Existen varias versiones de cómo fue el primer encuentro que Carlos Castaneda tuvo con el Nagual Don Juan Matus, todas ellas fueron dichas por el propio Castaneda, y a continuación se las voy a recopilar.
1. EN SU LIBRO "LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN" (1968)
Esta fue la primera vez que Castaneda relató el primer encuentro que tuvo con su futuro maestro, y al respectó él escribió lo siguiente:
« Estaba esperando un autobús Greyhound en un pueblo fronterizo, charlando con un amigo que había sido mi guía y ayudante. Cuando de repente se inclinó hacia mí y me susurró que el hombre, un anciano indígena de cabello blanco, que estaba sentado frente a la ventana, sabía mucho de plantas, especialmente de peyote. Así que le pedí a mi amigo que me presentara a ese hombre.
Mi amigo lo saludó, luego se acercó y le estrechó la mano. Después de charlar un rato, mi amigo me hizo una seña para que me uniera a ellos, pero enseguida me dejó a solas con el anciano, sin siquiera molestarse en presentarnos. No se mostró nada avergonzado.
Le dije mi nombre y el anciano me dijo que se llamaba Juan y que estaba a mi servicio. Utilizó la forma de cortesía española para dirigirse hacia mí. Nos dimos la mano por iniciativa mía y luego guardamos silencio durante un rato. No era un silencio forzado, sino una tranquilidad natural y relajada por ambas partes. Aunque su rostro y cuello morenos estaban arrugados, delatando su edad, me llamó la atención que su cuerpo era ágil y musculoso.
Entonces le dije que me interesaba obtener información sobre plantas medicinales. Aunque en realidad desconocía casi por completo el peyote, fingí saber mucho e incluso sugerí que le convendría hablar conmigo.
Mientras yo seguía hablando sin parar, él asintió lentamente y me miró pero no dijo nada. Evité su mirada y terminamos quedándonos los dos en completo silencio. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Don Juan se levantó y miró por la ventana. Su autobús había llegado. Se despidió y salió de la estación.
A mi me molestó haberle dicho tonterías y que esos ojos tan penetrantes me hubieran calado.
Cuando mi amigo regresó, intentó consolarme porque Don Juan no me reveló nada [de lo que a mí me interesaba saber]. Me explicó que el anciano solía ser silencioso o evasivo, pero la inquietante impresión de aquel primer encuentro no se disipó tan fácilmente.
. . .
El amigo que me había presentado a Don Juan me explicó después que el anciano no era originario de Arizona, donde nos conocimos, sino un indígena yaqui de Sonora, México. »
2. EN LA ENTREVISTA QUE HELLISOE LE HIZO A CASTANEDA EN 1968
Poco después de haberse publicado su primer libro, Castaneda fue entrevistado por Jane Hellisoe, de la editorial de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), y cuando ella le preguntó: "¿Cómo conoció a Don Juan?"
Castaneda le respondió:
« La forma en que lo conocí, fue un asunto muy, muy fortuito. No estaba interesado en descubrir lo que él sabía, porque no sabía lo que él sabía. Estaba interesado en coleccionar plantas. Y lo conocí en Arizona.
Había un anciano que vivía en algún lugar cerca de esas colinas que sabía mucho sobre plantas. Y ese era mi interés, recopilar información sobre plantas. Y, eh, eh, un día este amigo y yo fuimos a buscarlo. Pero nos extraviaron los indios Yuma y subimos a las colinas y nunca encontramos al anciano.
Fue más tarde cuando estaba al final de este primer viaje que hice a Arizona, al final del verano y estaba listo para regresar a Los Ángeles, que estaba esperando en la parada del autobús y el anciano entró. Y así fue como lo conocí.
Hablé con él durante aproximadamente un año. Solía visitarlo, lo visito periódicamente, porque me cae bien; Es muy amable y muy constante. Es agradable estar cerca de él. »
Observación
En este segundo relato Castaneda dice que él y su amigo fueron a buscar a Don Juan, mientras que en el primer relato Castaneda dijo que su amigo le mencionó la existencia de Don Juan hasta el final de su viaje cuando Castaneda ya iba a tomar su autobús de regreso a los Angeles.
3. EN LA ENTREVISTA QUE ROSAK LE HIZO A CASTANEDA EN 1969
Castaneda fue entrevistado el 30 de enero de 1969 por el novelista estadounidense Theodore Rosak, y cuando éste le preguntó: "¿Cómo logró conocer a esta persona tan singular, Don Juan?"
Castaneda le respondió:
« Conocí a Don Juan de una manera bastante fortuita. En 1960, estaba recopilando datos etnográficos sobre el uso de plantas medicinales entre los indígenas de Arizona. Un amigo mío que me guiaba en esa expedición, conocía a Don Juan. Sabía que era un hombre muy versado en el uso de plantas y tenía la intención de presentármelo, pero nunca llegó a hacerlo.
Pero un día, cuando estaba a punto de regresar a Los Ángeles, lo vimos por casualidad en una estación de autobuses, y mi amigo se acercó a hablar con él. Entonces me lo presentó y comencé a contarle que me interesaban las plantas, especialmente el peyote; debido a que alguien me había dicho que este anciano era muy versado en su uso.
Hablamos durante unos quince minutos mientras él esperaba su autobús, o mejor dicho, yo hablé todo el tiempo y él no dijo nada. Me miraba fijamente de vez en cuando, lo que me incomodaba mucho porque yo no sabía nada de peyote, y él parecía haberme calado. Después de unos quince minutos se levantó y me dijo que tal vez podría ir a su casa algún día para hablar con más tranquilidad, y se marchó.
Pensé que el intento de conocerlo había sido un fracaso porque no conseguí sacarle nada. Mi amigo opinaba que era muy común que el anciano reaccionara así, pues era muy excéntrico. Pero volví un mes después y empecé a buscarlo. No sabía dónde vivía, pero después descubrí dónde estaba su casa y fui a verlo.
Al principio me acerqué a él como a un amigo. Por alguna razón me gustó la forma en que me miró en la estación de autobuses. Había algo muy peculiar en su forma de mirar a la gente. Y no se queda mirando fijamente; normalmente no mira a nadie directamente a los ojos, pero a veces lo hace y es muy llamativo. Y fue más esa mirada lo que me impulsó a ir a verlo que mi interés por el trabajo antropológico. Así que fui varias veces y entablamos una especie de amistad. Él tiene un gran sentido del humor y eso facilitó las cosas. »
Observación
En este tercer relato Castaneda retoma la historia del segundo relato: que él y su amigo buscaron previamente a Don Juan sin encontrarlo, pero añade que alguien le informó que Don Juan sabía mucho del peyote, cuando en el primer relato Castaneda dijo que fue su amigo quien le informó eso.
4. EN SU LIBRO "UNA REALIDAD APARTE" (1971)
En ese libro Castaneda escribió:
« Estaba sentado con Bill, un amigo mío, en una estación de autobuses de un pueblo fronterizo de Arizona. Estábamos en silencio. Al atardecer, el calor del verano parecía insoportable. De repente, se inclinó y me dio un golpecito en el hombro.
"Ahí está el hombre del que te hablé" — dijo en voz baja.
Asintió con la cabeza despreocupadamente hacia la entrada. Un anciano acababa de entrar.
"¿Qué me contaste sobre él?" — pregunté.
"Él es el indio que sabe sobre el peyote. ¿Lo recuerdas?"
Recordé que Bill y yo habíamos conducido todo el día buscando la casa de un indígena mexicano "excéntrico" que vivía en la zona. No encontramos su casa y tuve la sensación de que los indígenas a quienes les habíamos pedido indicaciones nos habían engañado deliberadamente.
Bill me había dicho que el hombre era un "yerbero", una persona que recolecta y vende hierbas medicinales, y que sabía mucho sobre el cactus alucinógeno, el peyote. También me había dicho que valdría la pena que lo conociera. Bill fue mi guía en el suroeste mientras yo recopilaba información y especímenes de plantas medicinales utilizadas por los indígenas de la zona.
Bill se levantó y fue a saludar al hombre. El indígena era de estatura mediana. Su cabello era blanco y corto, y le cubría un poco las orejas, acentuando la redondez de su cabeza. Era muy moreno; las profundas arrugas de su rostro le daban un aspecto envejecido, pero su cuerpo parecía fuerte y en forma. Lo observé un momento. Se movía con una agilidad que me habría parecido imposible para un anciano.
Bill me hizo una señal para que me uniera a ellos.
"Es un buen tipo" —me dijo Bill—. "Pero no lo entiendo. Su español es raro, lleno de expresiones coloquiales rurales, supongo".
El anciano miró a Bill y sonrió. Y Bill, que solo habla unas pocas palabras de español, inventó una frase absurda en ese idioma. Me miró como preguntando si tenía sentido lo que decía, pero no entendí qué tenía en mente; luego sonrió tímidamente y se marchó.
El anciano me miró y se echó a reír. Le expliqué que mi amigo a veces olvidaba que no hablaba español.
"Creo que también se olvidó de presentarnos" — dije, y le mencioné mi nombre.
"Y yo soy Juan Matus, a su servicio", él me contestó.
Nos dimos la mano y guardamos silencio un rato. Rompí el silencio y le conté sobre mi proyecto. Le dije que buscaba información sobre plantas, especialmente sobre el peyote. Hablé sin parar durante un buen rato, y aunque era casi totalmente ignorante en el tema, dije que sabía mucho sobre el peyote.
Pensé que si alardeaba de mis conocimientos, se interesaría en hablar conmigo. Pero no dijo nada. Escuchó con paciencia. Luego asintió lentamente y me miró fijamente. Sus ojos parecían brillar con luz propia. Evité su mirada. Me sentí avergonzado. Tenía la certeza de que en ese momento sabía que estaba diciendo tonterías.
"Ven a mi casa algún día" —dijo finalmente, apartando la mirada de mí—. "Quizás allí podamos hablar con más tranquilidad."
No sabía qué decir. Me sentía incómodo. Al cabo de un rato, Bill volvió a entrar en la habitación. [Antes no se decía que Bill hubiera salido de la habitación.] Notó mi incomodidad y no dijo ni una palabra. Permanecimos en un silencio tenso durante un rato. Entonces el anciano se levantó. Había llegado su autobús. Se despidió.
"No salió muy bien, ¿verdad?" — preguntó Bill.
"No." — le respondí.
"¿Le preguntaste sobre las plantas?"
"Sí, lo hice. Pero creo que me equivoqué."
"Ya te lo dije, es muy excéntrico. Los indios de por aquí lo conocen, pero nunca lo mencionan. Y eso es algo."
"Me dijo que podía ir a su casa."
"Te estaba mintiendo. Claro, puedes ir a su casa, ¿pero qué sentido tiene? Nunca te dirá nada. Si alguna vez le preguntas algo, se callará como si fueras un idiota diciendo tonterías."
Bill afirmó con convicción que ya se había topado con gente como él, gente que daba la impresión de saber muchísimo. En su opinión, dijo, no valía la pena perder el tiempo con esas personas, porque tarde o temprano uno podía obtener la misma información de alguien que no se hiciera el difícil. Añadió que no tenía ni paciencia ni tiempo para viejos cascarrabias, y que era posible que el anciano solo estuviera fingiendo saber de hierbas, cuando en realidad sabía tan poco como cualquiera.
Bill siguió hablando, pero yo no le prestaba atención. [Aquí hay una conversación bastante extensa con Bill.] Mi mente no dejaba de pensar en el viejo indio. »
Observación
Se nota que para escribir esta versión, Castaneda revisó lo que había dicho antes en su primer libro y en las entrevistas que le hicieron, ya que reúne esos dos relatos, pero aún así Castaneda cambió detalles:
1) En el primer relato cuando su amigo vio a Don Juan, Don Juan estaba sentado frente a la ventana, mientras que en este relato Don Juan acababa de entrar.
2) En el primer relato su amigo enseguida se fue después de presentarle a Don Juan, mientras que en este relato estuvo un rato charlando con ellos.
3) En los relatos anteriores Don Juan no había invitado a Castaneda a su casa, mientras que en este relato si lo hizo.
5. EN SU LIBRO "VIAJE A IXTLÁN" (1972)
En ese libro Castaneda escribió:
« "Entiendo que usted sabe mucho sobre plantas, señor" — le dije al anciano indígena que tenía delante.
Un amigo me puso en contacto con él y salió de la habitación; nos presentamos. El anciano me dijo que se llamaba Juan Matus.
"¿Te lo contó tu amigo?" — preguntó con naturalidad.
"Sí, lo hizo" — le respondí.
"Yo recojo las plantas, o mejor dicho, me dejan recogerlas" — dijo en voz baja.
Estábamos en la sala de espera de una estación de autobuses en Arizona. Le pregunté en un español muy formal si me permitiría hacerle algunas preguntas. Le dije: "¿Me permitiría el caballero hacerle algunas preguntas?".
"Me miró con curiosidad."
"Soy un jinete sin caballo" —dijo con una gran sonrisa y luego añadió: "Ya le dije que me llamo Juan Matus".
Me gustó su sonrisa. Pensé que, obviamente, era un hombre que apreciaba la franqueza, así que decidí abordarlo con valentía con una petición. Le dije que me interesaba coleccionar y estudiar plantas medicinales. Le comenté que mi interés particular radicaba en los usos del cactus alucinógeno peyote, que había estudiado a fondo en la universidad de Los Ángeles.
Pensé que mi presentación había sido muy seria. Me mostré muy sereno y me soné perfectamente creíble.
El anciano negó con la cabeza lentamente, y yo, animado por su silencio, añadí que sin duda sería provechoso que nos reuniéramos para hablar sobre el peyote.
Fue en ese momento cuando levantó la cabeza y me miró fijamente a los ojos. Era una mirada imponente. Sin embargo, no era amenazante ni intimidante en absoluto. Era una mirada que me traspasó. Me quedé sin palabras al instante y no pude continuar con mis discursos sobre mí mismo. Ahí terminó nuestro encuentro. Aun así, se marchó con una nota de esperanza. Dijo que quizás algún día podría visitarlo en su casa. »
Observación
No hay nada nuevo aquí, solo la conversación entre Castaneda y Don Juan se ha desarrollado un poco más.
6. EN LA ENTREVISTA QUE KEEN LE HIZO A CASTANEDA EN 1972
El autor, académico y filósofo estadounidense Sam Keen entrevistó a Carlos Castaneda en 1972, y cuando le preguntó: "¿Cómo y dónde conociste a Don Juan y te convertiste en su aprendiz?"
Castaneda le respondió:
« Estaba terminando mis estudios de pregrado en UCLA y planeaba hacer un posgrado en antropología. Me interesaba ser profesor y pensé que podría empezar de la manera correcta publicando un breve artículo sobre plantas medicinales. No me importaba en absoluto encontrarme con un bicho raro como Don Juan.
Estaba en una estación de autobuses en Arizona con un amigo del instituto. Me señaló a un anciano indígena y me dijo que sabía sobre el peyote y las plantas medicinales. Me presenté a Don Juan y le dije:
"Entiendo que usted sabe mucho sobre el peyote. Soy uno de los expertos en peyote (había leído 'El culto del peyote' de Weston La Barre ) y tal vez le interese almorzar y charlar conmigo."
Bueno, él simplemente me miró y mi bravuconería se desvaneció. Me quedé completamente mudo y paralizado. Normalmente era muy agresivo y hablador, así que fue un acontecimiento trascendental que una mirada me silenciara.
Después de eso comencé a visitarlo y aproximadamente un año después, me dijo que había decidido transmitirme el conocimiento de la hechicería que había aprendido de su maestro. »
Observación
En este relato no hay nada nuevo, pero aquí Castaneda afirma que se quedó sin palabras de inmediato y silenciado por la mirada de Don Juan, mientras que en los relatos anteriores Castaneda afirmó haber estado conversando con Don Juan durante unos quince minutos. Además que por primera vez se hace referencia a Bill como "un amigo del instituto".
7. EN LA ENTREVISTA QUE THOMPSON LE HIZO A CASTANEDA EN 1994
Esta entrevista se publicó en la revista 'New Age Journal' y sobre el primer encuentro con Don Juan ellos tuvieron la siguiente conversación:
« KT: ¿Cómo se cruzaron exactamente vuestros caminos?
CC: Estaba esperando el autobús en la estación de Greyhound en Nogales, Arizona, charlando con un antropólogo que había sido mi guía y ayudante en mi investigación. Mi colega se inclinó y señaló a un anciano indígena de pelo blanco al otro lado de la sala y me dijo: "Psst, mira allá, que no te vea mirando". Y me dijo que ese anciano era un experto en peyote y plantas medicinales.
Eso fue todo lo que necesitaba oír. Me armé de valor y me acerqué a ese hombre, conocido como Don Juan, y le dije que yo también era una autoridad en peyote. Le dije que tal vez le convendría almorzar y charlar conmigo, o algo por el estilo, con una arrogancia insoportable.
KT: La vieja táctica de los almuerzos de negocios. Pero en realidad usted no era una gran autoridad, ¿verdad?
CC: ¡No sabía casi nada de peyote! Pero seguí parloteando, alardeando de mis conocimientos, con la intención de impresionarlo. Recuerdo que solo me miró y asintió de vez en cuando, sin decir una palabra. Mis pretensiones se desvanecieron en el calor de aquel día. Me quedé atónito al ser silenciado. Allí me quedé, en el abismo hasta que Don Juan vio que había llegado su autobús. Se despidió con un leve gesto de la mano. Me sentí como un imbécil arrogante, y ahí terminó todo.
KT: También fue el principio...
CC: Sí, ahí empezó todo. Supe que Don Juan era conocido como brujo, que significa curandero, hechicero. Me propuse descubrir dónde vivía. Ya sabes, se me daba muy bien, y lo conseguí. Lo averigüé y un día fui a verlo. Nos caímos bien y pronto nos hicimos buenos amigos.
KT: ¿Te sentías como un idiota en presencia de este hombre, pero aun así estabas ansioso por buscarlo?
CC: La forma en que Don Juan me miró allí en la estación de autobuses fue excepcional, un acontecimiento sin precedentes en mi vida. Había algo extraordinario en sus ojos, que parecían brillar con una luz propia… Fue a ese nivel arcaico que me impactó la mirada de don Juan, a pesar de mi molestia e irritación por el hecho de que hubiera descubierto mi pretensión de experto en la estación de autobuses. »
Observación
En los relatos anteriores Castaneda afirmó que su amigo primero fue a ver a Don Juan para presentárselo, y aquí Castaneda dice que fue él mismo quien se presentó directamente con Don Juan.
8. EN SU LIBRO "DESDE EL LADO ACTIVO DEL INFINITO" (1998)
En ese libro Castaneda escribió:
« De repente mi amigo se inclinó y señaló con un ligero movimiento de barbilla hacia el otro lado de la habitación.
"Creo que ese anciano sentado en el banco de la esquina es el hombre del que te hablé" —me susurró al oído.— "No estoy del todo seguro porque solo lo he tenido frente a mí, cara a cara, una vez."
"¿Quién es ese hombre? ¿Qué me has contado de él?" — pregunté.
"Cuando hablábamos de chamanes y de sus transformaciones, te conté que una vez conocí a un chamán de las nubes."
"Sí, sí, lo recuerdo" —dije—. "¿Ese hombre es el chamán de las nubes?"
"No" —dijo enfáticamente—. "Pero creo que es compañero o maestro del chamán de las nubes. Los vi juntos a lo lejos varias veces, hace muchos años."
Recordaba que Bill mencionó, de forma muy casual, pero no en relación con el chamán de las nubes, que sabía de la existencia de un anciano misterioso, un chamán retirado, un viejo misántropo indígena de Yuma que había sido un hechicero temible.
Mi amigo nunca mencionó la relación del anciano con el chamán de las nubes, pero obviamente era algo muy importante para Bill, hasta el punto de creer que me había hablado de él.
Una extraña ansiedad me invadió de repente y me hizo saltar de mi asiento. Como si no tuviera voluntad propia, me acerqué al anciano e inmediatamente comencé una larga diatriba sobre cuánto sabía acerca de las plantas medicinales y el chamanismo de los indígenas americanos de las Grandes Llanuras y sus ancestros siberianos. Como tema secundario, le mencioné al anciano que sabía que él era un chamán.
Concluí asegurándole que le sería sumamente beneficioso hablar conmigo largo y tendido.
"Si no hay otra opción" —dije con petulancia—, "podríamos intercambiar historias. Tú me cuentas la tuya y yo te cuento la mía."
El anciano mantuvo la mirada baja hasta el último momento. Entonces me miró fijamente.
"Soy Juan Matus", dijo, mirándome directamente a los ojos.
Mi diatriba no debería haber terminado de ninguna manera, pero sin razón aparente sentí que no tenía nada más que decir. Quería decirle mi nombre. Él levantó la mano hasta la altura de mis labios como para impedirme pronunciarlo.
En ese instante, un autobús se detuvo en la parada. El anciano murmuró que era el autobús que tenía que tomar, y luego me pidió con insistencia que lo buscara para que pudiéramos hablar con más tranquilidad e intercambiar historias. Una sonrisa irónica se dibujó en la comisura de sus labios al decirlo.
Con una agilidad increíble para un hombre de su edad (calculé que tendría unos ochenta años) recorrió, en unos pocos saltos, los cincuenta metros que separaban el banco donde estaba sentado de la puerta del autobús. y como si el autobús se hubiera detenido solo para recogerlo, arrancó en cuanto él subió y la puerta se cerró.
Después de que el anciano se fue, volví al banco donde estaba sentado Bill.
"¿Qué dijo? ¿Qué dijo?" —preguntó emocionado.
"Me dijo que lo buscara y que fuera a su casa a visitarlo" —le dije.— "Incluso me dijo que podíamos hablar allí".
"¿Pero qué le dijiste para que te invitara a su casa?" — preguntó con insistencia.
Le dije a Bill que había usado mi mejor discurso de ventas y que le había prometido al anciano revelarle todo lo que sabía, desde el punto de vista de mis lecturas, sobre plantas medicinales.
Bill obviamente no me creyó. Me acusó de ocultarle información:
"Conozco a la gente de esta zona" —dijo con beligerancia, —"y ese viejo es un tipo muy raro. No habla con nadie, ni siquiera con los indios. ¿Por qué iba a hablar contigo, a un completo desconocido? Ni siquiera eres guapo..." »
(Nota: La conversación con Bill continúa. Cabe destacar que la conversación extendida con Bill inmediatamente después de la reunión es completamente diferente a la conversación posterior a la reunión que se relata en el libro 'Una Realidad Aparte'. Y el colmo es que no hay ni una sola frase igual.)
Observación
Se nota que en este relato Castaneda ya no prestó atención a lo que él había dicho anteriormente porque dice muchas cosas muy distintas (hasta da la impresión que fue otra persona quien escribió este relato):
1) Esta vez Don Juan está sentado en un banco junto a la esquina, mientras que en el primer relato Don Juan estaba sentado frente a la ventana, y en el cuarto relato Don Juan acababa de entrar.
2) Mientras que en los relatos anteriores Don Juan es un gran conocedor de las plantas, en cambio en este relato Don juan se ha convertido en el maestro del "chamán de las nubes".
3) Mientras que en los relatos anteriores Don Juan es un yerbero, conocedor del peyote, aquí Castaneda hace que Bill mencione que Don Juan era un "hechicero temible". Pero esto se contradice con su primer libro 'Las Enseñanzas de Don Juan' donde Castaneda dice que al principio vio a Don Juan solo como "un hombre bastante peculiar que sabía mucho sobre el peyote", y solo después descubre que "la gente con la que vivía creía que era un brujo". Y en su libro 'Una realidad Aparte', Castaneda dice que a Don Juan le llevó un año entero revelarle que era un brujo.
4) Aquí Bill no se acerca a Don Juan para presentarle a Castaneda, sino que Castaneda se levanta de un salto y aborda a Don Juan él solo.
5) Aquí no hay ninguna charla con Bill. Ni una sola conversación tonta en el pésimo español de Bill ni nada por el estilo. En los otros libros, incluso se decía que Don Juan consideraba un presagio que Castaneda le fuera traído por un idiota que balbuceaba tonterías, pero aquí Bill ni siquiera se acerca a balbucear tonterías a Don Juan.
6) En los relatos anteriores, Castaneda le dijo su nombre a Don Juan, pero aquí no lo hizo.
7) En los relatos anteriores, transcurre un largo intervalo antes de que Don Juan se levante y tome el autobús; pero aquí, mientras aún conversan, Don Juan aborda rápidamente el autobús.
8) En los relatos anteriores, después de que Don Juan se fue, Bill regresa con Castaneda; mientras que aquí es Castaneda quien se acerca a Bill.
9) En los relatos anteriores, Bill nota que Castaneda está triste y le dice: "El encuentro no salió muy bien, ¿verdad?", mientras que aquí Castaneda está todo emocionado por el "éxito" que fue ese encuentro.
10) Tras la conversación, Castaneda dice que fue directamente a Yuma en lugar de a Los Ángeles, y que allí se enteró de que Don Juan era un yaqui de Sonora, un hechicero temible, gracias a "ciertas personas" que Bill le presentó al inicio de su viaje. Mientras que en el primer relato Castaneda había señalado específicamente que fue Bill quien le contó eso.
EN RESUMEN
Castaneda estaba estudiando antropología en la UCLA, el profesor les dio como tarea que entrevistaran a un indio. Castaneda fue a Nogales, Arizona, para buscar un indio al cual poder entrevistar. parece que no tuvo éxito hasta que cuando estaba esperando su autobús para regresar a su casa, su amigo le señaló a Don Juan.
MI OPINIÓN
Carlos Castaneda fue un hombre muy mentiroso por lo que soy muy desconfiado de que esta historia sea verídica, y aunque es normal que uno no se acuerde de todos los detalles y por eso seguido los cambie, en el caso de Castaneda sus numerosas modificaciones, yo considero que se deben más porque a ese escritor no le importaba ser riguroso en sus relatos y frecuentemente cambiaba las historias que él inventaba.
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