y el broche traía también al salir del almohadón, algunos signos que no llevaba antes, y eran las iníciales “K.H” de nuestro amigo Kuthumi (“Kout-Houmi” en inglés).

Y nosotros también sabíamos que ese día unas cartas escritas en papel tangible habían circulado con la rapidez de la luz, entre nosotros y nuestro amigo, aunque nos halláramos separados por centenares de millas y por las montañas del Himalaya.



~ * ~


Sé que muchos no querrán creer lo que aquí relaté, pero aun sabiendo mis escrúpulos respecto a los menores detalles en que me fijo y la completa veracidad de cada una de mis palabras. Aún así, los sabios de Occidente, que han merecido hasta aquí, para mí, la más grande simpatía, seguramente rechazarán sin rodeos mi testimonio. Pero solo les puedo decir que ellos no estuvieron allí, mientras que yo si, y soy muy consciente de lo que vi.



(Libro “El Mundo Oculto”, p.108-115, 2ed)









LAS NOTAS

A continuación les transcribo las notas completas de Kuthumi.


LA PRIMERA NOTA

« (20 de octubre de 1880)

Mi buen hermano,

Al menos en sueños y visiones , cuando se interpretan correctamente, difícilmente puede haber un "elemento de duda". . .

Espero demostrarle mi presencia cerca de usted anoche con algo que me llevé. Su señora lo recibirá de vuelta en la colina. No tengo papel rosa* para escribir, pero confío en que el blanco discreto servirá igual de bien para lo que tengo que decir.

Koot' Hoomi Lal Sing. »
(CM 3a, p.10)

* Anteriormente, a petición de la señora Sinnett, Kuthumi le había enviado una nota en papel rosa saludándola.







Descripción de esta nota

George Linton y Virginia Hanson en su libro "Guía de Lectura de las Cartas del Mahatma a AP Sinnett" dicen lo siguiente sobre esta nota:

« Está escrita en papel blanco liso con tinta negra (es interesante que todas las cartas recibidas mientras Blavatsky estaba en Simla durante esa temporada estén escritas con este color de tinta). La letra es más fina que en las dos cartas anteriores. De nuevo, la firma está escrita con una tinta más oscura y con una caligrafía diferente a la del contenido de la carta. »
(p.39)




Nota de Sinnett

La escribió al reverso de la hoja:

« Vi a KH en forma astral la noche del 19 de octubre de 1880, desperté por un momento pero inmediatamente después volví a quedar inconsciente [en el cuerpo] y consciente fuera del cuerpo en el cuarto contiguo, donde vi a otro de los Hermanos, posteriormente identificado por Olcott como uno llamado "Serapis" — "el más joven de los chohanes".

La nota sobre la visión llegó a la mañana siguiente, y durante ese día, el 20, fuimos de picnic a Prospect Hill, cuando ocurrió el "incidente del cojín". »
(CM 3a, p.10)








LA SEGUNDA NOTA

« (20 de octubre de 1880)

Mi querido hermano,

Este broche número 2 está colocado en este lugar tan extraño simplemente para mostrarle con qué facilidad se produce un fenómeno real y con qué facilidad aún se puede dudar de su autenticidad. Saque vuestras propias conclusiones, incluso puede considerarme cómplice.

Intentaré solucionar la dificultad que mencionó anoche con respecto al intercambio de nuestras cartas [después de que Blavatsky se vaya de Simla]. Uno de nuestros alumnos visitará próximamente Lahore y la Provincia de la Frontera Noroeste, y le enviaremos una dirección que podrá usar; a menos que, en realidad, prefiera comunicarse por medio de cojines.*

Tenga en cuenta que este regalo no está fechado en una logia, sino en un valle de Cachemira.**

Suyo, más que nunca,
Koot' Hoomi Lal Sing. »
(CM 3b, p.10-11)

* Kuthumi está siendo humorista.

** Se refiere a que no mandó esta nota desde una logia de los maestros sino desde un valle de Cachemira donde Kuthumi tiene su casa.







Descripción de esta nota

George Linton y Virginia Hanson en su libro "Guía de Lectura de las Cartas del Mahatma a AP Sinnett" dicen lo siguiente sobre esta nota:

« Está escrita en una hoja de papel blanco de tamaño completo. La escritura es con la misma tinta que la primera nota, pero la firma está en una caligrafía diferente y con tinta ligeramente más oscura. Parte de ella tiene un ligero tinte rojizo. El papel se ha doblado en ambas direcciones para formar un cuadrado y luego se ha doblado dos veces en diagonal. En uno de los pliegues triangulares se encuentra lo siguiente:

AP Sinnett, Esq.
c/o Sra. Sinnett. »
(p.39)




LA TERCERA NOTA

« (20 de octubre de 1880)

Unas palabras más: ¿por qué os sentisteis decepcionado por no recibir una respuesta directa a vuestra última nota? La recibí en mi habitación medio minuto después de que se hubieran puesto en marcha los mecanismos para la producción del [fenómeno] en el cojín-dak.*

Y, a menos que le hubiera asegurado que un hombre de vuestro carácter no tenía por qué temer ser engañado, no había necesidad de una respuesta. Un favor que sin duda le pediré es que, ahora que usted —la única persona a la que se le prometió algo— estás convencido, intente desengañar al Mayor enamoradizo y mostrarle su gran insensatez e injusticia.**

Atentamente,
Koot' Hoomi Lal Sing. »
(CM 3c, p.11)

* Dak es una palabra hindi que se utiliza para designar una transportación por relevos de hombres o caballos. Y aquí el maestro Kuthumi la utilizó porque el cojín fue el último relevo a donde llegó el broche de la señora Sinnett.

** Se refiere al Mayor Philip D. Henderson, quien estuvo presente el 3 de octubre de 1880, cuando Blavatsky produjo los fenómenos, pero objetó que se habían utilizado trucos.








Descripción de esta nota

George Linton y Virginia Hanson en su libro "Guía de Lectura de las Cartas del Mahatma a AP Sinnett" dicen lo siguiente sobre esta nota:

« Está en dos pequeñas hojas de papel de aproximadamente 4" x 7" [10,2 x 17,8 cm], escritas con tinta y letra similar a las notas anteriores. »
(p.39)






LA CUARTA NOTA

El coronel Olcott y Blavatsky partieron de Simla el 21 de octubre hacia Amritsar para realizar una gira por el noroeste de la India. Los Sinnett regresaron a Allahabad, su residencia permanente, el 24 de octubre.

El suceso de la almohada le pareció tan perfecto al señor Sinnett que antes de partir de Simla, le escribió le mandó una tarjeta a Kuthumi preguntándole:

« ¿Quiere usted que el fenómeno del cojín se describa en el periódico? Con gusto seguiré su consejo.

Siempre vuestro,
AP Sinnett. »
(CM 143, p.488)







A lo que Kuthumi le respondió del otro lado de esa tarjeta con la siguiente nota:

« Sin duda sería lo mejor, y personalmente le estaría profundamente agradecido por nuestra amiga  [Blavatsky], a quien tanto hemos querido ayudar. Puede mencionar mi nombre si le sirve de algo.

Koot Hoomi Lal Sing. »
(CM 143, p.488)

(Recibida en Allahabad el 27 de octubre de 1880)









HISTORIA DE LA PUBLICACIÓN DE ESTAS NOTAS

1) Primero Sinnett publicó algunas partes de estas notas en su libro "El Mundo Oculto" (1881)

2) Luego Alfred Trevor Barker las publicó completas en el libro "Las Cartas Mahatmas" (1923).

3) Actualmente las notas originales se encuentran en la Biblioteca Británica.








EL PRIMER ENCUENTRO QUE TUVO ALICE BAILEY CON EL MAESTRO KUTHUMI




En su autobiografía, Alice Bailey relató lo siguiente:

« El 30 de junio de 1895 tuve una gran experiencia, por lo que nunca la he olvidado, ni tampoco esa fecha.

