ARGUMENTOS QUE SUSTENTAN LA REENCARNACIÓN SEÑALADOS POR WILLIAM JUDGE


A menos de que neguemos la inmortalidad del humano y la existencia del alma, no hay argumentos sólidos en contra de la doctrina de la preexistencia y el renacimiento, salvo aquellos que se apoyan en las sentencias de la Iglesia de que cada alma es una nueva creación. Pero esta afirmación sólo puede ser apoyada por un dogmatismo ciego ya que si somos reflexivos, tarde o temprano tendremos que llegar a la teoría del renacimiento debido a que incluso si cada alma es nueva en esta tierra, debe seguir viviendo en algún lugar después de fallecer, y en vista del orden conocido de la naturaleza tendrá otros cuerpos en otros planetas o esferas.
 
La teosofía se aplica al yo (al pensador) y las mismas leyes se ven en operación en todas partes a lo largo de la naturaleza, y todas esas son variedades de la gran ley de que los efectos siguen causas y ningún efecto está sin causa.
 
La inmortalidad del alma en la que cree el grueso de la humanidad exige corporificación aquí o en otro lugar, y esta corporificación significa reencarnación. Si venimos a esta tierra por unos pocos años y luego vamos a otra, el alma debe estar corporificada allá al igual que aquí, y si hemos viajado desde algún otro mundo, debemos haber tenido allí también nuestra vestimenta adecuada.
 
Los poderes de la mente y las leyes que gobiernan su movimiento, su vinculación y su desvinculación, tal como se da en la filosofía teosófica, muestran que la recorporificación del humano debe ser aquí [en la Tierra] donde se desarrolló y trabajó, hasta que la mente sea capaz de vencer las fuerzas que lo atan a este globo.
 
Permitir que el ente involucrado se transfiera a otra escena de acción antes de que haya superado todas las causas que lo atraen aquí y sin que haya resuelto sus responsabilidades con las otras entidades en la misma corriente de evolución, sería injusto y contrario a las poderosas leyes ocultas y fuerzas que operan continuamente sobre él.
 
Los primeros Padres cristianos vieron esto y enseñaron que el alma había caído en la materia y estaba obligada por la ley de su naturaleza a trabajar de nuevo hacia arriba hasta el lugar de donde provenía. Y es por eso que ellos usaron un antiguo himno griego que decía:
 
Mente Eterna, tu retoño destella,
al traspasar este tenue vaso de arcilla,
y que a través de las olas del oscuro caos
emite un tímido rayo.
Esta mente, alma envolvente ha sembrado,
un germen, en la tierra ha encarnado:
Ten piedad, bendito Señor, y reconoce entonces
al que reclama en ti su nacimiento.
Tan lejos de ti, oh tu fuego central,
arrojado a la triste servidumbre de la tierra,
no dejes que expire la trémula chispa;
¡Absorbe por fin lo que es tuyo!
 
 
 
 
La personalidad de cada humano
 
Cada ser humano tiene un carácter definido y diferente de cualquier otro ser humano, y las multitudes que se congregan en naciones muestran como todos ellos forman un carácter nacional definido que son la fuerza nacional y las peculiaridades distintivas de cada país.
 
Estas diferencias, tanto individuales como nacionales, se deben a un carácter esencial y no a la educación. E incluso la doctrina de la supervivencia del más apto debería mostrar esto porque la aptitud no puede provenir de la nada, sino que a la postre es una exhibición de la llegada a la superficie del verdadero carácter interno. Y dado que tanto los individuos como las naciones entre los que están por delante en la lucha con la naturaleza exhiben una fuerza inmensa en su carácter, debemos encontrar un lugar y un momento donde se desarrolló esa característica.
 
Estos, dice la Teosofía, se han desarrollado en esta tierra y todo el período durante el cual la raza humana ha estado en el planeta.
 
Así entonces, aunque la herencia tiene algo que ver con la diferencia de carácter en cuanto a fuerza y moral, lo que influye un poco en el alma y la mente y proporciona también el lugar apropiado para recibir recompensa y castigo, no es la causa de la naturaleza esencial mostrada por todos. Sino que estas diferencias, como las que muestran los bebés desde que nacen, los adultos a medida que el carácter se manifiesta cada vez más, y las naciones a través de su historia, se deben a la larga experiencia adquirida durante muchas vidas sobre la tierra, y son el resultado de la evolución el alma misma.
 
El examen de una corta vida humana no ofrece suficiente base para la formación de la naturaleza interior del hombre, es indispensable que cada alma adquiera toda la experiencia posible, y una sola vida no puede proporcionar eso aún bajo las condiciones más favorables. Sería una tontería del Todopoderoso el situarnos aquí por tan corto tiempo, tan sólo para erradicarnos cuando hubiéramos empezado a ver el propósito de la vida y las posibilidades que la misma ofrece.
 
El simple deseo egoísta de una persona de evadir las pruebas y disciplinas de la vida, no es suficiente para poner de lado las leyes de la naturaleza, y por consiguiente el alma debe renacer hasta que deje de poner en movimiento la causa del renacimiento y después de haberse desarrollado hasta el máximo posible, según indican todas las variedades de la naturaleza humana, y cuando todas las experiencias hayan pasado y no antes de que toda la verdad accesible haya sido adquirida.
 
La gran disparidad que existe entre las personas con respecto a la capacidad que ellas tienen, nos obliga si es que deseamos atribuir justicia a la Naturaleza o a Dios, a admitir la doctrina de la reencarnación y a rastrear el origen de esa disparidad en las vidas pasadas del ego, pues la gente está tan obstaculizada, obstruida, atropellada y hecha víctima de una aparente injusticia por falta de capacidad, como de veras lo está por razones de circunstancias de nacimiento o de educación.
 
Vemos por ejemplo a quien no ha recibido educación elevándose por encima de las circunstancias de la familia y del aprendizaje, y a menudo a otros nacidos en el seno de familias importantes tener una capacidad inferior; pero los problemas de las naciones y de las familias surgen más de la escasez de capacidad mental que de ninguna otra causa, y si consideramos tan sólo las razas salvajes, en ellas la injusticia aparente es enorme porque muchos salvajes tienen realmente una buena capacidad cerebral, pero aún así permanecen en ese estado.
 
Esto se debe porque el ego que se encuentra en ese cuerpo está aún salvaje y subdesarrollado; ya que a diferencia del salvaje existen muchos hombres civilizados con una pequeña fuerza cerebral, pero que no son salvajes de naturaleza debido a que el ego que reside en ellos ha tenido una larga experiencia en la civilización durante vidas anteriores, y poseyendo un alma más altamente desarrollada que la del salvaje, tiene el poder de usar el instrumento cerebral hasta su límite más avanzado.
 
Cada humano siente y reconoce que posee una individualidad propia, una identidad personal que salva no sólo las lagunas o brechas causadas por el sueño, sino también aquéllas que a veces sobrevienen como consecuencia de lesiones temporales del cerebro. Esta identidad jamás se interrumpe desde el comienzo hasta el final de la vida en las personas normales, y únicamente la persistencia y carácter eterno del alma pueden dar una explicación de esto.
 
Así, desde que comenzamos a recordar, sabemos que nuestra identidad personal no nos ha fallado, no importa cuán limitada sea nuestra memoria. Y esto descarta el argumento de que la identidad depende del recuerdo, en razón de que si la identidad dependiera solo del recuerdo, entonces tendríamos que empezar cada día de nuevo ya que no podemos recordar los eventos del pasado en detalle, y algunas mentes no recuerdan sino muy poco y aún así sienten en sí mismas su identidad personal.
 
Y como se observa con frecuencia que las personas que recuerdan el mínimo insisten tan vigorosamente como las otras sobre su identidad personal, esa persistencia de sentimiento debe emanar de la antigua alma inmortal.
 
 
 
 
Una vida no es suficiente
 
Contemplando la vida y su probable finalidad con toda la variedad posible de experiencias para el ser humano, uno está forzado a la conclusión de que una sola vida no es suficiente para llevar a cabo todo lo que intenta la naturaleza, sin mencionar lo que el hombre mismo desea lograr, ya que la gama de experiencias es enorme.
 
Hay en el humano un inmenso campo de poderes latentes, que según notamos podrían ser desarrollados si les fuera dada la oportunidad. Un conocimiento infinito en amplitud y en diversidad se extiende ante nosotros, especialmente en estos tiempos en que la investigación especializada está a la orden del día.
 
Nosotros percibimos que tenemos aspiraciones muy elevadas, sin tener el tiempo para poder realizarlas en toda su amplitud, mientras la gran tropa de pasiones y deseos, motivos y ambiciones egoístas, guerrean contra nosotros y entre ellos mismos, persiguiéndonos aún hasta la puerta del sepulcro.
 
Todos estos obstáculos tienen que ser probados, conquistados, usados y subyugados. Por lo que una vida no es suficiente para todo esto. Y decir que no tenemos sino una sola vida aquí, con tales posibilidades frente a nosotros imposibles de desarrollar, es hacer del universo y la vida tan sólo una inmensa y cruel broma perpetrada por un Dios poderoso, quien es acusado por aquéllos que creen en la creación especial de almas, de glorificarse y bromear con el diminuto hombre, simplemente porque ese hombre es pequeño y una mera criatura del Todopoderoso.
 
Una vida humana dura alrededor de unos setenta años; las estadísticas reducen su vida activa a un promedio de cuarenta; y de este remanente tan reducido, una parte considerable es empleada en el sueño y otra parte en la niñez. Siendo esto así, en una sola vida parece ser completamente imposible alcanzar una mera fracción de lo que la naturaleza evidentemente tiene en perspectiva.
 
Nosotros percibimos vagamente varias verdades que una sola vida no nos da el tiempo suficiente para experimentar y comprender, y esto es especialmente así cuando los hombres tienen que sostener una gran lucha para sobrevivir. Nuestras facultades son pequeñas, sin desarrollo o débiles; una sola vida no da la oportunidad para alterar esto.
 
Y también nosotros percibimos otros poderes que tenemos latentes pero que no pueden ser desarrollados en tan corto espacio de tiempo, y tenemos mucho más que una simple sospecha, de que el ámbito del campo de la verdad es mucho mayor que el reducido círculo en el cual estamos ahora confinados.
 
Por consiguiente no es razonable suponer que, o dios o la naturaleza, nos encierre dentro de un cuerpo simplemente para llenarnos de rencor porque no podemos tener más oportunidad aquí. Sino que más bien tenemos que llegar a la conclusión de que una serie de encarnaciones nos han conducido a la presente condición y que el proceso de seguir reencarnando una y otra vez se debe continuar con el propósito de brindarnos las oportunidades necesarias para alcanzar nuestro máximo desarrollo.
 
El mero hecho de morir no es suficiente para producir el desarrollo de las facultades o la eliminación de las tendencias e inclinaciones erróneas. Si damos por sentado que al entrar al cielo de inmediato adquirimos todo el conocimiento y toda la pureza, entonces ese estado después de la muerte queda reducido a un nivel de inacción y la vida misma, con toda su disciplina, queda privada de todo significado.
 
La enseñanza de algunas iglesias asegura que existe una escuela de disciplina accesible después de la muerte, en donde se dice descaradamente que los mismos apóstoles, bien conocidos como hombres ignorantes, han de ser los instructores. Esto es absurdo y exento de fundamento o lógica dentro del orden natural de las cosas. Además, si tal subsecuente disciplina realmente existe,
 
¿Por qué razón nos trajeron a esta vida entonces?
 
¿Y por qué motivo, después del sufrimiento y del error cometido, somos sacados del lugar en donde nuestros actos fueron llevados a cabo?
 
 
La única respuesta y solución que queda es la de la reencarnación. Regresamos a la tierra porque en la tierra y con los seres que existen en ella, fueron ejecutados nuestros hechos; porque es el único lugar apropiado en donde el castigo y la recompensa pueden ser justamente recibidos; porque aquí está el único sitio natural para continuar la lucha hacia la perfección, hacia el desarrollo de las facultades que poseemos y hacia la destrucción de la maldad que yace en nosotros.
 
La justicia para con nosotros y para con todos los demás seres así lo requiere, porque no podemos vivir exclusivamente para únicamente nosotros mismos y sería muy injusto permitir a algunos evadir sus actos, dejando atrás a los demás que fueron copartícipes en nuestras acciones, para ser precipitados en un infierno de eterna duración.
 
 
 
 
Las razas
 
La persistencia del salvajismo, el ascenso y decadencia de las civilizaciones, la extinción de las naciones, todo ello requiere una explicación que no puede ser encontrada en ninguna otra parte sino en la reencarnación.
 
El salvajismo aún existe porque todavía hay egos cuya experiencia es tan limitada que aún permanecen salvajes. Esos egos posteriormente emergerán dentro de razas superiores cuando se encuentren preparados.
 
Las razas se extinguen porque los egos han obtenido ya toda la experiencia que ese tipo de raza les ofrecía. Por eso encontramos al piel roja, al hotentote, a los indígenas de la Isla de Pascua y otros lugares recónditos, como ejemplos de razas que han sido progresivamente abandonadas por los egos avanzados; y mientras esas razas están en el proceso de una paulatina extinción, otras almas, que aún no han disfrutado de una vida más elevada, encarnan en los cuerpos de esas razas agonizantes para usarlos con el propósito de adquirir la experiencia que ese cuerpo racial pueda darles.
 
Una raza no podría surgir y repentinamente desaparecer. Nosotros vemos que ese no es el caso, pero la ciencia no puede dar ninguna explicación y simplemente se limita a decir que es un hecho que las naciones decaen. Pero en esta explicación no se toma en cuenta la existencia del hombre interno ni las leyes recónditas, sutiles y ocultas que se unifican para formar una raza.
 
La teosofía explica que la energía acumulada tiene que gastarse gradualmente, y por consiguiente la reproducción de los cuerpos de esa raza seguirá adelante, aunque los egos no son más compelidos a habitar dentro de ese tipo de cuerpos, a menos que esos egos sean de un desarrollo igual al de esa raza.
 
Por lo tanto hay una época en la que el conjunto total de egos que ha fundado esa raza finalmente la abandona para ir a otra raza más semejante a su nuevo desarrollo. Pero como la economía de la naturaleza no permitirá que esa antigua raza repentinamente se desvanezca, entonces en el orden verdadero de la evolución otros egos menos avanzados llegan y usan las formas todavía disponibles para prolongar la producción de los cuerpos de esa antigua raza aunque en cada siglo sea en un menor número.
 
Estos egos menos avanzados no pueden mantenerse al nivel de capacidad del cúmulo de energías dejadas por los otros egos, y así mientras el nuevo contingente adquiere tanta experiencia como le sea posible, la raza después de pasar por su característico período de decadencia se va extinguiendo con el tiempo.
 
Esta es la explicación de lo que puede ser calificado como salvajismo descendente, y ninguna otra teoría podrá explicar esos hechos. Los etnólogos han pensado a veces que las razas más civilizadas exterminan a las demás. Esto también sucede, pero principalmente se debe a consecuencia de la gran diferencia que existe entre los egos que habitan el cuerpo de la vieja raza y la energía del cuerpo en sí, por lo que las mujeres de la antigua raza comienzan a volverse cada vez más estériles, y de este modo lentamente pero inexorablemente el número de muertes excede al de nacimientos.
 
La propia China ha comenzado actualmente en su proceso de decadencia, y se encuentra ahora en un estado casi estacionario, precisamente antes de su precipitación hacia la caída. Grandes civilizaciones como las de Egipto y Babilonia, han desaparecido porque las almas o los egos que las fundaron han reencarnado hace tiempo en las grandes naciones conquistadoras de Europa y los actuales continentes de las Américas.
 
Como naciones y razas, esas almas han reencarnado totalmente y vuelto a nacer para fines más elevados que nunca. De todas las razas antiguas, sólo la raza indo-aria perdura aún como preservadora de las antiguas doctrinas y en días venideros ella se elevará otra vez a sus antiguas cimas de gloria.
 
 
 
 
Los niños prodigios
 
La aparición de genios y de grandes mentes en familias carentes de estas cualidades, lo mismo que la extinción dentro de una familia, del genio manifestado por un ancestro, únicamente pueden explicarse por medio de la ley del renacimiento.
 
Por ejemplo Napoleón nació en una familia totalmente desigual a él en cuanto a poder y fuerza. No hay nada en su línea hereditaria que pueda explicar su carácter y de acuerdo con las memorias del príncipe Talleyrand, el mismo Napoleón decía que él había sido el emperador Carlomagno.
 
Únicamente asumiendo que él hubiera vivido una larga serie de vidas que proveyeran la apropiada línea de evolución, o la causa necesaria para el desarrollo de su mente, naturaleza y energía, sólo así nos es posible considerar el motivo por el por qué él u otros grandes genios aparecieron.
 
Mozart mientras era un infante pudo crear partituras orquestales; esto no fue debido a la herencia, ya que tal partitura no es natural sino que es forzada, mecánica y enteramente convencional; pero aún así Mozart tenía el conocimiento sin previa instrucción.
 
¿Cómo es esto posible?
 
Lo es porque él era un músico reencarnado, con un cerebro musical proporcionado por su línea familiar, y por lo tanto no impedido en sus esfuerzos para exponer su talento musical que ya había desarrollado en su vida pasada.
 
Pero más extraordinario aún es el caso del ciego Tom, un negro cuya familia no podía bajo ningún concepto poseer conocimiento alguno del piano, un instrumento moderno, como para poder transmitirle ese conocimiento a los átomos de su cuerpo. Sin embargo él tenía un gran talento musical y conocía el mecanismo actual de la escala musical del piano.
 
Existen centenares de ejemplos como estos entre los tantísimos prodigios que han aparecido para asombro del mundo. En la india se encuentran numerosas historias de sabios que nacieron con un completo conocimiento de filosofía y cosas similares, e indudablemente acontecimientos parecidos han ocurrido en todas las otras naciones.
 
 
Esta reminiscencia del conocimiento adquirido en vidas pasadas explica también el instinto, porque éste no es más que reminiscencia divisible entre memoria física y mental. Se ve tanto en el niño como en el animal, y no es más que el resultado de previas experiencias.
 
Y bien sea que observemos al bebé recién nacido extendiendo sus bracitos para asegurar su propia protección, o al animal con su gran poder instintivo, o a la abeja construyendo una celda del panal de acuerdo con exactas reglas geométricas, todo esto es el efecto de la reencarnación actuando por medio de la mente o de la célula física, porque de acuerdo con lo que se ha expuesto anteriormente, ningún átomo está exento de vida, de conciencia y de inteligencia propia.
 
En el caso del gran músico Bach, tenemos la prueba de que la herencia no cuenta para nada si el ego no es avanzado, pues su genio no fue transmitido por sus descendientes y gradualmente se desvaneció, abandonando finalmente del todo el seno de la familia. Así también se explica el advenimiento de idiotas o de hijos perversos en familias cuyos padres son honorables, puros o intelectuales en sumo grado. Estos son casos en los cuales la herencia es mantenida a raya por un ego del todo malvado y deficiente.
 
 
 
 
Las ideas trascedentes
 
Y por último, el hecho de que ciertas ideas inherentes sean comunes a toda la humanidad es explicado por los sabios como debido al recuerdo de tales ideas, que fueron implantadas en la mente humana al comienzo mismo de su carrera evolutiva en este planeta por esos hermanos y sabios que aprendieron sus lecciones y fueron perfeccionados en épocas anteriores mucho antes de que comenzara el desarrollo de este globo.
 
La ciencia no ofrece ninguna explicación para esas ideas inherentes más que decir que si existen. Estas fueron enseñados a la masa de egos que están comprometidos con la evolución de esta tierra; fueron grabadas en su naturaleza y siempre recordadas; siguen al ego a lo largo de su larga peregrinación.
 
 
 
 
 
Conclusión
 
A menudo se ha considerado que la oposición en Occidente a la doctrina de la reencarnación se ha basado únicamente en el prejuicio, cuando no se debe a un dogma que solo puede mantenerse cuando la mente se encuentra atada y se le impide usar su propia reflexión.
 
La reencarnación es la más noble de todas las doctrinas, y con la doctrina del karma es la única que da la base para la ética.
 
Y no tengo ninguna duda de que el fundador del cristianismo las enseñó y que su ausencia actual de esa religión es la razón de la contradicción que existe entre la ética profesada por las naciones cristianas y sus prácticas reales, que son tan contrarias a la moral proclamada por el propio Jesús.
 
 
(El Océano de la Teosofía, capítulo 10)
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿EN CUÁNTOS AÑOS SE VUELVE A REENCARNAR? (respuesta del maestro Kuthumi)

 
 
En la carta que el maestro Kuthumi le escribió al funcionario británico Allan Octavian Hume, el 9 de julio de 1882, sobre este asunto el maestro explicó lo siguiente:
 
« Sin embargo, y corrigiendo lo que hasta aquí has expresado, diré que — una vida en cada una de las siete razas-raíz; y una vida en cada una de las 49 sub-razas, o 7 x 7 x 7 = 343, y agrega 7 más. Y luego una serie de vidas en razas ramales y ramificaciones; todo eso haciendo un total de 777 encarnaciones del hombre en cada estación o globo de la cadena planetaria.
 
Más el hecho que el principio de aceleración y retardación se aplica de tal manera, que elimina a todas las estirpes inferiores dejando solamente una superior para efectuar el último anillo (Raza-Raíz).
 
Y entonces comprenderás que eso no es mucho para distribuirlo en unos cuantos millones de años que el ser humano pasa en el planeta.
 
Tomemos tan solo un millón de años (periodo sospechado y ahora aceptado por tu ciencia) para representar el término completo de existencia del hombre sobre la Tierra en esta cuarta Ronda.
 
Y asignando un promedio de un siglo para cada reencarnación, entonces encontramos que mientras la suma de todas sus vidas en nuestro planeta (en esta Ronda) arroja la cifra de 777 x 100, o sea 77’700 años.
 
En cambio en las esferas subjetivas el humano ha estado 1’000’000 - 77’700, o sea 922’300 años !!!
 
¡Lo cual es muy poco estimulo para los extremados reencarnacionistas modernos que pretenden recordar sus varias vidas anteriores!
 
 
Y en caso de que quieras hacer algunos cálculos, no olvides que más arriba solamente hemos computado un promedio de vidas completas efectuadas por el alma con consciencia y responsabilidad.
 
Nada se te ha dicho en cuantos a los fracasos que resultan a consecuencia de los abortos, de los idiotas congénitos, de la muerte de niños en sus primeros ciclos septenarios, etc. Ni tampoco se te ha mencionado de las excepciones de las que por el momento no te puedo hablar.
 
Y no debes de olvidar que el promedio de una vida humana varía muchísimo de acuerdo a las Rondas.
 
Y aunque yo esté obligado a rehusarte información sobre muchos aspectos. Si tú llegas a desentrañar algunos de los problemas por ti mismo, será mi deber decírtelo. Trata de resolver el problema de las 777 encarnaciones. »
(CM 14, p.83)
 
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIONES
 
Blavatsky especificó que las cifras exactas no se pueden revelar porque están reservadas para los iniciados, pero aún así si consideramos los números representativos que dio el maestro Kuthumi, o sea un millón de años totales menos 77’700 años de vida física (que son 777 encarnaciones a 100 años en promedio cada una) eso nos da 922’300 años de vida sutil (la inmensa mayoría de ella se pasa en el Devachan).
 
1’000’000 – (777 x 100) = 1’000’000 – 77’700 = 922’300
 
Y si dividimos esos 922’300 años de vida sutil entre las 777 encarnaciones, eso nos da un promedio de 1'187 años antes de volver a reencarnar.
 
Ahora bien, hay que precisar que ese número es el promedio general de la humanidad actual, pero que involucra grandes variaciones: desde los humanos que solo tardan unas pocas semanas, hasta aquellos que pasan varios milenios antes de volver a reencarnar.
 
Y también que ese promedio corresponde a finales del siglo XIX, pero que desde entonces los parámetros que influyen en la duración se han incrementado y por consiguiente muy probablemente el promedio del siglo XXI ha aumentado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

DIOS NO EXISTE (explicación del maestro Kuthumi)


 
En una carta que el maestro Kuthumi le escribió a Allan Hume, él le explicó lo siguiente:
 
« Ni nuestra filosofía ni nosotros mismos creemos en un Dios, y menos en uno cuyo nombre necesite de una D mayúscula. Nuestra filosofía cae dentro de la definición del filósofo Thomas Hobbes, ya que nuestro conocimiento es preeminentemente el estudio de los efectos por sus causas y de las causas por sus efectos.
 
Y puesto que es también la ciencia de las cosas deducidas del primer principio, tal como Francis Bacon lo define, entonces antes de que admitiéramos el Dios de los teólogos, no tenemos derecho ni siquiera a admitir su existencia, sin primero conocerlo.
 
Y todo tu rechazo sobre mi afirmación de que Dios no existe se basa en una aseveración aislada efectuada por nosotros en octubre pasado en donde se te dijo que nuestro conocimiento concernía principalmente a nuestro sistema solar. Y por lo tanto como conocedores esotéricos que deseamos continuar siendo merecedores de tal nombre, no podíamos ni negar ni afirmar con total seguridad la existencia de lo que tú denominas “un Ser supremo omnipotente e inteligente de alguna clase” más allá de los limites de nuestro sistema solar.
 
Pero si bien tal existencia no es absolutamente imposible, sin embargo a menos de que la ley de uniformidad del Universo se interrumpa en aquellos límites, nosotros mantenemos que eso es sumamente improbable.
 
Sin embargo, nosotros negamos de la manera más enfática que tengamos una posición de agnosticismo en este sentido y en lo que atañe al sistema solar, ya que nuestra doctrina afirma o niega pero no hace compromisos, debido a que nunca ella enseña sino aquello que nosotros sabemos que es la verdad.
 
Por consiguiente, como los filósofos y budistas esotéricos que somos, negamos la existencia de ese Dios que preconizan las religiones, porque si bien nosotros sabemos que si existen seres divinos a nivel planetario y más elevados. También sabemos que en nuestro sistema solar no existe un Dios como lo describen los teólogos, ya sea personal o impersonal.
 
El “Dios” que nosotros conocemos, no es un Dios sino que es la Ley inmutable y absoluta, mientras que el Dios personal o impersonal que las religiones preconizan es simplemente el efecto de Avidya y Maya, o sea de la ignorancia basada en la ilusión.
 
La palabra Dios fue originalmente inventada para denominar la causa desconocida de aquellos efectos que el hombre ha admirado o temido sin comprenderlos. Y puesto que nosotros afirmamos y somos capaces de probar lo que afirmamos — es decir, que poseemos el conocimiento de esa causa y causas, por consiguiente nosotros estamos en posición de asegurar que no hay un Dios o Dioses detrás de ellas.
 
La idea de la existencia de un Dios no es una noción innata sino adquirida, y nosotros solo tenemos una cosa en común con las teologías, y es que revelamos lo infinito.
 
Pero mientras que nosotros asignamos a todos los fenómenos que proceden del infinito e ilimitado espacio, de la duración y del movimiento, una causa natural, sensible y conocida (al menos para nosotros). En cambio los teístas les asignan causas sobrenaturales y desconocidas.
 
Pero te aseguro que el Dios de los teólogos es simplemente una entidad imaginaria, y nuestro principal propósito es enseñar al hombre a practicar la virtud por la virtud misma en vez de someterse a una iglesia, esperanzado de ser salvado por ella y su Dios.
 
Nuestro propósito es liberar a los humanos de esa pesadilla y enseñarles a caminar en la vida confiando en si mismo, en lugar de apoyarse en una muleta teológica que por innumerables edades ha sido la causa principal y directa de gran parte de la miseria humana. »
(CM 10, p.52-53)
 
 
 
El argumento que esgrimió Allan Hume para considerar que si podía existir el Dios del que hablan las religiones, es que el conocimiento de los maestros abarca esencialmente a nuestro sistema solar y que por consiguiente ese Ser Todopoderoso podría encontrarse más allá, pero en otra carta el maestro le respondió:
 
« Es inútil que alguien lo busque puesto que ni siquiera los Espíritus Planetarios (que son seres divinos muy avanzados) tienen ningún conocimiento o percepción de ello. Y si bien nuestros Adeptos y Bodhisatvas no han penetrado más allá de nuestro sistema solar, a pesar de eso ellos saben de la existencia de otros sistemas con una certeza tan matemática como cualquier astrónomo sabe de la existencia de estrellas invisibles a las que actualmente no puede explorar.
. . .
Nunca nadie lo ha conocido ni podrá expresarlo, y por lo tanto es algo inexistente para el Universo.
. . .
Los más grandes Adeptos han escudriñado el Universo durante milenios y ellos no han encontrado en ninguna parte el más mínimo rastro de ese Dios como lo preconiza la religión, sino solo la Ley inmutable e inexorable que rige al Universo por todas partes. »
(CM 22, p.139 y 142)
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIONES
 
Ahora bien, esto no quiere decir que los maestros no crean en lo Divino, sino que ellos conciben a DIOS de una manera más compleja, la cual se las he descrito en este otro capítulo (ver link).
 
Mientras que en cambio ellos afirman que gracias al pleno desarrollo y activación de sus sentidos espirituales, así como a la enseñanza que ellos han recibido por parte de seres mucho más elevados, eso les asegura que el Dios que preconizan las religiones en realidad no existe.