ENTREVISTA A BLAVATSKY EN LONDRES EN 1884 POR EL PÉRIÓDICO "THE PALL MALL GAZETTE"


Blavatsky vivía en India pero en 1884 ella junto con el coronel Olcott efectuaron una larga gira por Europa, y cuando ella estuvo en Londres, el periódico londinense "The Pall Mall Gazette" aprovechó para entrevistarla, y a continuación les transcribo el artículo que ese periódico imprimió en su publicación del 26 de abril de 1884, págs. 3-4.

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MÁS SOBRE LOS TEÓSOFOS: UNA ENTREVISTA CON MADAME BLAVATSKY

Los relatos que hemos publicado sobre la Sociedad Teosófica y el Coronel Olcott han despertado tanto interés en diversos círculos, que el siguiente informe de una entrevista con Madame Blavatsky, la vidente que fundó la nueva religión, probablemente captará cierta atención.

Nuestro representante, que visitó a la moderna profetisa en casa del Sr. Sinnett, escribe lo siguiente:


« ¿Quién es Madame Blavatsky? Madame Blavatsky es una mujer misteriosa. Nadie puede hablar de su pasado. Lo único que se sabe es que es sobrina del general Fadayeff, el conocido líder panslavo, fallecido recientemente en Odessa, y que pertenece a la familia Dolgorouki, una de las familias más antiguas de Rusia. Madame Blavatsky, sin embargo, es noble, no por su origen aristocrático, sino por el papel que desempeñó en el establecimiento de la Teosofía en la India.

Hay algo indescriptiblemente extraño y paradójico en el singular movimiento religioso del que Madame Blavatsky es fundadora. Que una mujer —y además rusa— sea la designada para impulsar el resurgimiento del ocultismo como fe religiosa práctica en nuestro Imperio Indio es uno de los fenómenos más extraños de nuestro tiempo.

Más allá de sus peculiares pretensiones como líder de un movimiento religioso que en los últimos años ha demostrado una vitalidad asombrosa y que, con seguidores en todas las capitales europeas, se extiende rápidamente por la India, Madame Blavatsky es una figura que merece toda la atención.

Su inglés es tan fluido como si hubiera nacido en Westminster, y probablemente mucho más correcto. Su cultura es extensa, y su conocimiento, incluso de los detalles más minuciosos de las controversias especulativas y religiosas inglesas, es extraordinariamente preciso.

Su libro, "Isis Develada" —de la cual pronto preparará una nueva edición para imprenta—, está escrito en inglés y demuestra un dominio vigoroso de nuestro idioma, así como una gran vehemencia en el debate.

Madame Blavatsky colabora con la principal revista rusa, publicando estudios sobre la vida social y el carácter de la India, y desde hace tiempo es conocida como una erudita corresponsal de la "Moscow Gazette".

Pero todas estas distinciones mundanas, que le otorgan el mismo interés que a Madame Novikoff en un ámbito diferente, no son nada comparadas con los misteriosos atributos con los que, según los teósofos creyentes, ella está investida. Porque Madame Blavatsky es una mujer que ha estado más cerca que ninguna otra entre los mortales —fuera del Tíbet— del secreto del universo.

Es ella quien, tras un largo y arduo noviciado, ha sido elegida como el recipiente mediante el cual los misteriosos Mahatmas han decidido comunicar parte de su celosamente guardado tesoro de sabiduría espiritual a una generación que aún apenas percibe su necesidad.

Si creemos una cuarta parte de las historias que repiten con seguridad quienes tienen el honor de conocer a Madame Blavatsky, ella vive en constante comunión con lo invisible. El tiempo y el espacio no existen para ella.

Mientras ella está sentada en el diván del salón del señor Sinnett, fumando su cigarrillo habitual, ella conversa con sus jefes y maestros que en carne y hueso residen en los valles más remotos del Himalaya; y esta comunión no es puramente espiritual.

