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BIOGRAFÍAS SOBRE HENRY OLCOTT






TEXTOS

En español




En inglés







ARTÍCULOS

En inglés
 
·        "Olcott, Henry Steel (1832-1907" by John Algeo
·        Colonel Henry Steel Olcott" by Annie Besant
·        "The Servant of the Masters - Col. Henry S. Olcott" by W. Q. Judge
·        "The Powers of Truth and Discontent" by Anton Lysy
·        "Henry Steel Olcott" by The Singapore Lodge Theosophical Society






LIBROS

En español

El coronel Olcott publicó una serie de seis libros titulada "Las Hojas de un Viejo Diario" (Old Diary Leaves) donde relata la historia de la Sociedad Teosófica desde 1874 hasta 1898.


En inglés

"El martillo en la montaña: la vida de Henry Steel Olcott (1832-1907)" por Howard Murphet, Wheaton, Illinois, Theosophical Publishing House, 1972.

"El budista blanco: la odisea asiática de Henry Steel Olcott" por Stephen Prothero, Bloomington, Indiana, Indiana University Press, 2010.






VIDEOS

Los siguientes videos son de diversos seminarios.

En español



















En inglés







DOCUMENTAL

Henry Olcott: Su Legado










 



EL CORONEL OLCOTT CONVERSÓ CON DOS ADEPTOS EN 1876 EN NUEVA YORK



El coronel Olcott relató un encuentro que él tuvo con dos adeptos en 1876 en el apartamento donde vivía en Nueva York, y los fenómenos que se produjeron durante ese encuentro:


« Ayer (domingo) estaba leyendo en mi habitación cuando llamaron a la puerta. Dije "adelante" y entonces entró el Hermano [parece que fue Hilarión] con otro caballero moreno de unos cincuenta años, con una espesa barba y cejas grises. Fumamos puros y charlamos un rato.
. . .
El hermano dijo que me mostraría la producción de flores tal como la hacen los adeptos, y al mismo tiempo señalando al aire, aparecieron los contornos sombríos de flor tras flor y hoja tras hoja que surgían de la nada.

La habitación estaba perfectamente iluminada, de hecho el sol brillaba. Las flores se solidificaron. Un hermoso perfume saturaba el aire. Estaban suspendidas como la pelusa de un cardo en el aire; cada una separada de la otra.

Luego formaron ramos y uno espléndido y grande de rosas, lirios del valle, camelias, jazmines y claveles flotó y se posó en mi mano. Luego las demás se separaron de nuevo y cayeron en una lluvia. Me quedé estupefacto con esa manifestación.

Entonces mientras de nuevo hablaba, las gotas de lluvia comenzaron a repiquetear a nuestro alrededor en la habitación y sin duda caía un chaparrón. La alfombra estaba empapada, al igual que mi ropa, los libros sobre la mesa, los bronces, el reloj y las fotos sobre la repisa de la chimenea.

Pero ninguno de los Hermanos recibió ni una gota. Se sentaron allí y fumaron sus cigarros en silencio, mientras que el mío se humedeció demasiado para seguir quemándose. Yo simplemente los miré con una especie de estupor.

Ellos parecieron disfrutar de mi sorpresa, pero siguieron fumando sin decir nada. Finalmente, el más joven de los dos (que me dio su nombre como Ooton Liatto) dijo que no tenía por qué preocuparme. Nada se dañaría.
. . .
El Hermano mayor me pidió que presentara sus respetos a la Señora [Blavatsky] y le dijera que con su permiso la visitarían.

Bajé corriendo las escaleras, entré en el salón de la señora y allí estaban sentados estos dos hombres idénticos fumando con ella y charlando en voz baja como si fueran viejos amigos.

La señora me hizo señas como si fuera mejor no entrar, como si tuvieran asuntos privados que tratar. Yo me quedé paralizado, mirándolos a ambos con total asombro.

Miré al techo (mis habitaciones están encima de las de la señora Blavatsky) pero no se habían caído.

La señora dijo: "¿Qué demonios estás mirando, Olcott? ¿Qué te pasa? Debes de estar loco."

No dije nada pero subí corriendo las escaleras otra vez, abrí la puerta de golpe y los hombres no estaban. Bajé corriendo de nuevo y cuando llegué ellos ya habían desaparecido. Oí cerrarse la puerta principal, miré por la ventana y los vi justo al doblar la esquina.

La señora dijo que llevaban con ella más de una hora. Y eso fue todo lo que me contó sobre ellos. Cuando le enseñé mi ropa mojada y el ramo de flores que quedaba como evidencia de que no había tenido alucinaciones, ella se limitó a decir: "No es nada extraordinario, no me hagas preguntas porque no te diré nada." »


(Fuente: https://blavatskytheosophy.com/is-smoking-a-sin-in-occultism/)






OBSERVACIONES

El coronel Olcott dice que su apartamento estaba arriba del apartamento donde vivía Blavatsky, por lo que ese encuentro ha de haber sucedido en el edifico ubicado en el número 433 de la calle 34th West Street, y en donde Blavatsky habitó en el primer piso y Olcott en el segundo piso.

Y ese encuentro ha de haber sucedido en la primera mitad de 1876 ya que Blavatsky y Olcott se mudaron en junio de 1876 a la Lamasería.

Y por lo que relató el coronel Olcott, parece que esos dos adeptos estuvieron físicamente conversando con Blavatsky, pero al mismo tiempo ellos proyectaron sus dobles para también visitar y conversar con Olcott.









LOS ENCUENTROS QUE EL CORONEL OLCOTT TUVO CON HILARIÓN





EN 1876 EN NUEVA YORK

El coronel Olcott relató un encuentro que él tuvo con dos adeptos (y lo más probable es que uno de ellos era Hilarión):

« Ayer (domingo) estaba leyendo en mi habitación cuando llamaron a la puerta. Dije "adelante" y entonces entró el Hermano [parece que fue Hilarión] con otro caballero moreno de unos cincuenta años, con una espesa barba y cejas grises. Fumamos puros y charlamos un rato.
. . .
El hermano dijo que me mostraría la producción de flores tal como la hacen los adeptos, y al mismo tiempo señalando al aire, aparecieron los contornos sombríos de flor tras flor y hoja tras hoja que surgían de la nada.

La habitación estaba perfectamente iluminada, de hecho el sol brillaba. Las flores se solidificaron. Un hermoso perfume saturaba el aire. Estaban suspendidas como la pelusa de un cardo en el aire; cada una separada de la otra.

Luego formaron ramos y uno espléndido y grande de rosas, lirios del valle, camelias, jazmines y claveles flotó y se posó en mi mano. Luego las demás se separaron de nuevo y cayeron en una lluvia. Me quedé estupefacto con esa manifestación.

Entonces mientras de nuevo hablaba, las gotas de lluvia comenzaron a repiquetear a nuestro alrededor en la habitación y sin duda caía un chaparrón. La alfombra estaba empapada, al igual que mi ropa, los libros sobre la mesa, los bronces, el reloj y las fotos sobre la repisa de la chimenea.

Pero ninguno de los Hermanos recibió ni una gota. Se sentaron allí y fumaron sus cigarros en silencio, mientras que el mío se humedeció demasiado para seguir quemándose. Yo simplemente los miré con una especie de estupor.

Ellos parecieron disfrutar de mi sorpresa, pero siguieron fumando sin decir nada. Finalmente, el más joven de los dos (que me dio su nombre como Ooton Liatto) dijo que no tenía por qué preocuparme. Nada se dañaría.
. . .
El Hermano mayor me pidió que presentara sus respetos a la Señora [Blavatsky] y le dijera que con su permiso la visitarían.

Bajé corriendo las escaleras, entré en el salón de la señora y allí estaban sentados estos dos hombres idénticos fumando con ella y charlando en voz baja como si fueran viejos amigos.

La señora me hizo señas como si fuera mejor no entrar, como si tuvieran asuntos privados que tratar. Yo me quedé paralizado, mirándolos a ambos con total asombro.

Miré al techo (mis habitaciones están encima de las de la señora Blavatsky) pero no se habían caído.

La señora dijo: "¿Qué demonios estás mirando, Olcott? ¿Qué te pasa? Debes de estar loco."

No dije nada pero subí corriendo las escaleras otra vez, abrí la puerta de golpe y los hombres no estaban. Bajé corriendo de nuevo y cuando llegué ellos ya habían desaparecido. Oí cerrarse la puerta principal, miré por la ventana y los vi justo al doblar la esquina.

La señora dijo que llevaban con ella más de una hora. Y eso fue todo lo que me contó sobre ellos. Cuando le enseñé mi ropa mojada y el ramo de flores que quedaba como evidencia de que no había tenido alucinaciones, ella se limitó a decir: "No es nada extraordinario, no me hagas preguntas porque no te diré nada." »
(https://blavatskytheosophy.com/is-smoking-a-sin-in-occultism/)



El coronel Olcott dice que su apartamento estaba arriba del apartamento donde vivía Blavatsky, por lo que ese encuentro ha de haber sucedido en el edifico ubicado en el número 433 de la calle 34th West Street, y en donde Blavatsky habitó en el primer piso y Olcott en el segundo piso.

Blavatsky y Olcott se mudaron a ese edificio a inicios de 1876, y en junio de 1876 lo dejaron para irse a vivir a la Lamasería.

Y por lo que relató el coronel Olcott, parece que esos dos adeptos estuvieron físicamente conversando con Blavatsky, pero al mismo tiempo ellos proyectaron sus dobles para también visitar y conversar con Olcott.






EN 1881 EN BOMBAY

El coronel Olcott en su diario personal, en la entrada del 19 de febrero de 1881, escribió:

« Hilarión se encuentra aquí de camino al Tíbet y ha estado analizando la situación. Él considera que Bombay es moralmente horrible.

Sus opiniones sobre la India, Bombay, la Sociedad Teosófica en Bombay, Ceilán, Inglaterra y Europa, el cristianismo y otros temas son sumamente interesantes. »



Hilarión estaba en la isla mediterránea de Chipre y en febrero de 1881 él viajó hacia la Inda desembarcando en el puerto de Bombay.

Ahí fue a la sede de la Sociedad Teosófica que en ese entonces se encontraba en Bombay para saludar al coronel Olcott, y de ahí continuó con su viaje rumbo al Tíbet para reunirse con los maestros que se encontraban en esa región.



Y este testimonio de Olcott es respaldado por una carta que el maestro Kuthumi le escribió al señor Alfred Sinnett en febrero de 1881, en donde entre otras cosas le reveló que:

« La dificultad con Blavatsky (aparte de sus dolencias) radica en que a veces ella escucha telepáticamente dos o más de nuestras voces al mismo tiempo.

Por ejemplo esta mañana mientras que yo estaba hablando de un asunto importante con el "Desheredado" [Djwal Khul] a quien le he dejado un espacio para que te escriba una nota a pie de página, Blavatsky prestó atención a uno de los nuestros que pasaba por Bombay desde Chipre en su camino hacia el Tíbet — y el resultado fue que con ambos ella logró hacer una confusión inextricable. »
(CM 8, p.36)










BLAVATSKY Y OLCOTT DIMITIERON DE SUS PUESTOS EN LA SOCIEDAD TEOSÓFICA EN 1885


(Este artículo se publicó en el periódico The New York Times, del 7 de mayo de 1885, en la página 5.)



La señora Blavatsky dimite, obligada por problemas de salud a renunciar a sus funciones.

El coronel Olcott también se retira, dejando los asuntos teosóficos al cuidado de un Comité Ejecutivo.


Rochester, 6 de mayo de 1885,

La Sra. J.W. Cables, Secretaria de Correspondencia de la Junta Americana de Control de la Sociedad Teosófica, acaba de recibir una circular procedente de la India, anunciando el retiro voluntario del Coronel Olcott y de la Sra. Blavatsky de la dirección activa y exclusiva de los asuntos de la Sociedad Teosófica.

Serán reemplazados por un Comité Ejecutivo, del cual el Coronel Olcott será miembro. La Sra. Blavatsky se ve obligada, por problemas de salud, a abandonar sus arduos deberes. También se insinúa que su vida está en peligro y que le quedan pocos meses de vida.

Esta noticia ha causado cierta sorpresa entre los cincuenta miembros de la rama local de la Sociedad Teosófica, considerada actualmente la más influyente de Estados Unidos, y será de interés para quienes han seguido a los líderes teosóficos en su labor en la India.

Cientos, quizás miles, de neoyorquinos recuerdan el furor que causó la Sra. Blavatsky mientras residía en la metrópoli. Fue allí donde escribió su voluminosa obra "Isis Develada". Sus salones se llenaban constantemente de creyentes en la entonces nueva doctrina de la teosofía y en los fenómenos realizados por Madame Blavatsky, así como por espiritistas y multitud de investigadores.

Blavatsky y Olcott dejaron Estados Unidos en 1879 y se establecieron en la India, estableciendo la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar, Madrás. Se fundó una revista mensual "The Theosophist" que según un informe reciente, ha generado unos 8'000 dólares de beneficios, de los cuales salvo 300 dólares se han entregado a la Sociedad Teosófica para que los utilice en la prosecución de su labor.

Además de esta suma y otras contribuciones, cuotas y honorarios por la membrecía, etc., Olcott y Blavatsky han donado unos 9'000 dólares de sus fondos privados a la causa, además de su constante atención y cuidado.

Historias de los maravillosos fenómenos realizados por Madame Blavatsky, Olcott y otros miembros de la familia de la Sociedad Teosófica han llegado a este país a través de esa revista, los libros de Sinnett y los corresponsales de periódicos.

Bajo la guía de Blavatsky, cartas dirigidas a personas a cientos de kilómetros de Madrás caían del techo ante el asombrado receptor; sus dueños encontraban artículos en los lugares más inesperados, y se dice que miles de personas fueron curadas de diversas enfermedades por Olcott con la simple imposición de sus manos.

Personas como Moncure D. Conway, quien fue a Adyar y exigió pruebas de este poder oculto, eran muy propensas a recibir recompensas por sus esfuerzos. Conway escribió dos o tres cartas mordaces a periódicos estadounidenses describiendo la supuesta charlatanería que se llevaba a cabo en la sede de la Sociedad Teosófica.

Hace poco, los Coulomb, una pareja que le administraba la casa, presentaron cargos de fraude contra Blavatsky. Pero fueron incitados por la revista Christian College, como se demostró posteriormente, y los cargos no prosperaron.