Durante meses había sufrido las desdichadas agonías de la adolescencia. Sentía que la vida no valía la pena vivirla. Sólo veía desdichas y dificultades en todas partes. Y tampoco había pedido venir al mundo, pero aquí estaba. Acababa de cumplir quince años. Nadie me quería porque sabía que tenía un carácter odioso y no me sorprendía que la vida fuera difícil.

Tampoco tenía un porvenir por delante, excepto el matrimonio y la vida rutinaria de los de mi casta y clase. Odiaba a todos, con excepción de dos o tres personas, y sentía envidia de mi hermana, de su inteligencia y belleza.

Mi confusión era total, pero de pronto, encontrándome en el punto álgido de mi desdicha y en medio de mi dilema y dudas, se me apareció uno de los Maestros de Sabiduría.


Cuando ocurrió eso y hasta muchos años después, no tuve la más remota idea de, quién podía ser y quedé totalmente atemorizada.

Aunque joven, tenía la suficiente inteligencia como para saber algo acerca del misticismo y la historia religiosa, pues había oído hablar de ello a los que ayudaban en el trabajo religioso.

Había asistido a muchas reuniones de jubileo y visto a muchas personas "perder el control de sí mismas", según lo denominaba yo. Por eso nunca relaté mi experiencia a nadie, por temor a que se me clasificara como un "caso mental" que debía vigilarse y manejar con cuidado. Pero me sentía intensa y espiritualmente viva. Era anormalmente consciente de mis fallas.


Estaba en casa de mi tía Margaret de Kirkcudbridghtshire, en Castramont, y el ambiente en ese entonces no podía ser mejor. Era un domingo por la mañana.

El domingo anterior había escuchado un sermón que despertó mi inspiración. Pero el siguiente domingo, por alguna razón, no fui a la iglesia. Así que el resto de la familia estaba ausente, y solo la servidumbre y yo quedamos en la casa.

Me encontraba en la sala leyendo cuando de pronto se abrió la puerta y entró un hombre alto, vestido a la europea (con un traje de muy buen corte, según recuerdo) y un turbante que le cubría la cabeza. Se sentó junto a mí mientras que yo estaba petrificada al ver el turbante y no atiné a decir palabra ni preguntar a qué venía. Entonces comenzó a hablar.

Me dijo que yo debía realizar un trabajo en el mundo, y que ello implicaba cambiar considerablemente mi carácter, pues tenía que dejar de ser una criatura desagradable y obtener cierta medida de autocontrol. Mi futuro servicio para él y para el mundo dependía de cómo me manejara y de los cambios que llegara a efectuar.

Me dijo que si podía lograr un verdadero autocontrol él confiaría en mí, y agregó que yo viajaría por todo el mundo y visitaría muchos países "para realizar el trabajo de mi Maestro". Y desde entonces esas palabras resuenan en mis oídos.

Recalcó que todo dependería de mí y de lo que yo pudiera y quisiera hacer de inmediato, y agregó que estaría en contacto conmigo a intervalos, durante varios años.


La entrevista fue muy breve. No pronuncié una sola palabra, limitándome a escuchar, mientras él hablaba con mucho énfasis. Y habiendo dicho lo que tenía que decir, se levantó y salió de la habitación, deteniéndose en la puerta por un minuto, para dirigirme una mirada que recuerdo nítidamente hasta hoy.

No supe qué pensar de lo ocurrido, y al recuperarme del sobresalto me sentí al principio atemorizada y creí que me estaba volviendo loca o que me había quedado dormida, soñando. Pero entonces reaccioné y experimenté una plácida satisfacción, considerándome una Juana de Arco (mi heroína de esa época) que como ella, había tenido visiones espirituales y había sido elegida para una gran obra.

No podía imaginarme cuál sería, pero me veía como la dramática y admirada instructora de miles de personas (lo que es un error muy común entre los principiantes, y lo he podido comprobar en muchos grupos ocultistas).

La sinceridad y la aspiración de las personas, logran producir algún contacto interno espiritual, que luego interpretan en términos de éxito e importancia personales. Y para mí fue una reacción causada por el sobrestímulo, a lo cual le siguió otra reacción que permitió destacar en mi mente la crítica que él había hecho acerca de mí.

Llegué a la conclusión que quizás, después de todo, no era yo de la categoría de Juana de Arco, sino simplemente alguien que podía ser mejor de lo que había sido y que debía comenzar a controlar mi carácter bastante violento.

Comencé a hacerlo. Traté de no ser tan iracunda y a controlar mi lengua, y durante un tiempo me porté tan bien que mi familia se preocupó; creían que estaba enferma y casi me rogaron que regresara a mis despliegues explosivos. Pero me había vuelto virtuosa, dulce y sentimental.



Mientras transcurrían los años, descubrí que a intervalos de siete años (hasta los treinta y cinco) tuve indicios de la supervisión y del interés de ese personaje. Y en 1915 descubrí quién era y también que otras personas lo conocían.

Desde entonces nuestras relaciones se han ido estrechando, al punto que hoy puedo entrar en contacto con él a voluntad. Y esta disposición de hacer contacto con un Maestro sólo es posible cuando un discípulo también está dispuesto a valerse únicamente de ello en momentos excepcionales y de verdadera emergencia para el servicio mundial.

Descubrí que mi visitante era el Maestro K.H., Koot Hoomi, que está muy cerca de Cristo, pertenece a la línea de la enseñanza y es un destacado exponente del amor-sabiduría, de lo cual Cristo es la más cabal expresión.

El verdadero valor de esta experiencia no reside en el hecho de que yo, una joven llamada Alice La Trobe-Bateman tuviera una entrevista con uno de los Maestros, sino que, sin saber absolutamente nada de su existencia, conociera a uno de ellos y conversara conmigo.

El valor también reside en que todo lo que me dijo se cumplió (después que arduamente cumplí con los requisitos) y porque descubrí que no era el Maestro Jesús, como supuse lógicamente, sino un Maestro sobre quien nunca había oído hablar, siéndome totalmente desconocido.


De todos modos, el Maestro K.H. es mi Maestro bien amado y real. He trabajado para él desde los quince años, y soy ahora uno de los discípulos avanzados de su grupo o (como se lo designa esotéricamente) de su Ashram.

Hago estas declaraciones con un propósito bien definido. Tantas tonterías se han dicho sobre estas cosas y tantas afirmaciones han hecho quienes no tienen la experiencia ni la orientación mental y espiritual requeridas, que los verdaderos discípulos se avergüenzan de mencionar su trabajo y posición.

Quiero allanarles el camino futuro a todos los discípulos y desmentir las estupideces que postulan muchas de las llamadas escuelas esotéricas de pensamiento. Decir que se pertenece al discipulado es permitido, eso no divulga nada y sólo tiene valor si se está respaldado por una vida de servicio»
(Capítulo primero)







OBSERVACIÓN

Desafortunadamente todo esto que afirma Alice Bailey es falso porque la enorme cantidad de mentiras, errores e ignorancia que ella mostró sobre el maestro Kuthumi  y su enseñanza (como lo he estado detallado en el blog) demuestran que en realidad ella no conoció al maestro Kuthumi y por lo tanto que Alice Bailey solo inventó esa historia para darse más prestigio.










EL MAESTRO KUTHUMI DESCRITO POR ALICE BAILEY




Sobre el maestro Kuthumi, Alice Bailey en su libro “Iniciación Humana y Solar”, escribió lo siguiente:

« El Maestro Kuthumi es muy conocido en Occidente, y tiene muchos discípulos en todas partes del mundo, es oriundo de Cachemira y su familia originalmente procedió de la India. Es también un Iniciado de alto grado y pertenece al segundo rayo de Amor Sabiduría.

Es de noble presencia y alta estatura, aunque algo menos corpulento que el Maestro M.; de tez blanca, cabello y barba color castaño dorado, y ojos de un maravilloso azul profundo, a través de los cuales parece fluir el amor y la sabiduría de las edades.

Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades británicas y habla correctamente el inglés. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a su estudio en el Himalaya.

Se ocupa principalmente de la vitalización de ciertas grandes tendencias filosóficas y se interesa por algunas organizaciones filantrópicas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestación del amor, latente en el corazón de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza, la percepción del gran hecho fundamental de la hermandad.

El Maestro K.H. está preparado para ocupar el puesto de Instructor del Mundo, cuando el actual titular lo deje para realizar un trabajo más elevado, y venga a la existencia la sexta raza raíz»
(Capítulo 6)




Pero resulta que lo primero que constato después de leer esto, es que Alice Bailey no está describiendo al maestro Kuthumi a partir de su propio conocimiento (ya que ella pretendió conocer personalmente al maestro Kuthumi), sino que en realidad ella está copiando lo que escribió Charles Leadbeater sobre Kuthumi, puesto que en su libro “Los Maestros y el Sendero”, Leadbeater escribió lo siguiente:

« El maestro Kuthumi lleva cuerpo de un brahmán de Cachemira y es de complexión tan airosa como la de los ingleses de tipo medio. Tiene flotante cabellera y azules ojos henchidos de júbilo y amor. La barba y el cabello son castaños, tornasolados de rubio y oro cuando los toca un rayo de sol.

Y de aquí a muchos siglos sucederá al Señor Cristo-Maitreya en su altísimo cargo, y será el Instructor del mundo y el Bodhisatva de la sexta raza raíz»
(Capítulo 2)



Y como ustedes lo pueden constatar, efectivamente Alice Bailey se basó en lo que escribió Leadbeater.

Ahora bien, sobre las facciones del maestro Kuthumi, Leadbeater si dijo la verdad ya que él pudo observar el retrato que el pintor alemán Hermann Schmiechen hizo de Kuthumi.

Pero para infortunio de Alice Bailey, Leadbeater también dijo varias falsedades que ella en su ignorancia también le copió.



1) Leadbeater le atribuyó al maestro Kuthumi la dirección del rayo dos (amor-sabiduría) ya que en su libró él afirmó:

« El maestro Kuthumi representa al segundo rayo, que es el de la sabiduría»
(Capítulo 12)

Pero resulta que Leadbeater atribuyó la dirección de los rayos de manera arbitraria e incorrecta como lo detallo en este otro capítulo (link).

Así que lo más seguro es que eso sea falso.




2) Y es completamente falso que cuando llegue la sexta raza raíz, el maestro Kuthumi remplazará al Señor Cristo-Maitreya para volverse el nuevo Instructor del Mundo.

Y eso es falso porque en realidad no existe “el Señor Cristo-Maitreya” debido a que ese es un personaje ficticio que Leadbeater inventó para promover a Krisnhamuerti como el nuevo Mesías.

Y este asunto lo detallo en este otro capítulo (link).




3) Y también es falso que el maestro Kuthumi tiene muchos discípulos en todas partes del mundo, porque sabemos que a finales del siglo XIX, Kuthumi solo tenía un pequeño grupo de discípulos que vivían en el Tíbet, y esto lo sabemos porque en una ocasión Blavatsky comentó lo siguiente:

« En el Tíbet existen hombres conocidos con el nombre de Khautumpa, que literalmente significa “los discípulos de Khautum” (Kuthumi).

Y muy probablemente la persona que vio ese bramachari cuando visitó el Tibet haya sido Ten-dub Ughien, quien es el Lama que le sigue en rango a nuestro Mahatma, y él es el jefe y guía de los discípulos de Kuthumi cuando el maestro se encuentra de viaje. Ten-dub Ughien es un hombre de edad ya avanzada y es un gran “ratón de biblioteca” porque se la pasa todo el tiempo leyendo. »
(Theosophist, diciembre de 1883, p.99)


Y fuera del Tíbet, a finales del siglo XIX cuando los maestros se manifestaron, hubieron muchos individuos que quisieron volverse discípulos de los maestros, pero de los más de noventa candidatos, solo sabemos que Damodar fue el único que pasó las pruebas y logró convertirse en un discípulo aceptado por los maestros.

Y el propio Kuthumi precisó en una carta:

« Si por generaciones le hemos cerrado al mundo la puerta de nuestro conocimiento, esto se debe por su gran incapacidad para captarlo y aceptarlo, y si a pesar de las pruebas que se le han dado, aún se niega a rendirse ante la evidencia, entonces al final de este ciclo, nosotros nos retiraremos una vez más a la soledad y a nuestro reino de silencio»
(CM 9, p.50)

Y dado que los maestros ya no se han vuelto a manifestar desde entonces, eso nos muestra que ellos se volvieron a retirar a su reino de silencio.







CONCLUSIÓN

Y este es un ejemplo más de a que punto Alice Bailey desconocía los temas esotéricos de los que ella habló, y que en realidad lo que ella hizo fue copiar todas las falsedades que inventó Leadbeater.











LAS FOTOGRAFÍAS DE ALICE BAILEY







El retrato más antiguo que se conoce de Alice Bailey es el siguiente. No tengo claro si es un dibujo o una fotografía, pero ahí ella aparece de perfil y se ve muy joven, yo diría que tendría alrededor de veinte años, y el marco ovalado muy desgastado que rodea al retrato indica que es un objeto bastante añoso.
 
 






Luego está esta fotografía donde Alice Bailey parece tener alrededor de treinta años.









 
La siguiente fotografía fue tomada el 1ro de febrero de 1920 en Los Ángeles, y más precisamente en Krotona, Hollywood que es donde se encontraba originalmente la sede de la sección teosófica de Adyar en los Estados Unidos. Ahí en medio aparece Alice Bailey (que en ese momento tenía casi 40 años y todavía se llamaba Alice Evans). A la derecha está su futuro marido Foster Bailey, y del otro lado está B.P. Wadia quien en ese entonces era el editor de la revista Theosophist.
 





Esta foto coloreada:












Luego está la foto más famosa de Alice Bailey, la cual yo sospecho que se la tomó con un fotógrafo profesional para que fuera el retrato oficial de sus libros y de su organización.








Y dado que Alice Bailey fundó la Lucis Trust en 1922, probablemente ella tendría 42 años en ese retrato, y existe otra foto tomada en esa sesión fotográfica en donde ella mira de frente.









Y esta foto parece haber sido tomada un tiempo después.










En esta otra foto ella aparece con anteojos y con otro peinado, por lo que en un principio no la reconocí, y ahí parece tener al rededor de 46 años.








 
En esta otra foto ella posa sentada y parece tener alrededor de 49 años.










Retrato tomado por esas fechas, también de perfil, imitando su retrato de veinteañera:









La siguiente foto fue tomada en 1932 en la ciudad suiza de Ascona, cuando Alice Bailey tenía 52 años.
 
 

 
 
 
 
 
Estas otras dos fotos parecen haber sido tomadas por esa época.
 
 
 
 
 
 

 
 





Foto tomada a finales de 1936 donde Alice Bailey aparece sosteniendo a su nieto Gordon Pugh de seis meses de nacido. 






Foto tomada por 1937 donde Alice Bailey aparece junto con su marido, una de sus hijas y su nieto.

 
 
 
 


Más fotos tomadas por esa época:








































Estas fotografías fueron tomadas cuando Alice Bailey ya estaba muy enferma, ella murió en Nueva York el 15 de diciembre de 1949 a la edad de 69 años.














Y existe este dibujo de autor desconocido:











Fotos de su segundo marido Foster Bailey:












El apartamento de los Bailey en Nueva York, supuestamente el retrato que está detrás del árbol de navidad es del Maestro Djwal Khul El Tibetano, pero eso es falso y en realidad es el retrato del noveno Panchen Lama Thubten Choekyi Nyima.








En este video pueden ver más fotos de Alice Bailey y Foster Bailey: