LA REENCARNACIÓN, EXPLICACIÓN DE WILLIAM ATKINSON



Sobre este tema, en su libro “La vida después de la muerte”, William Atkinson mencionó lo siguiente:
 
« En el capítulo anterior comentamos que el alma después de sumergirse dentro del segundo sueño, entonces la corriente de la atracción kármica la arrastra hacia el renacimiento en un ambiente y bajo condiciones congruentes con su carácter.
 
Y como veremos en el capítulo siguiente, algunas almas se liberan del ciclo de la reencarnación y ascienden a planos superiores de existencia y de actividad, pero la inmensa mayoría de las almas pasan desde el plano astral hacia el renacimiento en la Tierra, porque tal es su karma.
 
(En realidad las almas pasan del plano mental hacia el plano físico —cruzando por el plano astral— y el karma solo es uno de los factores que impulsan a las almas hacia la reencarnación, mientras que otro factor es el deseo que tienen las almas por vivir más experiencias terrenales, y otro factor es el impulso de buscar seguir desarrollándose.)
 
Pero debemos advertir al estudiante que no caiga en el error demasiado frecuente de suponer que el karma es algo severo que reparte recompensas y castigos en función de algún código establecido, ya que por el contrario, el karma es sencillamente la ley de causa y efecto, de acción y reacción o de causalidad. De suerte que nuestras malas acciones nos castigan y nuestras buenas acciones nos premian por sí mismas, pero en cambio nosotros no recibimos premios a causa de las buenas acciones, ni castigos a causa de las malas. La acción obra por sus propios efectos.
 
En resumen, los premios y castigos derivan de la índole de nuestro carácter, que a su vez es la suma algebraica de las buenas y malas cualidades. Y cuando la resultante es el deseo entonces interviene el karma, y por lo tanto el deseo es la fuerza motora del karma, y por medio del karma, del renacimiento.
 
(Aquí Atkinson está confundiéndose porque el karma no es simplemente la ley de causa y efecto, ya que el karma es regido por los motivos y el nivel de conciencia que ha alcanzado el humano; y con esto quiero decir que la misma acción tendrá diferentes consecuencias karmicas dependiendo del desarrollo evolutivo en el que se encuentra la persona que efectuó esa acción y de las razones por las que la cometió.
 
Por ejemplo, alguien que mató tendrá una consecuencia karmica diferente dependiendo del motivo por el que lo hizo: si fue intencionalmente, si fue accidentalmente, si fue para protegerse, etc. Y también la consecuencia kármica variará si se trata de una persona primitiva o si se trata de una persona avanzada.)
 
 
A muchos les parece que el renacimiento en la Tierra es algo a lo que uno está forzado, aun contra el deseo del alma. Pero precisamente sucede lo contrario, y esto es que el alma renace en la Tierra por deseo de más vida terrestre. Nadie renace en la Tierra contra su voluntad, sino porque quiso y deseó renacer.
 
(Esto es incorrecto, porque si el alma todavía no ha desarrollado el nivel que le permitirá liberarse del ciclo de las reencarnaciones, entonces aunque no quiera renacer va a seguir haciéndolo.)
 
La corriente del renacimiento arrastra a las almas porque sus deseos y aficiones se convirtieron en ansias que sólo se pueden satisfacer en la vida terrestre. Y aunque las almas no son conscientes de ello, se colocan instintivamente de nuevo bajo las operaciones de la ley de atracción que las empuja hacia el renacimiento en el ambiente más adecuado a la manifestación y expresión de sus deseos.
 
(Los deseos del alma son solo uno de los factores que intervienen, pero también hay otros parámetros que influyen en la nueva vida que tendrá el alma, tales como: el karma, las pruebas a pasar, los deberes aceptados, el desarrollo que se espera lograr, etc.)
 
Hambrientas están las almas de satisfacer sus apetitos y hasta que no sacien el hambre no podrán eliminar el deseo. Sin embargo esto no significa que se haya de satisfacer todos los deseos, porque frecuentemente sucede que las nuevas experiencias mueven al alma iluminada por la intuición a repugnar lo que antes apeteció, de suerte que por sí misma y por consunción muere el deseo.
 
Pero mientras el deseo se mantenga vivo, atrae al alma hacia los objetos, ambientes y circunstancias capaces de satisfacerlo. Y esto sucede lo mismo en la vida astral que en la vida física.
 
El deseo es siempre el gran propulsor que lleva al alma hacia el renacimiento, y por lo tanto el alma que mantiene sus deseos por las cosas terrenales y la vida física, y que no puede reprimirlos, es naturalmente arrastrada por la corriente kármica hacia las condiciones en que pueda realizarlos.
 
Y es solo cuando al cabo de muchas reencarnaciones el alma comienza a ver la inutilidad e ilusoria naturaleza de los deseos terrenales, que comienza a sentirse atraída por las cosas de la vida de su naturaleza superior, y entonces escapando de las corrientes fluidas del renacimiento terrenal, asciende a las esferas superiores.
 
 
Hay quienes cuando llegan a viejos se muestran desengañados del mundo y anhelan abandonarlo cuanto antes. Estas personas son perfectamente sinceras en sus manifestaciones, pero si penetráramos en la intimidad de su ser descubriríamos algo muy diferente.
 
En general, no es que estén cansadas de la vida, sino que están cansadas tan sólo de la vida terrestre que han experimentado durante aquella encarnación. Ellas echaron de ver la índole ilusoria de cierta serie de experiencias terrenales y sienten repugnancia por ellas. Sin embargo, tienen otro linaje de deseos y ansían otra suerte de experiencias en la Tierra.
 
Y también está el caso de aquellos humanos que no encontraron satisfacción ni dicha en sus experiencias personales, pero si esos individuos son sinceros consigo mismos, seguramente dirán que hubieran sido dichosos si en vez de "tener lo que tuvieron" hubiesen "tenido aquello que deseaban tener".
 
Lo cual pudo haber sido un amor correspondido, o fama, riqueza, poderío, éxito, talento, en una  palabra: la semilla de sus deseos remanentes que los mueven hacia el renacimiento.
 
Y muy pocos seres humanos estarían dispuestos a abandonar la vida terrenal, según dicen (aunque son sinceros al decirlo) si pudieran como el viejo Omar reconstruir el mundo conforme a los deseos de su corazón y después vivir en ese mundo reformado.
 
No es que les repugne la vida terrestre, sino las condiciones y circunstancias en que ellos viven en este mundo. Y si diéramos juventud al viejo, opulencia al indigente, amor al desdeñado, talento al cretino, entonces seguramente todos ellos querrían vivir con gusto en este mundo.
 
Únicamente la imposibilidad de satisfacer sus deseos y de mejorar sus condiciones los mueve a no sentirse encantados por la vida terrenal, sino por el contrario a aborrecerla y desear que acabe lo antes posible.
 
Pero durante su estancia en el Astral, el alma descansa, se refrigera y vigoriza.
 
(Aquí Atkinson se equivocó ya que eso se efectúa en el plano mental.)
 
El alma olvida las fatigas de sus pasadas encarnaciones y vuelve a ser joven y ambiciosa. Siente en su interior el estímulo hacia la acción, el ansia de cumplir sus deseos, aspiraciones y ambiciones, y gustosa cede a la corriente que la conduce de nuevo hacia el escenario terrestre en donde espera realizar todo eso.
 
Y muchos ejemplos de este cambio de actitud los tenemos en la vida diaria. Por ejemplo, a veces al llegar la noche nos sentimos cansados, abatidos y aun disgustados de los trabajos, penalidades y afanes del día. Pero el descanso y el sueño mudan nuestro estado de ánimo, y al despertar nos invade el deseo de reemprender nuestras acostumbradas actividades.
 
La mayoría de las personas no están realmente cansadas de la vida ni de las cosas de este mundo, sino que experimentan el natural impulso hacia "otras cosas" y "otros lugares"; y un cambio de lugar y de preocupación les desvanecería el aburrimiento. Ellas no están disgustadas del mundo, sino tan sólo mental y emocionalmente agotadas.
 
Y lo mismo sucede con el cansancio del alma desencarnada. Si se muda al plano astral y toma el elixir de la vida, entonces se hallará de nuevo dispuesta a desempeñar su papel en el drama de la vida terrestre.
 
(Atkinson no sabía que el plano astral es solamente una zona de transición para las almas humanas entre el cielo y la tierra, y no un lugar de residencia.)
 
 
Y otro punto sobre el cual menudean también las ideas equivocadas es en lo relativo a la inconsciencia del alma en la designación del ambiente de su nuevo nacimiento.
 
Desde luego que en las almas de atrasada evolución, este proceso es casi del todo instintivo y no hay en realidad elección de ambiente. Pero cuando el alma está ya un tanto espiritualmente evolucionada y tiene algo de intuición y conciencia, entonces en muchas ocasiones vislumbra como si estuviera en un sueño (mientras que se encuentra en el segundo sueño del alma) las condiciones en que va a renacer y a veces por su propio albedrío las elige.
 
Y en el caso de una personalidad fuerte, y siempre que el desarrollo espiritual esté ahí, a menudo hay más que una simple elección onírica, porque tal alma hace mucho más para "crear las circunstancias" para sí misma de su nuevo nacimiento, aunque siempre dentro de las limitaciones de su karma, por supuesto.
 
 
Y otro punto que necesita esclarecimiento es el referente a la índole de los deseos promotores de la reencarnación.
 
Sepan que no necesariamente han de ser estos deseos de índole siniestra ni han de tener un carácter concupiscente. Sino que por el contrario, pueden ser anhelos nobles y con elevadas aspiraciones, aunque entrañen el principio emocional del deseo.
 
Tanto los deseos nobles como los viles son las semillas de la acción, y el impulso hacia la acción es la característica que distingue al deseo. Siempre el objeto del deseo es tener, hacer, o ser algo.
 
Por ejemplo, el amor, aun en su más alta modalidad, es una expresión del deseo, y lo mismo cabe decir de las más nobles aspiraciones. El deseo de beneficiar al prójimo es tan deseo como el de perjudicarlo.
 
Así es que muchas almas que no son egoístas, sino que por el contrario son altruistas, renacen impulsadas por el deseo de ser útiles para la humanidad, para así realizar alguna magna obra en beneficio del mundo, o cumplir con algún deber inspirado por el amor.
 
Pero, nobles o viles, si estos deseos están relacionados con las cosas e intereses de la Tierra son propulsores del renacimiento.
 
 
Por otra parte, el alma que no experimenta en su intimidad ni el más leve deseo de renacer en el mundo físico, no reencarnará, sino que asciende a niveles superiores en donde ya no alcanzará la atracción del planeta.
 
(Reitero que esto es falso ya que no es el deseo sino el desarrollo lo que permite liberarse del ciclo de las reencarnaciones.)
 
El karma de estas almas las aleja y no las acerca al mundo material. Sin embargo, muy pocas almas actualmente se hallan en esta condición, aunque lentamente todas las almas llegarán hacia esa situación en siglos venideros porque todas están en el Sendero de la perfección en donde poco a poco, grado por grado, van espiritualmente evolucionando.
 
