¿CÓMO CAROL TIGGS SE CONVIRTIÓ EN LA MUJER NAGUAL?





Carlos Castaneda en su libro "El Don del Águila" (1981) reveló la manera como el nagual Don Juan Matus inició a Carol Tiggs en el sendero del guerrero chamánico, lo que terminó por transformar a esa jovencita linda y simpática, en una mujer poderosa: 'La Mujer Nagual', su semejante en femenino. 


« Casi inmediatamente después de conocerme, Don Juan se topó con una 'mujer doble' [que es el tipo de persona que puede convertirse en Nagual].
. . .
Me contó que un día, cuando él vivía en Arizona, fue a una oficina del gobierno a llenar una solicitud. La señora del mostrador le dijo que llevara esa solicitud a un empleado en la sección contigua, y sin mirarlo, señaló hacia su izquierda.

Don Juan siguió la dirección de su brazo extendido y vio a una mujer doble sentada en un escritorio [era Carol Tiggs].

Cuando le entregó su solicitud, se dio cuenta de que era solo una jovencita. Ella le dijo que no tenía nada que ver con esas solicitudes, pero compadeciéndose del pobre anciano indígena, se tomó el tiempo de ayudarlo a tramitarla.

Se necesitaban algunos documentos legales, documentos que Don Juan llevaba en el bolsillo, pero fingió total ignorancia e impotencia. Hizo como si la burocracia le resultara un enigma. "No era nada difícil simular una total falta de atención", decía don Juan. Solo tenía que volver a su estado de lucidez habitual.

Su propósito era prolongar su encuentro con la muchacha el mayor tiempo posible. Su mentor le había dicho, y él mismo lo había comprobado en su búsqueda, que las mujeres con doble personalidad son bastante raras.

Su mentor también le había advertido que ese tipo de mujeres poseen recursos internos que las hacen sumamente volátiles. Don Juan temía que, si no jugaba sus cartas con astucia, ella lo abandonaría.

Se aprovechó de su compasión para ganar tiempo. Provocó más retrasos fingiendo que los documentos legales se habían perdido. Casi a diario le traía uno diferente. Ella lo leía y con pesar le decía que no era el correcto. La joven se conmovió tanto por su lamentable situación que incluso se ofreció a pagarle a un abogado para que redactara una declaración jurada en lugar de los documentos.

Tras tres meses, Don Juan consideró oportuno presentar los documentos. Para entonces ella ya se había acostumbrado a él y casi esperaba verlo a diario. Don Juan fue una última vez para agradecerle y despedirse. Le dijo que le hubiera gustado llevarle un regalo para mostrarle su aprecio, pero que no tenía dinero ni para comer.

Conmovida por su sinceridad, ella lo invitó a almorzar. Mientras comían, él reflexionó que un regalo no tiene por qué ser necesariamente un objeto comprado. Podría ser algo que solo perdure en la mirada del que lo contempla. Algo para recordar, más que para poseer.

Sus palabras la intrigaron. Don Juan le recordó que había expresado compasión por los indígenas y su condición de pobres. Le preguntó si le gustaría verlos desde otra perspectiva: no como pobres, sino como artistas. Le contó que conocía a un anciano, el último de su estirpe de bailarines de poder. Le aseguró que el hombre bailaría para ella si se lo pedía; además, le prometió que jamás había visto nada igual, ni lo volvería a ver. Era algo que solo los indígenas habían presenciado.

La idea le encantó. Lo recogió después del trabajo y se dirigieron a las colinas donde él le había dicho que vivía el indígena. Don Juan la llevó a su casa. Le pidió que detuviera el coche a cierta distancia y comenzaron a caminar el resto del camino. Antes de llegar a la casa, se detuvo y trazó una línea con el pie en la tierra arenosa y seca. Le dijo que esa línea marcaba un límite y la animó a cruzarla.

