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LA HISTORIA DE LA CADENA LUNAR SEGÚN CHARLES LEADBEATER



Charles Leadbeater por medio de su clarividencia observó la historia que se desenvolvió en la cadena planetaria lunar cuando está estuvo activa, y la narró en su libro "El Hombre, de dónde y cómo vino, ¿A dónde va?", y a continuación se las transcribo:



Tiempos primitivos de la cadena lunar

Prosiguiendo la observación de las evolucionantes conciencias que vimos como minerales en la primera cadena y como vegetales en la segunda, advertimos que la cima de la avanzante ola cuyo seno nos entraña, entra como mamíferos en la tercera cadena por su punto medio y aparece en el globo D ó Luna en la cuarta ronda.

Estos mamíferos son curiosas criaturas, pequeñas, pero sumamente activas. Los más adelantados tienen forma simiesca y dan enormes saltos. Las criaturas de la cuarta ronda presentan, por lo general, la piel primero escamosa y después parecida a la de la rana. Los tipos superiores tienen púas que forman una muy áspera y grosera piel.

El aire, enteramente distinto del de nuestra actual atmósfera, es pesado y sofocante como el grisú, pero evidentemente adecuado a los moradores de la Luna.

Las conciencias que venimos observando se infunden en los cuerpos de pequeños mamíferos, de tronco largo, extremidades cortas y configuración parecida a una mezcla de comadreja, lemuriano y perro silvestre con una cola corta, desmedrada, basta y desgarbada.

Tienen los ojos encarnados, cuya mirada atraviesa la obscuridad de sus madrigueras, y al salir de ellas se alzan sobre las patas traseras, que con la recia y corta cola forman un trípode, y refunfuñan moviendo la cabeza de uno a otro lado.

Son estos animales francamente inteligentes, y sus relaciones con los hombres, por lo menos en esta región, parecen más amistosas que las de los hombres de nuestra tierra con los animales salvajes, pues aunque aquellos no están domesticados, no huyen la presencia del hombre lunar; pero en otras regiones, donde los hombres son meros salvajes y devoran a los enemigos que caen en sus manos y a los animales cuando no disponen de carne humana, las criaturas salvajes son tímidas y esquivan la vecindad del hombre.

Tras esta primera etapa de la vida animal aparecen unas criaturas que acostumbran a vivir en los árboles y tienen las piernas doblemente articuladas y los pies almohadillados y curiosamente provistos de una especie de pulgar en ángulo recto con la pata a modo de espolón de gallo, armado de una garra curva que le sirve para sostenerse al trepar rápidamente a lo largo de las ramas, sin necesidad de valerse del resto del pie; pero cuando andan por el suelo se apoyan en las almohadillas y el espolón queda sobre el nivel del terreno sin entorpecerles los pasos.

Otros animales mucho más desarrollados e inteligentes que éstos, tienen forma simiesca y viven habitualmente en los campamentos de los hombres a quienes son muy adictos y les sirven de diversos modos. Se individualizaron en el globo D en su cuarta ronda y en los globos E, F y G desenvolvieron los cuerpos humano, emocional y mental; pero el causal, aunque ya plenamente formado, mostró muy escaso desarrollo. Dejaron la cadena lunar en el promedio de la séptima ronda, según veremos, y por lo tanto se desenvolvieron como hombres durante tres rondas de la cadena lunar.

Entre ellos, individualizados en una pequeña comunidad residente en el campo, observamos a los actuales Maestros Morya y Kuthumi que están hoy día a la cabeza de la Sociedad Teosófica y han de ser el Manú y el Bodhisattva de la sexta raza raíz de nuestra tierra en la presente cuarta ronda de la cadena terrestre.

Después de la muerte de sus últimos cuerpos en el globo D, la conciencia de los animales que vamos considerando quedó adormecida durante el resto de la cuarta ronda y en los tres primeros globos en la quinta.

Como perdieron el cuerpo emocional y el incipiente mental muy poco después de la muerte del físico, y no tenían el causal, permanecieron dormidos en una especie de cielo con placenteros sueños y sin contacto con los mundos manifestados, pues sobre el abismo entre éstos y ellos no había puente que lo salvara.

En la quinta ronda encarnaron de nuevo en cuerpos físicos de apariencia simiesca y gran tamaño, de modo que daban saltos de doce metros y se complacían en lanzarse al aire hasta tremendas alturas. En la época de la cuarta raza humana de este globo D, fueron animales domésticos y servían para guardar las propiedades de sus amos y entretener juguetonamente a los niños de las casas con mayor fidelidad que hoy los perros guardianes, pues llevaban a los chiquillos en brazos o a la espalda y sentían mucho cariño por sus humanos dueños.

Los niños les acariciaban deleitosamente la espesa y blanda piel y se gozaban en los enormes saltos de sus fieles guardianes. Una escena servirá de típico ejemplo de la individualización de estos animales.


En una choza habita un hombre lunar con su esposa e hijos a quienes posteriormente conoceremos por los nombres de Morya, Kuthumi, Gautama y Maitreya.

Algunos de los animales lunares (creaturas simiescas) viven alrededor de la choza y sirven a sus amos con adhesión de fieles mascotas y guardianas (como lo son actualmente los perros). Entre ellos están los futuros: Charles Leadbeater, Annie Besant, Jiddu Krishnamurti y Jiddu Nityananda, a quienes ya podemos dar esos nombres con objeto de designarlos, aunque todavía no son humanos.

Sus cuerpos astral y mental se han desarrollado al influjo de la humana inteligencia de sus dueños, como bajo el de la nuestra se desarrollan ahora los de los animales domésticos.

El mono Leadbeater muestra especial predilección por Kuthumi, la mona Besant por Morya, y los monos Krishnamurti y Nityananda son apasionados servidores de Gautama y Maitreya.

Una noche hubo alarma porque los salvajes cercaron la choza. Los salvajes traían consigo vigorosos y feroces animales domesticados, semejantes a peludos lagartos y cocodrilos.

Los fieles guardianes se lanzan en torno de la choza de sus amos y luchan desesperadamente para defenderla.

Sale Morya y rechaza a los asaltantes con armas de que éstos carecen; pero entretanto, uno de los lagartos se desliza a espaldas de él en la choza y arrebatando a la niña Maitreya se la lleva consigo.

El chango Leadbeater se abalanza contra el raptor, lo derriba y entrega la niña al chago Krishnamurti, quien la vuelve a dejar en la choza mientras que el chango Leadbeater continúa agarrado al lagarto y tras desesperada lucha lo mata, aunque cayendo maltrecho y perdiendo la conciencia sobre el cadáver.

Mientras esto ocurre, un salvaje se arrima por detrás de Morya y va a herirle en la espalda, pero la changa Besant se interpone de un brinco entre su dueño y el arma cuyo golpe recibe en mitad del pecho, y cae moribunda.

Los salvajes huyen entonces en todas direcciones, y como Morya se da cuenta de que alguien ha caído detrás de él, se recobra vacilantemente para volverse y reconoce a su fiel defensora sobre cuyo cuerpo se inclina y le recoge la cabeza en su regazo.

La pobre changa Besant levanta los ojos henchidos de intenso afecto hacia su amo, y cumplido el acto de servicio con apasionado anhelo de salvarle, deriva con fogosa fuerza una corriente responsiva del aspecto de Voluntad de la Mónada. En el preciso momento de morir la mona Besant se individualiza y expira volviéndose humana.


El chango Leadbeater quedó gravemente estropeado por el lagarto enemigo, pero como aún respiraba lo transportaron a la choza donde todavía vivió largo tiempo, si bien con mucha lisiadura y extrema dificultad de movimientos. Conmovedor es verle tan fielmente adicto a su ama y seguirla con la vista doquiera que ella va.

Por su parte, la niña Maitreya cuidaba cariñosamente de él, y sus otros dos compañeros, los changos Krishnamurti y Nityananda, se colocaban a su alrededor.

Poco a poco se desarrolló vigorosamente la inteligencia del chango Leadbeater, alentada por el amor, hasta que la mente ínfima logró atraer respuesta de la superior, y el cuerpo causal relampagueó en su ser poco antes de la muerte.

Los changos Krishnamurti y Nityananda le sobrevivieron por algún tiempo, siendo su principal característica la entera adhesión a los niños Gautama y Maitreya, hasta que el cuerpo emocional, movido por ese puro ardor, atrajo una respuesta del plano intuicional y también alcanzaron la individualización al morir.


Estos casos son adecuados ejemplos de los tres grandes tipos de individualización, en cada uno de los cuales el flujo descendente de la vida superior pasa a través de un aspecto del trino Espíritu: a través de la Voluntad, de la Sabiduría y de la activa Inteligencia. La Acción alcanza y atrae la Voluntad; el Amor alcanza y atrae la Sabiduría; la Mente alcanza y atrae la Inteligencia.

Estos son los tres “medios normales” de individualización. Otros hay, que luego examinaremos, reflejo de aquellos en la materia densa; pero son “medios anormales” y ocasionan mucha tristeza.

Desde ahora en adelante son ya definitivamente humanas estas conciencias que de modo especial venimos observando, y poseen los mismos cuerpos cáusales que usan todavía. Están en el globo E como seres humanos, aunque no toman parte concreta en su ordinaria vida, sino que flotan en su atmósfera como los peces en el agua, porque no están lo suficientemente avanzados para intervenir en las normales actividades de dicho globo. El nuevo cuerpo emocional en el globo E está constituido por una especie de protuberancia formada alrededor del átomo emocional permanente.

Las entidades recién individualizadas no nacen como hijos de los habitantes del globo E (que dicho sea de paso, carecen de apariencia notable), y su verdadero progreso como seres humanos no empieza hasta que de nuevo vuelven al globo D en la sexta ronda. Sin embargo, algo consolidan y mejoran el cuerpo emocional, que flota en la atmósfera del globo E, el cuerpo mental, que análogamente flota en el globo F, y el causal, que está en la misma situación en el globo G.

Este mejoramiento se manifiesta en el descenso a través de las atmósferas (te los globos A, B y C en la sexta ronda, donde la materia constitutiva de cada cuerpo es la mejor y la más coherente de su clase. Pero, según liemos dicho, el progreso efectivo lo realizan en el globo D, donde disponen una vez mas de materia física.

Entre los avanzados animales de esta quinta ronda, que viven en contacto con los primitivos seres humanos, hay algunos interesantes, porque más tarde han de infundirse conjuntamente en un tipo fundado sobre una analogía del método de individualización, es decir, que se individualizaron por uno de los “medios anormales” a que antes aludimos.

Estos animales tratan de remedar a los seres humanos con quienes conviven, a fin de adquirir fama de superioridad entre los demás animales de su especie, en cuya presencia se contonean rebosantes de vanidad y ostentación. Tienen también figura simiesca muy parecida a la de los anteriormente observados, pero con mayor astucia é imaginación, o por lo menos facultad imitativa, y se divierten fingiéndose hombres, como los chiquillos juegan a personas mayores.

Esta intensa vanidad los individualiza, pues estimula en grado normal la facultad imitativa y determina un vehemente sentimiento de separación, vigorizando el incipiente yo del animal, hasta que el esfuerzo para distinguirse de los demás atrae una respuesta de los niveles superiores y queda constituido el Ego.

Pero este esfuerzo por aventajar a sus compañeros, sin admiración ni amor hacia nadie superior a ellos, los realza de modo que tan sólo pueden mirar abajo, sin transmutar las pasiones animales en emociones humanas ni poner los fundamentos para el ulterior y armónico desenvolvimiento de las naturalezas emocional e intelectual.

Los animales así humanizados son independientes, egoístas, presumidos y cada cual piensa únicamente en si mismo, sin parar mientes en la cooperativa misión para un común propósito.

Al morir, después de individualizados, quedan adormecidos durante el intervalo entre la muerte y el renacimiento en el globo D, en la sexta ronda, análogamente a los ya descritos animales individualizados, pero con la diferencia, importantísima por lo referente al desenvolvimiento, de que, en los casos más atrás expuestos, los nuevos seres humanos tenían la mente enfocada con amor en sus adorados poseedores del globo D, y por ello fortalecieron mejoradamente sus emociones, mientras que los individualizados por vanidad convirtieron sus mentes tan sólo hacia si mismos y sus propias excelencias, por lo que no hubo en ellos emocional desenvolvimiento del amor.

Otro grupo de animales se individualizan por admiración hacia los seres humanos con quienes se ponen en contacto, y también tratan de imitarlos, no por ansia de sobreponerse a sus compañeros, sino porque reconocen la superioridad de los hombres y anhelan parecérseles. Aunque, no sienten vivo amor por ellos ni deseo de servirles, anhelan en cambio recibir sus enseñanzas y les obedecen fácilmente a causa de la admiración que como a seres superiores les profesan.

Sus amos les adiestran primero en juguetonas tretas y después les acostumbran a prestar menudos servicios, con lo que se les despierta el sentido de cooperación con sus dueños, a quienes procuran complacer y recibir su aprobación, no precisamente por el cuidado en que les tienen, sino porque esta aprobación les aproxima a los seres superiores y les permite cooperar con ellos.

Cuando se individualizan a favor del desarrollo de la inteligencia, el intelecto se disciplina fácilmente y muy luego está dispuesto a la cooperación y a echar de ver las ventajas del esfuerzo unido y la necesidad de la obediencia. Llevan entonces a su interválica existencia el sentimiento de la comunidad de labor, y gustosamente se someten a dirección con mucha ventaja para ellos en el porvenir.

Otro tipo se desenvuelve bajo una menos afortunada modalidad, ésta es, la de la mente aguzada y despierta por el temor. Los animales perseguidos por los cazadores o sujetos al dominio de hombres salvajes que suelen tratarlos cruelmente, pueden individualizarse por los esfuerzos en escapar de este cruel trato y por las arterias de que se han de valer para eludir la persecución de los cazadores.

As! desarrollan la astucia, la picardía y otras cualidades análogas, que engendran en ellos una contrahecha ingenuidad alimentada por el miedo, con gran parte de recelo, desconfianza y ansia de vengarse. Luego de así vigorizada la mente hasta cierto grado en contacto con el hombre, aunque por los más inconvenientes medios, sobreviene la individualización.

Observamos cierta vez que un animal, a quien le mataron su pareja, se individualizó por el efecto del pasional arrebato de odio y venganza a que le movió la pérdida.

En otro caso, otro animal parecido al lince se individualizó por el vehementísimo deseo de ocasionar pena, como si cediera a un sentimiento de dominio sobre los demás; pero también, en este caso, derivó el estimulo de la maligna influencia y pernicioso ejemplo del hombre.

El largo intervalo entre la individualización y el renacimiento está ocupado, en este caso, por sueños de afortunadas fugas y escapatorias, de traicioneras venganzas y de crueldades infligidas a quienes les oprimieron durante su última vida animal. Responsable de tan infeliz resultado es el hombre que lo causó y le ha de ligar en futuras vidas. No será despropósito diputar todas estas individualizaciones por prematuras, es decir, que “tomaron demasiado pronto la forma humana.”

Volveremos a encontrar estos tipos en la sexta ronda, elaborando su nueva humanidad según los procedimientos determinados por su respectivo orden de individualización. Parece como si tan sólo pertenecieran al esquema evolutivo los tres métodos de individualización determinados por el flujo descendente de lo alto, y que el forzado arranque de abajo arriba proviene de las injusticias del hombre.

Antes de seguir a estas individualizadas entidades y a nuestros amigos del tipo contrario en sus vidas sobre el globo D durante la sexta ronda, podemos dar una ojeada alas más adelantadas civilizaciones de las ciudades de la cadena lunar en la quinta ronda. Había diseminadas por el globo muchas comunidades, cuyo género de vida era claramente primitivo.

Algunos, como los de la choza antes mencionada, aunque de condición apacible y poco desarrollados, luchaban esforzadamente cuando se veían atacados; pero otros, de condición salvaje y quimerista, andaban continuamente en guerra sin más motivo que el gusto cruel de verter sangre.

Aparte de estas diversas comunidades, grandes unas, pequeñas otras, tales nómadas, cuáles sedentarias y pastorales, había gentes mucho más civilizadas que vivían en ciudades, se empleaban en el comercio y estaban reguladas por gobiernos establecidos, aunque sin llegar a constituir lo que nosotros llamamos nación, pues una ciudad, con su considerable y a veces muy vasto contorno, por el que se desparramaban las aldeas, formaba un Estado independiente que se federaba circunstancial y temporáneamente con los vecinos para su mutua defensa, comercio, etc.

Un ejemplo servirá de ilustración. Cerca de la zona correspondiente al Ecuador observamos una gran ciudad, parecida más bien a un cementerio, con una vasta extensión de tierras de cultivo a su alrededor.

Esta ciudad se encuentra dividida en barrios, según las categorías de sus habitantes. Las gentes pobres viven extramuros durante el día, y por la noche o cuando llueve, se aglomeran bajo techumbres planas semejantes a las de los dólmenes, que conducen a unas cavidades o cámaras oblongas abiertas en la roca, con apariencias de subterráneas madrigueras relacionadas unas con otras en toda la extensión de un largo camino a manera de regular laberinto.

La puerta de entrada consiste en una enorme losa de piedra apoyada sobre pequeños pilares. Dichas cámaras, que se cuentan por miles, están contiguamente alineadas a ambos lados de una calle circular que forma el recinto externo de la ciudad.

Las clases acomodadas víven en, casas de cúpula, construidas en dicho recinto, pero a superior nivel, con una amplia terraza delantera y alineadas en circuito exactamente superpuesto a la calle de debajo. Las cúpulas están sostenidas por cortos y recios pilares de superficie enteramente esculpida, cuya labor denota muy adelantada civilización. Multitud de estas cúpulas aparecen unidas por el borde inferior y forman una especie de ciudad comunal dispuesta en circuito con otra terraza circular sobre su borde interno:

El centro es la parte más elevada de la ciudad y allí son de mayor altura las casas, con tres cúpulas una sobre otra. La casa central tiene cinco cúpulas superpuestas de modo que cada una de ellas es menor que la de debajo. A las cúpulas superiores se sube por peldaños dispuestos en el interior de uno de los pilares empotrados en el suelo que rodean el pilar central. Parece como si estos pilares hubiesen sido labrados de un mamelón de roca viva.