Y quienes tengan interés en conocer algo de esta vida superior del alma, lean el siguiente capítulo, último de esta obra, y si la lectura los conmueve habrán dado el primer paso hacia la liberación final»
(Capítulo 19)
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIÓN
 
La explicación que dio William Atkinson sobre la reencarnación está mal estructurada, incompleta y dijo varias mentiras al respecto.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿CÓMO LIBERARSE DEL CICLO DE LAS REENCARNACIONES? (respuesta de William Atkinson)


 
A esta pregunta, William Atkinson en su libro titulado “La vida después de la muerte”, respondió lo siguiente:
 
« Aquellos que se imaginan que la filosofía yogui enseña que el alma está sujeta a una cadena sin fin de reencarnaciones, esas personas todavía no han penetrado el espíritu de las enseñanzas orientales, ya que semejante perpetuidad de reencarnaciones terrenales resultaría absurda con sólo considerar que la Tierra (como planeta) es solo uno de los innumerables mundos de preparación que tuvo un inicio y que ha de tener un final.
 
El mundo terrestre es una de las tantas escuelas que de tiempo en tiempo se instalan en el Cosmos, y muchas de ellas son moradas de grado muy inferior. El alma humana subsistirá millones de eones después de que esta Tierra, y millares como ella, se hayan desintegrado y hayan restituido su materia a la sustancia originaria de la que procedieron.
 
Dar importancia primordial a la vida planetaria de la Tierra en el orden cósmico es contrario a las enseñanzas de los sabios. Además que no es cierto, como muchos reencarnacionistas se figuran, que en la presente etapa de su evolución sólo pueda progresar el alma encarnada en el mundo terrenal.
 
Ya que si bien es verdad que la mayoría de los seres humanos han de pasar por muchas encarnaciones terrestres antes de alcanzar la liberación, también es cierto que cuando el alma alcanza la etapa de evolución espiritual en donde ya no la atan los lazos terrenales, entonces es imposible que ni por un momento vuelva obligadamente a la Tierra.
 
Y hay muchas almas que actualmente se encuentran en el plano astral y que se están desprendiendo de las ligaduras terrenales porque ya han entrado en la etapa final de la evolución humana.
 
(Esto es incorrecto ya que la mayoría de las almas se encuentran en el plano mental, mientras que el plano astral solo es un plano de transición.)
 
Y también hay ahora en la Tierra muchas almas que están pasando por su última encarnación, y cuando muera su cuerpo físico, ellas irán a esferas sin relación directa con el mundo físico.
 
Y hay ahora muchas almas en la vida terrenal que nunca más volverán a la Tierra, pero que después de su próxima estancia en el plano astral, se elevarán a los planos superiores de existencia, dejando atrás al planeta y todas las cosas terrenales para siempre.
 
Existen asimismo otras almas muy adelantadas en el camino de la liberación, que sólo han de reencarnar una vez más en este mundo, para después alcanzar un excelso estado de espiritualidad y de sabiduría.
 
Nos encontramos actualmente próximos al fin de un ciclo en el que un gran número de almas se están preparando para ascender a las esferas superiores, y puede que algunos de los que lean estas líneas se hallen muy adelantados en el presente ciclo de evolución.
 
(Esto es falso porque incluso los maestros más avanzados siguen reencarnando y solamente unos pocos grandes iluminados como por ejemplo Jesús y Buda ya han podido trascender el ciclo de las reencarnaciones.
 
Además que la enseñanza teosófica explica que los humanos se liberarán del ciclo de las reencarnaciones de forma masiva hasta el final de la séptima raza raíz, mientras que  actualmente nos encontramos apenas en la quinta raza raíz, o sea que todavía falta muchísimo tiempo para que se produzca ese acontecimiento.)
 
 
Sería de un insensato empeño intentar describir el tipo de vida que tiene el alma en los planos superiores de existencia, pues no hay palabras lo bastante expresivas para dar a entender su significado, ni conceptos mentales capaces de entrañar esa idea. Asimismo que la mayoría de las personas no tienen aún la mente suficientemente disciplinada para poder concebir la índole de la vida superior del alma.
 
Por término medio, la mente humana sólo es capaz de concebir la vida del plano astral medio, mientras que la vida del plano astral superior está más allá de su comprensión. Y si esto sucede así en lo que toca a los planos tan relativamente inferiores, entonces:
 
¿Cómo será capaz el hombre común de concebir la vida que se desenvuelve en las esferas o niveles de existencia que comparados con los sub-planos superiores del mundo astral son el suntuoso palacio con respecto del destartalado tugurio?
 
Basta saber que los planos, niveles, esferas, mundos o estados de conciencia se suceden en la infinita escala de la vida del alma que por ella asciende en demanda de lo Infinito.
 
 
Solamente el alma puede liberarse de la rueda de las muertes y nacimientos cuando conoce la verdad respecto de su naturaleza y de su relación con el Todo.
 
Y cuando percibe la ilusoria naturaleza del mundo fenomenal y se convence de que el espíritu es la única realidad, entonces el alma comienza a deshacerse de los lazos que la sujetan a la vida material y se debate contra los obstáculos y limitaciones que dificultan su adelanto.
 
La liberación del ciclo de las reencarnaciones es la suprema finalidad de la filosofía yoguística. Y tal es la razón, motivo y objetivo del Yoga.
 
Unos llegan a esta unión por medio de buenas obras, otros por una amorosa devoción hacia Dios y el reconocimiento de la esencial divinidad de su propio ser, y otros por medio de la intuición y la sabiduría; pero cada uno de estos métodos de yoga son diferentes caminos o senderos que conducen hacia el mismo fin.
 
Y cuando el alma comprende la verdadera naturaleza de las cosas terrenales, ya no siente más el menor apego hacia ellas. Muere entonces el deseo y el alma alcanza su liberación espiritual.
 
Entonces desprendida de la atracción de las cosas terrenales, el alma remonta el vuelo hacia las esferas superiores de existencia. Y las filosofías orientales están rebosantes de esta idea expuesta de diversas formas.
 
Y para el ocultista iniciado, todas las enseñanzas religiosas del mundo tienen su aspecto esotérico, cuyo espíritu es siempre la liberación.
 
 
 
Mientras escribimos estas líneas se fija nuestra mirada en un libro puesto sobre nuestra mesa de trabajo. Es una historia del Oriente compuesta por un autor occidental, quien ha comprendido el espíritu del Oriente y con gran acierto lo expresa.
 
Dice así, de conformidad con la esencia de las enseñanzas:
 
« El objetivo del sabio, según la vieja doctrina hinduista, es llegar a ser dueño absoluto de sí mismo (jitama) y sobreponerse o mostrarse indiferente a la atracción de todas las mundanas seducciones. Mientras que el hombre ordinario es un preso atado a la esclavitud del mundo y sigue adherido a los objetos ilusorios de sensación.
 
Quienquiera que anhele emanciparse de semejante esclavitud debe cortar sus ligaduras por medio de una larga y penosa austeridad, hasta que cuantos residuos queden de su mundano apego se eliminen como se escurre el agua del plumaje de un cisne.
 
Ha de vivir de conformidad con la fórmula clásica, como una rueda que continúa girando después de cesar el impulso originario, o como la rama que sigue balanceándose después de haber levantado el vuelo el ave que en ella se posaba.
 
Pero a pesar de ello, ese humano ya se encuentra despierto, en antítesis de aquellos a quienes todavía la ilusión ciega. Y él es libre, en contraste con los que aún son esclavos. »
 
 
Sin embargo, este autor se equivoca al hablar de la necesidad de "una larga y penosa austeridad" para romper las ligaduras, porque las más prestigiosas autoridades repudian las prácticas ascéticas de maceración y tortura, y por consiguiente no las estimulan.
 
La verdadera práctica es la adquisición de la sabiduría y abrir el corazón al influjo de la sabiduría divina, que se infundirá en forma de intuición.
 
No hay más que conocer la verdadera naturaleza de las cosas materiales para sentir disgusto por ellas. Por lo tanto, el conocimiento es el magno liberador.
 
Cierto que el amor puro e inegoísta (que es el yoga de la devoción) limpiará las escamas de los ojos del alma, y que las obras realizadas y los deberes cumplidos sin apetito de recompensa (que es el yoga de la acción) esclarecerá la  vista del alma. Sin embargo, el mejor yoga de todos es el de la sabiduría.
 
Y a quienes anhelen la liberación les recomendamos el detenido estudio de la filosofía yoguística o cualquiera de las modalidades de la religión de sabiduría, así como el estricto cumplimiento de las leyes de la vida espiritual que subyacen en todas las doctrinas religiosas rectamente comprendidas.
 
 
Sin embargo, a nuestro entender, la mejor guía espiritual es la preciosa obra titulada “Luz en el Sendero” que se funda en ocultos aforismos que ya eran conocidos por los iniciados atlantes.
 
Luz en el Sendero” transcribe las reglas que en las paredes del Vestíbulo del Conocimiento escribieron los Guardianes de la Puerta de Oro.
 
Y un autor dice que “Luz en el Sendero” es para las almas anhelosas lo que Parsifal es para los amantes de la música, o sea una fuente inagotable de maravillosa inspiración.
 
Los siguientes aforismos transcritos de las páginas de ese precioso libro, dan la clave cuando acertadamente se comprende su significado. Mientras que el resto del libro contiene la explicación comentada de estos aforismos.
 
  1. Mata la ambición.
  2. Mata el deseo de vida terrenal.
  3. Mata el deseo de comodidades.
  4. Mata el sentimiento de separatividad.
  5. Mata el deseo de sensación.
  6. Mata el afán de medro.
  7. No desees más que lo que está en tu interior.
  8. Desea únicamente lo que está más allá de ti.
  9. Desea tan sólo lo inasequible.
  10. Desea ardientemente el poder.
  11. Desea fervientemente la paz.
  12. Desea la posesión sobre todas las cosas.
  13. Busca el camino.
  14. Busca el camino por introversión.
  15. Busca el camino avanzando impávidamente por el exterior.
  16. Presencia la batalla, y aunque combatas, no seas tú el combatiente.
  17. Busca al guerrero y que pelee en ti.
  18. Recibe sus órdenes para la batalla y obedécele.
  19. Escucha el canto de vida.
  20. Recuerda la melodía que oigas.
  21. Aprende de ella la lección de armonía.
  22. Observa anhelosamente la vida que te rodea.
  23. Aprende a mirar inteligentemente en el corazón de los hombres.
  24. Mira más atentamente en tu propio corazón.
  25. Descubre los secretos que guardan para ti la tierra, el aire y el agua.
  26. Inquiere de los santos varones de la tierra los secretos que guardan para ti.
  27. Inquiere de tu verdadero e íntimo ser los secretos que para ti guarda a través de los siglos.
  28. Adhiérete firmemente a lo que no tiene sustancia ni existencia.
  29. Escucha únicamente la voz del silencio.
  30. Mira sólo lo igualmente invisible para los sentidos internos y externos.
 
Estos axiomas tienen siete distintos significados superpuestos unos a los otros, y los ojos del alma los van descubriendo a medida que va evolucionando. Bienaventurado es aquel que es capaz de comprender siquiera el primer significado, porque eso indica que ya está en el Sendero.
 
Y el comentador de dichos aforismos da el siguiente valioso consejo para aquellos que buscan el Sendero de la liberación y de la paz:
 
« Busca en tu corazón la fuente del mal y elimínala. Ella vive fructíferamente en el corazón del discípulo devoto, así como en el corazón del hombre común que aún siguen deseando. Solo los fuertes pueden matarla, mientras que el débil debe esperar su crecimiento, su fruto y su fallecimiento.
 
Y es una planta que vive y crece a lo largo de los años. Florece cuando el hombre ha acumulado innumerables existencias. Pero el que entre en el camino del poder debe arrancar esto de su corazón. Y entonces el corazón sangrará y la vida entera del hombre parecerá estar completamente disuelta.
 
Esta prueba debe ser soportada, puede llegar en el primer escalón de la peligrosa escalera que conduce hacia el camino de la vida, o puede que no llegue hasta el último. Pero, oh discípulo, recuerda que hay que soportarlo y concentra las energías de tu alma en esa tarea.
 
No vivas ni en el presente ni en el futuro, sino en lo eterno. Porque en lo eterno esta hierba gigante no puede florecer allí debido a que esta mancha sobre la existencia es borrada por la atmósfera misma del pensamiento eterno. »
 
 
Y el mismo comentarista pronuncia el siguiente consejo adicional:
 
« Busca que la flor florezca en el silencio que sigue a la tormenta. No antes. Porque entonces crecerá, formará sus hojas y formará su brote, a pesar de que la tormenta continúe y mientras dure la batalla. Pero no funcionará con el espíritu acosado.
 
Y en el profundo silencio (y no se funde hasta que es sostenido por el fragmento divino que lo ha creado) solamente es cuando toda su naturaleza terrenal se ha rendido y se ha vuelto sujeta a su yo superior que puede entonces libremente florecer.
 
Luego vendrá una calma como la que viene después de una fuerte lluvia, cuando la naturaleza trabaja tan rápidamente que uno puede ver su acción. Y tal calma llegará a lo misterioso. Llámalo por el nombre que quieras; es una voz que habla donde no hay quien hable; es un mensajero que viene, un mensajero sin forma ni sustancia, es la flor del alma que se ha abierto. No se puede describir con ninguna metáfora, pero se puede sentir, buscar y desear, incluso en medio del furor de la tormenta.
 
El silencio puede durar un momento o puede durar mil años, pero terminará. Sin embargo llevará su fuerza contigo. Y una y otra vez la batalla debe librarse y ganarse, ya que es sólo por un intervalo que la naturaleza puede estar quieta. »
 
 
En conclusión, citemos nuevamente al autor de las palabras mencionadas anteriormente, palabras también inspiradas por una fuente superior de autoridad y sabiduría:
 
« Hay tres verdades que son absolutas y que no se pueden perder, pero que sin embargo pueden permanecer en silencio por falta de palabra:
 
1)   El alma del hombre es inmortal, y su futuro es el futuro de una cosa cuyo crecimiento y esplendor no tiene límites.
2)   El principio que da vida habita en nosotros, y sin nosotros es inmortal y eternamente benéfico, no se escucha ni se ve ni se siente, sino que lo percibe el hombre que desea la percepción.
3)   Cada hombre es su propio legislador absoluto, el dispensador de gloria o tristeza para sí mismo, el decreto de su vida, su recompensa y su castigo.
 
Estas verdades que son tan grandes como la vida misma, son tan simples como la mente más simple del hombre, así que alimenta a los hambrientos con ellas. »
 
 
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Y ahora, amigo y lector, te dejamos una vez más. Confiamos en que lo que te hemos dicho resultará ser la semilla de futuros árboles de conocimiento dentro de ti. Porque esto es lo máximo que el maestro puede esperar hacer: plantar semillas.
 
Confiamos en que al menos te hemos traído a las puertas de la percepción de la verdad de que no existe la muerte, y que lo que los hombres llaman muerte no es sino “el otro lado” de la vida, y uno con ella.
 
Que se abran tus propios ojos espirituales, para que puedas percibir estas verdades por ti mismo y a través de tu propia experiencia. Y ahora, una vez más, buen alumno, te decimos:
 
¡La paz sea contigo!
 
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(Capítulo 20)
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIÓN
 
William Atkinson da una explicación bastante complicada, pero en resumen, para poderte liberar del ciclo de las reencarnaciones, tienes que desarrollar tus cualidades y eliminar tus defectos, hasta que alcances un alto grado de santidad y de pureza que irradie en todo tu ser.