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¿ESTUVO BLAVATSKY EN EL TÍBET?



El argumento que acostumbran dar los detractores para negar la posibilidad de que Blavatsky haya vivido en el Tíbet, es porque ese país estuvo cerrado para los extranjeros durante varios siglos y es solamente a principios del siglo XX (cuando Blavatsky ya había fallecido) que comenzó a abrirse.

Y además de eso, había que considerar también las azarosas condiciones del viaje y los difíciles pasos de montaña que debían de atravesarse.

Entonces,

¿Cómo podría haber sobrevivido una mujer sola?


Ahora bien, para contrarrestar la primera objeción es importante conocer algunos pequeños sucesos:

En el libro “Tíbet, el Reino Sagrado” (cuyo prefacio fue escrito por el Dalai Lama) su autor, Dobsang Lhalungpa, escribe:

« Aunque el Tíbet se encontraba bastante aislado, su historia y tradiciones lo volvieron muy interesante para los extranjeros y su capital Lhasa fue conocida en Occidente durante siglos como “La Ciudad Prohibida”, pero si bien efectivamente la ciudad estuvo prohibida para los occidentales, en cambio siempre estuvo abierta para los pueblos vecinos y había continuos grupos de visitantes, peregrinos y comerciantes desde Mongolia, China, Bután, India y Ladakh.

Al grado que durante las principales festividades budistas, la ciudad contenía más de dos veces su capacidad y las carpas de miles de monjes y peregrinos se apilaban dentro de la antigua ciudadela. »

Por lo tanto, Blavatsky con su rostro un poco mongol y su piel oliva-amarilla, podría haber podido fácilmente haberse hecho pasar por una oriental y por consiguiente haber tenido poca dificultad en vivir en Lhasa o en cualquier otro lugar del Tíbet.



En cuanto a la segunda objeción, Blavatsky jamás afirmó que ella viajara sola o a pie (como suponen sus críticos) y es más probable que ella estuviera acompañada por sus maestros, quienes acostumbraban viajar a caballo. Y el montañista Heinrich Harrer, autor del libro “Siete Años en el Tíbet”, afirma que las mujeres jinetes era algo común de observar en el Tíbet” [1].  Y resulta que Blavatsky fue una soberbia jinete.


Y también Heinrich Harrer menciona que es posible entrar al Tíbet por una ruta menos agotadora que la elevada escarpa y la cual él tomó viajando hacia la fuente del río Indo. Y además la disponibilidad de mercados de alimentos hace innecesaria la necesidad de transportar provisiones masivas.

Por lo tanto es muy factible que Blavatsky haya estado en el Tíbet.


Cabe aclarar que los maestros de Blavatsky no eran tibetanos sino indios, ya que el Mahatma Kuthumi había nacido en Kashmir y el Mahatma Morya había nacido en Punjab.



Sobre ellos, Blavatsky escrib:

« Más allá de los Himalayas existe un núcleo de Adeptos, de varias nacionalidades, y el Teshu Panchen Lama los conoce, y ellos actúan juntos, y algunos de ellos están con él y permanecen desconocidos en su verdadero carácter aún para la mayoría de los lamas (quienes en su mayoría son algo tontos ignorantes).

Mi Maestro Morya y Kuthumi y varios más que conozco personalmente allí, van y vienen, y todos están en comunicación con Adeptos en Egipto, en Siria y hasta en Europa. »
(Revista The Theosophist, “Echoes from the Past”, octubre 1907)


El Teshu Panchen Lama vivía en el monasterio de Tashilhunpo.


El cual se encuentra cerca del pueblo de Shigatse.


Y aparentemente fue allí donde Blavatsky residió durante su estadía en el Tíbet.  La ciudad de Lhasa estaba más lejos de la frontera India. Sin embargo, ya sea que su destino haya sido Lhasa o Shigatse, algunos de los pasos que era necesario cruzar estaban a más de 4’260 metros de altura y el viaje debe de haber sido extenuante al extremo.

Sven Hedin, explorador sueco del Tíbet y Asia Central, menciona en sus relatos que viajó a través de las gloriosas montañas gigantes con nieve, picos nevados y laberintos de valles escondidos” ofreciendo el más magnífico escenario del mundo:


« Penetramos más y más profundo en lo desconocido, dejando detrás de nosotros una tras otra cadena de montañas.