La propia mujer nagual [Carol Tiggs] me contó que hasta ese momento le había intrigado mucho la posibilidad de presenciar a un auténtico bailarín indígena, pero cuando el anciano indígena trazó una línea en la tierra y la llamó límite, empezó a dudar. Entonces se alarmó profundamente cuando él le dijo que ese límite era solo para ella y que una vez que lo cruzara, no habría vuelta atrás.

Al parecer, el indígena notó su consternación e intentó tranquilizarla. Le dio una palmadita cortés en el brazo y le aseguró que no le pasaría nada mientras él estuviera cerca. Le explicó que el límite podía interpretarse como una forma de pago simbólico al bailarín ya que éste no quería dinero. El ritual sustituía al dinero, y el ritual requería que ella cruzara el límite por voluntad propia.

El viejo indio, con gran regocijo cruzó la línea y le dijo que para él todo aquello era una completa tontería india, pero que al bailarín, que los observaba desde dentro de la casa, había que complacerlo si quería verlo bailar.

La mujer nagual dijo que de repente sintió tanto miedo que no pudo cruzar la línea. El anciano indígena intentó convencerla diciéndole que cruzar ese límite era beneficioso para todo el cuerpo. Cruzarlo no solo lo había hecho sentir más joven, sino que realmente lo había rejuvenecido; tal era el poder que tenía ese límite.

Y para demostrarlo, volvió a cruzarlo e inmediatamente sus hombros se encorvaron, las comisuras de sus labios se descompusieron y sus ojos perdieron el brillo. La mujer nagual no pudo negar los cambios que habían supuesto esos cruces.

Don Juan cruzó la línea por tercera vez. Respiró hondo, expandiendo el pecho; sus movimientos eran rápidos y audaces. La mujer nagual comentó que se le pasó por la cabeza que incluso podría intentar propasarse. Su coche estaba demasiado lejos para escapar. Lo único que pudo hacer fue convencerse de que era una tontería temerle a aquel viejo indígena.

Entonces el anciano apeló de nuevo a su razón y a su sentido del humor. Con tono conspirador, como si revelara un secreto con cierta reticencia, le dijo que solo fingía ser joven para complacer al bailarín, y que si ella no lo ayudaba cruzando la línea, se desmayaría en cualquier momento por el esfuerzo de caminar sin encorvarse. Caminó de un lado a otro de la línea para mostrarle el inmenso esfuerzo que implicaba su pantomima.

La mujer nagual dijo que sus ojos suplicantes revelaban el dolor que su cuerpo envejecido sufría al intentar aparentar juventud. Así que ella cruzó esa línea para ayudarlo y acabar con todo aquello. Ella ya quería irse a casa.


En el instante en que cruzó la línea, Don Juan dio un salto prodigioso y se deslizó sobre el tejado de la casa. La mujer nagual dijo que Don Juan voló como un enorme bumerán. Y cuando aterrizó a su lado, cayó de espaldas.

El susto fue indescriptible, pero también la emoción de haber presenciado tal maravilla. Ni siquiera preguntó cómo había logrado semejante hazaña. Ella quería correr de vuelta a su coche y regresar a su casa.

El anciano la ayudó a levantarse y se disculpó por haberla engañado. De hecho, dijo que él mismo era el bailarín y su vuelo sobre la casa había sido su danza. Le preguntó si había prestado atención a la dirección de su vuelo. La mujer nagual hizo un círculo con la mano en sentido contrario a las agujas del reloj.

Le dio una palmadita paternal en la cabeza y le dijo que era muy auspicioso que hubiera estado atenta. Luego le comentó que tal vez se había lastimado la espalda al caer y que no podía dejarla ir sin asegurarse de que estuviera bien. Con decisión le enderezó los hombros y le levantó la barbilla y la nuca, como si le indicara que extendiera la columna. Acto seguido, le dio un fuerte golpe entre los omóplatos, dejándola sin aliento. Por un instante ella no pudo respirar y se desmayó.

Cuando recuperó la consciencia, estaba dentro de su casa. Le sangraba la nariz, le zumbaban los oídos, respiraba agitadamente y no podía enfocar la vista. Él le indicó que respirara profundamente contando hasta ocho. Cuanto más respiraba, más claro todo se volvía. En un momento dado, ella me contó que toda la habitación se volvió incandescente. Todo brillaba con una luz ámbar.

Se quedó aturdida y ya no podía respirar profundamente. La luz ámbar era ahora tan densa que parecía niebla. Luego, la niebla se transformó en telarañas ámbar. Finalmente se disipó, pero el mundo permaneció uniformemente ámbar durante un tiempo más.

Entonces Don Juan comenzó a hablarle. La llevó afuera de la casa y le mostró que el mundo estaba dividido en dos mitades. El lado izquierdo era claro, pero el derecho estaba velado por una niebla ámbar. Le dijo que era monstruoso pensar que el mundo o nosotros mismos somos comprensibles. Le explicó que lo que ella percibía era un enigma; un misterio que solo se podía aceptar con humildad y asombro.

Luego le reveló la regla. Su lucidez era tal que comprendió todo lo que él decía. La regla le pareció apropiada y evidente.

Le explicó que las dos facetas de un ser humano están totalmente separadas y que se requiere gran disciplina y determinación para romper ese sello y pasar de una a otra.

Los humanos dobles tienen una gran ventaja: la condición de ser doble les permite un movimiento relativamente fácil entre los compartimentos del lado derecho. Pero la gran desventaja de los seres dobles es que, al tener dos compartimentos, son sedentarios, conservadores y temerosos del cambio.

Don Juan le dijo que su intención había sido hacerla pasar de su compartimento derecho extremo a su lado izquierdo-derecho más lúcido y agudo; pero en cambio, por alguna extraña razón, su golpe la había enviado a través de toda su dualidad, desde su lado derecho extremo cotidiano a su lado izquierdo extremo.

Intentó cuatro veces que recuperara la consciencia, pero fue en vano. Sin embargo, sus golpes la ayudaron a percibir la pared de niebla a voluntad.

Aunque no lo había pretendido, Don Juan tenía razón al decir que esa línea era un límite infranqueable para ella. Una vez que la cruzó, al igual que Silvio Manuel, jamás regresó»
(Esto está al final del capítulo 11)





OBSERVACIONES

En ese relato Don Juan afirma que casi inmediatamente después de haber conocido a Carlos Castaneda, Don Juan también conoció a Carol Tiggs, quien en ese entonces trabajaba en una oficina del gobierno en Arizona.

Castaneda reveló que conoció a Don Juan en el verano de 1960 o 1961 (algunos de los testigos que lo escucharon revelar eso dicen que fue en 1960 y otros dicen que fue en 1961).

Posteriormente se descubrió que Carol Tiggs nació el 24 de noviembre de 1947, lo que implica que en el verano de 1960 ella tenía doce años. ¡Pero es absurdo que una niña de doce o trece años trabajara en una oficina del gobierno estadounidense!

Pero además, cuando se investiga la vida de Carol Tiggs se descubre que ella nunca vivió en Arizona, sino que ella residió toda su vida en California, al menos hasta la muerte de Castaneda que ocurrió en 1998. Por lo que ese relato de Castaneda es una mentira.


¿Podría haber sucedido ese acontecimiento en otro lugar y en otra fecha?

Francamente considero que no debido a que Carol Tiggs mostró ser muy incompetente en asuntos chamánicos; y he escuchado que Carlos Castaneda la nombró "mujer nahual" solo para convencerla que regresara con él.

Lo cual ha de ser cierto porque Carol no ha mostrado tener ningún poder, ninguna capacidad extranormal, ni tampoco ningún conocimiento oculto, y la gente que la ha conocido dice que ella es una persona muy común.









 

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