Esta es la primera carta que el maestro Kuthumi le escribió a Alfred Sinnett, quien en ese entonces trabajaba como el editor jefe del periódico indio Pioneer, que era utilizado por el gobierno británico como su medio de difusión.
ANTECEDENTE
Sinnett en su libro "El Mundo Oculto" (p. 92-95) explicó que en la primera carta que le escribió al maestro Kuthumi, le expresó que a pesar de su convicción de que los fenómenos realizados por Blavatsky (con ayuda de los maestros) durante el verano de 1880 en Simla, India, eran auténticos (ver link).
Pero Sinnett sentía que esos fenómenos no contaban con las salvaguardas necesarias y que por consiguiente cualquier escéptico pondría en duda su validez, y es por eso que Sinnett anhelaba que se produjera un fenómeno que como él mismo expresó, "no dejara lugar a ninguna sospecha de impostura", y por eso propuso una prueba que, según él, sería absolutamente infalible y que convencería incluso al escéptico más acérrimo. Esta consistía en la materialización en Londres del periódico Pioneer publicado ese día en la India, y vice-versa.
Ya que en aquel entonces, Londres e India estaban separados por al menos un mes por cualquier medio de comunicación que no fuera el telégrafo, y obviamente habría sido imposible que todo el contenido del Times se telegrafiara a India antes de su publicación en Londres y apareciera impreso en India al mismo tiempo que en Londres.
Tras escribir la carta y entregársela a Blavatsky, pasó un día o dos antes de que Sinnett supiera algo sobre su destino. Finalmente Blavatsky le comunicó que recibiría una respuesta. Esto lo animó tanto que se sentó a escribir una segunda carta, pues sentía que quizás la primera no había sido lo suficientemente convincente para persuadir a su corresponsal.
Al cabo de otro día, una tarde encontró sobre su escritorio la primera carta del maestro Kuthumi donde él le respondía a ambas cartas.
LA RESPUESTA QUE LE DIO KUTHUMI
Sinnett laboraba en Allahabad pero para evitar la canícula pasaba el verano en Simla, y fue ahí alrededor del 15 de octubre de 1880 que recibió esta carta que el maestro Kuthumi la había escrito desde el Monasterio de Toling, el cual se encontraba a una distancia relativamente cerca de Simla, al otro lado de la frontera en el Tíbet.
Añadí subtítulos para especificar los diferentes temas que Kuthumi aborda, y entre corchetes añadí comentarios explicativos.
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Estimado hermano y amigo,
Precisamente porque la prueba del periódico en Londres le cerraría la boca a los escépticos — es algo impensable que no debemos considerar.
De cualquier manera que lo vea — el mundo todavía se encuentra en su primera etapa de emancipación, si no de desarrollo; y por lo tanto aún no está preparado.
Es cierto que nos regimos por medios y leyes naturales, no sobrenaturales. Pero dado que por un lado, la ciencia se vería incapaz (en su estado actual) de explicar las maravillas que lleva su nombre, y por el otro, las masas ignorantes seguirían viendo el fenómeno como un milagro, todo aquel que presenciara el suceso perdería la cordura y las consecuencias serían deplorables.
Créame, así sería, especialmente para usted, que originó la idea, y para la mujer devota [Blavatsky] que tan ingenuamente se precipita hacia la puerta abierta que conduce a la notoriedad. Esta puerta, aunque abierta por una mano tan amable como la suya, pronto se convertiría en una trampa, y una fatal para ella. ¿Y seguramente tal no es ese vuestro objetivo?
¡Qué locos son aquellos que especulando solo sobre el presente, cierran los ojos al pasado cuando ya están predispuestos a permanecer ciegos al futuro!
Yo sería incapaz de incluirlo entre ellos, por lo tanto intentaré explicarles. Si llegáramos a acceder a sus deseos, ¿sabe realmente cuáles serían las consecuencias que vendrían detrás del éxito?
La sombra inexorable que sigue a todas las innovaciones humanas avanza, pero pocos son los que son conscientes de su llegada y sus peligros. ¿Qué pueden esperar, entonces, aquellos que ofrecen al mundo una innovación que debido a la ignorancia humana, si se cree en ella, seguramente se atribuirá a esas fuerzas oscuras en las que creen y a las que temen dos tercios de la humanidad?
Usted dice que la mitad de Londres se convertiría [en teósofos] si usted pudiera entregarles un ejemplar del periódico indio Pioneer el mismo día de su publicación. Pero le aseguro que si la gente creyera que ese fenómeno es cierto, lo matarían antes de que usted pudiera dar la vuelta a Hyde Park [creyendo que fue una obra del diablo]; y si no lo creyeran, lo mínimo que podría suceder sería la pérdida de vuestra reputación y buen nombre por propagar tales ideas.
El éxito de un intento como el que propone debe calcularse y basarse en un conocimiento profundo de la gente que le rodea. Depende enteramente de las condiciones sociales y morales de la gente en relación con estas cuestiones profundas y misteriosas que pueden conmover la mente humana: los poderes divinos en el hombre y las posibilidades contenidas en la naturaleza.
¿Cuántos, incluso de vuestros mejores amigos, de los que le rodean, están interesados más que superficialmente en estos problemas abstrusos?
Podría contarlos con los dedos de vuestra mano derecha. Vuestra raza se jacta de haber liberado en su siglo el genio, durante tanto tiempo aprisionado en el estrecho recipiente del dogmatismo y la intolerancia: el genio del conocimiento, la sabiduría y el librepensamiento.
Usted dice que a su vez, el prejuicio ignorante y el fanatismo religioso, embotellados como el malvado genio de antaño y sellados por los "Salomones de la Ciencia", reposan en el fondo del mar y jamás podrán, escapando a la superficie, reinar sobre el mundo como lo hicieron en tiempos antiguos; que la mente pública es completamente libre (en resumen) y está dispuesta a aceptar cualquier verdad demostrada.
Sí; ¿Pero es realmente así, mi estimado amigo?
La ciencia misma ha atacado a los científicos que han cuestionado los dogmas que ella tiene
El conocimiento experimental no data precisamente de 1662, cuando Bacon, Robert Boyle y el obispo de Chester transformaron, bajo carta real, su "Colegio Invisible" en una Sociedad para la promoción de la ciencia experimental.
Siglos antes de que la Royal Society se convirtiera en realidad según el plan del "Esquema Profético", un anhelo innato por lo oculto, un amor apasionado por la naturaleza y su estudio habían llevado a los hombres de cada generación a intentar desentrañar sus secretos más profundamente que sus vecinos.
"Roma ante Romulum fuit" [Roma existía antes de Rómulo (el fundador de Roma)] — es un axioma que enseñan en vuestras escuelas inglesas. Las investigaciones abstractas sobre los problemas más desconcertantes no surgieron en la mente de Arquímedes como un tema espontáneo e inexplorado hasta entonces, sino más bien como un reflejo de investigaciones previas en la misma dirección, realizadas por hombres separados de su época por un período tan largo —o mucho más largo— que el que os separa del gran siracusano.
El vril de la "Raza Venidera" era propiedad común de razas ahora extintas. Y como ahora se cuestiona la existencia misma de esos gigantescos ancestros nuestros (aunque en los Himavats [Himalayas], en el mismo territorio que les pertenece, tenemos una cueva llena de esqueletos de esos gigantes) y sus enormes cuerpos, cuando se encuentran, son invariablemente considerados rarezas aisladas de la naturaleza; así también el vril o Akas —como lo llamamos— es visto como una imposibilidad, un mito.
Y sin un conocimiento profundo de Akas, ¿Cómo puede la ciencia, con sus combinaciones y propiedades, explicar tales fenómenos?
No dudamos de que los científicos están abiertos a la convicción; sin embargo, primero deben demostrarse los hechos, primero deben convertirse en su propia propiedad, deben ser susceptibles a sus propios métodos de investigación, antes de que estén dispuestos a admitirlos como hechos.
Con solo leer el prefacio de la "Micrographia" encontrará en las sugerencias de Robert Hooke [quien escribió ese libro] que las relaciones íntimas de los objetos eran, a su juicio, menos importantes que su operación externa sobre los sentidos, y los magníficos descubrimientos de Newton encontraron en él a su mayor adversario.
Los Hookes modernos abundan, y al igual que ese hombre erudito pero ignorante de antaño, los científicos modernos están menos interesados en sugerir una conexión física de los hechos que podría revelarles muchas fuerzas ocultas en la naturaleza, que en proporcionar una conveniente "clasificación de los experimentos científicos"; de modo que la cualidad más esencial de una hipótesis no es que sea verdadera, sino simplemente plausible, en su opinión.
Hasta aquí la ciencia, en lo que sabemos de ella. En cuanto a la naturaleza humana en general, sigue siendo la misma que hace millones de años: prejuicios basados en el egoísmo; una renuencia general a abandonar el orden establecido por nuevos modos de vida y pensamiento (y el estudio de lo oculto exige todo eso y mucho más); orgullo y una resistencia obstinada a la verdad si esta perturba sus ideas preconcebidas.
Tales son las características de vuestra época, y especialmente de las clases medias y bajas. ¿Cuáles serían entonces los resultados de los fenómenos más asombrosos, suponiendo que consintiéramos en que se produjeran?
Por mucho éxito que tuvieran, el peligro aumentaría proporcionalmente. Pronto no quedaría más remedio que seguir adelante, en un crescendo constante, o sucumbir en esta lucha interminable contra el prejuicio y la ignorancia, aniquilados por vuestras propias armas. Se requerirían y se tendrían que realizar prueba tras prueba; se esperaría que cada fenómeno posterior fuera más maravilloso que el anterior.
Vuestra observación cotidiana es que no se puede esperar que uno crea a menos que sea testigo presencial. Pero le pregunto: ¿Bastaría la vida de un hombre para convencer al mundo entero de escépticos?
Quizás sea fácil aumentar el número original de creyentes en Simla a cientos o miles. ¿Pero qué hay de los cientos de millones de personas que no pudieron ser testigos presenciales?
Los ignorantes, incapaces de comprender a los agentes invisibles, podrían algún día desatar su ira contra los agentes visibles que actúan; las clases altas y educadas seguirían sin creer, como siempre, criticándolos duramente como antes.
Al igual que muchos, nos culpan de nuestro gran secretismo. Sin embargo, conocemos algo de la naturaleza humana, pues la experiencia de largos siglos —sí, incluso de eras— nos lo ha enseñado. Y sabemos que mientras la ciencia tenga algo que aprender y la sombra del dogmatismo religioso persista en los corazones de las multitudes, los prejuicios del mundo deben vencerse paso a paso, sin prisas.
Así como la remota antigüedad tuvo más de un Sócrates, el futuro lejano dará a luz a más de un mártir.
La ciencia emancipada apartó con desdén su rostro de la opinión copernicana que renovaba las teorías de Aristarco Samius, quien "afirma que la Tierra se mueve circularmente alrededor de su propio centro" años antes de que la Iglesia intentara sacrificar a Galileo como un holocausto a la Biblia.
El matemático más capaz de la corte de Eduardo VI, Robert Recorde, fue dejado morir de hambre en la cárcel por sus colegas, quienes se burlaron de su obra "Castillo del Conocimiento" declarando sus descubrimientos como «vanas fantasías».
William Gilbert de Colchester —médico de la reina Isabel— murió envenenado, solo porque este verdadero fundador de la ciencia experimental en Inglaterra tuvo la audacia de anticiparse a Galileo; de señalar la falacia de Copérnico respecto al «tercer movimiento», que se alegaba gravemente que explicaba el paralelismo del eje de rotación de la Tierra.
El inmenso saber de los Paracelso, los Agripa y los Dees siempre fue puesto en duda. Fue la ciencia la que puso su mano sacrílega sobre la gran obra "De Magnete" — "La Virgen Blanca Celestial" (Akas) — y otras. Y fue el ilustre «Canciller de Inglaterra y de la Naturaleza» —Lord Verulam-Bacon— quien, habiéndose ganado el nombre de Padre de la Filosofía Inductiva, se permitió referirse a hombres como los antes mencionados como los «alquimistas de la filosofía fantástica».
Todo esto es historia antigua, pensará usted. En efecto, pero las crónicas de nuestros días no difieren sustancialmente de las de sus predecesores. Basta con recordar las recientes persecuciones de médiums en Inglaterra, la quema de supuestas brujas y hechiceros en Sudamérica, Rusia y las fronteras de España, para asegurarnos de que la única salvación de los auténticos expertos en ciencias ocultas reside en el escepticismo del público: los charlatanes y los impostores son el escudo natural de los "adeptos".
La seguridad pública solo se garantiza manteniendo en secreto las terribles armas que, de otro modo, podrían usarse contra ella y que, como ya se le ha dicho, se volvieron letales en manos de los malvados y egoístas.
Concluyo recordándoles que fenómenos como los que anhela siempre han estado reservados como recompensa para quienes han dedicado sus vidas a servir a la diosa Saraswati [en el hinduismo es la diosa de la sabiduría], nuestra Isis aria. Y si se les concediera a los profanos, ¿qué quedaría para nuestros fieles?
Muchas de sus sugerencias son muy razonables y serán consideradas. Escuché atentamente la conversación que tuvo lugar en casa del Sr. Hume. Sus argumentos son impecables desde el punto de vista de la sabiduría exotérica.
Pero cuando llegue el momento y se le permita vislumbrar plenamente el mundo del esoterismo, con sus leyes basadas en cálculos matemáticamente precisos del futuro —los resultados necesarios de las causas que siempre podemos crear y moldear a nuestra voluntad, pero cuyas consecuencias, que se convierten así en nuestras amos, no podemos controlar—, solo entonces, tanto ustedes como él, comprenderán por qué, para los no iniciados, nuestros actos a menudo pueden parecer imprudentes, si no directamente insensatos.
Acerca de los fenómenos que recientemente Blavatsky había producido
Su próxima carta no podré responderla completamente sin consultar a quienes [entre nuestros adeptos] tratan con los místicos europeos. Además, la presente carta debe satisfacerle en muchos puntos que usted definió mejor en la anterior; pero sin duda también le decepcionará.
En cuanto a la producción de fenómenos que han nuevamente ideados y aún más sorprendentes que se le exigen [a Blavatsky] con nuestra ayuda, usted como hombre familiarizado con la estrategia, debe conformarse con la reflexión de que de poco sirve adquirir nuevas posiciones hasta que las que ya ha alcanzado estén aseguradas y sus enemigos sean plenamente conscientes de su derecho a poseerlas.
En otras palabras, usted y sus amigos experimentaron una mayor variedad de fenómenos que muchos neófitos comunes en varios años. Primero notifique al público sobre la producción de la nota, la copa y los diversos experimentos con los papeles para enrollar cigarrillos, y deje que los asimilen. Haga que busquen una explicación.
(El maestro Kuthumi se refiere a los fenómenos que produjeron a través de Blavatsky cuando ella visitó al Sr. Sinnett en Simla.)
Y salvo bajo la acusación directa y absurda de engaño, jamás podrán explicar algunos de estos hechos, mientras que los escépticos están bastante satisfechos con su hipótesis actual sobre la producción del broche, entonces usted habrá hecho un verdadero bien a la causa de la verdad y la justicia para la mujer que sufre por ello [Blavatsky].
Aislado como usted está en el Pioneer, el caso de la noticia resultará sin ningún valor; es francamente perjudicial para todos ustedes, tanto para usted como editor de ese periódico como para cualquier otra persona, si me permite ofrecerle lo que parece un consejo.
(El Sr. Sinnett publicó en el Pioneer el relato de esos fenómeno que él y sus amigos presenciaron.)
No es justo ni para usted ni para ella que porque el número de testigos presenciales no parece suficiente para justificar la atención pública, su testimonio y el de su esposa no sirvan para nada. Varios casos que se combinan para fortalecer su posición como testigo veraz e inteligente de los diversos sucesos, cada uno de ellos le otorga un derecho adicional a afirmar lo que sabe. Le impone el sagrado deber de instruir al público y prepararlo para futuras posibilidades, abriéndole gradualmente los ojos a la verdad.
No se debe perder la oportunidad por falta de confianza en el propio derecho a afirmar la verdad, como la que tenía Sir Donald Stewart. Un testigo de reconocida reputación tiene más peso que el testimonio de diez desconocidos; y si hay alguien en la India que sea respetado por su fiabilidad, es el editor del Pioneer.
Recordemos que solo se dijo que una mujer histérica estuvo presente en la supuesta ascensión, y que el fenómeno nunca se ha corroborado mediante repeticiones. Sin embargo, durante casi dos mil años, incontables millones de personas han depositado su fe en el testimonio de esa mujer, y no precisamente por su fiabilidad.
Inténtelo; primero trabaje con el material que tiene, y luego seremos los primeros en ayudarle a obtener más pruebas. Hasta entonces, créame, siempre su sincero amigo.
Koot' Hoomi Lal Singh
RESUMEN DE LA CARTA
En resumen el maestro Kuthumi le dijo al Sr. Sinnett que ese fenómeno que propuso que Blavatsky produjera en Londres no había de efectuarlo porque el mundo (tanto la gente como los científicos) todavía no estaban preparados para lidiar con ello; y que si quería ayudar a la causa, comenzara por una divulgación progresiva de los fenómenos que ya había presenciado.
LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS
Para satisfacer el deseo de Sinnett de ver un fenómeno irrefutable, el maestro Kuthumi efectuó otro fenómeno que les detallo en este otro capítulo (ver link).
HISTORIA DE LA PUBLICACIÓN DE ESTA CARTA
1) Primero Sinnett publicó parte de esta carta en su libro "El Mundo Oculto" (1881).
2) Luego Alfred Trevor Barker la publicó completa en el libro "Las Cartas Mahatmas" (1923), es la carta nº 1, p.1-6.
3) Actualmente la carta original se encuentra en el folio 1 de la Biblioteca Británica.
FACSIMILE
Pueden ver las fotos a color de las doce páginas que componen esta carta en la web Theosophy Wiki (ver link).
Abajo solo les pongo la última página:
DESCRIPCIÓN FÍSICA DE ESTA CARTA
George Linton y Virginia Hanson en su libro "Guía de Lectura de las Cartas del Mahatma a AP Sinnett" dicen lo siguiente sobre esta carta:
« Está escrita con tinta negra apagada, en ambas caras de papel blanco. Hay algunas manchas y tachaduras, y en algunos casos, palabras tachadas. En la esquina inferior derecha de la primera página hay tres puntos rojos bastante grandes en forma de triángulo con una pequeña marca de tinta debajo que parece una inicial. La firma está escrita con una tinta ligeramente más negra que el texto, y la caligrafía no es exactamente la misma. Esta característica se observa en varias de las cartas anteriores. »
(p.35)
Geoffrey Barborka describe esta carta en su libro "Los Mahatmas y sus Cartas" de la siguiente manera:
« Al observar el documento original, que ahora se conserva en el Museo Británico, lo primero que llama la atención es la calidad del papel: fino, casi transparente; se trata de papel de arroz. En aquella época, solo se conseguía en Oriente. El tamaño del papel de arroz es de ocho pulgadas y media por diez pulgadas y media [21,6 x 26,7 cm].
En cuanto a la caligrafía, se la podría describir como una escritura fluida, con letras grandes y bien formadas, de fácil lectura.
El anverso y el reverso de las dos primeras hojas de papel evidencian una caligrafía cuidadosamente elaborada. La tercera hoja muestra que fue preparada con prisa; el anverso de la cuarta, aún más. Pero al voltear la cuarta hoja, las últimas siete líneas de la página destacan claramente... Se observa un cambio notable; es como si otro amanuense hubiera tomado el relevo. Se nota, en primer lugar, porque el color de lo que parece ser tinta en el papel es más oscuro, más negro que el marrón negruzco de las hojas anteriores.
Pero un rasgo aún más llamativo es este: aunque la frase al pie de la página no estaba terminada... ¡las primeras seis líneas de la siguiente hoja de papel están escritas en otro tipo de caligrafía!
La firma al final de esta carta es digna de mención. Está escrita en una caligrafía completamente diferente.
Donde se han realizado correcciones, se observa una ligera mancha en el reverso, resultado de la eliminación de una palabra o incluso una letra del papel, y posterior sustitución sobre la decoloración. Esto se debe a que las Cartas de Mahatma no fueron escritas a mano, sino impresas o grabadas en el propio papel. »
(p. 87-90 y 124, extractos)
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