Después de cada paso se abría ante nosotros una nueva tierra desplegada en su panorama desolado y salvaje, hacia un horizonte nuevo y misterioso; una nueva línea de picos nevados, algunos puntiagudos y otros redondos.

Sin embargo, aquellos que imaginan que esa jornada en soledad y desolación es tediosa están en un error, ya que ningún espectáculo puede ser más sublime, debido a que cada día de la marcha, cada recodo trae consigo descubrimientos de una inimaginable belleza. »

¡Por lo tanto no es raro que Blavatsky exclamara alguna vez que ella preferiría vivir en una cueva del Tíbet que en un país llamado “civilizado” del mundo!


Otro aspecto a considerar como evidencia existente para apoyar la afirmación de que Blavatsky vivió en Tíbet, es que su conocimiento del Budismo Tibetano era mucho mayor de lo que en ese momento estaba disponible al público, e incluso a los eruditos Occidentales.

Por ejemplo, el Dr. G. P. Malamalasekera, presidente fundador de la Fraternidad Budista Mundial, dice sobre Blavatsky en su monumental Enciclopedia de Budismo que:

-       Su familiaridad con el Budismo Tibetano y las prácticas esotéricas budistas parecen estar fuera de toda duda.” [2]

Y el filósofo japonés y maestro D. T. Suzuki, quien trajo el Budismo Zen al Occidente, considera que:

-       Sin duda Madame Blavatsky fue de alguna manera iniciada en el lado más profundo de la enseñanza Mahayana.” [3]

Y en lo que concierne a las credenciales de Suzuki para hacer tal evaluación, el London Times escribió en 1966 (cuando ese sabio falleció a la edad de 95 años):

« El Dr. Suzuki fue una figura destacada en el campo de la filosofía oriental, porque era al mismo tiempo un erudito de rango internacional, un maestro espiritual que había logrado la iluminación por la que había luchado, y un escritor que en alrededor de 20 volúmenes, enseñó a Occidente la naturaleza y propósito del Budismo Zen.  Y como erudito fue maestro de textos sánscritos y budistas chinos, con un conocimiento actualizado del pensamiento europeo en varios lenguajes. »

El Dr. Suzuki no sólo influyó a la generación Zen, sino también a muchos profesionales cuando condujo seminarios en la Universidad de Columbia en la década de 1950. Y sus estudiantes incluyeron a psicoanalistas y terapeutas tales como Erich Fromm y Karen Horney, así como a artistas, compositores y escritores. [4].

Algunos psiquiatras y psicólogos de los años 50 pasaron una semana con él durante el verano de 1957. Y el volumen “Psicoanálisis y Budismo Zen” (publicado por Harper y Row) fue uno de los resultados de la conferencia dada por Fromm, Suzuki y DeMartino.

Al revisar el contacto que tuvo el Dr. Suzuki con los escritos de HP Blavatsky, debe mencionarse que hasta 1927, cuando sus ensayos aparecieron por primera vez, prácticamente todas las escrituras budistas que Occidente conocía y estudiaba, se traducían de la escuela Theravada del Budismo del Sur.

Consecuentemente cuando en 1919, el Dr. Suzuki se cruzó con la traducción que Blavatsky hizo de los preceptos de oro del misticismo oriental y que publicó por primera vez en 1889 con el título de “La Voz del Silencio”, él se sorprendió enormemente, al grado que le relató a un amigo:

« Vi el libro “La Voz del Silencio” por primera vez en Oxford. Y me impresionó tanto que conseguí una copia y la envié a la Sra. Suzuki (entonces Señora Beatriz Lane) en la Universidad de Columbia, escribiéndole: “¡Aquí está el verdadero Budismo Mahayana!” »
(Buddhist News, agosto 1965)

Muchos eruditos occidentales no aceptan “La Voz del Silencio” como genuino, porque jamás han visto el trabajo original del cual es tomado. Pero el Dr. Suzuki que conocía el Budismo Mahayana desde sus raíces, inmediatamente supo que la enseñanza era genuina.

Y otra evidencia de la alta estima que tenía el Dr. Suzuki por Blavatsky se evidenció cuando él visitó los Estados Unidos en 1935.

El investigador teosófico Boris de Zirkoff había estado en contacto con Suzuki sobre algunas escrituras budistas y al saber que le era imposible visitar el país, hizo los arreglos necesarios por medio de Nyogen Senzaki (un monje budista y maestro en Los Ángeles) para que el Dr. Suzuki pudiera visitarlo a en su oficina en el Cuartel Internacional de la Sociedad Teosófica en Point Loma, California.

