Por falta de tiempo a veces me tardo mucho en responder a los comentarios

por lo que les pido paciencia y me disculpo si llega a ser su caso.

LA VIDA DE BLAVATSKY RELATADA POR SU HERMANA




Vera Petrovna Zhelikhovsky fue una famosa escritora en su país natal Rusia y ella elaboró varios ensayos biográficos sobre su hermana Blavatsky, siendo uno de los más importantes el que a continuación les traduzco debido a que este contiene muchos datos históricos que no se encuentran en otra documentación.


Desafortunadamente Vera nunca entendió completamente la función que desempeño Blavatsky como la mensajera de los Maestros transhimaláyicos para el resurgimiento en el mundo moderno, del Movimiento esotérico-teosófico que tuvo que permanecer durante quince siglos oculto debido a la terrible persecución que había efectuado la Iglesia Católica contra todo aquello que no fuera su dogma.

Y por otra parte, hay que considerar también que el gran cariño que Vera le tenía a su hermana y el exacerbado patriotismo que muestra por Rusia, hacen que su exposición de los acontecimientos no sea siempre muy imparcial.

Pero eso no quita el hecho de que las biografías que escribió Vera sobre Blavatsky deben de ser consideradas como un material de referencia muy valioso, debido a que ella llevaba un diario, disponía de mucha información, fue un testigo muy importante, tenía la reputación de ser una persona honesta y era muy meticulosa respecto a sus afirmaciones y a su secuencia cronológica.

Este artículo originalmente lo escribió para la revista rusa “Russkoye Obozreniya en donde fue publicado en dos partes: en noviembre y diciembre de 1891. Posteriormente fue traducido al francés y apareció en la revista parisina “La Nouvelle Revue de septiembre y octubre de 1892.

Y luego fue casi completamente traducido al inglés (solo omitieron algunos detalles de texto y algunas notas) y publicado en seis partes en la revista “Lucifer de Londres, de noviembre de 1894 a abril de 1895. Y por último el texto en inglés fue traducido al español y publicado en varias revistas teosóficas de habla hispana como por ejemplo: “El Loto Blanco” o “La Revista Teosófica Cubana”.

Y el texto que a continuación les pongo es una traducción directa del artículo que apareció en francés.

(Nota: y las razones por las que Blavatsky decidió llamar a su revista “Lucifer” las explico aquí)


* * * * * * * * * * *


UN ESBOZO BIOGRÁFICO
DE
HELENA PETROVNA BLAVATSKY



I

Mi hermana, Helena Petrovna Blavatsky (cuyo nombre de nacimiento es Hahn) es más conocida en nuestro país con el seudónimo “Radda-Baï”, el cual adoptó para sus escritos en Rusia.

Ella fue una persona sumamente notable, incluso hoy en día, donde abundan las personalidades extraordinarias.

Sus obras son muy exclusivas y poco conocidas por lo general (1) aunque han dado nacimiento a un movimiento espiritual y a una liga moral, fundadas en teorías que a sus seguidores les gusta llamar “revelaciones”. Me refiero a la Sociedad Teosófica, tan conocida y tan extendida por toda América, en la India, en Inglaterra, y en menor escala por el resto de Europa.

Esta Sociedad fue concebida y fundada por ella en el año 1875, en Nueva York, a donde había llegado a establecerse sin saber por qué, — impulsada por una atracción inexplicable e incomprendida incluso por ella misma (como lo leeremos más adelante en sus cartas).

Sin dinero y sin ninguna clase de influencia ni de protección, sin más apoyo que su espíritu emprendedor y su energía implacable, esta mujer verdaderamente extraordinaria, consiguió en menos de cuatro años, atraer hacia ella a seguidores llenos de abnegación que se hallaban dispuestos a seguirla hasta en la India y a expatriarse con alegría.

Y es así que en menos de quince años, ella llegó a tener miles de discípulos, quienes no solamente profesaron sus enseñanzas, sino que además la proclamaron como “la persona más eminente de nuestros tiempos, la esfinge del siglo XIX”, la única persona del mundo occidental iniciada en las ciencias ocultas del Oriente.

Y ciertamente, con pocas excepciones, muchos de ellos estarían muy inclinados a canonizar su memoria, si la filosofía que ella les enseñó se los hubiese permitido.

(Nota del traductor: la Teosofía desaprueba la veneración hacia los instructores, como se lo indicó el Maestro Kuthumi a Annie Besant cuando le escribió: “Deja que la devoción sea únicamente para ese Espíritu Supremo del que uno es una parte. Nosotros trabajamos calladamente y de preferencia sin que se nos nombre.”)


Hay pocos países en donde la muerte de H.P. Blavatsky no haya producido una sensación más o menos profunda. Todos los cinco continentes del mundo respondieron (de una u otra forma) a la noticia del fallecimiento de esta pobre mujer rusa, y cuyo único mérito para semejante celebridad, consistía en su genio personal, y durante algún tiempo, su nombre figuró en la prensa de todas las naciones.

Ciertamente se dijo más mal que de bien, de ella, pero es seguro que no dejó indiferente. Unos la despreciaron de varios modos, mientras que los otros, los teósofos (en veinte ó más publicaciones) proclamaron que fue “una profeta iluminada y regeneradora de la humanidad”.

Humanidad, que sin las revelaciones que Blavatsky había hecho en sus obras (y sobre todo en La Doctrina Secreta), habría sido arrastrada a su perdición por el materialismo tan intenso que preponderaba es su época.

Pues bien, no me corresponde a mí de juzgar quiénes tienen la razón: si sus entusiastas amigos y discípulos, o sus enemigos acérrimos. Mi intención aquí con este escrito es simplemente de ofrecerle al público, algunos recuerdos de su familia y presentarles cartas que son de indudable interés.

Podría fácilmente producir varios volúmenes de texto, por la enorme cantidad de materiales que tengo a mi disposición para hacer uso, pero trataré de elegir los más notables, combinándolos con mis propios recuerdos.


Helena Andreevna Hahn

Nuestra madre, la señora Helena de Hahn (cuyo nombre de nacimiento es Fadeew), murió a los veintisiete años. Pero a pesar de su prematuro fallecimiento, ella adquirió una gran reputación literaria que le valió el sobrenombre de la “George Sand Rusa” otorgado por Belinsky, quien fue el mejor de sus críticos y bibliógrafos.

A los dieciséis años ella se casó con Pierre de Hahn, capitán de artillería, y poco tiempo después ella se dedicó únicamente a la educación de sus tres hijos.

Helena, su hija mayor, era una niña precoz que desde su más tierna edad llamaba la atención de cuantos se ponían en contacto con ella. Su mente alerta se rebelaba contra la rutina exigida por sus profesores, como asimismo contra toda clase de disciplina.

Ella no reconocía a ningún otro amo más que su propia buena voluntad y sus gustos personales. Todo en ella era exclusivo, original y a veces audaz hasta el punto de salvajismo.

Después de la muerte de nuestra madre, nos fuimos a vivir con sus parientes, y todos nuestros institutores agotaron su paciencia con Helena, quien jamás quiso cumplir con las horas fijadas para las clases, pero que sin embargo los impresionaba por su brillante inteligencia, y especialmente por la facilidad con que llegaba a dominar los idiomas extranjeros y también por sus disposiciones musicales.

Ella tenía el carácter, así como todas las cualidades buenas y malas, de un muchacho enérgico: le gustaban los viajes y las aventuras, despreciaba los peligros y le importaban muy poco las reprensiones.

Cuando nuestra madre se hallaba moribunda (y aunque en ese momento Helena solo tenía once años), ella mostró aprensiones bien fundadas sobre el futuro de su hija mayor, y al respecto dijo:

-       "¡Ah, quizás sea mejor que me muera, para que así al menos no vea lo que le suceda a Helena! Porque de una cosa estoy segura y es de que su vida no será como la de las demás mujeres, y tendrá mucho que sufrir."

Su aprensión fue una predicción.





II

A la edad de diecisiete años, Blavatsky contrajo matrimonio con un hombre que le triplicaba la edad, y unos meses después dejó a su esposo del mismo modo tan obstinado é impetuoso con que se había casado con él.

Ella lo dejó con el pretexto de que se iba a ir a vivir con su padre, pero a mitad de camino desapareció, por lo que durante años nadie sabía dónde estaba y pensamos que estaba muerta.

Su esposo era el sub-gobernador de la provincia de Erivan, en Transcaucasia. Y era en todos los aspectos un excelente hombre, pero que había cometido el error de casarse con una muchacha que lo trataba sin el menor respeto, y que de antemano le advirtió abiertamente que la única razón que ella tenía para preferirlo a él que a los demás candidatos que deseaban también casarse con ella, era que le afligía menos hacerlo desgraciado a él que a cualquiera de los otros pretendientes.

Ella le dijo antes de contraer matrimonio:

-       "Cometéis un grandísimo error en casaros conmigo. Sabéis muy bien que vos sois bastante viejo para ser mi abuelo. Harías a otra mujer muy infeliz con ello, pero yo no os temo y os prevengo que no seréis vos quien salga victorioso de nuestra unión."

No pudo, pues, su marido nunca decir que no había sido prevenido y por lo tanto tuvo que lidiar con lo que él había aceptado y contraído.



H.P. Blavatsky pasó la mayor parte de su juventud (y en realidad casi toda su vida entera) fuera de Europa. Más tarde afirmó haber vivido durante varios años en los Himalayas y en el Tíbet, y al extremo norte de la India, en donde estudió las lenguas orientales, la literatura sánscrita y las ciencias oculta. Todo esto muy bien conocido y dominado por los Adeptos, hombres sabios ó Mahatmas, por quienes Blavatsky tuvo tanto que sufrir después.

Eso es lo que ella nos contó, a mí y a su padre, así como a su biógrafo inglés, el Sr. Sinnett, quien es el autor del libro “Incidentes en la vida de la Señora Blavatsky”.

Durante ocho años no tuvimos noticias de ella, y sólo fue después de diez años (que es el período necesario para que fuese legal su separación con su marido) que Blavatsky regresó a Rusia en 1839.

Primero se estableció en la ciudad de Pskoff, en donde yo vivía en ese entonces con nuestro padre. Nosotros esperábamos su llegada unas semanas más tarde; sin embargo, cosa extraña, al oír la campana de la puerta, salté sabiendo que era ella.

Había una fiesta en la casa de mi suegro (en donde vivía en ese entonces temporalmente) ya que su hija se iba a casar esa noche y los invitados estaban reunidos en la mesa y la campana de la entrada sonaba a cada momento.

Pero yo estaba tan segura que era mi hermana la que había tocado, que asombrando a todos me levanté precipitadamente, y abandoné el festín de boda para correr a abrir la puerta, pues quería impedir que los criados lo hiciesen para ser la primera en verla.

Y en efecto era ella.

Nos abrazamos llenas de alegría, y olvidé por el momento lo extraño del suceso. La llevé inmediatamente a mi habitación, y aquella misma noche descubrí que mi hermana había adquirido extraños poderes.

Constantemente la rodeaban movimientos misteriosos (ya sea que ella estuviera despierta ó dormida), eran ruidos extraños como golpes que sonasen en todos lados: en los muebles, en las ventanas, en el suelo, en el techo, o en las paredes.

Se percibían claramente, y además demostraban inteligencia ya que sonaban una y tres veces para decir “”, y dos veces para decir “No”.

Mi hermana me sugirió que hiciera una pregunta con la mente sin pronunciarla, y así lo hice eligiendo una pregunta relativa a un hecho que solo yo conocía. Luego recité el alfabeto, y la contestación que recibí era tan verdadera y precisa, que me quedé completamente sorprendida.

Ya había oído hablar de los “espíritus golpeadores” pero hasta entonces no había tenido nunca la ocasión de comprobar su existencia

Pronto, toda la ciudad se puso a hablar de los “milagros” que rodeaban a Blavatsky. Y las contestaciones (no sólo inteligentes sino hasta clarividentes) dadas por estas fuerzas invisibles que operaban día y noche a su alrededor y sin ninguna intervención suya aparente, causaron aún más asombro y maravilla en la imaginación de los curiosos.

Y también estaban los movimientos de objetos inanimados, los cuales al parecer, aumentaban ó disminuían de peso, y este fenómeno, ella lo producía directamente con sólo fijar sus ojos en el objeto elegido.

Todos estos fenómenos fueron en ese entonces descritos detalladamente en los periódicos rusos. Y ya no hubo tranquilidad para nosotros, ni siquiera en el campo, a donde fuimos a vivir poco tiempo después a una propiedad de mi pertenencia. Porque incluso ahí éramos perseguidos por cartas que nos enviaban y las visitas de curiosos que nos acosaban.

La situación se volvió insoportable, cuando por la intervención de “los señores espíritus” (como nuestro padre los llamaba riéndose) se descubrió al autor de un asesinato cometido en la vecindad, y después de lo cual los funcionarios judiciales se hicieron creyentes acérrimos de estos “detectives invisibles”.

Y fue aún peor cuando un día Helena comenzó a describirnos "a todos los habitantes de mi casa que solamente ella podía ver", y los cuales fueron después reconocidos conforme a sus descripciones, por la gente anciana del pueblo, como los primeros dueños de la casa y sus criados, y todos ellos muertos hacía ya bastante tiempo, pero de quienes aún se conservaba su memoria.

Debo hacer la observación de que esa propiedad hacía sólo unos meses que me pertenecía, y yo la había comprado en un lugar que me era por completo desconocido, y ninguno de nosotros había oído hablar jamás de las personas que Blavatsky describió.

Mi padre, un hombre de gran inteligencia y sumamente instruido, había sido toda su vida un escéptico, un “volteriano” como decimos en Rusia. Pero ante los hechos se vio obligado a cambiar sus convicciones y pronto pasó días y noches escribiendo, bajo el dictado de “los señores espíritus”, la genealogía de sus antepasados: “los valientes caballeros de Hahn-Hahn von Rotterhahn…”



Desde su regreso a Rusia, H.P. Blavatsky no sabía cómo explicar su estado mediúmnico el cual se manifestaba de manera involuntaria, pero en aquel tiempo, ella no mostraba ni el desdén ni el temor hacia la mediumnidad que más tarde sí sintió y expresó.

En cambio diez ó doce años después, ella hablaba de las proezas mediúmnicas de su juventud con gran repugnancia, y más que en aquel tiempo, las fuerzas invisibles que realizaban esos fenómenos le eran tremendamente desconocidas y casi independientes de su voluntad, pero una vez que llegó a obtener el completo dominio de ellas, ya no quiso lidiar más con ellas.

Pero a la edad de veintisiete años, ella no era lo suficientemente fuerte para controlarlas, y aquí está, al respecto, un hecho bastante interesante:

En el verano de 1860, dejamos la ciudad de Pskoff para ir al Cáucaso a hacer una visita a nuestros abuelos, los Fadeews, y a nuestra tía Madame Witte, hermana de nuestra madre, y quienes hacían más de once años que no habían visto a Helena.

En nuestro viaje, al pasar por la ciudad de Zadonsk, supimos que el Metropolitano de Kieff, el Venerable Monseñor Isidoro (2) a quien habíamos conocido cuando éramos niñas en la ciudad de Tiflis (donde en ese entonces había estado a la cabeza del exarcado de San Jorge) se hallaba en la ciudad y estaba en aquel momento oficiando en el monasterio, para posteriormente proseguir con su viaje hacia San Petersburgo.

Por lo tanto nos apuramos pues a verlo.

Él nos reconoció y nos envió un mensaje de que después de la misa fuéramos a visitarlo. Fuimos entonces a la iglesia arzobispal, pero no sin temor de mi parte, y en el camino le dije a mi hermana:

-       "¡Trata al menos que tus diablillos se estén quietos mientras estamos con el Metropolitano!"

Ella empezó a reírse y me contestó que verdaderamente lo deseaba, pero que no podía responder por ellos.

¡Ay! Yo sabía muy bien eso, y es por ello que no me sorprendió para nada que esos seres invisibles siguieran manifestándose, pero aún así escuchaba con angustia los ruidos de golpes que comenzaron a sonar, tan pronto como el respetable anciano comenzó a interrogar a mi hermana sobre sus viajes.

¡Uno, dos!... Y luego: ¡Uno, dos, tres!  Estos importunos tenían a fuerza que hacerse remarcar y parecían dispuestos a intervenir en la conversación y a interrumpirla haciendo vibrar los muebles, los espejos, nuestras tazas de té y hasta las cuentas mismas del rosario que el santo hombre tenía en sus manos.

Pronto se dio cuenta de nuestra angustia, y, perfectamente consciente de la situación, comenzó a sonreír y preguntó cuál de las dos era un médium. Y como una verdadera egoísta asustada, me apresuré a señalar a mi hermana.

Entonces el patriarca nos habló durante más de una hora, haciéndole a mi hermana varias preguntas en alta voz, y dirigiéndolas mentalmente a sus acompañantes. Y pareció profundamente asombrado y muy satisfecho por haber presenciado ese fenómeno.

Al despedirse de nosotras, nos bendijo a mi hermana y a mí y nos dijo que no debíamos de tenerle miedo a ese fenómeno.

Nos dijo:

« No existe ninguna fuerza que tanto en su esencia como en su manifestación, no proceda del Creador. Y mientras no abuséis de los dones que se os han concedido, no tenéis por qué temer.

No se nos está prohibido investigar las fuerzas ocultas de la Naturaleza, y aunque la explicación de estos fenómenos todavía no la poseemos, puede que algún día vayan a ser comprendidos y utilizados por el hombre.

¡Que la bendición de Dios descanse sobre ti, hija mía! »

Y bendijo a Helena de nuevo, con un signo de la cruz.

Cuán a menudo estas sabias y benévolas palabras de uno de los principales líderes de la Iglesia Ortodoxa Griega regresaron a la memoria de H.P. Blavatsky, y ella estuvo en deuda con él toda su vida.


(Sin embargo, este santo hombre pecó de inocencia porque si bien es cierto que todo proviene del Creador, también es cierto que las energías que no se emplean adecuadamente, se vuelven nocivas.

Y es por eso que cuando los Maestros transhimaláyicos le explicaron a Blavatsky, cómo funcionan esos fenómenos mediúmnicos, ella sintió después tanto repudio hacia el espiritismo, porque ella supo el aspecto mórbido que hay detrás de esa actividad, aunque esta se efectúe “sin querer abusar de los dones que se les han concedido”. Y un resumen de esos aspectos nocivos lo explico en este capítulo: link)





III

Helena Blavatsky permaneció todavía durante los cuatro años siguientes en el Cáucaso.

Constantemente buscando en qué ocuparse, y siempre activa y emprendedora, ella se estableció por algún tiempo en la región de Imericia, y después en Mingrelia, a orillas del Mar Negro, en donde tomó alguna parte en el comercio de las maderas finas que en aquella región abundan. Y más tarde se trasladó al Sur, a Odesa, en donde nuestras tías habían ido a vivir después de la muerte de nuestros abuelos.

Allí dirigió una fábrica de flores artificiales, pero la cual pronto abandonó para entamar otras empresas, y las que a su vez también dejó pronto, a pesar de que generalmente le daban buenos resultados.

Nunca tuvo miedo en derogar su posición de aristócrata ya que todos los oficios honestos le parecían buenos. Sin embargo, es curioso observar que nunca se dedicó a ninguna ocupación más en armonía con sus facultades que el de las empresas comerciales.

Como por ejemplo hubiera sido a la literatura ó a la música, en las que ella hubiera podido desplegar realmente su gran talento natural, y tanto más que en su primera juventud, ella nunca tuvo que ver con nada que se relacionase con el comercio.



Dos años después partió nuevamente al extranjero, primero a Grecia y luego a Egipto. Toda su vida se la pasó en movimiento y en viajes; siempre estando por decirlo así, tras una aspiración desconocida, tras un objetivo que ella tuviese que descubrir y cumplir.

Y su vida errante y su indecisión no tuvieron fin hasta que se encontró confrontada a los intereses suscitados por las cuestiones científicas, humanitarias, espirituales que le mostró la enseñanza teosófica. ¡Al fin!

Entonces se detuvo como un buque que, después de navegar por muchos años a la ventura, llegase a un puerto de salvación donde pliega las velas, y finalmente echa el ancla.

El Sr. Sinnett, su biógrafo, me explicó que muchos años antes de partir para los Estados Unidos, la Sra. Blavatsky había estado en contacto con esos extraños seres a quien ella llamaba “sus Maestros” (los Mahatmas de Ceilán y del Tíbet) y que fue sólo en cumplimiento de sus órdenes que ella viajó tanto de un país a otro.

Aquí están los viajes que efectuó Blavatsky por órdenes de sus maestros antes de fundar la Sociedad Teosófica.

Yo no sabía anda de esto. Nosotros, sus parientes más cercanos, solo la oímos por primera vez mencionar a estos seres enigmáticos en 1873-74, cuando ella se estableció en Nueva York.

El hecho es que su partida de París a América fue tan repentina como inexplicable y ella nunca quiso decirnos la razón hasta muchos años después, y la explicación que nos dio es que estos mismos maestros le habían ordenado hacer eso sin siquiera explicarle el motivo.

Ella fingió no haber hablado con nosotros sobre aquello porque no se lo hubiéramos entendido y nosotros nos hubiéramos negado a creerlo, lo cual, por cierto, habría sido lógico que actuáramos de esa manera.

Y desde que fundó la Sociedad Teosófica, ella abandonó todo lo demás y su pensamiento jamás volvió, ni por un instante, a desviarse de la meta que repentinamente le había sido encomendada, a saber: la divulgación de las más antiguas filosofías que atestiguan la importancia de las cosas espirituales sobre las materiales, y también de las fuerzas psíquicas, tanto de la naturaleza como del hombre, y de la inmortalidad del alma humana y del espíritu divino.

Ella me escribió lo siguiente:

« La humanidad ha perdido sus más elevadas creencias y sus ideales más sublimes. El materialismo de la ciencia los ha derrumbado. Los niños de esta época no tienen ya fe alguna; piden pruebas, pruebas fundadas en bases científicas. ¡Y las tendrán! Porque la fuente de todas las religiones: la Teosofía (que es la ciencia divina) se las proporcionará. »


Pronto todas sus cartas vinieron llenas de argumentos en contra de los abusos del espiritismo, y al cual ella denominaba “un materialismo espiritual”. Sus cartas estaban llenas de indignación contra las sesiones espiritistas, en donde se evocaba a los muertos, a “la materialización de los ausentes queridos”, y quienes en su opinión, no eran más que sombras, fantasmas y elementarios embusteros, y a menudo peligrosos, y sobre todo, perjudiciales en sus efectos para la salud de los desgraciados médiums, quienes resultaban ser sus víctimas pasivas.

Su visita a la granja de los hermanos Eddy, los famosos médiums de la cabaña de Vermont, fue la gota que colmó el vaso, y ella se convirtió para siempre en una acérrima enemiga del espiritualismo demostrativo.


Fue ahí en la granja de los hermanos Eddy que Blavatsky conoció al Coronel Henry Olcott, quien fue su primer discípulo, su amigo fiel y futuro presidente de la Sociedad Teosófica (la cual crearon juntos y se volvió el objetivo de todos sus pensamientos).

Él había ido a esa granja como un ardiente observador de los fenómenos espiritistas, para ver y describir las evocaciones que hacían los dos hermanos agricultores, y de quienes todo Estados Unidos hablaban al respecto.

El coronel Olcott escribió un libro sobre ese tema, un estudio titulado “Gente del otro Mundo”, pero este fue su último servicio a la propaganda del espiritismo moderno.

Coronel Henry Olcott

Después de eso, el coronel Olcott abrazó las opiniones de Helena Blavatsky, y las cuales los periódicos americanos se apresuraron en publicar. Y ambos siendo enemigos mortales del materialismo, consideraban que el espiritismo había hecho un gran servicio a la humanidad, poniendo de manifiesto los errores de las creencias materialistas. Pero ahora que el espiritismo había probado la existencia de las fuerzas invisibles é inmateriales en la Naturaleza, su misión había terminado, y no debía permitirse que arrastrase a la sociedad hacia otro error, a saber: a la superstición y a la magia negra.

Como nosotros (su familia) no podíamos comprender este repentino cambio de perspectiva por parte de Blavatsky, la cual sabíamos que era una poderosa médium, y que incluso recientemente había sido vicepresidente de la Sociedad Espiritista del Cairo, ella nos escribió pidiéndonos que olvidásemos su pasado y su desgracia con la mediumnidad, a la cual se había prestado, según explicaba ella, sólo por ignorancia de la verdad.

Ella nos escribió desde Nueva York:

« Si me he unido a cierto grupo teosófico (y que es la rama de la Fraternidad indo-aria que se está formando aquí) es precisamente porque esta fraternidad lucha honestamente contra todos los excesos, las supersticiones y los abusos de los pseudo-profetas de la letra muerta, contra los numerosos Calcas de todas las religiones exotéricas, así como contra  las divagaciones de los médiums.

Nosotros no somos espiritistas [quienes invocan a “los espíritus de los muertos”], sino que somos espiritualistas [que invocamos a los espíritus divinos], si queréis llamarnos así, y no lo somos a la manera estadounidense, sino de acuerdo con los ritos de la antigua Alejandría. »

Y al mismo tiempo, me envió recortes de periódicos estadounidenses en donde estaban publicados sus artículos, así como informes sobre lo que ella escribió, y de lo cual era evidente que se estaba prestando mucha atención de sus opiniones.

Su brillante crítica se reveló especialmente en muchos de sus artículos en contra de las conferencias que dio el profesor Huxley en Boston y Nueva York, y las críticas de Blavatsky y Olcott contra el materialismo y el espiritismo tuvieron un gran efecto en la población. Pero lo que nos asombró infinitamente más fue la profunda erudición y el gran conocimiento que de repente ella mostró en sus escritos.

¿De dónde había adquirido ese conocimiento tan variado y abstracto del que hasta entonces no había mostrado ninguna señal?

¡Ella misma no lo sabía!

Fue entonces cuando, por primera vez, nos habló de su maestro, pero de una manera muy vaga, nombrándolo a veces como “la voz”, y a veces llamándolo “Saïb” (que significa maestro en un idioma oriental), y a veces lo denominaba “el que me instruye”...

Y como la idea misma de las sugerencias mentales no existía en ese entonces, nosotros no comprendimos sus explicaciones, y estábamos asustados de que ella comenzara a perder la razón, pero Helena nos aseguró que ese no era su caso.

Ella me escribió en 1814:

« Emprendo un gran trabajo sobre teología, las creencias antiguas y los secretos de las ciencias ocultas, pero no tengas miedo por mí, ya que estoy siendo guiada. Puede que no pueda hablar bien de estas cosas abstractas, pero lo esencial se dictará a mi mente y todo lo que escriba no será mío, sino que yo solo seré la pluma, mientras que la cabeza que pensará lo que escribo será la de un ser que sabe mucho y de todo. »

Y luego Helena le escribió a nuestra tía N.A. Fadeew:

« Decidme, queridísima amiga, ¿tenéis algún interés en los secretos de la fisiología psíquica?

Lo que voy a relatar os presentará un problema muy interesante para los que se dedican al estudio de la fisiología.

Tenemos entre los miembros de nuestra pequeña Sociedad Teosófica, recientemente fundada, a personas que desean estudiar idiomas orientales, la naturaleza abstracta de las cosas, así como los poderes espirituales del hombre.

Algunos miembros poseen bastantes conocimientos, como por ejemplo, el destacado profesor Wilder, orientalista y arqueólogo, y muchos otros que se han acercado a mí para hacerme preguntas científicas, y los cuales me aseguran que estoy más versada que ellos en las ciencias abstractas y positivas, y que conozco mejor las lenguas antiguas.

(¡Este es un hecho inexplicable, pero no obstante es cierto!)

Bueno, estimada antigua compañera de mis estudios,

¿Qué pensáis de esto?

Explícame, si podéis, cómo puede ser que yo, que como muy bien sabéis, era una tremenda ignorante hasta la edad de cuarenta años, y ahora me he convertido repentinamente en toda una erudita, en un modelo de conocimientos, según la opinión de varios sabios verdaderos.

Es un gran misterio irresoluble. En verdad, soy un enigma psicológico, una esfinge y una incógnita para las generaciones futuras y para mí misma.

Imaginaos, querida amiga, que yo, pobre de mí quien nunca quise aprender nada, que no he poseído conocimientos ningunos de química, ni de zoología, ni de física, y que sabía muy poco de historia y de geografía. Bueno, ese mismo yo está ahora haciendo frente en discusiones sobre asuntos científicos a profesores y doctores en ciencias de primer orden, y no sólo criticándolos, sino ¡hasta convenciéndolos!

¡Te aseguro que no estoy bromeando diciendo que hasta me da miedo!

Sí, en efecto tengo miedo porque no entiendo nada de lo que me sucede.

¿Cómo comprender que todo lo que ahora leo, me parece que lo he sabido desde hace largo tiempo?

Al leer los artículos de las eminencias de ciencias, como Tyndal, Herbert Spencer, Huxley y otros, percibo los errores que han cometido. Y hablo con convicción respecto de las opiniones sostenidas por sabios teólogos, y ellos perciben que tengo razón.

¿De dónde vienen estos conocimientos?

No lo sé, y algunas veces estoy tentada a pensar que mi mente, y mi propia alma, ya no me pertenecen. »


(El teósofo José Ramón explicó que lo que en realidad le sucedió a Blavatsky es que el Maestro Morya se sintonizó telepáticamente con ella, y es por eso que ella adquiría todo ese conocimiento a través de su maestro. Y cuando pueda escribiré un artículo detallando cómo procede esta proeza.)



Cuando apareció su libro “Isis Desvelada”, fue muy leído y comentado en los periódicos. Ella nos envió las opiniones que se hicieron al respecto y que fueron muy alegadoras, y nos quedamos asombrados por la reputación literaria que se le había hecho.

Pero hubo también extrañas revelaciones que nos dejaron preocupados. Estas fueron las historias del coronel Olcott, y del señor Judge (Presidente de la Sección América de la Sociedad Teosófica) y también de muchos reporteros de The Herald, The Times of New York y otros periódicos que hablaron de fenómenos mucho más notables, pero de esto hablaré más adelante.

Concluiré este capítulo diciendo que, a pesar de la pobre opinión que la misma Blavatsky tenía de su primera gran obra (me refiero a “Isis Desvela”) (3) y la cual ella consideraba estaba mal escrita, oscura y sin precisión sucesiva, pero a pesar de eso, ella obtuvo muchos triunfos y honores verdaderamente excepcionales por ese trabajo literario.

Y dejando a un lado los innumerables artículos que aparecieron tratando sobre esa obra, ella tuvo el honor de recibir dos títulos y varias cartas de científicos eminentes como Layman John Drapper y Alfred Russel Wallace.

Este último entre otras cosas le escribió:

« Estoy realmente impresionado, señora, por su profundo conocimiento. Debo agradecerle por haberme abierto los ojos a un mundo de cosas de las cuales no tenía ni idea, desde el punto de vista que usted indica a la ciencia y que explica problemas que parecían insolubles. »



Los diplomas le fueron enviados por las Logias masónicas de Inglaterra y de Benarés (Sociedad de Saat-Baï), las cuales reconocían su derecho a los grados superiores de sus fraternidades. El primero iba acompañado por una rosa-cruz con rubíes, y el segundo, por un ejemplar antiguo y de gran valor del Bhagavad Gita (que es un texto sagrado de la India).

Pero lo que es aún más notable, es el hecho de que el Reverendo Doctor de la Iglesia Episcopal de la Universidad de Nueva York tomó esta obra, como texto para sus sermones.

Y durante una serie de domingos ocupó el púlpito con temas que sacó a partir de lo que estaba escrito en Isis Desvelada; y el Reverendo Mckerty, basándose en lo que estaba escrito en el tercer capítulo del volumen I, edificó a sus feligreses, lanzando rayos y reproches sobre los discípulos materialistas de Auguste Comte y otros pensadores semejantes.

Pero para H.P. Blavatsky, quien hasta el día de su muerte, siguió siendo rusa y buena patriota, la aprobación de sus compatriotas eran sus laureles más apreciados.

Sus libros en ese tiempo estaban prohibidos en Rusia por la censura (a pesar de ser incomprensibles para la mayoría de las gentes por estar escritos en inglés, lengua muy poco conocida en Rusia) y por eso tenían muy pocos lectores.

Y por consiguiente, el honor que le hicieron sus compatriotas era aún más grande, debido a que quienes la leían, usaban (al hablar de ella de un modo independiente) elogios semejantes a los que mencionó: el Reverendo Arzobispo Aivasovsky (hermano de nuestro bien conocido pintor), y también a los que mencionó el hijo de nuestro gran historiador Serge Solovioff, me refiero al famoso novelista Vsévolod Solovioff.

Aivasovsky me pidió que le prestase los tomos de “Isis Desvelada” que yo poseía y también el libro “Gente del otro Mundo” del coronel Olcott. Y después de leerlos, me escribió que en su opinión:

« No podría haber fenómeno más notable que un libro como Isis desvelada escrito por una mujer, en el espacio de unos pocos meses, cuando diez años de la vida de un sabio científico escasamente serían suficiente para llevar a cabo semejante obra. »

Y aquí está la opinión del Sr. Vsevolod Solovioff, emitida en una carta que él me escribió, datada del 7 de julio de 1884, y después de que él había leído la traducción francesa de la misma obra:

« He leído la segunda parte de Isis Desvelada y ahora estoy completamente convencido de que es un verdadero prodigio. »

¡Las mentes hermosas se encuentran!

Y el señor Solovioff y el Arzobispo Aivasovsky, me han dicho que les parecía innecesario hablar de otros milagros que haya efectuado mi hermana, después del que ella había producido escribiendo este libro.

Esta fue la foto de Blavatsky que apareció en su obra
Isis Desvelada




IV

Respecto de los fenómenos llamados “trucos psicológicos naturales”, como los denominaba H.P. Blavatsky, y quien siempre habló al respecto con indiferencia y desdén, hubiera sido mejor, tanto para ella como para su Sociedad Teosófica, que se hubiese hablado menos ó nada en absoluto sobre ese asunto.

Pero sus demasiado ardientes amigos, al publicar libros como el “Mundo Oculto” del señor Sinnett, le hicieron un flaco servicio, debido a que en lugar de aumentar su celebridad (como ellos creían), la historia de esos prodigios llevados a cabo la perjudicaron mucho, porque hicieron que no sólo los escépticos, sino que también las gentes de buen sentido, considerasen que era una falsedad y la acusasen de charlatanismo.

Todas estas historias de Olcott, Judge, Sinnett y muchos otros, sobre objetos creados de la nada, dibujos que ella hizo aparecen con solo poner sus manos cruzadas sobre una hoja de papel blanco, las apariciones de personas ausentes o muertas, u objetos perdidos desde hace muchos años y encontrados en un lecho de flores o cojín, etc.

Todo eso no ha agregado nada al prestigio de Madame Blavatsky y su Sociedad Teosófica, sino por el contrario, esas historias fueron convertidas por sus enemigos como evidencia de su mala fe y mentira.

El mundo en general, está lleno de fenómenos más ó menos convincentes, pero siempre habrá más incrédulos que creyentes, y más traidores que leales.

Y los muchos miembros inicialmente entusiastas por entrar en la Sociedad Teosófica, y que de grandes amigos de Madame Blavatsky, posteriormente se convirtieron en sus encarnizados enemigos (debido a la decepción de sus esperanzas de granjearla) es una nueva prueba de ello.

Aunque Blavatsky siempre se mostró indiferente a la incredulidad respecto a los fenómenos asombrosos que ella producía, en cambio ella sentía una profunda falta de confianza en sus facultades psíquicas, en sus poderes de clarividencia, y en la intuición que ostentaba cuando escribía ó discutía sobre asuntos transcendentales.

En 1875 nos escribió lo siguiente, hablándonos de la invasión de su ser moral por parte de una fuerza exterior:

« Evidentemente os será difícil comprender este fenómeno psíquico, a pesar de los precedentes que la historia nos ha revelado, pero si aceptáis que el alma humana, su alma vital y el espíritu puro, están compuestos de una sustancia independiente del organismo físico, y que no se hallan irremediablemente unidos a nuestros órganos internos.

Si admitís que esta alma, que poseen todos los seres (tanto al infusorio como al elefante y a cada uno de nosotros), no se distingue de nuestro “doble”, o sea de nuestra contra parte sutil que forma la base casi siempre invisible de nuestra envoltura carnal, y la cual está más ó menos iluminada por la esencia divina de nuestro Espíritu Inmortal.

Si comprendéis todo eso, pues bien, entonces también comprenderéis que esa alma es capaz de obrar independientemente de nuestro cuerpo.

Procurad comprender bien esto, y muchas cosas hasta ahora incomprensibles se os aclararán.

Y esto ha sido reconocido en la antigüedad como una realidad, ya que el alma humana (el quinto principio del ser) recobra parte de su independencia en el cuerpo del profano durante su sueño, y en un Adepto iniciado goza constantemente de ese estado.

San Pablo, quien fue el único de los apóstoles iniciado en los misterios esotéricos de Grecia, se expresó de esto cuando habló de “su ascensión hacia el tercer Cielo en el cuerpo fuera del cuerpo”, — pero él no sabía cómo explicarlo y es por eso que terminó diciendo:

-      "¡Dios lo sabe!"

Y la sirvienta Rhoda hace alusión a ese mismo proceso cuando ve a San Pedro y exclama:

-      "No es él, es su Ángel"

Refiriéndose con esto que no era su cuerpo físico, sino su doble, o sea su “contraparte sutil luminosa”.

Y también en el libro de los Hechos de los Apóstoles (VIII, 39) cuando “el Espíritu” (la Fuerza Divina) tomó a San Felipe y se lo lleva.

¿Es verdaderamente a él mismo, en cuerpo y en vida, quien fue llevado al Cielo?

No, lo que se llevó la Fuerza Divina fue a su alma y a su doble, o sea a su ser interno.

Lean a Plutarco, a Apuleyo y a Jámblico, y encontrarán muchas referencias a estos hechos (aunque estos filósofos tenían que disfrazar sus explicaciones porque en ese tiempo tenían prohibido hablar abiertamente de este tema: el doble).

Y esto que los médiums producen inconscientemente, bajo la influencia de fuerzas extrañas, evocadas durante su sueño, los adeptos lo hacen inteligentemente e impulsados por diseños razonados... ¡Eso es todo! »


De este modo Blavatsky nos explicó las visitas que le hacía su Maestro, el cual no solamente la instruía y le sugería por medio de su intuición: su vasto conocimiento; sino que también iba a verla a ella por medio de su cuerpo astral, y también visitaba al coronel Olcott y a muchos otras personas después (4).

En el año 1885, por ejemplo, el Mahatma Morya se le apareció al señor Vsévolod Solovioff, con quien tuvo una entrevista, que posteriormente el señor Solovioff describió a muchas personas, con su habitual elocuencia.

En cuanto a mí, nunca los he visto, pero no tengo el derecho de dudar de su existencia, porque esta ha sido atestiguada por personas de cuya veracidad no puede dudarse. Y de todos modos, estas apariciones siempre me han parecido muy problemáticas, por lo que nunca me molesté en hablar con mi hermana sobre ello, ya que seguramente ella me habría respondió:

-      "Piensa lo que quieras, querida..."

Por lo que a buen entendedor, ¡pocas palabras!



Durante la guerra entre Rusia y Turquía, Helena Blavatsky no tuvo un día de tranquilidad. Todas sus cartas desde 1876 hasta 1877, estaban llenas de preocupación por sus compatriotas, y de temores por la seguridad de los miembros de su familia que habían tomado parte activa en esa guerra.

Olvidó temporalmente sus artículos antimaterialistas y antiespiritistas, para lanzar fuego y llamas contra los enemigos de la nación rusa, No contra los “enemigos” turcos, quienes también eran merecedores de compasión, sino contra los maliciosos hipócritas y sus simuladas simpatías por Turquía, y también contra la insultante conducta jesuita que era una verdadera ofensa para toda persona cristiana.

Cuando ella conoció el famoso discurso del papa Pío IX, en el que dijo a los fieles que "la mano de Dios podía dirigir la Cimitarra de los Bashi-Bazouk para extirpar de raíz el cisma", y daba su bendición a las armas mahometanas en contra de la iglesia infiel griega ortodoxa, Blavatsky cayó enferma.

Luego se desahogó con una serie de sátiras tan punzantes é ingeniosas, que toda la prensa americana y todos los periódicos antipapistas, llamaron la atención hacia ellas, al grado que el Nuncio papal en Nueva York, el cardenal escocés Macklosky, consideró prudente enviar un sacerdote a parlamentar con ella.

Pero su estratagema no sirvió de nada porque Blavatsky dio conocimiento de lo ocurrido en su siguiente artículo, diciendo que ella le había solicitado al prelado que tuviese la educación de dirigirse a ella, no de manera secreta, sino por conducto de la prensa, y que entonces seguramente ella le contestaría.

Nosotros le enviamos a Blavatsky un poema de Turgueniev, titulado "Croquet en Windsor", que representaba a la Reina Victoria y a su corte jugando al Croquet, usando como bolas a las cabezas ensangrentadas de los esclavos, y ella inmediatamente lo tradujo, y si no me acuerdo mal, el primer periódico que lo publicó fue The New York Herald.

Luego, en octubre de 1876, H.P. Blavatsky dio nuevas pruebas de sus poderes de clarividencia, debido a que tuvo una visión de lo que estaba ocurriendo en el Cáucaso, en la frontera con Turquía, donde su primo Alexander Witte, quien pertenecía al regimiento de los “dragones” de Nizhny Novgorod, estuvo a punto de perecer.

En una de sus cartas, ella nos refirió de lo sucedido, y antes de esto ella nos había descrito a menudo las apariciones de personas que le anunciaban que pronto iban a fallecer, y esto semanas antes de que Blavatsky pudiese saberlo por los medios ordinarios. Por lo que no nos sorprendió mucho esta última premonición que tuvo.

Todo el dinero que ganó durante ese periodo de guerra con sus artículos en los periódicos rusos, y también con los primeros pagos que le hizo su editor, ella los envió a Odesa y a Tiflis en beneficio de los soldados heridos y de sus familias, y también para la Cruz Roja.



En la primavera de 1878, algo extraño le sucedió a Blavatsky. Y es que después de haberse levantado y haberse puesto a trabajar como de costumbre, de repente ella perdió el conocimiento y no volvió a recuperarlo hasta cinco días después.

Su letargo fue tan profundo, que la gente la habría enterrado pensado que estaba muerta, si el coronel Olcott y su hermana que estaban cerca de ella, no hubiesen recibido oportunamente un telegrama procedente de aquel que ella nombraba ser su Maestro.

Y el telegrama decía:

« ¡No tengan miedo! Ella no está ni muerta ni enferma, pero necesitaba descansar porque había trabajado demasiado. Ella se recuperará. »

Y efectivamente ella se recuperó y se encontró tan bien que no podía creer que había estado en coma durante cinco días.

Poco tiempo después de este evento, Blavatsky planeó ir a la India.

La Sociedad Teosófica estaba ahora perfectamente organizada en Nueva York y sus tres objetivos principales eran entonces, como lo son hoy:

1)   La organización de una fraternidad universal, sin distinción de razas, creencias o posiciones sociales, cuyos miembros se comprometerían a perseguir metas morales para su propia perfección y la de los demás.

2)   La labor conjunta para la propagación de las ciencias, lenguas y literaturas orientales, y

3)   Investigar en las regiones abstractas de las leyes de la naturaleza y las fuerzas psicológicas del hombre, aún desconocidas para la ciencia.

Esta última cláusula no era obligatoria, y de hecho, solo la primera clausula es absolutamente obligatoria para todos los miembros de la Sociedad Teosófica, mientras que las otras dos dependen de su buena voluntad.

(Estos objetivos posteriormente fueron modificados en 1896 por el coronel Olcott sin tener en consideración de que habían sido establecidos por los propios Maestros.)


El trabajo de Madame Blavatsky y del Coronel Olcott, fue confiado en América a uno de sus más fervientes discípulos, el Sr. William Q. Judge, quien actualmente es Vicepresidente de la Sociedad Teosófica.

William Quan Judge

En cuanto a los Fundadores, ellos partieron a la India en el otoño de 1878. Ellos mencionaron que habían recibido la orden de sus Maestros (los guías y protectores del Movimiento Teosófico) de ir a trabajar en aquel país, junto con un tal Dayanand Saravasti, quien era un predicador indio que enseñaba monoteísmo, y que por eso había sido apodado: el “Lutero de la India”.

Helena Blavatsky y Henry Olcott




V

El 17 de Febrero de 1879, después de una larga estancia en Londres, en donde formaron el primer núcleo de su Fraternidad, y que prosperó muy bien, Madame Blavatsky y el Coronel Olcott llegaron a Bombay.

A su llegada, la Sociedad Arya Samaj (y cuyo jefe espiritual era Swami Dyanand) se organizó un recibimiento en su honor, el cual fue mencionado en los periódicos anglo-indios, y también fue descrito por la propia Blavatsky en su libro. “Desde las Cavernas y las Junglas del Indostán” (originalmente escrito en ruso), así como también en las cartas que escribió durante ese periodo.

Y he aquí el extracto humorístico de una de ellas:

« Imaginaos a los diputados de dicha Sociedad Arya Samaj que venían a saludarnos embarcados en botes adornados con coronas de flores y acompañados por una orquesta de músicos que tocaban trompetas y bocinas, y apenas subieron a bordo de nuestro barco, que nos rodearon por completo.

Yo rabiaba y reía al mismo tiempo, a causa del espectáculo gratuito que estábamos ofrecimos a toda la gente que se encontraba en la cubierta y en el muelle.

El Coronel parecía como “el buey gordo” de los carnavales italianos, y mi poca agraciada persona se asemejaba a un globo de rosas y lirios.

Así nos llevaron, con música alta, al puerto; y allí, ¡nueva sorpresa! Vimos un ballet completo de bailarines nativos vestidos a semejanza de la reina Pomaré (o sea notables por su desnudez) y ellos comenzaron a bailar a nuestro alrededor, envolviéndonos en un círculo de desnudos y flores que arrojaron bajo nuestros pies, mientras nos llevaban hacia los carruajes.

¿Pero qué crees?

No había carruajes, pero en cambio había ¡un enorme elefante blanco!

¡Dioses del Olimpo! No te imaginas las dificultades que tuve para subirme a ese coloso paquidermo que a pesar que se había arrodillado, tuve que usar los hombros y las espaldas de los ayudantes como si fueran una escalera.

Y luego me tuve que aferrar a las columnas del pabellón, para no caer al suelo cuando la enorme bestia se puso de pie. Mientras que nuestros compañeros – más afortunados que nosotros – fueron llevados en palanquines por los mismos nativos que trabajan como “burros de carga” en ese país.

Y así, acompañados por trompetas y tambores, y rodeados por una multitud de curioso y burlones, fuimos llevados como si fuéramos “monos sabios” o artistas de una feria, a la casa que había sido preparada para albergar a nuestras humildes personas, por los demasiado hospitalarios miembros de la Arya Samaj. »

Eran los medios tradicionales de transporte en la India del siglo XIX, y aunque los elefantes estaban reservados a las personas importantes, seguramente Blavatsky hubiera preferido los palanquines.


Pero a pesar de este gran recibimiento, la vida fue difícil. Trabajaban dieciocho horas por día. El coronel Olcott viajó la mayor parte del año, fundando nuevas logias en las diferentes ramas de la Sociedad Teosófica que se iban creando, y que inmediatamente arraigaron en el suelo fértil de las creencias orientales.

Y la Sra. Blavatsky apenas abandonó su mesa, escribiendo día y noche, preparando materiales para la revista que tenían proyectado publicar: “The Theosophist” y la cual se fundó ese mismo año, y también escribiendo artículos para periódicos ingleses, americanos y rusos, con el fin de proporcionarse recursos.

Y desde el principio, fueron hostigados por la administración anglo-india, quien no veía con buenos ojos y los calificó como espías y propagandistas del gobierno ruso.

Debe recordarse que esta era precisamente la época de los grandes disturbios británicos sobre el destino de Afganistán y el cual era atizado por el éxito del ejército ruso en las regiones trans-caspianas.

Por lo que los ingleses se habían vuelto más desconfiados y más llenos de fobia hacia los rusos que nunca. Nuestros pobres teósofos protestaron, asegurando que su misión era enteramente filosófica y no tenían nada que ver con la política, pero aún así ellos fueron puestos bajo vigilancia policiaca y se espiaron sus movimientos y se abrió su correspondencia.

Tanto peor para el gobierno de la reina Victoria, pues Blavatsky arrojó fuego y llamas, y no puso freno alguno a sus sentimientos en sus cartas, y los administradores allí, sin duda, muchas veces leyeron cosas que su orgullo difícilmente podría digerir.

Hasta que finalmente los amigos que tenían en Londres y la prensa interfirieron, y la vigilancia se levantó, y esto se pudo sobre todo gracias a una carta de Lord Lindsey, miembro de la Academia de Ciencias y presidente de la Sociedad Astronómica de Londres, y también gracias a Lord Lytton, virrey de la India británica, quien les hizo avergonzarse de perseguir a una pobre mujer y a personas absorbida en los estudios abstractos de carácter moral.

Pero a pesar de los prejuicios que existían en su contra por parte de la sociedad inglesa, Helena Blavatsky sabía cómo encontrar amigos allí, y especialmente entre la gente culta, capaces de interesarse por los asuntos que a ella la concernían.

Pronto fue solicitada en los círculos sociales elevados, y especialmente cuando los periódicos el Indian Mirror y el Pioneer (este último siendo el periódico oficial del gobierno) le enseñaron al público lo que dijo el Virrey, después de tomar sobre ella en una cena de gala:

El Virrey Lord Lytton aseveró que:

« Sólo conozco una persona en el mundo que en las ciencias ocultas pueda compararse con el autor del libro “Zanoni” (su propio padre, Lord Lytton Bulwer), y esa persona es Madame Blavatsky. »

Sin embargo, las visitas, los banquetes, los bailes y todas las exigencias de esa vida mundana, pesaban mucho sobre Blavatsky, pero ella hizo todo lo posible por corresponder a ellas en pro de la Sociedad Teosófica.

Madame Blavatsky – como solían llamarla – pasó los meses de calor extremo en las montañas (las cuales se encontraban más o menos alejadas de las grandes ciudades), y a veces tomaba parte en los viajes del coronel Olcott, pero más a menudo permanecía con sus amigos que le pedían venir a pasar algún tiempo con ellos, y siempre estaba ocupada, sin tregua ni descanso, en sus trabajos de escritor.

Ella pasó un verano en Simla, aceptando la invitación de sus nuevos amigos, el señor Sinnett, el editor del periódico el Pioneer y su esposa.

Alfred Sinnett y su esposa Patience Sinnett


En Simla se construyó la encantadora residencia del Virrey y toda la alta sociedad anglo-india suele pasar el verano ahí, ya que ubicándose a más altura, la región se encuentra cubierta por una fabulosa vegetación donde vemos ejemplares de la flora universal: desde los pinos de las regiones del norte hasta las palmeras de los trópico, y este lugar ofrece un delicioso refugio contra el calor insoportable de los meses de verano en Bombay.

Pero allí fue donde Blavatsky cometió el gran error de realizar ciertos fenómenos en presencia de varias personas que se lo habían rogado, y el señor Sinnett tuvo la imprudencia de publicar en su periódico el relato de estos fenómenos, y posteriormente en su libro: “El Mundo Oculto”.

Esto produjo discusiones sin fin. El clero protestó, no sin razón, contra “esta propaganda anticristiana, fundada en malabarismos”. Las calumnias contra los fundadores de la Sociedad Teosófica se recrudecieron. Y se llegó hasta a asegurar que la verdadera Blavatsky había muerto y que una impostora se había apoderado de sus papeles y utilizaba su nombre haciéndose pasar por ella.

Todos estos ataques y calumnias le hicieron subir la sangre y la bilis a Blavatsky, agravándole con ello sus enfermedades de corazón e hígado y provocándole terribles sufrimientos.

Ella tuvo que recurrir a la autoridad de sus padres y amigos en Rusia para probar su identidad. El Príncipe A.M. Dondoukoff-Korsakoff, quien entonces era el Comandante en Jefe del Cáucaso, le escribió una carta muy cordial en la que se mostraba como amigo suyo de la juventud, y también le envió un certificado de identidad que se publicó en casi todos los periódicos anglo-indios, para la gran satisfacción de sus amigos.

Pero desafortunadamente, ella tenía más enemigos influyentes que amigos.

La Sociedad Teosófica contaba por miles sus partidarios entre los nativos del país, pero muy pocos de ellos tenían cargos oficiales, y en cambio contaba con muy pocos conversos entre las clases directoras de la India.

Los ingleses (ya sea sujetos por sus compromisos oficiales o por su posición social), ellos se limitaban principalmente a tomar un interés general por las enseñanzas, pero no querían tener nada que ver con diplomas y demás; y no siendo miembros de la Sociedad Teosófica, se apresuraron en repudiarla cuando la vieron desprestigiada.

Los que deseen conocer los detalles de lo que tuvo lugar durante la estancia de Blavatsky en la India, pueden hacerlo leyendo lo que escribieron al respecto Olcott, Sinnett y otros testigos presenciales.

Por último, la adhesión de los nativos del país (sobre todo ricos é influyentes) a una fraternidad que confirmaba sus creencias hindúes ó budistas, irritó a los misioneros a tal punto que les hizo olvidar la caridad cristiana.

Ellos vieron claramente que Madame Blavatsky (fuese esta sincera ó hipócrita, maga o encantadora) era la fuerza y el alma de la Sociedad Teosófica, y que les estaba afectando sus intereses de evangelizar a la gente, y por lo tanto dirigieron sus ataques contra ella.

Y es que aunque ella no había abrazado abiertamente el Budismo, como sí lo había hecho el Presidente de la Sociedad Teosófica (el coronel Olcott), ella proclamaba la igualdad y unidad de todos los sistemas religiosos. Y por esto mismo era más peligrosa que el Coronel, autor de un catecismo budista aprobado por Sumangala, el Sacerdote Superior de Ceilán.

Olcott y Sumangala en Ceilán


Dieciocho horas de trabajo diarias, más los insultos y las vejaciones constantes que ella sufría, más el cansancio mental, más su enfermedad crónica, y todo agravado por las malas condiciones del clima, finalmente condujeron a Blavatsky al borde de la muerte.

Durante los cinco años que H.P. Blavatsky pasó en la India, tuvo al menos cuatro de estas enfermedades peligrosas, y tan graves que en cada una de ellas, los mejores médicos de Bombay y de Madrás, diagnosticaron que no era posible que sobreviviese, pero siempre recibía alguna ayuda inesperada y rara en ocasiones.

En una ocasión fue salvada por un médico nativo de la India, en otra fue salvada por un yogui brahmán ó por un pobre “paria”, el cual se encontraba todo demacrado por los ayunos y las austeridades en las que vivía, y que llegó inesperadamente para ofrecen sus remedios, los cuales demostraron ser muy eficaces.

En otras ocasiones, ella se quedó dormida en un profundo y largo sueño, en donde, según sus médicos europeos, debía entrar en la agonía, pero después de eso, ella se despertaba y se levantaba como si nada hubiera pasado.

¡Pero en dos ocasiones el asunto fue muy diferente!

En una ocasión llegaron visitantes inesperados (los cuales nadie conocía) y se hicieron cargo de ella y se la llevaron, nadie sabe a dónde.

Decenas de testigos lo atestiguan. Y además, sus propias cartas lo prueban. Aquí tengo una carta frente a mí, que desafortunadamente no tiene ninguna fecha, porque era un hábito para ella escribirnos, a mí y a su tía, sin preocuparse por poner las fechas.

En esta carta ella nos informa que estaba pasando por una gravísima enfermedad, y un “chela” (así se le llama a alguien que es un discípulo de los Maestros y estudiante de las ciencias ocultas) le había traído la orden, dada por uno de los Adeptos, de seguirlo. Y ella nos pedía que no nos inquietásemos si ya no recibíamos correspondencia de ella por un largo rato, pero el lugar a donde ella tenía que pasar algún tiempo para reponerse, estaba muy lejos de los correos y los telégrafos.

Y aquí hay otra carta dirigida desde Meyrut (que se encuentra más allá de Allahabad) y la cual fue escrita en mayo de 1881, en donde después de una grave enfermedad que tuvo Blavatsky, personas que se encontraban con ella nos escribieron para avisarnos que nos preparásemos para lo peor.

Sus amigos iban a llevarla al campo, ya que ella se encontraba convaleciente y muy débil aún, pero aún así se le ordenó dejar los ferrocarriles y las carreteras e internarse en las montañas.

Y uno de los Adeptos le dijo:

« Allí encontrarás ciertos individuos que te escoltarán más allá de las junglas, a los bosques sagrados de Deobend. »

Pero a la mitad del camino le sucedió un accidente a Blavatsky que le provocó una recaída en su enfermedad, y a continuación les pongo unas cuantas líneas de una carta que ella me escribió tres semanas después:

« Había perdido el conocimiento y no podía recordar los hechos y los lugares en absoluto. Todo lo que sé, es que me llevaron en un palanquín en el que iba acostada, a una gran altura. Y no volví a recuperar la conciencia durante un tiempo muy corto hasta la tarde del día siguiente. (Eso es lo que me dijeron.)

Me vi a mí misma acostada en una habitación grande, tallada en la roca y completamente vacía, a excepción de algunas estatuas de Buda que la rodeaban, y hornos de fuego que ardían alrededor de mi cama, en donde se encontraban jarrones que desprendían vapores olorosos.

Un anciano ya completamente blanco se inclinaba sobre mí, dándome pases magnéticos que sumergieron mi cuerpo en un estado de bienestar indescriptible.

Y apenas tuve el tiempo justo – antes de volver a perder la conciencia – para reconocer a Debo-Durgai, el anciano Lama del Tíbet, a quien había encontrado en el camino unos días antes, y que me había dicho que nos volveríamos a ver pronto. »

Esto aludía a su carta anterior en donde ella me mencionaba de ese encuentro.

Y luego que reconoció al Lama tibetano, mi hermana cayó nuevamente en uno de sus extraños sueños, y no volvió a recobrar el conocimiento hasta que de nuevo se encontró al pie de la montaña, en el pueblo en que sus amigos europeos la esperaban.

Nunca les fue permitido, ni a sus amigos europeos, ni siquiera a los nativos indios, que la siguiesen en esas expediciones misteriosas, a donde se suponía iba a ver a sus Maestros. Y a pesar de esta convicción abrigada por aquellos que la rodeaban, ella nunca nos escribió que los visitase.

Sin embargo, he encontrado una de sus primeras cartas (escrita en 1879), en la que relata la participación del Mahatma Morya en uno de sus viajes con el Coronel Olcott, hacia las bóvedas y las ruinas de antiguos templos, y cuyo relato es de gran interés.

(Desafortunadamente Vera Petrovna no transcribió esa carta, pero también en las Cartas Mahatma, el Maestro Kuthumi menciona varias visitas que Blavatsky les hizo a ellos.)

_ _ _

En la primavera de 1881, H. P. Blavatsky cayó gravemente enferma al recibir las fatales noticias de lo que había sucedido en Rusia el 13 de Marzo de aquel año.

(Cuando fue asesinado el Zar del Imperio ruso: Alejandro II)


Ella de inmediato nos escribió:

« ¡Dios, Señor de misericordia! ¡Qué horror tan sangriento! ¿Van a venir los últimos días de Rusia. . . o es que el mismo Satán ha encarnado en sus hijos, en el miserable aborto de mi pobre país?

Después de este crimen sin precedentes, ¿qué podemos esperar?

¿Dónde están los rusos de antaño?

¿Adónde va a parar mi Rusia querida?

Sí, ya sé lo que dicen de mí, que soy una renegada, que soy una budista, una atea, y hasta una republicana, según vosotros, ¡pero me siento profundamente desgraciada por esta monstruosidad!

¡Oh, cómo los compadezco a todos: a nuestro Zar martirizado, a su infortunada familia y a toda Rusia!

¡Maldición a esos monstruos, a esos nihilistas, a esos tontos inconscientes!

Cómo os reiréis de mí, “la ciudadana republicana”, el espíritu fuerte que se había liberado de las preocupaciones de su país; pero en este momento de profundo estupor, siento una vergüenza tan intensa por mis compatriotas, una lástima tan profunda por la víctima de sus cruel locura, una desesperación tan grande, que desafío a los súbditos más fieles de nuestros zares, sin haber dejado nunca el corazón de nuestro país, para sufrir más que yo. »

Y lo demostró cayendo enferma por el dolor que esa noticia le causó.

(Esta era una debilidad que tenía Blavatsky y es que ella era muy temperamental, susceptible y apasionada, características que no son propicias para un adepto, pero como lo señaló el Maestro Morya en una carta que le envió a Sinnett: “A pesar de sus defectos, ella es lo mejor que encontramos para llevar a cabo esta labor.”)

En ese mes, su revista Theosophist apareció en márgenes negros, y fue un gran detalle por parte del presidente de la Sociedad Teosófica, pues ella estaba tan afectada que no podía pensar en tales cosas

Apenas se recuperó de su primera estupefacción, que comenzó a escribir un bello artículo para el Pioneer, contando todos los actos de valor, humanidad y amabilidad realizados por Alejandro II, y sintió una gran satisfacción cuando toda la prensa anglo-india se hizo eco de lo que ella decía.

En respuesta a algunos comentarios maliciosos de dos órganos clericales que cuestionaban por qué tanto alboroto por parte de "una ciudadana americana y su periódico, vestida de luto por la muerte de un autócrata", Blavatsky envió una respuesta colectiva a la Gaceta de Bombay y otros periódicos se apresuraron en retomarlo.

Ella escribió:

« Mis buenos amigos cometen un error, porque no es como una súbdita del Zar de todas las Rusias que me he vestido de luto, sino como una rusa de nacimiento, como una unidad entre los millones de mis compatriotas, a quienes este hombre bueno y misericordioso ha cubierto de beneficios, y a quienes su muerte ha dejado sumidos en profundo luto.

Hago esto porque quiero expresar mi simpatía, mi respeto y mi sincera tristeza por la muerte del Zar, a mi padre, a mis hermanos y a mis hermanas en Rusia, que siempre me serán queridos, ¡hasta mi último aliento! »



En el invierno de 1881 a 1882, el cuartel general de la Sociedad Teosófica de la India se trasladó de Bombay a Adyar (a una propiedad adquirida cerca de la ciudad de Madrás) y la cual fue comprada con la contribución de todos los miembros de la Sociedad Teosófica que deseaban dotar a sus fundadores y a su estado mayor de una casa propia permanente.

Allí vive aun hoy en día el Presidente Olcott, y allí fue también donde H.P. Blavatsky pasó los dos últimos años que vivió en la India y donde se celebró en aquel mismo año, y con especial solemnidad, el primer septenario de la fundación de la Sociedad Teosófica.

Digo en “especial solemnidad” porque el número siete es muy importante en las creencias teosóficas, y aunque estos aniversarios son numerosos en Adyar, en Nueva York y en Londres, los que contienen este número, apreciado por los ocultistas, son doblemente celebrados.



En los frecuentes viajes que efectuaron el Coronel Olcott y Madame Blavatsky, ellos siempre fueron recibidos con gran pompa por los nativos de los países que atravesaron, pues todos los hindúes les estaban sinceramente agradecidos por la traducción que habían hecho del sánscrito de las antiguas obras de la literatura aria, y lo cual había contribuido mucho a su popularidad.

Y también les estaban muy agradecidos por los esfuerzos que habían efectuado para suprimir las barreras entre las castas, y también para disminuir el desprecio injusto con que los anglo-indios trataban a los nativos indios; un despreció que también era manifestado incluso por los Brahmanes más eruditos e instruidos.

(Hay que tener en cuenta que una organización que proclamara la noción de Fraternidad Universal en donde todos sus miembros se trataran como hermanos sin importar su origen étnico, su nivel social, su situación económica, o sus creencias religiosas, era algo muy nuevo e insólito en los siglos pasados, y la Sociedad Teosófica fue pionera en difundir ese concepto de hermandad entre todos los humanos y que hasta entonces había sido opacado por la separatividad que existe entre los hombres.)

Y en esta labor (y en palabras de los propios nativos) la Sociedad Teosófica había alcanzado un éxito considerable. Sin embargo, en ninguna parte eran los fundadores teósofos tan festejados como en Ceilán, ya que cada vez que iban ahí, toda la población budista celebraba su llegada poniéndose de fiesta, empezando por los sacerdotes y su líder, quienes organizaban una bienvenida triunfal

Y para ayudar a los habitantes de Ceilán, el Presidente Olcott viajó a Europa y especialmente a Londres, para solicitar al Parlamento una petición en su favor.

Olcott con monjes budistas en Ceilán


Hacia fines de 1883, Blavatsky estaba un poco mejor de salud, gracias a la bondad de un clima menos extremo y al bienestar de tener una casa bien construida en donde vivir. Pero a pesar de ello, su salud seguía dejando mucho que desear, y todos los médicos que la atendieron estuvieron de acuerdo que un cambio temporal le haría mucho bien. Por lo tanto, se decidió que ella acompañaría al Presidente Olcott a Europa, y desde entonces Blavatsky empezó a acariciar el proyecto de volver a ver a sus parientes.

Inmediatamente nos escribió, y luego, en el mes de Diciembre, ellos partieron de Bombay para Europa, pero antes de dejar las costas indias, mi hermana tuvo tres visiones rápidas, que le mostraron la muerte de su tío, el general Rostislav Fadeew, quien efectivamente estaba muriendo en esos momentos en Odessa.

Sin embargo, sabiendo que ella estaba próxima a partir y no iba a recibir las cartas que le enviáramos a la india, y nosotras (yo y mi tía) encontrándonos muy trastornadas por esta tragedia, olvidamos informarle a Blavatsky sobre este evento.

Ella ni siquiera sabía acerca de la enfermedad de su tío, cuando este en su espíritu vino a decirle a Blavatsky que su odisea en la Tierra había terminado.

Las dos ó tres cartas de Madame Blavatsky y las cuales están fechadas a principios de enero de 1884 (mientras que el general Fadeew murió el 29 de Diciembre), prueban de una manera indiscutible la verdad de estas visiones, mientras que las palabras desde el más allá, que ella le oyó pronunciar a este hombre, el cual era estimado y considerado por todos los que le conocieron, tuvieron para ella un significado muy singular.

Ella tenía una fe implícita en la verdad y en la importancia de las visiones de esta naturaleza, las cuales no eran provocadas por ella, sino procediendo de la iniciativa de la persona que iba a fallecer. Y toda su vida las estuvo experimentando, y casi todos los miembros de nuestra familia tuvieron el privilegio de disponer de ese don, aunque no con la intensidad como lo experimentó Blavatsky.





VI

Una vez en Europa, Helena Blavatsky se vio asediada por invitaciones. Todos los teósofos de Londres, París y sus amigos de todos los países deseaban verla; pero su principal deseo era volver a ver a su familia, y para ese propósito, después de haber descansado en Niza en la casa de la Duquesa de Pomar (Lady Caithness), quien era la presidenta de la Rama Oriental y Occidental de la Sociedad Teosófica de París.

Blavatsky se instaló en París, en un apartamento modesto, que tomó para recibir a su tía y a mí en su casa, sabiendo que no nos gustaría aceptar ninguna otra hospitalidad.

Acosada por los curiosos y los periodistas, más que por los amigos y por la gente seriamente interesada en sus enseñanzas, Balavatsky aceptó la invitación del señor y la señora d'Adhémar (5), que poseían una villa encantadora cerca de Enghien.


En la revista “Lucifer” de Julio 1891 (revista fundada posteriormente por Blavatsky en Londres), leí una preciosa carta de la Condesa d'Adhémar, en la que exponía sus recuerdos acerca de los fenómenos musicales producidos por Madame Blavatsky durante su visita, y en la presencia de varias personas.

Lamento (debido al espacio restringido) no poder citar esta carta en este artículo, así como muchas otras cartas de gente que atestiguo esos fenómenos que produjo Blavatsky y que podrían ser mucho más convincentes para los lectores que las declaraciones de una hermana.

Pero no desespero de poder algún día hacerlo, solo para disuadir al público de muchas acusaciones falsas presentadas contra Madame Blavatsky por personas maliciosas; y cuyas, en su mayor parte, son antiguos alumnos de ella, pero quienes viendo frustradas sus esperanzas de resultados milagrosos inmediatos, se volvieron sus enemigos encarnizados.

Hubo muchas de estas personas vanas que esperaban recibir dones ocultos con solo pedirlos, y también hubo meros mercenarios, quienes le ofrecieron su apoyo y su ayuda y asistencia a Blavatsky, a cambio de sumas más o menos importantes. Pero tan pronto como vieron que ella no tenía ni los medios ni la voluntad para pagarlos en efectivo o en poderes ocultos, rápidamente ellos se convirtieron en oponentes feroces y a menudo nada escrupulosos.

Yo pasé seis semanas en la primavera de 1884 en París con mi hermana. Ella siempre estaba muy rodeada. Sin mencionar a muchas personas de América, Inglaterra y Alemania que habían expresamente venido de tan lejos para verla y hablarle de sus asuntos teosóficos. Y también había una multitud de parisinos interesados en sus enseñanzas, y particularmente en los fenómenos que diariamente tenían lugar a su alrededor.



La Sociedad Teosófica en Europa todavía estaba en su infancia, e incluso en Londres había solo unas pocas docenas de miembros realmente sinceros y trabajadores dedicados a la causa.

En Alemania todavía no se había ni siquiera formado una rama debidamente organizada, y en el caso de París, había dos que no tenían más de veinte o treinta miembros.

Y para empeorar el asunto, las ramas matrices de Nueva York y de Adyar se disolvían a menudo por las disensiones entre sus miembros, y no prometían nada bueno respecto de su futura prosperidad.

Sin embargo, entre los que asiduamente nos visitaban en el departamento ubicado en Rue Notre Dame-des-Champs 46, había algunas personas eminentes.


Me acuerdo haber visto allí a muchos sabios, doctores en medicina y científicos, y también a magnetizadores y clarividentes, como también a algunas damas más ó menos versadas en literatura y en las ciencias abstractas, y además muchos compatriotas nuestros de ambos sexos.

Entre todas estas personas cuyos nombre recuerdo están: C. Flammarion, Leymarie, de Baissac, Richet, Evette el hipnotizador y quien fue discípulo y amigo del Barón Dupotet y el señor Vsevolod Solovioff, el escritor ruso, y quien fue uno de sus visitantes más asiduos, y que en ese tiempo manifestaba una gran adhesión hacia la causa teosófica y admiración hacia Madame Blavatsky.

En cuanto a las mujeres, estaban la duquesa de Pomar, la condesa d'Adhemar, Madame de Barreau, Madame de Morsier, Mademoiselle de Glinka y muchas otras francesas, rusas, inglesas y americanas.

El Coronel Olcott y el Sr. Judge (este último llegado de Nueva York) nos mencionaron numerosos relatos de los fenómenos más fabulosos que habían presenciado, pero yo y su familia solo vimos aquellos que pertenecen a las facultades parasicológicas, exceptuando una o dos veces en que oímos sonidos armoniosos producidos á voluntad por Blavatsky en diferentes direcciones.

Y también en otra ocasión, una carta sellada, la cual no solo fue leída psicométricamente, sino que después de trazar una línea y una estrella teosófica con un lápiz rojo en una hoja de papel, ella hizo que este signo apareciera dentro del sobre, en el lugar deseado de la carta sellada y doblada en cuatro.

Este fenómeno fue asegurado con la firma de seis ó siete testigos, y entre ellos se encontraba Solovioff, quien describió lo sucedido en el periódico ruso Rebus, del 1º de julio 1884, bajo el título de “Fenómenos Interesantes”.


Hubo también otro fenómeno que yo misma describí en entonces en una publicación. Fue la aparición y desaparición repentinas  (y sin dejar ningún rastro) de un artículo de un periódico ruso publicado en Odesa, tres días antes de que apareciese en el libro de notas de mi hermana, y en el cual ella acostumbraba pegar los recortes de artículos de los periódico que se escribían sobre ella.

Por la mañana todos habíamos leído este artículo con profundo asombro (porque las cartas de Odessa a París generalmente tardan de cuatro a cinco días en llegar) y por la noche del mismo día ya no quedaba el menor vestigio en el libro, el cual estaba bien encuadernado y sus páginas numeradas.

Y la desaparición del artículo en cuestión, no había interrumpido la serie de las páginas consecutivas…!

Pero a excepción de estos dos hechos, que son palpables, fenómenos materiales, por decirlo así, hasta donde recuerdo nunca le vi producir más que fenómenos parasicológicos, tales como la clarividencia, la psicometría y la clariaudiencia.

Y en lo que a mi concierne, jamás recibí carta alguna de los Adeptos, y tampoco nunca tuve la oportunidad de ver (como muchos otros se jactan de haberlo presenciado) aparición alguna, ni luces, ni cartas cayendo del aire

Ahora bien, ¡No discuto su testimonio, ni mucho menos! Porque creo que nadie tiene el derecho de cuestionar las creencias de los demás por el solo hecho de nuestra ignorancia o falta de percepción, pero yo no puedo exponer otra cosa más que lo que yo misma he presenciado.

Pero esto no es obstáculo para que también les mencione las experiencias que otros (más afortunados ó mejor dotados que yo) me han referido.

Sin embargo sería demasiado relatar todas las historias que sus colaboradores más cercanos me han contado, y además sería innecesario puesto que todas las revistas teosóficas han publicado artículos acerca de lo que los señores Olcott, Sinnett, Judge y muchos otros han testificado.

Pero citaré un testimonio que nunca ha sido publicado por la prensa inglesa ni francesa, y me refiero a los notables fenómenos que el señor Vsevolod Solovioff ha descrito en muchas de las cartas que él me envió.

Y así por ejemplo, después de haber ido a visitar a Blavatsky a Elberfeld (en Alemania) durante el mes de septiembre de aquel mismo año, él me escribió una larga carta acerca de una entrevista que le había concedido el Mahatma Morya, así como también respecto a las visiones que había tenido previamente a la aparición de ese gran Adepto.

No describiré en detalle lo que el señor Vsevolod me mencionó, porque él me informó que envió un relato de ello al Diario de la Sociedad para la investigación psíquica de Londres, pero esto es lo que él me comunicó en respuesta a mis preguntas sobre la autenticidad de esa aparición, en una carta fechada del 21 de noviembre de 1885:

« Aquí hay una prueba más y la recibí en Wurzburgo al mismo tiempo que la visita del Mahatma Morya, y ante los grandes celos de todos los teósofos: se trata de una carta autografiada por el Mahatma Kuthumi, ¡e incluso esta en ruso!

No me sorprendió en lo más mínimo cuando encontré esta carta precisamente en el libro que tenía en la mano, porque tenía un presentimiento de que iba a suceder: ¡lo sabía de antemano!

Lo que sí me sorprendió fue que en esa carta se explicaba de un modo claro y conciso sobre las cosas que poco antes estaba discutiendo [con Blavatsky] y dándome una contestación precisa a las preguntas que en ese momento había formulado.

Y esto, a pesar que cuando se apareció la carta me hallaba algo apartado de los demás y nadie se había aproximado a mí, y por consiguiente nadie hubiese podido poner la carta en el libro.

El individuo que lo hizo debió poder captar mi pensamiento y escuchar las palabras que yo había dicho, para poder dar la contestación exacta. Y este fenómeno lo he observado varias veces en mi propio caso y en el de otras personas. »


Los Mahatmas Kuthumi y Morya


(El señor Solovioff sugirió que tal vez Blavatsky lo había hipnotizado, a lo que Vera Petrovna contestó.)

Los poderes ocultos de Madame Blavatsky sin duda eran grandes. Sin embargo, nadie, que yo sepa, le había atribuido jamás a sus facultades: la sugestión hipnótica, como parece haberlo hecho el señor Solovioff.

Además, su hipótesis no puede sostenerse, porque muchas veces las cartas de los Mahatmas y de Madame Blavatsky, han sido examinadas por peritos quienes siempre han declarado que las escrituras son diferentes (6), y a lo cual hay que añadir que el señor Solovioff no ha sido el único que ha recibido tales cartas, y exactamente bajo las mismas condiciones.

El Dr. Hübbé-Schleiden, editor de The Sphinx, y muchos otros, lo demuestran, habiendo recibido sus cartas en la ausencia Madame Blavatsky (7).

Dr. Hübbé-Schleiden

Pero regresemos al testimonio del señor Solovioff. Él termina su carta del 21 de noviembre en estos términos:

« Cuando su vida llegué a su fin [de Blavatsky], la cual estoy convencido que sólo se mantiene sostenida por algún poder mágico, lloraré toda mi vida por esta desafortunada y extraordinaria mujer. »

Y ciertamente Solovioff tenía razón al hablar así, ¡pues él más que alguno otro había tenido pruebas de sus poderes extraordinarios!

He aquí algunas líneas de otra carta suya, escrita el 22 de diciembre de 1884, cuando mi hermana se encontraba desde hace dos meses en la India y el señor Solovioff se encontraba en París:

« Terminé mi cena, fui a buscar un cigarro en mi habitación. Subo, abro la puerta, enciendo una vela.  ¿Y qué veo?  Veo a tu hermana, Helena Blavatsky, en su vestido negro de la mañana. Ella me saludó, me sonrió y dijo: ¡Aquí estoy! Y desapareció ¿Qué significa todo esto por fin?...»

Como suceso, esto no tenía nada de particular. Simplemente mi hermana deseaba, devolverle (en cuerpo astral) las frecuentes visitas que el señor Solovioff le había hecho a ella (en cuerpo físico) en París, en Elberfeld y en Wurzburgo.



Partimos de París el mismo día de junio, yo y mi tía N.A. Fadeew para Odessa, y Blavatsky para Londres, a donde la solicitaban asiduamente. Estaba muy ocupada organizando una rama teosófica estable, bajo la presidencia del Sr. Sinnett, y aunque sufría constantemente por sus padecimientos, tuvo que dedicar mucho tiempo a la curiosidad y a las relaciones sociales.

Desde los primeros días, fue adulada y celebrada, organizándose en su honor grandes reuniones y enormes conversaciones. En una de estas hubo unas mil personas que asistieron al Prince's Hall, y personalmente le fueron presentadas a más de trescientas personas.

Entre éstas se hallaban el profesor Crookes, Lord Cross, el ministro de Asuntos Exteriores de las Indias Británicas, y su compatriota y amiga, la Sra. Olga Aleksevna Novikoff quien se encargó de organizar esa reunión. Y también estaban los miembros de la Sociedad Teosófica que se apresuraron a presentarles a Blavatsky a sus amigos.

Sinnett pronunció un hermoso discurso poniendo en las nubes la energía y la sabiduría de Madame Blavatsky, así como el trabajo incesante del Coronel Olcott, y los principios hermosos y humanitarios que eran la base de sus enseñanzas.

Desafortunadamente, la salud de H.P. Blavatsky no pudo ser suficiente para todos los esfuerzos incesantes, las obligaciones mundanas, y especialmente las emociones causadas por las malas noticias provenientes de la India.

Me refiero a conspiración elaborada por sus servidores: el carpintero Coulomb y su esposa, quienes vendieron las cartas falsificadas al periódico del Colegio Cristiano de Madrás, el cual era el enemigo jurado de la Sociedad Teosófica y sobre todo de su fundadora.

Y quienes aprovechándose de la ausencia de sus dirigente en Adyar, se pusieron a construir en la habitación de Madame Blavatsky, puertas secretas y armarios con fondos falsos, y todo lo cual ella nunca pudo haberlo ordenado, pues aun cuando hubiese deseado engañar a sus visitantes con tales medios, ¡ella nunca hubiera cometido la locura de hacer construir estos arreglos secretos en su ausencia!

Y todos estos ataques y calumnias de sus adversarios terminaron por generar el lúgubre reporte publicado por la Sociedad Psíquica en Londres con el titulo: "Los engaños de Madame Blavatsky, la más grande impostora de nuestra época".

Y este relato ha sido negado muchas veces por muchos individuos que, profundamente iniciados en el ocultismo y en las doctrinas teosóficas, han acudido a la escena y han sondeado cuidadosamente este caso; pero las historias escandalosas, y especialmente aquellas que envuelven acusaciones, son muy difíciles de desarraigar.

No cabe duda que las afirmaciones de la Sociedad Psíquica de Londres (y traducidas como fueron a todos los idiomas) servirán por mucho tiempo como armas de largo alcance por los enemigos de Madame Blavatsky.

Mientras que las refutaciones de sus devotos seguidores, más versados en los detalles de la trama, permanecen impotentes por falta de traductores y publicidad, y relegados como están a ser solo mencionados en las revistas teosóficas, las cuales son muy poco leídas por el público en general.

Tengo en mi cartera toda una serie de artículos, escritos por los amigos de Madame Blavatsky en su favor, pero que ningún periódico ruso quiere publicar por temor a la polémica.

Y se nota que hay una clara intención por ensuciar la reputación de Madame Blavatsky sin importar las pruebas. Así por ejemplo, en contestación a la publicación que hizo la revista “Novoïe Vremia” sobre este reporte de la Sociedad Psíquica, una veintena de miembros de la Sociedad Teosófica de Londres (y que conocían a fondo toda la intriga) enviaron un comunicado colectivo al editor, pero este comunicado nunca se publicó, y el artículo difamatorio continuó apareciendo en aquel periódico, fundado en las calumnias de la Sociedad Psíquica.

La malevolencia del periódico del Christian College llegó hasta a afirmar que H.P. Blavatsky no se atrevería jamás a regresar a la India, pues no solamente le había sacado dinero a sus engañadas víctimas, sino que también había robado la caja de su propia Sociedad Teosófica.

¡Ella que había destruido su salud por trabajar tan intensamente para la Sociedad Teosófica!

¡Ella que le había dedicado toda su fortuna, toda su vida y toda su alma para la Sociedad Teosófica!

Y esta declaración del llamado periódico “cristiano” demuestra lo pérfidos que son los adversarios de Blavatsky.

Ella estaba ansiosa por irse a la India, aun cuando sólo fuera para desmentir a sus perseguidores.

En Ceilán, y luego en Madrás, le hicieron recepciones espectaculares. Los estudiantes universitarios de Madrás le ofrecieron una exposición muy halagadora, firmada por ochocientas personas. Y ciertamente fue una demostración de las más elocuentes, que la consoló un poco de sus amargas decepciones.

Sin embargo, la tempestad creció, cuando ella tomó posesión de su habitación en Adyar, y lanzó gritos de indignación que hicieron que sus compañeras de viaje, la pareja Cooper-Clakley, subieran corriendo. Y estos gritos se debieron a al ver los trabajos del carpintero Coulomb, que la había sorprendido e impactado (8).



En resumen, sus enemigos hicieron tanto contra ella que una vez más cayó enferma y casi muere. Y esta vez su curación se debió a un verdadero milagro del que todos los testigos oculares han hablado.

Por la noche, su médico la dejó moribunda, pero cuando regresó por la mañana, solo para certificar su muerte, la encontró almorzando con una taza de leche, y el doctor apenas daba crédito a lo que veía.

Y ella simplemente le dijo:

-      "Eso es porque usted no quiere creer en el poder de nuestros Maestros".

El peligro inmediato había pasado, pero aún se encontraba muy débil, por lo que hubo la necesidad de llevarla en una silla de ruedas y subirla casi inconsciente a bordo de un vapor que salía para Italia, pues todos los médicos opinaron que los calores próximos del verano le serían fatales.

(Eso fue un vil pretexto y una gran hipocresía por parte de Olcott porque como lo vimos anteriormente, ellos podían muy bien llevarla a la parte norte de la india en donde el clima era mucho más agradable.

En realidad lo que el coronel Olcott quería, era alejar a Blavatsky de la India pensando que al hacer eso, las cosas se calmarían. Pero esto fue un grave error que le valió la separación con los Maestros y el punto de declive de la Sociedad Teosófica de Adyar. Y todo esto lo detallo en el capítulo: La primera caída iniciática del coronel Olcott)





VII

Los primeros meses del verano que Helena Blavatsky pasó cerca de Nápoles, en Torre del Greco, fueron meses muy dolorosos porque estaba enferma, sola y abandonada, y lo que era peor, temía por la prosperidad de la Sociedad Teosófica, a causa de su súbita impopularidad, y de las calumnias que constantemente se fraguaban contra ella.

Pero a la primera palabra de renuncia que pronunció, surgió una tormenta de protestas unánimes en América, Europa y especialmente en la India.

El Presidente Olcott no sabía como calmar a los descontentos que con vehemencia pedían el regreso de Blavatsky para que de nuevo se pusiese al frente de los asuntos de la Sociedad Teosófica y de los intereses teosóficos en general.

En vano ella trató de demostrarles que realmente ella podría prestar un mayor servicio al Movimiento Teosófico, dedicándose a escribir su nueva obra “La Doctrina Secreta” en la reclusión y apartada de los negocios y los disturbios.

Ellos le contestaban con manifestaciones de adhesión y con súplicas para que fuese a Londres, a Madrás y a Nueva York, añadiendo que donde quiera que ella quisiese establecerse, ella sería bien recibida, tan sólo con que volviese a hacerse cargo de la dirección del Movimiento Teosófico.

En cuanto a dejarlos, no debía ni por un momento ocurrírsele, porque, según la convicción unánime, su alejamiento significaría la dispersión y la muerte de la Sociedad Teosófica.

Tan pronto como se supo que una de las acusaciones más necias contra ella, era que los Mahatmas no existían, y que sólo eran una creación suya, inventada para supuestamente engañar a los crédulos, cientos de cartas llegaron a sus manos de todas las regiones de la India, suscritas por personas que aseguraban haber tenido conocimiento de estos humanos increíbles antes de haber oído hablar cosa alguna sobre la Teosofía.

(Y es cierto, ya que la antigua tradición hindú menciona la existencia de humanos con grandes poderes y conocimientos a los que denomina: “Rishis”.)

Finalmente vino una carta de Negapatam, la morada de los “pandits” (los sabios), con las firmas de setenta y siete de ellos, afirmando enfáticamente la existencia de esos seres superiores, demasiado bien conocidos en la historia de las naciones arias, para que sus descendientes pudiesen dudar de su existencia. (Boston Courrier, julio de 1886)

Y Helena me escribió desde Wurzburgo (Alemania) en donde ella se había establecido para el invierno:

« Entiendo que la Sociedad Psíquica de Londres haya preferido elegir hacerme pasar por un charlatana, pues de ninguna manera ellos quieren tener discordias con la ciencia ortodoxa de Europa, y por consiguiente les sería imposible reconocer que los fenómenos ocultos, no son siempre simples trucos, sino que también pueden ser el resultado de fuerzas todavía desconocidas para los señores eruditos.

Y prefirieron evitar declarar eso porque inmediatamente hubieran tenido a toda la camarilla de expertos en ciencia y teología contra ellos.

Ciertamente un mejor plan para ellos fue pisotearnos a nosotros, los teósofos, que no le tememos a nadie, ni siquiera a las autoridades académicas, y que tenemos el valor de afirmar nuestras convicciones.

Así pues, antes que excitar las iras de los pastores de todos los corderos del Panurgo de Europa.

¿No es preferible disculpar a mis discípulos (pues hay entre ellos muchos a quienes hay que cuidar) y condolerse con ellos de que son mis pobres víctimas engañadas, y ponerme a mí en el banquillo del arrepentimiento, acusándome de fraude, de espionaje, de robo y de cuanta acusación sea posible inventarme?

¡Ah! reconozco mi destino habitual:

¡De tener la mala reputación, sin el provecho!

¡Si al menos hubiera podido hacer algo útil para mi amada Rusia!

Pero no, el único servicio que tuve la oportunidad de darle, fue negativo, ya que los directores de algunos periódicos en la India, siendo mis amigos míos y sabiendo cómo cada línea escrita contra Rusia me lastimaba personalmente, ellos se abstuvieron más a menudo de hacerlo de lo que les hubiera gustado.

¡Y eso es todo lo que pude hacer por mi patria, que para siempre he perdido! »



Su gran consuelo durante su exilio fueron las cartas y las visitas de sus amigos, que sabían cómo encontrarla en las profundidades de la Alemania, donde se había ido a refugiar para descansar y escribir su libro en paz.

Las cartas eran confiables y amistosas, y sobre las visitas, las de sus amigos rusos eran las que le proporcionaban el mayor placer. Y entre estas estaban las que le hizo su tía de Odessa y el señor Solovioff de París.

Este último llevó la carta de Mahatma Kuthumi para mostrársela y regresó a París muy emocionado por su visita y las cosas extraordinarias que había presenciado en Wurzburgo, hasta el punto de que escribió una carta tras otra, sobre ella, y en un estilo muy afectuoso, como la siguiente que a continuación les pongo:

« París, 8 de octubre de 1885.

Mi bien querida Helena Petrovna,

Yo estoy en contacto con la señora Adam. Le he hablado mucho de usted, y le ha interesado muchísimo, al grado que me dice que en lo sucesivo ella le abrirá sus columnas en su revista, no sólo a los artículos teosóficos, sino también a la propia justificación que usted haga, si es necesario.

Le mencioné el elogió que a usted le hizo la señora Morsier [esta dama anteriormente profesaba una gran devoción a Madame Blavatsky y su enseñanza] y da la coincidencia de que actualmente tiene en su casa a un huésped que habla conmigo en el mismo sentido.

Por lo tanto, todo marcha lo mejor posible.

He pasado la mañana con el Dr. Richet, y también le hablé de usted con respecto a lo que dice Myers y la Sociedad de Investigaciones Psíquicas en contra suya. Y puedo decir que he convencido al Dr. Richet de la realidad de vuestros poderes personales y de los fenómenos que provienen de vuestra voluntad.

Me hizo tres preguntas categóricas. A las primeras dos, contesté afirmativamente. En cuanto a la tercera, le dije que estaría en condiciones de responderle afirmativamente, sin duda, en dos o tres meses. No tengo dudas de que mi respuesta será afirmativa, y entonces, verá que habrá un triunfo que aniquilará a todos los psíquicos de Londres.

Sí, eso debe ser así, ¿no?

¡Porque seguramente no jugaríais conmigo! . . . Mañana salgo para Petersburgo.
Con todo mi cariño.
Vsevolod Solovioff »


(Desafortunadamente Solovioff llevaba una vida muy turbia. Para comenzar efectuaba una actividad que era muy mal vista en su época – y sobre todo para la aristocracia – que era ser espía. Le propuso a Blavatsky que lo ayudara empleando sus facultades extranormales, pero ella se rehusó. Lo cual lo enfadó mucho a Solovioff. Y también él tenía una amante en Paris, que resultó ser la propia hermana menor de su esposa!!!

Y es por eso que cuando Blavatsky murió, Solovioff temeroso que entre la documentación que ella dejó, apareciera su oscuro pasado, él se apresuró en escribir un libro titulado “Una Moderna Sacerdotisa de Isis” (1892) en donde desprestigiaba a Blavatsky describiéndola como una mujer sin escrúpulos, una charlatana y una espía rusa, para que así, si alguna acusación salía en su contra, esta sería desacreditada.

Herida por la traición de Solovioff y molesta que Blavatsky no pudiera defenderse, su hermana Vera escribió el libro “Una Moderna Sacerdotisa de la Verdad” (1893) en respuesta al libro de Solovioff. 

Y a petición de la Sociedad de la Investigación Psíquica de Londres, Walter Leaf realizó una traducción al inglés del libro de Solovioff titulado: “A Modern Priestess of Isis” (1895) pero en cambio el libro de Vera no les interesó traducirlo…

Y las calumnias de Solovioff fueron completamente desenmascaradas en una serie de artículos de Beatrice Hastings impresos en el Canadian Theosophist a principios del siglo veinte, y estos escritos se recopilaron y se reimprimieron bajo el titulo “El Fraude de Solovioff” (1943) por la Sociedad Teosófica de Edmonton.)


Durante todo el invierno en Wurzburgo, Madame Blavatsky estubo ocupada escribiendo la Doctrina Secreta. Ella le escribió al Sr. Sinnett diciéndole que desde que terminó Isis Desvelada, no había tenido visiones psicométricas tan claras y patentes en su percepción espiritual, y que esperaba que esta obra le ayudaría a revivir su causa.

Mientras tanto, la condesa de Wachtmeister, quien pasó ese invierno con ella cuidándola y que desde entonces ha deseado permanecer siempre a su lado, escribió cartas llenas de admiración por los escritos de Madame Blavatsky (especialmente para los procesos mágicos), y sobre todo por las condiciones sorprendentes bajo las cuales Blavatsky estaba trabajando en su gran obra (9).

Condesa Constance de Wachtmeister

En una ocasión la condesa me escribió:

« Estamos diariamente rodeados de fenómenos, pero nos hemos acostumbrado tanto a ellos que ya parecen formar parte del curso natural de las cosas. »

Y ahí una vez más, Madame Blavatsky tuvo una gravísima enfermedad de la que se repuso muy difícilmente, gracias a la abnegación de sus amigos, que nunca la dejaron ni por un momento.

Y fue especialmente gracias al Dr. Ellis Ashton de Londres, a la condesa Wachtmeister de Estocolmo y la familia Gebhard de Elberfeld, que Blavatsky pudo recuperarse y se encuentra en deuda con ellos por su resurrección. Pero a partir de entonces, su vida no fue más que una serie de sufrimientos más o menos crueles.

(Todos ellos la cuidaron, pero en realidad la persona que la salvó fue el propio Maestro Morya quien fue a verla y le dio la opción entre ya morir o todavía vivir unos años más para enseñar lo más que pudiera – aunque sus padecimientos serían muy dolorosos –. Y este relato lo pueden leer en el libro que publicó la Condesa de Wachtmeister titulado: “Reminiscencias de H.P. Blavatsky y La Doctrina Secreta”.)


En abril de 1887, sus amigos habían consiguieron llevársela a Inglaterra. El invierno anterior, ella lo había pasado en Ostende (Bélgica), donde terminó la primera parte de la Doctrina Secreta, y donde estaba constantemente rodeada de amigos, especialmente personas que venían a verla desde Londres, y entre ellos se encontraba el presidente de la Logia Teosófica de Londres, el Sr. Sinnett, quien acaba de publicar su libro: “Incidentes en la vida de la Sra. HP Blavatsky”.

Los últimos cuatro años de su vida, Blavatsky los pasó en Londres y fueron años de sufrimiento físico, de trabajo incesante, y de sobreexcitación mental que finalmente minaron completamente su salud, pero también y afortunadamente de éxito y de disfrute moral que compensaron tanto dolor, y le dieron fundamentos para esperar que su nueva obra, la Sociedad Teosófica y sus escritos, quedarían como otros tantos testimonios a su favor después de su muerte, reivindicando su nombre de las calumnias con que la habían cubierto.

He aquí un extracto de una de sus cartas escritas en el otoño de 1887, excusándose por su largo silencio:

« ¡Si supierais, amigos míos, cuán ocupada me encuentro! Y es que  tengo muchas tareas diarias que cumplir: la edición de mi nueva revista “Lucifer” me pesa en su totalidad, además de que tengo que escribir mensualmente de diez a quince páginas.

Luego tengo también que elaborar varios artículos para las otras revistas teosóficas: está el Lotus en París, el Theosophist en Madrás, y el Path en Nueva York.

Más mi Doctrina Secreta, de la cual debo continuar el segundo volumen y corregir las pruebas de la primera, dos o tres veces cada copia.

¿Y las visitas?

¡Muchas! A veces hasta treinta al día...!!!

Y es imposible deshacerse de todo eso.

¡Necesitaría ciento veinticuatro horas al día!

Pero no os preocupéis sino no os escribo porque como dice el dicho: “si no hay noticia, eso es buena noticia”. Y en cualquier caso, ya os escribirán si me pongo más enferma de lo que generalmente estoy...

¿Habéis observado el anuncio de sensación puesto en la cubierta de la revista el Lotus por su editor?

Dice: “Bajo la inspiración de Madame Blavatsky.”

¡Cielos, qué inspiración! Cuando no tengo tiempo para escribir una palabra para él. ¿Recibís esa revista? He tomado tres ejemplares. Dos son para vosotros y uno para Katkoff. Adoro a ese hombre por su patriotismo y la cruda verdad de sus artículos que hacen honor a Rusia. »



La actividad de la Sociedad Teosófica en Londres, sus reuniones, sus periódicos mensuales y semanales, y sobre todo los escritos de su fundadora, atrajeron la atención de la prensa y de nuevo las represalias del clero. Pero sus representantes nunca se entregaron a excesos tan injustos y calumniosos como lo hicieron los jesuitas de Madrás.

Seguramente hubo muchas reuniones muy tormentosas, en las que H.P. Blavatsky fue, en sus propias palabras:

« Me han llamado Lucifer, no en su verdadero sentido de la luz celestial, sino en el sentido más popular del [diablo, el ángel caído del] Paraíso perdido de Milton. – Y me han presentado ante el público como: “el anticristo con faldas”. »

Sin embargo, su hermosa carta titulada: "Lucifer al Arzobispo de Canterbury", causó una gran sensación y puso fin a las hostilidades clericales.

En Londres, nunca hubo ninguna cuestión de fenómenos demostrativos: Helena Blavatsky les tomó aversión. Sin embargo, como señaló acertadamente el señor Stead en su artículo sobre Madame Blavatsky en la revista The Review of Reviews, de Junio de 1891, Blavatsky nunca hizo tantos conversos hacia ella y hacia su causa, como durante los últimos cuatro años de su vida.

Sin embargo, sus visiones y su clarividencia nunca la abandonaron hasta su última hora. Y así por ejemplo, en julio de 1886, ella anunció la muerte de su amigo, el profesor Alexandre Boutleroff, antes de que esta información fuera mencionada en los periódicos rusos. Y por cierto, ella lo vio aparecérsele en Ostende el mismo día en que murió.

Y lo mismo sucedió en el caso de nuestro celebrado político, el señor N. Katlioff, un patriota a quien ella estimaba con todo su corazón.

Helena me escribió (y esta carta afortunadamente está fechada) un mes antes de que Katlioff falleciera, informándome que pronto él estaría enfermo y que debía morir.

En julio de 1888, mientras estaba yo en Londres, ella me sacó de una cruel incertidumbre causada por un telegrama que había interpretado erróneamente, y, después de un momento de recordarlo, me dijo todo lo que había sucedido ese mismo día en Moscú.

Foto tomada en Londres en octubre de 1888.
Arriba se encuentra Vera Vladimirovna Jelihovsky (sobrina de Blavatsky) con su esposo Charles Johnston y el Coronel Olcott. Y abajo están H.P. Blavatsky y su hermana Vera Zhelihovsky.


En la primavera de 1890, Helena y el Cuartel General de la Sociedad Teosófica en Londres, se trasladaron a una nueva casa más adecuada para alojar su aumentado estado mayor, y al llegar Blavatsky dijo:

« Desde aquí no saldré más, sino para ser transportada al crematorio. »

Y cuando se le preguntó el motivo de ese pronóstico tan lúgubre, ella pretextó que esa casa no tenía su número afortunado: le faltaba el número 7...

La salud de Helena Blavatsky seguía empeorando con el aumento constante de sus ocupaciones, ya que un grupo de ardientes teósofos que deseaban estudiar las ciencias ocultas, se había formado a su alrededor.

Y acerca de esto, ella me escribió en 1889:

« ¿Me preguntas cuáles son mis nuevas ocupaciones?

Nada más que escribir cincuenta ó más páginas todos los meses sobre mis Instrucciones Esotéricas, para mis estudiantes de ocultismo.

Nada más que estas no pueden imprimirse, por lo que cinco o seis desafortunados mártires voluntarios, entre mis generosos esoteristas, hacen 300 copias para luego mandarlas a los miembros ausentes de mi Sección Esotérica de la Logia Blavatsky.

Pero además ¡yo tengo que revisarlas y corregirlas!

Y luego están nuestras reuniones de los jueves, con las preguntas científicas de los sabios, tales como el Dr. William Bennet ó Kingsland, a quien le dio por  escribir sobre electricidad, con taquígrafos en todos los rincones, para tener la seguridad de que la menor palabra mía aparecerá en nuestra nueva publicación: “Memorias de la Logia Blavatsky”.

La cual seguramente será leída y comentada, no sólo por mis teósofos, sino también por centenares de personas predispuestas en contra mía…

Por otra part, mis discípulos de Ocultismo están muy activos y han enviado una circular al mundo teosófico diciendo:

-       "Helena Blavatsky está vieja y muy enferma; ella puede morir en cualquier día y entonces, ¿de quién aprenderíamos las cosas que ella puede enseñarnos?   Y es por eso que debemos contribuir a eternizar sus enseñanzas."

Y es así que están pagando taquígrafos é imprentas que les cuestan mucho. Y su vieja H.P. Blavatsky debe encontrar tiempo para enseñarles, aun cuando esto solo puede hacerse a costa del tiempo que antes dedicaba a escribir artículos para los periódicos extranjeros, y con los cuales me ganaba mi pan cotidiano.

¡Bueno! Simplemente tendré que modificar un poco mis costumbres y mi ropa se encontrará un poco más perforada en los codos, ¡y eso es todo!

Yo sé que a la menor palabra mía, ellos me indemnizarían gozosos, pero yo no quiero tomar un céntimo por dar esas lecciones.

-       "Que tu dinero sea tu pérdida porque pensaste en adquirir los dones de Dios por el oro."

Eso les digo a quienes creen que pueden comprar la ciencia divina de la eternidad con chelines y guineas. »



Dos años después de haberse establecido en Londres, Madame Blavatsky conoció a una mujer de conocimientos, méritos y talentos extraordinarios.

Y a continuación dejo que ella misma hable al respecto:

« Lucho más que nunca con los materialistas y los ateos, y toda la liga de los “libres pensadores” está en armas en contra mía, porque he convertido en buena teosofista al mejor de sus campeones, me refiero a Annie Besant, la célebre escritora y oradora quien fue gran amiga y la mano derecha de Bradlaugh.

Lean su profesión de fe: “Por qué me convertí en teósofa” que es una corta explicación pública que ella dio ante un inmenso auditorio en la gran reunión del Salón de la Ciencia.

El clero se ha complacido tanto con su conversión, que ahora todo es alabanzas para la Teosofía…

¡Qué noble y excelente mujer! ¡Qué corazón de oro! ¡Qué sinceridad! ¡Y mientras ella habla! Es un verdadero Demóstenes. No podemos cansarnos de escucharla.

Esto es precisamente lo que necesitábamos porque tenemos conocimiento, pero ninguno de nosotros (y especialmente yo) sabemos hablar en público. En cambio Annie Besant es una oradora innata muy talentosa.

¡Oh! Ella nunca traicionará, ni a nuestra causa, ni a mi pobre persona. »


(Desafortunadamente en este punto, Blavatsky estuvo completamente equivocada porque Annie Besant, no solo la traicionó a ella, sino que también traicionó la causa del Movimiento Teosófico, haciendo un verdadero desastre de la Sociedad Teosófica. Y esto por el simple hecho de que Annie Besant se dejó por completo manipular, primero por el brahmán ortodoxo Chakravarti, y luego por el ex-sacerdote anglicano Charles Leadbeater.


Pero eso, la hermana de Blavatsky no sabía, y es por eso que Vera escribió.)

Mi hermana tenía muy buenas razones para afirmar lo que decía, porque con la ayuda de la señora Besant, la condesa Wachtmeister, Bertram Keightley y otros así, ella ya hubiera podido descansar en paz y dedicarse tranquilamente a sus trabajos literarios, si sus días no hubiesen estado ya contados.

El invierno de 1890 fue – como todos lo sabemos – muy riguroso en Londres, y en la primavera de 1891, la gripe (ese flagelo de la humanidad con una apariencia infantil) mostrando sus garras por adelante, colaboró con el mal tiempo de la temporada y se llevó a más personas que todas las otras enfermedades.

La comunidad entera del cuartel general en Londres fue afectada durante los meses de mayo y abril. Y los miembros jóvenes se repusieron, pero Blavatsky sucumbió.

La señora Annie Besant estaba ausente porque ella había ido al Congreso que se celebraba en los Estados Unidos, como representante de la Fundadora de la Sociedad Teosófica, y Blavatsky le había encargado que hablara en su nombre a “sus conciudadanos y hermanos teósofos de América”.

Y es que no hay que olvidar que los primeros éxitos de Helena Blavatsky se hicieron en Nueva York, y la ciudad de Boston tuvo el privilegio de proporcionarle su última alegría en la Tierra. Me refiero al telegrama lleno de sentimientos de cariño y de gracias y de votos sinceros para ella, que recibió de América después de la lectura de su carta por Annie Besant. Esto le ocasionó una profunda alegría cuando ya se hallaba en cama y condenada a la muerte.

¿Condenada...?

¡No! Ella que tantas veces había desafiado a la muerte y tantas veces había engañado la sentencia de los médicos, esta vez los engañó de nuevamente, pero a la inversa. Y es que a las once de la mañana del 8 de mayo de 1891, los médicos la declararon fuera de peligro. Entonces ella se levantó y fue a sentarse a su escritorio (sin duda deseando morir en su puesto) y a las dos de la tarde cerró los ojos y “se fue”.

Un testigo que estuvo ahí escribió lo siguiente:

« Partió tan pacíficamente, que nosotros que nos encontrábamos con ella, ni siquiera notamos su último suspiro. Y una sensación suprema de paz se apoderó de todos nosotros cuando nos arrodillamos su lado, sabiendo que todo había terminado. » (10)

Máscara mortuoria de Blavatsky


Yo había visto a mi hermana por última vez en el verano de 1890. Ella acababa de establecerse en su nuevo hogar, y estaba muy ocupada y casi siempre enferma. Acababa de abrir un asilo en el East End (que es uno de los peores barrios de Londres) para las desafortunadas víctimas de los fabricantes explotadores.

“El Club de Trabajadoras” se pudo fundar gracias a un rico teósofo que deseó ocultar su nombre, y este asilo prosperó entonces bajo la protección de las damas patronas pertenecientes a la Sociedad Teosófica.

Pasamos las tardes hablando de tiempos pasados, de su querida patria, de las injusticias y calumnias de la prensa inglesa contra Rusia, y las cuales le parecieron tantos insultos hacia su propia persona. Y es verdaderamente una pena que sus compatriotas no conozcan todos sus artículos que ella escribió al respecto.

Muchos de ellos, y especialmente aquellos que se han formado una idea de ella a partir de los desvaríos o calumnias de algunos periódicos rusos, tendrían que cambiar sus opiniones sobre ella después de leer un artículo como el que se publicó en la revista Lucifer de junio de 1890, titulado: “El Foso y la Viga”.

Y el cual fue escrito en respuesta a las falsas acusaciones contra el gobierno de Rusia, lanzadas en reuniones convocadas a causa de la indignación producida por las "atrocidades rusas en Siberia", y las cuales fueron en su gran mayoría inventadas por la imaginación demasiado vívida de George Kennan.

Y algo curioso es que el último artículo escrito por ella y el cual apareció en la misma página de esa revista (y en donde se insertaba una nota precipitada informando sobre su muerte) ese último artículo se refería al Emperador de Rusia.

Y en ese artículo Blavatsky le daba a la corte de la Reina de Inglaterra el consejo de que debería seguir el buen ejemplo presentado por nuestra familia imperial, en la práctica de ciertas virtudes, y las cuales se encuentran ausentes para los que carecen de “Verdadera Nobleza”.

_ _ _

En un hermoso día de mayo, los restos de la Fundadora de la Sociedad Teosófica fueron puestos en un ataúd, completamente cubierto de flores y llevados al Crematorio de Londres.

No hubo ceremonia imponente, ni ningún luto, porque ella lo había prohibido estrictamente. Fue en la India, y especialmente en Ceilán, que la conmemoración de su muerte se celebró como un gran funeral, pero en Europa la ceremonia fue muy simple: solo se pronunciaron algunas palabras sobre aquella que creó el Movimiento Teosófico y quién fue el apóstol de la caridad para todos.

La mártir de una vida laboriosa y pura, para el bien de los demás y para el progreso del espíritu humano y especialmente del alma eterna y divina.

Luego su cuerpo desapareció en las llamas, y tres horas más tarde, las cenizas de la quien fue Helena Petrovna Blavatsky regresaron a su último hogar, para dividirse en tres partes iguales. Una fue llevada a América, cuna de la Teosofía, la segunda parte fue enviada a Adyar, para ponerla en su altar, y la tercera permaneció en la tumba de aquella que la proclamó al universo.

Eso dicen sus discípulos. Algunos de ellos quizás son demasiado fervientes, pero hay algunos que solo dicen la verdad correcta. Aquí están, por ejemplo, algunas palabras que toda persona imparcial tendrá que aprobar:

« Los amigos de Madame Blavatsky no piden que ella sea juzgada según la apreciación que prevalece actualmente. Todo lo que ellos piden es que las leyes del sentido común también se apliquen cuando las personas la juzguen a ella.

Y que por consiguiente el testimonio de aquellos que la conocieron muy bien, se considere con mayor peso que el testimonio de aquellos que no la conocieron ni a ella ni a sus obras.

Y que el balbuceo, sin ninguna prueba, de los periódicos, no tenga la misma importancia de los juicios judiciales, cuando se refiere a su persona.

Nosotros ni siquiera pedimos que sus obras sean leídas por expertos competentes. Nosotros solo aconsejaríamos (y esto por experiencia personal y no por rumores) les recomendamos a quien desea sinceramente elevar sus aspiraciones, fortalecer su energía, aclarar y desarrollar sus puntos de vista, extender su comprensión, y aumentar sus fortalezas espirituales.

A esas personas nosotros les recomendamos estudiar los libros que explican los pensamientos y que reflejan el alma de Helena Petrovna Blavatsky. » (11)

"¡Amén!'' decimos nosotros, sus parientes más próximos, a esta apreciación de uno de sus discípulos.

En cuanto a mí, aun cuando no participo exactamente de sus ideas, sin embargo me permito decir que las enseñanzas de la Teosofía no deben ser ignoradas por nuestros contemporáneos, aun cuando la Sociedad Teosófica se disolviese y no quedase ni rastro suyo como cuerpo organizado.

Sus enseñanzas ocuparán su lugar en la historia del siglo XX, aun cuando no influyan materialmente en la próxima generación (como sí lo añoran sus fieles partidarios). Y el nombre de una mujer que fue capaz de despertar un movimiento basado en ideas tan universales, no puede ser relegado por completo al olvido.


Vera P. Jelihovsky.




Notas

  1. Todos están escritos en inglés y estos son: Isis Desvelada (2 vols.), La Doctrina Secreta (2 vols.), La Clave de la Teosofía, La Voz del Silencio (traducido del sánscrito antiguo), Gemas de Oriente, Glosario Teosófico (que es un diccionario teosófico), y una serie de artículos en las revistas teosóficas (más de veinte) y no teosóficas, así como en su propia revista “Lucifer”.
  2. Jefe de las metrópolis de San Petersburgo y Novgorod, que murió hace unos días.
  3. En su último artículo "Mis libros" que apareció en la edición de mayo de la revista Lucifer, después de su muerte. La Sra. Blavatsky dice que su libro Isis Desvelada estaba mal escrito, porque no conocía bien el idioma inglés y estaba confundida por la cantidad de datos que le sugerían.
  4. Se pueden encontrar los detalles de todos estos aspectos en las memorias de los discípulos de Madame Blavatsky, en todas las revistas teosóficas y especialmente en las publicaciones de la revista Lucifer de junio, julio y agosto de 1891.
  5. La condesa de Adhemar fue más tarde directora de la revista Theosophical Review, desde donde le pidió a Blavatsky que aceptara ser el editor en jefe.
  6. En el libro del Sr. Sinnett, Incidents in the Life of Mrs H.P. Blavatsky, se puede encontrar la historia de todo este asunto, acompañada de documentos oficiales.
  7. Desde la muerte de mi hermana, se han recibido cartas idénticas en Londres en la sede de los Teósofos. La señora Annie Besant, la condesa Wachtmeister, el Sr. Judge y otros han hablado en todas las revistas teosóficas, y una de estas cartas de Mahatma Morya (el maestro de Blavatsky) le pide a sus seguidores continuar con su trabajo, lo que producido una gran sensación en el mundo teosófico.
  8. La Sra. Cooper-Oavley describe esta escena y todo lo que sigue en un artículo sobre su viaje de Londres a Madrás, en la revista Lucifer de junio de 1891.
  9. Ver artículo "En Würzburg y Ostend" por Constance Wachtmeister, en la revista Lucifer de junio de 1891.
  10. Ver el artículo "Sus últimas horas" por la Srta. Laura Cooper, en la revista Lucifer de junio de 1891.
  11. Ver el artículo de Alexander Fullerton "Tests of character" en la revista The Path de junio de 1891.




7 comentarios:

  1. Leer esta biografía me llena de confianza hacia estas enseñanzas, es difícil para mí, en esta etapa de mi vida, creer en los Mahatmas, ya que creí en ellos durante toda mi veintena y deje de crer en ellos durante toda mi trentena, ahora que estoy a punto de llegar a mi cuarentena me llegan más pruebas que nunca de su existencia, pero como mi despertar en consciencia es mayor ahora que en mi veintena, el nivel de realismo es mucho mayor, en los veinte estaba mucho más dormido que ahora, y entonces creer en la Hermandad Blanca ahora tiene un nivel de Realidad mucho más profundo, he tenido que recorrer durante la trentena varias escuelas de hinduismo, budismo y psicología humanista-transpersonal para valorar todavía más las enseñanzas de los Maestros, pero esta vez las verdaderas, ya que el hinduismo o el budismo en cualquiera de sus escuelas, para mí, no llegan al nivel de amplitud, profundidad, seriedad y sobretodo visión universal acuariana que tiene la Teosofía Original, y, al igual que en mi veintena esos Maestros eran como un viaje fantástico para mí, lleno de experiencias interiores pero todas con esa inconsciencia neptuniana en la que estaba metido, ahora me llega la versión auténica de los Maestros coincidiendo con mayor autenticidad y realismo en mis estados cotidianos de consciencia, aunque soy un principiante todavía, en todo caso, lo importante es la enseñanza, aunque reconforta saber que en el planeta Tierra viven unas personas como los Mahatmas.

    En mi veintena estuve con Conny Méndez, Movimiento Yo Soy, Puente a la Libertad, Summit University, Escuela Arcana, Vicente Beltrán Anglada, es por eso que era una versión fantasiosa de los maestros, acorde a mi estado de consciencia más fantasioso.

    En cambio ahora leo a Blavatsky directamente y a las Cartas de los Mahatmas y la fuerza que tienen no se puede comparar con las otras pseudo-enseñanzas mencionadas.

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    1. Algo parecido me pasó a mí también y esa es una de las razones por las que abrí este blog: para ahorrarle a los lectores todo ese desvío.

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  2. Me llama mucho la atención su enojo y tristeza por la muerte del zar Alejandro II, por dos motivos:

    1) Alguna vez leí, no recuerdo en qué texto (quizás dentro de algún volumen de los Collected Writings) que ella no sabía absolutamente nada de política, dado que no le interesaba en absoluto
    2) Al leer el post, se me dio por buscar la wikipedia de Alejandro II y me encontré con esto:

    "Todos los principios de libertad de pensamiento y de iniciativa privada eran, en la medida de lo posible, reprimidos enérgicamente. La censura personal y oficial era moneda corriente; las críticas a las autoridades eran consideradas como un delito grave. Esto también fue considerado como una de las razones que llevaron a su asesinato."

    No sé si será verdad, ya que siempre que se trata de este tipo de acusaciones, uno tiene que investigar mucho para llegar a una conclusión lógica y bien fundada. Pero no entiendo realmente su apasionado lamento para con su muerte... según parece, el hombre hizo más mal que bien en su labor, y su asesinato vino en consecuencia a sus actos (cosa que quizás no apruebo, pero la entiendo dado el contexto).

    ¿Será que la práctica de asesinar figuras políticas (tan antigua como el mundo) hacía tiempo que no sucedía y la impactó como a todo el mundo? ¿o realmente defendía ese supuesto "regimen monárquico"?

    Sacando eso, me parece re interesante esta entrada, no sabía que Helena tenía una hermana y me parece genial que ella haya decidido escribir esto. Hay tanta inforamción sobre Blavatsky que no me va a alcanzar la vida para leerla completamente.

    Cuando cuenta sobre el uso de poderes en público, y su repercusión negativa (creo que en la India ocurrió, está en una parte del texto), me recuerda a algo que leí de Borges en una conferencia que dio sobre Buddha, en donde citó una circunstancia que involucraba a un discipulo de Buddha, de los primeros. Este discípulo se dirigió a un pueblo e implementó sus poderes a la luz del día, y Buddha se enteró, echándolo de su sangha ya que eso estaba prohibido. No sé si aparecerá en algún sutra la anécdota, pero me pregunto si a Blavatsky no le prohibían el uso de sus poderes o facultades en momentos "profanos" por así decirlo.

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    1. Concuerdo que el Zar tuvo características muy malas y vemos que Blavatsky no quiso percibir el lado oscuro de ese personaje y esto me muestra que su patriotismo hacia la antigua Rusia le nubló su discernimiento en ese aspecto.

      En cuanto a los fenómenos que Blavatsky produjo, ella tenía demasiada veneración hacia los Maestros, por lo que no habría efectuado estos fenómenos sin la autorización de ellos. Sin embargo, los Maestros se mostraron siempre muy reticentes y solo le dieron su permiso en pocas ocasiones.

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  3. Te consulto porque en una ocasión me diste una respeta a mi comentario diciendo que la ciencia en la actualidad era materialista.

    La Sociedad Psíquica de Londres no reconoció los fenómenos ocultos para no tener discordias con la ciencia ortodoxa de Europa.

    O sea los maestros querían dar a conocer los fenómenos ocultos y demás conocimientos, pero cual era el resultado que esperaban los maestros?
    Los maestros anhelan una ciencia no materialista y si es así, puede dar algún aporte o crear una ciencia no materialista?

    no se si fui claro, pero mas que nada es saber si es posible otro tipo de ciencia...me llama la atención que ocurra en ese siglo materialismo espiritismo espiritualidad.

    Antonio Gramsci consideraba que ganar la batalla de las ideas era tan importante como controlar los medios de producción.

    la frase es si bien ideológica pero por ahí va la cosa, dominio.

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    1. Los Maestros quieren que los humanos comprendan que el universo físico es solo una parte de toda la existencia, y para eso a veces recurrieron al uso de fenómenos, pero con mucha reticencia como el Maestro Kuthumi se lo explicó al Sr. Sinnett, cuando este le pidió que efectuara algunos “milagros” para convencer al público:

      • ¿POR QUÉ A LOS MAESTROS NO LES GUSTA REALIZAR “MILAGROS”?

      http://esoterismo-guia.blogspot.com/2012/11/milagros-fenomenos-materializaciones.html

      Y vemos que Jesús hizo algo parecido, ya que efectuó algunos milagros para atraer la atención de la gente hacia su enseñanza. Pero en el caso de Blavatsky, el asunto terminó siéndoles más perjudicial que benéfico.

      Y Pastor dice que a medida que la ciencia siga avanzando en sus investigaciones, cada vez va a ir descubriendo más esta realidad que la materia solo es la parte visible de la existencia. Pero todavía falta mucho para lograr eso y mientras tanto hay que tratar que los hombres no caigan demasiado en el materialismo porque entonces generarán muchas catástrofes.

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