Estoy atendiendo los comentarios que me hicieron durante mi ausencia,

pero como son muchos (+500) les pido paciencia.

EL ORIGEN DE LA VIDA




(Observación: esta es la segunda parte de la investigación de David Pratt sobre la evolución de las especies y cuyo inicio lo pueden encontrar aquí, y le agradezco inmensamente a Nicolás por haber traducido un artículo tan extenso, pero a la vez tan interesante de leer.)


  ÍNDICE

    1.  La explicación científica del origen de la vida
    2.  La increíble complejidad de la vida
    3.  Los científicos tratan de crear vida (sin éxito)
    4.  ¿Fue el surgimiento de la vida un evento inevitable?
    5.  La explicación teosófica del origen de la vida





1 - EXPLICACIÓN CIENTÍFICA DEL ORIGEN DE LA VIDA

Muchos científicos piensan que la vida comenzó con la formación azarosa de las primeras moléculas auto-replicantes, las cuales se encontraban en una sopa prebiótica rica en compuestos orgánicos, aminoácidos y nucleótidos.  Luego, conducidos por la selección natural, estas moléculas sencillas evolucionaron en sistemas moleculares auto-reproductores cada vez más eficientes y complejos hasta que finalmente apareció la primera célula viviente primitiva.

Sin embargo, los vestigios más antiguos no proveen alguna evidencia de que haya existido una sopa prebiótica, y también se ha puesto en duda la teoría original de que la atmósfera inicial de la Tierra era una mezcla favorable de amonio, metano e hidrógeno (y no contenía oxígeno libre).

En lugar de ello, ahora se cree generalmente que la atmósfera primitiva de la Tierra debió ser una combinación de dióxido y monóxido de carbono, más nitrógeno y vapor de agua (la cual incluyó cantidades significativas de oxígeno libre).

Y el problema es que tales condiciones atmosféricas habrían obstaculizado la producción de aminoácidos y otras moléculas necesarias para la vida, o hecho colapsar cualquier molécula orgánica que se formara (1).





2 - LA INCREÍBLE COMPLEJIDAD DE LA VIDA

Todas las formas modernas de vida se componen de genes constituidos por ADN (ácido desoxirribonucleico), el cual contiene bases nitrogenadas y cuya secuencia codifica instrucciones para producir proteínas.

Sin embargo, el ADN es incapaz de manufacturar proteínas por sí mismo, ya que la síntesis proteica requiere del ARN (ácido ribonucleico) y una secuencia fuertemente integrada de reacciones que involucran a más de cien proteínas diferentes (incluyendo las enzimas que son los catalizadores de las reacciones químicas).

Y esto plantea el “problema del huevo y la gallina” es decir:

¿Qué vino primero, los ácidos nucleícos o las proteínas?



El ADN tiene la forma de una hélice doble o espiral que consta de dos hebras enrolladas una alrededor de la otra.

Cada una de estas hebras está compuesta por una larga cadena de nucleótidos, que a su vez consisten en una molécula de azúcar desoxirribosa a la cual se adjunta un fosfato y una de las cuatro bases nitrogenadas: adenina (A), guanina (G), citosina (C) y timina (T).

Las dos hebras de ADN permanecen unidas por lazos de hidrógeno entre pares de bases, de forma que A sólo se une con T, y C con G.

Los segmentos de ADN que codifican la síntesis celular de una proteína específica son llamados genes, los cuales se hallan “empaquetados” dentro de estructuras similares a filamentos llamados cromosomas.

Cuando una célula se divide, su ADN es replicado al separarse en dos hebras únicas, cada una de las cuales sirve como patrón para una nueva hebra.




Diagrama altamente simplificado de la síntesis proteica (o expresión genética).



Durante la transcripción, la secuencia de bases nitrogenadas de una hebra de ADN se reproduce en una molécula llamada ARN mensajero (ARNm) por una enzima conocida como ARN polimerasa. Y luego el ARNm migra desde el núcleo de la célula hacia una estructura llamada ribosoma en el citoplasma, donde tiene lugar la fase de traducción.

