EL CONDE DE SAINT-GERMAIN Y EL DR. FRANZ MESMER





Franz Anton Mesmer nació en Alemania en 1734, estudió en la Universidad de Viena y se convirtió en doctor en medicina en 1766.

En 1773 comenzó a tratar a sus pacientes con imanes, pero a los pocos años dejó de usarlos considerando que sus curas no se debían al magnetismo de los imanes sino que implicaban la transferencia de un fluido sutil o fuerza vital a la que él llamó "magnetismo animal".

En 1777 dejó Viena y al año siguiente inició su práctica en París. Su fama creció rápidamente y en pocos años estaba tratando a varios miles de pacientes anualmente y con gran éxito.

Pero su éxito enfureció al establecimiento médico, y como su clientela provenía principalmente de las clases medias altas, se le acusó de extraer efectivo explotando la credulidad de las personas.

En 1784, una comisión compuesta por miembros de la Facultad de Medicina de Francia y la Real Academia de Ciencias declaró que sus curas eran completamente atribuibles a la imaginación de sus pacientes, y ni siquiera se molestaron en entrevistar a Mesmer durante su investigación.

Mesmer murió en 1815, resentido por el hecho de que su descubrimiento no había sido reconocido oficialmente y que algunos de sus antiguos discípulos habían distorsionado su enseñanza.



Existen varias historias afirmando que Mesmer conoció a Saint-Germain.

1) Por ejemplo, en un artículo escrito en 1908 por A. Mailly, él afirma que Mesmer conocía bien a Saint-Germain desde su estancia en París, y le pidió que fuera a Viena para poder estudiar el magnetismo animal con él; y supuestamente Saint-Germain se quedó allá en secreto, brindándole una gran ayuda, y Mesmer escribió sus enseñanzas allí.

Aunque Mailly no precisó cuál es la evidencia de sus declaraciones.


2) Otro ejemplo es Rudolph Gräffer quien aseguró que Mesmer conoció a Saint-Germain en Viena, en algún momento antes de que éste se mudara a París, un día después de que supuestamente recibió una carta enviada por Saint-Germain desde La Haya, con el propósito de encontrarse.

Saint-Germain prometió ayudar a Mesmer con sus ideas sobre el magnetismo. Discutieron cómo obtener "los elementos del elixir de la vida mediante el empleo del magnetismo en una serie de permutaciones". Y después de hablar durante tres horas, supuestamente organizaron otra reunión en París.

Y aunque los cuentos de Gräffer son bastante fantasiosos, eso no descarta la posibilidad de que Saint-Germain y Mesmer si se hayan encontrado en Viena, o en París, o en otros lugares.



Helena Blavatsky afirma que si se conocieron, ya que ella describe a Mesmer de la siguiente manera:

« El famoso médico que redescubrió y utilizó de manera práctica el fluido magnético para curar y que él llamó “magnetismo animal”, lo cual dio inicio al mesmerismo, era un miembro iniciado de las Hermandades de los Fratres Lucis (Los Hermanos de Luz) y de Lukshoor (o Luxor), o la Rama egipcia de este último.

Fue el Consejo de Luxor el que lo seleccionó, de acuerdo con las órdenes de la Gran Hermandad, para actuar en el siglo XVIII como su pionero habitual que envían en el último cuarto de cada siglo para iluminar un poco más a las naciones de Occidente sobre la ciencia oculta.

Y fue Saint-Germain quien supervisó el desarrollo de los eventos en ese caso; y más tarde Cagliostro fue comisionado para ayudar, pero después de haber cometido una serie de errores, más o menos fatales, fue retirado del asunto.

De esos tres hombres que en su época fueron vistos como charlatanes, solo Mesmer ya ha sido reivindicado en el siglo XIX, mientras que los otros dos serán reivindicados en los siglos venideros.

