José Agustín Ramírez Gómez (1944-2024) fue un escritor mexicano que conoció a Carlos Castaneda en 1972 a través del dramaturgo y traductor Juan Tovar quien tradujo al español los primeros cuatro libros de Castaneda.
Castaneda y José Agustín se hicieron amigos.
José Agustín, además de reseñar la obra de Castaneda, también tradujo al español algunos de sus libros, como "El don del águila".
El conductor José Gordon por el año 2004 entrevistó a José Agustín, quien le relató las experiencias que tuvo con Castaneda.
Esa entrevista la pueden ver en estos dos videos:
Primera parte
(minutos 3:10 a 10:30)
Segunda parte
(minutos 1:10 a 9:20)
También se las transcribí y añadí imágenes para ilustrar la conversación:
Gordon: Nos encontramos en Chalcatzingo, en el Estado de Morelos, en un lugar que prácticamente podría parecer una portada de los libros de Carlos Castaneda.
José Agustín quisiéramos platicar contigo de los encuentros que tuviste con Carlos Castaneda justamente en este sitio.
Agustín: Pues sí mira, él conocía México notablemente bien, aunque en sus libros sus áreas por excelencia son: primero Sonora y Arizona, y luego Oaxaca. Pero en realidad es evidente que él conocía toda la república muy bien y los alrededores de la Ciudad de México, muy específicamente el Estado de Morelos le eran muy queridos. Entonces amaba Tepoztlán, amaba la zona de Xochicalco, el área de Cuautla, pero muy específicamente aquí Chalcatzingo.
Entonces en ocasiones en que él estaba en México y tenía ganas de vernos me hablaba por teléfono y me decía: "Oye voy a andar por tu rumbo". A veces iba a mi casa pero otras veces nos quedábamos de ver aquí precisamente.
Gordon: Tú te encuentras con Carlos Castaneda y tienes la oportunidad de explorar directamente ciertos conocimientos que quizás están insinuados en sus libros. Háblanos un poco de ese mundo que exploraban ya en la charla.
Agustín: Precisamente por las ideas de Don Juan, Castaneda se especializaba en pasar en conspicuo, entonces él decía que tenía que traer un trajecito como de cualquier ejecutivo con su portafolio, ni siquiera muy elegante.
Pero te sentabas a comer con él y entonces por ejemplo veías que la fruta la comía de manera particular, le sacaba ciertas partes a la papaya, las ponía como con cierto ritual y se comía algunas partes.
Yo le pregunté varias veces "¿Por qué haces eso?" y siempre me tiró al loco y hacía como que no me oía y esas cosas no me las quería contestar.
Luego también otro día él estaba hospedado en un hotel de la Zona Rosa, entonces fuimos a recogerlo Jorge Ponce y yo, y él nos recibe en camiseta. Yo siempre lo había visto vestido completo pero esa vez él traía una camiseta como la de Marlon Brando en la película "Un tranvía llamado deseo".
Y yo me quedé muy sorprendido porque Carlos Castaneda estaba fuertísimo, parecía que hacía pesas, tenía una musculatura verdaderamente tremenda. Le dije: "Oye Carlos no es posible pero tú pareces fisicoculturista, estás fuertísimo".
Él me responde: "Pues sí, es que Don Juan te obliga a desarrollar tu condición física; si tú me hubieras conocido a mí hace 20 años, en ese entonces yo era un intelectual hippie como cualquier otro, pero con el entrenamiento de Don Juan el cuerpo se me hizo así".
Y entonces me dijo: "Mira te voy a enseñar otra cosa". Entonces alzó el pantalón y en esa parte de aquí [abajo de la rodilla] tenía como otro músculo que le había salido, una bola, y me dice: "Tócala".
Y se la toqué y era durísima. Y entonces me dice. "Este músculo solamente te sale cuando practicas el famoso paso del poder" que consiste en confiar en los poderes de Don Juan y correr en la noche casi alzando las piernas hasta lo más posible a la altura del pecho, entonces los guerreros van corriendo a toda velocidad en la oscuridad absoluta y algo los guía que ellos no caen en ninguna brecha, no se pegan con ningún peñasco, no se atoran con ramas, etc.
Gordon: Estamos hablando de que esas caminatas podrían haberse dado en este sitio.
Agustín: Es muy factible, claro, perfectamente bien.
Gordon: ¿Qué distancia encontraste entre lo que tú supones que es un personaje, cuando lo estás leyendo, lo que supones que es el creador, y cuando finalmente te encuentras con el hombre real, el personaje que creó esos libros?