Pues bien, Zirkoff menciona que cuando el filósofo japonés entró, fue inmediatamente atraído por un retrato de Blavatsky que se encontraba sobre la pared, y luego de permanecer en silenciosa meditación, se volvió a su huésped y dijo:

-      Ella fue alguien que lo logró.” [5]


Otra persona destacada del budismo que mostró aprecio hacia Blavatsky fue el propio Dalai Lama.

En 1989, fue celebrado el centésimo aniversario de “La Voz del Silencio” y se imprimió una edición especial de la obra, a la cual el presente Dalai Lama escribió un prefacio [6].

Este era el año en que él había recibió el Premio Nobel de la Paz y El Premio Raoul Wallenberg de los Derechos Humanos.

Y el prefacio dice:

« El Sendero del Bodhisattva.

Encontré a los miembros de la Sociedad Teosófica por primera vez hace 30 años atrás, cuando visité la India para participar de las celebraciones del 2’500 aniversario del Señor Buda. Y desde entonces, he tenido el placer de compartir mis pensamientos con los teósofos de varias partes del mundo en numerosas ocasiones. Y tengo mucha admiración por sus propósitos espirituales.

Creo que los individuos pueden volverse buenos seres humanos sin necesidad de ser espirituales. Y también acepto su derecho de no querer ser espirituales o creer en una religión en particular. Aunque al mismo tiempo, siempre he considerado que el desarrollo interno espiritual es necesario para una mayor felicidad humana y para incrementar nuestra capacidad para beneficiar a los demás. En consecuencia, estoy feliz de esta larga asociación con los teósofos y de enterarme sobre la edición del centenario:

Sobre “La Voz del Silencio” considero que este libro ha influenciado a muchos buscadores y aspirantes sinceros con la sabiduría y compasión del Sendero del Bodhisattva. Y doy una calurosa bienvenida a esta Edición Centenario y confío en que beneficiará a muchos más.

El 14º Dalai Lama, 26 de abril de 1989. »

Y a continuación de este prefacio de la edición centenario, sigue un mensaje del 9º Panchen Lama (1883-1933) la cual él escribió especialmente para “La Voz del Silencio” publicada en inglés en 1927 por la Sociedad Chino Budista de Investigación en Beijing [7].

El mensaje (o sutra como se le llama en el budismo) fue originalmente escrito en la caligrafía del Panchen Lama en tibetano y se incluyó a su petición en la edición china de 1927.

Y a continuación les traduzco el texto:

« Todos los seres desean la liberación de la miseria.
Busca, por lo tanto, las causas de la miseria para bórralas.
Pues resulta que al entrar en el sendero se logra la liberación de la miseria.
Exhorta entonces a todos los seres a entrar en el sendero. »

Pues bien, hay que remarcar que el prólogo de la edición de 1927 establece que la edición fue impresa por solicitud del Panchen Lama y que su grupo junto con varios eruditos chinos, verificaron la traducción de Madame Blavatsky de las palabras tibetanas. Y el prefacio también menciona que ella estudió durante varios años en Tashilhunpo y conocía previamente muy bien al Panchen Lama.





¿ESTUVO BLAVATSKY EN LHASA?

Ahora bien, si como vimos, es muy probable que Blavatsky haya vivido en el Tíbet antes que cualquier otra mujer occidental, un lugar que ella jamás mencionó haber visitado, es la ciudad prohibida de Lhasa. La cual, desde la breve estadía de Abbe Huc en 1847 y hasta 1904 (cuando los británicos invadieron el Tíbet durante un breve período) no se conoce ninguna persona de Occidente que haya estado allí.

La primera mujer que se pueda comprobar fue la exploradora francesa Alexandra David-Neel, quien, en su quinto viaje al Tíbet (1923-1924) logró lo que hasta entonces se había considerado como imposible.



Sin embargo la hermana de Blavatsky asegura que:

« Es auténtico que Helena estuvo en Lhasa, la capital del Tíbet, y también en su centro principal religioso, Shigatse... y en las Montañas de Korakoram en los Kunluns. Ya que sus vívidas historias sobre esos lugares comprueba todo esto la mayoría de las veces. »
(Vera Zhelihovsky “Pravda o Yelena Petrovne Blavatsky” Rebus, 1883, p.56)

Hay que considerar que si HPB estuvo en el Tíbet durante casi tres años durante ese período, sería increíble que no hubiera ido a Lhasa, que es la gran Meca del mundo budista. Y sus maestros podrían haberla llevado, escondiéndola fácilmente con los peregrinos, lo que no hubiera llamado la atención a causa de sus facciones asiáticas. Pero en cambio que ella dijera posteriormente que había estado allí, eso podría causar inconvenientes a sus guardianes. Y probablemente por eso lo mantuvo en secreto.

El Panchen Lama y el Dalai Lama en aquellos días no estaban de acuerdo con la política de aislar al Tíbet del resto del mundo. Y el explorador Sven Hedin afirma que: aunque visitó al Panchen Lama y fue recibido calurosamente, jamás pudo entrar en Lhasa y ver al Dalai Lama [8].

Ahora bien, si Blavatsky realmente fue la primera occidental desde que Huc visitó Lhasa, eso no menoscabaría la magnífica proeza que logró Alexandra David-Neel, y cuyo libro “Mi Viaje a Lhasa”, el Times Literary Supplement de Londres clasificó como:

-      una de las jornadas más épicas de nuestro tiempo”.

(Y más considerando que David-Neel no tuvo la ayuda de los Maestros para entrar.)





ALEXANDRA DAVID-NEEL Y LA TEOSOFÍA

En su diario, en un registro sin fecha, David-Neelen menciona la siguiente anecdota que tuvo con su amiga británica Elisabeth Morgan:

-      Un día mientras me escribía Elisabeth, ella dejó caer la palabra Teosofía con el nombre Blavatsky. … Esto abrió una nueva fase en mi vida [9].

Y de otra fuente se sabe que de allí en adelante ella concurrió a las conferencias sobre religiones orientales que se daban en la Sociedad Teosófica,en especial sobre Budismo en la Sociedad Teosófica de París, lo cual desarrolló su ardiente ansiedad por explorar el Oriente [10].

Alexandra David-Neel recibió su diploma de miembro de la Sociedad Teosófica de Londres el 7 de junio de 1892. Y según una carta de Annie Besant fechada el 17 de marzo de 1893, ella también solicitó entrar a la Escuela Esotérica [11].



Notas

  1. Heinrich Harrer: “Seven Years in Tibet”, E.P. Dutton, Nueva York, 1954.
  2. G.P. Malasekera: Blavatsky en “Encyclopedia of Buddhism”, vol. 3.
  3. D.T. Suzuki: “The Field of Zen”, Sociedad Budista, Londres, 1969.
  4. Rick Fields: “How the Swans Came to the Lake”, Shambala, Boston, 1981.
  5. Archivos de Zirkoff, Sociedad Teosófica, Wheaton, Illinois.
  6. Blavatsky: “The Voice of the Silence”, Concord Grue Press, Santa Bárbara, 1989.
  7. Blavatsky: “The Voice of the Silence”, Sociedad China de Investigaciones Budistas, Beijing, 1927.
  8. Sevn Hedin, Conquista del Tibet, Nueva York, NY. E. P. Dutton 1934, p.380; Trans-Himalaya vol I, p.317,322-323, 325-326
  9. Barbara M. Foster y Michael Foster, “Viaje Prohibido: la Vida de Alexandra David-Neel”, San Francisco, California, Harper & Row, 1989, p.57
  10. Alexandra David-Nell, “Mi Viaje a Lhasa”, Boston, Massachustts, Beacon Press, 1986, xi
  11. Daniel Caracostea, “Primeros conocimientos de la Teosofía de Alexandra David-Neel”, París 1892 por Diana Chapotin-Dunningham, Historia Teosófica”, julio-octubre 1991, p.209-213).




OBSERVACIÓN

El texto de arriba es una traducción de los artículos que escribió Sylvia Cranston y para quienes quieran profundizar más sobre este tema, les recomiendo que lean el libro “Los Viajes Iniciáticos de H.P. Blavatsky” escrito por José Rubio Sánchez y José Miguel Cuesta Puertes (y el cual lo pueden descargar aquí.)

Y ellos también hicieron un pequeño video describiendo los viajes que efectuó Blavatsky durante su discipulado y remarcan que fue sólo al tercer intento que por fin ella logró ingresar al Tíbet.






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