(El siguiente
articulo fue elaborado por la Logia Unida de Teósofos de Inglaterra y le
agradezco a Alexander por haberlo traducido y el texto original en inglés lo
pueden leer aquí.)
Pregunta:
En
la espiritualidad del Nuevo Pensamiento a menudo se hacen declaraciones como “Sólo
existe Dios y por lo tanto sólo existe el amor y el bien”. Estoy de acuerdo en
que sólo existe Dios, pero no puedo entender cómo se puede afirmar que “sólo
existe el amor y el bien” cuando es claramente evidente que tanto el odio como
el mal son también realidades pbjetivas definidas en este mundo. Pero ellos insisten en
que “No hay mal” y “Todo es Dios y todo es bueno”.
Respuesta:
El
movimiento del Nuevo Pensamiento, aunque es bien intencionado, también es
partidario de las enseñanzas híper idealistas y no filosóficas, y esta postura que
mencionas es una de ellas. Ellos usan la frase « Nuevo Pensamiento, Sabiduría
Antigua » para insinuar que sus enseñanzas están firmemente basadas en la
Sabiduría Divina de las Edades Antiguas, pero el hecho es que eso NO es cierto.
Lea
y estudie la Sabiduría Antigua contenida en todas las religiones y grandes
filosofías del mundo, y le garantizo que nunca encontrará nada en ninguna de
ellas que se asemeje a tales ideologías preconizadas por el Nuevo Pensamiento
como el asunto del que usted me está refiriendo.
La
Teosofía también preconiza firmemente la noción de no-dualidad y unidad
universal, pero a diferencia del Nuevo Pensamiento, la Teosofía tiene el suficiente
sentido común como para hacer la distinción necesaria entre la existencia absoluta
y la existencia manifestada.
Como
usted dice, es obvio que el odio y el mal son realidades objetivas definidas,
junto con muchas otras cosas desagradables y horribles, y el hecho es que siempre existirán en cierta medida
mientras exista el universo objetivo,
el universo manifestado.
La
gente del Nuevo Pensamiento puede tratar de negar fervientemente la existencia
de tales cosas, a través de sus afirmaciones y negaciones, pero es inútil
hacerlo.
En cambio la
Teosofía enseña que:
El mal y todos sus aspectos son el subproducto natural automático y el
resultado de la existencia de la MATERIA.
El
mal es realmente «imperfección» porque la perfección sólo pertenece al Espíritu
puro.
El
universo manifestado está impregnado de dualidad; la dualidad del espíritu y de
la materia, subjetivo y objetivo, etc. El universo no puede manifestarse ni
permanecer manifestado sin la existencia, la interacción y el contraste de
estos dos polos opuestos.
La
propia manifestación implica e involucra dualidad, y naturalmente esto da lugar
a todos los «dvandvas» o “pares de opuestos” tales como aquellas cosas que
llamamos: el bien y el mal, el amor y el odio, el gozo y el dolor, el hombre y le
mujer, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, y así sucesivamente ad
infinitum.
Pero
esta dualidad se aplica únicamente al universo manifestado y en cambio no hay dualidad
ÚLTIMA.
¿Por qué?
Porque
el universo manifestado no es la Realidad Última. La Realidad Única, Absoluta y
Última, no está ni manifestada ni es manifestable, y sólo ELLA es eterna,
mientras que el universo, como dijimos, es sólo un fenómeno temporal e
impermanente, y por lo tanto poco más que una ilusión ya que es una apariencia
pasajera.
Pero
siempre ocurre que cuando hay materia hay «mal» o «imperfección.» Una forma
ligeramente vulgar pero memorable de decirlo sería:
« Espíritu = Bien, Materia = Mal, Bien = Espíritu, Mal = Materia. »
« Espíritu = Bien, Materia = Mal, Bien = Espíritu, Mal = Materia. »
Pero
esto no quiere decir que la propia materia sea intrínsecamente malvada o
diabólica (ya que en última instancia proviene de la misma Fuente que el
espíritu) sino que la existencia manifestada de la materia inevitablemente da
lugar a la imperfección.
Y
más de una persona ha admitido previamente que todo esto parece mucho más razonable
y sensato que la postura aceptada por el Nuevo Pensamiento sobre este asunto.
En palabras de la propia H.P. Blavatsky:
«
La filosofía arcaica no reconoce ni el Bien ni el Mal como un poder
fundamental o independiente, sino partiendo del TODO Absoluto (la Perfección
Universal eternamente), trazados ambos a través del transcurso de la evolución
natural hacia la pura Luz que se condensa gradualmente en la forma, convirtiéndose
así en Materia o Mal. »
(La
Doctrina Secreta I, p.73)
«
El problema del origen del mal sólo puede abordarse filosóficamente si se toma
como base de este argumento, la fórmula arcaica de la India. Y es que solamente
la sabiduría antigua hindú resuelve la presencia del demonio universal de una
manera satisfactoria.
Los
antiguos sabios atribuyen el nacimiento del Kosmos y la evolución de la vida, a
la división de la UNIDAD primordial manifestada, hacia la pluralidad, o la gran
ilusión de la forma.
Y la HOMOGENEIDAD habiéndose transformado en Heterogeneidad, se crean naturalmente los contrastes; y de ahí surgió lo que llamamos MAL, que desde entonces reinó de manera suprema en este “Valle de Lágrimas” que es la Tierra.
Y la HOMOGENEIDAD habiéndose transformado en Heterogeneidad, se crean naturalmente los contrastes; y de ahí surgió lo que llamamos MAL, que desde entonces reinó de manera suprema en este “Valle de Lágrimas” que es la Tierra.
Pero
el panteísta Oriental creyendo en Una Realidad, que es el eterno Ser, la
“CAUSA sin causa” de la cual se ha exiliado a sí misma en un mundo de
formas, considera sus manifestaciones temporales y progresivas en el estado de Maya
(cambio o ilusión), como el mayor mal, verdaderamente; pero al mismo tiempo
como un proceso de la naturaleza tan inevitable como son los dolores del parto.
Y
es que este es el único medio por el cual el alma puede pasar de las vidas
limitadas y condicionadas de la tristeza, hacia la vida eterna, o hacia ese Ser
Absoluto.
En
su caso personal, Buddha nos dejó un ejemplo de fortaleza a seguir; en vivir,
no en huir de la vida. Su doctrina muestra el mal inmanente, no en la
materia, que es eterna, sino en las ilusiones creadas por ella: por medio
de los cambios y transformaciones de la materia que genera la vida (porque
estos cambios están condicionados y tal vida es efímera).
Y al
mismo tiempo se muestra que estos males no sólo son inevitables, sino también
necesarios porque si discerniéramos el bien del mal, la luz de las tinieblas, y
apreciáramos el primero, sólo podríamos hacerlo a través de los contrastes
entre los dos.
Mientras
que la filosofía de Buddha apunta (en su significado de la letra muerta) sólo
al lado oscuro de las cosas en este plano ilusorio. En cambio su esoterismo
arrastra el velo a un lado y revela al humano que alcanza la iluminación, las
glorias de la VIDA ETERNA en toda la Homogeneidad de la Conciencia y del Ser.
Y
esto sin duda será otro disparate para los ojos de la ciencia materialista, e
incluso para el idealismo moderno, pero es un hecho para el Sabio y el
Panteísta esotérico.
Sin
embargo la raíz de la idea de que el mal nace y se genera por las
complicaciones cada vez mayores de la materia homogénea, la cual adopta una
forma y se diferencia cada vez más a medida que esa forma se hace físicamente
más perfecta, tiene un lado esotérico que parece que nunca se le había ocurrido
al pesimista moderno.
Las
semillas del mal y del dolor fueron, de hecho, el resultado y la consecuencia
más tempranos de la heterogeneidad del universo manifestado. Sin embargo no son
más que una ilusión producida por la ley de los contrastes, que como se ha
descrito, es una ley fundamental en la naturaleza. Ni el bien ni el mal
existirían si no fuera por la luz que se arrojan mutuamente.
Y
a medida que la humanidad se multiplica, con ella también el sufrimiento (porque es el
resultado natural de un número creciente de unidades que lo generan), y la tristeza
y el dolor también se intensifican.
Vivimos
en una atmósfera de tristeza y desesperación, pero esto se debe a que nuestros
ojos están abatidos y clavados en la tierra, con todas sus manifestaciones físicas
y groseramente materiales.
Pero
si en vez de eso, el hombre procediera en su viaje de la vida, a mirar –no
hacia el cielo, lo cual no es más que una figura del lenguaje– sino dentro de sí mismo y centrara su
punto de observación sobre su ser interno,
pronto escaparía de las enroscaduras de la gran serpiente de la ilusión. Y entonces,
su vida sería soportable y digna de vivir desde la cuna a la tumba, incluso en
sus peores etapas. »
(Artículo
“El Origen del Mal”, extractos)
OBSERVACIÓN
Yo no
estoy completamente de acuerdo con este artículo, primero porque afirman que la
materia produce la maldad cuando en realidad la materia es neutral ya que como
el ángel lo señalo en el libro La
Respuesta del Ángel:
-
“La característica
de la materia es la inercia”.
Y
también el ángel añadió:
-
“El
universo es el cuerpo de Dios, entonces ¿cómo podría ser un cuerpo impuro?
Por consiguiente la creación manifestada NO es la que genera el mal, sino los humanos que
todavía son inmaduros y que por ello todavía se dejan dominar por su naturaleza
bestial.
Y
tampoco estoy de acuerdo en considerar la existencia manifestada como un lugar
solamente de imperfección porque mis estudios me han llevado a concluir que la manifestación tiende hacia la perfección, y que por lo tanto la perfección
también se manifiesta al final en el mundo manifestado.
Pero
hay un proceso para alcanzar esa perfección y es por eso que los humanos están
evolucionando. Y cuando por fin los humanos alcancen un alto nivel de
perfección, eso no significa que las fuerzas destructivas desaparecerán (ya que
la dualidad es necesaria para que exista la creación), sino que estas fuerzas serán
utilizadas de manera sabia junto con las fuerzas constructivas para así lograr
el equilibrio y la armonía en la creación.
Y detallo más al respecto en este otro artículo:


