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EL FERVOROSO SEGUIDOR DE CARLOS CASTANEDA QUE AGARRABA SERPIENTES VENENOSAS




Sandy McIntosh es un escritor estadounidense que fue seguidor de Carlos Castaneda, y en el siguiente texto él relata la interacción que él tuvo con otro seguidor de Castaneda.

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- “Me preocupa toda esa basura que has estado escribiendo en Internet diciendo que Castaneda se inventó todas sus historias sobre Don Juan”, dijo Harold, un amigo que conocí en uno de los talleres de chamanismo de Castaneda.

Llegamos al aeropuerto de Los Ángeles desde distintas partes del país y nos encontramos en el vestíbulo; ambos nos dirigíamos al último taller de Castaneda. Llegamos temprano y decidimos caminar por la playa desde Venice hasta Santa Monica, un recorrido de varios kilómetros.

Mientras caminábamos, hablamos sobre el material que yo había publicado.

- “Eso que has estado escribiendo —dijo Harold— ¡Me asusta!”

Harold me contó que se había criado en una familia de Texas, fieles creyentes de la Iglesia de Dios con Señales. Esta secta confiaba en el poder de la oración y creía que para demostrar su fe debían manipular serpientes venenosas.

- "Aprendí a hacerlo sosteniendo esos animales espeluznantes. Nunca me preocupó que me mordieran porque creía en la supremacía de la oración. Pero entonces oí un rumor aterrador que circulaba: al parecer, George Hensley, el fundador de la iglesia, había muerto tras ser mordido por una serpiente durante un servicio religioso. Mis padres lo confirmaron, pero aseguraron que fue porque Hensley había perdido la fe y se había convertido en apóstata. ¡El poder de la oración era indiscutible! ¡La Iglesia era justa!

En cualquier caso, llegué a dudar. De hecho, renuncié a la religión, a todas mis creencias, incluso a la confianza que tenía en mis padres. Estaba perdido hasta que leí los libros de Castaneda. Si me quitan a Don Juan y a Carlos Castaneda, estoy en problemas."

- “¿No es mejor —dije— cuestionar alguna creencia, algo que sospechas que es falso, que aferrarte ciegamente a algo, una falsedad que eventualmente podría herirte o matarte?”

- "No —me contestó—. Créeme, no lo es. De eso estoy seguro: sin Don Juan y Carlos no soy nada. Son todo lo que tengo."


La desesperación de Harold, su creencia de que Castaneda, su gurú, tenía la clave de la inmortalidad, o al menos de una felicidad humana duradera, estaba condenada al fracaso.

Al igual que la desesperación de otros entusiastas de Castaneda que más allá del disfrute de sus libros, se tomaron en serio su desafío de vivir esa vida, como una realidad no literaria.

Algunos miembros del Grupo Dominical de Castaneda , quienes pasaban horas en estrecho contacto con él, han reaccionado a su muerte de diversas maneras, tanto positivas como negativas.

Algunos han descartado la Tensegridad (o Pases Mágicos) de Castaneda como una burla a la terapia espiritual acrítica y han entrado en psicoanálisis para obligarse a examinar sus creencias; otros se han metido en problemas con el alcohol o las drogas. Algunos han desaparecido en el desierto.

¿Por qué no habría de ser trágica la separación forzosa de uno mismo, ya sea por la muerte o el desenmascaramiento de su gurú?

Especialmente si, como confesó Harold, uno le había consagrado su vida a ese gurú y descubrió que en realidad no había nada fiable en él.

Como Leonard Cohen, en una de sus canciones, se disculpó por convertir a Dios o a Jesús (¿o a Buda?) en algo imaginario: una fantasía idealizada, un fantasma. «Solo uno de nosotros era real», cantaba Cohen. «Y ese era yo».

Quizás los destinos más trágicos recayeron sobre los más cercanos a Castaneda: las Brujas y los Chacmools. La última vez que se supo de ellos, habían desaparecido, expulsados ​​al desierto, y tal vez se arrojaron por un precipicio, imitando lo que Castaneda les había dicho que hacía Don Juan para "arder desde dentro".

Solo se ha encontrado a una: la Exploradora Azul —Nury Alexander—, o al menos sus restos óseos que fueron identificado positivamente en 2006 mediante pruebas de ADN avanzadas.

Sus huesos habían sido descubiertos en 2003 por unos excursionistas en la remota región de las Dunas de Panamint, en el Parque Nacional del Valle de la Muerte. Y el hecho de que un Ford Escort rojo abandonado, hallado en la misma zona, hubiera sido identificado como perteneciente a ella en mayo de 1998 fue lo que impulsó a los investigadores locales a realizar las pruebas de ADN.

Gaby Geuter, quien siguió de cerca a las Brujas y a Castaneda durante meses, tenía una teoría: "La historia de Castaneda comenzó en el desierto, y, al menos para esta mujer, también terminó en el desierto".


© 2024 por Sandy McIntosh, todos los derechos reservados.








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