Con la ayuda de las ARN de transferencia (ARNt) y de enzimas específicas, se elabora una cadena de aminoácidos, y cada uno de ellos se halla especificado por una secuencia de tres nucleótidos (codones) en el ARNm. y posteriormente, las cadenas de aminoácidos se condensan en proteínas funcionales.


La total complejidad de la síntesis proteica es asombrosa como lo pueden constatar en el siguiente video.


 


El ARN es menos complejo y también menos estable que el ADN y emplea el mismo alfabeto químico, excepto que se sustituye el uracilo por la timina.

Muchos biólogos creen que en la historia inicial de la Tierra hubo un “ARN global” que eventualmente se desarrolló para convertirse en el ADN, el ARN y las proteínas que conocemos hoy en día.

Se pensaba que esto solucionaría el dilema del "huevo y la gallina", porque además de ser capaces de almacenar información, ciertas moléculas de ARN poseen algunas de las propiedades catalíticas de las proteínas, pero esta teoría no cierra el caso sobre el origen del ARN.

Se ha comprobado que la síntesis y mantención de constituyentes de ARN, particularmente la ribosa (un tipo de azúcar) y las bases nitrogenadas, son extremadamente difíciles o imposibles bajo condiciones prebióticas realistas (2).

Por lo que se han propuesto varias hipótesis adicionales, como por ejemplo: que la vida comenzó en fuentes hidrotermales del fondo oceánico, o sobre superficies de arcilla o pirita de hierro (el "oro de los tontos"), pero ninguna de esas teorías da una explicación convincente para el origen del código genético celular y el sistema de procesamiento de la información genética.

Otros especialistas han sugerido que los primeros organismos vivos podrían haber traído dicho código a la Tierra desde otros planetas (por ejemplo desde Marte) o del espacio exterior, pero esto solamente lleva el problema a otra parte del Universo.


Cada una de las 60 billones de células del cuerpo humano contiene una hilera de ADN de dos metros de largo enrollada dentro del núcleo celular (en una pequeña bola de apenas unas 5 milésimas de milímetro de diámetro). Y aún así la densidad del almacenamiento de información en el ADN es mucho mayor que nuestros más avanzados chips de silicona (3).

Además el ADN puede guardar instrucciones de síntesis proteica tan eficientemente, que toda la información requerida para un organismo tan complejo como el ser humano pesa menos que unas billonésimas de gramo.

Y es por eso que el genetista Michael Denton subraya:

« Para el incrédulo, es una afrenta a la razón plantear que los programas genéticos de los organismos superiores fueron compuestos por un proceso puramente “accidental”, cuando estos procesos consisten en varios miles de millones de bits de información y son lo equivalentes a la secuencia de letras en una biblioteca de mil volúmenes. » (4)

(Para dar una analogía, es como si un programa informático tan largo que se requiriera mil volúmenes de libros para escribirlo hubiera surgido simplemente por “casualidad”. Pues bien, eso es lo que afirman los darwinistas.)


Y es por eso que el físico Paul Davies señala que:

-        "La generación espontánea de vida por mezclas fortuitas de moléculas es un evento improbable y absurdo." (5)

(Porque si en vez de hablar del código genético, habláramos de un programa informático que por un “azar ciego” fue apareciendo en la Tierra. Nadie con buen entendimiento se aferraría a esa teoría, ya que la lógica nos diría que es mucho más probable que en realidad ese programa haya sido elaborado por un ser inteligente.

Pero como los darwinistas ortodoxos son unos ateístas fanáticos que quieren a toda costa evitar considerar que hay una inteligencia que diseñó, creó y puso en marcha la vida, ellos prefieren defender de manera exuberante y desmedida su teoría de que todo fue producto del azar.

Y en lo personal, no descarto esa suposición, ya que hay que considerar todas las posibilidades. Pero los datos científicos, una y otra vez sugieren que la respuesta más factible es que fue una inteligencia la que creó y guía la vida.)


Por ejemplo:

Douglas Axe calculó que la probabilidad de producir una proteína funcional de longitud modesta (150 aminoácidos) al azar, es sólo de 1 en 1074 (esto es 1 seguido de 74 ceros). Más aún, las cadenas de aminoácidos sólo se pliegan en una proteína si están unidas por un enlace químico llamado lazo péptico, con una probabilidad de 1 en 1045.

Además existen miles de tipos de aminoácidos, pero los organismos vivos contienen sólo 20, y aunque las moléculas de aminoácidos se hallan tanto en formas dextrógiras como levógiras, sólo las últimas se encuentran en la proteína de los organismos vivos (y la probabilidad para que esto ocurriera es también de 1 en 1045).

Esto significa que las posibilidades de producir simplemente una proteína funcional de longitud modesta por azar a partir de una sopa prebiótica no es mayor a 1 en 10164…!!!!!

Y si asumimos que una célula mínimamente compleja necesita de al menos 250 proteínas de 150 aminoácidos en promedio, la probabilidad de que una célula viva aparezca por azar es sólo de 1 en 1041’000…!!!!!!!!!!

Este es un número tan inimaginablemente pequeño (6) que el astrofísico Fred Hoyle concluyó que:

« La probabilidad de que incluso la forma de vida más simple conocida pudiera surgir por accidente es un sinsentido del más alto orden, y esto es comparable a la expectativa de que un tornado pasando a través de un basurero, transformara la chatarra en un Boeing 747 que ya estuviera volando en pleno cielo. » (7)

E incluso si aparecieran sistemas de protocélulas, estas estarían mucho más propensas a cometer errores traductivos al sintetizar proteínas, y es difícil comprender cómo podrían ser viables.

En palabras del biólogo evolutivo Carl Woese:

« La célula primitiva se enfrentó con la paradoja de que, con tal de desarrollar un aparato traductivo más preciso, primero tendría que traducir más exactamente. »

Y Denton agrega:

« Parece contradictorio en extremo que una célula tal pueda experimentar evolución posterior, mejorándose al “seleccionar” cambios ventajosos que se perderían inevitablemente en el siguiente ciclo de replicación. ... Por lo tanto, un sistema traductivo propenso al error llevaría inevitablemente a la autodestrucción. » (8)





3 - LOS CIENTÍFICOS TRATAN DE CREAR VIDA
(sin éxito)

Comenzando con el experimento de Miller-Urey en 1953, los científicos han pasado incontables horas intentando crear vida en el laboratorio, al pasar chispas mediante mezclas favorables de gases (ahora considerados como no representativos de la atmósfera antigua terrestre), pero todo lo que han logrado es la producción de ciertas moléculas prebióticas orgánicas, tales como aminoácidos.

Al grado que esos experimentos han sido descritos como "una historia de abyecto fallo científico", porque cualquier molécula deseada y producida invariablemente reaccionaba con subproductos inesperados, resultando en una "sustancia pegajosa como el alquitrán" (9).

Ninguna clase de nucleótido se ha producido alguna vez en experimentos de descarga eléctrica, y en otras instancias los químicos han conseguido diseñar una molécula de ARN parcialmente auto-replicante, pero sólo al ejercer gran inventiva y creando condiciones no realistas (10).

Por lo que la ironía de esto no pasó desapercibida:

« Nos encontramos en la situación en que el bioquímico, aplicando mucha reflexión, esmero y actividad resuelta, junto con la utilización de equipos elaborados y complejos, puede duplicar en su laboratorio sólo algunos de los procesos más simples que produce una sola célula. Pero aún así ese extraordinariamente diminuto ser vivo puede lograrlo a un nivel de complejidad mucho más elevado que los científicos.

Y aún así,

¡Los científicos materialistas siguen achacando las actividades celulares a la suerte!
» (11)



Existen dos tipos de células: las procariotas que no contienen núcleo, mientras que las eucariotas albergan un núcleo y organelos rodeados por una membrana (tales como las mitocondrias).

Se cree que los organismos procariotas unicelulares aparecieron hace unos 3’800 millones de años, y las células eucariotas hace unos 2’000 millones de años. Estas últimas comprenden muchos organismos unicelulares (por ejemplo, los protozoos) y todos los multicelulares (incluyendo plantas, hongos, animales y humanos).

Una célula animal típica contiene 10’000 millones de átomos, y es una estructura de una complejidad que deja sin aliento, ya que si pudiéramos aumentar una célula miles de millones de veces hasta que tuviera 20 km de diámetro, veríamos un objeto de riqueza inigualable parecido a una inmensa fábrica automatizada, más grande que una ciudad y que lleva a cabo casi tantas funciones como todas las actividades manufactureras humanas en el mundo, y aún así es capaz de replicar su estructura completa en el espacio de unas pocas horas.

Además, los experimentos han demostrado que al contrario de moverse en forma azarosa, las células pueden responder inteligentemente a su entorno inmediato como si poseyeran un “centro de control” (una centrósfera compuesta de dos centríolos) la cual es "capaz de recolectar e integrar una variedad de señales físicamente diferentes e imprevistas como la base de decisiones para solucionar problemas" (12).



La célula animal típica está compuesta por:
  1.  Nucléolo.
  2.  Núcleo.
  3.  Ribosomas (puntos).
  4.  Vesícula.
  5.  Retículo endoplasmático rugoso.
  6.  Aparato de Golgi.
  7.  Citoesqueleto.
  8.  Retículo endoplasmático liso.
  9.  Mitocondria.
  10.  Vacuola.
  11.  Citosol.
  12.  Lisosoma.
  13.  Centríolo.
  14.  Membrana celular (13).


El genetista Jacques Monod admitió que el origen del código genético y su mecanismo traductivo era un “verdadero enigma”, y Francis Crick (co-ganador con James Watson del Premio Nobel por el descubrimiento de la estructura del ADN) señaló que el origen de la vida parecía ser “casi un milagro” (14).

El químico Robert Shapiro ha expresado que tanto el ADN como el ARN son demasiado complejos para haberse originado espontáneamente, por lo que él espera que aparezca el descubrimiento de "algún nuevo principio natural" para explicar su origen (15).

Es tan complejo el código genético que incluso el viaje en el tiempo (que permitiría a los ingenieros del futuro sembrar vida en el presente) ha sido propuesto seriamente por algunos físicos, y en este aspecto, Rodney Brooks sugirió en la revista Nature que los científicos podrían estar "perdiendo algo fundamental y actualmente inimaginado" en sus modelos de biología, y que en la actualidad "cierto aspecto de los sistemas vivos es invisible para nosotros" (16).





4 - ¿FUE EL SURGIMIENTO DE LA VIDA UN EVENTO INEVITABLE?

Se cree que la vida apareció en la Tierra hace unos 3’800 millones de años, y en sólo un transcurso de 10 ó 20 millones de años de condiciones viables.

Esto llevó al paleontólogo Stephen J. Gould a considerar que:

« El origen de la vida en la Tierra fue una necesidad química y virtualmente inevitable, dados la composición química de los proto-océanos y atmósferas, y los principios físicos de los sistemas de auto-organización. » (17)

Varios otros científicos han adoptado la misma idea. Por ejemplo, el Premio Nobel Christian DeDuve sostuvo que la aparición de la vida y la mente está "escrita en el tejido del Universo".

Por su parte, Paul Davis cree que se ponen en acción "leyes de complejidad" en una nueva manera sobre cierto umbral de diversidad, permitiendo así que un sistema "se auto-organice y auto-complejice" y que esto podría dirigir rápidamente a un sistema hacia la vida (18).

Sin embargo, las "leyes de complejidad" y los "principios auto-organizantes" son sólo palabras, puesto que las fuerzas y las operaciones que describen nunca han sido explicados satisfactoriamente en términos físicos y químicos.

Una sugerencia es que los químicos simples podrían poseer "propiedades de auto-ordenamiento" capaces de organizar los constituyentes de las proteínas, el ADN y el ARN en las disposiciones específicas que ahora poseen.

Pero como explica Stephen Meyer:

« La bioquímica y la biología molecular dejan en claro que las fuerzas de atracción entre los constituyentes en el ADN, el ARN y las proteínas NO explican la especificidad secuencial de estas grandes biomoléculas transportadoras de información. » (19)

Por ejemplo, las afinidades de los enlaces auto-organizantes no explican la disposición específica de bases nitrogenadas en el ADN porque no existen lazos químicos entre ellas, ni afinidades diferenciales entre las bases y el esqueleto de fosfato-azúcar, lo cual significa que cualquier base puede acoplarse a dicho esqueleto en cualquier lugar y con la misma facilidad (20).

Las leyes fisicoquímicas describen patrones ordenados y altamente regulares, pero los procesos similares a esas leyes no pueden generar información funcional que se caracteriza por la complejidad irregular.

Y es que solo la mente o la inteligencia es la única causa conocida hasta ahora que sea capaz de producir la complejidad y el contenido de la información presente en el ADN y el ARN.

Por lo que Hubert Yockey, teórico de la información, sostuvo que los datos necesarios para iniciar una vida no podrían haberse desarrollado por accidente y sugirió que la vida fuera vista considerada un hecho patente, como la materia o la energía (21).

El astrónomo Erich Jantsch escribió:

« La vida ya no parece una  superestructura fina sobre una realidad física inerte, sino como un principio inherente a la dinámica del universo. » (22)

El físico David Bohm creía que la vida y la consciencia estaban contenidas profundamente en el orden “implicado” o “generativo” subyacente a nuestro mundo físico.  de esta forma se hallan presentes en varios grados de desarrollo en toda la materia, incluyendo la “inanimada” (23).






5 - EXPLICACIÓN TEOSÓFICA DEL ORIGEN DE LA VIDA

También la tradición teosófica reconoce a la vida y la consciencia como los más grandes escenarios del universo, y por supuesto, los mayores misterios. Pero en el lugar de concebir a la materia física "muerta" dando inicio milagrosamente a la vida y la consciencia cuando alcanza un cierto nivel de complejidad organizacional. En cambio la "consciencia-vida-sustancia" es considerada como una esencia unitaria universal y eterna, manifestándose en infinitos grados de densidad y formas variadas.

La enseñanza teosófica afirma que la materia física es una manifestación condensada de los grados más finos de la consciencia-sustancia que compone los ámbitos más etéricos (incluyendo los elementos sutiles de la constitución propia de cada organismo).

Y de esta manera, la vida está presente en todos los reinos de la Naturaleza, aunque en diferentes grados de desarrollo.

Los científicos generalmente consideran a la célula como la "unidad viviente más pequeña", pero no entienden cómo la materia "muerta" de repente puede estar viva, o por qué la generación espontánea de vida parece imposible en nuestros días.

Y la muerte también es difícil de explicar, pues;

¿Por qué esa organización molecular repentinamente cesa de funcionar como una entidad viviente y a veces sin alguna causa evidente?

Después de todo, es la misma materia "inerte" la que compone a los seres vivos y a los no vivos, y está claro que falta algo en el panorama científico.

En consecuencia, la vida no puede reducirse simplemente a procesos fisicoquímicos.


El advenimiento de los organismos “vivos” representa sin duda algunaun gran avance en las formas más latentes encontradas en el reino mineral. Y es que se puede decir que un cristal se “alimenta” y “crece”, pero se nutre de la misma sustancia única de la que está hecho y se expande por acreción, y no por asimilación de porciones seleccionadas de una mezcla de fuentes alimenticias y su modificación química en protoplasma.