Cuando se fundó la Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres, los fenómenos teosóficos se convirtieron en tema de investigación. Se encargó a un tal Sr. Hodgson que viajara a la India para examinar las pruebas e informar sobre sus resultados.

Conclusiones; el Sr. Hodgson no ha presentado su informe final, y a la espera de su publicación, y creyendo que contendría críticas contra la Sociedad Teosófica, el Coronel Olcott se vio obligado a emitir la siguiente carta, como para evitar el golpe lo más posible:


« Adyar, 23 de marzo de 1885.

Como es probable que el informe de la comisión especial de la Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres sea desfavorable en cuanto a la legitimidad de nuestros fenómenos y se refleje en el carácter de los individuos, y como se causará mucho dolor y se suscitarán dudas en las mentes de nuestros distantes colegas y simpatizantes, se solicita su atención a los siguientes puntos:

El Sr. Hodgson, por supuesto, no ha hecho ninguna declaración específica sobre el tono de su informe, por lo que no puedo responder a su punto en detalle, ni puedo decir si sería posible alguna respuesta o explicación respecto a algunos de ellos, pero por lo que he llegado a saber, estoy convencido de que a pesar de sus buenas intenciones, su inteligencia y su celo, está transmitiendo a sus colegas y al público impresiones muy erróneas tanto sobre los hechos como sobre las personas.

Debería comparar su informe con el de la Comisión Real Francesa de 1784 sobre el mesmerismo en cuanto a sus posibles efectos: una disminución temporal del interés público en nuestro movimiento, una lluvia de insultos y denuncias, y una rápida reacción a nuestro favor tras una reflexión seria.

El punto débil de su caso es que habiendo, como él cree, desacreditado ciertos fenómenos específicos, por lo tanto todos los fenómenos no descritos deben ser rechazados, y como él también cree, al haber demostrado mala fe por parte de la Sra. Blavatsky, por lo tanto todos sus testigos fueron ingenuos o cómplices.

La condena es en una palabra, tan contundente que inevitablemente debe reaccionar. Para aplicar una teoría general del fraude a todos nuestros fenómenos observados, se ve obligado a inventar hipótesis en cada caso que las circunstancias refutan rotundamente.

Por ejemplo, cuando le pedí que explicara cómo Damodar (Mavalankar) pudo haber escrito la carta de Adyar sobre sus supuestos viajes astrales a Londres, que resultó tan convincente para el Sr. Myers, el Sr. Hodgson respondió que la carta sin duda fue escrita por la Sra. Blavatsky en Londres, dado que llegó por correo en un sobre debidamente sellado en Madrás.

Y además, si hubiera sido elaborada en Londres por la Sra. Blavatsky, naturalmente habría contenido numerosos detalles sobre el mobiliario de las habitaciones en Elgin-Crescent, así como sobre la apariencia personal y la conversación de los presentes, para dar mayor verosimilitud a la supuesta visita que la que ofrecían los escasos pero impactantes hechos mencionados por Damodar.
. . .
De nuevo, conversando con él sobre la afirmación del Sr. Coulomb de que la Sra. Blavatsky había hecho bordar ciertos nombres de personas de Ceilán y Simla en sus propios pañuelos, para poder realizar el truco de la aparente eliminación de su propio nombre y su sustitución por los demás, le señalé los siguientes hechos:

Cuando los nombres "Wijiratna" y "Dies" aparecieron en dos pañuelos en presencia de muchos espectadores en Galle, Ceilán, la elección de los nombres se dejó a votación de la concurrencia en ese momento, y ninguna artimaña planeada en Bombay podría haber previsto que estos dos nombres y ningún otro serían seleccionados.

Otro hecho es que la Sra. Blavatsky cometió el fenómeno del pañuelo tres veces en Ceilán. Lo repitió una cuarta vez a bordo del vapor Ethiopia, cambiando su nombre en un pañuelo por el de Elliott, el ingeniero jefe, de cuya existencia no teníamos forma razonable de saber. En este caso, el cambio se realizó a petición suya repentina, y en la mesa de juego donde estaban sentados.
. . .
Pero, por no hablar de las hazañas de Simla de este tipo, hubo un quinto caso. El 16 de febrero de 1879, llegamos a Bombay desde Estados Unidos, y esa misma noche, en presencia de una sala llena de gente, la Sra. Blavatsky provocó que, al ver un pañuelo que el Sr. Ross Scott sostenía por un extremo, sustituyera el nombre Hurrychund por el suyo. El Sr. Ross Scott seleccionó el nombre de esa persona para la hazaña en ese mismo momento, de entre las treinta o cuarenta personas presentes.

Estos ejemplos demuestran la insuficiencia de la teoría del fraude para explicar este tipo de fenómenos de la Sra. Blavatsky. Todos han leído o escuchado sobre el fenómeno de la taza y el platillo en el picnic de Simla. (Esto se menciona en el libro "El Mundo Oculto" de Sinnett).

En ese momento, impresionó a todos los presentes como una prueba absolutamente irreprochable de poderes psíquicos, ya que la taza y el platillo fueron extraídos de la tierra de entre una masa enmarañada de raíces de la deodara(cedro).

Posteriormente se ajustó la teoría del fraude, suponiendo que los artículos podrían haber sido colocados allí a través de un pequeño túnel desde la ladera del montículo, ya que el lugar del picnic había sido previamente señalado y seleccionado por, o para la Sra. Blavatsky.

Pero los puntos clave del caso son que la persona extra se unió inesperadamente al grupo al salir de la casa; por lo tanto la Sra. Blavatsky no pudo haber previsto previamente esos fenómenos, y la Sra. Sinnett (nuestra anfitriona), cuando llegó el nuevo invitado, se dirigió a su mayordomo y le ordenó que pusiera una taza y un plato adicionales en las cestas.

Si el empleado hubiera obedecido, no habría habido motivo para exigir la fenomenal producción del séptimo par de artículos en el lugar del picnic. Pero ninguna consideración de estos hechos fue suficiente para contrarrestar la teoría del fraude, que resultaba atractiva para quienes no querían creer en fenómenos.

El Sr. Hodgson y todos los que trabajan con su hipótesis contribuyen a oscurecer la verdad, obstaculizar la labor filantrópica, sembrar dudas y discordia entre personas sinceras y dificultar aún más que su sociedad, la nuestra y todas las demás asociaciones y personas interesadas en la investigación psíquica convenzan a los escépticos de la existencia de poderes superiores en el ser humano.

Tengo entendido que el Sr. Hodgson visitó Bombay, vio los lugares donde ocurrieron algunos de nuestros fenómenos y comprobó si el entorno mecánico era suficiente para respaldar la alegación del Sr. Coulomb sobre el método fraudulento de su producción, y también interrogó a nuestros testigos.

El resultado (según él) fue que encontró defectos y discrepancias en nuestro testimonio en general, y que había grietas en los techos por donde podrían caer cartas, y otros entornos físicos que podrían encajar con la teoría del fraude. Pero después de todo, la pregunta es si una o todas las cartas fueron descartadas y otros fenómenos fueron producidos de forma deshonesta.

Sería el colmo de la impropiedad desacreditar por completo los fenómenos teosóficos porque algunos de ellos pueden ser imitados fraudulentamente, o negar a la Sra. Blavatsky cualquier control sobre las fuerzas ocultas porque se ha dudado o se puede dudar de su buena fe en ciertos casos.

Si concediéramos a nuestros enemigos todo lo que afirman al admitir que cada fenómeno publicado pudo haber sido —una concesión ciertamente muy violenta e injustificable—, aún quedaría una gran cantidad de otros igualmente sorprendentes e instructivos, más que suficientes para respaldar las afirmaciones de la ciencia oculta asiática.

A menos que se pretenda que la Sra. Blavatsky es la sociedad única y absolutamente, entonces, sin duda, la base de su intento de verificar las afirmaciones del ocultismo oriental permanece inquebrantable.

Y dado que la existencia de los Mahatmas, Dhyan Chohans y otros personajes o entidades superiores, así como las de entidades inferiores, del hombre encaja con las teorías actuales de la evolución, no tenemos derecho a ignorar los testimonios sobre su existencia que se encuentran en la literatura oriental y que aportan muchas personas vivas, tanto dentro como fuera de nuestra sociedad, porque el Sr. Hodgson pueda encontrar defectos en las declaraciones de los testigos que hemos convocado.
. . .
Si el Sr. Hodgson intercambiara funciones conmigo durante un mes, descubriría qué clase de férrea memoria y autocontrol debe tener la dirección ejecutiva de una sociedad con más de cien sucursales, repartidas por todo el mundo, para estar lista para servir como testigo modelo de fenómenos psíquicos de los cuales ha visto cientos en diversas condiciones.

Basta decir que yo vi al Mahatma en Nueva York, que él me dio su turbante como prueba, que se lo mostré a muchas personas antes de zarpar hacia Oriente, que tiene su criptografía bordada, y que esta no es la única experiencia de este tipo, ni con respecto a ese personaje en particular ni a otros.

Además, otros, aparte de mí, tienen conocimientos similares, y algunos de nuestros miembros han convivido con esos maestros. Lo que sabemos, lo sabemos, y poco importa que nos crean o nos desacrediten en lo que respecta a la verdad general.

Si bien Madame Blavatsky nos ha mostrado fenómenos que pueden ser sospechosos, también hemos visto otros cuando ella estaba lejos y en su ausencia, que eran un misterio tan grande para los magos astutos como para nosotros, los profanos.

Dejando de lado el aspecto fenomenal de las cosas, veamos si la Sociedad Teosófica merece o no vuestra lealtad y sincera simpatía por la labor útil y filantrópica realizada. El carácter sensacional de nuestros fenómenos ha atraído tanto la atención de nuestros miembros y del público en general que la otra labor ha sido prácticamente ignorada.

La Sociedad Teosófica tiene tres objetivos, cabe recordarlo, y se pueden aducir numerosos testimonios que demuestran que hemos logrado los siguientes resultados:

1. Hemos demostrado prácticamente la posibilidad de reunir a hombres de diversas razas, credos y casos en un solo cuerpo de trabajo armonioso.

2. Hemos revivido el aprendizaje del sánscrito en toda la India, haciendo que se abrieran alrededor de 43 universidades y escuelas, que se escribieran, tradujeran e imprimieran más de 56 libros y que se despertara un interés generalizado y entusiasta por el estudio de la filosofía y la ciencia arias.

3. Este interés, gracias a las obras de nuestros miembros, ya se ha extendido ampliamente por Occidente y parece destinado a alcanzar su mayor expansión con el tiempo. Edouard von Hartmann, el barón du Biel y otros filósofos alemanes de primer nivel han comenzado a criticar y debatir nuestras opiniones, al igual que destacados críticos de Inglaterra, Francia, Bélgica y otros países.

4. Hemos iniciado un trabajo colosal en el Departamento de Budismo sin ninguna referencia a los fenómenos; hemos establecido una imprenta y una revista en Colombo; hemos publicado miles de copias de libros budistas de todo tipo y en este momento tenemos en funcionamiento escuelas para ambos sexos.

5. La ciencia mesmérica la hemos popularizado por todo Oriente, y muchas personas curan diariamente a los enfermos y administran remedios en dispensarios mantenidos con nuestras contribuciones, sin coste para los pacientes.

6. Gracias al testimonio universal de la prensa nativa india, hemos contribuido en gran medida a frenar la deriva materialista e irreligiosa de la clase educada de los hindúes y hemos creado un público nativo que compra libros religiosos y patrocina a los expertos que recurren a la autoría.

7. Sin meternos en política, hemos ayudado a calmar la amargura de sentimientos entre las dos razas, que, de no ser por la agitación de la ley Ilbert, que abrió un abismo más grande que nunca, habría hecho a estas alturas más que cualquier otra agencia para generar una relación cordial.

~ * ~

Justo ahora estamos comenzando a fundar una Liga Nacional de Honor de la India entre los jóvenes, cuyo objetivo es promover la verdad, la honestidad, la virtud y la abnegación.

Si tienen que quejarse de las fallas en mi gestión y de los escándalos derivados de los fenómenos de la Sra. Blavatsky, ya no tendrán que hacerlo pues estoy formando un Comité Ejecutivo del Consejo General para dirigir los asuntos, reservándome solo un voto igual al de los demás; y la Sra. Blavatsky renuncia a su cargo de Secretaria de Correspondencia, y durante las pocas semanas o meses que le quedan de vida con las que sus médicos le permiten contar, seremos simplemente miembros como ustedes.

Todo lo que pueda hacerse para aumentar la eficiencia y la utilidad de la Sociedad Teosófica se hará en la medida de mis posibilidades. Solo pido que quienes sean competentes para instruirme me muestren mi deber.


Para concluir, diré solo unas palabras sobre la actitud que hemos mantenido hacia la Sociedad para la Investigación Psíquica y su Comisionado. Tanto en la India como en Londres, hemos intentado demostrarles el profundo y desinteresado interés que sentimos por su trabajo y nuestros cordiales deseos de éxito.

Apenas recibimos la noticia de la organización de dicha sociedad, les ofrecimos, a través de las columnas de nuestra revista, toda la ayuda que nosotros y nuestras filiales orientales pudimos ofrecer.

A la llegada del Sr. Hodgson a Adyar, lo recibimos en nuestra casa, lo presentamos a los delegados presentes en la convención anual y le garantizamos la cordial consideración y el apoyo de todos nuestros colegas en sus labores.

Le presentamos nuestros diarios, libros y documentos privados para que los revisara. Influimos en los ocultistas indios para que rompieran la tradicional política de reticencia y respondieran libremente a sus preguntas, poniéndonos así, y a nuestros intereses más preciados, en su poder.

Sostengo, pues, que todo esto demuestra la ausencia de cualquier disposición a ocultar fraudes u obstruir una investigación completa y libre de nuestros fenómenos, nuestros métodos, nuestros motivos y nuestro carácter.

¿Es demasiado pedir que al emitir su veredicto sobre nuestro caso, tenga en cuenta esto y los hechos antes mencionados, y nos haga justicia?

Fraternalmente,
H.S. OLCOTT, P.T.S. »


(Nota de Cid: P.T.S. es la abreviación en inglés de Presidente de la Sociedad Teosófica.)






OBSERVACIONES

Después del ataque que efectuaron los misioneros con la complicidad de los Coulomb, Blavatsky cayó muy gravemente enferma y parecía que pronto iba a morir, y por eso ella dimitió del puesto que ella tenía en la Sociedad Teosófica como secretaria corresponsal. Pero su maestro la curó milagrosamente, sin embargo el Comité de Adyar decidió exiliarla a Europa, y meses después le regresaron ese puesto.

No tengo claro el motivo por el que el coronel Olcott decidió también en ese momento renunciar a su puesto de presidente de la Sociedad Teosófica, pero poco tiempo después él cambió de opinión y siguió ocupando ese cargo hasta su muerte.

Por otra parte, yo he examinado el informe que elaboró la Sociedad para las Investigaciones Paranormales, y les puedo asegurar que es pésimo porque Richard Hodgson era un materialista acérrimo a quien no le interesaba investigar con seriedad sino solo repudiar a Blavatsky desde el inicio, y para lograr eso él rechazó sistemáticamente todo lo que estuviera a favor de Blavatsky y solo aceptó las acusaciones que le hicieron sus enemigos.










LA GIRA POR EUROPA QUE EL CORONEL OLCOTT HIZO EN 1888


(El siguiente artículo se publicó en la revista The Theosophist, en el suplemento de octubre de 1888, págs. xvii-xix; y añadí subtítulos para facilitar la lectura.)


LA VISITA EUROPEA DEL PRESIDENTE

Informe sobre Madame Blavatsky, su trabajo y su salud.


Tras embarcarse en Bombay a bordo del vapor correo Shannon, de la P. and O., el 7 de agosto de 1888, el presidente [de la Sociedad Teosófica, Henry S. Olcott] llegó a Brindisi [Italia] el 23 y prosiguió por tierra hasta Londres, donde arribó el 26.

El viaje fue en general muy agradable, aunque los pasajeros sufrieron bastante mareos durante los primeros cinco días.



Viaje a Bolonia en Italia

Se detuvo doce horas en la ciudad de Bolonia para investigar las virtudes del sistema de medicina electro-homeopática del conde Mattei, del que circulan tan maravillosos informes.

Entre varios casos que el coronel Olcott conoció se encontraba la curación de una dispepsia crónica de veinticinco años de uno de nuestros miembros hindúes en las provincias del noroeste.

Sus indagaciones en Bolonia se realizaron en beneficio de nuestros dispensarios de beneficencia, ya que de ello podrían derivarse importantes resultados. ¡Sin duda lo harán si resulta cierto que las pastillas diminutas del conde y sus remedios líquidos curan la diabetes, la lepra, la elefantiasis y la sífilis en todas sus etapas!

El coronel Olcott no pudo reunirse personalmente con el conde Mattei, ya que el castillo donde reside está a dos horas en tren de Bolonia, pero pasó un día agradable con su representante, el señor Venturoli, y visitará la residencia del conde en su viaje de regreso de Londres a Brindisi.

Probablemente traerá consigo a Bombay suficientes medicamentos para abastecer nuestro dispensario de beneficencia durante un mes, para así probar el sistema a fondo.





Encuentro de Olcott con Blavatsky en Londres

El presidente encontró a Madame Blavatsky con mala salud, pero trabajando con una energía desesperada y tenaz.

Un médico competente le dijo que el simple hecho de que ella estuviera viva era en sí mismo un milagro, a juzgar por todos los cánones profesionales. Su organismo está tan desorganizado por una complicación de enfermedades de la más grave naturaleza que es un simple milagro que pueda seguir luchando; cualquier otro ser habría sucumbido hace mucho tiempo.

El microscopio revela enormes cristales de ácido úrico en su sangre, y los médicos afirman que es más que probable que un mes caluroso en la India la mataría. Sin embargo no solo vive sino que trabaja en su escritorio de la mañana a la noche, preparando copias y revisando pruebas para "La Doctrina Secreta" y su revista londinense "Lucifer".

De su obra más importante, más de trescientas páginas de cada uno de los dos volúmenes ya estaban impresas cuando el coronel Olcott llegó a visitarla, y ambos volúmenes probablemente aparecerán este mes.

De todo lo que escuchó de los jueces competentes que habían leído el manuscrito, el Presidente quedó satisfecho de que "La Doctrina Secreta" superará en mérito e interés incluso a "Isis Develada".


Madame Blavatsky vive en el número 17 de Lansdowne Road, Holland Park, con tres amigas teosóficas, entre ellas su devota guardiana, enfermera y consoladora, la condesa Wachtmeister de Suecia, quien la ha atendido durante todas sus graves enfermedades de los últimos tres años.

La casa es agradable, se encuentra en un barrio tranquilo, y su parte trasera da a un pequeño parque privado, común a los ocupantes de todas las casas que la rodean.

Las habitaciones de Madame Blavatsky se encuentran en la planta baja, debido a que ella prácticamente no puede subir ni bajar escaleras. Su escritorio da a un gran ventanal con vistas al verde césped y los frondosos árboles de Holland Park; a su derecha e izquierda hay mesas y estanterías llenas de libros de consulta; y por toda la habitación se encuentran sus recuerdos indios: bronces de Benarés, esteras de Palghat, alfombras de Adoni, bandejas de Moradabad, placas de Cachemira e imágenes cingalesas, tan familiares para los visitantes de Adyar en la antigüedad.


En cuanto a su regreso a la India, la cuestión es principalmente médica. Es sumamente dudoso que pueda soportar el viaje, y es casi seguro que tendría que ser izada y descargada del vapor en un cabestrillo, como sucedió cuando zarpó de Madrás hacia Europa hace tres años.

Por supuesto, con su libro en proceso de impresión, no podría abandonar Londres durante dos semanas, incluso si pudiera encargarse de la dirección editorial de su revista "Lucifer"; más adelante, este obstáculo se superará, y seguirá siendo una mera cuestión de salud.

A su alrededor en Londres se encuentran varios teósofos devotos que además de adelantar 1'500 libras esterlinas para publicar "La Doctrina Secreta" y "Lucifer", han formado una Compañía Editorial Teosófica (Limitada), para publicar a precios populares reimpresiones de artículos de la revistas "The Theosophist", "Lucifer" y "The Path" y tratados útiles de todo tipo.

El interés por la Teosofía aumenta y se profundiza en Europa, y aún más en América; pues no solo vemos que sus ideas influyen en la literatura actual, sino que también provocan debates entre los primeros orientalistas de la época.

Las recientes conferencias del profesor Max Muller, Monier Williams y otros, en las que se nos menciona y critica, y los admirables artículos sobre "Budismo en Occidente" del erudito M. Em. Burnouf, que hemos traducido e impreso en este número de nuestra revista, ilustran muy bien este caso.

En la práctica, existen ahora tres centros teosóficos desde los que se ejerce esta influencia en la mentalidad de nuestra época: Madrás, Londres y Nueva York.

Y por mucho que sus fervientes amigos deploren la ausencia de Madame Blavatsky de Adyar, no cabe duda de que el movimiento en su conjunto se beneficia de su presencia en Londres y de su proximidad teosófica con nuestros devotos colegas en América.





Motivo por el que Olcott regresó a la India más tarde de lo previsto

Era demasiado pronto cuando nuestros últimos avisos salieron de Londres para informar sobre cualquier avance en el asunto especial por el cual el Presidente viajó a Europa.

