HOMENAJE PÓSTUMO DE BERTRAM KEIGHTLEY HACIA BLAVATSKY


Bertram Keightley fue uno de los principales alumnos de Blavatsky en Londres y cuando ella murió él escribió el siguiente artículo en homenaje a ella.
 
 
 
LO QUE HPB HIZO POR MI
 
Mi primer encuentro con HPB tuvo lugar en una importante reunión de la Logia de Londres perteneciente a la Sociedad Teosófica que tuvo lugar en las habitaciones del Sr. Hood en Lincoln's Inn y en donde de repente Blavatsky y de la manera más inesperada hizo su aparición, habiendo venido en un momento desde París en obediencia a esa voz cuyas directivas siempre fueron para ella su ley absoluta.
 
Desde el momento en que la miré a los ojos por primera vez, surgió dentro de mí un sentimiento de perfecta confianza, como el que se siente por un viejo amigo, sentimiento que nunca ha cambiado ni se ha debilitado sino que por el contrario se ha hecho cada vez más fuerte, más vívido y más imperioso, debido a que mi estrecha asociación con ella me enseñó a conocer mejor al personaje exterior de HP Blavatsky.
 
No es que siempre pudiera entender sus motivos y acciones, sino que por el contrario he pasado muchas noches meditando, buscando ansiosamente una pista que no pude encontrar, pero por desconcertante que fuera nunca podía mirarla a los ojos sin sentirme seguro de que “todo estaba bien de alguna manera” y una y otra vez el sentimiento de confianza se justificaba (a menudo meses o incluso años después) cuando el giro de alguna esquina en el camino de mi propio crecimiento interior me dio una nueva y más amplia visión del pasado, e hizo que su significado fuera tan claro y obvio que instintivamente el siguiente pensamiento surgió en mi corazón: "Qué bendito tonto debo ser por no haberlo visto hace años".
 
HPB sin embargo fue muy lenta para interferir con la vida de alguien, para aconsejar o incluso arrojar luz sobre su madeja enredada, al menos en palabras. Cuando nos conocimos por primera vez yo me encontraba en la bifurcación de dos caminos de vida que eran muy diferentes; repetidamente le pedí guía y dirección, pero bien sabía ella que cualquier palabra que pronunciara sería seguida con alegría y entusiasmo, por lo que no pude extraerle ni una sola pista aunque ella estaba al tanto de todos los detalles de mi indecisión.
 
Comprendiendo yo finalmente que no tenía derecho a imponer a otro la responsabilidad de mi propia vida (esa fue la primera lección que ella me enseñó) decidí seguir el camino que el deber hacia los demás me parecía señalar. Todo estaba arreglado, todos los preparativos estaban hechos, los baúles y las cajas listos para partir y entrar en una nueva línea de mi vida.
 
Yo estaba en el acto de despedirme de ella a medianoche y ella me detuvo con las siguientes palabras: "Si haces tal o cual cosa (es decir si sigo el curso que yo había decidido) las consecuencias serán así" (es decir desastrosas para mí y para los demás). Así es que por la mañana yo había tomado la decisión de actuar de acuerdo con su advertencia, por lo que cambié todo el tenor de mi proyecto y me quedé en mi posición actual.
 
Mirando hacia atrás a los años que han pasado desde que ella pronunció esas pocas palabras, veo claramente que si no hubiera escuchado su voz entonces su advertencia se habría cumplido con la certeza del destino, y aunque desde entonces mi deuda de gratitud con su mano guiadora y salvadora ha crecido como una avalancha de montaña, aún recuerdo esos minutos como quizás los más decisivos de mi vida.
 
Pero la deuda que se le debe a HPB en este y otros puntajes similares es pequeña en comparación con otros aspectos en la cuenta larga, que incluso el servicio fiel y dedicado de muchas vidas no logrará equilibrar.
 
Por ejemplo yo habiendo nacido con el espíritu escéptico y científico de finales del siglo XIX, aunque había sido educado en el sentido más sincero hacia la religión, sin embargo el estudio y el pensamiento pronto disolvieron en mí todo rastro de fe hacia todo lo que no podía probarse, especialmente la fe en cualquier futuro como el que enseñan los credos y las iglesias.
 
Así al entrar en la vida pero sin guía más que la “moral constitucional” innata y educada en casi todo niño nacido de padres como los míos, y con una admiración sentimental por el altruismo y el desinterés extraídos del ejemplo y cariñoso cuidado del entorno hogareño, pero que la lógica implacable de un materialismo desesperanzado iba carcomiendo lentamente.
 
¿Cuál hubiera sido el resultado probable?
 
Seguramente un descenso lento hacia el egoísmo y el ensimismamiento absoluto. Pero de este destino HPB a través de su enseñanza, su demostración experimental, y sobre todo por la fuerza de su vida diaria, me salvó como salvó a muchos otros.
 
Antes de conocerla, no veía un ideal por el que valiera la pena luchar (al menos para mí) ya que la muerte a la que el materialismo señala como el resultado final del proceso del mundo, enfrió cada emoción o esfuerzo generoso con el pensamiento de su perfección. Todo esfuerzo me parecía una inutilidad. No encontraba ningún motivo para esforzarme por lo difícil, lo remoto, ya que la muerte, el devorador de todo, cortaría el hilo de la vida mucho antes de que se alcanzara la meta, e incluso la débil esperanza de beneficiar a las generaciones venideras se hundía en cenizas ante la contemplación de la locura, la idiotez sin propósito y el sin sentido de toda lucha.
 
De esta parálisis enervante que aplasta toda vida interior real y ensucia cada hora del día, HPB me liberó a mí y a otros.
 
¿No le debemos enormemente por ello?
 
Aún más lejos. Cada hombre que piensa o siente se encuentra rodeado por todos lados por problemas terribles, esfinges que amenazan con devorar a la raza misma a menos que se resuelvan sus enigmas. Vemos que los esfuerzos mejor intencionados hacen daño en lugar de bien; la oscuridad absoluta nos encierra.
 
¿Dónde buscaremos entonces la luz?
 
HPB nos señaló la estrella aún tenue que brilla en el camino del tiempo, enseñó a aquellos que escucharían a buscar dentro de sí mismos su rayo, señaló el camino a recorrer, indicó sus señales y peligros, nos hizo darnos cuenta de que quien persevera y perdura en el esfuerzo de olvidarse de sí mismo para ayudar a la humanidad a tener en sus manos la clave de los intrincados laberintos de la vida, es la acción más noble porque tanto su corazón como su mente se llenan de la sabiduría que nace del amor y del conocimiento, purificados de toda mancha del yo mezquino y egoísta.
 
De esto H.P.B. hizo que muchos se dieran cuenta.
 
¿Acaso ella no merece toda nuestra devoción?
 
 
 
Por otra parte. ¿Cómo puedo escribir sobre mis propias relaciones personales o mis sentimientos hacia HPB?
 
Con ella en París, viéndola seguido cuando estuvo residiendo en la casa de los Arundales en Londres, y posteriormente cuando ella estuvo residiendo en la casa de los Gebhard en Elberfeld, luego viéndola de nuevo en Londres antes de que partiera hacia la India en el otoño de 1884. Luego la volví a ver en Ostende en 1887, y desde ese entonces estuve trabajando diario a su lado, esforzándome por ayudarla, aunque sea débilmente, en su noble labor.
 
La dejé solo por orden expresa de ella para ir al "servicio exterior" cuando me mandó a los Estados Unidos porque ella nunca sufrió afecto personal o sentimientos para omitir el menor sacrificio cuando se trataba del bien de la Causa.
 
Escribiendo así pues, después de que tantos han hablado de ella, queda poco sobre la superficie para registrar, y no puedo expresar nada del sentimiento y la conciencia que yacen debajo.
 
Nadie más que su propio igual podría dar una imagen real de nuestra líder, ya sea como una amiga cercana, una maestra sabia, más que una madre para todos nosotros; ella era severa e inflexible cuando surgía la necesidad; nunca vacilaba en infligir dolor o usar el bisturí del cirujano cuando se puede hacer algo bueno con ello; ella era aguda de vista e infalible para detectar las debilidades ocultas y dejarlas al descubierto a la vista de sus pupilas, no con palabras sino casi tangiblemente, forzando con el ejemplo diario, cada hora, a quienes ella amaba, a elevarse al nivel de su propia elevada norma del deber y devoción hacia la Verdad; HPB siempre ocupará un lugar único en nuestros corazones y mentes, un lugar siempre lleno de ese ideal de vida humana y deber que encontró expresión en sus propias acciones.
 
Una característica marcada de su vida, tanto en su totalidad como en sus detalles, fue una maravillosa unidad de corazón y propósito. Ella era sobre todo la Sierva del Hombre; ningún individuo acudió a ella con un pedido de ayuda sincero y honesto, y no lo consiguió; ningún enemigo, ni siquiera el que más cruelmente y desenfrenadamente la había herido, acudió jamás a ella con necesidad y fue rechazado.
 
Ella se quitaría la ropa de la espalda y el pan de la boca para ayudar a su peor enemigo, al más malicioso si este se encontraba en apuros o sufrimiento. Y si los Coulomb hubieran aparecido alguna vez en Londres entre 1887 y 1891 angustiados y miserables, ella los habría acogido, vestido y alimentado. Ella no tenía necesidad de perdonarlos porque cualquier cosa que se pareciera al odio o al recuerdo de un daño personal estaba tan lejos de su naturaleza como la estrella Sirius lo está de la Tierra.
 
Así Blavatsky llevó su pesada carga, el Karma de la Sociedad Teosófica y todos sus miembros, buenos y malos, a pesar de su mala salud, dolor físico, agotamiento total de su cerebro y de su cuerpo, trabajando día y noche por la Causa a la que ella había consagrado su vida. Ese es un ejemplo que no se ve muy a menudo y aún más raramente se encuentra que alguien lo quiera seguir.
 
Pocos excepto aquellos que lo presenciaron, se dan cuenta de cuán grande fue el privilegio de estar estrechamente asociados con ella en su trabajo; para mí ese privilegio se erige como la mayor de las bendiciones, y merecer su reanudación en algún momento futuro será el propósito de mi vida.
 
Siento profundamente lo poco que aproveché la gran oportunidad en comparación con lo que podría haber ganado en capacidad y conocimiento para servir a la humanidad; pero cada uno de nosotros puede asimilar solo de acuerdo con su preparación, y las lecciones que podemos aprender dependen de nuestra propia aptitud, no del favor de nuestro maestro. Por lo tanto esforcémonos incesantemente por estar mejor preparados cuando el próximo maestro venga entre nosotros.
 
Muchos son los tributos de gratitud, amor y devoción que ha suscitado la partida de HPB. Por circunstancias la mía llega a figurar entre las últimas y las más breves, pero es en hechos y no en palabras que su vida debe florecer y dar fruto en sus alumnos. Ella nos dejó el encargo de “mantener el vínculo intacto”, de transmitir a otros la ayuda que ella nos brindó con tanta generosidad. Entonces levantémonos y estemos laborando porque el tiempo es corto y la tarea es grande, y el monumento más noble de nuestra Maestra será el crecimiento y la difusión de la luz que ella trajo al mundo.
 
 
(Este artículo fue publicado primero en la revista Lucifer de agosto de 1891, p.452-455; y posteriormente en el libro HPB: en memoria de Helena Petrovna Blavatsky, 1891, p.90-93)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

HOMENAJE PÓSTUMO DE JOSÉ XIFRÉ HACIA BLAVATSKY


José Xifré fue uno de los primeros promotores de la teosofía en España y cuando Blavatsky falleció él dio el siguiente discurso.
 
 
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H.P.B.
 
(Leído en la convención de la Sección Europea de la Sociedad Teosófica por el delegado español.)
 
La Fundadora de la Sociedad Teosófica; la Iniciada en la Divina Sabiduría; la noble mujer, quien con incomparable auto-sacrificio y coraje, renunció a su posición, a su fortuna, a su comodidad y también a su país, en su amor por la humanidad, en aras de la difusión de la Verdad Eterna – ella está muerta.
 
La Sociedad Teosófica, que pena sobre esta pérdida irreparable, ha recibido un golpe terrible, y no está a mi alcance para medir, en la actualidad, las consecuencias que conlleva la muerte de su Maestra en la Sociedad.
 
Mi deseo es más modesto. Deseo solo hablar de los lazos que me unieron a H.P.B. y de la poderosa influencia que su gran alma individualizada ejerció sobre mí, en mi forma de pensar, de sentir, y también en mi opinión, las cosas desde el punto de vista moral, intelectual y material – y de hecho en toda mi vida.
 
Lamento realmente estar obligado a escribir desde un punto de vista muy personal, pero creo que tal vez un análisis de mi actual condición moral puede ser útil y similar a la de muchos de mis hermanos aquí presentes, que como yo fueron honrados por la persona conocida como H.P.B.
 
Tendrá, en todo caso, una gran ventaja hacerlo así y es que estas palabras y experiencias se basan en el conocimiento personal y no en rumores, y cuando consideramos cuestiones espirituales e incluso morales, hay creo yo, sólo un criterio seguro que es el de la experiencia personal.
 
En el notable artículo publicado el 15 de junio en la revista Review of Reviews, el Sr. A.P. Sinnett bien dice: "Ella dominaba toda situación en la que se colocó, y tuvo que ser muy querida o muy odiada con los que llegó a tener contacto. Ella nunca podría ser un objeto de indiferencia".
 
Ahora en mi opinión esta afirmación es muy correcta y no tengo ninguna duda de que mis hermanos aquí presentes estarán de acuerdo conmigo.
 
La primera vez que vine a Londres con el único objetivo de conocer y saber de H.P.B., cuyos dones habían hecho una profunda impresión en mí, me di cuenta de que iba a encontrarme con una de las personas más notables de esta época: notable tanto por la profundidad de sus conocimientos que por su gran sabiduría.
 
No fue una mera curiosidad sino una sensación de todopoderosa atracción que me atrajo hacia ella, un sentimiento sui generis, que sólo se puede explicar de manera oculta. Y la realidad estuvo más allá de mi mayor expectativa, sentí que la mirada de H.P.B. había penetrado y destruido la personalidad que había sido hasta ese momento en mí, fue un proceso nuevo, extraño e inexplicable, pero muy real, eficaz e innegable que se logró en el hueco más profundo de mi naturaleza moral y espiritual.
 
La transformación se llevó a cabo y desde ese momento la vieja personalidad con sus ideas, tendencias y prejuicios más o menos arraigados, desapareció. No voy a tratar de explicar este hecho aparentemente sorprendente, que al igual que todos los demás se basa en la gran ley del Karma, pero nunca va a ser borrado de mi memoria.
 
Cada vez que veía H.P.B. mi afecto, lealtad y admiración por ella aumentaba. A ella le debo todo lo que sé, tanto para la tranquilidad mental y equilibrio moral que alcanzaron sus conocidos. Ella me dio la esperanza para el futuro, ella me inspiró con sus propios principios nobles y devotos, y transformó mi día a día de la existencia mediante la celebración de un alto ideal de vida para alcanzar el ideal que es el objetivo principal de la Sociedad Teosófica, es decir, a trabajar por el bien y el bienestar de la humanidad.
 
Su muerte fue una amarga pena para mí, como para todos aquellos que están trabajando por la causa común que es la Teosofía y que después de haberla conocido personalmente, hemos contraído una deuda de gratitud eterna hacia ella.
 
He perdido a mi Amiga y Maestra, quien purificó mi vida, quien me devolvió la fe en la Humanidad, y en su admirable ejemplo de valentía, abnegación, desinterés y virtud, voy a encontrar la fuerza y el coraje necesario para trabajar por esta causa que todos estamos obligados a defender.
 
¡Que su recuerdo sea bendito!
 
Éstas, amados hermanos y amigos, son las pocas palabras que yo deseaba decir, en gran medida el deseo de declarar ante todos ustedes que nunca olvidaré lo que le debo a H.P. Blavatsky.
 
Que los enemigos y materialistas expliquen, si pueden, el poder y la atracción de H.P.B., y si no pueden, que estén mudos.
 
El árbol se conoce por sus frutos ya que las acciones serán juzgadas y valoradas por sus resultados. »
 
 
(Este discurso fue publicado por primera vez en la revista Lucifer de agosto de 1891 p.455-456; y más adelante en el libro HPB: en memoria de Helena Petrovna Blavatsky, 1891, p.93-94)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LOS ARTÍCULOS SOBRE BLAVATSKY QUE LA PRENSA PUBLICÓ TRAS SU FALLECIMIENTO


Blavatsky murió el 8 de mayo de 1891, y en los siguientes días, semanas e incluso meses, hubo todo un aluvión de artículos publicados por diferentes periódicos y revistas hablando acerca de ella, algunos artículos fueron positivos pero muchos otros fueron negativos retomando las calumnias que sus enemigos habían inventado contra Blavatsky; y por eso que sus principales alumnos en Londres publicaron la siguiente protesta:
 
 
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LA PRENSA
 
Durante el último mes simplemente nos han inundado de recortes. Se han recibido más de 500 solo de Gran Bretaña; de hecho toda la prensa del país ha tenido algo que decir sobre HPB y la Teosofía. La mayoría de los recortes son favorables y muchos papeles reprodujeron la vida de HPB del libro Los Hombres y las Mujeres de Nuestro Tiempo (Men and Women of the Time).
 
Unos artículos eran elogiosos mientras que otros tenían el mal gusto de vilipendiar a la fallecida, amontonándole las imputaciones más escandalosas. Y es hacia a estos últimos que se redactó la siguiente protesta la cual ha aparecido en una gran cantidad de periódicos:
 
“Nosotros, los miembros abajo firmantes de la Sociedad Teosófica, que hemos conocido íntimamente a la difunta HP Blavatsky, hemos leído con sorpresa y repugnancia las falsedades extraordinarias e infundadas sobre su vida y carácter moral que circulan por parte de la prensa.
 
