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¿CÓMO LIBERARTE DE LAS CRISIS REPETITIVAS?


(Este artículo fue escrito por Alsibar quien ha estudiado mucho a los guías espirituales, y el texto original en portugués lo pueden leer en este link.)


¿Qué son las crisis?
 
Son situaciones disruptivas que desencadenan cambios. Son decisivas para producir transformaciones necesarias para la expansión de la vida. Ciertas situaciones críticas son tan dolorosas que dejan profundas huellas en nuestra psique, e incluso en el cuerpo. Enfermedades físicas y psicológicas como el estrés, la hipertensión, la depresión y los trastornos mentales y del comportamiento son algunos ejemplos de las huellas que dejan las crisis.

Algunas crisis son temporales, otras se repiten constantemente en una especie de "eterno retorno", y aunque el escenario y los personajes cambian pero el guion básico es esencialmente el mismo.

Es difícil entender cómo los mismos problemas insisten en volver, por mucho que intentemos evitarlos. ¿ Quién no ha tenido alguna vez una sensación de "déjà vu", como si dijera: "Ya he vivido esto antes"? La sensación es la de estar atrapado en una especie de  bucle temporal.

La pregunta es: ¿cómo liberarse de este círculo vicioso?



El comienzo de la liberación

Reconocer nuestra propia parte de culpa en la cadena de crisis es el comienzo de la liberación. Comprender el proceso de escape también es crucial. Escapar a través de iglesias, drogas, fútbol, ​​relaciones, estudios, trabajo, sexo o cualquier otra actividad superficial no evita la reaparición de estas pesadillas recurrentes.

Los cambios superficiales no abordan la raíz del problema y por lo tanto reaparecen. Es necesario extraer las raíces del problema para que no vuelva a crecer. ¿Pero dónde están estas raíces? ¿Cómo exterminarlas para que no vuelvan a brotar?




Primer paso: aceptar la culpa

Al admitir que las raíces están en uno mismo, comienza un serio trabajo de liberación. Pero admitirlo no es fácil. El dolor que causa percibir la verdad sobre nosotros mismos es muy fuerte, en algunos casos, insoportable.

Mirarse a uno mismo, ver los propios errores y fracasos, es un verdadero golpe para nuestro orgullo. Esto puede ser angustioso, especialmente para quienes se idealizan demasiado. Sin embargo, lo cierto es que la situación crítica la crean las actitudes, pensamientos y sentimientos arraigados en el pasado.

Se necesita valentía para admitir que todo lo que está sucediendo —todas las crisis y sus repeticiones— es el resultado de nuestras propias ilusiones y fracasos pasados.




Segundo paso: desarraigando las raíces

Tras el primer paso viene el segundo: erradicar las causas profundas de las crisis. Ahora bien, ¿puede esto hacerse mediante alguna acción directa de la voluntad? ¿O existe otra posibilidad? ¿Existe alguna acción que no se origine en el ego, el centro que causa todos los problemas?

Esta acción no es algo que uno hace, sino que surge de la percepción de la verdad sobre uno mismo, sin condenación ni juicio de ningún tipo. Es en este momento que uno debe ser muy cuidadoso. Uno debe verse como uno es realmente y no como la imagen idealizada que nosotros mismos creamos, porque si ya nos vemos como seres perfectos, completos y acabados, no hay posibilidad de cambio ni transformación.

¿Qué somos realmente?

Ego, tristeza, desilusión, sufrimiento, esperanzas, condicionamiento, memoria, vacío, deseo, conflictos, etc. Y a partir de este pequeño conjunto de fragmentos, nos identificamos con algo superior a nosotros mismos: Dios, Luz, etc. Pero cuando el ego se identifica con algo superior a sí mismo, el resultado final es sufrimiento y decepción.

Debemos ver la realidad de quiénes somos, no a través del filtro del ego, de las palabras, del pensamiento, sino más bien silenciando estas cosas.




Tercer paso: la verdad te hace libre

Enfrentar la verdad transforma y libera. Quizás, en nuestra esencia, seamos luz, amor, paz, etc. Pero eso no es lo que importa en este asunto. Es necesario que cada persona se vea como es en el presente, no como una posibilidad.

¿Y qué somos actualmente?