El Sr. Sinnett se encontraba en Suiza disfrutando de sus habituales vacaciones de verano, otros miembros ingleses destacados se encontraban en otros lugares, y los miembros que el Coronel Olcott tendrá que ver en Francia, Alemania, Bélgica y otros países también están aprovechando las vacaciones.

Su primer paso fue convocar una convención de los presidentes de las secciones europeas con miras a la organización, pero parecía inevitable que pospusiera su regreso hasta principios o mediados de noviembre, en lugar de octubre, como él y nosotros esperábamos. En cualquier caso, estará presente en la Convención y dirigirá los preparativos como de costumbre,








(Posteriormente el coronel Olcott narró esa gira en su libro "Las Hojas de un Viejo Diario IV"; también añadí subtítulos.)


CAPÍTULO 4

Olcott describe el estado en que se encontraba Blavatsky en 1888

En el final del precedente capítulo, se ha visto que íbamos a examinar acontecimientos desagradables del año 1888, en los cuales H.P.B. era un factor importante.

Si ella hubiera sido una mujer vulgar, oculta por el muro de la vida doméstica, entonces se hubiera podido escribir la historia de este desarrollo del movimiento teosófico sin sacarla a escena; o bien, si amigos y enemigos no hubieran dicho de ella más que la verdad, yo hubiera podido abandonarla a su Karma, contentándome con mostrar la grandeza de su papel y la parte de elogio que le correspondía.

Pero ha compartido la suerte común a todos los personajes descollantes en los asuntos humanos, ella ha sido absurdamente adulada y divinizada por un partido, y despiadadamente injuriada por el otro.

Si su amigo y colega más íntimo, el co-fundador superviviente del movimiento teosófico no hubiera salido de la reserva que observó siempre, y que hubiese preferido observar, su verdadera personalidad no habría sido comprendida jamás por sus contemporáneos y no se hubiera hecho justicia a la real elevación de su carácter.

Su grandeza desde el punto de vista del altruismo perfecto de sus servicios públicos, es innegable; en sus horas de exaltación su yo estaba inundado por el deseo de difundir el conocimiento y cumplir las órdenes de su Maestro.

Jamás vendió por dinero su tesoro de ciencia oculta, ni cambió sus instrucciones por ventajas personales. No daba ninguna importancia a su vida comparándola con su obra, y la hubiera dado tan alegremente como cualquier mártir, en caso de presentarse ocasión de tal sacrificio.

Traía esas tendencias y rasgos característicos, de las numerosas, reencarnaciones durante las cuales había estado ocupada (a veces conmigo) en una obra semejante, y eran los diferentes aspectos de su individualidad, noble, idealmente fiel, digna, no de un culto –porque ningún ser humano debería ser objeto de una servil adoración–, sino de inspirar el deseo de parecérsele.

En cuanto a su personalidad, ya es otra cosa, era un fondo sobre el cual su luz interior sobresalía fuertemente. Por ejemplo, en el momento que nos ocupa, el aspecto que me presenta en sus cartas es en extremo desagradable: lenguaje violento, pasión desencadenada, desprecio y sátira apenas veladas por fórmulas amables, una tendencia a echar a volar las vagas formas constitutivas de la Sociedad y a gobernar todo o destruir todo según yo tomase el partido de ratificar o desautorizar sus actos arbitrarios y absolutamente anti-constitucionales.

Desdenes para el Consejo y los consejeros que creía encontrar atravesados en su camino; críticas rudas y mordaces de algunos de sus colaboradores europeos, y en particular del que desempeñaba el principal papel en esta parte del movimiento, y cuyas iniciales ella ponía entre paréntesis después de la palabra “Satán”, y una adjuración para no dejar que nuestra obra común de tantos años se perdiera separándose en dos campos diferentes: una Sociedad Oriental y una Sociedad Occidental.

En suma, que escribía como una loca y en el tono de una mujer histérica ultra-excitada, batallando por su buena reputación contra los asaltos de los misioneros, los Coulomb y los Hodgson, y defendiendo su vida contra una cantidad de enfermedades que terminaron con ella tres años después.

No obstante, por enferma de cuerpo y alocada de espíritu que estuviese, era para mí un factor poderoso que manejar, y ella me forzó a escoger la línea que tendría que seguir.


H.P.B. había incubado una nueva Sección, de la cual ella sería elegida presidente, alquiló una casa cómoda y preparó su muestra para escribir en ella “Cuartel General Europeo de la S.T.”, o bien “Sociedad Teosófica de Occidente”.

Como dudaba de que podría agradarme ver todo el mecanismo de la Sociedad Teosófica descompuesto por uno de sus caprichos, y recordaba por propia experiencia que cuanto más amenazaba más terco me ponía yo, ella me escribió:

"Vaya, Olcott, es penoso, muy penoso para mí de 'Vous mettre le marché enmain', como dicen los franceses, y forzaros a escoger. Vais a decir una vez más que detestáis las amenazas y que estas no consiguen más que haceros irreductible. Pero esto no es una amenaza, es un hecho consumado. No tenéis más que ratificarlo u oponeros y declararme la guerra, a mí y a mis esoteristas.

Si reconociendo la necesidad absoluta de esta decisión, os sometéis a la evolución inexorable de las cosas, no habrá cambiado nada, Adyar y Europa quedarán aliadas, y en apariencia esta última parecerá sometida a la otra. Si no lo ratificáis, ¡pues bien!, habrá dos Sociedades Teosóficas, la antigua de la India y la nueva de Europa, enteramente independientes una de otra.”

¡Era la elección de Obson! Después de eso ella agregaba:

“Estoy completamente tranquila y he reflexionado maduramente, vuestra entrega de una carta constitutiva a P., no ha hecho más que precipitar las cosas.”

Este ultimatum sin réplica, asustó, como es natural, a los “dulces” indos del Consejo Ejecutivo y me obligó a volver a Europa en 1889.





Olcott viaja a Europa

Mi gira por Europa en 1888, duró del 26 de agosto al 22 de octubre, y se emprendió a petición del Consejo Ejecutivo, a quien el tono de las cartas de H.P.B. alarmaba sobre la estabilidad de nuestro movimiento en Occidente. Durante esa gira estuve en Londres, Liverpool, Cambridge, Glasgow, Paris y Bolonia.





Fundación de la Escuela Esotérica

Hice en Londres dos Convenciones de las Ramas británicas, organicé la Sección Británica de la Sociedad Teosófica, a la que di su carta constitutiva, y di una orden en Consejo, formando una Sección Esotérica de la cual la señora Blavatsky sería la jefe responsable. He aquí el texto:

"Londres, octubre 9 de 1888.
Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica.

I. Por la presente queda organizada una sociedad destinada a servir los intereses esotéricos de la Sociedad Teosófica por medio de un estudio más profundo de la filosofía esotérica, y que será conocida con el nombre de “Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica”.

II. La constitución y la entera dirección de esta sociedad, están exclusivamente en manos de laseñora H. P. Blavatsky, que es su jefe. Ella es la única responsable de los resultados para los miembros, y la Sección no tiene ningún lazo oficial ni corporativo con la Sociedad exotérica, salvo en la persona de su Presidente-Fundador.

Las personas que desearen ingresar en esta Sección y que se hallen dispuestas a observar sus leyes, pueden dirigirse a la señora H.P. Blavatsky, 17 Landsdowne Road, Holland Park, Londres, W.

Firmado: H. S. Olcott.
Presidente, en Consejo.

Refrendado: H. P. Blavatsky.
Secretario-Corresponsal."


Tal fue el comienzo del movimiento de la E.E., hoy tan sumamente importante bajo la dirección de la señora Besant, elegida por H.P.B. como su sucesora.

(Nota de Cid: en realidad Besant hizo un tremendo desastre con la Escuela Esotérica desfigurándola cada vez más y remplazando la enseñanza original por la neoteosofía elaborada por Charles Leadbeater, la cual está llena de errores y falsedades; y eso me indica que el coronel Olcott no conocía bien la teosofía.)

El motivo que tuve para echar sobre H.P.B. toda la responsabilidad de los resultados, fue que ella ya había fracasado una primera vez en un ensayo de esta clase en Adyar, en 1884, cuando trató de fundar con Subba Row, Oakley, Damodar y otros, una clase secreta o grupo, cuyos miembros habrían de ser puestos en estrechas relaciones con los Maestros, pero no tuvo éxito.

Y de ningún modo quería yo ser responsable del cumplimiento de algún compromiso especial que ella pudiera contraer con el nuevo grupo de discípulos que reunía a su alrededor, en el estado en que entonces se hallaba su mente.

Le ayudé a escribir algunas de sus instrucciones e hice todo lo que me fue posible para facilitarle las cosas, pero eso fue todo. Cuando más adelante ví que los que ingresaban en la E.E. estaban satisfechos de lo que recibían, tomé posición más neta en este asunto, y ahora sólo puedo alabar la manera cómo el jefe actual de esta escuela conduce su ejército de estudiantes voluntarios.

Pero al mismo tiempo, no hay que olvidar nunca que la E.E. no es la S.T., y que sus reglamentos no obligan sino a quienes pertenecen a esa escuela especial, pues sería violar la constitución de la S.T. intervenir en sus derechos de juicio personal, y que el Presidente-Fundador está obligado a garantizar a cualquier miembro que sea, su libertad de creencia y de palabra, a cualquier religión, raza o color que pertenezca.





Pleito en Paris

Otro punto de conflicto de Blavatsky contra mí (porque además, según ella, yo tenía la culpa de todo) era haber decidido contra su favorito en un arbitraje que aquel año fallé en París, entre dos partidos enemigos de teósofos franceses.

Ella me escribió:

“No era un error, sino un crimen perpetrado contra la Teosofía (doblemente subrayado) con perfecto conocimiento de lo que es X. y por miedo de Y.

Olcott, amigo mío, sois un ____ pero no puedo ofenderos y deciros lo que sois. Si no lo sentís vivamente vos mismo, todo lo que yo pudiera decir sería inútil.

En cuanto a P.* os habéis puesto enteramente en sus manos y habéis sacrificado la Teosofía y el honor de la S. T. en Francia por temor a ese miserable hombrecillo…“

(* Que más tarde fue expulsado de la Sociedad Teosófica.)


He ahí unas dulzuras alentadoras para un pobre diablo que luchaba con todas sus fuerzas para llevar con mano firme el timón de la nave, evitando los arrecifes y bancos funestas a tantas sociedades y doblemente peligrosos para los barcos cuyo pasaje lo constituyen chiflados.

Casi todas las personas que intervinieron en el pleito de París, eran dignas de censura, porque habían cedido a sus envidias personales, alterado los caracteres de la Sociedad Teosófica, combatido por lafica supremacía injuriándose las unas a las otras verbalmente y por escrito.

En un principio, traté de hacer reanudar la obra a todos los adversarios bajo la misma carta constitutiva, pero no habiendo tenido éxito, ofrecí dos cartas a los señores Gaboriau y Arnould, en las condiciones más liberales. Pero Gaboriau no podía o no quería formar una Rama sin los otros, y entonces no quedó más que una Rama: La Hermes.

Se dirigió un voto de gracias oficial a la condesa de Adhemar, que había abierto sus salones a nuestras reuniones durante mi permanencia, e hizo todo lo que estaba en su poder para favorecer la reorganización de nuestro movimiento en la capital de la Francia.


El enredo parisiense principió por trastornos en la Rama “Isis”, fundada por el lamentado Luis Dramard, y comenzó después de la muerte de éste. Un joven de sensibilidad extrema, llamado Gaboroau, que demostraba un excesivo entusiasmo por la Teosofía, pero pocas facultades ejecutivas, había llegado a ser el protegido de H.P.B.; gastaba en publicaciones teosóficas una pequeña fortuna que acababa de heredar, y trataba de conducir a la “Isis” en su camino difícil.

Con esto se había metido en discusiones en las que H.P.B. se declaró a su favor, preparándome bastante qué hilar al darle en su calidad verdadera de co-fundadora y falsa de representante mío provisto de plenos poderes discrecionales, una carta constitutiva de carácter casi ilimitado y sin precedentes, que le permitía hacer, en una palabra, todo lo que quería.

Esto, como es natural, disgustó a varios de sus colegas más serios, hubo recriminaciones y apelaron a mí. Después que llegué a Londres, se mandó una circular a cada miembro inscrito en Francia, fijando el lugar y fecha de una reunión a efectuarse en París, y el 17 de septiembre se leyó ante la asamblea mi decisión formal.

Como evidentemente era imposible reorganizar la Rama Isis, se expidió otra carta constitutiva a una nueva Rama “Hermes”, y finado autor bien conocido, Arturo Arnould, fue electo presidente, el historiador Eugenio Nus y Jorge Caminade, de Angers, vice-presidente, Gerardo Encausse, secretario de correspondencia, y C. Dubourg y Julián Lejay, secretarios.

Numerosos miembros se hicieron inscribir y la joven Rama comenzó su carrera. En este asunto obré según mi mejor criterio, después de haber oído lo que se podía decir y visto a todos los interesados; creo que fue lo mejor que pudo hacerse en aquellas circunstancias, aunque eso dejó a un lado al señor Gaboriau, quien con algunos de sus amigos me atacó vivamente y resultó de ello una batalla en regla entre H.P.B. y yo a mi regreso a Londres. Más arriba se ha visto la continuación en su procedimiento revolucionario de reorganización en Londres.





Disputas entre Blavatsky y Olcott

Mi gira había realizado su objeto: H.P.B. quedaba apaciguada, nuestros asuntos de la Gran Bretaña estaban en orden, y la Sección Esotérica puesta en marcha, pero, como más arriba se ha visto, la calma no debía durar y tuve que hacer una segunda visita a Europa en 1889, después de mi regreso del Japón.

Sin embargo, la batalla entre los dos era siempre superficial y sólo tocaba las cosas de administración y política; internamente, estábamos ambos ligados por una unidad de intenciones y de ideal, que la misma muerte no ha podido cortar.

Para refutar las numerosas falsedades difundidas por terceros que deseaban alimentar los resentimientos entre nosotros, o hacer nacer la impresión de que la Sociedad Teosófica estaba a punto de sufrir una división –opinión compartida por muchos, hasta en el seno del Consejo Ejecutivo, en vista de las cartas histéricas de H.P.B.– publicamos de común acuerdo la siguiente carta:

“A fin de disipar un error engendrado por pescadores de río revuelto, los abajo firmados, fundadores de la Sociedad Teosófica, declaramos que no existe entre nosotros ni rivalidad, ni querella, ni aún enfriamiento, y que jamás los ha habido. Y que nuestra común devoción a nuestros Maestros y a nuestra obra, cuya ejecución nos han hecho el honor de confiarnos, no se ha debilitado absolutamente.