En las cúpulas superiores no hay aberturas para la luz ni el aire y la de encima de todas tiene pendiente del centro una especie de hamaca. Es el oratorio, pues según indicios el orante no debe tocar al suelo mientras ora.

Esta es sin duda alguna la más adelantada humanidad de la Luna, que con el tiempo fueron los Señores de la Luna por haber alcanzado el nivel de Arhat, meta señalada para la evolución lunar.

Ya están civilizados y observamos entre ellos a un niño que en su aposento escribe con caracteres completamente desconocidos de nosotros.

Los hombres lunares que en la quinta ronda de aquella cadena entraron en el Sendero, estuvieron en contacto con un grupo superior de Seres que formaban la Jerarquía de aquel tiempo, pues hablan venido de la segunda cadena para auxiliar la evolución de la tercera.

Vivían estos Seres en una elevadísima é inasequible montaña, pero reconocieron su presencia los que estaban en el Sendero y por lo general creyeron en ella los hombres más inteligentes de la época.

Sus discípulos se reunían con Ellos al desprenderse del cuerpo físico y de cuando en cuando bajaba uno de estos Seres al llano para residir temporalmente entre los hombres.

Los moradores de la antes descrita casa central de la ciudad estaban relacionados con Ellos (de quienes recibían instrucciones en los asuntos de grave importancia.






La sexta ronda de la cadena lunar

Volvemos a la Luna (Globo D), ya en la sexta ronda, donde nuestros individualizados animales han nacido como hombres de simple y primitivo, pero no de salvaje y brutal tipo.

No son hermosos en el concepto que tenemos hoy de la hermosura, pues tienen el cabello áspero, los labios gruesos, nariz aplanada y ancha en la base. Habitan en una isla dónde escasea el alimento, y así vemos que en su primera vida completamente humana aparece la humana lunar primitiva Annie Besant en escena empeñada en vigorosa lucha con otro salvaje que le disputa el cadáver de un animal en extremo repugnante.

No parecen muy frecuentes las peleas entre los isleños, pues sólo sobrevienen por escasez de alimento; pero han de rechazar de cuando en cuando a los invasores procedentes de tierra firme, donde los salvajes son brutalmente caníbales, de cruel fiereza y muy temidos de los apacibles isleños.

Tan molestos vecinos atraviesan el estrecho en unas a modo de primitivas almadías, e invaden la isla destruyendo cuanto encuentran a su paso. Los isleños les diputan por demonios, aunque luchan denodadamente contra ellos en defensa propia y matan a cuantos en sus manos caen; pero no los torturan vivos ni se los comen después de muertos, como hacen los salvajes de tierra firme con sus prisioneros.

Estos salvajes son los que se individualizaron por temor en la quinta ronda, y entre ellos descubrimos a Escorpión, cuyo odio a Annie Besant, tan intenso en futuras vidas, pudo arrancar de aquí, pues en aquella incipiente humanidad les vemos en tribus hostiles, peleando furiosamente uno con otro.

En la segunda vida de Annie Besant en aquella comunidad, acaudilló Escorpión el ataque a una de las tribus de la isla que luego mencionaremos, y Annie Besant iba en una partida de salvamento que acometió a los salvajes cuando ya regresaban a su país y los desbarató por completo salvando a un prisionero herido, de raza superior, al que reservaban para torturarlo.

Por la misma época descubrimos entre los isleños a Leadbeater, Krishnamurti y Nityananda, sin que los ligue especial parentesco, pues la vida es allí común y las gentes andan en promiscuidad que sobrepuja las relaciones establecidas por la atracción personal creada en cualquier vida.

Los intervalos entre la muerte y el renacimiento son muy cortos, unos cuantos años a lo sumo, y nuestros salvajes renacen en la misma comunidad. En la segunda vida ya denotan algún progreso, porque reciben externo auxilio que apresura su evolución.

Desembarca en la isla un extranjero, un hombre de tipo muy superior de delicada complexión y azul más claro y brillante que el sucio moreno de los isleños, quienes lo rodearon con mucha curiosidad y admiración. Viene a civilizar a los dóciles y adoctrinables isleños, con propósito de incorporarlos al imperio cuya, capital es la ciudad de donde viene.

Comienza por causarles sorpresa, llena de agua un cuenco fabricado con la cáscara de una fruta y echa en él una bolita a manera de semilla que saca del bolsillo. Toma lumbre y enciende unas cuantas hojas secas que arden en relumbrante hoguera. Es el primer fuego que ven los salvajes, quienes huyen velozmente y trepan a los árboles desde donde miran con aterrorizados ojos a tan extraña y deslumbrante criatura.

El extranjero les hace sucesivas demostraciones de cariño y ellos se van acercando tímidamente hasta que al ver que nada de malo les ocurre y que el fuego es agradable por la noche, diputan al recién venido por un dios y le tributan adoración, así como también al fuego. Establecida de esta suerte su influencia, les enseña después a cultivar la tierra y plantar un vegetal parecido al cactus, pero de hojas encarnadas, que produce tubérculos subterráneos, algo semejantes a yemas.

El instructor raja los gruesos vástagos y las hojas, los seca al sol y les enseña a confeccionar con ello una especie de sopa espesa. La medula de los vástagos es un poco parecida al polvo nutritivo de mavanta, y el jugo que de ella se extrae al exprimirla da un azúcar dulce aunque basto.

Annie Besant y Leadbeater son íntimos amigos y a su tosca e ignorante manera discuten los procedimientos empleados por el extranjero y ambos sienten mucha inclinación hacia él.

Entretanto, una partida de salvajes de tierra firme había atacado a una tribu residente a cierta distancia del campamento de nuestra tribu, matando a la mayor parte de los hombres, a las mujeres viejas y llevándose prisioneros a unos cuantos varones con todas las muchachas casaderas y los niños.

A estos últimos se los llevaron como hubieran podido llevarse animales de carne exquisitamente sabrosa. Un herido fugitivo llegó al poblado con la noticia, implorando un contingente de guerreros para rescatar a los infortunados cautivos.

Salió entonces Annie Besant al frente de una expedición, dispuesta a la pelea, y cayendo sobre los salvajes mientras estaban regalándose con el botín, exterminó a toda la banda, librándose tan sólo Escorpión por hallarse ausente.

Los vencedores encontraron en una choza a un hombre herido, cuya tez denotaba que pertenecía a la misma raza del extranjero desembarcado en la isla, y seguramente lo destinaban al tormento para regodearse después con sus despojos.

Lo acomodaron sobre una litera de entrecruzadas lanzas, si cabe dar este nombre a unos muy puntiagudos palitroques, y se lo llevaron a la isla con dos ó tres cautivos rescatados ,y la joven, que aún conservaba la vida.

Aunque el estado del herido era grave, exhaló un grito de gozo al llegar a la isla y reconocer en el extranjero a un muy estimado amigo de su misma ciudad, por lo que le dejaron en la choza de éste, donde permaneció hasta recobrarse.

Refirió entonces cómo le hablan enviado a exterminar a los salvajes en las costas de tierra firme, pero que la suerte falló de modo que los salvajes cercaron y aniquilaron a su ejército, cayendo prisionero él con algunos oficiales y soldados.

A todos les condenaron a muerte entre horribles tormentos, pero a él le perdonaron la vida por algún tiempo para que cobrase fuerzas, pues estaba demasiado débil y no hubieran podido gozarse en su tormento.

Esto había determinado su salvación, Annie Besant le cuidó a su ruda manera, con fidelidad de perro, y se estaba las horas muertas escuchando cómo los dos amigos (Morya y Kuthumi) platicaban en idioma para ella del todo extraño.

Kuthumi sabia algo de medicina y su amigo adelantó rápidamente en la curación bajo su cuidado, de suerte que sanó de las heridas y recobró las perdidas fuerzas.

Gracias a la influencia de Kuthumi se civilizaron algún tanto aquellas gentes, y cuando Morya se puso bueno quiso restituirse a la ciudad, mientras que Kuthumi resolvió permanecer por más tiempo en esa tribu a que aleccionaba.

Se organizó una expedición para acompañar a Morya a través del peligroso círculo habitado por los salvajes antropófagos, y una escolta destacada al efecto le protegió hasta entrar en la ciudad.

Annie Besant insistió en acompañarle como sirvienta ya que de ningún modo quiso separarse de él. Mucho alborozo hubo en la ciudad por el regreso de Morya, pues los vecinos le creían muerto, y las noticias que trajo del aniquilamiento del ejército y de su penosa salvación excitaron los ánimos hasta el punto de preparar sin tardanza otra expedición.

La ciudad estaba notablemente civilizada y tenía grandes y hermosos edificios en los barrios principales, con inmenso número de tiendas. Veíanse muchos animales domésticos, algunos de ellos destinados a tiro y montura. Comerciaban los habitantes con otras ciudades, y un sistema de canales la comunicaban con las más distantes.

Distribuíase la ciudad en barrios respectivamente habitados por las diferentes clases sociales. Las gentes del barrio céntrico eran de más elevada estatura y tez azulada, y el gobernador y su corte se relacionaban con un grupo de hombres residentes en cierta comarca inaccesible.

Estos hombres, algunos de los cuales serán más tarde los Señores de la Luna, eran a su vez discípulos de otros Seres todavía más excelsos que procedían de otra esfera. Parte de la humanidad lunar transpuso la iniciación arhática, y los más adelantados de ellos pertenecían evidentemente a una humanidad que había alcanzado mucho mayor nivel.

De estos recibió el gobernador de la ciudad (capital de un vasto imperio) la orden de exterminar a los salvajes de las costas continentales. La expedición, de abrumadora fuerza, iba mandada por Viráj (cuyo aspecto era muy parecido al de un indio norteamericano) con Morya a sus órdenes.

Contra fuerzas tan poderosas no tenían probabilidad alguna de prevalecer los mal armados e indisciplinados salvajes, cuya aniquilación fue completa. De nuevo estuvo Escorpión al frente de una partida del ejército salvaje, y tanto él como los suyos lucharon desesperadamente hasta el último extremo.

Annie Besant siguió a Morya en calidad de criada y peleó a sus órdenes, y cuando terminada la guerra resolvieron los jefes transportar al continente a los dóciles salvajes de la isla e incorporarlos al imperio en concepto de colonia, volvieron a encontrarse Leadbeater y Annie Besant con mutuo deleite, tan intenso en proporción a su inferior capacidad, como el profundo júbilo de Morya y Kuthumi en su nivel superior.

Kuthumi condujo a su pueblo al continente, y luego de establecerlos allí para cultivar la tierra, regresó a la ciudad con Morya.

Entonces Annie Besant persuadió a Leadbeater (quien no era ciertamente afortunado) a que les acompañase, y de esta suerte fueron vecinos de la ciudad, donde vivieron hasta muy avanzada vejez, en extremo adictos a sus respectivos dueños a quienes miraban como a divinidades, es decir, como si perteneciesen a una divina y omnipotente raza.

Aunque el exterminio de los salvajes se llevó a cabo en obediencia a una orden que nadie hubiera osado rechazar, lo tuvieron los soldados y aun muchos oficiales por parte de un plan de conquista con propósito de dilatar los limites del imperio, y como aquellas tribus se interponían en el camino, fue preciso deshacerse de ellas.

Pero desde el superior punto de vista, se había llegado a una etapa más allá de la cual era imposible que aquellos salvajes adelantasen en la cadena lunar y por lo tanto ya no convenían cuerpos adecuados a su inferior- etapa evolutiva. De aquí que al morir no renacieran sino que pasaran a condición de sueño.

Otros muchos cuerpos de análoga inferioridad de tipo fueron aniquilados por catástrofes sísmicas que despoblaron comarcas enteras, y as! disminuyó considerablemente la población del globo lunar.

Aquella época fue el “día del juicio” para la cadena lunar, la separación entre los capaces y los incapaces de ulterior progresó en dicha cadena, y desde aquel punto todo se orientó en el sentido de acelerar cuanto fuere posible la evolución de los remanentes, quienes de este modo se prepararon para evolucionar en otra cadena.

Conviene advertir que a la sazón duraba el ario poco más o menos lo mismo que ahora y la relación entre el globo y el sol era análoga, aunque difería con respecto a las constelaciones.

Toda la tribu parcialmente civilizada por Kuthumi se salvó de la eliminación, así como Annie Besant y Leadbeater con los domésticos y dependientes de Morya y Kuthumi que vivían en la ciudad y traspasaron la línea divisoria por virtud de su adhesión a sus respectivos dueños.

(En casa de Morya estaban: Annie Besant, Subba Row, Julio César, Blavatsky, S. Maud Sharpe, la Sra. Bright, Marjorie Tuttle, Charles Bradlaugh, Theodore Roosevelt, Henry Olcott y el Conde Bubna Licics.

y en la casa de Kuthumi vivían: Leadbeater, Krishnamurti, Nityananda., "Orión", Shiva Rao, W.H. Kirby, María Luisa Kirby, Damodar, Weller Van Hook, Fabricio Ruspoli, Alfred Sinnett y Scott Elliott.)

Contrajeron matrimonio (si este nombre cabe dar a las libres concesiones de aquel tiempo) con mujeres de clase baja, y encarnación tras encarnación pertenecieron a las ínfimas capas del más civilizado pueblo de la época, con escaso progreso, pues la inteligencia era muy pobre y el desarrollo muy lento.

En una de sus vidas fue Leadbeater un menudo comerciante cuya tienda consistía en un agujero de diez pies cuadrados donde vendía objetos de diversas clases.

Doce vidas más adelante fue Annie Besant una labriega lo bastante adelantada para cocer las ratas y otros comestibles en vez de comérselos crudos. Tenía varios hermanos (Maud Shape, la Sra. Bright, Marjorie Tuttle y Charles Bradlaugh) que al propio tiempo le servían de maridos. Las mujeres escaseaban por entonces y era muy frecuente la poliandria.

Muchas existencias más tarde fue, ya visible el adelanto. Los individuos del grupo antes mencionado dejaron de ser tan primitivos y ya tenían tras si a otros, aunque únicamente eran a la sazón modestos labriegos, tenderos y colonos, sin pasar mucho más allá de esta condición en la Luna.

En una vida que nos llamó la atención por lo curioso de los procedimientos agrícolas, Leadbeater era la esposa de un exiguo hacendado con gentes a su servicio.

La cosecha era una verdadera pesadilla, porque la mayor parte de la vegetación pertenecía a la hoy llamada familia de los hongos, si bien monstruosos y gigantescos.

Había árboles que en un año alcanzaban mucha altura y eran semi-animales, pues las ramas cortadas se enroscaban como culebras en torno del tronco de sustentación, contrayéndose al morir.

La savia, roja cual sangre, brotaba de los cortes del tronco y la contextura del árbol era carnosa, así como carnívora su alimentación, pues durante el crecimiento prendía al animal que lo tocaba enroscándole sus ramas como tentáculos de un octopo y lo chupaba hasta dejarlo seco.

La cosecha de esta plantación se tenía por muy peligrosa y únicamente hombres robustos y hábiles tomaban parte en ella. Al abatir el árbol y mondar las ramas, esperaban los cosecheros a que murieran, y cuando cesaba todo movimiento arrancaban la corteza para fabricar una especie de cuero, y luego de cocida la carne vegetal les servia de alimento.

Muchos de los cultivos a que debemos llamar plantas eran medio animales y medio vegetales. Uno de ellos tenía por remate una a modo de amplia sombrilla con una hendidura central cuyas dos mitades armadas de dientes podían abrirse e inclinarse hacia el suelo para prender entre ellas con movimiento de cierre a cualquier animal que las rozara.

En aquel punto se enderezaba el encorvado tronco y las cerradas mandíbulas formaban de nuevo la sombrilla en cuyo interior quedaba el animal chupado lentamente. Abatían estos árboles mientras tenia erguidas y cerradas las mandíbulas, y la habilidad de la operación estribaba en esquivar dé un salto el alcance de la sombrilla que se encorvaba para prender al agresor.

Los insectos eran de gigantesco tamaño y servían de frecuente alimento a los árboles carnívoros. Algunos insectos medían sesenta centímetros de longitud y por su muy formidable aspecto despertaban profundo temor en los habitantes humanos.

Las casas eran de construcción cuadrangular con vastas solanas en su recinto, cubiertas de recias redes, y en las estaciones del ario en que pululaban los insectos monstruosos no se les permitía a los niños salir a la solana.

La mayoría de entidades individualizadas por vanidad en la quinta ronda nacieron en las ciudades, y vida tras vida se atrajeron mutuamente por afinidad de gustos y menosprecio a los demás, aunque su dominante idiosincrasia de vanidad suscitó entre ellos frecuentes querellas y repetidas rupturas.

Se intensificó extremadamente la separatividad y al vigorizarse de viciosa manera el cuerpo mental, formó como una concha que les separaba del resto de las gentes. Según fueron reprimiendo las pasiones animales; decreció la potencia del cuerpo emocional, porque estas pasiones quedaron acalladas a consecuencia de un duro y frío ascetismo, en vez de transmutarlas en emociones humanas.

As!, por ejemplo, la pasión sexual se aniquiló en vez de convertirse en amor, dando por resultado que vida tras vida fue debilitándose el sentimiento, y el organismo físico propendió a la asexualidad, mientras que fomentaban el individualismo hasta el extremo de conducirles a continuas y alborotadas pendencias.

Constituyeron comunidades que se desunían al poco tiempo porque nadie gustaban de obedecer y todos querían mandar. Gentes de mayor cultura intentaron darles auxiliadora guía; pero esto ocasionó una explosión de recelo y rencor porque lo achacaron a propósitos de dominarlos y reducirlos.

El orgullo se intensificó más y más, de suerte que llegaron a ser fríos calculadores sin piedad ni remordimiento. Cuando el flujo de vida ascendió al quinto globo (de materia emocional) permanecieron algún tiempo en actividad y el cuerpo emocional fue debilitándose hasta la atrofia, al paso que en el sexto globo se endureció el cuerpo mental con pérdida de su plasticidad, produciendo un curioso pero repulsivo efecto de truncamiento, algo parecido al de un hombre que hubiese perdido las piernas de rodilla abajo y se cosiera, los pantalones sobre las trancas.

Los del tipo individualizado por admiración en la precedente ronda eran dóciles y adoctrinables y también por su mayor parte renacieron en las ciudades, donde al principio formaron la clase de trabajadores idóneos que a través de las capas inferiores de la, clase media alcanzaron la superior con muy notable desarrollo de su inteligencia.

Estuvieron libres del desmesurado orgullo del tipo anterior, cuyas auras tenían esta pasión de anaranjado intenso y mostrábase en cambio un claro y brillante matiz amarillo de oro. No carecían de emociones, pero eran éstas de índole más bien egoísta que amorosa, aunque les movían a la cooperación entre si y a obedecer a los superiores en sabiduría.

Claramente velan que la cooperación les era más provechosa que la lucha y así se concertaban cooperativamente en provecho propio más bien que con deseo de difundir la felicidad entre los demás. Eran mucho más inteligentes que los individuos a quienes hemos ido especialmente siguiendo y su método y disciplina apresuraron su evolución.

Sin embargo, pareció como si hubiesen desenvuelto en su cuerpo mental (por clara percepción de lo más conveniente a su propio provecho) las cualidades radicantes en el cuerpo emocional y en él plantadas por el amor y nutridas por la devoción. De aquí que el cuerpo emocional se desenvolviera insuficientemente, aunque sin atrofiarse como en el tipo antes mencionado. Tampoco les aprovechó gran cosa su estancia en el globo E, mientras que mejoraron considerablemente su cuerpo mental en el globo F.

Los globos E, F y G fueron muy provechosos para los grupos de egos que se habían individualizado por uno cualquiera de los tres “procedimientos rectos”, y por lo tanto, se desenvolvieron armónica y no unilateralmente como les sucedió a los individualizados según los “procedimientos viciosos”, por lo que a la inteligencia se refería; pero con todo, estos egos se verán precisados más tarde a desarrollar las emociones que primitivamente negligenciaron o reprimieron.

A lo largo del camino todas las potencialidades han de ser completamente desarrolladas, y al contemplar el enorme curse evolutivo desde la nesciencia a la omnisciencia ,el procedimiento de progreso en determinada etapa pierde la inmensa importancia que parece tener cuando lo mirarnos a través de la niebla de nuestra ignorancia y limitado punto de vista.

Según fueron poniéndose uno tras otro en actividad los tres globos del arco ascendente de la sexta ronda, progresaron mucho en sus cuerpos emocional y mental los egos más adelantados.

Como quiera que únicamente se revistieron de ellos quienes habían transpuesto el crítico período del “día del Juicio” en la cadena lunar, no hubo rezagados que entorpecieran la evolución y el desarrollo fue constante y más rápido que antes.

Al terminar la sexta ronda, comenzaron los preparativos para las excepcionales condiciones de la séptima y última, durante la cual todos los Habitantes y gran parte de la esencia de la cadena lunar se transfirieron a su inmediata sucesora en la que nuestra Tierra es el cuarto y central globo.






La séptima ronda de la cadena lunar

La séptima ronda de una cadena difiere de las rondas precedentes en que sus globos van pasando uno tras otro a la quietud, en vías de desintegración a medida que por última vez los dejan sus habitantes.

Al llegar el tiempo de esta postrera partida de cada globo, cuantos de sus habitantes son capaces de ulterior evolución en la cadena pasan al globo inmediato, como en las primeras rondas, mientras que aquellos a quienes no les convienen ¡as condiciones de los demás globos, salen de la cadena al salir del globo y permanecen en un estado que luego describiremos, en expectación de renacimiento en la` próxima cadena.

Así, la corriente de salida de cada globo en esta ronda (prescindiendo de los que han alcanzado el nivel de Arhat), se bifurca de modo que unos van como de ordinario al globo sucesivamente inmediato, mientras que otros se embarcan para navegar en un océano cuya lejana orilla es la cadena siguiente.

Normalmente no queda el hombre en libertad de dejar la cadena (a menos que temporáneamente fracase) Basta alcanzar el nivel señalado para la humanidad evolucionada en la misma cadena.

En la lunar, según ya dijimos, fue este nivel equivalente al que ahora llamamos de la cuarta iniciación ó sea el de Arhat. Pero con mucha sorpresa vemos que, en la séptima ronda, parten grupos de emigrantes de los globos A B y C, mientras que el grueso de la población del globo D deja definitivamente la cadena lunar cuando la oleada de vida sale de este globo para envolver progresivamente el globo E.

Tan sólo un número relativamente exiguo queda atrás para proseguir su evolución en los tres globos restantes, y aun de este número salen algunos definitivamente de la cadena, según cada globo va cayendo en inactividad.
Parece que en toda séptima ronda, el poderoso Ser llamado “Manú- Simiente de una cadena” torna a Su cargo la humanidad y las formas inferiores de los seres vivientes que allí han evolucionado.

El Manú-Simiente de una cadena reúne en Si, acopia en Su potente y dilatada aura los frutos de la evolución en la cadena, transportándolos a una esfera intercatenaria, el nirvana para los habitantes de la muerta cadena, y los nutre en Si mismo hasta que a su debido tiempo los transmite al Manú-Raíz de la siguiente cadena, quien de acuerdo con el plan del Manú-Simiente señala el tiempo y lugar del ingreso en Su reino.

Parece que el Manú-Simiente de la cadena lunar trazó un vasto plan según el cual agrupó las criaturas lunares dividiéndolas después de su última, muerte en clases, subclases y resubclases, de conformidad con un definido medio que sin duda fue cierto linaje de magnetización, por cuyo efecto estableció particulares tonalidades vibratorias, y los seres capaces de actuar

mejor en determinada tonalidad formaron un mismo grupo. Procedió de esta suerte cuando, como en el globo D, hubo de intervenir con enormes multitudes.

Estos grupos se formaron automáticamente en el mundo celeste del globo D como en un disco vibrante se forman las figuras al impulso de una nota musical; pero en los tres primeros globos de la cadena aparecieron ajustes de más fácil distinción y las entidades fueron expedidas por un oficial superior que evidentemente obedecía a un plan fijo. Ayudaron al Manú-Simiente en Su gigantesca labor varios Seres principales que ejecutaban Sus órdenes, y el vasto plan se llevó a cabo con orden y exactitud indeciblemente maravillosos.

Entre otros pormenores observamos que el Manú-Simiente eligió por oficiales de la cadena siguiente a los que en el largo curso de la evolución hablan de colocarse al frente de sus compañeros y ser Maestros, Manús y Bodhisattvas en las varias rondas y razas. Evidentemente escogió muchos más de los que necesitaba, así como un jardinero escoge para los cultivos especiales diversidad de plantas, entre las cuales efectúa más tarde otra selección. La mayor parte, sino todos los elegidos, lo fueron en el globo D, y ya volveremos a hablar de esta elección cuando lleguemos a dicho mundo. Entretanto, consideraremos los globos A, B y C.

En el globo A de la cadena lunar vemos que una parte de la humanidad no pasa al globo B, sino que está compelida a salir de la cadena porque no le es posible progresar más en ella. El oficial superior que tenia a su cargo el globo, no fue capaz de desarrollar a algunos de sus habitantes según El deseaba, por haber encontrado sus materiales humanos en demasía rígidos para evolucionar ulteriormente, y en consecuencia, los expidió al terminar la vida del globo.

Este cargamento de chalupa (lo llamamos así porque no era muy numeroso) comprendía a nuestros amigos de aura anaranjada, que habían desarrollado su cuerpo mental hasta un punto más allá del que no podían ya desarrollarlo en la Cadena lunar, so pena de caer en malignidad. Por lo tanto, hubieron de encerrarse en su concha mental y extenuar de tal suerte los gérmenes de su cuerpo emocional, que con seguridad no pudieron descender de grado, y por otra parte eran sobradamente orgullosos para desearlo.

El cuerpo causal es en ellos una rígida envoltura, pero no una firma elástica y viviente, por lo que de permitirles pasar al globo B se les hubiera endurecido nocivamente el mental inferior. Son muy manosos aunque en extremo egoístas y se han incapacitado temporáneamente para todo progreso normal, de suerte que les seria dañino el que hicieran.

El oficial está muy a las claras descontento de estas entidades y lo mejor que por ellos puede hacer es expedirlos. Al mirar más hacia adelante vemos que algunos de ellos han de ser entre los atlantes los “Señores de la sombría Faz”, los “Sacerdotes del culto tenebroso”, los enemigos del “Emperador blanco”, etc. Entretanto, permanecieron en la esfera intercatenaria tan egoístas como siempre.

El otro grupo de entidades antes mencionado, cuyas auras matizaba el amarillo dorado de la inteligencia disciplinada, pasaron al globo B con el resto de los habitantes de la cadena, incluyendo entre ellos algunos que en el globo A hablan alcanzado el nivel de Arhat y llegaron al adoptado en el globo B, en donde el grupo de aura dorada fue expedido porque tampoco tenia en su

aspecto emocional el suficiente desarrollo para formar un cuerpo emocional a propósito para su evolución en el globo C. Su voluntariosa obediencia les preparaba un porvenir mucho más hermoso que el de las entidades anaranjadas y los volveremos a encontrar en la Atlántida como sacerdotes de los templos blancos, que poco a poco iban formándose cuerpos emocionales de ventajoso tipo.

Las dos humanas expediciones se incorporan a la evolución terrestre en la cuarta ronda, pues estaban demasiado adelantados para tomar parte en las primeras etapas Parece que es requisito indispensable desplegar en cada globo las cualidades que en el sucesivo necesitarán para su plena manifestación un cuerpo formado de la materia de este último globo; y así, como las entidades de áurea aura no podían seguir adelante en la cadena lunar, fueron expedidos con destino a la esfera intercatenaria.

Del globo C salieron un exiguo número que habían alcanzado el nivel Arhat y desplegado hasta muy alto punto la inteligencia y la emoción, por lo que no necesitaban evolucionar ulteriormente en la cadena lunar y salieron de ella por uno de los ordinarios siete senderos.

Un grupo de estas entidades tiene especial interés para nosotros porque formaron parte de la clase de Señores de la Luna llamados Pitris Barhishad en La Doctrina, Secreta, que presidieron la evolución de las formas en nuestra cadena terrestre. Al dejar el globo C se dirigieron hacia la región en que se estaba construyendo la cadena terrestre, donde posteriormente se les reunieron otras entidades que también se aplicaron a la misma labor. El globo A de la cadena terrestre empezó a formarse cuando la oleada de vida salió, del globo A de la cadena lunar.

Al fin de la vida de un globo, el Espíritu planetario del mismo se reencarna, y por decirlo así, transfiere consigo mismo la vida al correspondiente globo de la cadena sucesiva. Después de salir de ella, sus habitantes hubieron de esperar largo tiempo a que su nueva morada estuviese dispuesta; pero la preparación de esta morada comienza cuando el Espíritu del primer globo lo abandona y se convierte este globo en un cuerpo muerto, al paso que el Espíritu entra en un nuevo ciclo de vida, y a su alrededor empieza a formarse un nuevo globo. Las moléculas se van agrupando bajo la dirección de los Devas, pues la humanidad no está del todo involucionada. El Espíritu de un globo pertenece probablemente a, esta categoría de Devas, cuyos miembros llevan a cabo la tarea de construir globos en todo el sistema.

Una gran oleada de vida dimanarte del LOGOS cohesiona sistemáticamente los átomos por mediación del Deva planetario, y sucesivamente se van agrupando las moléculas y formando las células, etc. Las criaturas vivientes son como parásitos en la. superficie del Espíritu de la Tierra, pero no se relaciona con ellos ni quizá se percata de su existencia, aunque si puede sentirlos levemente cuando hacen ellos muy profundas minas parasitarias.

Los Arhates que al salir del globo C de la cadena lunar escogieron el sendero conducente a la cadena terrestre, pasaron, según dijimos, a la región en donde se estaba formando el globo A de la cadena terrestre. Principió por el primer reino elemental, que fluyó hacia arriba desde el promedio del globo (el taller del tercer LOGOS) como brota el agua de un pozo artesiano y sobre sus bordes fluye en todas direcciones. Dimana del corazón del Loto como la savia asciende por una hoja. Aquellos Señores de la Luna no toman parte activa en esta etapa, sino que parece corno si contemplaran la

construcción del futuro mundo. Eones más tarde, se les reunieron algunos de los Señores de la Luna procedentes del globo G de la cadena lunar, quienes modelaron en el globo A las formas originarias, proporcionando al efecto sus sombras o châyâs, según las llama La Doctrina Secreta. Después vienen las Vidas a ocupar sucesivamente las formas. De análoga suerte se formaron los globos B y C en torno de sus respectivos Espíritus, al abandonar éstos los precedentes globos lunares.

Nuestra física Tierra se formó cuando los habitantes salieron del globo D de la cadena lunar. El Espíritu del globo abandona la Luna, que entonces empieza a desintegrarse de modo que gran parte de su sustancia sirve de material para la construcción de la Tierra, Cuando los habitantes comenzaron a salir definitiva-mente de la Luna estaban ya formados los globos A, B y C de la cadena terrestre; pero el globo D, o sea nuestra Tierra, no podía ir muy lejos en su formación hasta que hubiese muerto su congénere la Luna, o sea el globo D de la cadena lunar.

Como ya se dijo, los pocos grupos que salieron de la cadena lunar desde los globos A y B eran, según vimos, entidades muy sobresalientes por su inteligencia, pero que se habían individualizado en la quinta ronda. Los Arhates salidos riel globo C se individualizaron durante la cuarta ronda en una población urbana, y por ello se incorporaron a una civilización cuyos premiosos aprietos apresurarían su evolución por el estímulo que despertara en ellos su trato con las más adelantadas entidades que les rodeaban.

Para estar en disposición de aprovecharse de estas condiciones, es evidente que su evolución en el reino animal de la cadena anterior debió alcanzar punto más alto que el de los individualizados en las primitivas comarcas rurales de la misma cadena. Parece como si la humanidad de una cadena sólo pudiese avanzar hacia la entrada en el Sendero cuando cesa, en general, la individualización de animales en la misma cadena, de modo que únicamente se individualiza uno que otro en casos excepcionales. Cerrada la puerta del reino humano para los animales, se abre la puerta del Sendero para los hombres.

Según dijimos, pocos fueron los grupos que dejaron la cadena lunar desde los globos A, B y C, pues la masa general de población de cada globo pasó del modo ordinario al inmediato siguiente.

Pero en el globo D fue muy distinto el proceso, pues cercana ya la muerte del globo, la masa general de la población, al dejar por última vez su cuerpo físico, no estaba todavía dispuesta para transferirse al globo E, y por lo tanto, fueron expedidos con destino a la esfera intercatenaria o nirvana lunar, en expectación de ingreso en la nueva cadena que para ellos se preparaba.

Si comparamos a cargamentos de chalupa los otros grupos botados al océano del espacio, tendremos ahora una enorme flota de buques botados al mismo océano. El grueso de la flota zarpa de la Luna, donde por razones que luego se dirán, sólo queda una exigua población que deja los globos E, F y G en pequeños grupos semejantes a cargamentos de chalupa, según nuestra metáfora.

El grupo de egos que hemos ido siguiendo, como ejemplos de la inferior humanidad de la Luna, presentan señales de notorio progreso en el globo D. El cuerpo causal está ya definido, la inteligencia más desarrollada y el afecto

hacia los superiores se ha robustecido e intensificado. A la pasión ha sucedido la emoción como su más característico distintivo. A este grupo le podemos llamar de Servidores, porque si bien todavía el instinto es ciego y semiconsciente, el predominante motivo de sus vidas es el de servir y complacer a las entidades superiores a quienes se han consagrado.

Mirando adelante, vemos que esta característica perdura a través de la larga serie de existencias que han de pasar en la Tierra y que han de llevar a cabo muy ardua labor de exploración en el porvenir. Aman a sus superiores y están prontos a obedecerles, “sin vacilación ni demora”. Durante esta ronda ha sobrevenido una notable modificación en su cuerpo físico, pues su piel es de color azul claro, en vez de moreno sucio como antes.

Encarnaron simultáneamente durante sus últimas vidas en la Luna; pero antes hubo mucha concertación entre ellos, pues los lazos que ligan a unos egos con otros sirven para conducirles a renacer en comunidad. Aquí aparecen la mayoría de los personajes de Rasgaduras en el velo del Tiempo; y si pudiéramos reconocer a los restantes, los veríamos entre los compañeros de última época, pues todos son Servidores prontos a hacer cuanto se les mande y a ir doquiera se les ordene. Están caracterizados por un ligero flujo de la vida superior, que determina uña leve expansión de un hilo de materia intuicional para enlazar los permanentes átomos intuicional y mental, dándole una forma algo más ancha por arriba que por abajo, a manera de pequeño embudo Muchas otras entidades más inteligentes que ellos no presentan esta característica, propia de su congénito deseo de servir, de que carecen las entidades de mayor adelanto en otros aspectos.

Comprende el grupo diversidad de tipos, pues contra lo que pudiera esperarse, no son todos del mismo Rayo ó temperamento espiritual. Son entidades que se individualizaron por una de las tres “rectas vías”, o sea a través de los aspectos de Voluntad, Sabiduría e Inteligencia activa (1), determinándose a la acción por devoción a un superior.

El grupo se subdivide con arreglo a los métodos de individualización de las entidades que lo componen, y según el método, así es la duración del intervalo entre la muerte y el renacimiento, aunque para nada influye en la característica de serviciabilidad, que por otra parte determina la tónica vibratoria del cuerpo causal, cuya formación está determinada por un esfuerzo en servir, según los tres casos siguientes:

° Un acto de devoción;
° Una intensa explosión de pura devoción;
° Por el esfuerzo de comprender y estimar, engendrado por la devoción.

La formación del cuerpo causal es siempre súbita, pues viene a la existencia como un relámpago; pero las precedentes circunstancias determinan la modalidad vibratoria del cuerpo así formado. Un acto de sacrificio en el cuerpo físico atrae la Voluntad y determina una pulsación en la materia espiritual. La devoción opera en el cuerpo emocional (2), atrae la Sabiduría y determina una pulsación en la materia intuicional. La actividad en la mente inferior despierta la Inteligencia activa y determina una pulsación en la materia mental superior.

Muy luego hallaremos dividido en dos nuestro grupo de Servidores a causa de estas diferencias. Las dos primeras diferencias forman un subgrupo cuyo periodo medio entre los nacimientos es de siete siglos, y la tercera diferencia forma un segundo subgrupo cuya vida `extraterrena dura doce siglos por termino medio. Esta diferencia aparecerá en la cadena terrestre como un mayor grado de evolución y los dos subgrupos alcanzarán la Tierra en la cuarta ronda con un intervalo de 400'000 años entre uno y otro, al evidente fin de que en determinado periodo reencarnen simultáneamente cuando sean necesarios sus mancomunados servicios.

¡Tan minucioso en sus pormenores es el plan del universo! La antedicha división no influye para nada en las relaciones entre maestros y discípulos, pues en ambos subgrupos vemos discípulos de los dos maestros que han de ser el Manú y el Bodhisattva de la sexta raza raíz. As! tenemos que el congénito anhelo de servicio, advertido por las primeras Autoridades, es la característica del grupo entero, cuya división en dos subgrupos deriva de las diferencias de individualización que a su vez determinan los intervalos entre la muerte y el renacimiento (3).

A la cabeza del grupo van muchos de los que son ahora maestros y sobre ellos están muchos otros que ya habían sido Arhates, y transmitieron a sus subordinados las órdenes recibidas de Seres incomparablemente más poderosos. El Mari ú de la séptima raza del globo lunar tiene a su cargo la ejecución del plan y la obediencia y cumplimiento de las órdenes del Manú Simiente, quien dirige los preparativos de traslado de la masa general de población. Los individuos más adelantados los de entre ésta presienten vagamente la proximidad de hondas mudanzas, que por lo lejanas y lentas no les llaman mucho la atención, mientras que otros cooperan inconsciente pero efectivamente a la realización de! plan, creídos de que están llevando a cabo el grandiosamente forjado por ellos.

Así, por ejemplo, hay quien ha concebido en su mente una comunidad ideal y anda reuniendo gentes con quienes constituirla y complacer de este modo a un maestro que llegó a ser Arhat en la Luna. Las gentes congregadas en torno del invocador forman un grupo definido con un común propósito, que de esta suerte favorece la ejecución del plan universal. Desde nuestro inferior nivel miramos nosotros como dioses a los Arhates y entidades superiores, y a nuestra humildísima manera procuramos obedecer cuantas indicaciones de sus deseos advertimos.

Cuando los individuos de este grupo de Servidores, al morir por última vez en la Luna, alcanzan el nivel señalado a este globo, pasan todos al plano mental o mundo celeste, donde permanecen durante un dilatadísimo período, teniendo siempre delante la imagen de los seres amados, y más vivida todavía la de los avanzados egos a quienes se entregaron con especial devoción.

Precisamente esta arrobadora devoción les ayuda muchísimo en su progreso y educe sus cualidades superiores, de modo que les hacen más receptivos a las influencias que sobre ellos planean en la esfera intercatenaria. Forman estos egos el grupo denominado por Blavatsky Pitris solares y por Sinnet Primera clase de Pitris.

Otras copiosas multitudes alcanzan también el mundo mental sin que reencarne ninguno de cuantos llegaron al prefijado nivel. Parece que éstos

poseen ya completamente formado el cuerpo causal y van constituyendo grandes grupos bajo la acción de la poderosa fuerza magnética antes mencionada que sobre ellos derrama el Manú-Simiente. Como cuerdas que, según su tensión, dan distinta nota, así el cuerpo causal de este grupo de egos
(4) responde a la cuerda que pulsa el Manú-Simiente, y de este modo quedan separados en grupos distintos, pues no pertenecen a un mismo grupo ni los egos procedentes de un mismo Gobernador planetario ni los amigos, como si ninguno de los ordinarios lazos influyera en la agrupación.

Los egos quedan automáticamente clasificados y aguardan en su respectivo lugar, como los pasajeros aguardan en las salas de espera la llegada de su tren, o para servirnos del acostumbrado símil, del buque en que han de embarcar. Observamos especialmente dos de estos cargamentos, porque formábamos parte de ellos.

En uno estaban. Los futuros Manú y Bodhisattva, y los que ahora son ya Chohanes y Maestros, con muchos de los servidores que actualmente están en el discipulado o muy cercanos a él. Todos los de este cargamento pertenecían evidentemente al subgrupo cuyo intervalo entre muerte y renacimiento fue de siete siglos. El otro cargamento contenía a muchos de los actuales maestros y discípulos, con la mitad acaso de los personajes mencionados en las Rasgaduras en el velo del Tiempo, todos pertenecientes al subgrupo de doce siglos de intervalo entre las encarnaciones.

Ambos cargamentos contenían muchos, si no todos, de los que han de formar el Hombre Celeste y quedaron a la sazón clasificados en dos subgrupos. El Manú Vaivasvata y el actual Bodhisattva estuvieron juntos en el globo D; pero pasaron a los globos superiores de la cadena lunar.

Esta gran masa de egos conviene a saber:

° Los Servidores a que ya nos hemos referido, verdadera entremezcla de diversos grados de evolución, unidos por una característica común.

° Un nutrido grupo de egos sumamente evolucionados, que si bien se acercan al Sendero (5) no podrán entrar en él antes del fin de la cadena.

° Un numeroso grupo de egos de buena índole, pero sin deseos de servir, y que, por lo tanto, no se han convertido todavía hacia el Sendero. Formarán el núcleo de la población de la Atlántida en los buenos tiempos del continente.

° Una admirable minoría de egos unidos por la común característica de su poderosa fuerza intelectual, comprende siete grupos, que en lo futuro se manifestará en genio, pero muy discrepantes por lo relativo al carácter y costumbres. Es un grupo destinado a capitanear expediciones humanas en el porvenir, sin entregarse al Servicio ni volver su rostro hacia el Sendero.

º Numeroso grupo de egos buenos y a menudo religiosos, entre los que se cuentan comerciantes, militares, etc., de agudo entendimiento, pero concentrados en sí mismos, de suerte que ante todo piensan en su propio desenvolvimiento y adelanto, sin saber nada del Sendero, y por lo tanto, sin ganas de entrar en él.

° Grupo muy numeroso de gentes de la burguesía vulgar e indocta, cuyo tipo queda descrito por su misma denominación.

º También numeroso grupo de gentes de buenos sentimientos, pero faltas de educación y desarrollo. Es la clase inferior de las que tienen ya completamente formado el cuerpo causal.

Todos estos grupos aguardan en el mundo celeste de la Luna su salida para la esfera intercatenaria. A medida que las convulsiones sísmicas empiezan a desgarrar la Luna, como introito de la disrupción de su corteza, pasan también al mundo celeste un muy considerable número de “pitris solares” o “primera clase de pitris”, que por estar en disposición de progresar en los restantes mundos de la cadena, donde los volveremos a encontrar, esperan en el ciclo lunar la oportunidad de su paso al globo E.

Inmediatamente después de los pitris solares viene un inmenso número de egos que todavía no tienen formado del todo el cuerpo causal. Son los que Sinnett llama “segunda clase de pitris” y nosotros llamaremos vestales por la semejanza que con la reticular labor de cestería ofrece en ellos la conexión entre el ego y la mente inferior.

Esta masa de egos vestales desencarnan por última vez en la cadena lunar al acercarse la muerte de la Luna y quedan congregados en el mundo emocional, donde por no poder actuar caen en sueño; y cuando este mundo emocional de la Luna es ya inhabitable, pierden dichos egos su cuerpo emocional y permanecen vueltos hacia abajo como bulbos, en expectación de embarque a otro país, para a su debido tiempo ser expedidos a la esfera intercatenaria donde dormirán durante siglos, hasta que la tercera ronda de la cadena terrestre les ofrezca campo a propósito para su desenvolvimiento.
Sin embargo, algunos egos cestales demuestran capacidad para realizar ulterior evolución en la cadena lunar, por lo que pasan ;t los globos superiores al ponerse éstos en actividad, y allí forman su cuerpo causal para reforzar después el grupo de pitris solares ó de primera clase.

La ínfima clase de hombres, que precede inmediatamente a los a ni males, son los animales hombres, llamados por Blavatsky “primera clase de pitris” y por Sinnett “tercera clase de pitris”. Se distinguen estos egos por las delicadas líneas de materia que conectan el germinante ego con el incipiente mental inferior. Como los egos cestales, quedan también estos otros congregados en el mundo emocional cuando por última vez desencarnan en la Luna, sin que tengan conciencia en el mundo mental. A su debido tiempo se les expide con destino a la esfera intercatenaria, donde permanecen dormidos durante eones de tiempo, y por fin entran en la cadena terrestre y emprenden en el globo A el largo trabajo de construcción a través de todos los reinos hasta llegar al humano, en el que han de permanecer sobre los globos sucesivos de la ronda y en las siguientes rondas. A estos egos los distinguiremos con la denominación de y de entre ellos también hay algunos que al ser expedida la masa general pasan al globo i para su evolución ulterior, y llegan a incorporarse a la clase de los cestales que inmediatamente les precedía.

Así hemos ido siguiendo el destino de las diversas clases de la humanidad lunar. Parte de ella (los fracasados) quedó eliminada en la sexta ronda, permaneciendo “colgante” hasta que la cadena siguiente les deparó campo a propósito para su ulterior evolución- Los de matiz anaranjado salieron del globo A en la séptima ronda, y los de aura áurea salieron del globo B.

Algunos Arhates dejaron la cadena lunar desde los globos A, B y C, y desde este último pasaron unos cuantos a la cadena terrestre, que por entonces estaba en formación. Tenemos después las clases que salieron del globo D, o sean: los egos de cuerpo causal completamente formado, los cestales y los rayas. Quienes de entre estas tres clases quedan en el globo D, pasan sucesivamente a los E, F y G; para salir de ellos cuando han efectuado todo el progreso de que son capaces. Algunos cestales, la clase superior de pitris y los Arhates salen así de cada globo. La mayor parte de los animales marchan al nirvana intercatenario, semejante al arca de Noé. Unos cuantos animales, capaces de convertirse en animales-hombres, fueron transferidos a los globos posteriores.

Las diferencias entre los cuerpos causales tienen por causa determinante la etapa en que ocurrió la individualización. En las capas inferiores del reino animál, multitud de animales están animados por una sola alma grupo; pero su número va disminuyendo a medida que ascienden hacia la humanidad, hasta que en las especies superiores no hay sino de diez a veinte animales con una misma alma grupo. La compañía y contacto del hombre puede provocar la individualización de un animal en etapa todavía relativamente inferior. Si el animal, un perro por ejemplo, ha estado durante mucho tiempo en contacto con el hombre y pertenece a un grupo de diez o veinte, queda completamente formado el cuerpo causal en el acto de la individualización. Si el animal pertenece a un grupo de cien (como en la etapa de los perros de ganado), se formará un cuerpo causal cestal; y si fuere de un grupo de algunos centenares (como los perros vagabundos de Constantinopla o la India), resultaría el esbozo del cuerpo causal en forma de rayas conectadoras.
Estas etapas nos recuerdan análogas diferencias en el reino vegetal, cuyos miembros más adelantados pasan directamente al orden de los mamíferos del reino animal, así como el animal de suave índole no se transforma en brutal y cruel salvaje, sino en apacible hombre primitivo. Si llevamos nuestra observación de uno a otro reino, veremos que un delicado animal puede ser más agradable compañero que muchos seres humanos.

Cabe que una entidad permanezca muy corto tiempo en la etapa animal y muy largo tiempo en la humana o viceversa. Esto parece que no tiene importancia real, pues al fin y al cabo el resultado es el mismo, así como la más o menos larga permanencia en el mundo celeste conduce a igual estado de progreso entre los hombres. Probablemente es una extravagancia humana la de figurarse haber sido lo mejor de su especie en cada época, y que hubiera uno preferido ser banano o roble, que bandada de mosquitos, y más bien un soberbio mastín, que un comearcilla o un antropófago.

Pero volvamos al asunto. Parece que los globos E, F y G sirvieron de una especie de mansiones compulsadoras destinadas a culturas especiales, como la deponer a algunos en condiciones de entrar en el Sendero o alcanzar el Arhatado, lo cual no hubieran podido conseguir en el globo D, aunque ya se encaminaran a tal fin- También sirvieron para que algunos otros llegaran a una más elevada etapa de evolución a que ya se acercaban.

Estos globos E, F y G merecen más bien que el nombre de mundos el de centros. Su población era corta, puesto que la masa general de hombres ,y animales había sido llevada desde el globo D, y por otra parte fué disminuyendo más y más por el sucesivo envío de una expedición desde cada uno de los globos a medida que caían éstos en quietismo. La expedición salida del globo E se componía: 1.º, de algunos que ya estaban en el sendero y que en dicho globo alcanzaron el Arhatado; 2.°, de algunos cestales que habían completado su cuerpo causal; 3.°, de algunos rayas convertidos ya en cestales. Al salir estas tres categorías del globo E, la población restante, compuesta de los que no habiendo llegado todavía a Arhates eran capaces de ulteriores esfuerzos, se trasladaron al globo F- Los que salieron del E pasaron al nirvana intercatenario donde quedaron distribuidos entre las clases que habían alcanzado, de la propia suerte que las letras de una composición tipográfica se distribuyen luego de la tirada en sus respectivas cajas.
Análogo proceso ocurre en el globo F, siendo de profundo interés señalar que el Señor Gautama Buddha y el Señor Maitreya estaban entre los que sucesivamente pasaron a los globos E y F hasta alcanzar la primera gran iniciación en el globo G. Uno y otro habían fracasado en la séptima ronda de la segunda cadena, por no haber sido capaces de proseguir sus esfuerzos en los globos E, F y G de dicha cadena, pues las condiciones eran demasiado acérrimas y tan sólo convenientes para quienes podían alcanzar el nivel de éxito asignado a la cadena, o bien pasando desde la categoría en que estaban a la inmediata superior. Entraron en el globo D de la cadena lunar durante la cuarta ronda en estado de hombres primitivos, con los animales de la segunda cadena dispuestos a pronta individualización.

Gautama y Maitreya hicieron juntos en el globo F voto de ser Budas; pero el ritual de este voto era distinto del de nuestra Tierra. En el mundo celeste había una especie de Consejo (el Sukhávad de los budistas) y uno y otro depusieron su voto ante el gran Ser llamado Dipankara en los libros, quien lo aceptó en calidad de Buda. Alcanzaron el Arhatado en el globo G antes de dejar la cadena lunar.

El Buda Dipánkara procedía de la cuarta cadena del esquema venusto, cuyo globo físico era el satélite de Venus descubierto por Herschel y desaparecido desde entonces. Pertenecía Dipánkara al Estado Mayor cuyos individuos podían ser enviados a cualquier cadena necésitada de auxilio. Al Señor Dipánkara le sucedieron en su cargo de Buda los Budas de la cadena terrestre, entre quienes se cuentan, por ejemplo, el Señor Kashyapa, el Bodhisattva de la tercera raza raíz, que alcanzó el estado de Buda en la cuarta, y el Señor Gautama, el Bodhisattva de la cuarta raza raíz, que fue Buda en la quinta, sucediéndole el Señor Maitreya, Bodhisattva de la quinta raza raíz, quien ha de alcanzar el Budado en la sexta. El actual maestro K. H, será Bodhisattva de la sexta raza raíz y Buda de la séptima.

Conviene recordar que un Buda no sólo tiene a su cargo una humanidad, sino que además de ser instructor de hombres lo es también de ángeles y Devas; y así por muy atrasada que en su evolución esté una humanidad, siempre es necesario el superior oficio de Buda.

También vemos al maestro Júpiter entre los que entraron en el Sendero en el globo G de la cadena lunar.






El nirvana intercatenario

La mente humana se abisma ante los enormes periodos de tiempo referentes a
la evolución, por lo que no hay más remedio que atenerse al antiguo y moderno
concepto, según el cual no tiene el tiempo existencia determinada, sino que es
corto o largo según la actuación de la conciencia del ser a que se refiere (6). En
el nirvana intercatenario las conciencias verdaderamente activas fueron las del
Manú-Simiente de la cadena lunar y la del Manú-Raíz de la terrestre. ¿Quién
será capaz de conjeturar el tiempo computado a la conciencia de estos dos
Seres?

El plan en conjunto está en lamente del Manú-Semilla, de quien lo recibe
el Manú-Raíz y lo ejecuta en la nueva cadena confiada a su presidencia. Al
término de la cadena, los resultados de la evolución en ella proseguida se
resumen en el aura del Manú-Simiente donde, si se nos permite emplear la
terminología de la vida ordinaria, quedan clasificados, encasillados y
catalogados en perfecto orden. El Manú-Simiente derrama intermitentes flujos
de su estimulador magnetismo sobre aquellas inteligencias de diversidad de
grados que, concentradas en sí mismas, viven lenta y subjetivamente sin
noción alguna de tiempo. Si la corriente fuese continua los desharía en
pedazos, y así se interrumpe luego de influir en ellos, para que lentamente se
la asimilen dormitando durante un millón de años- Entonces el Manú-Simiente
derrama sobre ellos otro flujo de corriente y así se repite la acción durante
millones y millones de años.

La observación de esta curiosa escena nos sugiere diversas analogías,
como por ejemplo la de les bulbos que de cuando en cuando inspecciona el
jardinero, y la de los enfermos de un hospital que visita diariamente el médico.
Iba acercándose más y más el tiempo en que el gran Jardinero había de
entregar sus bulbos para la plantación- El suelo fue la cadena terrestre y los
bulbos se convirtieron en ánimas vivientes.

(Capítulos 3-5)





OBSERVACIÓN

Les transcribí este largo texto para quienes estén interesados en leerlo, pero la realidad es que son puras falsedades imaginadas por Charles Leadbeater debido a que en el blog les he demostrado que la clarividencia de ese individuo era nula, y los instructores teosóficos originales casi no revelaron información sobre la cadena lunar, así que toda la descripción puesta arriba son simples mentiras inventadas por Leadbeater.













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