A veces, el mensaje del Mahatma se plasmará por escrito, y una pequeña nota triangular cuidadosamente doblada, con extraños caracteres tibetanos, surgirá del aire impalpable y caerá a sus pies.

Hablar con Madame Blavatsky es como leer el libro “Zanoni”, con la diferencia de que el héroe de Bulwer Lytton es una creación de la mente romántica, mientras que Madame Blavatsky, en carne y hueso, afirma con firmeza que ella misma ha presenciado o ejercido todos los poderes misteriosos que Zanoni buscaba.

En cuanto al Vril, esa esencia fatal con la que la raza venidera debía armarse [según Bulwer Lytton en otro de sus libros], Madame Blavatsky no solo conoce sus propiedades y las condiciones bajo las cuales puede emplearse, sino que ve potencial Vril por doquier y puede utilizarlo si surge la necesidad para cualquier propósito benéfico.


A los no iniciados y a aquellos que aún tantean a tientas el portal exterior del templo teosófico, Madame Blavatsky necesariamente solo puede hablar en enigmas. Incluso al Sr. Sinnett, el teósofo principal de la rama londinense de los verdaderos creyentes, solo se le permite comunicarse parcialmente.

Secretos demasiado vastos para ser comunicados incluso a él yacen ocultos en su alma; ni se atreve a desvelar esos misterios ocultos que si cayeran en manos de personas cuya aptitud para tales poderes no ha sido probada mediante una larga serie de etapas de prueba, podrían resultar desastrosos para el mundo.

Se mueve entre los hombres como alguien que conocía el secreto de la dinamita podría haber vivido en la Edad Media. Y tiembla al pensar en la posibilidad de que este terrible secreto pueda caer algún día en manos impías.


La señora Blavatsky se encuentra actualmente en París, pero espera regresar a Londres el próximo mes.

En la conversación de dos horas que mantuve con esta extraordinaria mujer, ella se expresó con gran energía y confianza sobre las perspectivas de la Teosofía en Inglaterra.

De todos los pueblos, dijo, los ingleses parecen ser los más preparados para abrazar la nueva doctrina. En la mente de cada inglés reinan el sentido común y la razón, las dos facultades en las que se basan los teósofos, mientras que debajo yace la profunda base del misticismo, un terreno en el que la pura verdad espiritual puede echar raíces y florecer abundantemente.

De todas las naciones, los menos preparados para la doctrina espiritual que enseña son los franceses, cuya naturaleza superficial y burlona es a la vez indiferente a la razón e inmune a cualquier apelación a las profundidades interiores.

Los rusos eran demasiado dados a los extremos. Eran tan piadosos y ortodoxos como para considerar toda la Teosofía como engendrada por el diablo o tan puramente materialistas como para ridiculizar la concepción misma de la verdad espiritual.

No es que la señora Blavatsky suele usar el término «espiritual», pues sostiene que la Teosofía es una ciencia que apela a la razón, más que una religión que apela a las emociones; una ciencia exacta, basada, como cualquier otra, en el resultado registrado de siglos de experiencia.

Su actitud hacia las naciones europeas es estrictamente imparcial, pues, como confiesa francamente, detesta el mundo occidental y todas sus costumbres. El cristianismo y la civilización son hipocresías detestables.

Ella se explayó durante casi media hora, con gran fervor y elocuencia natural, sobre el melancólico contraste entre el credo profesado de la cristiandad y las acciones políticas de las naciones cristianas, declarándose del lado de los paganos a quienes [las naciones "cristianas"] desprecian.

Afirma que ningún europeo que hubiera vivido entre los paganos podía llamarse cristiano sin sonrojarse. ¿Qué es el cristianismo para los paganos sino asesinato organizado y robo masivo?

Ella me comenta: 

"Si vuestro Cristo volviera a la vida en este preciso instante en Londres y actuara como decís que él actuó, ¿qué haríais con él? ¿Lo encarcelaríais o lo encerraríais en un manicomio?

Entre vuestros millones de cristianos, ¿hay acaso un solo Cristo, uno que actúe conforme a los principios expuestos en vuestros Evangelios?

Yo no conozco a ninguno. ¡Y aun así os maravilláis de que el mundo pagano no se convierta [al cristianismo] gracias a vuestros misioneros!"


Cabe mencionar, de paso, que Madame Blavatsky no cree en el Cristo histórico de los Evangelios, sino en un Cristo que, según ella, fue crucificado cien años antes de la fecha habitual.

Este Cristo, del que siempre habla con la mayor admiración y del que afirma haber sufrido mucho a manos de quienes se autodenominan con su nombre, fue, al igual que Buda y Zoroastro, un gran Mahatma, versado en la ciencia oculta de la que actualmente ella es la principal exponente autorizada.

"Veneramos", dijo, "a Gautama Buda por encima de todos los demás Mahatmas, porque solo él, entre todos los maestros religiosos, ordenó a sus discípulos que no creyeran ni siquiera en sus propias palabras si contradecían la verdadera razón."


La Sociedad Teosófica que ella fundó tiene como objetivo principal la restauración del budismo en su pureza original, y es en esta reforma de un budismo corrompido en la que el coronel Olcott se ha dedicado con tanta asiduidad últimamente. Su catecismo del budismo [escrito por Olcott] es solo una entre las muchas formas de actividad, literarias y de otro tipo, que su propaganda ha asumido.

Después de la reforma del budismo, el segundo gran objetivo de los teósofos es restaurar el brahmanismo al ideal más puro que encuentra expresado en los Vedas; una tarea hercúlea, sin duda, pero en cuyo cumplimiento los teósofos profesan una fe inquebrantable.

La tercera gran tarea, tan formidable a su manera como cualquiera de las anteriores, es combatir un falso materialismo mediante el establecimiento de la verdad espiritual pura.

Como explicaron el coronel Olcott y Madame Blavatsky, la esencia de esta verdad espiritual consiste en el cultivo de la vida interior y el sacrificio sistemático de los instintos inferiores de nuestra naturaleza a la ley superior.


La propaganda ha tenido un éxito inesperado, y en la última conferencia de la Sociedad Teosófica, que se celebró en Bombay, la asamblea incluyó representantes de todas partes de la India, que eran de todas las razas, reunidos en la plataforma común de la verdad, la justicia y la fraternidad.

Blavatsky es ahora de edad avanzada, pero muestra una notable vitalidad y vehemencia en la controversia que bien podrían desconcertar a oponentes menos vigorosos.

Que ella esté viva se debe, según su propio relato, a una curación casi milagrosa obrada por la intervención de sus maestros, como ella llama a los Mahatmas —repudiando con gran indignación el término “guía espiritual”— pues después de que los médicos la hubieran dado por incurable con la enfermedad de Bright, se curó completamente en tres días.

Sin embargo, lamenta que su voluntad ya no sea tan fuerte como en sus viejos tiempos, cuando podía librarse de cualquier enfermedad por pura fuerza de voluntad.


Independientemente de lo que se piense de su filosofía o teosofía, Independientemente de la credibilidad que se le pueda dar al relato de los misteriosos poderes que ella afirma poseer —poderes a los que, cabe decir, no les da mayor importancia, es más, parece considerarlos con la más absoluta indiferencia—, Madame Blavatsky es una mujer que, vista desde un punto de vista puramente intelectual, merece más atención de la que ha recibido hasta ahora. »
 




 
OBSERVACIÓN

Lo que ese periodista escribió es correcto, excepto de que la Teosofía no es una religión sino una enseñanza esotérica, y de que el principal objetivo de la Sociedad Teosófica no es restaurar el budismo en su pureza original (eso forma parte de su segundo objetivo) sino formar un núcleo donde prevalezca la Fraternidad Universal.







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