Somos un movimiento de fuerzas en perpetuo conflicto y contradicción. Una maraña de energías desconectadas e impersonales que buscan la supremacía, la continuidad y la felicidad permanente. Un montón de basura, metales comunes que se cuidan como si fueran oro. Quizás haya oro debajo de tanta basura, pero eso es solo una posibilidad.

Mientras una persona no confronte su propia verdad interior, la Matrix de la ilusión continuará dominándola y esclavizándola. De ahí la importancia de ser consciente de los propios movimientos y de la realidad interior directamente, sin intermediarios.




Cuarto paso: el autoconocimiento no es un proceso dual

Comprender que el autoconocimiento no es un proceso de análisis dual constituye el cuarto paso. Desafortunadamente pocas personas comprenden qué es el autoconocimiento. Muchos creen que se trata de encontrar defectos, juzgarlos, admitirlos y luchar contra ellos; pero nada más lejos de la realidad.

El análisis parte del ego, ¿y cómo podría el ego analizarse a sí mismo? No puede.

La libertad no reside en el autoanálisis (el proceso dual de ego-observador x ego-objeto observado). Tampoco en la búsqueda ansiosa de autoconciencia, alerta o recuerdo de sí.

La razón es muy simple: si hay esfuerzo, expectativa o deseo, el resultado será frustrante porque el ego no puede detenerse. El deseo no puede detenerse a sí mismo, a través del deseo. Estas son señales claras de que el ego ha "contaminado" el proceso de autoconocimiento.

En el verdadero autoconocimiento no hay dualidad. Esta es una paradoja difícil de comprender. En otras palabras: el estado de percepción/observación/autoconocimiento solo se alcanza mediante el no esfuerzo y la no dualidad.

Si alguien desea despertar sus poderes latentes, debe entrar en la dimensión de la unidad, donde no existe el yo que busca (o sea el observador), ni el deseo (que es el anhelo de observación), ni el objeto de la búsqueda (que es la transformación). Simplemente hay que observar, percibir y tomar consciencia.




Quinto paso: ¡Sólo tenlo en cuenta!

Simplemente observar, sin hacer nada. Percibimos el mundo que nos rodea a través de la "cortina" del ego. Y este ego es como un espejo distorsionado que nos impide ver la realidad tal como es.

Esta verdad es lo que eres ahora, no lo que serás en el futuro. Evita idealizaciones y proyecciones. Este es el verdadero autoconocimiento. Mírate. Mirarte es tomar consciencia de tus pensamientos, deseos, emociones, sentimientos, reacciones y actitudes ante los desafíos y circunstancias reales.

Pero si al principio te resulta difícil, no dejes que la ansiedad te domine; el deseo, la expectativa de alcanzar este estado, o incluso prolongarlo, crea un nuevo problema. Por lo tanto, no te esfuerces, no lo anheles. Deja que este estado "venga" de forma natural, que se establezca.

Pero haz tu parte: cada vez que lo recuerdes, sumérgete en él. Evita analizar, criticar o juzgar lo que percibes en ti mismo, sea lo que sea. Tales actitudes solo fortalecen el ego, impidiendo su debilitamiento y la transformación del centro. 




El sexto paso: la consciencia trae liberación

Pero la consciencia pasiva, no la consciencia activa. Si lo prefieres, puedes reservar un tiempo cada día para entrar en este estado. Pero no te atasques con horarios ni rutinas. Sin embargo, si lo deseas, puedes reservar un tiempo cada día —por la mañana al despertar, por la noche antes de dormir— para "VER".
Recuerda: en este estado, no hay actor, entidad ni ego. Solo hay una "conciencia pasiva" de lo percibido. Pero no debe considerarse un estado de pasividad mórbida. No lo es. Hay mucha acción en la observación silenciosa; simplemente, el cerebro no la percibe. Krishnamurti dijo: "El observador es lo observado".

A partir de ahí, comienza un movimiento sutil y misterioso, más allá de la acción del ego. Este "movimiento" activa las poderosas energías inherentes al ser humano, que están fuera del campo de acción del ego, del pensamiento.

Solo la conciencia pasiva genera el poder capaz de debilitar y superar las actitudes recurrentes, mecánicas y condicionadas del ego, responsables de las crisis repetitivas. Al establecer un cambio en el centro controlado, las cosas cambian. Y las crisis cumplirán su verdadera función: desencadenar cambios profundos en el individuo, impulsándolo a evolucionar, crecer y expandirse en su viaje hacia el infinito.










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