DISCÍPULOS Y CHELAS LAICOS


 
En el Oriente se le llama "chela" al discípulo de un adepto, y sobre los chelas y el chelado (discipulado) Blavatsky escribió el siguiente artículo:
 
« Dado que la Teosofía ha introducido, entre muchos otros términos, la palabra “chela” en la nomenclatura de la metafísica occidental, y puesto que la circulación de nuestra revista Theosophist está en constante ascenso, sería oportuno dar una explicación más definida referente al sentido de ese término chela y acerca de las reglas del estado del chelado, para el beneficio de los miembros europeos y también orientales.
 
Entonces un chela es aquella persona que se ha entregado como discípulo para aprender “los misterios ocultos de la Naturaleza y los poderes psíquicos latentes en el ser humano”.
 
En la India, con el término gurú se indica al maestro espiritual al cual una persona propone su candidatura para volverse su chela, y el gurú auténtico es siempre un Adepto en la Ciencia Oculta. Él es un ser con un profundo conocimiento exotérico y esotérico, especialmente en lo que concierne a este último.
 
Un individuo así ha controlado por medio de su voluntad su naturaleza carnal y ha desarrollado en sí mismo tanto el poder (Siddhi) para controlar las fuerzas de la naturaleza, como la capacidad de hurgar sus secretos, valiéndose de los poderes de su ser que anteriormente estaban latentes, pero ahora están activos. Este es el verdadero gurú.
 
Y ofrecerse como candidato para volverse un chela es bastante fácil, pero en cambio recorrer el sendero del chelado para convertirse en un adepto es la tarea más ardua que un humano pueda emprender.
 
Hay una profusión de poetas, matemáticos, mecánicos y estadistas “congénitos”; sin embargo un adepto congénito es algo prácticamente imposible, pues aunque muy raramente se oye hablar de alguien que tiene una extraordinaria capacidad innata para adquirir el conocimiento y los poderes ocultos, también este individuo debe  experimentar las mismas pruebas que adiestran a la personalidad y pasar por la misma autodisciplina que cualquier otro compañero aspirante que sea menos dotado.
 
Y es una verdad diamantina que no existe ningún camino rápido en el chelado a lo largo del cual los privilegiados puedan viajar.
 
Durante siglos los Maestros transhimaláyicos han seleccionado a sus chelas fuera del grupo hereditario dentro del gon-pa (templo) entre la profusa clase de místicos congénitos tibetanos. Las únicas excepciones han sido los casos de hombres occidentales tales como Fludd, Thomas Vaughan, Paracelso, Pico de la Mirandola, el conde de Saint-Germain, etc., cuya afinidad temperamental con esta ciencia celestial que es el verdadero ocultismo, indujo a los adeptos distantes a entablar relaciones personales con estos occidentales, dándoles la oportunidad de obtener una porción más o menos pequeña de la verdad plena, según les era posible divulgar en el medio ambiente social en el que estos ocultistas se encontraban.
 
 
 
Exigencias para volverse un chela
 
En el cuarto Libro de Kiu-te, en el capítulo concerniente a “Las Leyes de los Upasanas”, aprendemos que las calificaciones necesarias para un chela son:
 
1.   Una salud física perfecta.
2.   Una pureza mental y física absolutas.
3.   Un propósito inegoísta, caridad universal, compasión para todos los seres animados.
4.   Lealtad y una fe diamantina en la ley de Karma, independiente de algún poder en la naturaleza que podría interferir como una ley cuyo curso no puede obstruirse por ningún agente, ni ser modificado por la oración, ni siquiera por ceremonias exotéricas propiciatorias.
5.   Una osadía intrépida en toda emergencia aun a costo de su vida.
6.   Una percepción intuitiva de que él es el vehículo de Avalokitesvara manifestado o Atma Divino (Espíritu.)
7.   Una calmada indiferencia; pero una justa apreciación para todo lo que constituye el mundo objetivo transitorio en su relación con y hacia las regiones invisibles.
 
Estas deben ser al menos las mínimas calificaciones de aquel que aspira al estado de chela perfecto, y sólo la primera en casos raros y excepcionales puede ser modificada, mientras las demás son objetos de insistencia irrevocable, y todas deben haber sido más o menos desarrolladas en la naturaleza interna del candidato por los esfuerzos auto-inducidos del chela, antes de que este pueda ser puesto verdaderamente a prueba.
 
Cuando el asceta, según su capacidad natural a lo largo del camino autoevolutivo, tanto dentro del mundo activo o fuera de él, ha dominado y se ha colocado sobre su (1) Sarira, cuerpo; (2) Indriya, sentidos; (3) Dosha, limitaciones; (4) Dukkha, dolor; y está listo para hacerse uno con su triada superior (Manas, mente; Buddhi, la inteligencia espiritual y Atma, el alma suprema o espíritu divino) y además reconoce en Atma el regente más elevado en el mundo de las percepciones y en la voluntad, así como la energía (o poder) ejecutiva suprema. Entonces, conforme a las reglas venerables, el chela puede ser tomado bajo la égida de uno de los Iniciados.
 
Y a partir de ese momento se le podrá mostrar el camino misterioso a cuyo final se le enseña al chela el discernimiento infalible de Phala o los frutos de causas producidas, entregándole los medios para alcanzar Apavarga, que es la emancipación de la miseria de los renacimientos cíclicos (y en cuya determinación el ignorante es impotente), evitando así Pratya-bhava o sea la transmigración. (En otras palabras, el humano aprende a liberarse del ciclo de las reencarnaciones)
 
 
 
El chelado en la Sociedad Teosófica
 
Desde el advenimiento de la Sociedad Teosófica, una de cuyas arduas tareas consistía en volver a despertar en la mente de los hombres la memoria latente de la existencia de esta ciencia y de estas capacidades humanas trascendentales, las reglas de la selección del chela, desde un cierto punto de vista, se han hecho levemente menos austeras.
 
Muchos miembros de la Sociedad Teosófica se postularon como candidatos al estado de chela porque la prueba práctica que se les dio, sobre los puntos anteriores, los convenció de creer que si otros seres humanos ya han alcanzado la meta, ellos también podrían realizarla siguiendo el mismo camino, si estaban inherentemente preparados.
 
Y vista su insistencia se les otorgó la oportunidad de al menos comenzar con un inicio de probación, ya que hubiera sido una interferencia con el Karma negárselos. Pero hasta la fecha los resultados han sido muy poco alentadores y se ordenó la recopilación de este artículo para mostrarles a estos desdichados la causa de su fracaso y poner en alerta a otros que sin reflexionarlo, quisieran precipitarse en un destino similar.
 
A pesar de que los candidatos en cuestión fueron advertidos con anticipación, ellos comenzaron cometiendo el error de mirar egoístamente hacia el futuro, perdiendo de vista el pasado. Se olvidaron que no habían hecho nada para merecer el raro honor de esta selección, ni nada que les garantizara tal privilegio al cual sentían tener derecho y que no podían ufanarse de ninguno de los méritos enumerados.
 
Como seres humanos del mundo sensual y egoísta, casados o solteros, comerciantes, empleados, soldados o catedráticos; todos habían pasado por una escuela más calculada para asimilarlos con la naturaleza animal que para desarrollar en ellos las potencialidades espirituales.
 
Sin embargo cada uno de ellos era tan vanidoso que suponía que en su caso se haría una excepción a la ley establecida en un pasado remoto, como si en realidad en su persona hubiese nacido un nuevo Avatar en el mundo.
 
Todos esperaban que se les enseñaran las cosas ocultas y que se les entregaran poderes extraordinarios sólo por haberse unido a la Sociedad Teosófica, pero también debemos ser justos y señalar que algunos de ellos determinaron mejorar sinceramente sus vidas, abandonando su mala conducta.
 
Al principio fueron rechazados todos, empezando por el presidente de la Sociedad Teosóficas, el Coronel Olcott, y no hacemos ningún mal en decir que él no fue aceptado formalmente como chela hasta que probó por más de un año de duro trabajo devoto y una determinación inquebrantable, que podía ser puesto a prueba sin peligro.
 
Entonces por todos lados se oyeron quejas de los hindúes (que deberían haber sido más perceptivos) y de los europeos, los cuales obviamente no estaban en la condición de saber nada acerca de las reglas para el chelado.
 
Se argumentaba que si no se daba la oportunidad de probar a unos pocos teósofos, entonces la Sociedad Teosófica no podría sobrevivir, mientras que todo otro aspecto noble y altruista de nuestro programa fue ignorado y en la febril carrera hacia el adeptado, se pisotearon y se perdieron de vista el deber de uno hacia su prójimo, su país, su deber de ayudar, iluminar, alentar y elevar a los más débiles y menos afortunados que uno.
 
En todo círculo resonaba el pedido por los fenómenos y sólo los fenómenos. Los fundadores de la Sociedad Teosófica no podían llevar a cabo su verdadero trabajo porque se les importunaba constantemente a fin de que intercedieran con los Maestros (la fuente de la verdadera queja) aunque fueron sus pobres agentes el blanco de todo ataque.
 
Al final las autoridades superiores accedieron a que unos pocos de los candidatos más insistentes pudieran comenzar a ser probados. Y quizá el fracaso de este experimento muestre de forma más clara, y más que cualquier sermón, lo que implica el estado de chela y cuáles son las consecuencias del egoísmo y de la temeridad.
 
Cada candidato fue advertido que debía esperar años antes de que se probara su idoneidad y que debía pasar por una serie de pruebas que llevarían a la superficie todo lo que había de bueno o malo en ellos. La mayoría eran hombres casados, por eso se les denominó “chelas laicos”, un neologismo en español, sin embargo su sinónimo era muy antiguo en los idiomas asiáticos.
 
 
 
Los chelas laicos
 
Un chela laico es una persona del mundo que anhela firmemente convertirse en un sabio en las cosas espirituales. Virtualmente cada miembro de la Sociedad Teosófica que acepte el segundo de los tres “Principios Declarados” es un chela laico. Sin embargo aunque todavía no forme parte de los chelas auténticos, tiene la posibilidad de convertirse en tal, porque ha atravesado el confín que lo separaba de los Maestros y podríamos decir que se ha hecho notar por ellos.
 
Al unirse a la Sociedad Teosófica y al comprometerse en ayudar al trabajo, ha dado su promesa de actuar en cierto grado en armonía con esos Maestros, por cuya instancia se organizó la Sociedad Teosófica y bajo cuya protección condicional permanece.
 
Pero unirse a ella es simplemente la introducción y todo el resto depende plenamente de cada miembro, que nunca deberá esperar el más pequeño “favor” por parte de uno de nuestros Mahatmas o de algún otro Maestro en el mundo, y si este último decidiera hacerse conocer, esto no sería el fruto completo del mérito personal, ya que los Maestros son los servidores de la Ley de Karma y no sus árbitros.
 
El estado de chela laico no otorga ningún privilegio a nadie, excepto el de trabajar para ese mérito y bajo la observación de un Maestro, y el hecho que el chela vea o no al Maestro no altera el resultado, ya que sus pensamientos, sus palabras y acciones buenas fructificarán, así como las malas.
 
Ufanarse por ser un chela laico u ostentarlo, es la manera más segura para reducir la relación con el gurú a algo simplemente nominal, debido a que esa actitud es una prueba tajante de vanidad e incapacidad para un progreso ulterior.
 
Durante años hemos enseñado siempre la máxima: “Primero merece y luego desea” una relación íntima con los Maestros.
 
 
 
La confrontación del chela con sus defectos
 
Ahora bien, en la naturaleza obra una ley terrible, inalterable y cuya operación aclara el aparente misterio de la selección de ciertos “chelas” que en estos años pasados han resultado ser tristes ejemplos morales. ¿Recuerda el lector el antiguo proverbio: “dejar lo bueno en paz”?
 
Este refrán encierra un mundo de verdad oculta, ya que ningún humano conoce su fuerza moral hasta que es puesto a prueba. Millares llevan vidas respetables porque jamás se han visto acorralados. No cabe duda que esta es una verdad común, pero es muy pertinente en el caso de un chela puesto a prueba, debido a que aquél que trata de emprender el estado de chela, despierta y exacerba hasta la desesperación, toda pasión latente de su naturaleza animal.
 
Y ese es el comienzo de una lucha por el dominio de nosotros mismos en la cual no hay espacio para la indulgencia ya que implica, de una vez por todas: “Ser o No ser”.
 
La victoria conduce hacia el Adeptado, mientras que la derrota conduce hacia un martirio innoble porque la persona caer víctima de la lujuria, el orgullo, la avaricia, la vanidad, el egoísmo, la cobardía o cualquier otra de las tendencias inferiores que siguen presentes en su interior, y es en realidad algo innoble para el parámetro de un verdadero ser humano.
 
Y el chela no solamente es llamado a encarar todas las proclividades malas latentes en su naturaleza, sino también todo el poder maléfico acumulado por la comunidad y la nación a las cuales pertenece, ya que él es parte integrante de esos agregados y lo que influencia al ser humano individual o a la colectividad (ciudad o nación), repercute también sobre él.
 
Y en este caso, la batalla que ha librado en favor de la bondad, desarmoniza todo el conjunto de la maldad en su ambiente, la cual reacciona precipitando su furia sobre él.
 
Un humanos que está satisfecho con seguir la corriente de sus semejantes, siendo casi como ellos, quizá un poco mejor o algo peor de lo ordinario, no atraerá la atención de nadie. Pero tan pronto como se sabe que ha podido detectar la vaciedad del teatro de la vida social, su hipocresía, egoísmo, sensualidad, codicia y otros aspectos negativos, y ha tomado la determinación de levantarse a un nivel superior. Entonces inmediatamente se convierte en el objeto de odio y toda naturaleza negativa, fanática o malévola, que le envían una corriente de malquerencia que se opone a su poder de voluntad.
 
Si el chela es inherentemente fuerte la dominará, así como el poderoso nadador se desliza por la corriente impetuosa que arrastraría a uno más débil. Sin embargo, en esta lucha moral, si el chela tiene una sola limitación, entonces haga lo que haga, ésta aflorará y lo vencerá.
 
El barniz de las convencionalidades que la “civilización” sobrepone a todos nosotros, debe disiparse hasta su último vestigio para que el Sí Interno pueda expresarse libre y exento del más leve velo que oculta su realidad. Y bajo la presión del estado de chela, es posible que se olviden los hábitos sociales que hasta cierto punto mantienen la humanidad bajo un freno moral, obligándola a pagar tributo a la virtud, aparentando una bondad que puede ser o no ser genuina, y al mismo tiempo estos frenos pueden desintegrarse.
 
En ese momento, el chela se encuentra en una atmósfera muy ilusoria (Maya). El vicio asume su máscara más cautivante y las pasiones tentadoras tratan de embelesar al aspirante inexperto en las anfractuosidades del degrado psíquico.
 
Lo antedicho es un poco análogo al cuadro de un gran artista donde Satán está jugando al ajedrez con un hombre que ha apostado su alma, mientras el ángel de la guarda lo asiste y lo aconseja. Pero en el caso del chela, la lucha es todavía más dura porque es entre su voluntad espiritual y su naturaleza carnal, y el Karma prohíbe que algún ángel o Gurú interfiera hasta que se sepa el resultado.
 
En el libro “Zanoni”, obra que los ocultistas siempre apreciarán, su autor Bulwer Lytton idealiza todo esto con una vívida fantasía poética; mientras que en su otra obra “Una Historia Extraña” se vale de la misma facundia para mostrar el lado negro de la búsqueda oculta y sus peligros mortales.
 
El otro día un Maestro definió el estado de chela como un “disolvente psíquico que carcome toda la incrustación, dejando aflorar el oro puro”. Si el candidato tiene un deseo latente por el dinero, el embrollo político, el materialismo escéptico, la ostentación vana, la mentira, la crueldad y la gratificación sensual de cualquier tipo, es casi cierto que esta semilla brotará análogamente a las cualidades nobles de la naturaleza humana.
 
Emerge en el chela lo que en realidad todavía es. Entonces, ¿no es quizá la cumbre de la demencia dejar el camino tranquilo de la vida común y corriente, para escalar los desfiladeros del estado de chela sin estar seguro que uno ya posee lo que se requiere para pasar las pruebas con éxito?
 
La Biblia dice: “Que aquel que está de pie ponga atención, si no quiere caerse”.
 
Palabras que todo aspirante a chela debería tomar en seria consideración antes de precipitarse en el fuego de la prueba. Y para algunos de nuestros chelas laicos, hubiera sido conveniente que lo hubiesen pensado dos veces antes de retar las pruebas.
 
Recordemos varios fracasos de los últimos doce meses:
 
  • Uno enloqueció, negó los sentimientos nobles expresados sólo unas semanas anteriores y se hizo miembro de una religión que había justa y desdeñosamente, comprobado ser falsa.
  • Un segundo fue el reo de un delito y escapó con el dinero de su patrón, que es también un teósofo.
  • Un tercero se entregó a una lujuria grosera, confesándola inútilmente entre murmullos y sollozos a su Gurú.
  • Un cuarto se enredó con una persona del sexo opuesto y alienó sus amistades más queridas y verdaderas.
  • Un quinto mostró síntomas de aberración mental y fue llevado a la corte bajo cargos de conducta vergonzosa.
  • Un sexto cuando estaba por ser capturado, se disparó para sustraerse a las consecuencias de su conducta criminal.
  • Y la lista continúa.
 
Todos eran aparentemente buscadores sinceros de la verdad y llevaban una vida respetable. Externamente y según las apariencias, eran buenos candidatos para volverse chelas; sin embargo “en el interior todo era putrefacción y huesos de muertos”. La capa del mundo era tan densa que ocultaba la ausencia del oro en su interior, y el “disolvente” al hacer su trabajo mostró que en cada caso el candidato era una simple figura blanqueada de escorias morales, desde la circunferencia hasta el centro […]
 
 
En lo anterior hemos tratado sólo de los fracasos entre los chelas laicos; sin embargo también ha habido éxitos parciales que están pasando gradualmente por las primeras etapas de su prueba.
 
Algunos tratan de ser útiles a la Sociedad Teosófica y al mundo en general mediante un buen ejemplo y la enseñanza que comparten. Y si persisten, ellos y nosotros nos beneficiaremos mucho. Les esperan pruebas muy arduas, pero nada “es Imposible para quien tiene la voluntad”.
 
~ * ~
 
Las dificultades en el estado de chela jamás se amortiguarán hasta que la naturaleza humana cambie y los humanos se vuelvan de manera general más fraternales y espirituales.
 
San Pablo debe haber pensado en un chela cuando dijo:
 
-      “La voluntad está presente en mí; pero no encuentro cómo poner en práctica lo que es bueno, pues el bien que quisiera hacer no lo hago y el mal que no quisiera hacer, eso sí lo hago.” (Romanos, vii., 18-19)
 
Y en el sabio “Kiratarjuniya de Bharavi” leemos:
 
-      “Los enemigos que afloran dentro del cuerpo humano, las pasiones malas son de difícil dominio, y si las combatiéramos con osadía, el que las conquista es comparable al conquistador de los mundos.” (XI, 32)
 
 »
 
(Theosophist, julio de 1883)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿PUEDEN LOS MAESTROS SER EGOÍSTAS?


 
Varios teósofos se pusieron molestos al constatar que los Maestros eran muy restrictivos a la hora de revelar sus conocimientos y es por eso que los acusaron de ser egoístas. A lo que Blavatsky respondió a esas inculpaciones publicando el siguiente artículo en la revista Theosophist:
 
« En varios escritos sobre temas de esoterismo se encuentra la declaración que el altruismo es una condición imprescindible para tener éxito en el sendero del ocultismo, o podríamos decir de forma más precisa que el desarrollo de un sentimiento altruista es en sí mismo la disciplina primaria que lleva hacia “el conocimiento que es poder”.
 
Por lo tanto el ocultista no trabaja para adquirir ese “conocimiento” tal como comúnmente se entiende esa palabra, sino que este conocimiento que aporta el verdadero poder le llega porque el humano logró quitarse el velo que le ocultaba el verdadero saber de su vista, ya que la base del conocimiento existe por dondequiera, dado que el mundo fenoménico proporciona, o mejor dicho, abunda de hechos cuyas causas pueden y deben descubrirse.
 
Y nosotros sólo vemos los efectos en el mundo fenoménico, ya que cada causa en ese mundo es en sí mismo, el efecto de alguna otra causa y así sucesivamente.
 
Entonces el verdadero conocimiento consiste en penetrar en la raíz de todos los fenómenos, llegando así hasta la correcta comprensión de la causa primaria o sea la “raíz sin raíz”, la cual ya no es un efecto de algo sino que es la causa original de todo.
 
Y si bien para percibir correctamente algo en el mundo fenoménico, se pueden usar los sentidos o instrumentos que corresponden con la naturaleza de dicho objeto. En cambio para comprender al nóumeno (que es la existencia que trasciende a todo lo demás) ahí se necesita de un sentido nouménico (o sea de un sentido que también es trascendental). Mientras que los fenómenos transitorios son perceptibles mediante los sentidos que corresponden con la naturaleza de tales fenómenos.
 
Y la Filosofía Oculta nos enseña que la única Realidad Eterna es el séptimo principio, mientras los restantes que pertenecen a lo impermanente, al “mundo de las formas”, son ilusorios en el sentido de que son transitorios. El radio de acción de ellos se limita únicamente al mundo fenoménico, a lo conocible mediante los sentidos correspondientes con la naturaleza de esos seis principios.
 
Quedará claro con esto que sólo el séptimo sentido que pertenece al mundo nouménico es capaz de comprender a la Realidad Abstracta que se encuentra en la base de todos los fenómenos. Y como este séptimo principio es omnipenetrante, existe potencialmente en todos nosotros y aquél que quiere llegar al verdadero saber, debe desarrollar este sentido, o mejor dicho, debe descorrer los velos que le ocultan su manifestación.
 
Ahora bien, todo sentido de personalidad se circunscribe sólo a estos seis principios inferiores, los cuales se relacionan únicamente con el “mundo de las formas.” Por lo tanto el conocimiento más elevado es obtenible sólo desgarrando todas las cortinas de Maya (la ilusión) que el sentido de personalidad interpuso ante el Atma impersonal (que es nuestro principio más elevado: el Espíritu Divino).
 
Y es sólo en esa personalidad que se centra el egoísmo o más bien dicho, el egoísmo crea a la personalidad y viceversa; ya que ambos actúan y se repercuten mutuamente, puesto que el egoísmo es ese sentimiento que busca la exaltación de la propia personalidad cuando mantiene una actitud egocentrica, excluyendo a los demás, y por lo tanto si el egoísmo nos limita en personalidades estrechas, es imposible alcanzar el conocimiento absoluto sin haberse liberado primero del egoísmo.
 
Sin embargo, mientras que vivimos en este mundo fenoménico, no podemos estar completamente exentos de algún sentido personal, a pesar de lo elevado que ese sentimiento pueda ser, es decir que no debe quedar ningún sentimiento de exaltación o ambición personales para poder llegar al nivel de un Maestro.
 
Así es que nuestra constitución y estado evolutivo nos colocan en el “Mundo de la Relatividad”; pero cuando discernamos que la impersonalidad y la no-dualidad es el fin último de la evolución cósmica, entonces deberemos esforzarnos para trabajar con la Naturaleza sin oponernos a su impulso inherente, que al final debe de todas maneras imponerse, porque actuar en contra implica el sufrimiento debido a que una fuerza más débil en su egoísmo, trata de oponerse a una ley universal (en su amor omnipresente).
 
Y todo lo que el ocultista que se encuentra en el sendero iniciático hace es simplemente acelerar este proceso, permitiendo a su Voluntad actuar al unísono con la Voluntad Cósmica. Y esto es factible mediante el control exitoso del conato vano de la personalidad de imponerse, contrastando la Voluntad Cósmica.
 
Y dado que el Maestro es simplemente un ocultista muy adelantado que ha llegado a controlar su “yo inferior", avasallándolo de forma más o menos completa al impulso Cósmico, esto implica que en la naturaleza de las cosas le es imposible actuar egoístamente debido que tan pronto como el Maestro deja que su “yo personal” se imponga, entonces él cesa de ser un Maestro.
 
Por lo tanto los que aún se encuentran nublados en la madeja de los sentidos engañadores de la personalidad, y que acusan a los Maestros de ser “egoístas” por no compartir el conocimiento, no saben de lo que están hablando.
 
La Ley de la evolución Cósmica opera constantemente para alcanzar su propósito de la unidad última y para transportar el mundo fenoménico hacia el nouménico; además que los Maestros que están en relación con ese plano, dan su asistencia para que dicho propósito se realice.
 
Entonces ellos son los que saben muy bien cuál conocimiento es mejor para la humanidad en un particular estado de su evolución, y nadie más es competente para juzgar este asunto ya que sólo los Maestros tienen el conocimiento básico para poder determinar el curso correcto y ejercer el discernimiento adecuado.
 
Por lo tanto cuando nosotros que aun estamos luchando en la telaraña de los sentidos ilusorios, queremos dictar cuál conocimiento los Maestros deberían impartirnos y cómo ellos deberían de actuar, es como si un muchacho de la calle presumiera enseñarle ciencia al profesor Huxley o política al señor Gladstone.
 
 
 
Conclusión
 
Es evidente que tan pronto como el sentido más leve de egoísmo trata de imponerse, entonces la visión del sentido espiritual, que es la única percepción que le permite a un humano ser un Maestro, se opaca y entonces ese humano pierde el “poder” que sólo el conocimiento trascendental le puede otorgar.
 
Por eso hay que ejercer un control constante de la “Voluntad” para impedir que nuestra naturaleza inferior aflore, como acontece actualmente en nuestro estado presente aún no desarrollado.
 
Y por consiguiente la condición esencial con la que el estudiante debe empezar, es un extremo esfuerzo activo y no la pasividad.
 
En primer lugar su actividad se debe dirirgir a tener en jaque a la influencia antagónica del “yo inferior”; y una vez realizado esto, su Voluntad libre de fluir y centrada en su “yo superior” (que es su ser real) se pondrá a trabajar de forma muy eficiente y activa al unísono con la ideación cósmica de la Mente Divina. »
(agosto de 1884)
 
 
 
 
 
 
 
OBSERVACIONES
 
En una carta el maestro Kuthumi señaló que:
 
« Un adepto es un mortal ordinario en todos los momentos de su vida diaria, excepto en aquellos cuando su ser superior está actuando. »
(CM 24B, p.180)
 
Y el maestro Pastor en una conferencia añadió que:
 
« Si yo pensara de manera egoísta, entonces la luz divina instantáneamente destruiría toda mi posibilidad de interactuar con ustedes. »
(19.09.87)
 
 
Vemos por lo tanto que lo que dicen los maestros coincide con lo que dijo Blavatsky, y que los Maestros son solamente humanos que han logrado plenamente conectarse con su naturaleza superior, la cual es la que les aporta los poderes que ellos utilizan.
 
Pero para poderse conectar con su naturaleza superior, ellos necesitan eliminar el egoísmo de su interior porque la naturaleza superior es completamente altruista ya que ella es universal, y desde el momento en que un Maestro comienza a manifestar un comportamiento egoísta, esa conexión se rompe.
 
Y los propios Maestros explicaron que si ellos no comparten todo su conocimiento con los humanos, no es por egoísmo sino porque los humanos todavía no están preparados para recibirlo, ya que el conocimiento aporta poder, y el egoísmo que todavía prevalece entre los hombres haría de ese poder algo muy dañino para el mundo.
 
Simplemente vean lo que los hombres han hecho con el conocimiento de la energía atómica. Así que imagínense lo que podrían hacer con conocimientos todavía más poderosos. ¡Ya habrían destruido el planeta!
 
 
Y seguramente algunos de ustedes se preguntarán:
 
¿Entonces cómo le hacen los magos negros para activar sus poderes?
 
Y la respuesta es porque ellos sacan la energía de la parte oscura de la creación, pero esa zona es mucho más pequeña que la parte luminosa del mundo divino, y es por eso que por mucho que los poderes de los magos negros puedan impresionar, estos son una miniatura comparados con los poderes de los Maestros.