Un cristal puede servir como núcleo para el crecimiento por acreción de un nuevo mineral, pero esto es muy diferente de la división en los contenidos de la célula viva para formar una “célula-hermana” replicada (24).

La Teosofía considera la aparición de las formas de vida celular y molecular mayores, como siendo uno de los hábitos de la Naturaleza (“leyes”). Y este evento es recurrente en cada gran ciclo evolutivo. Pero en vez de que la materia física se organice por sí misma en formas orgánicas, la Teosofía explica que estas actividades de la materia están ampliamente organizadas y coordinadas desde niveles más profundos de la existencia.

Y los variados y extensos niveles de la vida manifestada en en el plano físico surgen desde el nivel de sofisticación del vehículo a través del cual trabaja la “mónada” o “consciencia animadora”, ya que esto determina cuánto puede expresarse de su potencial interno.

En organismos más complejos, las corrientes etéricas de vida  (prana o chi) juegan un importante rol, las que circulan a través del cuerpo astral-modelo ayudando de esta manera a vitalizar el cuerpo físico y sostienen su campo eléctrico de vida.

Y el prana puede ser considerado como una expresión individualizada de jiva, que es el océano de la vida en el que todos estamos inmersos.



Referencias

  1. Stephen C. Meyer, Signature in the Cell: DNA and the evidence for intelligent design, New York: HarperOne, 2009, págs. 224-6; Simon Conway Morris, Life’s Solution: Inevitable humans in a lonely universe, New York: Cambridge University Press, 2003, págs. 61-2.
  2. Signature in the Cell, pág. 301.
  3. Ibid., pág. 97.
  4. Michael Denton, Evolution: A theory in crisis, Bethesda, MA: Adler & Adler, 1986, pág. 351.
  5. Paul Davies, The Cosmic Blueprint, London: Unwin, 1989, pág. 118.
  6. Signature in the Cell, pp. 210-3.
  7. Citado en Alexander Mebane, Darwin’s Creation-Myth, Venice, FL: P&D Printing, 1994, pág. 35.
  8. Evolution: A theory in crisis, págs. 266-7.
  9. Life’s Solution, págs. 37, 44.
  10. Signature in the Cell, págs. 302, 313-4, 334-5.
  11. Corona Trew y E. Lester Smith (editores), This Dynamic Universe, Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1983, pág. 132.
  12. Guenter Albrecht-Buehler, "Cell intelligence", basic.northwestern.edu. Ver Rudi Jansma, "Cosmic mind in the microcosm", Sunrise, abril/mayo 2004, págs. 118-26.
  13. en.wikipedia.org.
  14. Citado en Evolution: A theory in crisis, pág. 268.
  15. Darwin’s Creation-Myth, págs. 35-6.
  16. Rodney Brooks, "The relationship between matter and life", Nature, vol. 409, 2001, págs. 409-11.
  17. Stephen Jay Gould, Wonderful Life: The Burgess Shale and the nature of history, New York: Norton, 1989, págs. 289, 309.
  18. David P. Woetzel, "The spontaneous generation hypothesis", Creation Research Society Quarterly, vol. 38, nro. 2, 2001, págs. 75-8.
  19. Michael J. Behe, William A. Dembski y Stephen C. Meyer, Science and Evidence for Design in the Universe, San Francisco, CA: Ignatius Press, 2000, pág. 87.
  20. Signature in the Cell, págs. 240-9.
  21. "The spontaneous generation hypothesis".
  22. Citado en Anna F. Lemkow, The Wholeness Principle: Dynamics of unity within science, religion & society, Wheaton, IL: Quest, 1990, pág. 137.
  23. David Bohm y F. David Peat, Science, Order & Creativity, London: Routledge, 1989, págs. 200-1.
  24. This Dynamic Universe, pág. 131.





1 comentario:

  1. esta sección debería llamarse "el materialismo bajo fuego" (jejeje)

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