No nos proponemos intentar ninguna respuesta en detalle a libelos tan monstruosos como viles, libelos que tratan además de supuestos hechos ocurridos en lugares distantes del mundo, sin que se aduzca ninguna prueba para fundamentar esas alegaciones.
 
¿Les pregunto si es correcto, incluso con el fin de ensuciar la memoria de una mujer muerta, ignorar la norma ordinaria que el acusador debe dar pruebas de sus acusaciones porque de lo contrario solo son puras difamaciones? ¿Qué personaje puede estar a salvo si cualquier calumnia sin fundamento ha de tomarse por un hecho probado?
 
Nos contentamos con poner nuestro honor y nuestra reputación en la declaración de que el carácter de Madame Blavatsky fue de un tipo excepcionalmente puro y elevado, y que su vida fue inmaculada y su integridad inmensa. Y es porque sabemos esto que estuvimos y estamos orgullosos de seguir su guía, y deseamos hacer público el hecho de que le debemos las inspiraciones más nobles de nuestras vidas.
 
En cuanto a la curiosa idea de que la muerte de Madame Blavatsky haya dado lugar a alguna disputa por su "lugar vacante", permítannos decir que la organización de la Sociedad Teosófica no se ve afectada por su muerte, ya que junto con el coronel HS Olcott, presidente de la Sociedad Teosófica, y el Sr. William Q. Judge, un destacado abogado de Nueva York, y vicepresidente y líder del movimiento teosófico en los Estados Unidos, Madame Blavatsky fue la fundadora de la Sociedad Teosófica; y aunque ella está en una posición que bien no puede ser conquistada ni por un golpe de Estado ni de otra manera. Madame Blavatsky era simplemente Secretaria de Correspondencia de la Sociedad Teosófica, un puesto puramente honorario que según la constitución de esa organización, no es necesario ocupar tras su fallecimiento.
 
Durante los últimos seis meses, como consecuencia del crecimiento de la Sociedad Teosófica, ella ejerció temporalmente la autoridad presidencial en Europa por delegación del Coronel Olcott, a fin de facilitar la transacción de negocios, pero con su muerte dicha delegación queda naturalmente sin efecto.
 
Su gran posición en el movimiento teosófico se debió a su conocimiento, a su capacidad, a su lealtad inquebrantable, no al ejercicio de algún cargo; y la organización externa permanece prácticamente intacta. Su función especial era la de maestra, y aquel o ella que ocupara su lugar debería tener sus conocimientos.
 
Firmado por:
 
   Annie Besant.
   C. Carter Blake, Doctor en Ciencia
   Herbert Burrows.
   Laura M. Cooper.
   Isabel Cooper-Oakley.
   Archibald Keightley, MB (Cantab.)
   GRS Mead, BA (Cantab.) Secretario de la Sección Europea de la ST
   Walter R. Viejo, Secretario de la Sección Británica de la ST
   Condesa Constanza Watchmeister
   W. Wynn Wescott, MB (Lond.)”
 
Londres, 19 de mayo de 1891
 
 
En general, los periodistas han mostrado un deseo de juego limpio y de hecho una revista prominente que había dedicado varias columnas en dos números sucesivos a una repetición de la opinión personal que hizo que el Sr. Hodgson fuera tan notorio y fue respaldada tan tontamente por una sociedad académica (quizás para animar sus informes aburridos y mortales) envió a un representante a visitar la Logia Blavatsky y nos dio un excelente aviso en una de sus columnas.
 
Y también hemos recibido muchos recortes de los Estados Unidos, India y el continente europeo, y tenemos que informar sobre ellos también como se indicó anteriormente. Es de notar que la prensa de todos estos países, tal vez podríamos decir del mundo, no se ha contentado con unas pocas líneas de aviso o comentario. Muchos de los principales periódicos han dedicado editoriales al tema y algunos contienen artículos de varias columnas.
 
En general, el mundo imagina que los miembros de la Sociedad Teosófica son místicos de pelo largo o imbéciles crédulos. Nos preguntamos cómo lo tomarán cuando descubran que somos personas un tanto empresariales, ¡solo que un poco más en serio que la mayoría! »
 
 
(Este artículo fue publicado por primera vez en la revista Lucifer de junio de 1891 p.319-320; y posteriormente en el libro HPB: en memoria de Helena Petrovna Blavatsky  1891, p.95-96)
 
 
 
 
 
 
EJEMPLOS
 
A continuación les voy a ir poniendo los artículos publicados por periódicos que vaya encontrando: