EXPLICACIONES PRELIMINARES DE TREVOR BARKER EN EL LIBRO "LAS CARTAS MAHATMA"




Alfred Trevor Barker fue el teósofo que transcribió las cartas que recibieron los señores Alfred Sinnett y Allan Hume de los maestros Kuthumi (KH) y Morya (M), y publicó esas cartas en el libro conocido como "Las Cartas Mahatma", y a continuación les voy a traducir los textos que él puso al inicio de ese libro. Añadí subtítulos para agrupar los temas que Barker detalla y puse mis comentarios en morado.




INTRODUCCIÓN

Es bien sabido, entre los estudiosos de la Teosofía y el Ocultismo, que las doctrinas filosóficas y la ética transmitidas al mundo a través de la Sociedad Teosófica durante los dieciséis años posteriores a su fundación en 1875, emanaron de ciertos Maestros Orientales que, según se decía, pertenecían a una Hermandad Oculta que residía en las fortalezas transhimalayas del Tíbet.

H.P. Blavatsky, quien, junto con el Coronel Olcott, fundó la Sociedad Teosófica, reconoció a estos Hermanos Orientales como sus Maestros, afirmando no solo que si existían, sino que ella misma había recibido formación e instrucción de ellos durante su estancia en el Tíbet, y por lo tanto podía hablar desde su propio conocimiento y experiencia personal.

No fue hasta 1880 que se dispuso de más testimonios. En ese año, el difunto A.P. Sinnett, que entonces vivía en la India, pudo gracias a la mediación de Madame Blavatsky, entablar correspondencia con esos Maestros, a quienes se refería indistintamente con los términos «Los Hermanos», «Los Mahatmas» y posteriormente «Los Maestros de la Sabiduría».

Durante el transcurso de esa correspondencia, que se extendió entre 1880 y 1884, el Sr. Sinnett recibió numerosas cartas de los Mahatmas M. y KH (los Maestros en cuestión), y son estas comunicaciones originales las que se publican en el presente volumen bajo el título de "Las Cartas de los Mahatmas".

El Sr. Sinnett trató exhaustivamente las circunstancias que rodearon su recepción en su obra "El Mundo Oculto", por lo que no es necesario repetirlas aquí.

Estas cartas se publican ahora con el permiso de la albacea del difunto A.P. Sinnett, a quien le fueron legadas de forma exclusiva e incondicional; ella, a su vez, a sugerencia del autor de esta introducción, le concedió el gran privilegio de asumir toda la responsabilidad de la transcripción, la organización y la publicación de las cartas en formato de libro.

El autor emprendió la tarea con plena conciencia de la grave responsabilidad que conllevaba su acción, convencido de que había llegado el momento en que los más altos intereses de la Sociedad Teosófica exigían la publicación completa de las Enseñanzas de los Maestros entregadas al Sr. Sinnett.

Siente la responsabilidad con mayor intensidad, puesto que en una de las cartas de este volumen hay un pasaje en el que el Maestro KH afirma que ni él ni su hermano M permitirían jamás su publicación.

Si bien no cabe duda de que estas cartas no estaban destinadas a ser publicadas en el momento en que fueron escritas, también es razonable suponer que el actual estancamiento en los asuntos de la Sociedad Teosófica tampoco se previó.

En un momento en que existe tanta controversia respecto a lo que fue y lo que no fue la Enseñanza original de los Maestros, la publicación de las palabras de sus propios Maestros no puede sino servir a los más altos intereses del gran movimiento que proclama como lema: «No hay religión superior a la Verdad».

Los Maestros son lo que son; Lo que han escrito, lo han escrito, y ni ellos ni sus doctrinas necesitan la aclamación ni la apología de mentes inferiores.

Resulta casi imposible llegar a los hechos, o incluso formarse una opinión fidedigna sobre un tema de tan amplio alcance, estudiando una recopilación de extractos. Por lo tanto, el objetivo del compilador ha sido que los miembros de la Sociedad Teosófica y el mundo en general puedan estudiar por sí mismos la verdad acerca de los Maestros y sus doctrinas, tal como se exponen en estas cartas firmadas de su puño y letra.

Con este fin, todas las Cartas de los Mahatmas dejadas por el Sr. Sinnett han sido transcritas textualmente de los originales y sin omisiones.


Los libros del Sr. Sinnett: "El Mundo Oculto" y "Buddhismo Esotérico" se basaron casi por completo en el material de las Secciones I y II de este volumen.

Un estudio minucioso de la exposición de la enseñanza que se presenta en esas obras tempranas, al igual que en la de autores teosóficos más modernos, arroja resultados interesantes al compararla con la enseñanza original contenida en estas cartas.

Muchas teorías que se han convertido en dogmas aceptados de las doctrinas teosóficas modernas se demuestran claramente inexactas y engañosas, por lo que puede ser útil señalar al lector los principales puntos de divergencia.




El clero

Hay que admitir que durante los últimos doce años, la Sociedad ha mostrado una creciente tendencia a depositar una excesiva confianza en las ceremonias, las órdenes, las Iglesias, los credos y sus equivalentes, sacrificando así la vitalidad del esfuerzo individual y la libertad de pensamiento, tan notables en los inicios del movimiento.

El Maestro KH se expresa con gran claridad sobre este tema, y ​​conviene citar sus propias palabras:

« Y ahora, tras considerar debidamente los males naturales e inevitables… señalaré el mayor, la causa principal de casi dos tercios de los males que aquejan a la humanidad desde que esta se convirtió en poder. Se trata de la religión, en cualquiera de sus formas y en cualquier nación. Se trata de la casta sacerdotal, el sacerdocio y las Iglesias; es en esas ilusiones que el hombre considera sagradas donde debe buscar la fuente de esa multitud de males que constituyen la gran maldición de la humanidad y que casi la abruman. La ignorancia creó dioses, y la astucia aprovechó la oportunidad. »
(Carta n.º 10)

Y de nuevo:

« Que jamás pensemos en erigir una nueva jerarquía para la futura opresión de un mundo dominado por el clero. » 
(Carta n.º 87)

La implicación y el mensaje de estas palabras en nuestros tiempos son suficientemente claros.




El espiritismo

También se ha observado una marcada tendencia en algunos sectores de la Sociedad a inclinarse hacia lo que el Maestro KH denomina « la más insensata y fatal de las supersticiones: el espiritismo » (Carta n.º 49).

En otra carta, afirma:

« Se está fundando una sociedad psíquica … crecerá, se desarrollará y se expandirá, y finalmente la Sociedad Teosófica de Londres quedará absorbida por ella, perdiendo primero su influencia y luego su nombre, hasta que la Teosofía, en su propia denominación, se convierta en cosa del pasado. »

Es lamentable que estas palabras sigan siendo tan ciertas hoy como cuando fueron escritas. En estas cartas se analiza a fondo toda la cuestión desde todos los puntos de vista, de modo que resulta imposible que un estudiante imparcial la malinterprete.

El problema reside, entonces como ahora, en la incomprensión de la verdadera naturaleza de los fenómenos espiritistas. Quienes se adhieren a los métodos del espiritismo afirman que se puede establecer comunicación con las almas y los espíritus de los difuntos mediante médiums debidamente cualificados.

Que la comunicación entre vivos y muertos sea posible se acepta como un hecho demostrable en estas cartas y no se cuestiona en absoluto. Pero, ¿con qué se comunican? Aquí reside la clave de todo el asunto. El Maestro KH afirma repetidamente que la comunicación con las almas y los espíritus de los muertos es imposible.

(En realidad Kuthumi dijo que la mayoría de los humanos entran en un profundo sueño después de morir, y por esos son muy pocos los casos donde los espiritistas se comunican con humanos muertos, y la inmensa mayoría de los casos son con entidades astrales embusteras que se hacen pasar por almas de personas fallecidas.)

Porque al morir, la conciencia que pertenece al séptimo, sexto y quinto principio del ser humano (que incluye el alma, el espíritu y todo lo que hace al hombre humano) se retira a un período de gestación inconsciente que precede al renacimiento en el Devachan o mundo celestial.

Deja tras de sí el cadáver físico, la contraparte etérica o doble, y finalmente la envoltura emocional y mental, que es la correspondencia en materia más sutil del cuerpo físico, y que puede denominarse el vehículo de la conciencia en su propio plano, así como el cuerpo físico es el vehículo de la conciencia en el mundo físico.

Sin embargo, debe entenderse claramente que cada una de estas envolturas vacías posee una cierta consciencia ilusoria propia, que es la consciencia colectiva de la agregación de átomos y moléculas que las componen, y que es completamente distinta de la consciencia del individuo, o entidad real, que las inspiró en vida. El cuerpo físico tiene una consciencia similar, de naturaleza puramente animal e instintiva.

Al morir, la consciencia incluso de la envoltura la abandona temporalmente y no regresa a ella hasta que se completa la retirada de los principios 5.º, 6.º y 7.º.Solo después de que esto se logra, cierta conciencia de la existencia regresa a los cuerpos vacíos.

Son estos cadáveres [astrales] en descomposición los que pueden ser temporalmente revitalizados por los esfuerzos de un médium; estos pueden comunicarse, y de hecho lo hacen, pero solo como si recordaran lo que fue, y no como si fueran conscientes de los hechos presentes.

Esta es la razón de los mensajes a menudo estúpidos, sin sentido y carentes de espiritualidad del más allá, que tanto disgustan al buscador del verdadero conocimiento.

El breve análisis anterior es la regla para toda la humanidad, con la excepción de las víctimas de accidentes y suicidios, por un lado, y por otro, de aquellos individuos excepcionales (solo el ocultista experimentado sabe cuán excepcionales son) que han alcanzado la inmortalidad.

(Todavía no han alcanzado la inmortalidad pero ya son capaces de mantenerse despiertos en el astral.)

Aquellos estudiantes de "ocultismo" que creen ser guiados por entidades desencarnadas, desde teósofos difuntos hasta "adeptos que han renunciado al uso de cuerpos físicos en la tierra" (Buddhismo Esotérico, pág. 133, octava edición), mediante los métodos de los médiums, las tablas ouija y sus equivalentes, harían bien en considerar su posición a la luz de estas cartas.

La comunicación con los teósofos difuntos (es decir, las entidades reales), como ya se ha demostrado, es imposible, pues, ¡ay!, no pueden ser incluidos entre aquellos que han alcanzado la inmortalidad, siendo las excepciones a la regla general que rige a la humanidad muy pocas; y con respecto a la guía de los "espíritus adeptos" desencarnados, cabe preguntarse cómo aquellos que no han merecido instrucción individual de adeptos en carne y hueso pueden esperar recibir ayuda directa de sus superiores: los espíritus planetarios, la Hueste Dhyan Chohanic.

Es fundamental recalcar que, al externalizar la fuente de la que busca inspiración, el estudiante sacrifica toda posibilidad de alcanzar las grandes realidades del logro espiritual y el conocimiento directo.

« Solo la siempre incognoscible y desconocida Karana, la Causa sin causa de todas las causas, debe tener su santuario y altar en el terreno sagrado e inexplorado de nuestro corazón: invisible, intangible, innombrable, salvo a través de la "voz suave y apacible" de nuestra conciencia espiritual.

Quienes lo veneran deben hacerlo en el silencio y la santificada soledad de sus almas, haciendo de su espíritu el único mediador entre ellos y el Espíritu Universal, de sus buenas acciones sus únicos sacerdotes y de sus intenciones pecaminosas las únicas víctimas sacrificiales visibles y objetivas de la "Presencia". »
(La Doctrina Secreta I, p.280)

La importancia de comprender correctamente las doctrinas relativas a la condición post mortem se evidencia en la significativa frase del Maestro KH: « Quien posee las llaves de los Secretos de la Muerte, posee también las Llaves de la Vida ».

El doble significado y aplicación de las doctrinas teosóficas relacionadas con la Muerte parece haber sido pasado por alto. La entrada a los Misterios siempre ha sido a través de la Puerta de la Muerte; y como en el Libro de los Muertos egipcio, bajo el simbolismo del paso del alma de la vida a través de la Muerte hasta Devachan, se oculta la preciosa enseñanza que debidamente comprendida, traerá de vuelta al aspirante que ha atravesado las agonías de la Muerte en Vida.




El discipulado

Las cartas de la sección titulada 'Periodo de Prueba y Discipulado' apelan profundamente al corazón tanto del místico como del ocultista. La sabiduría, la instrucción y los numerosos detalles íntimos se combinan para arrojar nueva luz no solo sobre los Maestros, sino sobre toda la cuestión del discipulado.

Al leer estas páginas, escritas hace 40 años, se llega a la convicción de que el camino hacia los Maestros sigue abierto hoy como lo estaba entonces. Pero la posibilidad de alcanzar el logro individual no reside en seguir y jurar lealtad a ningún líder personal, sino en la devoción inquebrantable a la Idea, a los principios.

El Maestro KH escribe sobre este tema:

« Hay una clara tendencia a la veneración de héroes, y tú, amigo mío, no estás del todo libre de ella… Si deseas continuar con tus estudios ocultos y tu trabajo literario, aprende a ser leal a la Idea antes que a mi pobre persona. Cuando algo deba hacerse, nunca pienses si yo lo deseo antes de actuar… Estoy lejos de ser perfecto, por lo tanto, infalible en todo lo que hago… Has visto que incluso un Adepto, al actuar en su cuerpo, no está exento de errores debidos a la negligencia humana. »
(Carta n.° 55)

Para atenuar las numerosas anomalías creadas por la desafortunada discrepancia existente entre los principios de la Sociedad Teosófica y su práctica por parte de los miembros individuales, cabe recordar que, como se enfatiza en estas cartas, los Maestros no guían ni controlan las acciones de sus discípulos.

Según las reglas de la Hermandad, a los alumnos se les debe conceder «la más plena libertad de acción, la libertad de crear causas , incluso si esas causas se convierten con el tiempo en su “azote y picota pública”».

« Nuestros chelas solo reciben ayuda cuando son inocentes de las Causas que los llevaron a la desgracia. »
(Carta n.º 54)

El camino del discipulado conduce al corazón mismo de la Naturaleza; la condición de entrada —la obediencia a sus leyes— es completa y absoluta. Ante esas Leyes Inmutables, incluso el Adepto de mayor rango debe inclinarse con humildad.

Al aspirante al discipulado se le permiten todas las cosas que son naturales al hombre. Ningún simple acto natural puede contaminarlo. Pero « la Ciencia Oculta es una amante celosa que no permite ni la más mínima indulgencia», y si se quiere alcanzar los niveles superiores de realización espiritual, el discípulo debe estar dispuesto a sacrificar y trascender los deseos naturales del cuerpo, y llevar una vida que en palabras del Maestro KH, «es fatal no solo para el curso normal de la vida matrimonial, sino incluso para la carne y el vino. » (Carta n.º 18)

Quienes pretenden resolver el problema del sexo mediante fórmulas que contradicen leyes obvias y conocidas, cavan con sus propias manos el pozo que en última instancia, engullirá todo lo humano.

El atreverse a sugerir que tales doctrinas puedan contar con la aprobación de los Maestros de Sabiduría (que son uno con la Naturaleza) no solo es una blasfemia, sino una absurdidad evidente de la que solo un necio o un loco podría ser culpable.

Si esta cuestión suscita alguna duda entre los estudiosos del ocultismo en general, no puede decirse lo mismo de quienes conocen los misterios internos de la astrología. Esta ciencia antigua puede y demostrará que tales fórmulas no existen en el libro de la naturaleza, y cualquier teoría basada en ellas solo puede considerarse hechicería de la peor calaña.

La existencia de tales doctrinas es una de las razones de la falta de vitalidad de la Sociedad en la actualidad. La consideración del estado interno de la Sociedad Teosófica nos recuerda irresistiblemente todo lo escrito en la Doctrina Secreta (vol. II, págs. 409-415), la sublime alegoría de Prometeo: el titán crucificado, que en su sufrimiento contempla a su "libertador designado por el cielo: Heracles", pero, ¡ay!, hasta ahora en vano.




Reivindicación de Blavatsky

En esta época trascendental de la historia de la Sociedad, esas páginas de Madame Blavatsky encierran un mensaje de profunda importancia para todos aquellos que no estén demasiado ciegos o demasiado reacios a ver la verdad que contienen.

Resulta sorprendente que más de treinta años después de su muerte, Madame Blavatsky quede justificada en casi todos los puntos de estas cartas. Pocas personas han sido tan injustamente vilipendiadas, e incluso algunos de quienes la conocieron íntimamente prefirieron creer que ella había cometido toda clase de errores antes que admitir, ni por un instante, que ellos mismos pudieran estar equivocados.

Hasta qué punto fue la engañadora retratada por el Sr. Sinnett en su publicación póstuma "Los primeros días de la teosofía en Europa", el lector podrá juzgar hasta qué punto ella no fue la embustera que describe el Sr. Sinnett si estudia la carta del Maestro KH (Carta n.º 54) en la que expresa su propia opinión sobre sus faltas.

Quienes aman la memoria de H.P. Blavatsky por su obra y los dones que les legó, no podrán sino sentir, tras leer esa carta, que después de todo ella era digna de su alta estima; y quienes han intentado empañar su memoria y minimizar el valor de su obra, alcanzarán grandes alturas si se les concede el deseo de que jamás merezcan una condena peor.

En nada se justifica más plenamente a Madame Blavatsky que en la explicación y refutación que ella ofreció en La Doctrina Secreta sobre la errónea teoría de Marte y Mercurio, publicada originalmente en el libro "Buddhismo Esotérico".

Los detalles de esta antigua controversia son bien conocidos por los teósofos, y es afortunado que la publicación en este volumen de la carta, originalmente tan malinterpretada por el Sr. Sinnett, refute definitivamente las críticas que se le hicieron a Madame Blavatsky al respecto.

Resulta sorprendente que los teósofos hayan seguido permitiendo la difusión de la idea de que Marte y Mercurio pertenecen a la misma cadena planetaria que la Tierra, pues los hechos demuestran lo contrario.

Es obvio para el astrólogo, si no para los estudiosos de otras ramas de la ciencia oculta, que tal teoría debe sembrar la confusión en todo sistema y escala de correspondencia del Sistema Solar, un hecho que basta para demostrar su falsedad.

Pero la mera exposición de los hechos no basta, y es necesario examinar la controversia en detalle desde el principio. Quienes deseen profundizar en el tema pueden consultar el documento incluido en el apéndice al final de este volumen. Allí, el autor de este texto aborda exhaustivamente todos los hechos y llega a una conclusión definitiva.




Epílogo

En la vida de la Sociedad Teosófica, un ciclo se cierra, y antes de que el lector abra este volumen, habrá llegado a su inevitable conclusión. Deja tras de sí un legado de acciones que hubieran sido mejor no haber realizado, y un registro de celo mal entendido y oportunidades desperdiciadas del que pocos pueden enorgullecerse.

La vigorosa nueva vida del ciclo naciente que comienza a fluir por las venas del antiguo cuerpo, ha objetivado y puesto de manifiesto necesariamente todo aquello que contenía y que era subversivo para el verdadero progreso.

Si el Maestro KH ha dicho que « la Sociedad jamás perecerá, aunque sí lo hagan las Ramas y los individuos que la integran », también debemos recordar las palabras de aquel otro Maestro:

« El vino nuevo no se puede verter en odres viejos, y quien quiera encontrar su vida deberá perderla primero.

Manténganse alerta ante la hipocresía, pues nada oculto no será revelado, ni nada secreto no será dado a conocer; y todo lo que se ha dicho en la oscuridad se oirá a la luz, y lo que se ha susurrado en las cámaras se proclamará desde las azoteas. Se acercan días en que no quedará piedra sobre piedra sin ser derribada.

Tengan cuidado de no ser engañados, pues muchos vendrán en Mi Nombre diciendo: “Yo soy Él, y el tiempo está cerca”; pero no los sigan. Y cuando oigan hablar de guerras y disturbios, no teman; estos tienen que venir primero, pero el fin aún no ha llegado. Porque estos son los días de la venganza divina.

Y habrá señales en el Sol, la Luna y las Estrellas, mientras que en la Tierra habrá consternación. y desconcierto ante el rugido del mar y las olas, los hombres desfallecerán de miedo y presentimiento ante lo que ha de suceder en el universo. Porque los cielos se estremecerán, y entonces verán al Hijo del Hombre viniendo con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, alzad la vista, porque vuestra liberación no está lejos.

De la inevitable ruina surgirá una forma digna de inmortalidad. Que aquellos que subieron la colina y contemplaron la visión, y que en ese aire puro y dulce escucharon la nota clave del ciclo naciente, se aferren a ella y recuerden en los días venideros la dulzura, la belleza y la verdad que han visto. »


A. TREVOR BARKER,
Miembro de la Sociedad Teosófica.*
Londres, septiembre de 1923.

(* Dado que la situación en la Sociedad Teosófica había empeorado progresivamente, el autor renunció a su membresía en abril de 1925.)


Nota de Cid

La Sociedad Teosófica de Adyar posteriormente decidió publicar el libro "Las Cartas Mahatma" pero eliminó esta introducción porque resalta el charlatanismo de Charles Leadbeater, Annie Besant y sus secuaces.







PREFACIO DE LA PRIMERA EDICIÓN

Como se puede observar en el índice, las cartas están organizadas en siete secciones y un apéndice. Las primeras contienen únicamente cartas de los Mahatmas, mientras que en el apéndice se han añadido algunas cartas de tres discípulos de los Mahatmas M. y KH: H.P. Blavatsky, T. Subba Row y Damodar K. Mavalankar, no solo por su valor intrínseco, sino también porque ayudan a esclarecer cuestiones que surgen en la parte principal del libro y que, de otro modo, quedarían sin resolver.

Las siete secciones se presentan como divisiones más o menos naturales, pero conviene recordar que dado que las cartas de una sección suelen contener información relacionada con las demás, es inevitable que exista una considerable superposición. No obstante, se ha hecho un esfuerzo y eso es lo mejor que se puede decir.

El contenido de cada sección está ordenado cronológicamente, en la medida de lo posible, según el orden de recepción. El lector debe tener en cuenta que salvo una o dos excepciones, ninguna de las cartas fue fechada por sus autores. Sin embargo en muchas de ellas, las fechas y los lugares de recepción se han anotado de puño y letra del Sr. Sinnett, y aparecen en letra pequeña justo debajo de los números de carta.

Debe entenderse claramente que salvo que se indique lo contrario:

1. Cada carta ha sido transcrita directamente del original.

2. Todas las cartas fueron escritas a AP Sinnett [y algunas a AO Hume].

3. Todas las notas a pie de página son copias de notas que aparecen en las propias cartas y pertenecen a ellas, a menos que estén firmadas (Ed.), en cuyo caso han sido añadidas por el compilador.

A lo largo de este volumen se utilizan numerosos términos propios de la terminología budista, hindú y teosófica. Para quienes no estén familiarizados con estos términos, se recomienda consultar el excelente glosario de "La Clave de la Teosofía" de H.P. Blavatsky y también "El Glosario Teosófico" que es otra publicación de la misma autora.

Se ruega al lector que confíe en que se ha puesto el máximo cuidado en la transcripción; el manuscrito completo se ha cotejado palabra por palabra con los originales y se ha hecho todo lo posible para evitar errores. Sin embargo, probablemente sea demasiado optimista esperar que el libro impreso no contenga errores, ya que estos son prácticamente inevitables.

En caso de que el lector tenga alguna duda sobre si algún pasaje en particular se ha copiado correctamente del original, el compilador desea informar que con gusto atenderá cualquier correspondencia sobre el tema que se le dirija a través de la editorial.

En conclusión, el compilador expresa su más sincero agradecimiento a quienes, con su ayuda, hicieron posible la realización de su tarea.

ATB






PREFACIO DE LA SEGUNDA EDICIÓN

Se debe explicar al lector por qué se consideró necesaria una edición revisada de este libro, así como la naturaleza y el alcance de las correcciones realizadas en el texto de la edición original. El libro se ofreció al público de buena fe como una transcripción fiel de los documentos originales, textual y sin omisiones.

Pero tras haber tenido la oportunidad recientemente de cotejar ciertas cartas con los originales, el compilador descubrió que se habían introducido numerosos errores, tantos que hicieron necesaria una revisión completa y exhaustiva de toda la obra.

El resultado de cotejar el texto con los originales ha revelado lo siguiente:

1. La mayoría de las diferencias son insignificantes y triviales, y no afectan en absoluto el sentido de los pasajes en cuestión; es decir, se trata de mayúsculas, puntuación, etc. A veces, las abreviaturas se escriben completas, por ejemplo, "through" en lugar de "thro'"; y a veces, las palabras sustituyen a los números, por ejemplo, fourth en lugar de 4th. También hay cinco o seis casos de errores en la división de párrafos.

2. Por otro lado, hay una larga lista de correcciones que lamentablemente afectan el significado: (a) palabras escritas incorrectamente en cursiva; (b) palabras omitidas o transcritas incorrectamente, y (c) la más grave de todas, la Carta No. 13, en la que una página del original fue transcrita fuera de su posición correcta, lo que requiere la reorganización de las Respuestas 4 y 6.

La intención original era presentar las cartas impresas exactamente como en los originales, y la presente edición es un intento de plasmar esa intención original en la medida de lo posible. Sin embargo debe tenerse en cuenta que el material debe adaptarse a la imprenta, para la cual no fueron escritos los originales, y es esencial una mínima edición para que el volumen sea legible. Por lo tanto las correcciones realizadas en la edición revisada en comparación con la primera edición son las siguientes:

a) Puntuación. Cuando el texto impreso difiere del original en detrimento de este último, se ha corregido de acuerdo con el original. En algunas oraciones que carecían de puntuación, se ha añadido para facilitar la comprensión del pasaje.

Las mayúsculas se han modificado de acuerdo con los originales en la medida de lo posible, pero con frecuencia es difícil determinar si una mayúscula fue intencionada o no, y el compilador ha hecho uso de su criterio en este aspecto.

Abreviaturas. Cuando se han escrito completas, no se han modificado.

Números. Cuando el texto tiene el equivalente exacto en palabras, no se ha realizado ningún cambio.

Se han modificado párrafos en dos o tres lugares donde era posible hacerlo sin afectar la paginación.

Ortografía. Cuando una palabra está escrita correctamente en el texto pero obviamente mal escrita en el original, no se ha realizado ningún cambio.

b) Omisiones y cursivas. Se han insertado todas las palabras previamente omitidas y se han corregido todos los errores en cursiva y las palabras mal transcritas.

Ocasionalmente, se encontrará una palabra entre corchetes pequeños; esto siempre indica que la palabra no está en el original, pero es necesaria para la comprensión del pasaje.

Notas. Cuando se ha omitido una nota en el sobre o la portada de una carta, esta se ha incluido debajo del número de carta o como una nota al pie.

Sánscrito. En las cartas n.° 1, 4, 132 y 87, aparece una frase en sánscrito o caracteres orientales debajo de las firmas.

En la Carta N.º 59, se han añadido los equivalentes en sánscrito de las palabras "Mahakasha" y "gunas", tal como en los originales, y también una palabra en la Carta N.º 85.

Carta nº 13. Las respuestas 4 y 6 se han reordenado de acuerdo con el original.

Apéndice. Se han añadido tres fragmentos de los escritos de KH que se omitieron inadvertidamente en la primera edición, y se ha modificado ligeramente el tratamiento de la controversia sobre Marte y Mercurio.

Índice. Ha sido revisado de acuerdo con el texto corregido.

Con profundo pesar y preocupación, el compilador debe confesar que la ineficiencia de su trabajo ha hecho necesaria la revisión de la edición, y como atenuante, solo cabe decir que las dificultades de transcripción fueron muy grandes. Él es el único responsable de los errores cometidos y considera que su acción de revisar la obra completa es la única coherente con su deber y responsabilidad.

ATB

Enero de 1926.










LA PRIMERA CARTA DEL MAESTRO KUTHUMI PARA ALFRED SINNETT



Esta es la primera carta que el maestro Kuthumi le escribió a Alfred Sinnett, quien en ese entonces trabajaba como el editor jefe del periódico indio Pioneer, que era utilizado por el gobierno británico como su medio de difusión.





ANTECEDENTE

Sinnett en su libro "El Mundo Oculto" (p. 92-95) explicó que en la primera carta que le escribió al maestro Kuthumi, le expresó que a pesar de su convicción de que los fenómenos realizados por Blavatsky (con ayuda de los maestros) durante el verano de 1880 en Simla, India, eran auténticos (ver link).

Pero Sinnett sentía que esos fenómenos no contaban con las salvaguardas necesarias y que por consiguiente cualquier escéptico pondría en duda su validez, y es por eso que Sinnett anhelaba que se produjera un fenómeno que como él mismo expresó, "no dejara lugar a ninguna sospecha de impostura", y por eso propuso una prueba que, según él, sería absolutamente infalible y que convencería incluso al escéptico más acérrimo. Esta consistía en la materialización en Londres del periódico Pioneer publicado ese día en la India, y vice-versa.

Ya que en aquel entonces, Londres e India estaban separados por al menos un mes por cualquier medio de comunicación que no fuera el telégrafo, y obviamente habría sido imposible que todo el contenido del Times se telegrafiara a India antes de su publicación en Londres y apareciera impreso en India al mismo tiempo que en Londres.


Tras escribir la carta y entregársela a Blavatsky, pasó un día o dos antes de que Sinnett supiera algo sobre su destino. Finalmente Blavatsky le comunicó que recibiría una respuesta. Esto lo animó tanto que se sentó a escribir una segunda carta, pues sentía que quizás la primera no había sido lo suficientemente convincente para persuadir a su corresponsal.

Al cabo de otro día, una tarde encontró sobre su escritorio la primera carta del maestro Kuthumi donde él le respondía a ambas cartas.







LA RESPUESTA QUE LE DIO KUTHUMI

Sinnett laboraba en Allahabad pero para evitar la canícula pasaba el verano en Simla, y fue ahí alrededor del 15 de octubre de 1880 que recibió esta carta que el maestro Kuthumi la había escrito desde el Monasterio de Toling, el cual se encontraba a una distancia relativamente cerca de Simla, al otro lado de la frontera en el Tíbet.

Añadí subtítulos para especificar los diferentes temas que Kuthumi aborda, y entre corchetes añadí comentarios explicativos.

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Estimado hermano y amigo,

Precisamente porque la prueba del periódico en Londres le cerraría la boca a los escépticos — es algo impensable que no debemos considerar.

De cualquier manera que lo vea — el mundo todavía se encuentra en su primera etapa de emancipación, si no de desarrollo; y por lo tanto aún no está preparado.

Es cierto que nos regimos por medios y leyes naturales, no sobrenaturales. Pero dado que por un lado, la ciencia se vería incapaz (en su estado actual) de explicar las maravillas que lleva su nombre, y por el otro, las masas ignorantes seguirían viendo el fenómeno como un milagro, todo aquel que presenciara el suceso perdería la cordura y las consecuencias serían deplorables.

Créame, así sería, especialmente para usted, que originó la idea, y para la mujer devota [Blavatsky] que tan ingenuamente se precipita hacia la puerta abierta que conduce a la notoriedad. Esta puerta, aunque abierta por una mano tan amable como la suya, pronto se convertiría en una trampa, y una fatal para ella. ¿Y seguramente tal no es ese vuestro objetivo?

¡Qué locos son aquellos que especulando solo sobre el presente, cierran los ojos al pasado cuando ya están predispuestos a permanecer ciegos al futuro!

Yo sería incapaz de incluirlo entre ellos, por lo tanto intentaré explicarles. Si llegáramos a acceder a sus deseos, ¿sabe realmente cuáles serían las consecuencias que vendrían detrás del éxito?

La sombra inexorable que sigue a todas las innovaciones humanas avanza, pero pocos son los que son conscientes de su llegada y sus peligros. ¿Qué pueden esperar, entonces, aquellos que ofrecen al mundo una innovación que debido a la ignorancia humana, si se cree en ella, seguramente se atribuirá a esas fuerzas oscuras en las que creen y a las que temen dos tercios de la humanidad?

Usted dice que la mitad de Londres se convertiría [en teósofos] si usted pudiera entregarles un ejemplar del periódico indio Pioneer el mismo día de su publicación. Pero le aseguro que si la gente creyera que ese fenómeno es cierto, lo matarían antes de que usted pudiera dar la vuelta a Hyde Park [creyendo que fue una obra del diablo]; y si no lo creyeran, lo mínimo que podría suceder sería la pérdida de vuestra reputación y buen nombre por propagar tales ideas.

El éxito de un intento como el que propone debe calcularse y basarse en un conocimiento profundo de la gente que le rodea. Depende enteramente de las condiciones sociales y morales de la gente en relación con estas cuestiones profundas y misteriosas que pueden conmover la mente humana: los poderes divinos en el hombre y las posibilidades contenidas en la naturaleza.

¿Cuántos, incluso de vuestros mejores amigos, de los que le rodean, están interesados ​​más que superficialmente en estos problemas abstrusos?

Podría contarlos con los dedos de vuestra mano derecha. Vuestra raza se jacta de haber liberado en su siglo el genio, durante tanto tiempo aprisionado en el estrecho recipiente del dogmatismo y la intolerancia: el genio del conocimiento, la sabiduría y el librepensamiento.

Usted dice que a su vez, el prejuicio ignorante y el fanatismo religioso, embotellados como el malvado genio de antaño y sellados por los "Salomones de la Ciencia", reposan en el fondo del mar y jamás podrán, escapando a la superficie, reinar sobre el mundo como lo hicieron en tiempos antiguos; que la mente pública es completamente libre (en resumen) y está dispuesta a aceptar cualquier verdad demostrada.

Sí; ¿Pero es realmente así, mi estimado amigo?





La ciencia misma ha atacado a los científicos que han cuestionado los dogmas que ella tiene

El conocimiento experimental no data precisamente de 1662, cuando Bacon, Robert Boyle y el obispo de Chester transformaron, bajo carta real, su "Colegio Invisible" en una Sociedad para la promoción de la ciencia experimental.

Siglos antes de que la Royal Society se convirtiera en realidad según el plan del "Esquema Profético", un anhelo innato por lo oculto, un amor apasionado por la naturaleza y su estudio habían llevado a los hombres de cada generación a intentar desentrañar sus secretos más profundamente que sus vecinos.

"Roma ante Romulum fuit" [Roma existía antes de Rómulo (el fundador de Roma)] — es un axioma que enseñan en vuestras escuelas inglesas. Las investigaciones abstractas sobre los problemas más desconcertantes no surgieron en la mente de Arquímedes como un tema espontáneo e inexplorado hasta entonces, sino más bien como un reflejo de investigaciones previas en la misma dirección, realizadas por hombres separados de su época por un período tan largo —o mucho más largo— que el que os separa del gran siracusano.

El vril de la "Raza Venidera" era propiedad común de razas ahora extintas. Y como ahora se cuestiona la existencia misma de esos gigantescos ancestros nuestros (aunque en los Himavats [Himalayas], en el mismo territorio que les pertenece, tenemos una cueva llena de esqueletos de esos gigantes) y sus enormes cuerpos, cuando se encuentran, son invariablemente considerados rarezas aisladas de la naturaleza; así también el vril o Akas —como lo llamamos— es visto como una imposibilidad, un mito.

Y sin un conocimiento profundo de Akas, ¿Cómo puede la ciencia, con sus combinaciones y propiedades, explicar tales fenómenos?

No dudamos de que los científicos están abiertos a la convicción; sin embargo, primero deben demostrarse los hechos, primero deben convertirse en su propia propiedad, deben ser susceptibles a sus propios métodos de investigación, antes de que estén dispuestos a admitirlos como hechos.

Con solo leer el prefacio de la "Micrographia" encontrará en las sugerencias de Robert Hooke [quien escribió ese libro] que las relaciones íntimas de los objetos eran, a su juicio, menos importantes que su operación externa sobre los sentidos, y los magníficos descubrimientos de Newton encontraron en él a su mayor adversario.

Los Hookes modernos abundan, y al igual que ese hombre erudito pero ignorante de antaño, los científicos modernos están menos interesados ​​en sugerir una conexión física de los hechos que podría revelarles muchas fuerzas ocultas en la naturaleza, que en proporcionar una conveniente "clasificación de los experimentos científicos"; de modo que la cualidad más esencial de una hipótesis no es que sea verdadera, sino simplemente plausible, en su opinión.

Hasta aquí la ciencia, en lo que sabemos de ella. En cuanto a la naturaleza humana en general, sigue siendo la misma que hace millones de años: prejuicios basados ​​en el egoísmo; una renuencia general a abandonar el orden establecido por nuevos modos de vida y pensamiento (y el estudio de lo oculto exige todo eso y mucho más); orgullo y una resistencia obstinada a la verdad si esta perturba sus ideas preconcebidas.

Tales son las características de vuestra época, y especialmente de las clases medias y bajas. ¿Cuáles serían entonces los resultados de los fenómenos más asombrosos, suponiendo que consintiéramos en que se produjeran?

Por mucho éxito que tuvieran, el peligro aumentaría proporcionalmente. Pronto no quedaría más remedio que seguir adelante, en un crescendo constante, o sucumbir en esta lucha interminable contra el prejuicio y la ignorancia, aniquilados por vuestras propias armas. Se requerirían y se tendrían que realizar prueba tras prueba; se esperaría que cada fenómeno posterior fuera más maravilloso que el anterior.

Vuestra observación cotidiana es que no se puede esperar que uno crea a menos que sea testigo presencial. Pero le pregunto: ¿Bastaría la vida de un hombre para convencer al mundo entero de escépticos?

Quizás sea fácil aumentar el número original de creyentes en Simla a cientos o miles. ¿Pero qué hay de los cientos de millones de personas que no pudieron ser testigos presenciales?

Los ignorantes, incapaces de comprender a los agentes invisibles, podrían algún día desatar su ira contra los agentes visibles que actúan; las clases altas y educadas seguirían sin creer, como siempre, criticándolos duramente como antes.

Al igual que muchos, nos culpan de nuestro gran secretismo. Sin embargo, conocemos algo de la naturaleza humana, pues la experiencia de largos siglos —sí, incluso de eras— nos lo ha enseñado. Y sabemos que mientras la ciencia tenga algo que aprender y la sombra del dogmatismo religioso persista en los corazones de las multitudes, los prejuicios del mundo deben vencerse paso a paso, sin prisas.

Así como la remota antigüedad tuvo más de un Sócrates, el futuro lejano dará a luz a más de un mártir.

La ciencia emancipada apartó con desdén su rostro de la opinión copernicana que renovaba las teorías de Aristarco Samius, quien "afirma que la Tierra se mueve circularmente alrededor de su propio centro" años antes de que la Iglesia intentara sacrificar a Galileo como un holocausto a la Biblia.

El matemático más capaz de la corte de Eduardo VI, Robert Recorde, fue dejado morir de hambre en la cárcel por sus colegas, quienes se burlaron de su obra "Castillo del Conocimiento" declarando sus descubrimientos como «vanas fantasías».

William Gilbert de Colchester —médico de la reina Isabel— murió envenenado, solo porque este verdadero fundador de la ciencia experimental en Inglaterra tuvo la audacia de anticiparse a Galileo; de señalar la falacia de Copérnico respecto al «tercer movimiento», que se alegaba gravemente que explicaba el paralelismo del eje de rotación de la Tierra.

El inmenso saber de los Paracelso, los Agripa y los Dees siempre fue puesto en duda. Fue la ciencia la que puso su mano sacrílega sobre la gran obra "De Magnete" — "La Virgen Blanca Celestial" (Akas) — y otras. Y fue el ilustre «Canciller de Inglaterra y de la Naturaleza» —Lord Verulam-Bacon— quien, habiéndose ganado el nombre de Padre de la Filosofía Inductiva, se permitió referirse a hombres como los antes mencionados como los «alquimistas de la filosofía fantástica».

Todo esto es historia antigua, pensará usted. En efecto, pero las crónicas de nuestros días no difieren sustancialmente de las de sus predecesores. Basta con recordar las recientes persecuciones de médiums en Inglaterra, la quema de supuestas brujas y hechiceros en Sudamérica, Rusia y las fronteras de España, para asegurarnos de que la única salvación de los auténticos expertos en ciencias ocultas reside en el escepticismo del público: los charlatanes y los impostores son el escudo natural de los "adeptos".

La seguridad pública solo se garantiza manteniendo en secreto las terribles armas que, de otro modo, podrían usarse contra ella y que, como ya se le ha dicho, se volvieron letales en manos de los malvados y egoístas.

Concluyo recordándoles que fenómenos como los que anhela siempre han estado reservados como recompensa para quienes han dedicado sus vidas a servir a la diosa Saraswati [en el hinduismo es la diosa de la sabiduría], nuestra Isis aria. Y si se les concediera a los profanos, ¿qué quedaría para nuestros fieles?

Muchas de sus sugerencias son muy razonables y serán consideradas. Escuché atentamente la conversación que tuvo lugar en casa del Sr. Hume. Sus argumentos son impecables desde el punto de vista de la sabiduría exotérica.

Pero cuando llegue el momento y se le permita vislumbrar plenamente el mundo del esoterismo, con sus leyes basadas en cálculos matemáticamente precisos del futuro —los resultados necesarios de las causas que siempre podemos crear y moldear a nuestra voluntad, pero cuyas consecuencias, que se convierten así en nuestras amos, no podemos controlar—, solo entonces, tanto ustedes como él, comprenderán por qué, para los no iniciados, nuestros actos a menudo pueden parecer imprudentes, si no directamente insensatos.





Acerca de los fenómenos que recientemente Blavatsky había producido

Su próxima carta no podré responderla completamente sin consultar a quienes [entre nuestros adeptos] tratan con los místicos europeos. Además, la presente carta debe satisfacerle en muchos puntos que usted definió mejor en la anterior; pero sin duda también le decepcionará.

En cuanto a la producción de fenómenos que han nuevamente ideados y aún más sorprendentes que se le exigen [a Blavatsky] con nuestra ayuda, usted como hombre familiarizado con la estrategia, debe conformarse con la reflexión de que de poco sirve adquirir nuevas posiciones hasta que las que ya ha alcanzado estén aseguradas y sus enemigos sean plenamente conscientes de su derecho a poseerlas.

En otras palabras, usted y sus amigos experimentaron una mayor variedad de fenómenos que muchos neófitos comunes en varios años. Primero notifique al público sobre la producción de la nota, la copa y los diversos experimentos con los papeles para enrollar cigarrillos, y deje que los asimilen. Haga que busquen una explicación.

(El maestro Kuthumi se refiere a los fenómenos que produjeron a través de Blavatsky cuando ella visitó al Sr. Sinnett en Simla.)

Y salvo bajo la acusación directa y absurda de engaño, jamás podrán explicar algunos de estos hechos, mientras que los escépticos están bastante satisfechos con su hipótesis actual sobre la producción del broche, entonces usted habrá hecho un verdadero bien a la causa de la verdad y la justicia para la mujer que sufre por ello [Blavatsky].

Aislado como usted está en el Pioneer, el caso de la noticia resultará sin ningún valor; es francamente perjudicial para todos ustedes, tanto para usted como editor de ese periódico como para cualquier otra persona, si me permite ofrecerle lo que parece un consejo.

(El Sr. Sinnett publicó en el Pioneer el relato de esos fenómeno que él y sus amigos presenciaron.)

No es justo ni para usted ni para ella que porque el número de testigos presenciales no parece suficiente para justificar la atención pública, su testimonio y el de su esposa no sirvan para nada. Varios casos que se combinan para fortalecer su posición como testigo veraz e inteligente de los diversos sucesos, cada uno de ellos le otorga un derecho adicional a afirmar lo que sabe. Le impone el sagrado deber de instruir al público y prepararlo para futuras posibilidades, abriéndole gradualmente los ojos a la verdad.

No se debe perder la oportunidad por falta de confianza en el propio derecho a afirmar la verdad, como la que tenía Sir Donald Stewart. Un testigo de reconocida reputación tiene más peso que el testimonio de diez desconocidos; y si hay alguien en la India que sea respetado por su fiabilidad, es el editor del Pioneer.

Recordemos que solo se dijo que una mujer histérica estuvo presente en la supuesta ascensión, y que el fenómeno nunca se ha corroborado mediante repeticiones. Sin embargo, durante casi dos mil años, incontables millones de personas han depositado su fe en el testimonio de esa mujer, y no precisamente por su fiabilidad.

Inténtelo; primero trabaje con el material que tiene, y luego seremos los primeros en ayudarle a obtener más pruebas. Hasta entonces, créame, siempre su sincero amigo.

Koot' Hoomi Lal Singh






RESUMEN DE LA CARTA

En resumen el maestro Kuthumi le dijo al Sr. Sinnett que ese fenómeno que propuso que Blavatsky produjera en Londres no había de efectuarlo porque el mundo (tanto la gente como los científicos) todavía no estaban preparados para lidiar con ello; y que si quería ayudar a la causa, comenzara por una divulgación progresiva de los fenómenos que ya había presenciado.






LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS

Para satisfacer el deseo de Sinnett de ver un fenómeno irrefutable, el maestro Kuthumi efectuó otro fenómeno que les detallo en este otro capítulo (ver link).






HISTORIA DE LA PUBLICACIÓN DE ESTA CARTA

1) Primero Sinnett publicó parte de esta carta en su libro "El Mundo Oculto" (1881).

2) Luego Alfred Trevor Barker la publicó completa en el libro "Las Cartas Mahatmas" (1923), es la carta nº 1, p.1-6.

3) Actualmente la carta original se encuentra en el folio 1 de la Biblioteca Británica.






FACSIMILE

Pueden ver las fotos a color de las doce páginas que componen esta carta en la web Theosophy Wiki (ver link).

Abajo solo les pongo la última página:









DESCRIPCIÓN FÍSICA DE ESTA CARTA

George Linton y Virginia Hanson en su libro "Guía de Lectura de las Cartas del Mahatma a AP Sinnett" dicen lo siguiente sobre esta carta:

« Está escrita con tinta negra apagada, en ambas caras de papel blanco. Hay algunas manchas y tachaduras, y en algunos casos, palabras tachadas. En la esquina inferior derecha de la primera página hay tres puntos rojos bastante grandes en forma de triángulo con una pequeña marca de tinta debajo que parece una inicial. La firma está escrita con una tinta ligeramente más negra que el texto, y la caligrafía no es exactamente la misma. Esta característica se observa en varias de las cartas anteriores. »
(p.35)



Geoffrey Barborka describe esta carta en su libro "Los Mahatmas y sus Cartas" de la siguiente manera:

« Al observar el documento original, que ahora se conserva en el Museo Británico, lo primero que llama la atención es la calidad del papel: fino, casi transparente; se trata de papel de arroz. En aquella época, solo se conseguía en Oriente. El tamaño del papel de arroz es de ocho pulgadas y media por diez pulgadas y media [21,6 x 26,7 cm].

En cuanto a la caligrafía, se la podría describir como una escritura fluida, con letras grandes y bien formadas, de fácil lectura.

El anverso y el reverso de las dos primeras hojas de papel evidencian una caligrafía cuidadosamente elaborada. La tercera hoja muestra que fue preparada con prisa; el anverso de la cuarta, aún más. Pero al voltear la cuarta hoja, las últimas siete líneas de la página destacan claramente... Se observa un cambio notable; es como si otro amanuense hubiera tomado el relevo. Se nota, en primer lugar, porque el color de lo que parece ser tinta en el papel es más oscuro, más negro que el marrón negruzco de las hojas anteriores.

Pero un rasgo aún más llamativo es este: aunque la frase al pie de la página no estaba terminada... ¡las primeras seis líneas de la siguiente hoja de papel están escritas en otro tipo de caligrafía!

La firma al final de esta carta es digna de mención. Está escrita en una caligrafía completamente diferente.

Donde se han realizado correcciones, se observa una ligera mancha en el reverso, resultado de la eliminación de una palabra o incluso una letra del papel, y posterior sustitución sobre la decoloración. Esto se debe a que las Cartas de Mahatma no fueron escritas a mano, sino impresas o grabadas en el propio papel. »
(p. 87-90 y 124, extractos)