Por dispares que sean nuestros temperamentos y características mentales, y aunque a veces diferamos en nuestra manera de ver, relativamente a los métodos de propaganda, estamos no obstante absolutamente de acuerdo respecto a nuestra obra.

Hoy estamos tan unidos en intención y celo como lo hemos estado desde el comienzo, y dispuestos a sacrificar todo, incluso la vida, por el adelanto de las ciencias teosóficas y para salvar a la humanidad de las miserias que nacen de la ignorancia.

H. P. Blavatsky.
H. S. Olcott.
Londres, octubre de 1888."





Visita al conde Mattei

Yendo de camino para Nápoles, donde había de embarcarme, me detuve en Bolonia para ver al conde Mattei, el inventor de la Electro-Homeopatía, y decidir si valdría la pena de que Tookaram Tatya la ensayase en nuestro Dispensario de caridad en Bombay.

Hice esta gestión porque vi los resultados de la aplicación de una de las “electricidades” de Mattei en forma de loción, sobre la mano de un pobre diablo, que había sido terriblemente aplastada bajo una máquina; y en una noche, el dolor quedó muy aliviado.

El “mayor” Tucker del Ejército de Salvación, que tenía una fe absoluta en el sistema Mattei, era quien hacía el experimento. El señor Venturoli, hoy conde Venturoli Mattei, hijo adoptivo y heredero del inventor, me condujo amablemente a Rioli, estación de la línea a Florencia, y donde se halla Rochetta, el castillo pintoresco pero incómodo del conde Mattei, y pasé el día con él en discusiones interesantes.

Era entonces un gigante, fuerte a pesar de sus ochenta y cuatro años; de una vehemencia extrema en sus ataques contra los médicos oficiales y sus remedios. En su alcoba –situada en una de las torrecillas, si no me falla la memoria–, había una graciosa caricatura de la medicina, pintada al fresco en los compartimentos de la bóveda.

Él estaba orgulloso (y con justa razón) de las innumerables curas hechas por su electro-homeopatía, porque recogí de primera mano muchos hechos de ese género, para dudar de su eficacia. En cuanto a la parte eléctrica del asunto, es otra cosa. Mi opinión es que el verdadero nombre del sistema debería ser “medicina bañada de sol, o cromoterapia”.

Por otra parte, no tiene la menor importancia, salvo como secreto de fabricación, que el agente desconocido sea solar o vegetal; lo único que hace falta es que el remedio cure y que los sufrimientos humanos sean disminuidos.





Viaje de regreso a India

Mi travesía de regreso resultó muy interesante, porque se manifestó en los pasajeros de las dos clases un gran deseo de conocer algo de la Teosofía, de la Sociedad Teosófica y de las Ciencias Ocultas en general.

Entre los pasajeros estaba la graciosa estudiante de los temas místicos, la condesa de Jersey, en quien hallé un conocimiento de los más agradables y nobles que yo haya podido hacer.

Siguiendo su ejemplo, todo el salón de primera se interesó por la psicometría, la transmisión del pensamiento, la clarividencia, las líneas de la mano, la astrología y otros temas de la misma clase. Y se hicieron experimentos para comprobar la exactitud de las teorías.

El cuarto día recibí una invitación escrita, de lord Jersey, sir Samuel Baker, el explorador africano, y otros notables pasajeros de primera, para que diese, con permiso del comandante, una conferencia sobre la Teosofía, lo cual hice de buena gana; sir Samuel Baker propuso un voto de gracias con un corto discurso muy halagador y muy bien dicho.

Tres días más tarde hubo una nueva petición, y hablé sobre el tema indicado: la psicometría. Esto provocó numerosos experimentos, yo mismo hice algunos instructivos. Una señora trajo de su camarote una media docena de cartas de personas que tenían caracteres muy diferentes, cada una encerrada en un sobre blanco, para que la persona que hacía la prueba no tuviese idea alguna sobre el sexo o carácter del autor de la carta, prudente precaución.

La hice sentar en un sillón y pasé las cartas una después de otra, por encima de su cabeza, sobre su frente, y le pedí que las mantuviese allí respondiendo a mis preguntas. No debía reflexionar en la respuesta, sino decir de pronto lo primero que se les presentase a la mente.

Yo le preguntaba: “¿Es un hombre o una mujer? Le ruego que conteste en seguida”. Después: “¿Joven o viejo? ¿Grande o pequeño? ¿Grueso o delgado? ¿Franco o mentiroso? ¿Tiene usted confianza en él?” Y sin hacerle nunca una pregunta sugestiva, ni hacer nada que pudiese turbar el pensamiento espontáneo del sujeto.

A primera vista, es perfectamente evidente que el examen más atento de un sobre en blanco –no siendo de una forma extraordinaria, y particular de una persona determinada– no revela nada sobre el sexo, edad, espíritu o carácter del que escribió la carta encerrada dentro.

La primera señora que hizo la prueba resultó desprovista de facultad psicométrica; pero otra señora que ensayó después de ella, acertó cinco veces de siete, como lo probaron las cartas abiertas en seguida. Y el hermano de la primera señora, un oficial que se había mostrado muy irónico respecto a esa ciencia, descubrió con sorpresa que él podía practicarla.

El ruido de aquellas sugestivas pruebas se extendió por el barco, y me pidieron una segunda conferencia sobre aquel descubrimiento del profesor Buchanan. Un muy conocido miembro del Parlamento dió un bosquejo muy correcto de los dos casos que le fueron sometidos para el examen psicométrico.

El valor científico y práctico de la posesión de este sentido es evidente, ya que arma al qué de él está dotado de la sutil facultad de sentir la verdadera naturaleza y los motivos ocultos de cada persona que le escribe, o de aquellos con quienes habla, o que encuentra por el mundo, sea cual fuere la máscara de la escritura o de la figura del individuo.

Y además, un psicómetra desarrollado debe ser bastante intuitivo, naturalmente, para descubrir las verdaderas intenciones de un escritor o de un conferenciante, a pesar de la posible torpeza de exposición. Esto pone inmediatamente en simpatía con la naturaleza superior, y al abrigo de las influencias de los sofismas de aquellos que desearen engañar o adular con malas intenciones.


El Arcadia desembarcó sus pasajeros el 10 de noviembre, y nuestros amigos de la Rama de Bombay nos recibieron calurosamente a mí y a mis compañeros, es decir, al señor Carlos Johnston y su señora, la baronesa Kroumess, los señores E. D. Fawcett y Ricardo Harte, todos ellos miembros de la Sociedad Teosófica.

La señora de Johnston es la hija de la señora Jelihowsky, la hermana de H.P.B.; se casó en casa de su tía en Londres, durante el verano de 1888, con el señor Johnston, el joven y brillante sanscritista del servicio civil de la India. Como su madre estaba en Rusia, yo la representé, así como al resto de la familia, ante el registrar que los casó civilmente. Su marido venía entonces a hacerse cargo de su servicio en Bengala. Todos ellos asistieron a la Convención aquel año, y fueron fotografiados en el grupo anual.