CARLOS CASTANEDA AFIRMÓ HABER ESTADO CONVERSADO CON UN COYOTE

 


Castaneda en su libro "Viaje a Ixtlán" mencionó que él estaba solo acampando en un monte cerca de la casa de Don Juan cuando de repente:

« Vi un coyote que cruzaba el campo en trote calmoso. Estaba cerca del sitio donde yo creía haber visto a un hombre. Recorrió unos cincuenta metros en dirección sur y luego se detuvo, dio la vuelta y empezó a caminar hacia mí.

Di unos gritos para asustarlo, pero él siguió acercándose. Tuve un momento de aprensión. Pensé que tal vez estaba rabioso y hasta se me ocurrió juntar piedras para defenderme en caso de un ataque.

Cuando el animal estuvo a tres o cuatro metros de distancia, noté que no se hallaba agitado en forma alguna; al contrario, parecía tranquilo y sin temores. Amainó su paso, deteniéndose a un metro o metro y medio de mí. Nos miramos, y el coyote se acercó más aún. Sus ojos pardos eran amistosos y límpidos.

Me senté en las rocas y el coyote se detuvo, casi tocándome. Yo estaba atónito. Jamás había visto tan de cerca a un coyote salvaje, y lo único que se me ocurrió entonces fue hablarle. Lo hice como si hablara con un perro amistoso. Y entonces me pareció que el coyote me respondía. Tuve una absoluta certeza de que había dicho algo. Me sentí confuso, pero no hubo tiempo de ponderar mis sentimientos, porque el coyote volvió a "hablar".

No era que el animal pronunciase palabras como las que suelo escuchar en voces humanas; más bien yo "sentía" que estaba hablando. Pero no era tampoco la sensación que uno tiene cuando una mascota parece comunicarse con su amo. El coyote en verdad decía algo; trasmitía un pensamiento y esa comunicación se producía a través de algo muy similar a una frase.

Yo había dicho: "¿Cómo estás, coyotito?" y creí oír que el animal respondía: "Muy bien, ¿y tú?"

Luego el coyote repitió la frase y yo me levanté de un salto. El animal no hizo un solo movimiento. Ni siquiera lo alarmó mi repentino brinco. Sus ojos seguían claros y amigables. Se echó y ladeando la cabeza, preguntó: "¿Por qué tienes miedo?"

Me senté frente a él y llevé a cabo la conversación más extraña que jamás había tenido. Finalmente, me preguntó qué hacía yo allí y le dije que había venido a "parar el mundo".

(Nota de Cid: con "parar el mundo" Castaneda se refiere a detener la manera física y usual como percibimos el mundo, para poder percibirlo en su aspecto energético.)

El coyote dijo "¡Qué bueno!" y entonces me di cuenta de que era un coyote bilingüe. Los sustantivos y verbos de sus frases eran en inglés, pero las conjunciones y exclamaciones eran en español. Cruzó por mi mente la idea de que me hallaba en presencia de un coyote chicano. Eché a reír ante lo absurdo de todo eso, y reí tanto que casi me puse histérico.

Entonces la imposibilidad de lo que estaba pasando me golpeó de lleno y mi mente se tambaleó. El coyote se incorporó y nuestros ojos se encontraron. Miré los suyos fijamente. Sentí que me jalaban, y de pronto el animal se hizo iridiscente; empezó a resplandecer. Era como si mi mente reprodujese la memoria de otro suceso que había tenido lugar diez años antes, cuando bajo la influencia del peyote, presencié la metamorfosis de un perro común en un inolvidable ser de iridiscencia.

Era como si el coyote hubiera provocado el recuerdo, y la imagen de aquel suceso anterior, invocada, se superpusiera a la forma del coyote; el coyote era un ser fluido, líquido, luminoso. Su luminosidad deslumbraba.

Quise proteger mis ojos cubriéndolos con las manos, pero no podía moverme. El ser luminoso me tocó en alguna parte indefinida de mí mismo y mi cuerpo experimentó una tibieza y un bienestar indescriptibles, tan exquisitos que el toque parecía haberme hecho estallar. Me transfiguré. No podía sentir los pies, ni las piernas, ni parte alguna de mi cuerpo, pero algo me sostenía erecto.

No tengo idea de cuánto tiempo permanecí en esa posición. Mientras tanto, el coyote luminoso y el monte donde me hallaba se disolvieron. No había ideas ni sentimientos. Todo se había desconectado y yo flotaba libremente. »
(Capítulo 18)





Poco después de la publicación de ese libro, el filósofo Sam Keen entrevistó a Castaneda, y sobre este tema Castaneda le comentó:

« Mi conversación con el coyote ilustra bien las diferentes teorías sobre la corporeidad. Cuando se me acercó, le dije:

   -   "Hola, pequeño coyote. ¿Cómo estás?".

Y él me respondió:

   -   "Estoy bien. ¿Y tú?".

No escuché las palabras de la forma habitual. Pero mi cuerpo sabía que el coyote estaba diciendo algo y lo traduje en diálogo.

Como intelectual, mi relación con el diálogo es tan profunda que mi cuerpo tradujo automáticamente en palabras la sensación de que el animal se comunicaba conmigo. Siempre vemos lo desconocido en términos de lo conocido.

Quizás podamos hablar con cualquier animal. Para Don Juan y los demás hechiceros, mi conversación con el coyote no tenía nada de raro. De hecho, me dijeron que debería haber buscado un animal más confiable como amigo, ya que los coyotes son embaucadores y no son de fiar. »






MI OPINIÓN DE ESTE EVENTO

Pudiera ser que en un estado acrecentado de conciencia si se pueda conversar con los animales, y tal vez Carlos Castaneda conversó con ese coyote (aunque da la impresión que en realidad ese coyote era otro ser que tomó la apariencia de un coyote), pero sabiendo lo mentiroso que era Castaneda, lo más probable es que él haya inventado esa historia.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario