DIOS NO EXISTE (explicación de Subba Row)

 
Subba Row fue un brahmán muy erudito y en este artículo él hace una disertación, basándose en las enseñanzas esotéricas hindúes, para explicar las razones por las que no existe el Dios que profesan las religiones occidentales.
 
 
DIOS PERSONAL E IMPERSONAL
 
Públicamente les pido a mis lectores (al menos a quienes no tienen conocimiento de las teorías cosmológicas de los pensadores idealistas de Europa) que revisen las especulaciones cosmológicas que John Stuart Mills menciona en su análisis de la filosofía de Sir William Hamilton, antes de tratar de comprender la doctrina Adwaita.
 
Asimismo les ruego que se den por enterados de antemano que al explicar los principios básicos de dicha doctrina, voy a usar hasta donde sea conveniente hacerlo, la fraseología adoptada por los psicólogos ingleses de la escuela Idealista de pensamiento.
 
Al tratar con los fenómenos de nuestro plano de existencia presente, John Stuart Mill finalmente llega a la conclusión de que la materia, o los llamados fenómenos externos, no son sino una creación de nuestra mente; meras apariencias de una fase particular de nuestro ego subjetivo, y de nuestros pensamientos, voliciones, sensaciones y emociones que en suma constituyen la base de ese Ego.
 
Entonces la materia es la posibilidad permanente de sensaciones, y las llamadas leyes de la materia son (hablando propiamente) las leyes que gobiernan la sucesión y coexistencia de nuestros estados de conciencia. Más aún, Mill sostiene que no existe un Ego noúmeno. La idea misma de una mente que existe como una entidad aparte, distinta de los estados de conciencia que se supone están inherentes en ella, según su opinión, es una mera ilusión, al igual que la idea de un objeto externo que se supone es percibido por nuestros sentidos.
 
De tal manera, las ideas de mente y materia, de sujeto y objeto, del Ego y del mundo exterior, en realidad surgen de la suma de nuestros estados mentales que son las únicas realidades en las que hasta ahora estamos interesados.
 
La cadena de nuestros estados mentales o estados de conciencia es “un monstruo bicéfalo”, de acuerdo con el Profesor Bain, que tiene dos aspectos distintos, uno objetivo y otro subjetivo. El Sr. Mill hace una pausa aquí para confesar que el análisis psicológico no ha ido más allá; el misterioso eslabón que conjunta el tren de nuestros estados de conciencia y da lugar a nuestro Ahankâram (Ego) en esta forma de vida, todavía sigue siendo un misterio incomprensible para los psicólogos Occidentales, aunque su existencia no es sino vagamente percibida en los fenómenos subjetivos de memoria y atención.
 
Por otro lado, los grandes físicos de Europa gradualmente están llegando a la conclusión (1) de que la mente es producto de la materia, o de que es una de las cualidades de la materia en algunos de sus estados. Por lo tanto a partir de las especulaciones de los psicólogos occidentales, parecería que la materia surgió de la mente y que la mente surgió de la materia.
 
Estas dos proposiciones aparentemente son irreconciliables. Mill y Tyndall han admitido que la ciencia occidental aún es incapaz de profundizar en la cuestión. Ni parece que vaya a resolver el misterio en el futuro, a menos que llame en su ayuda a la ciencia oculta oriental y tenga una comprensión más clara de las capacidades del verdadero ego subjetivo del hombre y de los diversos aspectos del gran universo objetivo.
 
Los grandes filósofos Adwaitas del antiguo Aryavarta han examinado la relación entre el sujeto y el objeto en cada forma de vida de este sistema solar, donde se presenta esta diferencia. Así como un ser humano está compuesto de siete principios, en el sistema solar la materia diferenciada existe en siete estados diferentes. No todos estos diferentes estados de la materia caen dentro del rango de la conciencia objetiva que tenemos, pero pueden ser percibidos objetivamente a través del Ego espiritual del hombre.
 
Desde la mónada espiritual liberada del hombre, hasta los Dhyan-Chohans (o sea los seres divinos que dirigen el universo), todo lo que es material es objeto de percepción. Más aún, la Pragna o capacidad de percepción existe en siete aspectos diferentes que corresponden a los siete estados de la materia. Aunque hablando estrictamente, no hay más que seis estados de la materia, el llamado séptimo estado viene a ser una especie de materia cósmica en su estado indiferenciado original. Asimismo, hay seis estados de Pragna diferenciado, el séptimo estado viene a ser una especie de inconsciencia perfecta.
 
Por Pragna diferenciado quiero dar a entender el estado en que Pragna se despliega en los diversos estados de conciencia. Así pues, por el momento tenemos seis estados de conciencia, sea objetiva o subjetiva, según sea el caso, y un estado perfecto de inconsciencia, que es el principio y el fin de todos los estados de conciencia concebibles, que se corresponden con los estados de materia diferenciada y su base indiferenciada original, que son el principio y el fin de toda evolución cósmica.
 
Se verá fácilmente que la existencia de la conciencia es necesaria para diferenciar entre sujeto y objeto. Por lo tanto estas dos fases se presentan en seis estados diferentes, y en el último estado, al no haber conciencia como se dijo antes, la diferencia en cuestión deja de existir.
 
El número de estos diversos estados varía en los diferentes sistemas de filosofía, pero cualquiera que sea el número en que se dividan, todos quedan entre la inconsciencia perfecta a un extremo y nuestro presente estado de conciencia o Bahirpragna en el otro extremo.
 
Para comprender la verdadera naturaleza de estos diferentes estados de conciencia les pido a mis lectores que comparen la conciencia del hombre ordinario con la conciencia del hombre astral, y de nuevo comparen esta última con la conciencia del Ego espiritual del hombre.
 
En estos tres estados el universo objetivo no es el mismo, sin embargo la diferencia entre el Ego y el no-ego es la misma en todos estos estados. Por consiguiente si admitimos que Mill está en lo correcto al razonar en lo que se refiere al sujeto y al objeto de nuestro estado de conciencia actual, los grandes pensadores Adwaitas de la India aplicaron el mismo razonamiento a otros estados de conciencia, llegando a la conclusión de que los diversos estados del Ego y del no-ego no son sino las apariencias de la misma entidad — o sea del último estado de inconsciencia.
 
Esta entidad no es materia ni espíritu; ni Ego ni no-ego; y no es objeto ni sujeto. En idioma de los filósofos hindúes es la combinación original y eterna de Purusha y Prakriti. Aunque los Adwaitas afirman que un objeto externo meramente es el producto de nuestros estados mentales, Prakriti no es más que la ilusión, y Purusha es la única realidad; es la única existencia que permanece eterna en este universo de ideas. Por lo tanto esta entidad es el Parabrahmam de los Adwaitas.
 
Incluso si existiera un Dios personal con algo parecido a una Upadhi (base física de cualquier forma) material, desde el punto de vista de un Adwaita habrá mucha razón para dudar de su existencia como noúmeno, porque en ese caso tendría existencia como cualquier otro objeto. En su opinión, un Dios consciente no puede ser el origen del universo, porque su Ego sería el efecto de una causa previa, si es que la palabra consciente conserva su significado común.
 
Ellos no pueden admitir que la suma de todos los estados de conciencia en el universo sea su deidad, porque dichos estados están en constante cambio y porque la actividad cósmica cesa durante el Pralaya. Sólo hay un estado permanente en el universo que es el estado de inconsciencia perfecta, la Chidâkâsam (base de la conciencia) desnuda, de hecho.
 
Cuando mis lectores lleguen a comprender el hecho de que este gran universo en realidad no es sino un gran agregado de diversos estados de conciencia, no se sorprenderán al encontrar que el último estado de inconsciencia es considerado como Parabrahmam por los Adwaitas.
 
La idea de un Dios, Deidad, Iswar, o un Dios impersonal (si la conciencia es una de sus cualidades) involucra la idea de Ego y no-ego, en una forma o en otra, y como cada Ego o no-ego concebible surge de este elemento primitivo (utilizo esta palabra a falta de una mejor), la existencia de un dios extra-cósmico que posea semejantes cualidades, previas a este estado, es absolutamente inconcebible.
 
Y aunque me he referido a este elemento como un estado de inconsciencia, es, hablando propiamente, el Chidâkâsam o Chinmâtra de los filósofos hindúes, que contiene en sí la potencialidad de cada estado “Pragna”, y que resulta por una parte como conciencia, y por otra parte como universo objetivo por acción de su Chichakti (poder que genera el pensamiento) latente.
 
 
Antes de proceder a analizar la naturaleza de Parabrahmam. Debe aclararse que la opinión de los Adwaitas, de los Upanishads y del Brahmasutra apoyan absolutamente sus puntos de vista sobre este tema. Se encuentra perfectamente establecido en los Upanishads que Parabrahmam no es sino la potencialidad al desnudo de Pragna (2), no es un aspecto de Pragna o Ego de ninguna manera, y que no tiene vida ni conciencia.
 
El lector será capaz de determinar si en verdad ese es el caso, si revisa el Upanishad Mundaka y el Upanishad Mandukya. El idioma usado aquí y allá en los Upanishads es capaz de inducir a uno al error creyendo que dicho idioma señala la existencia de un Iswar consciente, pero la necesidad de tal idioma quizá se aclare mediante las siguientes consideraciones.
 
Partiendo de un minucioso análisis de la teoría cosmológica de Mill, se verá claramente la dificultad, como se refirió antes, de responder satisfactoriamente a la generación de estados conscientes en cualquier ser humano, desde el punto de vista de dicha teoría.
 
Generalmente se establece que las sensaciones surgen en nosotros a partir de la acción de los objetos exteriores a nuestro alrededor: ellas son los efectos de las impresiones que hace en nuestros sentidos el mundo objetivo en que vivimos. Esto puede resultar muy simple para una mente ordinaria, sin embargo lo difícil es responder cómo se transforma una corriente cerebral nerviosa en un estado de conciencia.
 
Pero desde el punto de vista de la teoría de Mill, no tenemos prueba alguna de la existencia de cualquier objeto exterior; ni siquiera estamos seguros de la existencia objetiva de nuestros propios sentidos.
 
Entonces,
 
¿Cómo vamos a considerar y a explicar el origen de nuestros estados mentales, si son las únicas entidades que existen en este mundo?
 
 
En todo caso, no daremos ninguna explicación en realidad si decimos que un estado mental da lugar a otro estado mental, hasta cierto punto bajo la acción de las llamadas «Leyes psicológicas de Asociación». La psicología occidental admite honestamente que su análisis no ha ido más allá. Puede inferirse sin embargo de dicha teoría que no habría razón alguna para decir que se necesita una upadhi (base) material para que exista la mente o los estados de conciencia.
 
Como ya se señaló, los psicólogos Âryos rastrearon esta corriente de estados mentales hasta su fuente — la eterna Chinmâtra que existe por todas partes. Y al comenzar un período de evolución, esta simiente de Pragna se abre de por sí, surgiendo finalmente como idea Cósmica.
 
Las ideas Cósmicas son las concepciones de todas las formas de vida que existen en el Cosmos en lo que puede llamarse la Mente Universal (la mente del demiurgo de los Kabalistas Occidentales).
 
Este Chinmâtra existe en cada punto geométrico de la Chidâkâsam infinita. Por lo tanto, este principio tiene dos aspectos generales:
 
1)   Considerado como algo el objetivo es la eterna Asath — Mûlaprakriti o Materia Cósmica Indiferenciada.
2)   Y desde un punto de vista subjetivo puede considerarse de dos maneras. Es Chidâkâsam si se considera como la base de las ideas Cósmicas; y es Chinmâtra si se considera como la simiente de las ideas Cósmicas.
 
Estos tres aspectos constituyen la más elevada Trinidad de los filósofos Adwaitas Âryos. Se verá enseguida que el último aspecto mencionado del principio en cuestión es mucho más importante para nosotros que los otros dos aspectos; pues, cuando se analiza bajo esta perspectiva el principio que estamos considerando, parece encarnar la gran Ley de Evolución Cósmica, y por eso los filósofos Adwaitas lo han considerado principalmente bajo esta luz, y han explicado su cosmogonía desde un punto de vista subjetivo.
 
Sin embargo al hacerlo de esta manera no pueden evitar la necesidad de hablar de una mente universal (y ésta es Brahma, el Creador) y de sus ideas. Más no debe inferirse a partir de ello que esta mente universal necesariamente pertenece a un Creador omnipresente, consciente y vivo, simple y sencillamente porque en lenguaje inteligible, siempre que nos referimos a la mente lo hacemos en relación con un ser vivo particular.
 
No puede argüirse que es indispensable una Uphadi material para que exista la mente o los estados mentales, si el propio universo objetivo es, en lo que hasta ahora estamos interesados, el resultado de nuestros estados de conciencia. Por consiguiente las expresiones que implican la existencia de un Iswar consciente que pueden encontrarse aquí y allá en los Upanishads no deben traducirse literalmente.
 
 
Queda ahora por ver cómo responden los Adwaitas al origen de los estados mentales en un individuo en particular. Al parecer, la mente de un ser humano en particular no es la mente universal. No obstante, la idea Cósmica es la fuente real de los estados de conciencia en cada individuo. Las ideas Cósmicas existen en todas partes, pero cuando están restringidas por una Upadhi material, actúan como la conciencia inherente individual en dicha Upadhi.
 
Hablando estrictamente, un Adwaita no admitirá la existencia objetiva de esta Upadhi material. Desde este punto de vista es Mâyâ o ilusión, que existe como una condición necesaria de Pragna. Pero para evitar la confusión, usaré palabras sencillas, y para permitir que mis lectores capten claramente lo que quiero decir, daré el ejemplo siguiente.
 
Supongan que una luz brillante se coloca en el centro, con una cortina a su alrededor. La naturaleza de la luz que penetra a través de la cortina y se hace visible a una persona que está de pie afuera, depende de la naturaleza de la cortina. Así pues si se colocan sucesivamente varias cortinas alrededor de la luz, tendrá que penetrar a través de todas ellas; y una persona que está de pie afuera sólo percibirá tanta luz como no sea interceptada por todas las cortinas.
 
La luz central se vuelve más y más opaca en tanto se colocan cortina tras cortina delante del observador; y cuando se retira cortina tras cortina la luz se vuelve más y más luminosa hasta que alcanza su brillo natural.
 
De igual manera, la mente universal o idea Cósmica se limita y se modifica más y más por las múltiples Upadhis que componen al ser humano; y cuando la acción o influencia de estas múltiples Upadhis son dominadas sucesivamente, la mente del ser humano individual se pone en relación con la mente universal y sus ideas se pierden en la idea Cósmica.
 
Como ya dije, estas Upadhis están hablando estrictamente de las condiciones del desarrollo gradual o evolución de la Bahipragna —o conciencia, en nuestro actual plano de existencia— a partir del Chinmâtra original y eterno, que es el séptimo principio en el hombre, y del Parabrahmam de los Adwaitas.
 
Por lo tanto esto es lo que da a entender la filosofía Adwaita respecto al tema puesto a consideración, y está en mi humilde opinión en armonía con la doctrina Arhat relativa al mismo tema. Esta última doctrina postula la existencia de materia Cósmica en un estado indiferenciado a través de la infinita extensión del espacio.
 
El espacio y el tiempo no son sino sus aspectos, y Purusha, el séptimo principio del universo, tiene su vida latente en este océano de materia Cósmica. La doctrina en cuestión explica la Cosmogonía de un punto de vista objetivo.
 
Cuando comienza el período de actividad, partes del mismo se diferencian conforme a la ley oculta. Cuando esta diferenciación comienza, la sabiduría oculta o Chichakti latente actúa en la mente universal, y la energía Cósmica o Fohat forma el universo manifestado de acuerdo con las ideas que, generadas en la mente universal, surgen de los principios diferenciados de la materia Cósmica.
 
Este universo manifestado constituye un sistema solar. Pero cuando llega el período de Pralaya, el proceso de diferenciación se detiene y las ideas Cósmicas dejan de existir; y en el período de Brahmapralaya o de Mahapralaya las partículas de materia pierden toda diferenciación, y la materia que existe en el sistema solar vuelve a su estado indiferenciado original.
 
El plan existe en estado de latencia en un átomo eterno nonato, o centro que existe en todas partes y en ninguna; y ésta es la única vida que existe por todas partes.
 
Ahora, se verá fácilmente que la materia Cósmica indiferenciada, Purusha, y la ÚNICA VIDA de los filósofos Arhat, es Mûlaprakriti, Chidâkâsam, y Chinmâtra de los filósofos Adwaitas.
 
Según refiere la Cosmogonía, el punto de vista Arhat es objetivo, y el Adwaita subjetivo. La Cosmogonía Arhat da cuenta de la evolución del sistema solar manifestado a partir de la materia Cósmica indiferenciada, y la Cosmogonía Adwaita da cuenta de la evolución de la Bahipragna a partir del Chinmatra original. Porque los diferentes estados de la materia Cósmica diferenciada no son sino diferentes aspectos de las diversas condiciones de Pragna, la Cosmogonía Adwaita no es sino el complemento de la Cosmogonía Arhat. El principio eterno es exactamente el mismo en ambos sistemas, y concuerdan al negar la existencia de un Dios extra-cósmico.
 
Los Arhats se llaman a sí mismos Ateos, y están justificados al hacerlo puesto que el teísmo inculca la existencia de un Dios consciente que gobierna el universo por su fuerza de voluntad. En circunstancias iguales, la Adwaita caería en la misma denominación. Ateísmo y teísmo son palabras de origen incierto, y hasta que se establezca definitivamente su significado sería mejor no usarlas en relación con cualquier sistema de filosofía.
 
 
 
 
 
Notas
 
1.   Véase el Discurso Pronunciado Ante la Asamblea de la Asociación Británica en Belfast (Address Delivered Before the British Association Assembled at Belfast) de Tyndall. — S. R.
2.   El poder o capacidad que da lugar a la percepción.
 
 
(Theosophist, febrero y marzo 1883)

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LA ESTRUCTURA SEPTENARIA EN EL HINDUISMO

 
Por Blavatsky
 
 
Desde que comenzó a revelarse la doctrina esotérica de los Arhats [o sea los grandes iniciados], muchos que no estaban familiarizados con las bases ocultas de la filosofía hindú, imaginaron que estas revelaciones se contradecían entre si, y algunos de los más intolerantes acusaron abiertamente a los Ocultistas de la Sociedad Teosófica de propagar lo que ellos clasificaron como herejía Buddhista; e incluso han ido más allá al afirmar que todo el movimiento teosófico no es sino una propaganda buddhista disimulada.
 
Brahmanes intolerantes e investigadores europeos ignorantes nos han echado en cara que nuestra división septenaria de la  Naturaleza y todo lo que conlleva, incluyendo al hombre, es arbitraria y no está basada en los sistemas religiosos más antiguos del Oriente.
 
Pero eso es falso y para demostrarlo voy a hacer a continuación una somera revisión de los Vedas, los Upanishads, los libros de la Ley de Manú, pero especialmente del Vedanta, y también demostrar que estos fundamentan nuestro punto de vista.
 
Incluso en su cruda visión profana, la división séptuple está expuesta en estos textos, y pasaje tras pasaje puede citarse como prueba. Y no sólo el misterioso número puede encontrarse expuesto en cada página de las antiguas sagradas escrituras indias, sino también en los más antiguos textos del zoroastrismo; en los archivos cilíndricos de teja que fueron encontrados de la antigua Babilonia y Caldea; en el Libro de los muertos y en los rituales del antiguo Egipto, e incluso en los libros Mosaicos, sin mencionar las obras esotéricas judías, como la Cábala.
 
Desafortunadamente el limitado espacio con que cuento me obliga a hacer solo breves citas para establecerlas como puntos de referencia y ni siquiera intentaré dar largas explicaciones. Pero no es exagerado decir que sobre cada una de las pocas referencias ahora dadas en las citadas Slokas se podría escribir un volumen muy grueso.
 
Del muy conocido Himno al Tiempo, en el Atharva-Veda (Libro XIX. 53) está escrito:
 
« El tiempo, como inteligente corcel con siete rayos,
Pleno de fecundidad, va creando todas las cosas a su paso.
El tiempo, se mueve como un carro de siete ruedas, séptuple nave,
Sus ruedas en movimiento son todos los mundos, su eje,
Es la inmortalidad... »
 
 
 
El numero siete en los Manús
 
(Nota: para una mejor compresión de lo que sigue necesitan ya conocer la doctrina de las rondas y las razas-raíces.)
 
Regresando al Manú, “el primero y el séptuple hombre”, los Vedas, los Upanishads, etc., todos estos sistemas de filosofía están repletos con alusiones a este número.
 
¿Quién fue Manú, el hijo de Swayambhuva?
 
La Doctrina Secreta nos dice que este Manú no era un hombre, sino la representación de las primeras razas humanas que evolucionaron con ayuda de los Dhyân-Chohans (Devas) al principio de la Primera Ronda.
 
Pero el sistema indio nos dicen en sus Leyes (Libro I. 80) que hay catorce Manús por cada Kalpa o “intervalo entre creación y creación” (léase: el intervalo entre un Pralaya menor y otro [periodos de inactividad]) y que “en la era divina presente ha habido hasta ahora siete Manús”.
 
La teosofía explica que hay siete Rondas de las cuales ya hemos pasado tres y nos encontramos en la cuarta; y también se enseña que hay siete albas y siete crepúsculos, o catorce Manvantaras [periodos de actividad]; y que al principio y al final de cada Ronda; y en, y entre, los globos de la cadena planetaria, hay un “despertar a la vida ilusoria” y un “despertar a la vida real”.
 
Y que más aún, existen los “Manús-Raíz”, y lo que tenemos que traducir torpemente como los “Manús-Simiente” que son las semillas de las razas humanas de la próxima Ronda (un misterio que se divulga solo a quienes han pasado el tercer grado de iniciación).
 
Aquéllos que han aprendido todo esto estarán mejor preparados para entender el significado de lo siguiente. Está dicho en las sagradas escrituras hindúes que el primer Manú produjo otros seis Manús (siete Manús primarios en total), y cada uno de éstos produjo a su vez otros siete Manús (ver Bhrigu I. 61-63) (1)
 
La producción de los últimos está en los tratados de ocultismo como 7x7, y con esto queda en claro que ese Manú —el último, el progenitor de nuestra Cuarta Ronda humana— debe ser el séptimo, puesto que estamos en nuestra cuarta Ronda, y que hay un Manú-Raíz en el Globo A y un Manú-Simiente en el Globo G.
 
Así como cada Ronda planetaria comienza con la aparición de un Manu-Raíz (Dhyân-Chohan) y termina con un Manu-Simiente, así también un Manú-Raíz y un Manú-Simiente aparecen respectivamente al principio y al fin del período humano en cualquier globo de la cadena terrestre.
 
Por lo tanto se verá fácilmente, por lo que se acaba de exponer, que un período Manvantárico (Manú-antara) significa, según lo demuestra el término, el tiempo entre la aparición de dos Manús o Dhyân-Chohans, y por consiguiente la duración de las siete razas en cualquier globo particular es un Manvantara Menor, y un Manvantara Mayor es el período de una Ronda humana en torno a la cadena planetaria.
 
Por otra parte, como se dice que cada uno de los siete Manús crea 7x7 Manús, y que hay 49 Razas-Raíz en los siete globos durante cada Ronda, entonces, cada Raza-Raíz tiene su Manú.
 
El séptimo Manú presente es llamado Vaivasvata y representa en los textos exotéricos a ese Manú que en la India ocupa el lugar del Xisusthros babilónico y el Noé judío. Pero en los libros esotéricos se nos dice que el Manú Vaivasvata, el progenitor de nuestra Quinta Raza-Raíz —a la que salvó del diluvio que casi exterminó a toda la Cuarta Raza-Raíz (la Atlante)— no es el séptimo Manú mencionado en la nomenclatura de los Manú-Raíz, o Manús arcaicos, sino uno de los 49 Manús emanados de este Manú-Raíz.
 
Para una comprensión más clara a continuación damos los nombres de los 14 Manús en su orden respectivo y relación con cada Ronda:
 
  1ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Svâyambhuva.
    Manú-Simiente en el globo G: Svârochi o Svârocisha.
 
  2ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Auttami.
    Manú-Simiente en el globo G: Tâmasa.
 
  3ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Raivata.
    Manú-Simiente en el globo G: Châkshusha.
 
  4ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Vaivasvata (nuestro progenitor)
    Manú-Simiente en el globo G: Sâvarna
 
  5ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Dakshasâvarna.
    Manú-Simiente en el globo G: Brahmasâvarna.
 
  6ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Dharmasâvarna.
    Manú-Simiente en el globo G: Rudrasâvarna.
 
  7ª Ronda
    Manú-Raíz en el globo A: Rauchya-(daiva)-sâvarna.
    Manú-Simiente en el globo G: Bhautya.
 
Así, Vaivasvata, aunque séptimo en el orden dado, es el Manú-Raíz de nuestra Cuarta Oleada Humana (el lector siempre debe tener presente que Manú no es un hombre sino la humanidad colectiva), mientras que nuestro Vaivasvata no fue sino uno de los siete Manús Menores que presiden sobre las siete Razas-Raíz de este nuestro Planeta.
 
Cada uno de ellos tiene que ser testigo de uno de los cataclismos periódicos (por el fuego y por el agua) que cierran el ciclo de cada Raza-Raíz. Y este Vaivasvata es el «Hombre» alegórico que salvó a nuestra Raza-Raíz, cuando casi toda la población de un hemisferio pereció por el agua, mientras que el otro hemisferio despertaba de su período de oscuridad. Y ha sido llamado también Xisusthros, Deucalión, Noé, y otros nombres.
 
 
 
El número siete en la historia del Diluvio
 
El número siete ocupa un lugar sobresaliente incluso en una comparación superficial entre la Tablilla 11 de las Leyendas de Izdhubar del Diluvio Caldeo y los llamados libros Mosaicos. En ambos el número siete desempeña la parte más sobresaliente.
 
Los animales puros se toman por séptuplos, las aves también por séptuplos; siete días se promete a Noé que lloverá sobre la tierra y por eso permanece todavía otros siete días y en el séptimo día se envió a la paloma, etc.
 
Y en el relato caldeo del Diluvio en el séptimo día la lluvia amainó, por séptuplos Xisusthrus toma “jarras de vino” para el altar, etc.
 
¿Por qué semejante coincidencia?
 
Porque están basadas en el mismo conocimiento esotérico, pero deformadas por el paso del tiempo. Sin embargo los Orientalistas europeos nos dicen, que juzgando de iguales a la cronología Babilónica y a la Ârya las llaman “¡extravagantes e imaginativas!” No obstante, mientras que no nos han dado alguna explicación al respecto, ni se han percatado, hasta donde sabemos, del extraño parecido de todas las cronologías Semíticas, Caldeas y Ârya Hindú, los estudiantes de la Filosofía Oculta encuentran el siguiente hecho sumamente sugestivo.
 
Mientras que el período del reinado de los 10 reyes antediluvianos babilónicos se da como 432’000 años (2), la duración del Kali-yug posterior al diluvio también se da como 432’000, mientras las cuatro edades o los divinos Maha-yug dan en total 4’320,000 años.
 
¡Por qué si fueron tan “imaginativos y extravagantes” dieron cifras idénticas, cuando ni los Âryos ni los Babilónicos se pidieron prestado algo entre sí!
 
Nosotros atraemos la atención de nuestros ocultistas a las tres cifras dadas — el 4 que representa el cuadrado perfecto, el 3 de la tríada (los siete principios universales y los siete principios individuales), y el 2 que simboliza nuestro mundo de ilusiones, una figura ignorada y rechazada por Pitágoras.
 
 
 
El número siete en la composición del macrocosmos
y del hombre
 
Sin embargo es en los Upanishads y en el Vedanta donde tenemos que buscar las mejores comprobaciones de las enseñanzas ocultas. En la doctrina mística de Rahasya, o los Upanishads (“el único Veda de todos los hindús reflexivos hoy día”, como Monier Williams confiesa) cada palabra, como su mismo nombre implica (3), tiene en sí un significado oculto. Y este significado puede comprenderse totalmente sólo por quién tiene pleno conocimiento del Prâna, la VIDA UNA, “la nave en donde se reúnen los siete rayos de la Rueda Universal”. (Himno a Prâna, Atharva-Veda, XI. 4.)
 
Incluso los orientalistas europeos están de acuerdo en que todos los sistemas en la India asignan al humano:
 
1)   un cuerpo exterior o denso (sthûla-sarîra)
2)   un cuerpo interno u oscuro (sûkshma), o linga- sarîra (el vehículo)
3)   los dos unidos con la vida (jiv o Kârana sarîra, “cuerpo energético”) (4)
 
A éstos, los divide el sistema oculto o esotérico en siete, añadiendo a los anteriores: kâma, manas, buddhi y âtman.
 
La filosofía Nyaya [que dice que en virtud de un razonamiento justo y recto, el hombre se sustrae al falso conocimiento alcanzando así la liberación] al referirse a las Prameyas [que son las cosas y asuntos de la percepción] que deben comprenderse correctamente incluye entre los 12, los siete «principios raíz.»” (véase el Sutra IX), que son:
 
1, alma (âtman), y 2 su espíritu superior Jîvâtman; 3, cuerpo (sarîra); 4, sentidos (indriya); 5, actividad o voluntad (pravritti); 6, mente (manas); 7, Intelecto (Buddhi).
 
Los siete Padarthas (preguntas o predicados de las cosas existentes) en la filosofía Vaishe-shika de Kanâda, se refieren en la doctrina oculta a las siete cualidades o atributos de los siete principios.
 
Así: 1, la substancia (dravya) se refiere al cuerpo o sthûla-sarîra, 2, cualidad o propiedad (guna) al principio vital, jiv; 3, acción o acto (karman) al Linga-sarîra; 4, comunidad o propiedad común (sâmânya) a kâma-rûpa; 5, personalidad o individualidad consciente (Visesha) a Manas; 6, co-inherencia o relación íntima perpetua (Samuvuya) a Buddhi, el vehículo inseparable de Âtman; 7, no-existencia o no-ser en el sentido de, y separado de, la objetividad o substancia (abhava) a la mónada más elevada o Âtman.
 
Así pues, si consideramos al UNO como el Purusha Védico o Brahman (neutro), la «esencia expandida en el todo»; o como el espíritu universal, la «luz de luces» (jyotisham jyotih) el TODO independiente de toda relación, de los Upanishads; o como el Paramatman del Vedanta; o de nuevo como el Adrishta, «Fuerza inadvertida», o átomo divino, de Kânada; o como la Prakriti, «esencia eternamente existente,» de Kapila — encontraremos en todos estos Principios universales impersonales la capacidad latente de emanar fuera de sí “seis rayos” (y el que emana es el séptimo).
 
El tercer aforismo del Sânkhya-Kârikâ dice que Prakriti, que es la «raíz y substancia de todas las cosas», y no el productor, sino el productor en sí de «siete cosas producidas por él, que a su vez se vuelven productoras», lo cual tiene un significado completamente oculto.
 
¿Cuáles son los “productores” emanados de este principio-raíz universal, Mûla-prakriti o materia cósmica prístina indiferenciada que emana de sí la conciencia y la mente, y que generalmente es llamada Prakriti y amulam mulam, “la raíz sin raíces”, y Aryakta, el emanador no emanado, etc.?
 
 
Este tattwa primordial o «“aquello” eternamente existente», la esencia desconocida, se dice que produce como primer productor:
 
1, Buddhi — «intelecto»— si aplicamos este último al sexto principio macrocósmico o microcósmico. Éste que fue producido primero, produce a su vez (o es la fuente de) Ahankara, «autoconciencia» y de manas «mente»,
 
El lector, por favor, debe recordar siempre que Mahat o sea la gran fuente de estas dos facultades interiores, «Buddhi» por sí misma, no puede tener autoconciencia ni mente; a saber, el sexto principio en el hombre puede conservar una esencia de autoconciencia personal o «individualidad personal» sólo absorbiendo en sí sus propias aguas, las cuales tienen que pasar por la condición de perecedera; pues Ahankara, que es la percepción del «yo» o sentido de la propia individualidad personal, justamente representada por el término «Ego-ísmo» pertenece al segundo, o más bien al tercero, producido de los siete, a saber, al quinto principio o Manas.
 
Este último teje “como una red tejida por la araña” a lo largo del hilo de Prakriti, el «principio raíz», los cuatro siguientes principios elementales sutiles o partículas —Tanmâtras de los cuales emana la «tercera clase» los Mahâbhûtas o principios elementales burdos, o más bien los sarîras y rupas: kama, linga, jiva y sthûla-sarîra.
 
Las tres gunas de Prakriti —Sattwa, Rajas y Tamas (pureza, actividad pasional, e ignorancia u oscuridad)— hilados en un triple hilo o «cordón» pasan por los siete, o más bien seis, principios humanos.
 
Depende del quinto —Manas o Ahankara, el «yo»— para que se adelgace la guna, el «cordón» en un hilo — el sattwa; volviéndose así uno con el «emanador no emanado» alcanzando la inmortalidad o la eterna existencia consciente. De otra manera, se volverá a absorber en su esencia Mahâbhautica.
 
Mientras que el triple cordón permanezca sin hilar, el espíritu (mónada divina) permanecerá atado por la presencia de las gunas en los principios, «como animal» (purusha pasu).
 
El Espíritu, âtman o jîvâtmân (7º y 6º principios), sea del macro o microcosmos, aunque atados por estos gunas durante la manifestación objetiva del universo o del hombre, todavía estará en nirguna, es decir, completamente libre de ellos. De los tres productores o emanadores, Prakriti, Buddhi y Ahankara, no es sino este último el que puede ser capturado (cuando el hombre se interesa en ello) y destruido, cuando es personal.
 
La «mónada divina» es aguna (desprovista de cualidades), mientras que Prakriti, una vez que Mula-prakriti, de pasiva se vuelve un avyakta (emanador activo), es gunavat, o sea dotada con cualidades. Con el último, Purusha o Atman nada pueden hacer (pues evidentemente son incapaces de percibirlo en su estado de gunuva); con el primero —o Mula-prakriti o esencia cósmica indiferenciada— sí tienen, ya que es uno con él e idéntico.
 
 
El Atma Bodha, o «conocimiento del alma», un tratado escrito por el gran Sankaracharya, habla de manera diferente de los siete principios en el hombre (véase el versículo 14).
 
Estos son llamados las cinco envolturas (panchakosa) en cuyo interior se encuentran la mónada divina —Âtman, y Buddhi, los 7º. y 6º. principios, o el alma individual cuando se diferencia (a través de avidyâ, mâyâ y las gunas) del alma suprema— Parabrahm.
 
La primera envoltura, Ânanda-maya —llamada la «ilusión de naturaleza bienaventurada»— es la manas o quinto principio de los ocultistas, cuando está unida a Buddhi;
 
La segunda envoltura es Vijñâna-maya-kosa, la funda o «envoltura del auto-engaño», la manas cuando se ilusiona a sí misma creyendo en el «yo» personal o ego, con su vehículo.
 
La tercera envoltura, Mano-maya, compuesto de la «mente ilusionada» asociada a los órganos de acción y a la voluntad, es Kâmarûpa y Linga-sarîra combinados, que producen la ilusión de un «yo» o Mâyâvi-rûpa.
 
La cuarta envoltura se llama Prâna-maya, «vida ilusoria,» nuestro segundo principio de vida o jiv, donde reside la vida, la envoltura «respiratoria».
 
La quinta kosa es llamada Anna-maya, o envoltura alimentada por la comida — nuestro cuerpo material denso.
 
Todas estas envolturas producen otras envolturas menores, o seis atributos o cualidades cada una, la séptima es siempre la envoltura raíz; y al Âtman o espíritu que atraviesa todos estos cuerpos etéreos sutiles como un hilo, se le llama «hilo del alma» o sûtrâtman.
 
 
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Hemos concluido la demostración anterior. La Doctrina Esotérica misma bien puede llamarse a cambio la «doctrina del hilo», ya que como Sûtrâtman o Prânâtman, atraviesa, junta e hila a todos los antiguos sistemas filosófico-religiosos, y lo que es más, los reconcilia y explica. Pues aunque parecen externamente tan diferentes, no tienen sino una sola base, de la cual conocen su trascendencia, profundidad, extensión y naturaleza los que se han vuelto, como los «Hombres Sabios de Oriente», adeptos en la Ciencia Oculta.
 
 
 
 
 
 
 
APUNTES
 
1. El hecho que el propio Manú declara que fue creado por Viraj y entonces produjo los diez Prajapatis que a su vez produjeron a los siete Manús, que a su vez dieron nacimiento a otros siete Manús (Manú, I. 33-36), tiene relación con otros misterios más antiguos, y es al mismo tiempo un velo que recuerda la doctrina de la cadena Septenaria.
 
2. Véase Babilonia de George Smith, pág. 36. Aquí de nuevo, como los Manús y los 10 Prajâpatis y los 10 Sephiroths del Libro de los Números — ¡se reducen a siete!
 
3. Upanishad significa, según la autoridad Brahmánica, «conquistar la ignorancia revelando el conocimiento espiritual oculto.» De acuerdo con Monier Williams, el título se deriva de la raíz sad con la preposición upa y ni, e implica «algo místico que subyace o está debajo de la superficie.»
 
4. Este Karana-sarira es a menudo malentendido por el no iniciado como Linga-sarira, ya que se describe como el embrión rudimentario o latente interno del cuerpo, se confunde con él. Pero los Ocultistas lo consideran como la vida (el cuerpo) o Jiv, que desaparece al morir, es retraído — dejando que los principios primero y tercero, se desintegren y vuelvan a sus elementos.
 
 
(Theosophist, julio de 1883, p.253-256)