Agustín: Era un retrato más bien de carácter el que yo me hacía de él. Físicamente nunca me lo llegué a imaginar y ya cuando lo vi de alguna manera yo pensé: "Bueno, pues sí este es Carlos Castaneda, corresponde muy bien en lo que yo supuse que nunca sería".
Él era relativamente bajo de estatura, le gustaba andar con trajes que lo hacían parecer como una persona común y corriente, era de piel morena, un moreno claro, tenía el pelo totalmente chino rizado y muy cortito.
Ya después con los años, una vez me lo encontré en los Estados Unidos y me dice: "No me vas a reconocer porque el nagual me dio una revolcada".
Le dije: "¿Pues cómo estás?"
Me dice: "Pues ya me vas a ver", y en realidad él estaba igual que siempre, lo único que tenía era que se había encanecido totalmente, se le había hecho un poco más rarito el pelo porque ya todo era blanco, como puro apagado debido a que como él era moreno, el pelo blanco así le hacía verse; y luego la cara era más bien cuadrada de facciones que tendían hacia lo cuadrado, los ojos eran pequeños, muy vivos, de una inteligencia y de una cosa chisporroteante que yo solamente le he visto en Juan José Arreola, como entre picardía e inteligencia encubierta que no está queriendo mostrarse, pero que está ahí detrás y no puede evitar manifestarse.
Su nariz es recta, ni muy grande ni muy chica; la boca también es de tamaño regular. No tenía grasa, no tenía marcas, no tenía arrugas, al menos en ese momento cuando lo conocimos nosotros, y después incluso ya más grande con el pelo canoso tampoco se le veía muchas arrugas.
Gordon: Un punto polémico que debemos tocar es ¿quién era Carlos Castaneda? Algunos como por ejemplo Juan Tovar consideraban que Castaneda más que un antropólogo se trataba de un creador de literatura fantástica.
Agustín: Pues es comprensible, él era tan buen escritor que yo mismo he llegado a decir que leer los libros de Carlos Castaneda es un poco como leer "Las mil y una noches" mexicanas o chamánicas.
Pero yo sí creo que era un antropólogo, fue un antropólogo muy bueno además con todo su doctorado, con todos los reconocimientos debidos y por haber, y por eso inicialmente se ganó el prestigio académico.
En un principio todas las grandes mentes interesadas en la cuestión de los alucinógenos como Richard Evans Schultes, como Roger Ham de París, como Roger Wasson el gran micólogo y su esposa Valentina, o como Peter Furts que es el autor del libro "Los alucinógenos y la cultura"; todos ellos le dieron el respaldo total y quedaron fascinados con el trabajo de Castaneda.
Porque además si recuerdas en su primer libro, muy hábilmente después de la parte narrativa que él la llamaba una autobiografía sui géneris, él la termina con un estudio antropológico estructural de lo más árido en el campo de la expresión antropológica.
Entonces al mundo académico le gustó mucho y lo levantó enormemente entre ese público, pero después a raíz de unas cartas que le mandó Roger Watson y que Carlos no contestó, poco a poco se le fue cayendo el prestigio que tenía ante el alto mundo intelectual.
Octavio Paz le retiró su apoyo, Evans Schultes también le retiró su apoyo, y entonces algunos lo mandaban al plano de la charlatanería, estilo Lobsang Rampa, o de gentes que están medrando con el espíritu.
Pero muchas personas más lo veían como un escritor porque él tenía un talento narrativo increíble, tenía el don de la narración, tenía los recursos literarios. Al traducirlo uno se da cuenta de cómo están armados sus libros, y están armados magistralmente.
Pero yo también siempre he dicho que eso no puede ser meramente inventado, porque si es inventado entonces estamos ante una de las mentes con la imaginación más increíble del mundo, que además tiene la disciplina de apoyar físicamente en su cuerpo todas las fantasías que está inventando. Eso de tener músculos particulares muy desarrollados, de estar fuertísimo, evidentemente el señor estaba trabajando con su cuerpo para sostener una falacia supuestamente chamánica o una mera ficción.
Entonces yo siempre he dicho que a mí me aterra más la idea de que sea un escritor que inventó todo eso, porque se me hace una obra entonces de alcances monumentales en el campo de la literatura, uno de los juegos literarios más finos y más ingeniosos que se han escrito jamás, y entonces como escritor tiene una altura increíble.
Por eso prefiero que sea antropólogo, prefiero que haya existido Don Juan, porque se me hace más normal y más accesible.
Entonces yo creo que en lo que él cuenta, cuando menos hay un 60 a 70% de realidad con un 30% de aderezo personal.
Gordon: Agustín hablanos de la paradoja del hombre público que a la vez es un desconocido.
Agustín: Castaneda se especializaba en aparecer cuando menos lo esperabas, como cuando Juan Tovar se paró sorpresivamente para saludar a Castaneda, aunque Tovar todavía estaba comiendo con su cuchara en una mano y su cerveza en la otra mano.
De repente alguien tocaba a la puerta y era Castaneda cuando menos te lo esperabas. Él llegaba sorpresivamente, platicábamos o nos íbamos a algún lado, cualquier cosa. Entonces todo estaba sujeto a él. Eso era parte de su estrategia fundamental, ser enteramente libre.
Él era como lo llamaba "un jinete de la libertad absoluta", y para poder jinetear bien hacia la libertad necesitas protegerte de mil maneras, y una de ellas era que nadie supiera nada de ti, que no conociera tu historia, que no tuviera expectativas de ti.
Y Castaneda logró eso a la maravilla, logró que la gente de alguna forma respetara su privacidad porque él estuvo en mil sitios con mucha gente. Yo pude haber sacado mi cámara sin que él se diera cuenta y tomarle fotos, pero nunca se me pasó por la cabeza hacer eso, se le respetaba.
Y eso le permitía hacer cosas maravillosas, como por ejemplo a mí me tocó presentar su libro "El don del águila" en el University Club, el lugar estaba atascado de todo el mundo esotérico, sus nuevos adeptos eran los del grupo de la Ferrier, que se habían hecho una escisión a causa de Las Enseñanzas de de Don Juan y estaba todo el mundo ahí reunido.
Yo estaba hablando después de que hablaron otros presentadores y de repente veo en la puerta a Carlos Castaneda haciéndome muecas y saludándome.
Solamente alguien como Castaneda puede estar en un lugar donde se está hablando de él, donde todo el mundo quisiera conocerlo, y él está ahí presente y nadie sabe que está, nadie sabe que es él.
Entonces me bajé de la mesa a abrazarlo y platicar un rato con él, y quizás con eso alguien se dio cuenta de que ahí estaba el verdadero Castaneda.
Gordon: Estamos hablando de esa necesidad o de ese deseo que a veces tenemos todos de desaparecer, de borrarnos en el anonimato. ¿Cómo lo relacionas con toda esa vida que tiene ese proyecto de mostrarse tan públicamente como se muestra a través de sus libros, y a la vez al mismo tiempo pasar desapercibido?
Agustín: Ese es su gran logro, porque sí hablamos de celebridades, la de Carlos Castaneda ha sido una de las más extraordinarias del fin de milenio ya que fue un hombre que vendió millones de libros.
A mí en lo personal me ha venido a buscar gente de Europa y de Asia nada más para ver si los podía encaminar hacia él. Ahora imagínate a gente que por su propio lado se lanzaba para conocerlo personalmente, ha de haber habido miles.
Pero nadie sabía dónde estaba, nadie sabía cómo era, nadie lo podía localizar si él no quería que lo localizaran; y al mismo tiempo se podía dar el lujo de ir a México, a Europa o a los Estados Unidos y dar grandes conferencias para cientos de gentes o incluso miles de gentes.
Le gustaba difundir las ideas, tenía una capacidad de comunicación portentosa, una gran facilidad de palabra, un gran ingenio, y era muy divertido, te tenía muerto de la risa todo el tiempo.
Entonces eso era algo que le gustaba ejercitar, no podía pasársela en el anonimato absoluto. Pero al mismo tiempo de que estaba ante los reflectores más grandes del mundo, al mismo tiempo estaba en su misterio absoluto.
Nadie lo podía localizar media hora después, él desaparecía y no tenías forma de cómo localizarlo. Entonces eso fue un logro maravilloso en su vida, y si no sabes qué importante es en un momento dado lograr conservarte fuera de las expectativas de la gente, porque la gente cree que te conoce y tiene una idea falsa de ti, y en base a esa idea falsa exige cosas, te demanda cosas.
Y si tú no las cumples o si las cumples de cualquier manera no estás haciendo lo que te corresponde, estás haciendo lo que creen otros que te corresponde.
Entonces la única manera de hacer lo que verdaderamente le corresponde a uno, decía él, es haciendo una niebla alrededor de tu identidad.
Gordon: José Agustín te agradecemos mucho por este retrato hablado, de esa niebla que se llama Carlos Castaneda.
NOTA
El relato de José Agustín es uno de los testimonios que me hacen considerar que tal vez el nagual Don Juan Matus si existió.

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