Mesmer fundó la “Orden de la Armonía Universal” en 1783, en la que presumiblemente solo se enseñó el magnetismo animal, pero que en realidad también expuso los principios de Hipócrates, los métodos de la antigua Asclepieia, los Templos de Curación y muchas otras ciencias ocultas»
(Glosario Teosófico, p.213-214)



Y es interesante constatar que en una carta el maestro Kuthumi se exprime en el mismo sentido que Blavatsky:

« ¡Oh siglo XIX, con su engreimiento y obscurecimiento mental, y cuyos predecesores persiguieron a Mesmer e infamaron a Saint-Germain tratándolos de impostores! »
(CM 49, p.281)












EL CONDE DE SAINT-GERMAIN Y CAGLIOSTRO




Cagliostro fue uno de los ocultistas más famosos del siglo XVIII y existe una tradición popular que afirma que Cagliostro fue alumno del conde de Saint-Germain, aunque hasta ahora no se ha encontrado ningún documento histórico fehaciente que lo confirme.

Lo único que se tiene al respecto es un libro titulado “Auténticos recuerdos para servir en la historia del conde de Cagliostro”, publicado en 1785, y escrito por un aventurero llamado Jean Pierre-Louis de Luchet, en donde él es muy despectivo con Cagliostro y con el conde de Saint-Germain, pero en donde también pretende relatar la iniciación que habría recibido Cagliostro y su esposa Seraphina por parte del conde de Saint-Germain.

Y aunque su relato es muy fantasioso, a título informativo les transcribo ese pasaje de su libro:


« Cagliostro y su esposa, estaban en la región de Holstein. Es allí donde el famoso conde de Saint-Germain había plantado su tabernáculo. Este gran hombre había saboreado los dulces de la inmortalidad durante varios años, e hizo la felicidad de tres personas en paz que lo colmaron con vinos de Champaña y de Hungría, en reconocimiento de las riquezas que les había traído a sus tierras.

El conde Cagliostro le hizo pedir el favor de una audiencia secreta para postrarse ante el dios de los creyentes, y Saint-Germain se la asignó a las dos de la mañana.

Llegado ese momento, Cagliostro y su esposa que se habían puesto una túnica blanca amarrada con un cinturón de aurora, se presentaron en el castillo. El puente levadizo bajó y un hombre de más de dos metros de altura, vestido con una larga túnica gris, los condujo a una sala con poca luz.

De repente, dos grandes puertas se abrieron y un templo con mil velas resplandecientes apareció antes sus ojos. En un altar estaba sentado el conde, y a sus pies, dos ministros sostenían guisos dorados de los cuales surgían perfumes suaves y agradables.

El dios tenía sobre el pecho un escudo de diamantes cuyo brillo difícilmente podía soportarse. Y una figura blanca alta y diáfana sostenía en sus manos un jarrón en el que estaba escrito “Elixir de la Inmortalidad”; y un poco más adelante pudieron ver un inmenso espejo frente al cual caminaba una figura majestuosa, y encima del espejo estaba escrito “Depósito de almas errantes”.

El mayor silencio reinaba en el recinto hasta que una voz misteriosa pronunció las siguientes palabras:

-      “¿Quien eres? ¿De dónde vienes? ¿Qué queréis?”

Y ante esas preguntas, Cagliostro y su esposa se postraron en el suelo, y luego él exclamó:

-      Vengo a invocar al dios de los creyentes, el hijo de la naturaleza, el padre de la verdad. Vengo a pedir uno de los catorce mil setecientos secretos que lleva en su seno. Vengo a hacerme su esclavo, su apóstol y su mártir.”

El dios no respondió, pero después de un silencio lo suficientemente largo, se escuchó una voz que dijo:

-      ¿Y qué solicita la acompañante de tus viajes?”

Y ella respondió:

-      Obedecer y servir.”

(Luego separaron a Cagliostro de su esposa y cada uno pasó por una primera prueba. Y una vez que terminaron esas pruebas, fueron llevados de vuelta al templo, donde se les dijo que iban a ser admitidos en los diversos misterios.)

Un hombre con una larga capa enrollada sobre su brazo habló y pronunció el siguiente discurso que cada seguidor está obligado a recordar sin poder copiarlo:

« Sepan que el gran secreto de nuestro arte es gobernar a los hombres, y que la única forma de hacerlo es de nunca decirles la verdad. Por lo tanto no se comporten de acuerdo con las reglas del sentido común; desafíen la razón y con valentía produzcan los absurdos más increíbles.

Y cuando sienta que estos grandes principios se debilitan, se retiran, se recogen y caminan por la tierra, verán que las extravagancias más absurdas obtienen una adoración allí.

Las locuras vuelven con diferentes nombres pero son eternas. La tumba de San Medard ha reemplazado la sombra de San Pedro, la bañera de Mesmer, la piscina del filósofo nazareno; recuerden que la primera fuente de la naturaleza, de la política y de la sociedad, es la reproducción, que la quimera de los mortales debe ser inmortal; conozcan el futuro incluso cuando ignoran el presente, sean espirituales mientras ellos y todo lo que los rodea es materia. »

(Cagliostro y su esposa luego se sometieron a las segundas pruebas que consistieron para ella, en las ceremonias esenciales del culto de Otahitian, y para él, en las del infame Antínoo.) »
(p.8-24)



Este libro tiene errores fragantes que invalidan su legitimidad:

Por ejemplo, en ninguna otra documentación histórica se menciona la estancia de Cagliostro en el Holstein, antes o después del primer o segundo viaje a Londres.

Otro error es que Luchet afirma que Cagliostro y su esposa vinieron de Italia y para ir a Rusia, pasaron por Viena y el Holstein, para luego llegar a San Petersburgo. Pero eso es incorrecto porque el Dr. Marc Haven especificó que el viaje de Cagliostro hacia Rusia fue a través de Ámsterdam, Bruselas, Frankfurt, Leipzig, Berlín, Kœnigsberg y Mittau.

Sin embargo, la investigadora Jean Overton Fuller comenta que aunque la historia es falsa puede tener un trasfondo de verdad, ya que ella escribió:

« Claramente la narración es ficticia, pero como el señor Luchet había sido bibliotecario y chambelán de 1777 a 1785 de Federico II de Hesse, el padre del príncipe Carl quien fue discípulo del conde de Saint Germain, él pudo haberse enterado de que Cagliostro estuvo en contacto de manera secreta con el conde de Saint Germain, y por eso escribió ese relato pero alterándolo mucho con su imaginación»

(Ver su libro “El conde de Saint Germain, último vástago de la casa de Rákóczy”, Londres: East-West Publications, 1988, p. 307)

Y una idea similar también tiene Arthur E. Waite en su libro “La Hermandad de los Rosacruces”, 1924, Nueva York: University Books, p. 500.

Y el investigador Charles Sotheran incluso sugiere que la supuesta iniciación tuvo lugar poco después del matrimonio de Cagliostro, y que la pareja se quedó con Saint-Germain en Sleswig en el palacio del príncipe Carl de Hesse Cassel, a quien había conocido anteriormente en Alemania, y que lo había obligado a abandonar Francia y permanecer en su corte. (Ver su libro “Alessandro di Cagliostro: ¿impostor o mártir?”, p.14)

Pero la suposición de Sotheran no es factible porque Cagliostro se casó en 1770 y Saint-Germain no fue a quedarse con el príncipe Carl sino hasta finales de 1779, poco después de haberlo conocido por primera vez.

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Entonces, como ustedes mismos lo pueden constatar, a partir de la documentación histórica que disponemos hasta ahora, no tenemos certeza de si Cagliostro y el Conde de Saint-Germain se conocieron o no, pero desde la documentación teosófica si hay información que sugiere eso.

Blavatsky especifico que Mesmer fue el mensajero de los Maestros en el siglo XVIII, así como ella lo fue en el siglo XIX, y que primero él fue guiado por el Conde de Saint-Germain, y luego por Cagliostro:

« El famoso médico que redescubrió y utilizó de manera práctica el fluido magnético para curar y que él llamó “magnetismo animal”, lo que dio inicio al mesmerismo, era un miembro iniciado de las Hermandades de los Fratres Lucis (los Hermanos de Luz) y de Lukshoor (o Luxor), o la Rama egipcia de este último.

Y fue el Consejo de Luxor el que lo seleccionó, de acuerdo con las órdenes de la Gran Hermandad, para actuar en el siglo XVIII como su pionero habitual que envían en el último cuarto de cada siglo para iluminar un poco más a las naciones de Occidente sobre la ciencia oculta.

Y fue Saint-Germain quien supervisó el desarrollo de los eventos en ese caso; y más tarde Cagliostro fue comisionado para ayudar, pero después de haber cometido una serie de errores, más o menos fatales, fue retirado del asunto»
(Glosario Teosófico, p.213-214)

Y esa supervisión de Mesmer puede haberlos llevado a Cagliostro y a Saint-Germain a encontrarse para compartir información.


Pero esta convicción de que si se conocieron me viene sobre todo por lo que afirmó el maestro Kuthumi en una carta en donde él escribió:

« Y ahora Hume y Hodson han incitado a Subba Row hasta hacerlo enfurecer, al decirle que por ser el amigo y colega ocultista de la señora Blavatsky, el Gobierno sospecha que él también pueda ser un espía.

¡Es la historia del conde de Saint-Germain y de Cagliostro vuelta a contar de nuevo! »
(CM 65, p.363)


Subba Row era un erudito hindú que al inicio admiraba mucho a Blavatsky, al grado que la quiso conocer y se volvió su colega y amigo, pero que después y debido en gran medida a las numerosas calumnias a las que posteriormente ella fue sometida, Subba Row terminó enemistándose con Blavatsky.

Y por lo que menciona el maestro Kuthumi, lo mismo habría sucedido en el siglo XVIII entre Cagliostro y el conde de Saint-Germain.












EL CONDE DE SAINT-GERMAIN Y CASANOVA





El famoso aventurero Giacomo Casanova mencionó en sus Memorias que cuando él se dirigía hacia Bruselas (alrededor del año 1763), tuvo el siguiente encuentro con el conde de Saint-Germain:

« En el camino a Tournay vi a dos hombres que conducían un esplendido carruaje con caballos excelentes. Ellos me dijeron que ese carruaje pertenecía al conde de Saint-Germain.

-      “Me gustaría ser presentado a vuestro amo”, les dije.

-      “Él no recibe a nadie”, me respondieron.

Pero esa respuesta hizo que me volviera aún más firme y le escribí una carta al conde indicándole quien era yo y expresando mi deseo fuerte de verlo. Y su respuesta, escrita en italiano, y que todavía tengo frente a mí, dice lo siguiente:

“Mis ocupaciones me obligan a rechazar cualquier tipo de visita, pero usted es una excepción a la regla. Así que considérese mi invitado, mis sirvientes lo conducirán a mi castillo, solo que no le diga a nadie quien es usted, y no lo invito a compartir mi mesa porque mi régimen no le convendría, especialmente si usted ha mantenido su antiguo apetito."


Estaba a las ocho en punto en la puerta del conde. Él llevaba una túnica armenia, una gorra puntiaguda, y una espesa y larga barba le llegaba hasta la cintura, y sostenía en su mano una pequeña varita de marfil.

A su alrededor, vi unas veinte botellas dispuestas metódicamente, todas llenas de diferentes elixires. Me preguntaba qué ocupación estaba llevando a cabo, cuando él me dijo con gran seriedad:

-      “Es el conde de Cobenzl, primer ministro de Austria, quien me ha asignado esta ocupación, y yo trabajo para complacerlo, para establecer una fábrica.”

-      “¿Van a producir vasos?”, le pregunté.

-      “No, sombreros”, respondió, “pero su excelencia solo se ha dignado a otorgarme mil florines para esta gigantesca empresa, por lo que estoy cubriendo el déficit con mis propios fondos.”

-      “¿Espera mucho de esa fábrica?”, le pregunté.

-      “En dos o tres años, todas las cabeza de Europa usarán mis sombreros”, me contestó.

-      “Será un gran resultado”, le comenté.

-      “¡Inmenso!”, se exclamo.

Y comenzó a caminar por la habitación frotándose las manos con la vivacidad de un joven. Yo pensé en mi interior: ¡Está loco!

-      “Por cierto”, dijo, “¿ha tenido noticias de la marquesa de Urfé?”

-      “Ella está muerta”, le respondí.

-      “¡Muerta!, exclamó, “sabía que tenía que terminar así. ¿Y en qué estado murió ella?”

-      “Loca, ella afirmó estar embarazada.”

-      “Espero que usted no le haya creído eso.”

-      “Estoy convencido que estaba equivocada.”

-      “Qué bueno. Si ella me hubiera consultado, le habría podido decir si estaba embarazada o no. Solo que me hubiera sido imposible para mí predecir el sexo del niño. Admito humildemente que mi adivinación no llega tan lejos.”

-      “¿El conde también aconseja a las mujeres en parto?”

-      “También soy un gran médico. Y ahora que lo estoy observando, ¿Está usted enfermo? Tiene la lengua seca, el pulso duro y los ojos hinchados. ¿Sufre usted de pituita?”

-      “Desafortunadamente no, en realidad tengo… (y le nombré la enfermedad desagradable que tenía en ese momento).

-      “Eso yo lo puedo curar”, afirmó el conde.

Y puso en mis manos una pequeña botella llena de un licor blanco que dijo que contenía la arquea universal.

-      “¿Y qué debo hacer con este licor?”, le pregunté.

-      “Esto parece licor, pero no lo es. En realidad es un simulado del virus que infecta vuestras venas. Tome esta aguja y perfore el sello de cera que tapa la botella”, me respondió.

Hice lo que me ordenó, pero como no sabía qué pensar, él agregó:

-      “Mire lo que queda en la botella. No queda nada. ¿Verdad? La sustancia blanquecina se ha evaporado. Pues bien, del mismo modo, inyectándole esta substancia en un lugar determinado, todo su dolor desaparecerá.”

Pero al ver que yo me negaba a la operación, eso lo molestó y me reclamó:

-      “Usted es el primer hombre que duda de mi conocimiento. Podría hacer que se arrepintiera, pero yo soy como el Padre Eterno, todo poderoso y misericordioso. Es lamentable que haya mostrado tan poca confianza en mí. Su fortuna estaba asegurada. ¿Tiene dinero en su bolsillo?”

Vacié mi bolsillo en su mano y él tomó una pieza que colocó sobre un carbón caliente y lo cubrió con un polvo negro. Y mientras avivaba el fuego soplando por medio de un tubo de vidrio, vi la moneda enrojecerse y encenderse. Y después cuando de nuevo se había enfriado, me dijo, riendo:

-      “Aquí está su moneda, tómela. ¿Reconoce el metal en la que la he convertido?”, me preguntó.

-      “¡Es oro!”, exclamé.

-      “Del más puro”, respondió él.
»
(t. VI, p.76-79)



Sin embargo, esta historia seguramente fue inventada por Casanova. Primero, porque él comete varios errores históricos, como afirmar que el conde Cobenzl era el Primer Ministro de Austria, lo cual es falso, ya que en realidad él era el Ministro de Relaciones Exteriores de Austria, y fue el príncipe de Kaunitz quien era el Primer Ministro de Austria.

Por otro lado, el conde de Saint-Germain se especializó en perfeccionar muchas cosas (metales, piedras preciosas, medicinas, etc.). Pero jamás se supo que fabricara sombreros.

Y además, Casanova asegura que la marquesa de Urfé ya estaba muerta cuando en realidad ella murió el 13 de noviembre de 1775, es decir doce años después de cuando él afirmó haber tenido esta supuesta reunión con el conde de Saint-Germain.

Pero sobre todo porque Casanova fue un hombre muy mentiroso como a continuación se los voy a mostrar.



La familia de Urfé era una de las familias más poderosas de Francia, y muchos de sus miembros ocuparon altos puestos de mando. Y la marquesa de Urfé era viuda de uno de estos señores: el marqués de Langeac y de Urfé.

Ella vivía lujosamente en un rico departamento y su sala era conocida en todo París como uno de los lugares más elegantemente frecuentados de la capital. A ella le gustaba el ocultismo y la alquimia, pero aunque instruida, también era muy crédula, y es así como Casanova logró engañarla.

El historiador A. Compigny des Bordes, en su libro "Casanova y la marquesa de Urfé, la aventura más galante y curiosa del siglo XVIII" (París, Campeón) definió a Casanova como "ese distinguido sinvergüenza cuyo único objetivo en la vida era aparentar, impresionar y explotar a los demás".

Y de hecho, en 1757, Casanova conoció a la Marquesa de Urfé y le hizo creer que él era un gran ocultista y que iba a buscar los medios para ayudarla a perpetuarse. Y es así que ella se convirtió en su amante ocasional y en su mecenas que financiaba los viajes y las “investigaciones” que efectuaba Casanova, y también le dio direcciones y cartas de recomendación, esperando que así Casanova encontrara la solución.

Pero eso solo fue un subterfugio de Casanova para extraerle grandes sumas de dinero a la marquesa.

En 1763, cuando la marquesa ya había llegado a los 58 años de edad, ella le instó a Casanova que por fin llevara a cabo su regeneración, y él le propuso que la dejaría embarazada por medio de un ritual mágico durante un to sexual, para que de esta manera cuando ella diera a luz al niño, su alma transmigraría dentro de ese bebé al momento del parto.

Pero ese mismo año, Giacomo Passano, un antiguo cómplice de Casanova, denunció a la marquesa todos los engaños que había cometido Casanova, para así convertirse en su nuevo hechicero. Y es por eso que en sus Memorias, Casanova trata de ocultar ese incidente, alegando que la marquesa había muerto ese año.

Entonces, como ustedes mismos lo pueden constatar, Casanova era un hombre muy engañoso y mentiroso.



Y curiosamente, es en el departamento de la marquesa de Urfé donde Casanova conoció al Conde de Saint-Germain (en 1758), y el conde lo impresionó tanto que en sus Memorias, Casanova escribió:

« Es cierto que es difícil poder hablar mejor que como lo hace el conde. Él tiene un tono decisivo, pero de una naturaleza tan estudiada que agrada a quien lo escucha. Es un hombre muy culto, habla la mayoría de los idiomas perfectamente, es un gran músico, un gran químico, una persona muy agradable. »
(t. III, p.292)


Y para alguien como Casanova, quien confesó que "su pasión era sorprender a los demás" (t. V, p.324), ver a otro hombre mucho más asombroso que él mismo debe de haber sido un gran shock para él.

Y esta conmoción se tradujo en sentimientos de admiración y de celos a la vez. Y es por eso que cuando Casanova habla del conde de Saint-Germain, por un lado él exagera las hazañas realizadas por el conde, y por el otro lado él lo denigra inventando mentiras.

Como por ejemplo, Casanova afirmó que la marquesa de Urfé detestaba al conde de Saint-Germain (t. V, p.399). Pero eso no es cierto si consideramos que el único retrato conocido del conde lo poseía Madame d'Urfé en su colección de pinturas.

Y en realidad quien era detestado por la marquesa era el propio Casanova por los motivos que les expliqué arriba, mientras que en cambio ella apreciaba mucho al conde de Saint Germain, al grado que ella guardaba un retrato de él.

Y es a partir de ese cuadro, que el artista francés Nicolás Thomas produjo su grabado con el retrato de Saint-Germain que conocemos hasta hoy en día:






Otro ejemplo del esmero que tenía Casanova por denigrar al conde de Saint-Germain lo encontramos en uno de los pasajes de sus Memorias, en donde cínicamente Casanova afirma que:

« Saint-Germain fue un maestro en volver dóciles a todas las mujeres, porque al mismo tiempo que las adulaba, él les daba maquillaje, cosméticos y pócimas que según él, las podían embellecer, no para hacerlas más jóvenes, ya que él tuvo el pudor de admitir que eso le era imposible, pero si pretendía que las iba a preservar en el estado de belleza en que él las tomaba, y decía que esos ingredientes le costaban mucho, pero que a ellas él se las regalaba. »
(t. III, p. 292)

Y esto seguramente también ha de ser falso, porque los testigos serios que conocieron al conde de Saint-Germain, mencionan que el conde no estaba interesado en las relaciones amorosas, y vemos que en realidad Casanova una vez más está proyectando sus propias actividades sobre el conde, ya que quien solía engañar a las mujeres para seducirlas era el propio Casanova.








CONCLUSIÓN

Y estos son algunos ejemplos que ilustran por qué no hay que creer demasiado en lo que dijo Casanova sobre el conde de Saint-Germain, debido a que hay más falsedades que verdades en sus relatos. Pero desafortunadamente muchas personas si le creyeron, y a su vez repitieron esas mismas mentiras, aumentando con ello aún más la confusión que existe sobre ese enigmático personaje que fue el conde de Saint-Germain.